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Full text of "Historia de la Isla de Cuba"

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One half Ihe inconil (rom thl> Lencr. irhich iriH 
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JONATHAN BROWN BRIGHT 
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/ HISTORIA 

ISLA DE CUBA 



1). JACOBO DE LA PEZUELA 



TOHO TEBOEBO. 



MAI)ItII> 
CÁKLÜS HWLLY-BAILl-lERE 




CIENTÍFICA Y UTEIL^HU 



Paris. J- ^- Daillter<^ ^ lijjo.-l.ondres, Daillierc. 
1878. 



HISTORIA 

ISLA DE GUBA 

1>. JACOBO DE LA PEZUELA 

TOHO TEBOEBO. 



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MAÜKII) 
CARLOS B.ULLV-BAILUERE 

jVc-d'oii' if J..1 i,,.ruilrnr.> > l.<-Ki»l.ciüo 
K«rB*MEIIA » KÍCIOXAL, CIENTÍFICA T UT£»AII 

MolOíí* Sania ílrni.n." tu, 

j_ ü, BaiUiereé hijo.-I.onilres, Cailikre. 
^878. 



HISTORIA 



DE LA ISLA DE CUBA 



TelaaD de Chamartin : 1878.— Imp. de B;itlly-Ba¡iliere. 



/ 



HISTORIA 

ISLA DE CUBA 

D. JACOBO DE LA PE2UELA 

TOKO TEBCEBO. 



MADRID 
CARLOS BATLLY-BAILLIEBE 

Aesdfmil rl* Jorisprnilcnria y Lcgitlacinn 

LllttERfA EXTB«MeR.t T NlCIOXAl. . CIE!<TlFIC:t T LITI.RAI 

Plaza de Sania Ana, n.° 10. 

Píris, i. B. Bailliere é bijo. — LoDdres, BailHere. 

(878. 

Ücrcthiis r.wrv>iÍM. 



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HISTORIA 



DE LA ISLA DE CUBA. 



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CAPÍTULO PRIMERO. 



Paz de VersuUes.— Es comisionado el Conde de Riela pnra tomar posesioD 
de la Habana.— Fuerzas con que sale de España.— -Su llegada á la plaza. 
— ETacúanla los ingleses.— Se encarga Riela de la Capitanía goneral.— 
Plan general de fortificaciones en la Habana. — Empréndense con ardor 
las obras.— Castillos de la Cabana, del Morro, de Atares y del Principe . 
— Restauración del Arsenal. — D. Alejandro O'Reilly reorganiza las tropas 
▼eierauas y las muidas de la Isla. — Resultarlo de la cansa formada en 
Madrid por la rendición de li Habana —Recompensas á las familias del 
Marqués González y de D. Luis de Velasco y á los habaneros que se dis- 
tinguieron por sus servicios y fidelidad.— Causas formadas en la Habana 
y terminadas en España contra Peñalver y Oquendo.— El Conde de Riela. 
— Sus reformas aprobadas menos la de la creación de una Audiencia. — 
Primeras franquicias comerciales.— Creación de la Intendencia de la Isla 
\ de su primera Administración general de Rentas.- D. Miguel Altarriba, 
primer intendente. — ^D. José Anlonio de Armona, primer administrador. 
—Crea en la Habana la Administración de Correos narítimos en tre Es- 
paña y la América Central.— Explicaciones inéditas de este funcionario 
sobre ese ramo.— Organi/.acion de la primera Intendencia.— Otras dispo- 
siciones de Riela.— Creado ii de las capitanías peiláneas— La primera 
prensa periódica en la Habana — Breve mando del mariscal de campo don 
Diego Manrique y su muerte.— Sucédele interinamente D. Pascual Jimé- 
nez de Cisneros. 

Por el artículo 19 del tratado de Yersalles, se obli- 
garoD : Inglaterra á restituir á España la plaza de la 
Habana con su territorio y en el mismo estado en que se 
bailaba cuando el ejército inglés la conquistó; y España 
á conceder un plazo de diez y ocho meses contados des- 



6 HISTORIA 

(le el cdDge de las ratificaciones de aquel pacto para que 
los subditos británicos que se hubieseo establecido en la 
capitaHe la Isla pudieran libremente enajenar sus pro- 
piedades y asegurar sus intereses. Luego que el Ministro 
español y el Euibajador de aquella potencia en Madrid, 
Lord Rocbefort, convinieron en el tiempo y forma de eje- 
cutar lo estipulado, despachó el Gobierno inglés las ór- 
denes correspondientes á Sir Keppel, y confirió Carlos III 
la comisión de restaurar aquella plaza y reorganizar la 
administración de toda la isla al teniente general D. Am- 
brosio Funes Yillalpaudo» conde de Riela ^ grande de 
España de primera clase y pariente del de Aranda. 

Los encargos é instrucciones que llevó este general , 
conocido por su actividad y desembarazo, equivalida á 
una reparación breve y completa de los desaciertos, y 
desidias de dos siglos. Para ayudarle á cumplirlos, se 
nombraron por elección suya á los ingenieros y jefes mas 
aventajados, y se creó para el mejor gobierno miliiar de 
la Isla el empleo de General Segundo Cabo y Sub- Ins- 
pector de sos tropas y milicias con seis mil pesos dé 
sueldo que, á propuesta del mismo Riela, se confirió en- 
tonces al mariscal de campo D. Alejandro O'Reilly ^, 
irlandés, que servia en España desde su primera juven- 
tud y que acababa de ilustrarse en la reciente campaña 
de Portugal. Traía O^Reilly además de ese cargo el de 
auxiliar al Capitán General en el impulso y vigilancia de 
las obras de fortificación, que vinieron con ellos á dirigir. 



* Véase su única Biografía en las * Véase sa Biografía en las pági. 

páginas 579-381 del T. I. del DicáO' ñas 104 y 163 del T. IV. del Dice, 

ñaño Geogr. Est. de la isla de Cuba Geográfico EsL de la isla de Cuba^ 

por el A. por el A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 7 

el brigadier de Ingenieros D. Silvestre Abarca • y el 
coronel de ese arma D Agnstia Crame *. 

Para reemplazar al leoienle-rey Soler, encausado 
eotOQces eo Madrid, se nombró al brigadier D. Pasoaal 
Jiménez de Cisaeros ', táctico escogido para cooperar 



~* Véase sa única Bio^^ralla en la 
página 217 del T. I. del Dice. Geogr. 
Egt, de Iñ isla de Cu^a por el A. 

* D. Agustín Crame, de origen 
Alemán, después de dedicarse á lo's 
estudios matemáticos y de ciencias 
exactas, lo mismo que otros dos her- 
manos suyos, que laiubíen sirvieron 
en el ejército espuüoi, concurrió á 
las últimas campañas de Italia sien Jo 
aup muy joven; y luego levantó las 
paralelas del sitio de Almeida en la 
^e Portugal en 1762. Venido con Ri- 
ela á la Habaua en el año siguiente, 
su dictamen fué mu/ atendido para 
todas las obras de fortiGcacion que 
se emprendieron después de la res- 
titución de la Habana; tornó á su 
cargo las reconstrucciones del «as- 
tillo del Morro, del de San Se verino 
de Matanzas, al mismo tiempo que el 
nuevo castillo de Atares. Era ya co- 
ronel de Ingenieros cuando en 1775 
regresó á iispaña D. Silvestre Abar- 
ca, y le sucedió Crame en la direc- 
ción de todas las fortificaciones de la 
Isla. Un año después fué ascendido 
á Briga üer. Además de continuarlas 
con actividad y reconocida inteli- 
gencia, mejoró los pocos edifícios 
del Estado que existían en la Habana 
é inspiró al marqués de la Torre la 
mayor parte de las construcciones de 
sa tiempo Ocupábase en dar impul- 
so á las obras del castillo del Prin- 
cipe, cuando al anochecer del 17 de 
noviembrejde 1779, al regresar á la 



plaza, se desbocaron las mula^^^ de so 
quitrín cerca de laermii* de Guala- 
lupe, le arrojaron al suelo, y murió 
del í^olpe á las do^ horas Tendría 
como sesenta añ's de edad. Era hom- 
bro Crame de instrucción vasta y va- 
ria, dejándola acreditada en algunos 
trabajos manuscritos. Algunos se en- 
cuentran en la colección de D. Be- 
nito Muta Linares, en l.i Biblioteca 
de 1 ) Academia de la Historia. 

> Este anticuo ofícial general ha- 
bía concurrido á la conquista de Ña- 
póles por el Duque de Montemar, 
hallándose en la célebre batalla de Bi- 
touto; y fué destinado por Carlos 111 
á la or}.'anízacií)n de la infantería 
na {)olitana, permaneciendo empleado 
ei] aquel reino después de la paz de 
1748 y basta la exaltación de aquel 
principe al trono de España en 1759. 
Se distinguió como coronel y auxilia' 
del Mayor General del cjúrcito inva- 
sor en la campaña de Portuga 
en 1762, y poco después fué promo- 
vido á Bri^'adier. Fué ascendido á 
Mariscal de Gimpoeo 1773 en re- 
compensa d:' su conducta en las dos 
épocas que d 'sempeñó el mando in- 
terino de la Isla y de lo que contri- 
buyó á su organización militar. Ob- 
tuvo I negó d fe rentes cargos en Es- 
paña, ascendiendo á Teniente Gene- 
ral en 1779. Durante su residencia 
en la Hat)ana, se casó con una de las 
faermaqas del Marqués deCárdenaSr 
lo mismo Ique] el J>'fe de Escuadra 



8 HiSTOHlA 

con O'Reilly eo la reorganizacioD de las milicias y fuer- 
zas veteranas. Un coroDei francés al servicio de España, 
D. ÁDtonío Raffelin, fué destinado al mando de la caba- 
llería y organizaría en dos escuadrones de la cnísma plan- 
ta que los peninsulares. 

Así que el regimiento de Córdoba ^ de más de dos mil 
hombres» algunos cuadros de jefes y oficiales y un ma- 
terial considerable se embarcaron en cuatro navios de 
guerra y cuatro transportes mandados por D. José de 
Sapiain, Riela, con su comitiva, se hizo á la vela á bordo 
del Hedor; y después de sesenta y cinco dias de nave- 
gación^ llegó á la Habana en la tarde del 30 de junio, 
hospedándose en la quinta de San Juan, propia de los 
Betlemitas, para dar lugar á Sir Keppel á ordenar 4a 
evacuación y entrega de la plaza. Terminó esta doble 
operación el 6 de julio, en cuya madrugada se posesionó 
de todos los puestos ooilitares con un batallón de Cór- 
doba el teniente-rey Cisneros, que liabia desembarcado 
aquella noche con las demás tropas por el Luyaao. Dos 
horas después entraron por la puerta de Tierra en coche 
abierto el Conde de Riela y O'Reilly, entre la explosión 
de aclamaciones con que un pueblo , tan desafecto á los 
extranjeros como amante de la nación que lo habia crea- 
do, se desahogó entonces de tina tiranía de nueve meses. 

Algunos rencores personales^ turbaron, no obstante, 
aquellas alegrías con denuestos á los pocos amigos del 
inglés. Creyendo luego justificar Oqueodo y Peñalver sus 



CoUna. Era caballero gran cruz de lencia. Mario Cisneros en Madrid 

S.yuan de Jerusalen, de la órdeo de casi octogenario dos años antes que 

S. Genaro y geu til-hombre de Car* su prolector y monarca, 
los III, de quien recibió constantes ^ Véanse copias de papeles de Ri- 

muestras de protección y benevo- cía en la colección del Autor. 



DE Lk ISLA DE CUBA. 9 

concusiones y violencias con la necesidad de obedecer á 
los dominadores para evitar mayores males, no se resol- 
vieron á emigrar con ellos. Tuvo Císnerosque ampararlos 
para que no pereciesen arrastrados. 

Llenadas todas las formalidades de la entrega por Kep- 
peU se embarcó este general en la mañana del 7 con sus 
tropas reducidas á poco más de tres mil hombres, inclusos 
los enfermos que podían navegar, permaneciendo los 
otros en los hospitales. Los capitanes de navio Maitiand 
y Sir Slairs Douglas salieron el 9 con tres navios y otros 
dos buques á posesionarse de San Agustín de la Florida 
y Panzacola, llevándose al regimiento real americaao, 
mandado por el coronel Prevosi. 

.Sir Keppel zarpó del puerto al día siguiente dirigién- 
dose á Inglaterra con la mayor parte de la escuadra de 
su hermano. 

Gozoso el obispo Morell con la restauración, después 
de celebrarla con un Te-Deum en San Francisco, circuló 
en solemne procesión con el Santísimo por las calles stun 
obstruidas con los escombros del pasado asedio. Dos dias 
enteros con sus noches regocijaron á la Habana compar- 
sas de danzantes, grupos victoreando á España y re- 
partiendo bebidas y viveres á la muchedumbre. Pero se- 
renada la expansión de los primeros regocijos, era deber 
sagrado el tributar un homenaje á la memoria de los que 
tan gloriosamente perecieron defendiendo el Morro; y en 
la misma iglesia de San Francisco se celebraron suntuo- 
sas honras por sus almas el día 30 de julio» primer ani- 
versario de so pérdida, disponiendo Riela que juntamente 
con él las presidiera D. Bartolomé Montes ya ascendido 
á Coronel y doliente iaun de las heridas que recibió en 
üquel lugar de prueba. 



10 HISTOKJA 

La mejor artillería de la plaza se la babia llevado Sir 
Pockoc cuando tornó Á Inglaterra con casi todos los fasi- 
4es de los milicianos; Sir Keppel apenas pudo restituir 
unos doscientos al entregar los cañones de bronce de San 
Severino de Matanzas y algunos otros que reclamó Riela. 

Peor suerte que el armamento tuvieron los archivos 
que antes de la rendición se custodiaban en la Fuerza. 
De allí, sin ulterior ventaja de la historia, la curiosidad 
inglesa extrajo y arrebató todos los expedientes y pape* 
les de importancia, y el artículo del tratado que obligaba 
á su restitución, sin culpa de Keppel no tuvo efecto 
entero. 

No correspondían los medios de Riela á las obligacio- 
nes que venia á cumplir en la plaza rescatada. Pero ha- 
bia dispuesto con anticipación el Ministerio que le auxi> 
liara el virey de Méjico con los piquetes d(í presidiarios 
escalonados desd(^ su capital á Veracruz, y con los fondos 
que reclamara para la Habana el jefe de escuadra don 
Luis de Córdoba, que, reuniendo los de Cartagena á los 
buques de guerra estacionados en Santiago, habia pasado 
ya á buscar los caudales á aquel puerto. No esperaron 
Riela y Abarca á que llegaran para empezar las obras, 
desmontando perfectamente toda la orilla derecha de la 
bahía con las negradas que proporcionaron Moutalvo, Ca- 
sa Bayona, Veilia, los Marqueses de San Felipe/ de Vi- 
llalta, Justiz de Santana y otros hacendados. 

Antes de embarcarse en Cádiz habia manisfestado Riela 
a! Ingeniero Director un proyecto para fortificar á la Ca- 
bana, aprobado por el Rey y coLrebido por c;t general 
francés Mr* de la Valliere^ de los faculir'.lvos de más la- 
ma en aquel tiempo. Pero después ue reconocerlo y es- 
tudiarlo Abarca, aunque dec' aandolo excelente, lo hali6 



DE LA ISLA DE CUBA. 11 

tao éxleoso» costoso é incompalible con las instrucciones 
que Iraia^ que se apresuró á manifestar al Conde que, 
si no venia con facultades para alterarlo, seria inútil en 
la Habana su presencia. Riela le contestó que eran am- 
plios sus poderes para modificar aquel proyecto; y en sus 
frecuentes conferencias con aquel ingeniero y su segun- 
do Crame, durante su larga navegación, se acorló snspen- 
der la adopción de todo plan hasta poderlo acordar y fi- 
jar sobre el terreno. En efecto, antique llegado á su des- 
tino en lo recio del estío, desde el alba del dia 7 de julio 
del siguiente de la recuperación, los tres empezaron á 
montar á caballo con O'Reiily, destinando muchas madru- 
gadas al reconocimiento de la plaza y desús avenidas, y 
al estudio de todas las posiciones militares de su bahía. 
Si el projecto de Valliere le habia parecido exagerado á 
Abarca en Cádiz, luego le pareció en la Habana imprac- 
ticable con los recursos que se habian fijado. Después 
que con sus advertencias rectificaron los antiguos planos 
algunos dibujante» sobre un nuevo diseño general, se re- 
solvió emprender las obras bajo las siguientes bases ge- 
Derales. 

Dar desde luego principio á la de la Cabañci reducién- 
dola á ciento ochenta toesas de polígono exterior, adelan- 
tando las caras de sus medios baluartes hasta á quinientas 
varas de las cortaduras y barrancos donde termina la 
meseta de aquella posición por el E. y colocándolas á me- 
nos de seiscientas de otra altura que la dominaba por el 
S., y cuya nivelación se reservó para después con otras 
obras que la coronasen. Tenia el nuevo castillo de la Ca* 
baña que constar de un bastión enlazado por dos vastos 
cortinajes de una elevación y un espesor enormes, con 
dos ooíedros b3luartes apoyados sobre el violento declive 



1 2 HISTORIA 

que por el S. desciende al puerto. Habían de comunicarse 
por caoiinos cubierlos los salientes de la fortaleza y 
rodearles enleramente de anchos y profundos fosos labra- 
dos en la roca viva del terreno; y dentro de su recinto 
habian de alzarse edificios acasamatados para cuarteles y 
almacenes de pólvora á prueba de bomba, con algibes y 
todos los accesorios necesarios. 

Simultáneamente con la obra principal de la Cabana, 
se emprendió la reedificación del Morro ensanchando y 
profundizando más sus fosos, dando mayor elevación á 
sus plataformas y baluartes, mas altura y espesor ásu pa- 
rapetaje, dotando al nuevo fuerte de buen crimino cu- 
bierto que le sirviese de comunicación con la Pastora y 
la Cabana, y alzando también en su recinto las correspon-. 
dientes fábricas para cuarteles y almacenes. La batería 
de la Pastora empezó también á reconstruirse ensanchan- 
do el cuartel de su destacamento. 

Reforzar de cantería el recinto y baluartes de la plaza, 
revestirlos de nuevos parapetos, dar á sus fosos doble 
anchura que antes y reparar sus caminos cubiertos. 

A la loma llamada de Soto que por la orilja de la pla- 
za domina el fondo de la bahía, habia de coronarla Crame 
con un alto y espeso cortinaje cuadrilongo flanqueado de 
baluartes en los ángulos, y cuyorecipto, rodeado deun 
profundo foso y provisto de un cuartel y un almacén su- 
ficientemente capaces y sólidos, rematase con una medía 
luna exterior que se destacara al frente de su entrada. 

A la altura de Aróstegui, tan importante cuanto que 
domina á los accesos de la costa al mismo tiempo que á 
la embocadura y aguada d^\ Almendares ó Chorrera, se 
decidió igualmente coronarla con otra ciudadela, también 
flanqueada de baluartes con sus fosos y camjno cubierto» 



DE LA ISLA DB CUBA. • 15 

SUS algibes, su polvorín , sus casasoiatas y dotarla de ex- 
teosioD perimétrica muy superior á la proyectada para la 
de Soto. La fortificacioa de este punto se llamó después 
castillo de Atares en obsequio del teniente general Conde 
de este nombre y hermano primogénito de Riela; y á la 
que se alzó más tarde sobre la altura de Aróstegui, se 
dio el nombre que aun conserva de castillo del Príncipe. 

Aunf|ue con modificaciones á que dio margen después 
la inconformidad de pareceres entre Abarca y Crame en 
muchos puntos, este fué en resúmpu el plan á que se 
sujetaron las fortiñcaciones de la Habana mientras esos 
dos ingenieros, sus creadores» estuvieron dirigiéndolas. 
Por su grandiosidad 9 por el número de brazos á ellas 
aplicados, por los años que duró su fábrica y por las su- 
mas que absorbieron las de la Habana, solo han podido 
compararse con las de Gibraltar, Amberes y las primeras 
plazas europeas; y dieron á la capital de la isla el primer 
puesto entre todas las demás de América. 

Con el castillo de San Carlos de la Cabana alzó Abarca 
UD perenne monumento á la. memoria del glorioso reina- 
do de Carlos lU. Por la solidez de sus defensas, como por 
la elevación y libertad absoluta de sus fuegos, para los 
medios de ataque de aquel tiempo, fué inexpugnable la 
nueva fortaleza, arbitra soberana por su imponente topo- 
grafía de la ciudad y casi todo el puerto. Pero no por la 
excelencia de la obra principal se libraron de censuras 
mas ó menos facultativas y acertadas las demás seccio- 
nes del proyecto que ejecutaron aquellos ingenieros. Ati- 
nado estuvo Abarca en la colocación del fuerte de Alares 
sobre la loma de Soto para pioteger el fondo de la bahía 
y los accesos meridionales del recinto, enlazándose sus 
fuegos con 1q3 de la muralla y aun los de la CHibaña. Pero 



1 4 HISTORIA 

SU distancia de cerca de cuatro mil toesas privaba de tao 
preciosa condición á la otra segunda fortaleza destacada, 
que con arreglo al plan general babia de establecerse 
sobre la altura de Aróstegui, posición maestra y domi- 
nante del O. de la plaza y de la aguada principal desús 
contornos. 

Presentábase el proyecto incompleto, insuficiente, 
mientras no se comunicase por la costa con el castillo de 
la Punta la nueva fortificación de Aróstegui, que se llamó 
después del Príucipe, con un camino cubierto protegido 
por baterías intermeclias de dos caras en los puntos mas 
marcados para establecerlas. Ese vacio, el estudio y la 
experiencia de los gobernadores é ingenieros hubieron de 
repararlo en parte con el tiempo, guarneciendo el largo 
espacio que separa al Principe y la Punta con las baterías 
de Santa Clara, San Nazario y San Lázaro. Pero después 
de un siglo transcurrido aun sigue en descubierto el ma- 
yor de los dos vacíos del plan que sus instrucciones eco- 
nómicas obligaron á adoptar á Abarca y que llenaba el 
de Valliere. 

Consistid en que, distando el castillo de Atares más de 
cuatro mil toesas del de Aróstogui ó del Príncipe, dudo- 
samente se alcanzarían sus tiros respectivos. Aunque se 
alcanzaran, siempre los embarazarían los accidentes del 
terreno intermedio; y un enemigo audaz y poderoso po- 
dría avanzar por ese intervalo, expugnarla al recinto y 
entrarla en la plaza. Semejante descubierto no se ocultaba 
al mismo Abarca; mas excusábalo con un razonamiento, 
aunque no infalible, fundadísimo: el de que, ni aun po- 
sesionado de la plaza un numeroso ejército, después de 
contrareslar con sus paralelas á los fuertes exteriores del 
O., podría permanecer en la ciudad dominada por las ba- 



DB LA ISLA DE CUBA. 15 

ierías de la Cabana mientras durasen las subsistencias de 
esa fortaleza, y perecería en la ciftdad ó la abandonaría. 
Per6 esta conjetura tenía que someterse á la mayor ó 
menor potencia de las fuerzas con que desembarcase el 
enemigo, y á la mayor ó menor superioridad de su ma- 
rina sobre la española. 

De todos modos nunca se conseguiría una utilidad ca- 
bal de los castillos de Atares y Príncipe sin el estableci- 
miento de otros dos fuertes intermedios y resguardados 
por una canalización bien entendida del rio Almendares 
ó de la Chorrera, que, arrancando cerca del de Arós- 
legui', se encaminase á espirar junto á la falda misma 
del de Atares y en la caleta interna de la bahía que boy 
se conoce con ese mismo nombre. Solo así podrían con 
el tiempo completarse los proyectos de Yallierey Abar- 
ca, y convertirá la capital de Cuba en plaza inexpug- 
nable. Bastaban sin embargo las obras emprendidas por 
el último , para que á su conclusión quedase desde en- 
tonces siéndolo contra toda expedición que las dos pri- 
meras potencias marítimas de Europa pudiesen destinar 
á acometerla aun exagerando lodos sus recnrsos. 

La administración del numeroso personal que desde 
agosto de 1 765 se reunió de muchas partes para aquellas 
gigantescas fábricas, tuvo Riela que encargársela al Co- 
misario Ordenador D. Nicolás José Rapun, que acumuló 
ese cargo al gobierno de la Factoria y al de las revistas 
y distribuciones pecuniarias de los militares. De los esta- 
dos mensuales que formaba este activo funcionario de la 
gente destinada á aquellas obras, hemos deducido que en 
el bienio de 1 764 y 65, un raes con otro, estuvieron mas 
de cuatro mil peones empleados, una tercera parte en la 
Cabana, unos setecientos en el Morro, y los demás en 



1 6 HISTORIA 

Alares, en la Punta y el recinto, iacluyendo los dedica- 
dos ai servicio de los almacenes y á la fabricación de ca- 
les y ladrillos. Desde que en principios de 1766 queda- 
roo terminadas en su conjunto, aunque no en las acceso- 
rias, la Cabana y la reconstrucción del Morro y la Pastora^ 
empezó aquella fuerza á disminuirse en mas de una cuarta 
parte, no pudiendo sostenerse con los quinientos mil pe- 
sos anuales que desde la restauración se consignaron para 
fortificaciones. Las brigadas de trabajadores se compo- 
nían de forzados de Veracruz, Campeche y Cartagena, 
de vagos y malhechores recogidos en la Isla, de indivi- 
duos de tropa y de color que se empleaban voluntaria- 
mente en los trabajos, de esclavos del Rey y algunos 
otros de particulares que devengaban jornal para sus 
dueños. 

Como volvían á entorpecer los trabajos las mismas 
trabas comerciales que antes de la guerra , y el consumo 
de la capital iba creciendo con el gran número de ope- 
rarios de las obras, animado Riela por sus valedores en 
la corte, hizo suya, para abastecerla y continuarlas, la 
responsabilidad de un arbitrio hasta entonces sin ejemp!o 
y que encendió las iras de los prohibicionistas, el de con- 
tratar introducciones de harinas, ladrillos y otros materia- 
les con varias casas del extranjero, entre ellas con la del 
francés Francisco Salvador, negociante en Nueva-York. 

La forzosa lentitud del virey de Méjico en reunir y re- 
mitir con la escuadra de Córdova los caudales y brazos 
que las nuevas fortificaciones eKÍgian, no permitió que 
se emprendiesen desde luego con el afán y la viveza que 
Riela y los ingenieros anhelaban. Para inspirarles mas 
confianza se apresuró el Conde á reintegrar á los hacen- 
dados catorce mil doscientos diez pesos en gue se estima- 



DE LA ISLA DE CUBA. 17 

ron los ciento cincuenta y seis esclavos que en premio de 
su bizarría emancipó Prado en nombre dol Rey durante 
el sitio, y les entregó además sesenta y siete íi los que 
prefirieron negros á dinero. Así, y con su garantid, les 
animó á presentar á jornal para las obras una parte de 
las dotaciones de sus fincas. Al mismo tiempo empleó 
otro medio todavía mas eficaz para que no se entorpe- 
cieran : el de comprar á plazos gran numero de negros 
al contratista D. Cornelio Coppínger, uno de los subditos 
ingleses á quienes se permitió residir en la ciudad. Dos 
vecinos muy ricos, el marqués de Yillalta y D. Domingo 
Veitia, anticiparon con módico interés al Conde las su- 
mas que necesitó para comprarlos. De esta suerte ad- 
quirió antes de recibir los auxilios (jue esperaba, más de 
la mitad de los tres mil nuevecíenlos cincuenta y nueve 
bozales empleados para las fortificaciones y maestranza 
de artillería en el curso de su comisión extraordinaria. 
Con cerca de dos mil esclavo?, con otros tantos que 
los hacendados aportaron devengando salarios y con un 
opillar de jornaleros libres, se limpió la ciudad en 
breves dias, se desmontaron sus aproches \ todas las po- 
siciones de la bahía, se acopiaron inmensos materiales, 
se improvisó en la Cabana una especie de pueblo de bar* 
racas para los trabajadores; y luego que llegó de Vera- 
cruz la escuadra, pudo solemnizarse el 4 de noviembre 
el santo patronímico del Soberano, |>oníéndose la primera 
piedra del soberbio castillo que habia de coronar aque- 
lla altura. Mientras el lauro mayor se reservaba á Abar- 
ca, Riela cometió al segundo ingeniero Crame la recons- 
trucción del Morro bajo la misma planta con que hoy se 
nos presenta; y O'Reilly consagró sus breves ocios de las 
lardes á dirigir la restauración y ensanche de las mura- 



HIST. DE CUBA. — TOMO III.— 2 



i 8 UISTOKIA 

lias, SUS terraplenes y sus fosos, y á compleiar por la bahía 
los frentes del reciulo. Con osas de nuil gdleqles que antes 
de concluir el año llegaron de Veracruz y Cartagena, 
y las remesas pecuniarias del virey se adelantaron con 
sorprendente rapidez las fortificaciones. Para afianzar la 
posesión de una ciudad y un puerto de tan gran valía, 
no le dolió al gobiermo español renunciar durante mu- 
chos anos á una crecida parte de sus rentas, y desaten- 
der en obsequio de la seguridad de la Habana grandes 
objetos nacionales. Todos ganaron con las obras: los que 
las dirigieron, en honor y fama; los contratistas de víve- 
res y materiales, en fortuna ; los comerciantes con el ao- 
menlo de consumo, la ciudad en población y riqueza; y 
defendida ya de toda hostilidad en adelante, desde en- 
tonces fué la de más importancia militar de América. 

Ya vimos cómo la mano destructora de Keppel babia 
dejado yermo el arsenal, antes y después fecunda cuna de 
tantos barcos célebres. Ni vestigio de muelle, ni de gradas, 
úi de instrumeutos, ni de arboladuras descubrieron Mon- 
lalvo y Sapiain al emprender su regeneración con los 
caudales que para e^e y otros objetos trajo Córdoba* 
Montalvo, elevado ya á Intendente de Marina en re- 
compensa de sus servicios y luego á tíluio de Castilla con 
el de conde de Macuríges, convocó á todos los matricula- 
dos, circuló órdenes á los depósitos y cortes de madera 
que se salvaron de la rapacidad del enemigo con su le- 
janía, reunió nuevas boyadas y carreterías, y recompuso 
una maestranza con casi todo el antiguo personal. Dos 
anos bastaron para formar otro arsenal amurallado y con- 
tiguo á la ciudad, reconstruir sus maquinarias, edificios 
y almacenes, y surtirlos de todo el material que su movi- 
miento requerid. A Sapiain, después de dejarlo preparado 



4)E LA ISLA DE CUBA. 4 9 

todo con Monlalvo, le relevó otro capitao de navio, don 
Manuel de Flores, eo el mando de aquella dependencia 
de! puerlo de la Habana. Pero se cumplió el pronóstico 
de los ingleses al destruir los primeros talleres de aquel 
arsenal : «Por esfuerzos que se hagan para restaurarle^ 
en seis años no volverá á producir ningún ^ navio.» 

Para abreviar el despacho de sus comisiones empren- 
dieron Riela y O'Reilly simultáneamente con las nuevas 
obras, la reorganización de lo militar, lo administrativo, 
lo personal y lo material en toda la Isla; y si en todo no 
fué cabal su acierto, nada dejó que desear su diligencia, 
imitándoles en actividad por la parte de Levante el mar- 
qués de Casa CagijaU que se habia trasladado á Santiago 
relevando allí á Madariaga el 18 de setiembre de 1763. 

Después de licenciar cumplidos, con los destacamentos 
llegados de San Agustin de la Florida y Paitzacola, solo le 
quedaron á O Beilly disponibles unos doscientos hombres 
para reorganizar el regimiento Fijo de la Habana. Con 
aquel corto número, el de nuevecieutos soldados que 
sacó del de Córdoba y mil doscientos reclutas enviados 
de Canarias y de España, lo reorganizó aquel Inspector 
en breve tiempo en tres batallones de á ochocientas pía 
zas, fuerza superior á la que figuraba en los cuatro que 
habia contado anteriormente. 

La dotación personal de artillería para la Isla se elevó 
á trescientos hombres con sus respectivos oficiales. Cerca 
íle doscientas piezas de bronce remitidas de Méjico y de 
España se montaron en el castillo de la Punta y el recinto, 
recibiéndose después todas las necesarias para guarnecer 
las baterías del Morro y la Cabana á medida que se iban 

^ Véanse los papeles de Mimlalvo iiünio del T. II y sobre todo la co- 
íDdícados en las notas del úliimo ca- munioaciün con que terminan. 



20 HISTORIA 

levantando. Los navios de Sapiain y luego los de Córdobc^ 
trajeron sobrado naalerial para reponer en breve liempo 
en el parque y alnaacenes de ariillería mucho más del 
que se apropiaron los ingleses quebrantando el tratado 
de Versalles. 

Con los reslos de las antiguas compañías y de los dra- 
gones de Edimburgo, y con un centenar más de reclutas 
andaluces, el coronel D. Antonio Raffelin, francés inte- 
ligeole y vivo*, «aunque inclinado á industrias,» pudo 
formar en poco tiempo un incompleto regimiento de tres- 
cientas plazas que se llamó de Dragones de Américü, di- 
vidido en dos escuadrones solamente. 

O'Reiily, para convertir en una verdad lo que se tenia 
por imposible, el transformar á los milicianos en soldados 
verdaderos, empezó por levantar padrones de la Habana 
y de Matanzas, puso nombres á sus calles, numeró sus 
casas, las dividió en barrios y .^eñaló á cada cual su res- 
pectivo contingente de hombres, extendiéndose igual ope- 
ración á los partidos territoriales de ambos pueblos. 
Luego que con su actividad y aun con la precipitación 
que también le dislinguia, tuvo escrito un reglamento* 
general de las milicias pro vedadas, comenzó a ponerlo 
60 práctica sin esperar á que se lo aprobase el Ministerio; 
y siete cuerpos se crearon á su voz en menos de tres me- 
ses, así con los antiguos milicianos, como con reclutas 
nuevos. 



* Véanse varios papeles de Riela reimpreso en 1853 en la Oficina de 
en la C. del A. la Camiania General de la Habana^ 

* Este reglamento, aunque adop- auadíéudose ¡odas ¡us aclaraciones 
lado desde luego por su autor, no y reformas que con resiiCcLo á fue- 
fué defítuiivamente aprobado has- n s y organización c!e las milicias de 
la 19 de enero de 1769. Entonces se la Isia se decretaron entre las dos< 
<*mprimió por primera vez y fué épocas. 



DE LA ISLA DE CUBA. 21 

Al primero, que constnba de dos balaPones de á ocho- 
cientas pl^^zas, se llí>mü Regimiento de •Voluntarios b!an 
ccí de la Habana.» Para oríianizarlo lo sirvió de núcleo un 
cuadro fijo veterano, compuesto de uü sargento mayor, 
dosaYudantes,diezy seis tenientes, dos capellanes, dos ci- 
rujanos, un tambor mayor y catorce gastadores, con diez 
y seis sargentos y treinta y dos cabos primeros. Las ocho 
compañías del primer batallón desde luego se nutrieron 
eo la capital, y las ocho del segundo con contingentes (Je 
los partidos de Corral Nuevo, Rio Piedra, Jiáraco, San 
Geninimo, Santa María del Rosario, Guanabacoa, Colimar 
y Bacuranao, con sus territorios limítrofes. Kstrenó el 
mando de este nuevo cuerpo con marcados títulos don 
Luis de Aguiar, declarado coronel de infantería con el 
sueldo de su rla^e algún tiempo después. El conde de 
Casa-Bayona, D. Francisco Cliacon y Torres, fué su primer 
teniente coronel. 

A Matanzas se dotó de un cuerpo mixto llamado Re- 
gimiento de Dragones y compuesto de un escuadrón de 
caballería y otro de infantería, el primero con ciento 
cincuenta plazas, y el segundo de cuatrocientas cincuenta: 
con tan heterogénea creación babiao unas mismas manos 
de manejar dos armas tan distintas. Las tres compañías 
del escuadrón montado se compusieron de ginetes de los 
partidos de Guamacaro, Guamulas y Macuriges; y las tres 
del desmontado con peones de Matanzas, Naranjal de Sau 
Agustin y Yumuri. Se destinó para tan extraño regimien- 
to un escaso cuadro veterano de un ayudante, seis tenien- 
tes, seis sargentos y seis cabos primeros con dos 
tambores. 

Al de Matanzas siguió en antigüedad el regimiento de 
Voluntarios de Caballería de la Habana, que contó tre» 



22 HISTORIA 

escuadrooes montados desde su priocipio con seíscienlus 
cincuenta gineles entre lodos. Cada uno de los partidos ^ 
de Quemado, Guatao, Guajay, San Miguel» Guanabacc^a, 
Lnyanó, Santiago, Guasabacoa» la Presa del Husillo, San- 
ta María del Rosario, Río Hondo y Jesús del Monte sumi- 
nistraron una compañía; constando el cuadro veterano 
del regimiento de un sargento mayor, un ayudante, trece 
tenientes, un capellán, un cirujano, trece sargentos, 
veinte y seis cabos primeros y cuatro trompetas. Su pri- 
mer coronel fué D. Martin de Atcsteguí*^ capitán de los 
üutiguos veteranos de á caballo que, después de dislin- 
f^uirse en la Tenencia de gobierno de Trinidad antes, al 
atacar los ingleses á la Habana se presentó á combatir en 
los postreros lances del asedio. 

La antigua milicia de color se refundió en un batallón 
que se donominó de Pardos libres de la Habana, con una 
fuerza de ochocientos hombres al mando de un sub-ins- 
pector, un ayudante ma}or y cuatro ayudantes veteranos. 

OReilly '\ aunque sufriendo una erupción cutánea y 
con frecuentes Gebres, así que se mitigó el ardor de la 
estación solo necesitó algunas semanas para inspeccionar 
en Puerto Príncipe y Santiago de Cuba los nuevos cuerpos 



^° Esle Aróstegui era hijo del fun- 
dador de la Compañía de Comercio 
de la Habana y uno de los primeros 
propietarios que habla entonces eo 
la Isla. Apasionado por la carrera 
militar, sirvió desde su primera ju- 
ventud- en las milicias montadas de 
aquella capital. Se hallaba de Te- 
niente Gobernador en Trinidad cuan- 
do ocurrió el sitio de la capital, y á 
pesar de sus instancias repetidas 
para tomar parte en las operaciones, 
no fué autorizado para venir ¿ la 



plaza sitiada hasta fines de julio, ni 
pudo llegar hasta pocos dias antes 
de la rendición. Era dueño del edi- 
ficio en donde Riela y los demás Ca- 
pitanes Generales que le sucedieron 
fijaron su residencia, hasta que 
en i 793 la tuvieron propia en la ac- 
tual casa llamada de Gobierno. Arós- 
tegui murió siendo Brigadier y de 
una edad muy avanzada. 

^^ Véanse el cuaderno de RaffeÜa 
y papeles de Riela en la G. del A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 23 

de milicias determinados con anterioridad para aquellos 
territorios. Eran tres de infanlería, el de Cuba y Bayamo, 
el de Puerto Príncipe y el de Cuatro Villas, habiéndosele 
dado este nosnbre al que se formó con gente de Trinidad, 
de Villa Clara, Sancti Spirilus y San Juan délos Remedios. 
Se componía de un batallón de organización exactamente 
igual á la de los batallones milicianos de la Habana. El 
mando del de Cuba y Bayarao fué conferido desde luego 
á D. Esteban Palacios, á quien honrosamenlemenciona- 
mos al hablar de las milicias de caballería que se reunie- 
ron cerca de la capital durante el sitio. 

El total de los nuevos cuerpos de milicias se elevó nada 
menos que á ochocientos doce ginetes, casi todos los que 
podían entonces mantener caballo en las demarcaciones 
de la capital y de Matanzas, y á cinco mil trescientos 
peone;:. Por su reglamento orgánico, aprobado luego con 
la misma precipitación que se había escrito, se declaró á 
todos los individuos de e^tos cuerpos en caso de guerra y 
de lomar la^ armas el mismo prest y haberes que las tro- 
pas veteranas según su grado y clase; concediéndoseles 
también fuero militar y exención de alojamientos y otras 
cargas. 

Proponiéndose el Inspector perpetuar el entusiasmo 
por la carrera de las armas que pasajeramente habían 
inspirado sus disposiciones en un pueblo todo comercial 
y agrícola, creó también una tNoble Compañía de Cade- 
tes de la Habana,» cuyo reglamento y plan se le aproba- 
baroD luego en 24 de octubre de 1764. El mismo 
O^Reilly se declaró su capitán; y en ella se filiaron los 
hijos de los títulos y de las familias más acaudaladas, 
entre otros D. Gonzalo 0*Farrill y D. Francisco Monta! v?, 
hijo del intendente D. Lorenzo» que llegaron ambos á 



24 niSToKiA 

tenientes genérale^. Pero fué osla creación He poca vida» 
porque sohre el rigor de los hr'ihilos mililpres impuestos 
á sus líijos, [)roviileciü después fl ciego y no siempre 
bien enleudido cariño de sus madres. 

Acudieron los milicianos con pran calor en un principio 
á las a*an)l)leas dis[)uestas [)or 0*Reilly para ejercitarlos 
en el manejo de arrüas y en los movimientos desde el lo- 
que de diana hus-in sentirse el sol. Pero mas propio aquel 
clima p:ira la quietud que para las maniobras militares» 
no tardaron en cansarse muchos. Se impusieron arrestos 
y castigos sin lof^rarse siempre que al amanecer saltara 
la juventud habanera de sus lechos para someterse á mo- 
vimientos mecánicos, ingratos y forzosos, y para que 
abandonaran su lalx>r los campesinos por una ocupación 
mucho menos provechosa. Pero la infl-^xibilidad y la 
perseverancia del Inspector vencieron este obstáculo: 
voluntarios ó forzados, los milicianos maniobraron muy 
en breve con tanto desembarazo y precisión como los 
veteranos. En varios simulacros compitieron con los ba- 
tallones de Córdoba y del Fijo, con su aspecto marcial^ 
desembarazo y gallardía. Crecidas sumas se emplearon 
en surtirles de unifor^^es, armas y monturas, y en estos, 
como en lodos los otros ramos militares, nada se perdonó 
para asegurar la posesión de una ciudad cuya impor- 
tancia acababa de demostrarse con su pérdida y con los 
sacrificios que habia exigido su recobro. 

Tan honda sensación hizo en la corte y toda España su 
desastre en el año anterior y tan funestas parecieron allí 
sus consecuencias, que el Gobierno, como si ignorase que 
procedían en io esencial de su propia negligencia, man- 
dó que se averiguasen sus causas y se juzgara á los jefes 
responsables con las formalidades mas minuciosas y so* 



DE LA ISLA DiS^bUBA. 25 

ieinnes. Se expidieron órdenes para que así que desem- 
barcarau se dirÍ4ii''seri íi Madrid los fíenerales conde de 
Supenuida, í). Diei^o Tahares, D. Juan de Piado y don 
Gutierre de Hévia, el brigadier D Dionisio So'er, el ca- 
pitán de navio D. Juan de la Colina y los domas ronian- 
dHíiies de los navios perdidos,, los corone>les del Fijo, de 
ingenieros y de caballería. Arroyo, Ricand y Caro, el 
«omandanle de artillería Crell de la Hoz v el secroturio 
de la junta que funcionó durante el sitio, García Gago. 
A Prado se le puso preso en el cuartel de Guardias de 
Corps, y los demás quedaron arrestados en sus casas á 
disposición de la junta de Generales convocada para en- 
tender en el proceso. Pre-^idida por el capitán general 
conde de Aranda, se componía de los tenientes genera- 
les marqués de Ceballos . conde de Vega Fiorida, duque 
de Granada y marqués de Siplí; del mariscal de campo 
D. Diego Manrique y del jefe de escuadra D. Jorge Juan, 
insigne sabio. Por !a importancia de los jueces se calcu- 
lará la que sc dió a la causa, cometiéndose el ingrato 
cargo de redactar la acusación al capitán de Guardias 
Españolas D. Manuel CraiwíuckeK de notoria compe- 
tencia en procedimientos militares. 

Impone contemplar en los archivos el cúmulo de pie- 
zas ** de aquel procedimiento. Después de formar ins- 
tructivas separadas, no pudo leer Craiwinckel su primer 
alefato acusatorio hasta últimos de marzo. Por otras 
ocupaciones perentorias de los generales de la junta y en 
especial del Presidente, por las protestas, las excepciones 
y las pruebas, un año y más transcurrieron aun sin que 
se presentaran las defensas principales. Hasta 30 de abril 

<> Véase en las págs. ^26 y 537 del modo de orden dei Rey N, S. por la 
T. II todo lo relativo al Proceso for- Junta de Generales^ etc., etc. 



2(^ HlSTORíA 

y 20 de mayo del siguiente año de 1764, no se leyeron 
las del marqués del Real Transpone y Prado. 

Aduciendo ejemplos de la historia y aun contemporá- 
neos para justificar el error de haber cerrado el puerto, 
no le bastó al primero la destreza desús argumentos para 
disminuir la responsabilidad que le abrumaba sobre la 
evacuación de la Cabana y la entrega de la escuadra y 
sus caudales. 

Aunque inferior en erudición y travesura la defensa, 
de Prado, desenvolvió cuantas razones podían justificar 
al acusado. Demostró que el Gobierno, tan pronto y tan 
pródigo en instrucciones y advertencias, estuvo con él 
tan avaro como lento en facilitarle los medios de cum- 
plirlas. Présenlo con números irrefutables un elocuente 
paralelo de la grandeza de los elementos deJ ataque con 
la mezquindad de los de la defensa que, á pesar de tanta 
desproporción, se prolongó mas de dos meses. Pero res- 
pondió con pálidos sofismas al cargo indestructible de ha- 
ber desaprovechado la ocasión de prolongar la resistencia 
en la Isla, evacuando la plaza, salvando los restos de la 
guarnición y los caudales. Por sí en algún involuntario 
yerro había incurrido, concluyó como implorando la in- 
dalgencia debida á un general «coa treinta y cuatro años 
de servicio y casi continuos en campana y gravemente 
herido» en Oráo y en Camposanto. 

La pieza mas curiosa de aquel procedimiento fué la 
defensa de D. Juan de la Colína. Después de excusar con 
mas sutilezas aunque Real Transporte su dictamen para 
echar á pique tres navios á la entrada de la bahía inuti- 
lizando así el resto de la escuadra y asegurando solo su 
perdición, probó el astuto montañés sin miramiento á 
nadie, que dependieron los demás desastres de do haber 



DE LA ISLA DE CUBA. 27 

prevalecido SU opinión sobre otros puntos. E» efecto, las 
actas originales de la Junta confirmaban que salieron de 
Colina las mejores advertencias y que, sin contradecirlas, 
no se habian seguido. 

El conde de Aranda, de quien también pudieron so- 
meterse á juicio muchos desaciertos de su campaña en 
Portugal, ostentó una severidad inexorable con los ge- 
nerales y jefes acusados por la rendición de la Habana, 
apoyándole la mayoría de los vocales. Ni una muerte 
heroica** libró de sus censuras á Velasco. En 4 de 
marzo de 1765 aprobó el Hey la sentencia del Conse- 
jo, resultando condenados Prado y Hévia á privación de 
sus empleos y destierro á cuarenta leguas de la corte por 
diez años, y al resarcimiento de daños y perjuicios al 
erario y al comercio: Superunda y Tabares, á diez años 
de suspensión y á igual destierro é igual resarcimiento 
qae los dos primeros; y el coronel de ingenieros, D. Bal- 
tasar Ricand, á dos años también de suspensión y otros 
dos de destierro de Madrid y sitios reales. Motejado el 
coronel Caro*^ de inactivo y haber desperdiciado dn- 



*' D. Carlos Caro era hermano se- 
gundo del marqués de la Romana 
qoe murió siendo mariscal de cam- 
po el 8 de julio de 1775 en la des- 
graciada expedición de O^ReilIy con- 
tra Argel, 7 hermano también por 
consígaiente del capiían general de 
ejército D. Ventara Caro, que luego 
mandó con gloria el de las Provin- 
cias Vascongadas y Navarra en la 
guerra de España contra la Repú- 
blica francesa en 1793 y 1794. 

** En la colección del Autor se 
baila copiado un documento que 
encontró entre los papeles del ar- 



chivo del antiguo Consejo de Indias 
trasladado después al de Sevilla. Ti- 
tulábase así: Copia de las reflexiones 
sobre la defensa de la Habana. —28 de 
marzo de 1764 — Su autor el exce* 
lentisimo señor conde de Aranda, 
Díficilmenie podrían bailarse en me- 
nos espacio, mas erroies de juicio y 
apreciación con respecto á las ope- 
raciones del sitio, y en los consejos 
que dio entonces aquel personaje 
sobre el sistema de fortificación es- 
de la Habana. En vista desemejante 
(iraeba, que no es por cierto laúni' 
ca qae nos ba dejado Aranda, po» 



28 HISTORIA 

ranle el silio frecuentes ocüsiones de ofeoder al iovasor» 
JusliQcó SI] inacción con pruebas crueles de la inulilídad 
de las milicias que tuvo entouces á su cargo. Despachado 
pidió y obtuvo su retiro para Valencia, pasando luego 
al servicio de Rusia donde muchos años después murió 
de General y con gran ct edito. 

Superunda murió poco después con sus sueldos y ho- 
nores restituidos; y á Ta bares por sus influencias y cons- 
lancia luego se le devolvieron y aun obtuvo destinos cor- 
respondientes á su grado; Hévia se fué á vivir á Asturias 
entregando sus bienes al erario; pero después los clamo- 
res de su suegro el capitán general de la Armada mar- 
qués de la Victoria consiguieror» de la clemencia de Car* 
los III, que le rehabilitaran en su empleo y honores. Pra- 
do se despojó hasta de su última amoneda para justificar 
la inversión de los doscientos y tantos mil pesos que ma- 
nejó y distribuyó durante el sitio. Vivió aun algunos 
años con una pensión que le señaló aquel Monarca ge- 
neroso, residiendo en Vttígudino cerca de Salamanca y 
OD haciendas de 9u hermano el marqués de Villel. 

El brigadier Soler, teniente rey, el (X)ronel (ie\ Fijo 
Arroyo, que muchos años después ascendió á Teniente 
<jeneral, el comandante de artillería Crell de la Hoz^ do 
salieron sino reprendidos por irregularidades y omisio- 
nes. La inferioridad de su grado y posición favoreció al 
astuto Gago (el Africano), que después de inspirar al go- 
bernador sus mayores desarciertos, se esmeró en acre- 
ditar que DO habia sido mas que ún redactor de las re- 
soluciones de la Junta sin voto en ella y sometido á todos 
«US vocales. 

(iríamos sofipechar con fandamento do de Garios III se pareciaD mucho 
<iue algunas celebridades del reina- á las de nuestros dias. 



DE LA ISLA DE CUBA. 2i> 

A Colioa se le declaró acreedor á la real gracia para 
sus aü-ceosos; y eo efecto, por su antigüedad y sus servi- 
cios como capitán de navio, tardó poco en ascender á 
Jefe de Escuadra. No exislia aun en la Ara ada el inter- 
medio empleo de brigadier que en esa escala se introdu- 
jo lue£>o. 

El mismo ascenso obtuvieron también tiempo después 
D. Pedro Castejon, D. José de San Vicente, D. Ignacio 
Ponce de León y otros jefes de marina que if ¡ibiijaron en 
el sitio y terminaron su vida y carrera siendo tenientes 
generales y el primero ministro de Marina. 

La Academia de bellas artes de Madrid estimuló con 
un premio extraordinario á los artistas que mejor perpe- 
tuaran con bronces y lienzos la memoria del asalto del 
Morro y de la muerte de Velasco y de González. A un 
hermano de este, que era capitán de Guardias españolas, 
le declaró el Rey tííulo de Navarra con la denominación 
de conde del Asalto y una pensión anual de nueve mil 
reales. A D. íñigo de Velasco, hermano del heroico don 
Luis^ muerto sio hijos, se le concedió el titulo de Castilla 
de marqués del Morro y una pensión de mil duroo anua- 
les pagadera por las cajas de la Habana y transmisible á 
sus colaterales y herederos. Mandó además Carlos III, que 
se honrara siempre un navio de guerra de la arma :a lle- 
vando el nombre de Velasco» y que para mandarlo luera 
preferido á los demás oficiales de su clase el que de su 
sangre y apellido obtuviera en la marina la graduación 
correspondiente. 

También á propuesta de Riela honró el Rey la memo* 
ria " del valiente regidor y alcalde provincial de Guana- 

<> Véase el Apéndice u.<> t. 



30 Historia 

liacoa, D. José Antonio Gonaez, perpetuando sus oficios 
en su hijo D. Narciso y en sus descendientes. 

D. Lorenzo Monlalvo, D. Pedro Calvo de la Puerta, don 
DoiDÍDgo Beítía, D. Agustín de Cárdenas Velez de Gue- 
vara, el contador Justiz y D. Martin Loynaz vieron re- 
con) pensada su lealtad y sus servicios con ios títulos de 
condes de Macuriges y de Buenavista los dos primeros; 
los demás con los de marqueses del Real Socorro, de 
Cárdenas de Monte -hermoso, Justiz de Santana y de Pra- 
do ameno. Monlalvo. que luego consiguió también el de 
conde de Casa Monlalvo para el primogénito de su segun- 
do matrimonio, vinculó su mayorazgo en una vasta ha- 
cienda que á treinta leguas de la Habana habia adquirido 
sin gran costo. Solo los censos que recauda en aquellas 
cierras el conde actual, producen ahora mas de sesenta 
mil pesos de renta. . 

Pero al mismo tiempo que en las recompensas, tuvo 
Riela que trabajar en los castigos. Habia encontrado á un 
centenar de especuladores extranjeros establecidos en la 
Habana durante el dominio inglés, que se les permitia y 
muy deseosos de seguir sus trancos bajo un sistema de 
prohibición que -no los permitia. Como su expulsión era 
uno de sus encargos mas estrechos, Riela procedió desde 
luego á la de iuuchos que no justificaron naturalidad y 
carácter de subditos ingleses, entre ellos un M. Deslan- 
des que figuró en la época de Keppel entre los principa- 
les agiotistas. Pero á los qne realmente eran ingleses les 
dejó prolongar su permanencia hasta meses después del 
término concedido en el tratado para que realizaran sus 
propiedades é intereses. A pesar de los disgustos y de- 
nuncias que le acarreó una tolerancia que se calificó de 
interesada, la prohibición del tráfico extranjero reprodu- 



DE LA ISLA DE CUBA. 31 

€Ída repeDlinameDle al ser devuelto el poerlo á España, 
ocasionó duros quebrantos á los comer cianles de Jamai- 
ca» forzándolos á malvender en otros mercados muchos 
cargamentos destinados á la Habana. 

En la larga causa que se siguió á Prado, hubo estudio 
manifiesto en desentenderse de los fondos que estuvo 
manejando. Se le juzgó por sus errores militares, pero 
como particular se respetó su crédito. El ministro de In- 
dias, Arriaga, se limitó á recomendar á Hiela que instru- 
yese un expediente extrajudicial y reservado para averi- 
guar su inversión y paradero. Por cauteloso que andu- 
viese el Conde en este asunto, D. Nicolás Rapun, uno de 
ios mayores confidentes de su antecesor, se adelantó á sus 
pasos. Demostró con comprobantes de las cantidades re- 
cibidas que, á pesar de las denuncias exageradas de los 
de Cádiz y de los contadores de la. Habana, no pasó de 
doscientos mil pesos la suma que al invasor sustrajo 
Prado. Como otras varias cuya distribución justificó, la 
había sacado, durante el silio, de la€ arcas reales para 
cubrir atenciones momentáneas, sin que su inversión, 
por haber sido irregular, fuera ilegítima. Sabiendo el 
general sitiado que uno de sus agentes enviado á Cuba 
con caudales se babia huido á Curazao con ellos desde el 
Manzanillo, había desconfiado de los demás, reservándose 
aquel fondo para las urgencias de dias tan angustiosos; 
y antes de capitular habíalo distribuido entre Rapun y 
varios jefes para salvarlo como propiedad particular, in- 
vertir una parle en la asistencia de los heridos y remitir 
la denias á España, para reintegrársela al erario. Mani- 
festó Rapun que, cumpliendo con aquel encargo, le tenia 
devueltos los cincuenta y tres mil setecientos pesos que 
ie habia confiado; y concluyó garantizando á Riela que 



32 HiSTOlUA 

los demás depositarios, dispersos casi lodos en distintos- 
lugares y destinos, habrian hecho ó harían también Iq mis- 
mo. Annque aparentase creerlos, dudó de sus asertos e\ 
suspinaz Conde, averiguó después que Rapun remitió á 
Prado dos cargamentos de azúcar en las fragatas Perla y 
Fetis; supuso con malicia y sin indagación que no perte- 
neciesen esos valores á los del depósito, y se precipitó á 
enviar á la corte informes tan desfavorables al deposita- 
rio como al depositante. Pero no tardaron en desvane- 
cerlos las cuentas ajustadas que dio el uno y los reinte- 
gros cabales que hizo el otro, mas sensible á este capitula 
que á todos los demás de su proceso. 

Le llovieron al Conde desde su llegada representacio- 
nes, denuncias, pasquines y escritos anónimos^* contra 
Peñalver y contra Oquendo, porque, para sus ofendidos, 
su desagravio debia serlo primero. Hubo raasjusticir 
que caridad con aquellos delincuentes. Prefirió Riela en 



*• Sobre Pf nal ver y Recio de 
Oquendo se bailan en nuestra colec- 
ción las noiicias mas minuciosas. 
Ademas de las denuncias del ohispo 
Moreil, de D. Lorenzo Montalvo y 
Giros, á que nos hemos relerido en 
las notas del último capitulo del 
T. II, hemos con.sullado »:on deteni- 
miento los siguientes escritos au- 
ténticos: 

Comunicación dirigida pur Riela 
al ministro Arriaga e.\ 2^ de no- 
▼iembre de 1765 con detallada razón 
de todas las providencias que se ha- 
blan tomad) has! a enioncei contra 
Peñalver y Oquendo y de ios cargos 
que resultaban justificados en el 
procedimiento que se les seguía. 

Una real orden á Riela firmada e n 
3 de octubre de 1763 por el mar- 



qués de Sqaüace disponiendo el em- 
bargo de los bienes de ambos pro- 
cesados y su envió á Madrid con lo»; 
autos de su causa en cuanto estu- 
viese terminada. 

Un informe comunicado de orden 
de Riela por O. Francisco López de 
Gamarra en 6 de abril de 17(:<4, so- 
bre varios inridenies de la conducta 
de Peñalver, durante la denomina- 
ción inglesa. 

Estos documentos y otros varios 
acumjiados á nuestra colección, se 
hallatian en 1841 abandonados entre 
muchos papeles de todas ciases y 
procedencias en una de las salas del 
piso superior de la factoría «e taba- 
cos de la Habana que lue^o se des- 
tinó á Hospital militar de la [laza. 



DE LA ISLA DE OUBA. 33 

uo principio someterlos á un procedimíeoto reservado 
después de asegurar sus personas con guardias y vigilan- 
tes en sus mismas casas y de poner sus bienes en secues- 
tro. Pero no bastaba ese expediente para satisfacer á la 
acusación de un pueblo entero conlra lan desnaturaliza- 
dos compatricios; y la misma benignidad de la prisión 
avivó el encono en los acusadores. Para justificarse, uno 
de los descargos de los acusados era, que si sirvieron de 
instrumentos á la codicia de Albemarle, fué para impedir 
que se valiese de otros que hubieran aniquilado al vecio- 
dario. Tuvo Riela que ceder al torrente de los querellan- 
tes; y acumulando sus propias averiguaciones á los re- 
cursos presentados , ordenó á fin de setiembre de 1 763 
que, bajo sus auspicios y para juzgarles, se formase una 
comisión compuesta de D. Salvador Mas y Llopis, auditor 
que con él vino de España, del contador marqués Justiz 
y del fiscal de hacienda D. Francisco de Gamarra, á quien 
Peualver recusó luego y que por esto se exceptuó. 

Echóse bando para que cuantos tuvieran que exponer 
agravios los declararan , y procedieron los comisionados 
sin descanso hasta sustanciar los cargos resultantes. Pero 
A mediados de octubre hubo que suspender su confesión 
á Oquendo que enfermó gravemente; y porque antes de 
recibirle á Peñalver la suya , se le interceptó un pliego 
cerrado que de parte de su hijo le llevaba el mismo mé- 
dico que le asistia. 

De todos ios delitos de Peñalver el que apareció enton- 
ces menos disculpable fué el de haber despachado á Ve- 
racruz á principios de febrero, sabiendo ya la suspen- 
sión de las hostilidades» tres cargamentos de manufac- 
turas extranjeras en tres buques ingleses, proponiendo á 
la casa de Saenz Rico cohechar á aquel gobernador para 

HIST. DB CVBA. TOMOIH. — 3 



34 HISTORIA 

establecer y regularizar con la Habana tráflcos prohibidos. 
No solo Saenz Rico le devolvió algunos presentes y se 
desentendió de las proposiciones, sino que le envió al 
marqués de Casa-Cagigal los comprobantes de la tenta- 
tiva« y este jefe se los comunicó después á Riela. 

£1 pliego interceptado al médico contenia dos docu- 
mentos: una contraorden que debía firmar para Saenz 
Rico y con la fecha atrasada conveniente, atribuyendo el 
contenido de la del 6 de febrero á exigencias de Sir Kep- 
peí, y se la enviaba para que la acusación de su recibo 
' por parte de Saenz Rico le sirviese luego de justificante; 
y un aviso para que manifestase en su declaración, que 
babia dirigido esa contraorden por Campeche, y que ha- 
biendo vuelto á arribar por avería la embarcación que 
la llevaba, no habia podido certificar la fecha de su re- 
cibo por escribanos en tiempo hábil. No estaba mal dis- 
currida la coartada si á Penal ver no le hubiesen sor- 
prendido el pliego. 

Púsose inmediatamente en prisión á D. Gabriel, su hijo 
mayor, á D. José Rivera que habia escrito el aviso de sa 
puño, á otro cómplice que extendió la supuesta carta de 
contraorden, y á los dos escribanos que la certificaron 
antes de estar firmada y falsamente. 

Por haber solicitado y aceptado el gobierno de la po- 
población bajo el dominio inglés, no se le dirigió á Pe- 
ña I ver cargo ninguno. Todas las inculpaciones se fijaron 
sobre sus manejos y conducta en aquel puesto. Ademas 
de los excesos indicados en el capítulo anterior, eviden- 
ció el proceso: que se habia concertado con los comisa- 
rios ingleses para monopolizar el considerable artículo de 
las harinas del abasto público; que se hizo gratificar por 
las embarcaciones españolas que entraron y salieron del 



DE LA 1SL\ DE CUBA. 55 

paerlo después del armislicio; que había obligado á los 
hacendados y expendedores de carne á costear los gastos 
de mesa de los generales ingleses; que voluntariamente 
y por servil afán de congraciarse con ellos, había confe- 
rido comisiones apremiantes para descubrir y recoger 
negros, bueyes, carretas y maderas pertenecientes áS. M., 
llegando su violencia y su injusticia hasta arrebatar á al- 
gunos asentistas particulares muchos efectos de esta cla- 
se, aun constándole que no eran de su propiedad privada. 
Luego que se recuperó Oquendo, se procedió á su con- 
fesión. Aunque su culpabilidad apareciese desde luego 
menos grave que la de Penal ver, le había excedido en sus 
violencias para la exacción del donativo forzoso y llamado 
voluntario. Trató á los despojados con mayor dureza, al 
paso que su cómplice, sin perjudicarles menos, observó 
mas suavidad con ellos. La indignación pública estalló 
por eso contra el uno en tanto grado como contra el otro. 
Pero se guardaron á su clase todas las consideraciones; 
todos lo^ términos de prueba y de defensa que pidieron 
se les concedieron. Corridos muchos meses, apurando en 
vauo todos sus recursos para atenuar testimonios que los 
abrumaban. Riela les remitió presos á Cádiz con su dic- 
tamen y los autos á bordo del navio de guerra Firme, 
que salió de la Habana á fio de octubre de'l76i. D. José 
Rivera, antiguo delincuente ya expulsado de la Habana 
en los dias del gobierno de Tinao, fué al presidio de 
Ceuta por diez años, y con ellos como comprometidos en 
incidentes de la causa, se remitió también á D. Gonzalo 
y D. Julián Recio de Oquendo, hijo y sobrino del alférez 
real, perdonándose á D. Gabriel de Peñalver y al médico 
4a culpa en que incurrieron para atenuar la de un padre 
y de un amigo. Vanamente nos hemos esforzado para 



36 HISTORIA 

descubrir en los archivos la causa original de Peñalver 
y Oqueodo, ó noticias de la suerte que después tuvieron. 
Por pura tradición, no más, de ancianos fidedignos y 
contemporáneos de los hijos de aquellos acusados, supi- 
mos que Oquendo falleció dos ó tres años después en Se- 
villa destérralo; que á Peñalver, á quien no faltaron pa- 
drinos en la corte, aunque se le sentenció á muerte, se 
le permutó esta pena por la de confinamiento á Ceuta, 
donde murió poco después que Oquendo, hacia 1770. 
Con los bienes embargados á los dos se indemnizó lue- 
go al clero y á los particulares de la parte que en el do- 
nativo forzoso se habían apropiado aquellos encausados;. 
y aun les quedó á sus herederos lo bastante para seguir 
viviendo independientes. D. Gabriel de Peñalver, andan- 
do el tiempo, hizo olvidar con su conduela las culpas de 
su padre, le sucedió en el cargo de regidor y aun obtuvo 
el título de conde de Santa María de Loreto. Pero des- 
pués de la muerte de Oquendo adquirió para sí y sus 
descendientes el capitán de milicias D. Ciríaco Arango 
su cargo de alférez real del Ayuntamiento de la Habana. 
A pesar de las frecuentes indisposiciones^'' que los dos 
sufrieron, se esforzaron Riela y 0*Reilly para deja^r plan- 
teados en diez meses todas sus reformas y proyectos, y 
regresar á Es[}aña por la primavera de 1764. Pero el 
ministerio exigió luego que también plantearan ello» 
mismos las reformas administrativas militares y civiles 



(1^) Sobre algunas de las provi- su autor como jefe á muchas cosas 

dencias de Riela y O'Reilly en roa- de la organización de los escuadro- 

teriasde gobierno militar, nos pu- fies de Dragones, eremos que fuese 

dieron proporcionar hace muchos obra del teniente coronel D. Aoto- 

años un breve cuaderno manuscrito Dio Raffelin. Lo conservamos en 

en castellano que por los giros fran- nuestra G. 



ceses de su redacción y referirse 



DB LA ISLA DE CUBA. 57 

que propusieron desde los pocos meses de ejercer sus 
<íarg08 ; y para recompensar con sus servicios anteriores 
el sacrificio de su permanencia, á Riela se le confirió la 
gran cruz de San Genaro, de cuya investidura seguia 
disponiendo Carlos III que la fundó cuando era Rey d 
Ñapóles; y sobre los diez y ocho mil pesos y ocho mil de 
gratificación anuales con que habia venido á desempeñar 
su comisión extraordinaria, se le consignó un nuevo 
abono de diez mil y otros dos mil más para alquileres de 
la casa que se complació en cederle D. Martin de Aros* 
tegui, hallándose el castillo de la Fuerza inhabitable. A 
0*Reilly se le premió coú una encomienda productiva y 
prometiéndole su- pronto ascenso. 

Usando de sus facultades extraordinarias, introdujo el 
Conde mudanzas importantes en los impuestos y exac- 
ciones que aun reglan con los añejos aranceles de Riaño, 
pero siempre con autorización real ó con consulta y pre- 
vio acuerdo del fiscal de rentas^ de los contadores y ofi- 
ciales reales. 

Gn una instrucción publicada el 26 de marzo de 
1764» se estableció un derecho de dos pesos sobre cada 
barril de á seis en pipa del aguardiente qne se destilaba 
en los ingenios ; de un real sobre el barril de miel y dd 
una bebida de gran consumo entonces en la plebe con 
el nombre de zambumbia. Centralizó con general aplauso 
todas las rentas de !a isla para aplicarlas á sus atencio- 
nes. Pero desde el 25 de setiembre restableció el im- 
puesto de alcabalas, cargando un cuatro por ciento al 
valor de las ventas de inmuebles, esclavos y ganados; 
impuesto creado desde 1758 para atender á la construc- 
<;ion de las vías públicas, sin que entonces tuviese apli- 
^^cion. Por último, planteó una contribución directa, la 



58 HISTORIA 

primera acaso de su clase y do bien recibida, Gjando uq 
tres por ciento sobre los productos líquidos de los alqui- 
leres de las casas, censos y rentas fíjas de particulares. 
Las gacetas y revistas de Londres y Jamaica en aquel 
tiempo nos confirman y detallan, que en ios once meses 
del dominio inglés en la Habana, sin contar los del ar- 
mamento ni de la escuadra, habian entrado hasla sete- 
cientos veinte y siete buques mercantes en un puerto 
que para su tráfico y consumo nunca había recibido an- 
tes mas que catorce ó quince anuales; y que todos esos 
cargamentos se cambiaron por productos indígenas ó por 
numerario, obteniéndose así en el retorno unos valores que 
ni se sospechaba que existiesen en una isla cuya expor- 
tación principal habia sido clandestina. Por lo tanto, si 
la pasajera pérdida de aquella píaza infirió grandes per- 
juicios al erario, la lección dada con aquel ejemplo de li- 
bertad comercial á los prohibicionistas fué tan solenme 
como irrefutable. Después de su restauración sucumbió 
la funesta Compañía privilegiada á sus propias excisiones 
y litigios; y con muy cortas mejoras volvieron las necesi- 
dades públicas á sujetarse á los registros fijos que seguian 
repartiendo sus insuficientes cargamentosren otros varios 
puertos. Muy persuadido con las pruebas resultantes de 
aquel elocuente paralelo^ pero muy prudente para ade- 
lantarse á alteraciones comerciales que habian perjudica- 
do siempre á sus autores. Riela demostró con números 
más que con teorías al ministerio, que la isla con sus es- 
pontáneas extracciones de dinero en aquella época se 
habia facilitado los medios de multiplicarlo; que urgia ya 
que su régimen administrativo se variase, y que para 
cubrir sus atenciones generales debian reconcentrarse 
lodos sus productos cod la suma de un milioa y doscien- 



DE LA ISLA DE CUBA. 3! 

tos mil pesos anuales, que desde mediados de 4763 em-^- 
pezaroD á remitirse de Yeracruz para la Habana. 

Propuso también el Conde, que se aumentaran las co- 
municaciones entre la isla , su metrópoli y los demás puer- 
tos de la América central, desapareciendo el lento y ya 
pernicioso sistema de flotas anuales concebido como útil 
en tiempos muy diversos. Rapun, Montalvo, Justiz y el 
tesorero D. Diego Penalver explicaron en concienzudas 
memorias el estado de las dependencias administrativas 
que estaban manejando y muchas de las reformas que 
necesitaban; todo se leyó y se consultó por el gobierno; 
algo aprobó; pero en lo demás, según sus prácticas, 
aplacó !a resolución indefinidamente. 

Pareció en Madrid menos acertado el proyecto de una 
audiencia con cuya creación se propuso dolar Riela á la 
Isla instalándola en su misma capital con un regente, y 
componiéndola de los mismos jueces que allí gozaban 
sueldo, y eran el auditor teniente gobernador, el asesor, 
el fiscal de hacienda, el asesor y el fiscal de marina, 
agraciándose también con esa toga á D. Gabriel de Santa 
Cruz, el mas distinguido á la sazón de los abogados haba« 
ñeros. Si el objeto era útil, la manera de proponerlo fué 
desacertada. Se graduó allí de incompatibilidad recono- 
cida que unos mismos jueces pudieran aprobarse luego 
como superiores las providencias que dictasen antes en 
primera instancia; y no se volvió en muchos años á tratar 
del pensamiento. 

A excepción de este último fueron favorablemente re- 
cibidos los proyectos del Conde, puesto que algunos se 
los habían indicado los ministros mismos antes de que 
saliera de Madrid. Se esmeraba entonces eP gobierno en 
modificar el régimen administrativo y comercial de las^ 



40 HISTORIA 

provÍDcias de Ultramar, aunque obrando atientas todavía; 
pero se encaminaban ya sus pasos al acierto con una ley 
reglamentaria y arancelaria de 21 de agosto de 1764. 

Aunque harto incompleta, fué aquella la disposición 
primera que aflojó las absurdas ligaduras que oprimian 
al reciproco comercio de los españoles de ambos hemis- 
ferios. Los de Cuba pudieron desde entonces traficar 
directamente ton los de Barcelona, Alicante, Cartagena, 
Málaga, La Coruña» Gijon y Santander en los registros 
y correos que se establecieron entonces sin que se alte- 
rasen sus antiguas relaciones con Sevilla y Cádiz. Otro 
benéfico decreto eximió luego á las embarcaciones con- 
signadas á Cuba del pesado derecho de palmeo que habia 
oprimido al comercio durante medio siglo. 

Con todas sus naturales dependencias y al tenor de las 
que habia creado Orry en la metrópoli, se decretó para 
la isla la institución de una intendencia, que desde su 
misma cuna empezó á ser délas mas importantes del Esta- 
do. Decretóse también para la Habana la creación de una 
administración general de todas las rentas de la isla anexio- 
nándose á ese cargo, aunque con completa separación 
de atenciones tan distintas, otra administración, la de 
correos terrestres y marítimos. Mandóse inmediatamente 
que pasaran á fundar y desempeñar esa<^ nuevas depen- 
dencias D. Miguel de Altarriba'^, que se habia distin- 
guido como comisario ordenador en el ejército de Por* 

■ 

tugal, y el administrador nombrado para aquellos ramos 
D. José de Armona. Dejemos ahora que este funcionario 
de crédito y despejo nos refiera él mismo sus primeros 



(») Véase sa nota b¡ogr¿6ca ea la página 17 del tomo I del Dicú. Geogr, 
Mstórko Ett. de Cuba por el A. 



DE L\ 1SL\ DE CUBA. 41 

pasos eo sus curiosas memorias ioéditas*', trazándonos 
tambilBQ algunos rasgos del aspecto y estado del país en 
aquel tiempo. 

«Arribamos á Santiago de Cuba el 20 de enero 
de 1765 á las seis de la mañana. Era gobernador de 
aquella plaza D. Fernando Gagigal, marqués de Casa 
<}ag¡gal, hombre de humor, soldado de profesión, ale- 
gre, activo y generoso. Yo le pasé un aviso de nuestro 
arribo sin saltar en tierra; le di buenas noticias frescas 
de España, insinuándole nuestros deseos de servirle y de 
pasar á la plaza. No dejó cosa por hacer en obsequio de 
lodos. Al instante nos envió su falúa adornada con un 
oficial de la guarnición para que nos acompañase y ace- 
lerase el viaje, porque siendo dias del cumpleaños del 
Rey N. S.^ tenia preparado un gran banquete y queria 
tener el honor (me decia en su carta), de qué unos hués- 
pedes tan honrados le acompañasen con la oficialidad de 
la guarnición y algunas damas á obsequiar al soberano. 

•Todo se hizo con mucha salisfíiccion de todos, des- 
haciéndose el Marqués en atenciones. Por la tarde nos 
paseamos; y por la noche se ejecutó en la plaza de armas, 
en donde se habia dispuesto un teatro bien iluminado, 
la comedia tiulada el Maestro de Alejandro: los actores 
fueron algunos militares y mujeres. Se concluyó con un 
baile bien servido, sin detenernos un motnento á obser- 
vaciones sobre la variedad de objetos que se presentaban 
á nuestra vista, nuevos para nosotros algunos de ellos. 
Todo se convirtió en diversión y alegría. Era uno el ar- 
jnooioso y raro concierto de cinco ó seis harpas que des- 

^* Véanse las Noticias de Casa á crito de Armooa que concierne á su 
^e en anteriores notas nos hemos larga permanencia en la Isla de Gu- 
referido. Toda la parte del manus- ba, está copiada en la Golee, de A. 



42 HISTORIA 

terradas de Castilla medio siglo antes, se habiao refugia- 
do en Santiago de Cuba. Por entre cortinas se dejaban 
ver las que las tocaban y el acompañamiento de violines, 
bajos y guitarras con músicos de la guarnición, de la 
catedral y oficiales aficionados. Después de todo, el go- 
bernador nos dio en su casa una gran cena á que asis- 
tieron las damas, los de mayor graduación militar y de 
la nobleza del país con algunos canónigos, azules, ver- 
des y morados.» 

Pasando después Armona á la conclusión de su viaje y 
á los primeros cuidados de su arribo á la capital, añade: 
<Me entregué todo á cimentar los cuidados que el Rey 
habia puesto á mí cargo, así para el establecimiento de 
las nuevas rentas en la isla de Cuba, como el de correos 
marítimos para toda la América.» 

x>Si la primera empresa salió feliz y el Rey quedó bien 
servido, los vasallos no quedaron oprimidos por el peso 
de las contribuciones ni por el modo de exigirlas: la se- 
gunda, que ofreció grandes dificultades desde el princi* 
pió, salió mucho mas feliz y ventajosa, aplaudida de to- 
dos y aun se puede decir que tuvo á su favor los auxilios 
<Jel cielo; pues en tantas, tan largas y diversas navega- 
ciones á España y á los puertos de América, sus bajeles 
no experimentaron las comunes desgracias. Corrió bas- 
tantes años su establecimiento con esta felicidad, y todo 
el mundo buscaba la seguridad de sus buques con et 
buen trato que se daba en ellos para hacer sus viajes. 

>Esta renta de correos marítimos, este importantísimo- 
establecimiento lo empecé é hice yo en la Habana sia 
tener un real con que contar ni otro fondo que la misma 
renta. 

»Únicamente se hizo por arbitrios, tomando yo sobre 



DE LA ISLA DE CUBA. 43 

idí las resullas, una vez que se lograse el servicio del 
Rey coD el del publico y dejando bien correspondida la 
confianza que había hecho de mí el marqués de Grimal- 
di, su primer secretario de Estado. 

aEs verdad que en las cartas confidenciales que babia 
escrito de su mano al conde de Riela le previno con efi- 
cacia que diese sus órdenes para que por la tesorería de 
la Habana se me facilitasen todos los caudales que pu- 
diera necesitar para la compra de balandras bermude* 
ñas; construir en la Habana algunos paquebotes y ber- 
gantines propios para puntear los vientos escasos, y es- 
tablecer oficinas^ comprar víveres y pertrechos; pagar 
sueldos y á las tripulaciones, dar carenas y prontas recor- 
ridas á los paquebotes que llegasen de la Goruña ; yol- 
verlos á despachar sin demora; no detener las demás 
embarcaciones ni las pagas precisas de las maestranzas. 
Es verdad que Riela dio órdenes para ello y que no ha- 
biendo caudal alguno en tesorería, pues estaba viviendo 
la plaza de prestado y pagándose los sueldos y prest de 
la guarnición como se podia, lo buscó de algunos parti- 
culares; pero no le pudieron servir, porque ya habian 
dado lo que tenían. En estas circunstancias fué cuando 
yo hice recurso de propia autoridad al único arbitrio que 
me facilitaba un encargo de confianza que me había he- 
cho el ministro de Hacienda marqués de Squilaee. 

jiMe puse de acuerdo con el conde de Riela y empecé 
á buscar dinero. Di cuenta á los dos ministros Grímaldi y 
Squilaee por ser asuntos relativos á sus ministerios; em- 
pecé mi operación, y este recurso fué el que dio los afor- 
tunados y sólidos cimientos que tiene la gran renta de 
correos marítimos. 

»Squilace me babia dicho eo Aranjuez , que pondría 



44 HISTORIA 

á mi cuidado un encargo de intereses atrasados para re* 
cobrarlos en la Habana, si se pudiese sin desfalco alguno. 
Consisiia en cinco ó seis mil barriles de harinas france- 
sas que había hecho traer á Cádiz para socorrer al ejér- 
cito de Portugal en la guerra del año anterior. Estas ha- 
rinas estaban en los almacenes de la Carraca y del Tro- 
cadero bien acondicionadas. Quedé pues con él en que 
llevándolas a aquella plaza para venderlas de cuenta del 
Rey, solo se sacase el costó y costas, aunque para conse- 
guirlo corriese yo con su venta» evitando que con los ca- 
lores del país se pusieran inservibles como era de temer. 
Estas órdenes me llevé á Cádiz, allí vi un dia las harinas 
y acordé con el Presidente de la Contratación su pronto 
embarque. Tres mil quinientos barriles se pusieron en la 
fragata San Carlos en que yo habia de navegar, y las 
demás me las envió después en dos polacras españolas 
que fletó solo para llevarlas. 

j»Las harinas eran muy buenas; pero cuando llegué á 
la Habana me encontré con que se habia esparcido la voz 
de estar pasadas. Conviene saber que habia en la Habana 
varios almcenes bien provistos con harinas de Veracruz, 
de las colonias francesas y de las inglesas. Importaba, 
pues, á los interesados usar de sus artes, dar mala opi- 
nión ^ las del Rey, preocupar al pueblo contra ellas y 
mejorar el despacho de las suyas. 

>Yo hice constar al gobierno por las facturas origina- 
les, que eran harinas frescas; pues aunque se habían 
comprado para proveer al ejército de Portugal, habiao 
llegado á Cádiz cuando yn estaba hecho el armisticio. 
Hice amasar ocho barriles por cuatro buenos panaderos; 
regalé pan al conde de Riela, al obispo, á los curas yá 
las comunidades religiosas, á los coroneles y á muchas 



DE LA ISLA DE COBA. 4& 

personas para que juzgasen de él. Pareció muy bien á 
todos, y la opinión mercantil vino á tierra de contado. 

«Sobre esta hipoteca encontré dinero al instante. Hice 

• varios negocios con los panaderos de roas crédito: uoos 

me dieron dinero de pronto, y otros me pagaron bien 

á plazos; de modo que en poco mas de un año se sacó el 

capital con catorce mil pesos de ganancia para el Rey. 

>Emp!eé todo el dinero en beneficio de la renta de 
correos, y asi á él únicamente debió su creación con los 
buques que se compraron, los pertrechos adquiridos y 
ios pagos á la marinería, carenas y oficinas que desde 
luego se pusieron en planta.» 

Áñtes que pudiera Armona establecer y regularizar de 
QD modo tan ventajoso las comunicaciones entre España 
y sus provincias de Ultramar, habia también Altarriba 
planteado la intendencia el 5 de febrero de 1765, cum- 
pliendo en todos sus detalles lo dispuesto por la cédula 
de creación de 31 de octubre anterior. Aunque mas dis- 
pendiosa, recibió la administración del país una forma 
mas ordenada y mas activa; regularizándose la cuenta y 
razón de todos los ingresos. 

El cuerpo de la intendencia se organizó con los si- 
guientes miembros: un intendente con ocho mil pesos 
anuales como director y autoridad superior de toda la 
administración puesta á su cargo; un contador general, 
el marqués Justiz, doce oficiales, tres escribientes, tres 
meritorios y un portero; un tesorero general, D. Diego 
Peñalver, con tres oficialesv un escribiente y un portero; 
OD administrador general, D. José Armona, que acumuló 
este cargo al de correos con ocho oficiales y un poi tero. 

Con separación y con independencia de estas oficinas 
subsistió el tribunal de cuentas, á cuyo examen, reparo 



46 HISTORIA 

ó aprobación teoiaD que someterse las de loda la isla. 

Se crearon para el puerto y territorio de Santiago de 
Cuba una contaduría y una administración unida á una 
tesorería con nueve dependientes; para Bayamo, otra ' 
contaduría y otra administración con cuatro empleados; 
y cinco administraciones subalternas más, con doce fun- 
cionarios entre todas ellas en el partido de Arroyo Blan- 
co, en Santa María del Rosario, Guanabacoa, Holguin y 
Baracoa. Aunque duró poco ese olvido, fué bien repara- 
ble que Trinidad, Puerto Príncipe y los demás lugares 
principales siguieran sometidos á la anterior forma. 

Lo que conviene á unos países no es siempre aplicable 
á todos. Era la institución de las intendencias de pro- 
vincia un adelanto inmenso, sucediendo al caos rentístico 
en que la dinastía austriaca habia dejado á España. Pero 
tampoco es cuestionable el desacierto que cometieron Ri- 
cid y el gobierno con plantear al tenor que las de la me- 
trópoli la administración de un territorio tan distante, tan 
excepcional y de productos tan diversos como ios de Cu- 
ba. Aunque como colonizadores fueran muy inferiores al de 
España para amoldar á sus leyes , á sus creencias y á sus 
usos, lo:» territorios coloniales que adquirían, anduvieron 
en lo económico mas adelantados los gobiernos de Ho- 
landa, Francia é Inglaterra, adecuando desde un principio 
la administraciqn de sus colonias á sus rendimientos, si- 
tuación y circunstancias especiales. En casi todas ellas se 
arrendaban por licitación con garantías casi todos los ra- 
mos productores al erario; é impulsada así por el interés 
particular la riqueza pública, se acrecentó con tal rapidez - 
en muchas de ellas, que al mediar el siglo ya rendían 
dobles productos, colonias muy inferiores, que la grande 
Antilla como en anterior lugar quedó apuntado. 



BE LA ISLA DE CUBA. 47 

CoD buenas, peco ineompletas prescripciones , publicó 
el conde de Riela un bando de gobierno y policía. Refi- 
rióse al aseo público, á la persecución de la vagancia y 
desertores-, pero no previno nada sobre el réginaen es- 
pecial de las clases de color, libres ó esclavas. En ese do- 
cnmenlo y como ya encargados de los partidos, en queá 
medida que se poblaba se iba subdividiendo el territorio, 
se ven ya mencionados con el nombre de Pedáneos los 
antiguos capitanes á guerra que los gobernaban. 

Desde fines del siglo xvi, los gobernadores de la Haba- 
na y de Santiago, para vigilar los predios apartados en 
la costa y por la tierra adentro, dividieron sus distritos 
en demarcaciones, y en cada una escogieron á un colono 
con hacienda y vecindad en ella que desempeñara ofi- 
cios de justicia en su respectivo territorio. A esas demar- 
caciones se llamó partidos, y capitanes á guerra á los que 
ejercían esas funciones. Aunque ignorantes por lo co- 
mún y rencillosos, su propiedad respondiade su conducta 
sin que asegurara su justicia ni su acierto siempre. Cre- 
cieron en vez de disminuir los defectos de esa institución, 
cuando Güemes, Cagigal y luego Riela fueron reempla- 
zando á aquellos funcionarios ó con oficiales reformados, 
ó con sujetos sin título ni arraigo y hasta sin aptitud fre- 
cnentemente. Si los antiguos capitanes á guerra con me- 
dios de subsistencia propios, se habian con frecuencia 
excedido en suconducla« claro era que, no teniéndo- 
los como ellos los pedáneos que les sucedieron y no go- 
zando tampoco asignación alguna en funciones creadas 
para perseguir el crimen y ex^tirpar el vicio, habrian 
forzosamente de buscarla, perdonando al uno y tole- 
rando al otro. Funesto fué este error, aunque disimu- 
labia en la afanosa mano que trazó en solos dos años 



48 HISTOKIA 

■ 

todo el cuadro de la admioistracioa política, económica^ 
civil y militar de uu país tan vasto. Lo que sorprende 
con dolor es que« corneado la segunda mitad de üd 
siglo como el nuestro, subsista aun en pujanza, aunque 
con tenues correctivos , tan absurdo engendro como el 
de los capitanes de partido. 

El mérito de haber sido el primero que introdujo la 
prensa periódica en el país^ se atribuye erradamente por 
varios escritores á otro gobernador muy posterior y es- 
clarecido. Enteramente pertenece á Riela. De orden suya 
y por ma}0 de 1764, comenzó ^^ en la Habana á ver la 
luz todos los lunes , en la calle de Mercaderes y en la 
imprenta de D. Blas de los Olivos^ una Gacela de cua- 
tro llanas, de veinte y nueve líneas de á cuarenta le- 
tras, conteniendo algunas noticias políticas y comercia- 
les y algunas disposiciones de gobierno. Poco después se 
publicó también en la capital otro periódico aun mas 
parco, que salió los miércoles, llamado el Pensador^ y 
cuya redacción se airibuia á los abogados Santa Cruz y 
Urrutia. 

Luego que plantearon todos los ramos á que se refe- 
rían sus comisiones, se concretaron los esfuerzos de Ri- 
ela y O'Reilly á apresurar su vuelta á España. 

Complacido el ministerio con el rápido y buen éxito 
de sus operaciones en la isla , no les escaseó promesas 
halagüeñas para decidirles á emprender también la re- 
forma del Vi reina to mejicano. Pero tuvo que ceder á sus 
ruegos reiterados, y en 17 de eneró de 17tí5, nombró 
el Rey al mariscal de campo D. Diego Manrique ^\ anti- 

so Udo de los nümeros de aquel las páginas 586 y 587 del tomo lli 
periódico existe en la C. del A. del Dice, Gfogr. , HM, Eit, de Cuba, 

*i Véase sa noticia biográOca en por el A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 49 

guo oficial de Guardias Españolas, muy acreditado en 
la állima campaña de Portugal, y por la templanza de 
sus votos como vocal de la Junta de generales convoca- 
da para juzgar y sentenciar la causa de la rendición de 
la Habana. 

Tardó poco Manrique en dirigirse á Cádiz con su jo- 
ven hija, siendo viudo y sin otra familia. Pero le estaba 
ordenado llevarse consigo, para relevar al de Córdoba, al 
regimiento de Lisboa repartido á la sazón -en Málaga y 
presidios de África, y después de esperar mas de dos me- 
ses en Cádiz la llegada de los transportes necesarios, di- 
latóse mucho su navegación en la fragata Astrea, que 
hasta el 25 de junio no aportó en la Habana ^^ Hasta el 
30 no le entregó el mando el iiiipaciente Riela, que para 
ese tiempo había supuesto hallarse ya en la corte de re- 
greso, porque quiso apresurar por sí mismo los prepara- 
tivos de su embarque y los del regimiento de Córdoba. 
Pero necesitaron reparos y recorridas los transportes 
averiados, y catorce dias después, á pesar de su eficacia, 
DO habia aun podido hacerse al mar el Conda, cuando ei 
vómito arrebató á su sucesor. 

Mas implacable aun que para el débil para el fuerte, 
le atacó á Manrique esa enfermedad indefinible, cuando 
con el ardor del sol se hallaba recorriendo la Cabana y 
desafiando con su vigor y robustez al clima. Luego que 
espiró ell 3 de julio, rogó encarecidamente el municipio 
á Riela y á O^Reilly, que volvieran á tomar las riendas 
del gobierno. Pero en vez de admitirlas se embarcaron 
después de consignar sus instrucciones al brigadier te- 

** Véase eo la C. del A. la comu- gobernador de Santiago , dándole 
nicacion deHaoríqaeenSOdeJunio aviso de su llegada á la Habana y 
de 1765 al marqués deCasa-Cagigal, toma de posesión del mando. 

HIST. DE CUBk. — TOMO III.— > i 



'.■ 



50 HISTORIA 

nienle rey D. Pascual Ximenez de Cisoeros, llamatío por 
sus derechos como tai á desempeñar aquel maodo inte- 
riño en cuanto el dia 8 cayó Manrique enfermo , y á 
sustituir también á O'Reílly en ib Sub-inspeccíon. 

Convenida en vasto falansterio militar, tuvo la capi- 
tal mas vida en los dos años que estuvo gobernando Ri- 
ela, que en los dos siglos juntos que los precedieron. 
Quedaban alzada ya con toda su n>ajestuosa mole la Ca- 
bana, reconstruido y agrandado el Morro, recompuesta 
la Punía con nuevos terraplenes y anchos fosos, con sus 
murallas completas y reforzadas el recinto, terminado 
lo principal de Atares y empezado lo del Príncipe. 



En las notas anleriores quedaron justiñcados nuestros asertos 
con la indicación de los paprfl^^, noticias y documentas o6ciales en 
que so fundan y que los má^ están cop'ado- óoxtractados en nuestra 
colección. Hasta el fin del gobiern») de Riela, la averiguación de los 
hechor históricos de Cuba fué difíCil y penosnr; porque en la isla no 
habla mas archivos que los libros de actas de ios ayuntamientos y 
i"s cuadernos de la antigua escribanía de gob erno de su capital; y 
aun e^a escasa documentación, corroída de gusanos, estaba inter- 
rumpida en muchas épcca-, habiendo en gran parte desaparecido 
ílcspnes del sitio v toma de la Habana en 1762. Papeles hubo que 
cerai de un i^iglo después halló y rescató el autor en Londres. 

Pero dí^puesde Hiela vino á gobernar á Cuba en 1766 el Bailio 
y general D Antonio Bucarely, que desde ^us primeros pasos y con 
su solo ayudante el capitán Peramás, empezó á organizar la pri- 
mera secretaría de la capitanía general, en donde desde entonces 
hasta 1822, se despacharon indistintamente todos los asuntas de go- 
bernación civil lo mismo qHC los militares. La escribanía de gobier- 
no ya no c rrió mas que con los judiciales y contenciosos. Lo sin- 
gular d^s tos principios de aquella secretaria fué que su fundador, 
sin ma> conocimientos que los propios de su carrera, apenas podi^i 
e>crib¡r. y lo que escribía, apenas se podía interpretar mas que por 
su secret>»rio y ayudante. 

La secretaría acabó de organizar.se por el metódico marqués de 



DE LK ISLA DE CUBA. 51 

la Torre, que trajo de Caracas como secretario suyo á un oficinista 
de gran expedición y despejo, D.Migael io^é de Azanza, tan cono- 
oído después en esferas superiores, y sobre todo en una grao crisis 
política por sus servicios, sus virtudes y sus desgracias. Azanza 
d^jó completamente ordenada la secretaría en 1776; y nada perdió 
con pasar después á manos del teniente coronel D. Antonio Remon 
Zarco del Talle, casado con una bija del ingeniero director de la 
i?Ia D. Luis Huet, y padre del >abio general de su mismo nombre 
arrebatado hace algunos años á las ciencias. 

Constituida desde la época d^ Bucarely la secretaría del gobierno 
general de Cuba con toda la documentación que le era propia, ya 
no tuvo el autor necesidad de recurrir á los archivos de la Penín- 
sula para la averiguación de sucesos posteriores. Durante años en- 
tero?, y con la autorización de los capitanes generales D. Gerónimo 
Yaidés, D. Leopoldo O'Donnell y D. Federico Roncali, tomó allí co- 
pia» de todos los documentos útiles para su objeto que se hallan 
en su colección. 



CAPÍTULO SEGUNDO. 

Gobierno inlerino de D. Pascual Cisneros. — Apuros pecuniarios.— Intro- 
ducciones de negros.— Gobierno de D. Antonio Bucareiy.— Refuerzos ce 
tropa. — Expulsión de extranjeros.— Reformas judiciales. — Terremotos 
eñ Santiago de Cuba, en Bayamo, y sus estragos.— Expulsión de los Je- 
suitas. — Narración de D. Jo^é de Armona referente á su salida de la Ha- 
bana.— Bienes embargados en la isla á la Compuñia de Jesús.— Huracán 
llamado de Santa Teresa. — Comunicación en que Bucareiy refiere .sus esr- 
tragos al gobierno.— Generosidad de Bucareiy. — O. José Antonio de la Co- 
lina, fundador y primer comandante general del apostadero de la Haba- 
na.— Oposición de la Luisiai a á depender de España.— Expulsión de Nue- 
va Orleans de D. Antonio de Ulica, piimer gobernador español de aque- 
lla provincia.— Encárgase D. Alejandro O'Reiliy de someterla.— Llegada 
á la Habana de este general.— Prepara Bucareiy la expedición destinada 
á Nueva Orleans.— Su llegada á esta ciudad.- Necesaria severidad de 
O'Reillyysu regreso á España.— Ingresa la Luisiana en la jurisdicción 
de la capitanía general de Cuba.— Muerte en Santiago del marqués de 
Casa Cagigal,y del obispo Morell de Santa Cruz, en la Habana.— Sucede le 
D. Santiago José de Hecbavarria. — Muerte de I). Juan de la Colina. — 
Elevación de Bucareiy al vireinaio de Méjico.— Segundo gobierno inte- 
rino de D. Pascual Cisneros. — Elevada reputación de Bucareiy, 

El brigadier Cisneros limitó sus actos á cumplir con 
las iostruccioues que le dejó Riela y las que fué reci- 
biendo de la corte; y» 6jo en tan prudente línea, logró 
sobreponerse á las difícullades y conflictos luego ocasio- 
nados por la irregularidad y retardos en los envíos pecu- 
niarios de Yeracruz desde que salió aquel general el 30 
de julio, y faltaron en la Habana los respetos que solia 
el virey guardarle para no interrumpirlos ni escasearlos. 

Aunque ya se hubiesen disminuido las brigadas de 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 55 

peones de las obras, absorbió solo ese ramo mas de seis- 
cientos mil pesos en el segundo semestre de 1765, la ma- 
yor parte buscados por Altarriba y Rapun, anticipándo- 
selos varias casas de la Habana por cuenta de las consig* 
naciones venideras. La guarnición y la maestranza del 
arsenal tuvieron que sufrir también atrasos largos para 
que DO se paralizasen los trabajos. 

A los nueve años de guarnecer á Málaga y presidios 
de Africd, habia venido con Manrique, con atrasos exce- 
sivos en sus pagas y hasta sin vestuario, el regimiento de 
Lisboa. Todo se le habia ofrecido á su llegada; pero sin 
que los que sobrevivieron á la epidemia que los espera- 
ba hallaran mas que algunos dias de prest y de descanso. 
En cuanto murió aquel general, dispuso Gisneros, de 
acuerdo con su coronel D. Domingo Salcedo, distribuir y 
acuartelar á la restante fuerza en Guanabacoa y Regla. 
Se esmeró el alcalde provincial de aquella villa, D. Nar- 
ciso Gómez, hijo del malogrado Pepe Antonio, en que 
atendieran sus vecinos con buen trato y comestibles á 
aquella tropa sumisa y ordenada mientras permaneció en 
aquellos cantones. Pero faltaba ya desde últimos de julio 
el regimiento de Córdoba que se restituyó á España con 
el Conde. El Fijo de la Habana, incompleto, aunque bri- 
llante, no alcanzaba para el servicio de la plaza ya au- 
mentado con las nuevas defensas del Morro y la Cabana. 
A introducir en el recinto tropa descontenta, prefirió Gis- 
ñeros atinadamente acabar de guarnecerlo con algunas 
compañías de milicianos, proponiéndose vestir y pagar 
sus muchos atrasos á las de Lisboa con empréstitos y au- 
xilios, y volviendo á unos lo que tomaba á otros. Con pre- 
cauciones de este género consiguió dominar los compro- 
misos de una interinidad trabajosa y larga, y que no se 



54 HlSTOlUA 

advirtieran en los trabajos de los fuertes las mismas in- 
lerrupcioDes que en las remesas de situados. 

Por más que Riela lo internara, no aprobó el gobierno 
su contrata de introducción de negros con la casa e:&tran- 
jera de Coppinger^ En 23 de julio de 1765, tuvo que 
aceptar el Ministro las proposiciones para el abasto de 
ese género viviente que presentó el comerciante del 
puerto de Santa María D. Miguel de Uriarte, alegando 
derechos tan anteriores á los de Coppinger, cuanto que los 
babia empezado á introducir en la isla desde 1761 , sus- 
pendiéndose luego su contrata por la guerra. La modera- 
ción de sus precios y el número de sus remesas favorecie- 
ron en el resto de aquel año y el posterior al impulso que 
habia empezado á tomar la agricultura durante el dominio 
inglés con numerosas introducciones de africanos. 

Riela demostró desde su llegada á la corle toda la im- 
portancia del empleo vacante por muerte de Manrique. 
El Rey se lo confirió á ñnés de* octubre, sin que lo pidie- 
ra, al mariscal de campo de caballería frey D. Antonio 
María Bucarely y ürsua *, Bailío profeso de la orden de 
San Juan. Con extensas instrucciones se agregó desde 
entonces á su jurisdicción el gobierno general de la Lui- 
siana, estando estipulada por la paz de Versalles la cesión 
de ese territorio á España por la Francia y suspendida 
por circunstancias que luego explicaremos; y se elevó su 
asignación anual á catorce mil pesos, además de dos mil 
para alquiler de casa y de una gratificación de cuatro 

^ Este Goppinger (D. Cornelioj, castillo de San Jaan de Ulua basta 

que luego se naturalizó subdi;o es- los últimos límites de lo posible, 

pañol y se avecindó en la Habana, ' Véase su biografía en las págí- 

fué padre del digno y bravo briga- ñas i90 y 191 del T. I. del Dice. 

dier D.José Goppinger, que en nucs- geográfico Hist, Esí. de Cuba por 

tros días supo dilatar la defensa del el A. 



ÜE LA ISLA DE CUBA. 55 

mil como superíDlendeDle en la Isla de la renta y fado- 
rías de tabaco. 

Ed las últimas guerras de Italia y Portugal babia pa- 
sado Bucarely en valor por el Aquiles de las tropas. Su 
tacto y su prudencia en eminentes puestos le granjearon 
luego la reputación del Néstor de los gobernadores de la 
Aniárica española. 

No hay ejemplo de travesía mas penosa y larga que la 
suya. Emprendióla en Cádiz á principios de enero 
de 1766 con onpe traspories que traian mil doscientos 
cuarenta y ocho hombres de los regimientos de la Beina 
y de Zamora, destinados á reparar las bajas del de Lis- 
boa y no mejor surtidos de pagas y vestuario, y un re- 
puesto considerable de tiendas de campaña, artillería y 
pertrechos. Una alternativa de tormentas y de calmas 
impidió que llegara á su destino hasta el 1 8 de marzo 
de 1766, siendo recibido en el mando al dia siguiente. 

Ciego observador el nuevo capitán general de los pre- 
ceptos de la corte, é inaccesible á ofrecimientos ni á com- 
posiciones, hizo salir del puerto á su llegada á once bu- 
ques ingleses que encontró en él cargados de harinas y 
ladrillos. Con ellos expulsó también á cuantos traficantes 
extranjeros habían permanecido allí con unos pretextos ó 
coo otros. Solo á Coppinger exceptuó de esta medida, ha- 
llándose ya con carta de naturalización y avecindado. 
Los gobernadores del Morro y de la Punta recibieron or- 
den de detener á la entrada de la bahía á todos los bu- 
ques extranjeros que se presentaran, y de tirar con me- 
tralla y bala rasa sobre toda embarcación que no re- 
trocediese ^. Lo mismo se ordenó al instante al Morro 

* Véanse tarios documenlos que de 1766 existen en el archivo de Li 
antigua secretaria militar. 



56 HISTORIA 

de Sacliago de Cuba y á los comandantes de los puertos 
militares de la costa; añadiendo que á cuantos ingleses, 
franceses y holandeses sorprendieran en tráficos pro- 
hibidos los destinaran á las fortificaciones de la Ha- 
bana. 

No se manifestó mas contemporizador Bucarely con los 
propios que con los extraños. Trajo informes detallados 
y harto ciertos de los abusos del foro de la isla y del de 
su capitab notablemente. Sus antecesores se habían re- 
traído de corregirlos, recelando complicarlos con alguna 
providencia ó que se la revocase la audiencia después, 
dejando el mal en pujanza y el prestigio de su autoridad 

4 

en menoscabo. Por legítimos que pareciesen esos moti- 
vos para justificar su inacción en aquel punto, creyó que 
debia sacrificarlos el Bailío á tan grandioso y preferente 
objeto como el de la recta administración de justicia, ne- 
cesidad primordial de todo culto pueblo. Movióle este 
convencimiento á deliberar reservadamente con el asesor 
de gobierno D. Juan Miguel de Castro Palomino, el letra* 
do habanero de mavor crédito entonces. Con sus ínfor- 
mes publicó, en 12 de abril de 1766, un auto instructi- 
vo ^ de once páginas y diez y ocho párrafos, anunciando 
que el capitán general consagraría dos horas diarias» de 
diez á doce, á recibir personalmente en su morada au- 
diencia pública de partes querellantes, acompañándolas 
sus respectivos jueces, abogados, procuradores y escri- 
banos; que todos los dias, excepto los festivos, íirmaria 
en aquel aclo las providencias que recayesen en sus expe- 
dientes oyéndolos á todos en justicia; que ninguno podria 
paralizarse sin que incurrieran sus actuantes en severas 

* Véase en la colección del Autor un ejemplar impreso de este doca- 
niento, de 18 págs. en 4.° nnayor . 



DE LA ISLA DB CUBA. 57 

penas; j que estos do podríao auseotarse de la ciudad 
sí a su especial licencia. Resultó de estas disposiciones 
que se facilitó á grao número de perjudicados un recurso 
para aclarar sus derechos y sus quejas, y á aquel gober- 
nador medios sencillos de tranzar inGnidad de pleitos con 
el prestigio de su recta razón y su palabra persuasiva 
y suave. No llevaba derechos él y hacia sujetar estricta- 
mente los de las costas á los aranceles. Solo á los plei- 
tistas de oficio y á algunos abogados maliciosos perjudicó 
una disposición que no esperaban. Desarraigó rancias 
discordias de familia, conservó sus medios de vivir á 
muchos, y curáronse dolores que antes no tenian alivio, 
todo sin salir Bucarely del estrecho círculo de su autori- 
dad judicial, porque séguia la capitanía general de Cuba 
sometida á la audiencia de Santo Domingo. Pero la ob- 
servancia del auto instructivo apenas dio otros frutos en 
el pafs que los de su época y la del laborioso general que 
le sucedió después en el gobierno; y de una innovación 
tan benéfica y honrosa resultaron andando el tiempo dos 
inconvenientes. Uno fué, que sin la paciencia, modera- 
ción y espíritu conciliador de Bucarely, todos sus suceso- 
res le imitaron aceptando el mismo compromiso para 
cumplirlo algunos solo en la apariencia; y hubo de ser 
el otro que usurpara á su acción gubernativa las dos me- 
jores horas para combinarla, un cuidado tan ajeno por 
lo común de sus conocimientos y carrera. Debía aun 
transcurrir cerca de un siglo para que se^practicase en 
las provincias hispano-americanas una verdad tan de- 
mostrada como la incompatibilidad de aquella acción con 
la judicatura, la del gobernar con la del juzgar. 

Si la perseverancia y el tino de Bucarely engendraron 
en su mando muchos adelantos, paratizáronseios por otra 



58 HISTORIA 

parte calamidades oalurales y hasta los desaciertos de 
una regioD mas elevada. 

Los territorios de Saatiago de Cuba, que desde 168^ 
00 hábiao vuelto é sufrir ana calamidad tao desastrosa, 
se conmovieron con espantosos terremotos. Sintióse so 
primer sacudimiento eo !a$ horas de mayor reposo, por 
la madrugada ' del 11 aM2 de junio de 1766. Al des- 
truir los edificios inmoló no pocas víctimas eo el prime- 
ro de ambos pueblos. Sacaron contuso y maltratado de 
entre los escombros de su casa al gobernador marqués de 
Casa-Cagigal. Presentaba aquella ciudad el aspecto de 
una vasta ruina, y hasta sus fortalezas se resquebraja- 
ron. Tuvieron que improvisarse barracones donde pu- 
dieran refugiarse familias particulares, comunidades re- 
ligiosas y soldados. Hasta la catedral, que por la so- 
lidez de sus muros y cimientos resistió mejor á aquella 
violencia subterránea que lo demás del caserío, se cuar- 
teó, teniendo luego que 'venir al suelo su capilla mayor, 
objeto predilecto de los obispos Laso de la Vega y Mo- 
rell de Santa Cruz. Desentendiéndose de sus propias do» 
léñelas y quebrantos, excitó Casa-Cagigal á la filantropía 
y generosidad de los pudientes, para que, olvidando 
también lo que sufrían i acudiesen con limosnas, gente y 
materiales, al amparo de los que no lo eran. Por su par- 
le, Bucarely, á !a primera nueva deldesastre, se apresu- 
ró á socorrer al desolado puebl > con dinero, dos oficiales 
de ingenieros y buen número de peones. Proporcional- 
meote, aunque en desgracias de personas menos, pade- 
ció el caserío de Bayamo aun mas que el de Santiago, 

* Véanse varias comuaicaciones de la capitanía general, que cootíe- 
de Bucarely al ministerio en los le- nen detalles sobre el terremoto de 
gajos mas antiguos de la secretaria Santiago. 



DE LA ISLA DE CUBA. 59 

desplomáDdose como cuatrocientos edificios de los sete- 
cientos y tantos que conoponian su población y quedan* 
do todos los restantes conmovidos. No eran por fortuna 
de 'gran valor las casas de uno y otro pueblo; pero em- 
pleáronse en repararlas capitales de importancia, tenien- 
do que aplicar sus habitantes á ese objeto indispensable 
lo que sin tan duro azote hubieran apticado si fomento 
de sus propiedades y de su comercio. 

Cediendo á falsas conjeturas, á sugestiones de conse- 
jeros preocupados, preparaba por entonces Carlos III una 
medida, qne si por la injusticia de su objeto fué el bor- 
rón de un reinado esclarecido, causó asombro por el ri- 
gor y la simultaneidad de su ejecución en dominios tan 
extensos y distantes como los de España; porque en to- 
dos se empleó con las mismas precauciones y en un ins- 
tante fijo. 

Después de muchas reservadas conferencias entre 
aquel monarca y el conde de Aranda, presidente á la sa- 
zón del Consejo de Castilla, hallándose los dos solos y en- 
cerrados en el gabinete del real despacho el 27 de fe- 
brero de 1767, este personaje sacó de su bolsillo un es- 
crito y se lo dio á firmar al soberano. Desechando aho- 
ra lo erróneo de sus juicios, dejemos que el ya citado 
D. José de Armona, testigo ocular y aun partícipe en los 
hechos, nos refiera en sus memorias inéditas con cuántas 
precauciones Bucarely cumplió en la Habana con las ór- 
denes que á todas las autoridades españolas se habían 
dictado en aquel dia. 

vEI correo entró en la Habana elH de mayo por la 
mañana temprano. El capitán salló en tierra con pliegos, 
y me dijo que venia lleno de cuidado sin saber por qué. 
A su salida se discurria en la Coruña que fuesen cosas 



62 HISTORIA 

por UD navio francés y otro holandés, que bacian viaje 
á China desde sus puertos. 

>EI correo de gabinete ganó á todos. Llegó á Manila 
cinco días antes que la Sinaloa. El administrador de la 
estafeta de Manila te dio cuanto quiso» y quiso poco. No 
fué de su gusto volver por Acapulco, atravesar Nueva- 
España y hacer el viaje por mar á la Cor uña ó Cádiz. 
Volvió pues á España por donde habla ido al Asia, y lle- 
gó á Madrid con perfecta salud. 

>Los demás pliegos llegaron bien á sus destinos» y los 
gobernadores me avisaron sus recibos por los mismos que 
se los llevaron. 

»La operación de Bucarely fué maestra en su clase^ 
porque en el gobierno habia secretos motivos para rece- 
lar alguna cosa. Apenas abrió sus pliegos se encontró 
con otros cerrados: una orden suelta le prevenid que no 
los abriese hasta después de pasados tantos dias; que los 
guardase con mucho cuidado y en parte muy segura. Yo 
le veia con frecuencia y amistad; pero nunca me dijo 
una palabra sobre este asunto. El me veia á mi con el 
afán de despachar correos á todas horas y para todas 
partes; y así haciendo la deshecha, me dijo una noche 
con disimulo delante de muchas personas : ¿Qué es esto, 
Sr. Armona? El marqués de Cárdenas me ha dicho que 
usted, encerrado en su despacho, tiene á sus oficinas en 
gran aecion; que usted no recibia á nadie esta mañana, 
ni á sus amigos, no haciendo otra cosa que despachar 
correos á diestra y siniestra, y que si él no es mal profeta 
en su patria, la guerra nos va á caer encima.» 

i>A lo menos para mí ya la tengo en casa^ le respondí^ 
porque se duerme poco, se trabaja mucho y nada se 
sabe de lo que se trae entre manos. Pero Europa está 



DE LA ISLA DE CUBA. 63 

dormida ó muy traoquile, y do me parece de esperar 
tan pronto lo que proucslica el marqués de Cárdenas 
solo por lo poco que ba visto.' 

> A la verdad» el gobernador pasó malos ratos desde 
que recibió sus pliegos hasta la hora de su apertura. Era 
hombre de mucha y viva imaginación, impenetrable en 
el secreto, de suma actividad sin conocérsele, ni salir de 
su despacho, y gran trabajador. Se preciaba de hacerlo 
todo por sí, depositando sus ideas en garabatos griegos 
ó caldeos, que solo podía descifrar su secreiario de go- 
bierno D. Melchor de Peramás, cabalmente cortado para 
las medidas sevillanas de su Bucarely. Después que salió 
de estos cuidados, me dijo que desde su despacho hasta 
el salón de órdenes habia dado mas de mil paseos pen- 
sando en el misterio de los pliegos, los cuales siempre 
habia tenido bajo llave y bien prevenidos, por si moria 
antes de llegar la hora de verlos con la advertencia del 
día en que debia romperlos su sucesor en el mando ; que 
de todos sus paseos nunca pudo sacar de su cabeza otra 
cosa que el esterminio de los jesuítas, juntando con sus 
antecedentes lo que sabía, todo lo que ignoraba y lo 
que podía encerrar el misterio de los pliegos. 

»Liegó el dia de abrirlos. Nadie le conoció nada; se 
quedó con su ordinaria tranquilidad y disimulo público. 
Él solo, y en lo preciso con su secretario lo hizo todo: 
órdenes preventivas á los comandantes de los cuerpos, 
para que en sus cuarteles respectivos tuviesen tal número 
de tropa sobre las armas á puerta cerrada y con gran si- 
lencio en la noche destinada para la ejecución; al co- 
mandante del castillo del Morro *, para tener cargada y 

* Por referirlo un testigo ocular como Armona, se puede creer que 
de los hechos, tan bien informado el sensato Bucarely exagerase su 



6i HISTORIA 

asestada su artilleria coDtra la muralía del colegio de 
Sao Igoacio que baña el mar para romperle brecha y 
salir por ella al embarque en el caso forzoso de alguo 
movimíeoto popular, dáodole las señales que debiao 
preceder para este extremo; al sargento mayor de la 
plaza y á sus ayudaotes de mejor cabeza^ para que en la 
misma noche desde las diez en adelante rondasen todas 
las calles con partidas , y con buen orden y modo hicie- 
sen recoger los mozos que andan por ellas cantando con 
guitarras, á los marineros extraviados por las tabernas 
y algunos vecinos que salen á las puertas de su casa con 
sus familias. En una palabra , que todo el pueblo que- 
dase sosegado. 

aAI teniente rey D* Pascual Cisneros, al brigadier de 
ingenieros D. Silvestre Abarca y al coronel de la misma 
arma D. Agustin Crame, les previno de palabra á solas» 
sin saber nada los unos de los otros, que á las diez y 
media de la noche se dejasen ver con él en su despacho* 
A mí me dijo por la tarde, que por la noche á las nueve 
fuese á tomar con él una jicara de buen chocolate que le 
habían traido de España. Fui á esta hora y hablamos de 
mil cosas que no venian al caso. Después que ya estaban 
allí los otros tres, y que el secretario sin parar un ins- 
tante entraba y salia para hablarle al oido, me apartó á 
un lado y me dijo sonriéndose: «¿Qué es lo que á V. se 
le figura de todo esto que ve y á estas horas? — Que va- 
mos á dar arma falsa ó un alerta , le respondí, y si no á 
hacer alguna buena prisión.» 

celo en cumplir con las órdenes de dos, que ni estando despiertos, ba- 
la corte, basta mandar á asestar los bian pensado nunca oponerse á las 
cañones del Morro conira algunos disposiciones del poder temporal, 
sacerdotes dormidos y despreveni- 



DE LA ISLA DE CUBA. 65 

>Esto asi, marchamos cod él al castillo de la Fuerza, 
donde encontramos al coronel del regimiento de Lisboa 
D. Domingo Salcedo con su tropa escogida sobre las ar- 
mas. Sin caja ni ruido alguno marchó el general con esta 
tropa á la muda» quedándonos los demás en el cuartel. 

«Ocupó á las doce de la noche todas las avenidas del 
colegio de San Ignacio. Los dos solos pusieron ciertos 
centinelas y oficiales de satisfacción donde les pareció 
para observar algunas partes y las ventanas. Pasó a' 
cuartel de Dragones inmediato al colegio, y vio que su 
coronel D. Tomás de Araogureo ya tenia montada su 
tropa sin hablar una palabra, y el resto de ella^ que no 
debía entrar en facción, bien entregada al sueño. 

»A este tiempo nos hizo llamar Bucarely por un ayu 
dante y nos dijo aparte: «Ustedes cuatro son mis auxi- 
liares en este grave negocio del Rey; siempre me han de 
acompañar y estar á mi lado para cuanto pueda ofre- 
cerse.» 

» Llegamos pues á eso de las doce y media de la no- 
che á la portería del colegio. Llamó el sargento mayor, 
y á la tercera ó cuarta vez respondió el portero. A la 
orden de que abriese al gobernador, obedeció al instante. 
Dio aviso al rector, el P.Andrés de la Fuente, natural de 
la Puebla de los Angeles, y llegó á recibirle cuando ya 
estábamos á mitad de la escalera. 

^Pasamos á la sala rectoral. Allí le previno que hiciese 
venir á todos los padres de ia casa preguntándole cuán- 
tos eran por todos. El rector, acompañado de dos oficia- 
les de carácter, fué dando la orden de un aposento á 
otro, y en cada uno quedaron dos oficiales como de cen- 
tinela para acompañarlos cuando saliesen y observar si 
por las ventanas echaban algo á la calle ó á otra parte. 

HIST. DE CUBA TOMO IJI. — 5 



66 HISTORIA 

nJuDla la comunidad, se puso en pié el gobernador 
con dos asesores al lado» su secretario y el escribano de 
guerra. Se puso el sombrero y sacando de su bolsillo el 
secretario dos candeleros de plata con dos velas de cera 
le alumbraron y leyó en alta voz el decreto del Rey que 
estaba impreso. Preguntó después al redor, qué padres 
misioneros estaban fuera. — EnCubaeslá el P. Villaurrutia 
y en Bayamo está otro, le respondió. Allí mismo les pu- 
so dos órdenes el rector, y Bucarely despachó un correo 
al gobernador de Cuba incluyéndolas con sus prevencio- 
nes para que las cumpliese. 

»Pasó después con el rector, el procurador del cole- 
gio, el secrelario y cuatro oficiales á lodos los aposentos, 
cuyas llaves, con las de sus papeleras y papeles, pidió el 
rector á cada uno. En ellas se recogieron cuantos ma- 
nuscritos y cartas tenia cada padre. Se formaron paque- 
tes de ellas por cada uno, cerrados y sellados con lacre, 
rotulados por Tuera con la explicación necesaria, y al fin 
autorizados con la firma de todos. Entre tanto, los cuatro 
auxiliares nos quedamos en la rectoral á solas con dos 
padres que no dejaban de acercarse á las ventanas, aun- 
que habían quedado muy sorprendidos con el decreto del 
Rey, la circunspección y las formalidades del gobernador. 

>Serian las tres de la mañana cuando el P. Araoz, que, 
á pesar de sus muchos anos, había sido echado de Méji- 
co, encarándose á mí nce dijo: «Sr. D. José,. ¿ha venido 
alguna embarcación de España? — Ninguna, le contesté, 
desde el correo ínarítimo que vino hace más de un mes. 
— ¿Pues por dónde ha venido esto, me replicó el viejo 
admirado, que después de tanto tiempo nada se ha sa- 
bido?— Por ahí verá el P. Araoz cómo van ahora las 
cosas, le respondí. » 



DE LA ISLA DE CUBA. 67 

»La diligencia del gobernador sobre los papeles era 
larga. Entre cuatro y cinco de la naañana entraron por 
<Jisposic¡on suya chocolate, café, leche y otras cosas para 
desayuno de los padres. Todos hicieron su deber. En la 
misoQa sala y siempre acona panados estuvieron treinta y 
seis horas, pero sumamente asistidos y considerados en 
todas las cosas posibles. 

•El gobernador con sus precauciones recogió algunos 
papeles que iban de afuera y por diferentes modos se les 
quisieron introducir. Eran papeles de damas sin firma, 
pero de letras conocidas, y con esto se avivó por instan- 
tes el embarque. « 

» Habilitada la embarcación con buenos acomodos v 
abundante rancho, los sacamos del colegio en seis coches 
a las ocho de la noche. A los lados de cada coche iban dos 
personas nombradas. D. Agustin Cramc y yo íbamos con 
el primero. El gobernador y el teniente rey cerraban la 
retaguardia con el último en que iba el rector Poblano. 

>AI volver de una*esquina llegó de golpe un embo- 
zado á hablar con el de nuestro coche , el P. Tomás But- 
ler que babia sido por muchos años el consultor y confi- 
dente de los gobernadores, el eje que movia los cegocios 
de la Habana y el dueño de las principales casas y fami- 
lias. Crame, que iba por aquel lado, se le echó encim» 
en cuanto pudo percibir alguna palabra. El embozado 
desapareció al instante al verle tirar de la espada. 

jiLos embarcamos en el bote del mismo gobernador, y 
en la fragata los recibieron algunos oficiales que se ha- 
bían puesto para hacerles guardia hasta el amanecer en 
que se hicieron á la vela. 

>EI rector, que encontró á bordo de ella al práctico 
del puerto, amigo suyo, le dijo: «¿Se sabia en la ciu- 



68 HISTORIA 

dad que dos sacaban esta Doche?— SI, padre, le respon- 
dió. — ¿Pues dónde estaba todo el pueblo? ¿Estaban 
acobardados todos?» Por la oaañana el práctico dio cuenta 
de estas interrogaciones al gobernador y mandó que hi- 
ciese fornaal declaración para que constasen en el ex • 
pediente judicial. 

»La ciudad en la parte que se conaponia de sus gentes 
naturales, y sobre todo las mujeres mas principales, ri- 
cas y devotas, sintió y sintieron vivamente una catástrofe 
tan inesperada para ellas, que no pudieron disimular su 
pena ó su sorpresa desde el instante mismo. 

j»EI gobernador con sus cuatro auxiliares y secretario 
reconoció á su tiempo todos los papeles sellados. Se apar- 
taron los manuscritos '^ y las cartas útiles. Se rompieron 
muchas y muchas esquelitas de damas devotas. Dio cuen- 
ta á S. M. de todo; se aplaudió su conducta y salió con 
muchas satisfacciones. Los jesuítas de la Habana fueron 
los primeros de América que llegapn á España y desem- 
barcaron en Cádiz. 

»Peroeste laborioso y atento general, libre por estos 
medios de los cuidados de su casa, no lo estuvo por los 
de las casas ajenas. La Habana , escala de toda la Amé- 



^ Todos nuestros esfuerzos eo los 
archivos de Madrid y en el de Indias 
de Sevilla fueron infructuosos para 
descubrir el paradero de estos pa- 
peles, entre los cuales habria sin 
duda muchos muy interesantes pa- 
ra la historia de la isla en los cua- 
renta añns que babia durado la per- 
manencia en ella de la Compañía. 
Los rectores de los colegios de je- 
suítas solían comunicar á sus res- 
pectivos prefectos todos los hechos 



é incidentes que ocurrían en los 
puntos de su residencia. Si esta ase- 
veración necesitase pruebas, se en- 
contrarán bastantes en ios papeles 
y cartas que de aquellos religiosos 
hizo publicar la real Academia de la 
Historia en los ocho últimos tomos 
del Memorial histórico- español que 
contienen grandes aclaraciones so- 
bre muchos punios del reinado de 
Felipe IV. 



9 

DE LA ISbA DE CUBA. 69 

rica, vino á ser ud depósüo general de los jesuítas de los 
vireioatos de Nueva España, Saula Fé y el Perú, de las 
Califoroías, de las Islas Mariaua^ y las Filipinas. Hubo 
temporada en que llegaron á juntarse en la Habana mas 
de trescientos cincuenta individuos de tan ilustre, tan 
virtuosa y candida familia. Sabios y poetas, hombres 
astutos, pacíficos, virtuosos, humildes y turbulentos; lo 
mas fino, lo mas profundo del gobierno jesuítico costaba 
€D la bahía repartido en navios de guerra y en las an- 
churosas casas de Regla, donde se puso un comandante 
militar con instrucción reservada y tropa de guardia. 

> Apenas hubo dia en que no recibiese Bucarely reser- 
vados avisos de los comandantes, cartas ó representa- 
ciones de los provinciales y rectores, quejas ó denuncias 
de los jesuítas oprimidos y trágicas noticias de algunas 
•cosas que ocurrieron entre ellos. 

» Mucho modo, mucha espera, atenciones y caridad 
con los prelados y pacientes; regalos de cosas frescas, ta- 
baco, dulces y chocolate; ropa, pañuelos, medias y ca- 
misas, con algo más que salía del bolsillo y de la caridad 
del gobernador. Quiso ser y fué el continuo socorro de 
cuantas jornadas jesuíticas vinieron al puerto. El entrar 
«D otros pormenores, en la muerte de un jesuíta de Li- 
ma que al acabar una siesta apareció ahorcado " y col- 



' Era general en los empleados 
de aqael tiempo no dadar jamás del 
acierto de las providencias del go- 
bierno. Solo en obsequio de tan leal 
principio, pado incurrir el despe- 
jado Armona en on error tan co- 
man entünccs entre los que se pre- 
ciaban de ilustrados, como el de 
aprobar la expulsión de los jesuítas 
de los dominios españoles, y los ac- 



tos de violencia que la precedieron, 
acompañaron y siguieron. Solo ba 
podido caber en este libro la latitud 
con que refiere aquel funcionario 
tan desgraciado episodio de la his- 
toria nacional, por lo curioso de los 
detalles de su relación. Pero las 
vulgaridades de Armona y sus con- 
temporáneos quedaron perfecta- 
mente disipadas; y en cuanto á los 



72 HISTORIA 

(le ellos: «No pueden comprenderse sus desvelos, su 
paciencia, su trabajo para reducir á una vida social 
hordas errantes de salvajes , sin que pensaran jamás en 
apropiárselos productos de unas tierras, que sin ellos 
00 habitarían mas que Geras.» En esos países, un pres- 
tigio incontrastable tenia que ser el premio de su saber^ 
de sus afanes y de sus virtudes, aunque excitase los celos 
del gobierno. En otros, de algunos donativos, luego 
acrecentados por la economía de sus individuos, resultó 
que la Orden se fué enriqueciendo ; y aunque emplease 
siempre sus rentas en la propagación de sus misiones, en 
la enseñanza pública y otras aplicaciones benéficas y no 
dejaran sus individuos de vivir siempre pobre y frugal- 
mente, la envidia les mordia también por este flanco. 

Como en su lugar dejamos explicado , dos de sus re- 
gulares se establecieron en la Habana hacia 1721 con 
una manda de cuarenta mil pesos ; y después de fomen- 
tar la ciudad con las fábricas de su colegio y de su tem- 
plo, cuarenta y cinco años de discreto manejo habian 
bastado para que al sonar la hora funesta de so supre- 
sión, el valor de sus propiedades se elevara á quinientos 
treinta y un mil doscientos noventa pesos fuertes ^*. 

En esta suma se tasaron el ingenio de Rio Blanco, 
una vasta hacienda al poniente de la isla, llamada Pner- 
oos^gordos, las de Sibarimar , Salado , Paso de Bacuna- 
guas , y otras menores con algunos censos. Al suprimir 

taliem, adeianUroB de an modo Iriuas fnenw el contriTeoeDO de 
iacalciiUbie la monUtacion j cívi- l'js miasmas deléteros de la filosofía 
liíacioo^del mondo, y q«e sos doc- moderna, etc. ». 

•* De orden del Ministerio se forvj «n esudo minndoso de los bienes 
X usacif'Bes de todo lo qne poseían en la isla Kts PP. Jesnitas en la época 
de su extrañamienio. Hasin elM de agosto de 1773 no pndo foraaltiarlo 
con b (lebida distinción de valores el contador D. Antoi&o Ckamn. Esta 



DE LA ISLA DE CUBA. 73 

la Compafiía de Jesús, lo justo hubiera sido devolver sus 
bienes ¿ sus donadores ó á sus herederos, que se los ha- 
biao cedido á la Sociedad y no al Erario. Sin embar- 
go, como si hubiera conveniencia donde no hay justi- 
cia , incorporó el fisco á sos rentas las de los jesoitas; 
y asf recibieron en 1768 las déla isla on aumento re- 
pentino de cerca de treinta mil pesos anuales. 

Sin llenarlo, intentó el gobierno cubrir el hueco que 
en la enseñanza pública dejaban los desterrados, insti- 
tuyendo seminarios y aulas dotadas- con sus mismos bie- 
nes. Eo la Habana, en 15 de noviembre de 1767 dis- 
puso Bucarely que de los productos de aquellas propio- 

noticia está en la colección del autor. Según ese estado detallado, la Com- 
pañía poseía solo en fincas orbanas j rnrales los valores siguientes: 

Pesos. Reales. 



Ingenio de San Ignacio de ftio Blanco. . . 166.420 A 
Una manzana de casas frente al convento de 

Santo Domingo 15.776 

La casa nüm. 97 de la calle del Aguacate. . 4.203 3 

La del nnm. 66 de la calle de Luz 1.096 3 

La estancia de San Lázaro 2.908 

La de la loma de San Antonio 2.023 3 

La de Pedroso 1.983 6 

Tierras en Sibarimar 14.770 

Hato de Puercos gordos 45.796 

Hacienda de Guaiquibi 12.966 5 

Hacienda del Salado 17.503 6 

Asiento viejo de Puercos gordos 775 3 

Hatillo de Santo Domingo 2.386 7 

Tierras de Bjcunaguas 4.223 6 

Tierras de San Bartolomé de Bacunaguas. . 4.149 7 

Corral de Santo Domingo - 5.153 6 

Tierras en Majari 3-669 • 5 

En el ingenio de Barrutia 05,390 4 

En el de San Joan de Poveda 82.511 1 

Impuesto.* en otras fincas rurales 12.711 1 

Total. . . 466.418 6 



I 



74 HISTORIA 

dades se sacara para costear tres cátedras más cd la 
Universidad, las de matemáticas, y primero y segoodo 
año de leyes. A ser posible, cubriríamos con ud espeso 
velo tao aciago eclipse en el brillo de un reinado insigne. 

Pronto pareció en Cuba que los elementos , que el ri- 
gor del cielo, castigaran la persecución de los hijos de 
Loyola; y no faltaron supersticiosos que tomaran sus 
efectos naturales como pruebas del divino enojo. Con la 
intervención eficaz de Bucarely y el incesante trabajo de 
más de dos mil peones habíanse terminado ya las forta- 
lezas de la Cabana ^ del Morro y de Atares » cuando se 
pronunció el segundo equinoccio de 176S, estreme 
cíendo al país con sus estragos. Los moradores mas an- 
cianos no ios recordaban semejantes; y aún se conservan 
vivas las tradiciones del horrendo huracán llamado de 
santa Teresa, porque estalló ellb de octubre, dia en 
que la Iglesia celebra á esta insigne santa. Oigamos re- 
ferirlo sencillamente al mismo Bucareíy, en el parte ofi- 
cial que doce días después comunicó al ministro A rriaga. 

« El t4 del corriente pudo verificarse la salida de este 
puerto de los paquebots correos el Colon y el Quirós, 
que la continuación de tiempos contrarios y calmas 
tuvo detenidos muchos dias. Lo mismo debian practicar 
distintas embarcaciones del comercio que , ya cerrados 
sus registros, solo aguardaban oportunidad de hacerse á 
la vela. Pero habiéndose el 1 5 reforzado el viento por 
S. O. corriendo basta el N. 0« £• con el huracán mas 
terrible que se ha experimentado en la isla, fué una 
desolación universal en buques, edificios y campos» de- 
jando llenos de espanto á cuantos conocían sus tristes 
efectos. 

» De las embarcaciones, solo las fragatas del Rey Juno 



DE LA ISLA DE CUBA. 75 

y Flecha pudieron conservar sos anclas sin recibir daño. 
Las demás hasta el numero de sesenta y nueve ; después 
de andar errantes en el puerto, ó zozobraron, ó vararon 
en sus costas. 

> En la ciudad pocos han sido ios edificios que no su- 
frieron ruina. Los cuarteles y puestos de la plaza reci 
bieron bastante daño» y en el recinto cayó una corlino 
desde el sitio que llaman Matadero ó la Tenaza anticua 
que da á la marina. 

i>£n los almacenes de pólvora padecieron destrozo las 
puertas, ventanas y tejados. Inmediatamente se ha acu- 
dido al remedio y quedan reparados siendo poco el daño 
que ha recibido este precioso género. 

j»Las casas capitulares y la cárcel amenazaron tanta 
rnina, que para celebrar los cabildos, ha sido preciso des- 
tinar una de las piezas de la casa en que vivo; y para los 
presos componer la de un particular. 

»De los partidos de la jurisdicción van llegando igua- 
les noticias. Por la costa del Sur fué furioso en el surgí* 
dero de Batabanó, donde se perdieron cuatro embarca- 
ciones que estaban ancladas; entró el mar una legua 
adentro y arruinó el almacén de tabacos donde habia al- 
gunos miles de arrobas. 

»Por la del Norte parece que solo se extendió el daño 
á los montes de Jaruco; y de seguro sé que no alcanzó á 
Matanzas. 

> Los ingenios de la jurisdicción no solo han sufrido 
generalmente én sus fábricas, pérdida de caña, arrozes, 
maízes y platanares, sino en el destrozo de sus montes y 
dificultad de alimentar á los negros. 

»EI Morro apenas tiene algún tabique interior que re- 
parar. En la Cabana solo gasto de jornales; y en Atares 



76 HISTORIA 

coD poca difereDcia, á excepción del aDlerosoque también 
ha padecido. 

»Los tres navios que están en grada, se mantuvieron 
sin haber sufrido la menor lesión, contra lo que temía- 
mos los que sufríamos el temporal. 

»De los dos correos que salieron el 14, volvió el Colon 
el 20 desarbolado de todos sus palos; sufrió él temporal 
á cinco leguas á barlovento, estando cuando empezó & 
la vista del Quirós de que no hubo noticia después. 

»Las desgracias de muertos y heridos no son á corres- 
pondencia del temporal, ni aun ha sido posible averiguar 
lo cierto. 

»Mis providencias en el dia están reducidas á reparar 
en la parte que se pueda los daños, á ponerme en el es- 
tado de defensa que tenia ellS por la mañana y á evi- 
tar la confusión que en tales casos puede perjudicar. 

»Me faltan los auxilios mas seguros, que son los cau- 
dales. Temo la falla de comestibles para el público y ten- 
go solo remotas esperanzas de remedio de Nueva- Espa- 
ña, para lo cual he pedido al Comandante general de la 
escuadra despache una fragata á Veracruz que pase mis 
avisos á aquel virey. 

»Este público es acreedor á las piedades del Rey para 
remedio de los daños que ha sufrido. El primer objeto 
es el de los víveres; y pediré al virey que los deje em- 
barcar libres de derechos y al intendente que se despa- 
chen aquí del mismo modo.» 

No indicó siquiera en esta comunicación el funcionario 
que la dirigía la actividad, el desprendimiento con que 
recorriendo la ciudad'y sus alrededores á caballo, y pe- 
netrando en miseros albergues para repartir á la indi- 
gencia su último pan y su última moneda, se habia es- 



DE LA ISLA DE CUBA. ' 77 

forzado eo reparar las miserias privadas al mismo- tiempo 
que los males públicos. Bailío, con la rica eocomieoda de 
Tocioa eo la órdeo de Saa Juao, do tenia mas familia 
que los pobres, ni bacia apeoas otro uso de sus catorce 
mil pesos de sueldo y de sus gajes que repartírselos. 
Cuando le trasladaron luego á Bucarely á mayor puesto, 
creció su generosa caridad con su fortuna y sus medios 
de aumentarla. 

Ayudó muy eficazmente al capitán general á proveer 
al público de víveres de afuera^ despachando embarca- 
ciones D. Juan Antonio de la Colina» que elevado por sus 
largos servicios á jefe de escuadra, había vuelto á la Ha- 
t)ana el 22 de julio con la misión de establecer allí el 
asiento del Apostadero general de marina en Aipérica y 
dar á la construcción naval notable impulso. En menos 
de cinco años que duró su mando, enriqueció con quince 
bajeles á la armada» entre ellos seis navios de guerra, 
con el célebre Santísima Trinidad de ciento doce piezas, 
postrer baluarte luego del poder naval de España en la 
mas funesta jornada de su historia. 

No fueron solamente materiales é interiores los cuida- 
dos de ese tiempo. Uno político, exterior y aun de mag- 
nitud poco proporcionada al ser y fuerza de la isla en 
aquel tiempo, sobrevino á complicarlos luego. Como ya 
dijimos, la última paz general se habia ajustado cediendo 
España á loglaterra sus puertos de Florida en compen- 
sación del recobro de la Habana y recibiendo de la 
Francia para indemnizarse de la cesión de la Florida las 
colonias de Nueva Orleans, mas de medio siglo antes 
fundadas por Ibberville sobre la margen del Misisipí. 
Con el territorio que hacia de cabecera, su vastísima 
jurisdicción llamada la Luisiana, extendíase por la costa 



78 ' HISTORIA 

del Golfo mejicano desde Móbila hasta donde descarga 
el rio Colorado, so límite con Tejas, como doscientas le- 
guas castellanas; é indefinidamente hacia su N. por 
lodo el espacio intermedio de un rio á otro. Pero consi- 
derada esa adquisición por sus ventajas materiales en 
aquel tiempo, aunque fuese tan dilatado so porvenir co- 
mo inmensa su importancia, aun no era grande. 

Eq general análogos á los de Cuba aunque inferiores, 
no habían alli podido desarrollarse sus productos^ mane- 
jados primero por compañías privilegiadas y oprimidos 
luego por trabas mercantiles, porque en aquel tiempo 
eran prohibicionistas todas las metrópolis. Los doce ó trece 
mil habitantes de aquel pueblo y sus haciendas comarca- 
nas apenas exportaban por valor de doscientos cincuen- 
ta mil pesos de frutos en cada año. Pero fortificando las 
orillas del Misisipí por puntos adecuados, geográficamen- 
te aparecía siendo desde luego la adquisición de la Lui- 
siana una barrera, un avanzado antemural de Méjico y 
de Tejas contra el poder inglés de la parte septentrional 
del continente que en virtud del tratado último se ex- 
tendía ya por toda su costa hasta Móbila. Pesaba mo> 
oho esta razón política para que el gobierno español 
no asegurara la posesión de la Luisiana , auitque hu- 
biesen ya transcurrido tres años sin que se la entre- 
garan. 

Expliquemos sumariamente las razones que sin culp» 

del gobierno francés retardaron la realización de aquella 
entrega. Los colonos loisianeses, aunque repudiados por 
su misma metrópoli, repugnaban como era natural ser 
subditos de otra; y en ese sentido dirigieron á Luis XV 
infinidad de representaciones y de ruegos. Cuando más 
se lisonjeaban de que por su propia insignificancia ha- 



DE LA )SL\ DE CUBA. 79 

briao sido olvidados, aparecióse entre ellos, el 5 de mar- 
zo de 1766, el brigadier de mariDa H. AdIodío Ulloa á 
toiDar posesión de la colonia en noo^bre de Carlos III, con 
solo algunos enapleados y una siosple escolla. Pero el te- 
mor de la población de Nueva Orleans se calmó luego 
viendo que este jefe« en lugar de apresurar la toma de 
posesión, la retardaba y que seguia rigiendo la adminis- 
tración francesa. Conjeturaban los colonos, que, antes 
que á gobernarlos, habría ido el sabio compañero de los 
iQsignes D. Jorge Joan y Condamina á estudiar aquella 
(omarca, é informar á su nuevo soberano si era ó no 
conveniente agregarla á sus dominios. Supusieron luego 
que babia escrito desfavorablemente de aquel país, y 
fundándose en ese precedente incierto, esperaban que 
hubiera disuadido de la adquisición de aquel territorio 
á so gobierno. Más no eran otras las causas verdaderas 
de la detención de Ulloa que la misma repugnancia 
que encontraba en Nueva Orleans al cambio de bandera^ 
el desvío con que fueron recibióos basta sus favores, y la 
absoluta negativa de la guarnición francesa á pasar al 
servicio de un rey extranjero. Continuaban los colonos 
en esa sorda resistencia y con sus ilusiones, cuando en 
6 de setiembre de aquel mismo año, el gobernador fran- 
cés M. Aubry^ obedeciendo á preceptos de su corte, 
publicó y prevmo la escrupulosa observancia de un de- 
creto en que prohibía el gobierno español que la colo- 
nia continuara exportando sus productos á sus mercados 
ordinarios. El descontento se cambió en exaltación al 
difundirse esta noticia. £1 -Consejo comercial de Nueva- 
Oríeans se reunió á deliberar; y después de muchas se- 
siones agitadas, despreciando los consejos y protestas 
del mismo gobernador Aubry, decretó en 29 de octubre 



80 HISTORIA 

la expulsioD '^ de Ulloa y de los demás faDCÍonarios es- 
pañoles ; acordando al mismo tiempo despachar á Fran- 
cia mensajeros ^^ con la difícil misión de justificar tai 
atentado. 

Pero esos mensajeros tardaron mucho mas en lle- 
gar á Versalles que Ulloa á Madrid. Si al verle apa- 
recerse en la Habana el 4 de diciembre no moderase 
Bucarely los Ímpetus de su ira , un batallón de la guar- 
nición habria bastado para castigar el ultraje inferido n 
dos potencias por un corto tropel de sediciosos. Pero, 
por proponérselo así Ulloa , ambos deliberaron sobre \u 
materia en conferencias con el mariscal de campo mar- 
qués de Rubí^ que á la sazón se restituía de Veracruz á 
España y con los intendentes Altarriba y Montalvo. Re- 
solvióse que sin dilación marchase á la corte el mismo 
Ulloa á dar -cuenta verbal de aquel motín escandaloso. 
Favorecido por el tiempo, Ulloa llegó á Madrid semanas 
antes que los comisionados de los sediciosos de Nueva 
Orleans llegaran á Versalles. La sucinta relación que 
expuso de los hechos bastó para que ordenase el Rey ei 
pronto desagravio de dos grandes coronas » aunque esta 
resolución se reservó con el mayor sigilo. 



^* Para todos los detalles de los legajos 1768 y 1769 de Bucarely, y 



hechos y precedentes reiaiivosála 
expulsión de Ulloa y á b posterior 
toma de posesión de la Luisíana, 
▼éanse principalmente las siguien- 
tes obras y paiieles. — The HUtory 
of Louisiana, From the Earliest Pe- 
rioi. By. Frangois Xavier Martin.— 
Histoire de la Loumune , por Carlos 
Gayardy. — HUtory of The United 
States dy G. Bañero fft.^ArMvo de 
latecretariadila Capitanía general^ 



otros muchos documenlos de años 
posteriores que se relacionan con el 
misma asunto. 

" Ulloa llegó á la Habana el 4 de 
diciembre de 1768 en una fragata 
francesa con su familia, los eniplea- 
dos españoles y algunos franceses 
que no habían querido tomar parte 
en el alboroto de Nueva-Orleans. 
A los tres dias salió para Cádiz. 



DE LA ISLA D£ CUBA. 81 

Estaba á la sazoo oombr ado pata pasar 'á América á 
revistar las tropas de Nueva-España y las Antillas el 
ieoieDle general é inspector de Infantería D. Alejandro 
O'Reiliy, en quien alternaba la flexibilidad con la flrme- 
za; y so color de ir á desempeñar su anterior cargo, se 
envió á la Habana con toda diligencia y con ordenes 
explícitas para que, de acuerdo con Bucarely, preparase 
en esta plaza con la posible prontitud los medios nece- 
sarios para la sumisión de la colonia rebelde. 

En la tarde del 24 de junio de 1769 desembarcó 
O'Reilly entre un pueblo, que, aunque sorprendido con 
su inesperada aparición, le prodigó demostraciones afec- 
ioosas, y hospedósele en la casa de Aróstegui, habitada 
á la Sc^zon por Bucarely. Reunidos ambos generales con 
Colina, Cisneros y otras autoridades, en aquella misma 
noche coucerlaron todas las medidas necesarias para el 
logro de un objeto que el público no llegó á traslucir en 
muchos dias. 

Debemos por segunda vez recurrir al manuscrito iné- 
dito de Armona, porque presenta curiosos pormenores 
sobre un episodio que merece mas detalles que los que, 
por no abultarla, solemos incluir en nuestra crónica. 
Dice así: 

«Esta Junta acordó para evitar cuestiones, que O'Rei- 
lly procediese en la plaza y bahía á escoger el número de 
embarcaciones que necesitase; á determinar las tropas y 
los cuerpos que debían dársele; la artillería, pólvora,, 
balas, víveres y demás pertrechos necesarios ; pues con 
SQ noticia se le facilitaría todo sin demora, precediendo 
una conferencia privada con el gobernador para allanar 
algunos puntos. 

>Quedó muy satisfecho de este acuerdo el general en 

HIST. DS CUBA. — TOMO 111.-6 



84 HISTORIA 

j»El SB de janio despachó O'ReilIy sus ayadaDtes á la 
bahía para pooer embargo en la mayor parte de las em- 
barcaciones surtas eo ella, las grandes y las pequeñas^ 
las cargadas y las descargadas. 

>EI activo general corría á todas partes; en todas par* 
tes se le veia; en todas hablaba con un fuego sulfúreo y 
Dada común. Todas las noches en casa del gobernador 
era el concurso de sus ayudantes, y allí en público se le 
daba cuenta por escrito y en partes separados de lodo lo 
que cada uno habia hecho en el dia. 

»Esta faena duró ocho dias enteros hasta la entrada 
de julio; y en esos ocho dias nada estaba hecho. Antes 
por lo que toca á la bahía y sus embarcaciones, se habia 
atrasado mucho ó se habian las cosas embrollado. 

»EI gobernador recibia su corte todas las noches antes 
de empezar el Conde la suya. Daba el santo y se retiraba 
á otra pieza inmediata con tres ó cuatro amigos para no 
interrumpirle en nada. Pero desde esta pieza se oía todo 
lo que pasaba en la otra. Se veían los disgustos, el des- 
temple y las impaciencias de O'Reilly que no atinaba á 
salir de tantos embarazos. Bucarely le dejaba correr 
toda su elíptica con todos los satélites de su elección y 
comitiva. No quería contiendas ni porfías; pero quería 
que O'Reilly por sí mismo se convenciese á sí mismo. 

»Los desvelos y la actividad del que manda son cosas 
muy buenas, cuando los conocimientos relativos, el mé- 
todo de mandar y la calidad de las personas que han de 
obedecer están de acuerdo con esa actividad y esos des- 
velos. La n^uy activada operación de los ocho dias ante- 
dichos fué atropellada por las manos de tantos como an- 
duvieron en ella. Habia fragatas cargadas de azúcar y 
otros frutos prontas para marchar á España que fueron 



DE LA ISLA DB CUBA. 85 

embargadas y se las mandó descargar. Sus capitanes le- 
vantaron el grito reclamando daños y perjuicios, Habia 
fragatas que estaban descargando los géneros de sus re- 
gistros de España, que fueron embargadas y compelidas 
para su mas pronto alijo. 

>Los capitanes y maestros representaron que sus bu- 
ques necesitaban carena, y para costearla no habian he- 
cho aun un real de sus cargamentos, añadiendo que ha- 
blan despedido la mayor parte de sus tripulaciones por- 
que les eran muy gravosas y no las necesitaban hasta su 
retorno. Habia muchas embarcaciones sin fogón, velas 
oí jarcia que fueron embargadas. Los patrones se lo re- 
presentaron á los ayudantes y estos á su general; pero 
apremiados ó amedrentados por su jefe, apremiaron y 
amedrentaron lapdbien á los patrones que apelaron á la 
fuga para precaverse de los ayudantes. Sucedió pues lo 
que era de esperar en este extremo. Muchos de los ca* 
pitanes y casi iodos los patrones abandonaron sus bu- 
ques, se metieron en sagrado ó se escondieron;. 

i»Este era el estado que tenían las cosas á los primeros 
dias de julio. Bucarely por no incomodar á su amigo no 
le habia dicho una palabra ; pero ya en aquel punto le 
pareció justo entrar con él en cuentas: — «Al paso que 
esto va, le dijo, no podrá Y. salir de aquí como quiere 
el 21 de este mes, ni creo pueda ser para el 8 del que 
viene. Véngase V. por acá en la madrugada de mañana 
y avisaré también al General de Marina que es buen 
amigo. Iremos á pasear á la bahía ; llevaremos con nos- 
otros al capitán de puerto con la lista de todos los bu- 
. qoes que hay en él , al capitán de la maestranza y á las 
demás personas inteligentes que se necesitan. Recorre- 
remos toda la bahía para ver los buques , y ellos nos 



86 HIBTOKIA 

diTi^n lo bueno y lo malo de cada uno, sobre cuyo co- 
Docimieuto se tomarán providencias.» 

»Se hizo así al día siguiente, y de tan juiciosa y me- 
tódica diligencia resultó, que el buque cargado^ el inútil, 
el que no servia para calar en el Misisipí, quedaron ex- 
cluidos notificándose á sus capitanes que quedaban en li- 
bertad; que los de las embarcaciones que po lian servir se 
presentaran á las once en casa del gobernador; que lle- 
gada esta hora y concurriendo á junta el general de la 
comisión, el de marina, los dos comisarios ordenadores 
de ejército y marina D. Nicolás Rapun y D. Bartolomé 
Montes» hombres de pies, manos y cabeza, acordaron en 
ella con los interesados el flete y las anticipaciones que 
pudiesen necesitar para su apronto. Desde este punto 
aparecierc^n los fugitivos, hubo marineros prontos y pre- 
tendientes alentados con los préstamos que se daban por 
los ordenadores. Todo marchó á la par desde aquel dia 
y sin estorbo alguno.» 

Los resultados de la diestra diligencia ejecutada el 2 
excedieron al cálculo de su autor mismo. El 5 por la 
tarde los esfuerzos de Colina, Rapun y Armona tenían ya 
prontos buques, tripulaciones^ pertrechos» víveres y 
acopios. El impaciente O^Reilly pudo salir para Nueva 
Orleans el 6 de julio con la misma fragata de guerra Vo- 
lante en que había venido de Cádiz. Acompañáronle 
hasta veinte transportes con dos mil*' cuarenta y seis 

** Segao relación original copiada en la colección del autor y fechada 
en 7 dejulio de 1769, la expedición se componía de los destacamentos sí- 
guien tes : 

Hombres. 



l.cr batallón del regimiento infantería de Lisboa. ... 679 

1.» batallón del Ídem de la Habana 567 

Piquetes de ios regimientos de Aragón y Guadalajara des 



DE LA ISLA DE CUBA. 87 

hombres veteranos de las fuerzas de la plaza , cuarenta 
y ocho piezas de tren y de campaña , todo su respectivo 
repuesto, y ciento cincuenta aiil pesos para los primeros 
gastos de la expedición. La guarnición de la Habana, 
aunque reforzada en el antecedente enero con artillería/ 
una compañía de fusileros de montaña y algunos pique- 
tes de los regimientos de Aragón y Guadalajara desii- 
Dedos á la creación del batallón de la Luisiana que se 
llevó O'Reilly, quedó muy reducida para cubrir un 
servicio tan vasto como el suyo con el de las nuevas 
fortalezas del Morro, de la Cabana y de Atares. 

Contrarios vientos retardaron el viaje de O'Reilly mu- 
chos dias; y hasta el 24 de julio no avistó á Balize, 
puerto fortificado á la embocadura del Misisipí, donde 
auti ondeaba el pabellón de España defendido por una 
sola compañh que había allí dejado Ulloa , despreciando 
las intimaciones de ¡os amotinados. Al saberse en Nueva 
Orleans la apiricion de O'Reilly sucedió un repentino 
terror á la insolencia de los mas desafectos, y hasta los 



tinados para la Torinacion de un batallón en la Luisiana. 213 

Dos comf)añías de infantería ligera en Cataluña. . . . 162 
Una compañia del regimiento de caballería Dragones de 

América 80 

Artillf^ros 91 

Compañía de granaderos de milicias blancas de la Habana. 80 

Compañia de granaderos de las de Pardos 80 

Id. de Id. de las de Morenos 80 

Voluniarios de milicias de caballería, cadetes nobles j 

paisanos 54 

El material de artillería se componía de diez y ocho piezas de 16, ocho 
de 8, Teinte de 4, dos morteros de 12 pulgadas , dos de 9, con gran re- 
puesto depólTora y balerío, lleTando además la expedición 150,000 pesos 
en metálico y la tropa pascada hasta fin de agosto 

De ingenieros iban, el capitán D. Juan Cotilla y los subtenientes D. Juan 
Trebejo y D Ramón Yoldi. 



I 



88 HISTORIA 

mas culpables esperaron. hacerse perdonar sus desafueros 
á fuerza de complacencias y aun de humillaciones. El 
mismo procurador Lafreniere » el alma de la pasada se- 
dición, al frente del municipio accedió á cumplimeolar 
á O'Reilly prodigándole lisonjas. 

Pero exigía mayor desagravio el honor de la bande- 
ra; y si las instrucciones que llevaba aquel general le 
permitian usar de clemencia con los instrumentos , pro- 
hibíanle .con rigor que la extendiese á los autores del 
motín. A doce colonos designaban patentemente como 
tales una carta del mismo gobernador francés Aubry y 
porción de testimonios; y contra ellos comenzó á pro- 
ceder incomunicándoles en encierros separados el Au- 
ditor de Guerra de la expedición D. Manuel José de 
Urrutia. En cerca de tres meses de procedimientos go- 
zaron los aou^^ados de cuantos medios y franquicias coa- 
ceden las leyes españolas para que se justifique la ino- 
cencia ó se atenúen los cargos. Al mismo O'Reilly, ¿ 
quien menguadas plumas extranjeras » sin esclarecer 
nunca los hechos, designan en aquella fase de su vida 
como á un tigre , le interesaba no sellar con sangre los 
primeros pasos de la dominación de España en la Luisía- 
na. No dependía de su voluntad que hubiese de verter 
alguna , y solo la ley vertió la indispensable. 

El 24 de octubre fueron condenados á muerte y el 26 
pasados por las armas Nicolás Lafreniere, Pedro Marques» 
José Milhet» Juan Noyan y Pedro Caresse, convictos y 
confesos de haber sido los autores principales de la suble- 
vación del 9 de igual mes del año antecedente. El ale- 
mán Vílleréy que había incurrido en la misma pena, se la 
aplicó á sí mismo anticipadamente, suicidándose en su 
calabozo. Otros seis [colonos, apellidados Boisblanc^ 



> •■ « 



' DB LA ISLA DE CUBA. 89 

Doucet, Mdzan, Juan Milhel, Petit y Paupel, puoto 
menos culpables que los anteriores, pero con circuostan- 
cias que permitieroo atenuar su pena , fueron condena- 
dos á expulsión perpetua del pais y á más ó menos 
tiempo de prisión en los castillos '* de la Habana. Pero 
después los perdonó á los seis Carlos III, á ruegos del 
embajador del Rey de Francia. 

O^Reilly, dejando vigente en la Luisiana el Código ne- 
gro de Luis XIY , en todo lo demás la sometió con suavi- 
dad y tino á la legislación y prácticas de España; y en 
marzo de 1770 regresó á la Habana y luego á la Penin 
sula, después de transferir aquel gobierno con subordi* 
nación al Capitán General de Cuba, al coronel D. Luis de 
Dnzaga, que permaneció en Nueva Orleans con mil dos« 
cientos hombres. Era la mitad de la fuerza sacada de la 
Habana para la toma de posesión de la Luisiana » y una 
ocasión mas en que tuvo que debilitarse Cuba para ase- 
gurar á la madre patria un nuevo territorio. Luego, 
para el régimen eclesiástico fué declarada la Luisiana 
parte integrante de la diócesis de la isla. Bucarely fué 
promovido á teniente general » menos por su feliz co- 
operación en aquella empresa que por la actividad con 
que á pesar de tas penurias de su tiempo promovió la 
conclusión de las principales fortalezas de la Habana. 



<• En o&cio ni ministro de Indias 
Arríaga en O de noviembre de 1769, 
le dio coenia Bacarely de hal>er lle- 
gado en el mismo dia la balandra 
Belona y la saclia Carmen con José 
Petit, Baltasar Massan, Julián Doa- 
det, Pedro Hardy, Duboi Blanc, Juan 
MiUiet y Pedro Ponpet, cómplices 
convictos y confesos en la suble- 
vación de Maeva Orleans , enviados 



por 0*Reilly á safrir su condena. 
Véase este docamento en los legajos 
de aquel año en el archivo de la ca- 
pitanía geniral de Cuba y en los 
del siguiente, una real óriien de 25 
de agosto en virtud de la cual fue- 
ron puestos en libertad en 2 de 
noviembre de 1770 y desterrados á 
Santo Domingo. 



90 HISTORIA 

At tüismo tiempo ascendieron también á mariscales de 
campo los brigadieres D. Pascual Cisoeros y D. Silves- 
tre Abarca. ' 

Redúcese lo demás del pacíBco mando del Bailio á re- 
primir, aunque en vano, el contrabando ^ y á esfuerzos 
repelidos por desterrar la discordia de su territorio. En 
el de Santiago de Cuba esencialmente resucitaron divi- 
siones y querellas muertas, desde el fallecimiento de 
su gobernador el marqués de Casa Cagigal" acaecido 
elU de febrero de 1769, no siendo de índole muy 
propia para disiparlas su ducesor el coronel capitán de 
Guardias Españolas D. Antonio Ayanz de üreta** qae 
vino ¿ sucederle luego en aquel puesto* 

La diócesis Cubana y los menesterosos hablan tenido 
que llorar una gran pérdida con la de su prelado Morell 
de Santa Cruz, que á los setenta y cinco años sucumbid 
en la Habana á una penosa enfermedad el 29 de diciem- 
bre de aquel año. Sucedióle luego su auxiliar D. San- 
tiago José de Hechavarria ''', obispo de Tricomi in par-^ 
tibus infidelium, de índole suave, menos opuesto que 
su virtuoso antecesor á las regalías de la corona y no tan 



*> A este gobernador de Cuba se 
refieren Tentajosamente muchos pa- 
peles de este tiempo y no menos 
las Noticias de Casa, por D. José 
A. ArmoDa. A caso por desavenen- 
cias anteriores á su llegada á San- 
tiago, abrigaba algún resentimiento 
contra su antecesor Madariaga, con 
quien habia servido muchos años, 
porque el Marqués se esforzó en 
agriar algunos cargos que alU le 
suscitaron en su juicio de residen- 
cia, como á casi todos los que go- 
bernaban en América. Pero Hada- 



riaga quedó absuelto de toda res- 
ponsabilidad. 

.*• Natural de Navarra y caballero 
de Santiago, fué algún tiempo des- 
pués promovido á brigadier y tuvo 
que informar muy desfavorablemefi- 
te de su conducta en el gobierno de 
Santiago el capitán general mar- 
qués de ia Torre. 

*' Véase su biografía en las pági- 
nas 39j y 396 del t. IH, del Diec- 
Geogré^ico Bat. de la isla de CiUm^ 
por el A. 



1 



DE LA ISLA DE CUBA. 91 

exigente como él por las del clero , pero oi&s ÍDciiuado á 
la representación y al aparato. 

Por lo inesperada fué luego tan sentida como la 
muerte de MorelK la del Jefe de Escuadra D* Juan de 
la Colina '^, á quien arrebató una apoplejía en 28 de 
mayo de 1771 ^ cuando mayor impulso estaba dando ¿ 
las construcciones navales de su tiempo tenidas por las 
mejores de la Armada. Acababa de casarse con una hija 
del marqués de Cárdenas. 

Cuando cumplidos los cinco anos de gobierno espe- 
raba Bucarely que le enviaran sucesor y regresar á Es- 
paña , vino á sorprenderle un real despacho de 24 de 
mayo de i 771 nombrándole Virey de Méjico , ordeuán- 
dolé entregar interinamente laCapitania General á quien 
por el orden de sucesión correspondiese y trasladarse sin 
dilación á aquel gran cargo. No llegaron á la Habana 
estos mandatos hasta el fí de agosto ; y el 8 empezó á 
darles Bucarely cumplimiento transfiriendo sus funcio- 
nes al mariscal de campo D Pascual Giménez de Cisne- 
ros, que por segunda vez entraba á desempeñarlas. 
Salió el Bailío para Yeracruz seis dias después á inmor- 
talizar su nombre en aquel reino con sus beneficios, 
sus obras públicas y sus virtudes^'. Era el primero en 
Cuba codtra el cual después de gobernarla , nadie osara 



1* Véase en el archivo de la capí* 
lanía general de Cuba (Bacarely), 
—legajos de 1771, la comaoíca- 
cion de 31 de mayo del mismo año 
dando nolicía al ministro de marina 
de baber muerlo Colina el 28 del 
mismo mes y á las pocas horas de 
ser acometido por un ataque de 
apoplejía. En diciembre del año an- 
terior se había casado en la Habana 



con Doña María Manuela de Cár- 
denas. 

'* Supo Justamente recordarlas en 
sus Diiertaciones sobre la Historia 
de Méjico el imparcial bisturiador 
de esa república D. Lúeas Alaman; 
y ni los escritores americanos mas 
enemigos del dominio español cen- 
suraron en nada á Bucarely. 



92 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

entablar en su residencia una querella. Su reputación de 
integridad y de justicia llegaba á tal altura que el menor 
intento encaminado á oscurecerla hubiera perjudicado 
solamente á su autor. 



\ 



CAPÍTULO TERCERO. 

<¿obiemo del marqués de la Torre —Sus reformas y sus obras públicas. — 
Primer censo de población.— Primer teatro en la Habana.— Plaza de Ar- 
mas, Casa de gobierno é IntendeDCía.— Útiles innovaciones en el ramo 
de tabacos. — Fundaciones de la Nueva Filipina ó Pinar del Rio y del 
pueblo de Ja ruco. —Población de la isla. — Introducciones de esclavos. — 
Sucede D. Nicolás Rapun á D. Miguel de- Altai riba en la Intendencia. — 
Su administración.— Progresos de las rentas, del comercio y de la agri- 
cultura.— Competencias del comandante general del Apostadero D. Juan 
Bouei con el marqués de la Torre. — Triunfa en ellas el ses^uiido. — Sus 
providencias para el abasto público. —Fundación del seminario de San 
Garlos en la Habana.— Vestuario de las milicias y su armamento.— For- 
tificaciones.— Castillo del Principe.— Reedificación del castillo de San 
Severino de Matanzas y del Morro de Santiago de Cuba.— Muere el in- 
tendenie Rapun y le sucede D. Juan Ignacio de Urriza.- Insurrección de 
las posesiones anglo-americanas contra su metrópoli. — Precaución es del 
marqués de la Torre.— Memoria manuscrita de su mando. 

El mismo día en que se confirió á Bucarely el vireina- 
to» se nombró para sucederle en la Habana al mariscal 
de campo D. Felipe de Fonsdeviela, marqués de la Torre 
y gobernador entonces de Caracas. Aunque no pudo salir 
de la Guaira hasta el 20 de octubre, le permitió su der- 
rota echar una mirada sobre Santiago y Trinidad, pue- 
blos, después de la capital, los de mas cuenta en la isla. 
En el primero reconoció las fortificaciones y también ob- 
servó allí con disimulo la dureza y la violencia con que 
gobernaba el brigadier D. Antonio Ayanz de üreta \ su- 

* En una comunicación de 3 de marqués de la Torre que informar 
noviembre de 1775, en que tuvo el sobre este funcionario al Ministe- 



/ 



94 HISTORIA 

cesor de Casa Cagigal. Eq el segundo se detuvo poco; 
desembarcó en el Bala vanó el 16 de noviembre, y to- 
mando posesión de su gobierno el 18^, dio principio 
al primer período completamente pacíBco y feliz que 
contó Cuba. 

Riela lo babia planteado todo para afianzar la posesión 
de la Habana en una guerra; y Bucarely la dejó elevada 
al rango de primer plaza de América. Mas para su poli- 
cía, su ordenamiento interior y sus adelantos morales se 
babia obtenido poco, inspirando el solo aspecto de su ca- 
pital menguada idea del que tendrían los demás pueblos 
de la isla. 

Sus calles', aun desempedradas é intransitables de 
fango en la estación lluviosa» servían de depósito peren- 
ne á las basuras de un caserío ya muy crecido y aun 
privado en general de cañerías y sumideros. Los propios 
que se hablan ido creando ya pasaban, en 1770, de cua- 



rio, decía qae: «A\ pasar por allí 
(Santiago), Tiuiendo de Caracas á la 
Habana, comprendí que aquellos 
moradores estaban sujetos á violen- 
cias é insultos, y que el mando se 
ejercía allí sin el decoro y la cir- 
cunspección que lo hacen respeta- 
ble,» etc.: en el mismo documento 
añadía después detalles muy desfa* 
vorables á aquel gobernador. 

* Bucarely no esperó á la llegada 
del marqués de la Torre. Había re- 
cibido orden para trasladarse á su 
nuevo destino con urgencia y salió 
el i 4 para Veracruz en la fragata 
Juno, DO llegando á este puerto de 
Nueva-España basta el 23. Desde 
el 8 del mismo mes, sabiéndose ya 
que se babia presentado en Santiago 
su sucesor, desempeñó el gobierno 



interino de la isla por tercera vez 
D. Pascual Gisneros, que muy poco 
después ascendió á subinspector de 
las tropas y milicias de aquel vi- 
reinato. 

' Para todas las obras y providen- 
cias del marqués de la Torre hemos 
consultado y copiado para nuestra 
colección la clarísima y bien orde- 
nada memoria, que, dividida en 
ciento cincuenta y tres párrafos, de- 
jó firmada aquel giineral en la se- 
cretaria de la capitanía general. Su 
titulo es el siguiente: Apuntes sobre 
las principa es providencias y opera- 
ciones durante mi mando en la isla 
de Cuba, desde el Í8 de noviembre 
de í^^i hasta el de la fecha en que 
lo he entregado á mi sucesor el señor 
D. Diego J ose f Navarro. 



DE' LA ISLA DB, CUBA. 98 

reDta y siete mil pesos anuales; do llegaban á treinta y 
caairo mil sus obligaciones, no todas necesarias; y con 
mas de catorce mil remanentes en favor del municipio 
no se habia pensado todavía en ir suprimiendo tan no- 
ioria causa de molestia, de infección y de insalubridad 
en el vecindario. Aun seguia careciendo de esos solaces 
y recreos que la civilización habia hecho ya comunes eo 
todos los de Europa; y á excepción de un campo que á la 
salida de la puerta de tierra habilitó O^Reilly para ins- 
imccion y ejercicio de las tropas, no poseia la Habana 
ona espaciosa plaza, un teatro ni un paseo. «La ciudad, 
dice Yaldés, uno de sus cronistas , lo era solamente por 
SQ denominacioQ y reales concesiones que la colocaban 
en ese rango; pero absolutamente lo parecía en lo ma- 
terial.» 

Tenia que residir la primera autoridad en una casa 
alquilada á un particular, como los demás que no la te- 
nían propia. Las oficinas de los principales ramos casi 
todas estaban hacinadas en el mezquino edificio apelli- 
dado la Contaduría, reservando sus deparlamentos mas 
decentes para viviendas del intendente y del administra- 
dor. Cuarteada con el huracán de 1 768 la casa que servia 
de cárcel, habia tenido Bucarely que repartir los crimi- 
nales y los presos por las fortalezas y cuarteles; é impro* 
piamente se designaba con el mismo nombre en la calle 
de Mercaderes á un edificio estrecho, inseguro y confun- 
dido entre otras casas, donde se guardaban los menos de- 
lincuentes. En la isla no existia ni un principio de calza- 
da. Comunicábase la capital con su campiña por estre- 
chas sendas que interrumpian parle del año las aguas y 
avenidas. Su ayuntamiento, sin local ninguno propio, ce- 
lebraba sus sesiones en los mismos aposentos del gober- 



96 HISTORIA 

Dador. Gran oúmero de vecÍDOs coDservaban auo lechos 
de guano en sus moradas, habiéndose estrellado en la 
inerte resistencia de cinco ó seis generaciones cuantas 
providencias habían dado para soprinair aquella oaez- 
quindad tan peligrosa Dávila Gastón y oQuchos de sus 
sucesores. Tales eran las osas salientes fealdades y po- 
brezas que perpetuaban en la Habana la incultura de su 
edad primera y que, entristeciendo la vista del observa - 
dor, desanimaban al que se propusiera desterrarlas, no 
empleando gran tesón para obligar á que se cumpliera 
su designio. 

Examinando á la isla toda, se reconocía con senti- 
miento que, á pesar de los bandos de Güemes y Cagigal, 
de Riela y Bucarely, no se conocia ni aseo, ni policía en 
las poblaciones, ni seguridad, ni buena administración de 
justicia, ni aun culto espiritual en los partidos de campo 
mas distantes. De estos habia muchos cuyos capitanes 6 
pedáneos contaban años sin pisar ni conocer él suyo* 
¿Qué mucho que se ignorase todavía el número general 
de predios rústicos y de sus habitantes, si el guarismo 
exacto de los vecindarios de los pueblos y de la misma 
capital era aun desconocido? En el gobierno de la Haba- 
na y en el de Santiago no existía mas documentación es- 
tadística que la referente á las fortalezas^ soldados y ca- 
ñones. Seguía la grande Antilla entonces á manera de 
caos de confusión desentrañable. 

Para irlo deslindando, desterrar de su capital tantas 
miserias y disminuirlas en los demás pueblos, menester 
era que á la experiencia, espíritu metódica y firme vo- 
luntad de Bucarely, añadiese el nuevo gobernador ma- 
yor espíritu de iniciativa y conocimientos superiores. 
Aunque militar desde la adolescencia y combatiendo 



DE L^ ISLA DE CUBA. 97 

siempre, primero por deber en Italia y Portugal, y luego 
por amor á su profesión eu Alemania y Prusia, venia 
muy ilustrada la imaginación fecunda para el bien de 
Fonsdeviela con perpetuos estudios en sus guarniciones 
y en sus viajes, y ya habia resplandecido en dos impor- 
tantes cargos en América. Pero basta con sus cualidades 
se hubiera estrellado en sus reformas, si en el sosiego de 
una paz que no se interrumpió en su mando, no le au- 
xiliaran con vigor la protección de Carlos III á todo lo 
útil y á la puntualidad con que le remesó Bucarely los 
situados. 

Al paso que con estudio é indagaciones diarias mejo- 
raba, en su bando de gobierno publicado en 4 de abril 
de 1772, las disposiciones de sus antecesores afianzando 
el orden, la obediencia y la quietud en los pueblos, em- 
pezó por suprimir la perniciosa práctica * de nombrarse 
anualmente visitadores para los partidos. 

Era lo mas común que esos funcionarios solo se esme- 
rasen en sacar provecho de sus comisiones, y que oca- 
sionaran con sus visitas mas daños que bienes en los 
territorios. Obligó á todos los pedáneos á que residieran 
en los suyos; reemplazó sus vacantes con sujetos aptos 
y arraigados en las comarcas respectivas, y creó las pla- 



* «l'ave por conveniente abo- 
lir la práctica de nombrar visitado- 
res de los partidos... por haberme 
enseñado la experiencia el abuso 
que se hAcia de estas comisiones, 
poniendo sn conato los que las ob- 
tenian únicamente en sacar aprove- 
chamientos de los habitantes por 
medio de violencias y disimulos, de 
lo qne [legaban frecuentes quejas al 
gobierno; siendo lo mas sensible que 
|Os excesos y desórdenes públicos 



quedaban de ordinario sin correc- 
ción ni reforma.» Véase el párra- 
fo ^15 de los Apuntes sobre ¡as prin- 
cipales providencias , et'c. Lo que la 
experiencia no le babia podido aun 
enseñar ai Marqués con tobo su ex- 
celente tacto, era <]uelos abusos 
cometidos por los capitanes de par- 
tido que sucedieron á los visitado- 
res, no hablan de ser d* spues me- 
nores , ni de quedar en general me- 
nos impunes. 



HIST, DB CUBA. — TOMO HI. — 7 



98 HISTORIA • 

zas de tenientes para que los reemplazasen en enferoie- 
dades y ausencias motivadas. A todos ellos, á los tenien- 
tes gobernadores, al gobernador de Santiago, al inten- 
dente y al obispo se apresuró á dirigir instrucciones coa 
claros formularios para que formándose padrones de to- 
dos los habitantes por colores y sexos y por clases, pu- 
diese levantarse luego el primer censo general que co- 
noció la isla. 

Ocupóse después en discurrir paodo y arbitrios para 
que, sin sensible gravamen de los vecindarios, se dotara 
á la capital y demás pueblos de sus obras y mejoras 
mas urgentes. Detallar todas las que se ejecutaron y 
.empezaron durante su gobierno, y los uranosos recur- 
sos que ideó para emprenderlas, seria cansar al lector y 
dilatar la narración. Las indicaremos en resumen. 

En la capital y su territorio ' fueron las siguientes : 
El primer empedrado que tuvieron sus mejores calles, 
en algunas de las cuales , á falta de piedras adecuadas, 
entraron gruesas tablas de la durísima madera tan pro- 
piamente llamada en la isla quiebrahacha. 

La construcción de un puente sobre el rio Chorrera 
en cuya amena orilla no lardó en formarse una risueña 
aldea con las casas de campo que se fabricaron algunos 
habitantes. 

La del puente de Arroyo hondo, muy reclamado para 
la comunicación con los partidos que empezaban á po» 

> Véase eD el tomo XIV de las la cual se reflrió el Marqués muy 

Memoriat de ¡a Sociedad patrióticn en resumen en sus Apuntoi, etc., 

de la Habana^ correspondientes á se halla distribuida entre las pági^ 

1842, la fioticia de las obras públca$ ñas 36, 47, 84 y 109, y está firmada 

que ejecutó en el país durante su y certificada por D. Mfguel José de 

mando y de los arbitrios de que se Azanza, que era el secretario del 

valió para hacerlas. Esta ooticía, á Marqués. 



DE LA ISLA DE CUBA. 99 

folarse bacía el O» llamados Guanajay, San Pedro^ Bau- 
ta, Guatao y Cano. 

La alameda de Paula, primer paseo regular que co- 
Doció la Habana á orillas de su bahía y en el espacioso 
intervalo que media desde ei hospilal del mismo nom- 
bre basta la terminación de la calle que se llamaba ya 
de los Oficios. 

Un puente sobre el rio Cojimar, cuya modesia obra 
se costearon por conveniencia propia los hacendados de 
los partidos (le Bnenavista , Bacuranao, Cruz de Piedra, 
Santa Fé, San Gerónimo y Guanabo, obligados antes á 
remitir sus frutos al mercado á fuerza de rodeos v de 
costosos portes. 

Ei puente de las Vegas , cuya construcción fué promo- 
vida por el conde (ie Casa Bayona, que ayudó á su coste* 

La llamada Alameda nueva , que hoy se llama de Isa- 
bel ü^ y que se extendió desde un principio paralela* 
mente al glasis del recinto desde la puerta de la Pnnta 
basta la puerta de Tierra. Costó menos de diez mil pesos 
sacados del ramo de mnltas y alguno que otro arbitrio; 
y se tasó en mas de cincuenta mil su primera obra. 

Un cuartel para los veteranos y asamblea de las mili- 
cias en la aldea de San Julián, que ya se acrecentaba 
con labradores de tabaco en ei gran llano de Güines, al 
S* de la capital ; y basta trece puentecillos sobre el rio 
que lo fecunda , el Catalina y sus desagües. 

La reedificación ó separación de siete cuarteles más, 
correspondientes á los cuadros veteranos de igual número 
de compañías de las milicias de caballería. 

El primer puente que la ciudad de Matanzas conociese 
crnzó entonces la margen del rio de San Juan cerca de 
8U desembocadura en aquel puerto. 



4 00 HISTORIA 

El ensanche del muelle principal por donde se carga- 
ban y descargaban en la Habana los efectos comerciales. 

Un muelle al pié de la fortaleza de la Cabana, lo mis-* 
mo que los llamados de Marimelena y Garpineti » lodos 
de piedra de sillería con la misma forma y extensión, y 
en los puntos que aun ocupan en las riberas de la bahía 
de la capital con sus antiguos nombres. 

El ensanche y compostura del camino de la Habana 
hasta el surgidero de Batabanó, obra que reclamaban con^ 
urgencia los hacendados del territorio principal, su abasto 
y sus comunicaciones marítimas con Trinidad , Bayamo, 
Santiago ^ y Baracoa, con Santo Domingo y con los puer- 
tos de la América central. A su importante ejecución 
solo contribuyeron los mas interesados, con algunos peo- 
nes surtidos de herramientas por la Factoría. 

Creáronse paseos y mejoras importantes en Trinidad ^ 
Puerto Príncipe y Santiago. 

En la Habana acabó de reproducirse con mejor case- 
río que antes, poblándose ¿asi todo con familias emigra- 
das de Florida , el barrio extramural de Jesús María ^ 
que habia sido destruido en junio de 1762 , al comenzar 
el asedio de la plaza. 



• Véanse los párrafos 18 y 19 so- 
bre \9íS Principales providencias^ ele. 
Los expedientes de la fundación de 
la casa de Recogidas y del Teatro, 
cnyospro duelos se aplicaron á sos- 
tenerla, ocupan dos legajos en el 
archivo de la Secretaria de la C:i- 
pitania general de Cuba.* En la co- 
lección del Autor se encuentran 
copias de algunos documentos de 
esta época relativos á las primeras 
funciones dramáticas que se repre- 



sentaron entonces en la Habana. E- 
mismo Marqués escribió el regla 
mentó del primer teatro, y fijó los 
sueldf)s de los actores en marzo de 
1774. t:ntre todos no pasaban de 20. 
Al primer galán y á la primera da- 
ma, no se les abonaban roas que 
cuarenta pesos mensuales. iQuéga* 
lan y qué dama serian i El empresa- 
rio era un italiano que se llamaba 
Juan Agusti. 



DE LA ISLA DE CUBA. 101 

Eq una población privada hasta eotonces de localidad 
para representarlas, solo por los pocos que las leían po- 
<lian las bellezas del Teatro español ser conocidas. La 
masa de su vecindario, cuya apasionada tendencia á di^ 
tracciones cultas se desarrolló con tanta fuerza luego. 
Ignoraba basta lo que fuese una comedia. El público de 
Santiago, en este punto mas favorecido en tiempo de 
CasaCagigal^ había presenciado funciones teatrales en 
QD almacén habilitado para coliseo. Pero no había tras- 
cendido al de la Habana mas que alguna rara represen* 
tacion de Calderón , de Lope ó de Moreto, ejecutada por 
aficionados en el domicilio particular de algún notable. 
Calculó el marqués de la Torre , que la novedad de tan 

útil diversión se acogería con entusiasmo, y se propuso 
diestramente sacar de una, dos ventajas á cuál mas 
fructíferas''. 

Se esforzaba en balde el nuevo obispo Hechavarrfa en 
continuar la fábrica de la casa de Recogidas, en 4746 
comenzada por Tineo y abandonada después^ aun cuando 
en solo las paredes maestras se expendieron los cincuenta 
y ocho mil setecientos noventa y ocho pesos que se lo* 
graron realizar para este objeto. Pasaba de setenta mil 
so presupuesto sin estar siquiera ideados los recursos 
permanentes que habían de sustentar al establecimiento. 
En su mismo domicilio convocó el Marqués á junta ex- 
traordinaria con el ayuntamiento á todos los pudientes y 



' Véanse de los Apuntes sobre las 
principales providencias y etc., las 
mejoras y obras públicas qne se 
realizaron durante el- gobierno del 
Marqués. Ademas en el párrafo 50 
del mismo docnmento dice: «Se 
lian abierto caminos, se han hecho 



paseos en Trinidad y Paerto Prin- 
cipe; se han proyectado casas capi- 
tulares enTriDídad, Sancii-Espiri- 
tus, Santa Clara y San Juan de los 
Remedios... Se construyó cuartel 
en Puerto Principe y se dio mayor 
extensión ájla casa deja Villa. » 



102 HISTORIA 

á ¡os represeotantes del gremio de mercaderes. Cod so 
facilidad eo el decir y sii robusta lógica do le fué difícil 
decidirlos á coQtribuir á la fábrica de ud teatro cuyo 
arriendo se destioase al sosten de aquella casa. En esa 
contribución él fué el primero que les dio el ejemplo; y 
vecino hubo» D. Juan Mamiel Aguirre, que anticipó cua- 
tro mil trescientos doce pesos para la obra. Su valor, 
cuando se abrió al público el 18 de mayo de 1776, ya se 
elevaba á treinta y cinco mil ochocientos y tres pesos, 
ascendiendo á diez y seis mil el de su primer arriendo 
en un quinquenio. El espíritu público de los contribu- 
yentes no la costeó toda. No queriendo el Marqués que 
esperasen á disfrutar de tan lícito recreo basta su con- 
clusión, hizo venir compañía cómica; la instaló en un lo- 
cal improvisado; y añadiendo asi á otros arbitrios lo que 
esas primeras funciones produjeron, se fué reuniendo 
lo bastante para completar todos los gastos de dos esta- 
blecimientos tan provechosos para la capital , aunque de 
objetos tan diversos. 

Después de ejecutar una limpia general en la ciudad, 
y de asear y nivelar las plazas del Santo Cristo y San 
Francisco, trazó el mismo Marqués el primer plano de 
una plaza de armas, la mas hermosa de la ciudad y la 
que aun lleva ese nombre. En su primer proyecto se 
propuso simetrizar los cuatro frentes de esa plaza con 
cuatro edificios de un orden y una magnitud en el país 
no conocida. Destinábalos á ser : un hermoso cuartel de 
infantería; una vasta aduana con todas las dependencias 
de la hacienda; una casa municipal con local para aloja- 
miento de los gobernadores y sus oficinas, y otro vasto 
departamento á la espalda para cárcel. El cuarto, en fin, 
había de servir á la administración de correos, impor- 



DE LA ISLA DE CUBA. 103 

lante depeodeocia encargada entoaces del despacho de 
todos los de América, del régímeo y coDsigDacioD de las 
embarcaciones empleadas en un servicio tan extenso. 

Habría el Marqués ejecutado la totalidad de ese pro- 
yecto prorogándosele el período ordinario de gobierno. 
Pero anhelaba regresar á España, y retardaron luego sú 
completa realización inesperadas causas. Como quiera, 
cuando terminó su mando ^ la plaza de armas quedaba 
ya formada, y las casas de gobierno, ayuntamiento, 
cárcel y administración muy adelantadas por el ingeniero 
D. Manuel Trebejo; aunque por esperar á que el Rey 
las aprobase , no se comenzaron esas obras hasta el 1 8 
de mayo de 1776. Aplicáronse á ellas los productos de 
la antigua sisa de la Zauja que seguia cobrándose. 

Por medios tan industriosos, que apenas se sintió sn 
aplicación en esos territorios, ejecutáronse caminos de 
Trinidad á Puerto Principe, con paseos en la salida de 
ambos pueblos, proyectándose además y comenzando á 
fabricarse casas capitulares , cuarteles y cárcelea en el 
mismo Trinidad, en ¿a'ictí-Spiritus, Villa Clara y Sad 
Juan de los Remedios. 

¿Con qué arbitrios se obtuvieron en un breve periodo 
y en una isla poco habitada aun aquella. «^ adelantos mate- 
riales que tanto habian de influir después en los mora- 
les? Por Ips que discurrió para el territorio de la capital 
se deducirán los que empleó en las demás pari.^s. De 
ordenadas rifas y loterías concedidas por barrios y ^'^r- 
iidos en los dias de fiesta , contribuyeron sus arrendado- 
res con veinte mil doscientos sesenta y siete pesos. De 
ocho mil doscientos sesenta y tres individuos presos por 
iodas causas en el discurso de sn mando , todos los que 
prefirieron el trabajo al aire libre á la tétrica inacción 



104 HISTORIA 

de sos encierros , se aplicaron á las obras públicas, ob- 
teniendo rebaja en sus condenas. A ellas aplicó el Mar- 
qués cuanto le correspondía en todas las multas de so 
tienapo. A las de los caminos contribuyeron proporcio- 
nalmenle con brazos de sus fincas los propietarios á 
quienes más interesaban para la salida de sus frutos; y 
para los demás en todas partes se cotizaron los pudientes 
nunca compelidos, sino espontáneamente y después de 
convencidos de la pureza que presidia á la inversión de 
sus ofrendas y de la utilidad común que habian de repor- 
tarles. «Son notorias á la Habana, dice el Marqués en 
su Memoria de gobierno , la formalidad y exactitud con 
que he hecho llevar y examinar las cuentas de todas las 
obras públicas. Mi cuidado en esta parte ha sido tan 
escrupuloso que, no contento con destinar para la admi- 
nistración de los caudales aplicados á dichas obras, veci- 
nos de los mas principales de las ciudades, no se ha he- 
cho pagamento sin mi decreto , constituyéndome á exa- 
minar por mí mismo las relaciones semanales y el mas 
mínimo gasto.» 

Entre los beneficios que procuró á la isla el Marqués, 
acaso fué el de transcendencia mas marcada su esmero 
en propagar la colonización por sus comarcas mas apar- 
tadas y desiertas. Ocurrióle ese proyecto al desempeñar 
un encargo muy recomendado por el Ministerio, el de 
reformar la Factoría de tabacos, dando una radical or- 
ganización al primer renglón de cultivo del país en 
aquel tiempo. 

El conde de Riela y Bucarely , sujetándose á instruc- 
ciones del ministro Squilace , habian modificado las con- 
tratas de Prado con los labradores de tabaco desde los 
{)rinc¡pios de su infausto mando. Consignábanse en los 



DE LA ISLA DE CUBA. 105 

situados quinieotos i»il pesos anuales para la compra ea 
rama de ese género; y solo en el cuatrienio de 1765 á 
1768, se remitieron á Sevilla quinientas sesenta y seis 
mil quinientas sesenta y seis arrobas de todas clases y 
precios. En los tres siguientes años continuaron aumen- 
tando las siembras y remesas, pero sin las necesarias 
clasi6caciones de hoja , y confundiendo la mala entre la 
buena , como si hubiera sido el solo objeto de la Facto- 
ría extender indefinidamente ese cultivo, sin mejorarla 
calidad de sus productos. Así es que en 1773 las exis- 
tencias en la Península excedían á su consumo menos 
generalizado que hoy entre sus habitantes. Al verse la 
fábrica de aquella ciudad embarazada luego con un so- 
brante de ciento ochenta mil quintales, recomendó á la 
Habana que se empezara á mirar más por la calidad 
que por la cantidad , y se limitaran y clasificasen las re- 
mesas. Una pretensión tan opuesta á la anterior para 
promover la extensión de las labranzas, hubiera ahora 
ocasionado conflictos y trastornos, sin la oportunidad 
€on que se apresuró el Marqués á disponer que se fue- 
ran las siembras extinguiendo en los partidos inmediatos 
á la Habana, donde pudiese el labrador destinar la tierra 
á otros cultivos con menos quebranto , y á prohibir que 
eo los demás se fueran aumentando. 

Imponía á los Grobernadores la Superintendencia de la 
Factoría de tabacos unos deberes tan nuevos como ex- 
traños á sus atribuciones y carrera. Para mejorar el es- 
tado 'de su contabilidad y sus operaciones ordinarias sin 
recurrir á ajenas luces, empleó las suyas el Marqués en 
estudiarla en todos sus detalles. Examinó libros de cuen- 
tas; recorrió á caballo los partidos de San Agustín , Go- 
bea , Santiago, Güines , Naranjas^ Yumury y Matanzas, 



4 06 IflSTOKlA 

donde aceleró la reedificación del castillo de San Seve- 
ríoo con la misma planta en que hoy se encuentra. De 
aquel estudio práctico, del minucioso y razonado infor- 
me que comunicó al Rey sobre aquel ramo , y de sus re- 
clamaciones á los vireyes del Perú y Nueva Granada, 
resaltaron muy ventajosas consecuencias á la Factoría* 
Se añadieron á su edificio * las oficinas necesarias para 
el reconocimiento y clasificación de las distintas especies 
de aquel género. Se consignaron den mil pesos más 
todos los años á sus cajas. Recobró gruesas sumas que 
de remesas atrasadas la estaban adeudando Lima y Santa 
Pé , y pagó todos sus alcances á los labradores. Quedaron 
suprimidos los molinos de tabaco en polvo de Matanzas 
y de la falda de la altura de Arósteguí , lo mismo que 
los fraudes que ocurrían en ellos ; y para ser mas vigi* 
ladas se reconcentraron en aquella sola localidad todas 
las operaciones del tabaco en rama y el molido. Mejora- 
ron las cualidades remitidas á Sevilla en cuanto se pu- 
sieron en planta esas reformas, al paso qué desde el pri- 
mer año de su aplicación obtuvo en la Habana aquella 
dependencia una economía de cincuenta y cuatro mil 
trescientos sesenta y un pesos en sus gastos ordinarios, 
después de cubrir los de la ampliación de su edificio. Es* 
tudiándose entonces las cualidades diversas de las hojas» 



* La casa de la Factoría, situada 
en el barrio de Je.«us-Maria, era vie- 
ja, may peqaeña é incómoda. No 
solo carecía de distribaciones para 
las oficÍDas , sino de almacenes para 
guardar los tabacos y de tendales 
para secarlos y asolearlos .... Pro- 
yecté, pues, nacer nueva casa, dán- 
dole la extensión necesaria ; fué 
aprobada por S. M. la idea , y se dio 



piinclpio á la obra en 28 de marzo 
de 1773. Se baila en el dia muy 
adelantada (13 de junto de 1777) y 
será on edificio de mucha hermosu- 
ra, etc Véase el párrafo 68 de laa 

Memorias ó Apuntes sobre las prin^ 
cipales providencias , etc. La Facto- 
ría no quedó terminada basta abrU 
de 1779. 



DE LA ISLA DE CUBA. 107 

86 discurrió laDoibieD coloaizar á la comarca de donde 
venia la mejor, annque la mas escasa , cuando permane- 
cían aun improductivas y yermas sus feraces vegas con la 
incultura , la despoblación y el abandono. 

La superior á todas las demás hojas en fragancia y 
calidad era la de algunas muestras que remitían varios 
labradores aislados en las orillas del Cuyaguateje , á 
mas de sesenta leguas al poniente de la capital y todo 
pueblo. Su soledad, la dificultad de comunicarse con la 
Habana, les obligaban á negociar sus cortas pero riquí- 
simas cosechas en la Laguna de Cortés ó en Sabana la 
Mar con algunos contrabandistas extranjeros, los únicos 
vivientes con quienes estuviesen en contacto. 

Aunque dependiesen de la parroquia que se habia 
fundado muchos años antes en una hacienda de crianza 

« 

apellidada Guane, impedían los pantanos y falta de caminos 
que la intervención del Gobierno y de la Factoría y aun 
la civilización alcanzaran hasta ellos. Para dar la primer 
vida á tal dfesierto entre la Habana y el cabo de San An- 
tonioy determinó el Marqués reconcentrar á todos aque- 
llos vegueros en un pueblo, y que un teniente goberna- 
dor representara á su autoridad en lugar conveniente y 
adecuado. Además de la idea de propagar con su funda- 
ción aquellas exquisitas siembras, proponíase incluir á 
sus cosecheros en la comunión civil y social de toda la 
isla, así como preservarlos de piraterías y aun de las es- 
torsiones de los capitanes de partido, siempre mas osados 
y arbitrarios, cuanto mas distantes de la primera auto- 
ridad. Comisionó el marqués de la Torre al licenciado 
D. José Varea, práctico de aquel país, para que recono- 
ciese y designase los límites de la proyectada jurisdicción^ 
escogiendo al mismo tiempo el asiento mas acomodado 



108 HISTORIA 

para la fundacioD del nuevo pueblo. Laidos ios informes 
del comisionado ante el ayunlamienlo con asistencia del 
intendente y los funcionarios principales de la factoría, 
declaróse aquel constituido en todo el vasto territorio 
que se extiende de N. á S. de la isla desde el rio de los 
Palacios y su meridiano hasta el extremo occidental ó 
cabo de San Antonio. La fundación del pueblo con el 
nombre de Nueva Filipina, derivado del patronímico de 
su fundador, se dispuso en la misma orilla del Cuyagua- 
teje sobre un asiento seco y ventilado junto á un pinar que 
desde entonces se llamó Pinar del Rio, y junto á una bu- 
milde ermita que servia desde principios del siglo de 
parroquia á las pocas familias domiciliadas en aquellos 
campos. De los dos mil seiscientos diez y siete individuos 
de toda edad, sexo y color que se enumeraron entonces 
diseminados en aquellos sitios, ocuparon desde luego 
mas de la mitad los solares que de orden del Marqués 
fué á repartirles su primer teniente gobernador el ca- 
pitan de dragones D. Antonio Fernandez. La Nueva Fi- 
lipina, llamada Pinar del Rio mas comunmente, no 
tardó en servir de matriz á Mantua, Guane y otros 
pueblecillos que el interés particular fué creando en 
asientos vecinos á otros puntos fértiles que el cultivo del 
tabaco iba ocupando. 

Aceleró el Marqués por otra parte la fundación del 
pueblo de Jaruco^ que desde algunos años antes estaba 
decretada sin cumplirse, dilatándola el mismo D. Fran- 
cisco Santa Cruz, p-irr'^r conde de ese titulo, aunque la 
bubie^'o solicitado como premio oc su lealtad y sus ser- 
vicios en el sitio y durante la dominación de los ingleses 
en la Habana. Estimulado ahora su amor propio por el 
capitán general , le acompañó á visitar aquel partido ; y 



LA ISLA DE CUBA. 109 

junios sefialaron las calles y la plaza que formao boy su 
planta ; pero sin que en mucho tiempo llegase su pobla- 
ción reunida á medio millar de almas. No le impidió al 
nuevo pueblo da Jaruco ese principio tan modesto ape- 
llidarse desde tuego ciudad con título y con armas , con 
jurisdicción y municipio. 

En dos viajes motivados por el asunto de tabacos ha- 
bia reconocido el Marqués, en el ameno y fértil partido 
de los Güines, excelentes condiciones para un pueblo. 
Con su patrocinio y sus estímulos se animaron á Tor- 
marlo en el risueño asiento que hoy ocupa , porción de 
labradores que vivian diseminados. Conforme luego con 
el modesto título de Villa , fué sin embargo muy supe- 
rior desde su cuna en vecindario y en productos á su 
limítrofe Jaruco, aunque le realzaran á este título y 
blasón mas caracterizados. 

Puestos en observancia los decretos de 1765, llama- 
dos del comercio libre, que abrieron alguna mas safída á 
sus productos, y favorecidos estos con muchas introduc- 
ciones de africanos, la agricultura de la isla, comparada 
con su antigua pequenez, habia tomado un desarrollo 
sorprendente. Vino á demostrarlo el resultado de su .pri- 
mer censo que se terminó en 1774 con ímprobo trabajo 
del Marqués y los tenientes gobernadores. 

En Cuba y sus islotes adyacentes resultó una población 
de ciento setenta y dos mil seiscientas veinte almas de 
toda edad^ condición, color y sexo, subdivididos de esta 
suerte : cincuenta y cinco mil quinientos setenta y seis 
varones blancos, y cuarenta mil ochocientas sesenta y 
cuatro hembras; treinta mil ochocientos cuarenta y siete 
negros y mulatos libres de ambos sexos; y cuarenta y 
cuatro mil trescientos treinta y tres esclavos, de los cua- 



1 1 o HISTORIA 

les había dos mil doscientos seis mulatos y tres mil tres- 
cieoias treinta y seis negras. Además de los empleados 
ea el servicio doméstico y oficios mecánicos, los indivi- 
duos de esta última clase estaban repartidos en trescien- 
tos treinta y nueve hatos ó grandes haciendas de crianza; 
en siete mil ochocientas y catorce grandes y chicas pro- 
piedades, entre potreros, haciendas de labor, vegas y es- 
tancias, y lo que es mas de admirar, en cuatrocientos 
setenta y ocho ingenios de azúcar, clase de predios que 
antes de la rendición de la Habana no sabia á doscien- 
tos. Solo nueve años de algún respiro mercantil y el es- 
mero del Marqués en promover la introducción de bra- 
cos, habian improvisado ese prodigio. Ese primer im- 
pulso que tomaba en la isla el mas remunerado ramo de 
su agricultura, debíase patentemente alas introducciones 
ya indicadas de negros, á los respiros mercantiles que 
desde 1765 habian estimulado las exportaciones y con 
ellas á los elementos que las producian; y debíase tumbien 
con evidencia al empeño y gestiones del marqués de la 
Torre en promover la introducción de brazos de labor. 
Solo-en 1774 entraron en la Habana, Matanzas y San- 
tiago dos mil y siete negros africanos. 

Desgraciadamente entonces á ese desarrollo de intere- 
ses materiales se sacrificaron en cierta manera los mo- 
rales hasta herirlos por un lado tan trascendental como 
sensible. Vedaba severamente una providencia, á la par 
humana y justa , que se revendieran los esclavos á mas 
precio del que con arreglo al tenor de sus asientos esta- 
blecían al introducirlos los respectivos contratistas. El 
mismo Marqués, en la Memoria de su mando, calificó 
luego de servicio público al único defecto acaso de su 
administración , el de haber obtenido con sus instancias 



DE LA ISLA DE CUBA. 114 

incansables « la derogación de una medida que protegía 
á esa casta desgraciada.» Ya muy deseados antes de tan 
impolítica mudanza para los usos de la industria y de la 
agricultura , !os negros de Cuba luego fueron siempre, 
después de la moneda , el valor que con mas frecuencia 
pasara de unas manos á otras ; y si la mayoría de sus 
cnitos pobladores los conservó ^ protegiéndolos como á 
hombres, la brutal codicia de muchos no losbabia de 
considerar mas que como una mercancía. Por la protec- 
ción del conde de Riela, un titulo residente en Cádiz, el 
marqués de Casa Enrile, obtuvo un privilegio para in- 
troducir negros en la isla en 1763; y desde este año 
hasta el de 1 779, importó hasta catorce mil ciento treinta 
y dos solamente por el puerto de la Habana. 

Contaba ya esta capital según aquel primer censo se- 
tenta y cinco mil seiscientos diez y ocho de todas clases 
de habitantes; diez y nueve mil trescientos setenta y cua- 
tro, Santiago de Cuba ; catorce mil trescientos treinta y 
dos. Puerto Príncipe; doce mil doscientos cincuenta, Ba- 
y amo; ocho mil ciento y tres, Villa Clara; ocho mil dos- 
cientos sesenta y cinco, Sancti-Spiritus; siete mil nueve- 
cientos noventa y ocho, Gnanabaco^; cinco mil seiscientos 
y catorce, Trinidad; tres mil doscientos cuarenta y nueve. 
Matanzas; tres mil ochenta y cinco, San Juan de los Re- 
medios; dos mil ochocientos noventa y ocho, Santa María 
del Rosario; dos mil seiscientos diez y siete, la recien 
creada jurisdicción de Nueva Filipina; dos mil cuatro- 
cientos y cuarenta, Holguin; dos mil doscientos veinte y 
dos, Baracoa; dos mil ciento treinta y dos^ Bejucal; mil 
ochocientos nueve, Santiago de las Vegas; quinientos 
treinta y seis , la ciudad nueva de laruco ; y solo se- 
tenta y ocho , la inculta isla de Pinos. 



112 HISTORIA 

Existía D eo toda la isla veinte y nueve mil quinientas 
ochenta y ocho casas de toda construcción y especie; no- 
venta templos, cincuenta y dos parroquias con cuatro- 
cientos ochent*a y cuatro eclesiásticos seculares , veinte 
conventos con cuatrocientos noventa y seis religiosos , y 
tres con ciento cuarenta y cinco monjas. 

Antes de publicarse esta primera, incompleta y redu- 
cidísima estadística^ de la isla, la administración de sos 
rentas que habia dejado regularizadas su primer Inten- 
denter D. Miguel de Altarriba , habia obtenido mejoras 
de importancia desde que por espontáneo regreso de 
este jefe á España habia entrado á sucederle , al mediar 
marzo de 1773, el tan inteligente como laborioso co- 
misario ordenador D. Nicolás ]osé Rapun, hombre de 
acción y de consejo, á quien escucharon con predilección 
Bucarely y Fonsdeviela. 

Desde la creación de la Intendencia se habían conser- 
vado la mayor parte de los antiguos impuestos introdu- 



* El abate Raynal extracta con 
fidelidad todos los guarismos de 
este primer censo, al referirse á 
Cuba en el capítulo XI del libro XII 
de sa Historia filosófica y poliUca de 
los Establecimientas y del Comercio 
de ¡os europeos en las dos Indias, 
Con igual exactitud publicó aquel 
autor eo esa misma obra , todos los 
datos estadísticos de las Antillas 
extranjeras, justiGcando que por 
este tiempo eii Jamaica y eo la parte 
francesa de Santo Domingo, los 
blancos de ambos territorios apare • 
cían en la proporción de 1 para 20 
individuos de color ; y que de esos 
Teinte, no había apenas dos libres b 
emancipados. Compárese esa pro- 
porción con la .de 2 blancos ¡tara 3 



de color que resultaron entonces en 
Cuba , y la de 2 libres para cada 5 
esclavos que había en la isla, cuando 
ana no se soñaba en suprimir el 
tráfico africano, y se reconocerá por 
la fuerza de los hechos , que los es- 
pañoles con la suavidad de su trato 
á sus esclavo > y las prácticas verda- 
deramente paternales con que les 
facilitaban medios de obtener sus 
cartas de libertad, fue ron en reali- 
dad los emancipadores de la escla- 
vitud, cuando los ingleses y fran 
ceses se esforzaban mas para mul- 
tiplicarla en sus posesiones j tra- 
tarla con tal severidad que de cada 
veinte esclavos solo pudiese liber- 
tarse uno 



k 



DE LA ISLA DB CUBA. 113 

déodose dos nuevos : el de alcabalas y los derechos so- 
bre el aguardiente que en su lugar se meDcionaron. Pero 
anoqoesu número aumentase y, entre grandes y peque- 
ños, recaudase el Fisco hasta cuarenta y uno de dife- 
rentes denominaciones, ganaron muciio el país y su co- 
mercio con que los bajeles exportadores de sus frutos se 
hobiesen libertado desde 16 de octubre de 1665 de los 
gravosos derechos de palmeo, toneladas, San Telmo, 
extranjería , visitas, reconocimientos de carenas , habí- 
lacíoDes, licencias para navegar y otras cargas consig- 
nadas en el absurdo reglamento de navegación que ha- 
bia regido desde 1720. El país y su comercio respiraron 
coaodo los almojarifazgos, ó derechos de import<)CÍon y 
exportación desús renglones principales, quedaron redu- 
cidos á un tres por ciento de los avalúos á la salida de 
España , y á un siete á la entrada en los puertos de 
Coba, En la isla el orden y la contabilidad adeluntaron 
mucho con que la recaudación y la distribución de sus 
impuestos se ejecutaran por unas mismas manos, y con 
qoe sus productos , mientras no diesen sobrantes para la 
metrópoli, se aplicaran á sus propias obligaciones y ne- 
cesidades. Mayor fué la bonanza para el fomento del 
azúcar cuando en 3 de mayo de 1774^ fué declarado 
libre de derechos á su introducción en la Península, 
como el carey, los cueros, so insignificante exportación 
de café y otros productos de la grande Antilla. 

Comenzaba ya la cera á figurar entre ellos. Aunque 
introducidas las primeras abejas en la campiña de la Ha- 
nana en 1763, su propagación habia sido tan rápida, que 
en 1773 ya no se gastaba en aquella ciudad para su culto 
y el alumbrado de la gente acomodada sino la que se ex- 
traía de sus propias colmenas; y se enviaban en ese año,. 

HIST. DB CUBA. — TOMO IH.— 8 



114 HISTORIA 

cinco arrobas de muestras para darla á conocer en mer- 
cados forasteros. En la cera reconoció la perspicacia del 
marqués de la Torre un principio accesorio de riqueza, 
y según lo manifiesta en la Memoria de su mando, da 
tomó á su cargo con particular predilección.» «Cuando 
el comercio de España , añade el mismo Marquéd , in- 
tentó que la cera de Cuba no se intl-odujese en Méjico, 
rebatí vigorosamente esta pretensión. Por bandos» por 
oficios y continuos consejos persuadí é invité á los habi- 
tantes (í que se dedicasen á establecer colmenas y aa- 
mentar la cosecha de cera proporcionándoles sujetos in- 
teligentes que tes enseñasen el modo de beneficiarla y 
blanquearla. Con repetidas instancias á la Corte conse- 
guí que la piedad del Rey redujese los derechos de la 
cera, que se sacara para las provincias de América á 
once reales y cinco maravedises de plata por arroba. Yí 
loi^rado el objeto de mis diligencias; pues en el año de 
1 776 se ha extraído de la Habana , después de surtida 
la isla y donde se hace un consumo excesivo de esta es- 
pecie, veinte y un mil ciento ochenta y siete arrobas.» 

Fuerza era que creciese el movimiento mercantil al 
compás y proporción que la agricultura y otras mejoras 
saludables. La Habana que» sofocada entre tanta corta- 
pisa comercial, tenia que resignarse algunos años antes 
á abastecer su mercado con catorce ó quince cargamen- 
tos en cada uno^ con la misma violencia de su savia em- 
pezaba á quebrar sus tapaderas. Aunque aun la oprí- 
miau muchas, ya en 1774 recibió y despachó para am- 
bos continentes doscientas diez y ocho embarcaciones; 
en el de i 775 doscientas diez ; en el de i 776 ^\ dos- 

w Véanse los Apuntes tobre las principales providencias. 



DB LA ISLA DE CUBA. 41 & 

dientas treiota y cinco; y en ese trienio de feliz pre* 
ludio , ya mas de cinco mil buques menores circula- 
ron entrando y saliendo por su bahía, todos emplea- 
dos, ya en el cabotaje de sus costa*?, ya con las pesque- 
rías de la Sonda de Campeche» y y« ^.portando maderas 
de construcción al Arsenal. 

Las incesantes faenas de esta dependencia las dirigía 
desde la muerte de Colina el jefe de escuadra D. Juan 
B. Bonet ^^, segundo comandante general del Apostadero 
y de las fuerzas navales en América. Consideraba^ ele en 
la Armada como una especialidad para dirigir las cons- 
trucciones. Independiente á la sazón de la primera auto- 
ridad de Cuba y de igual grado militar que el Marqués, 
inleotó Bonet rivalizar con él, no concurriendo á sus be- 
samanos en los dias de gala y celebrándolos separada- 
mente con sus aforados. Creaba esa rivalidad dos autori- 
dades émulas donde tanto importaba que siguiera siendo 
ana superior á todas. Exigió luego^ aunque en vano, que 
le hiciesen las guardias de la plaza los mismos honores 
que al Gobernador, y no desperdició ocasión de susci^ 
Carie competencias^^. Y fué lo peor que, no disimulando 



*^ Véanse sas apuntes biografíeos 
j noticias en las páginas 188 y 189 
del tomo I del Dic. Geog, Hist, Est. 
de Cuba por el A , y on el tomo I de 
la Bibl. Mari. Española^ por D. Mar- 
tin Fernandez Navarrete. 

{*') Véase en el archivo de la ca- 
piunia general (legajos de 1775) el 
sigDíente párrafo de ana comnoica- 
cioD del Marqués al ministro de In- 
dias, en 2 de diciembre: « ¿Se 

ha de privar á esta capitania gene- 
ral de las preeminencias que gozan 
todas las otras, de las que ella mis- 



ma tía poseído como característica^ 
de un mando de esta clase? Vi- 
sitó Bonet al obispo é intendentes, 
poniéndoles en la precisión de cor- 
responderles para lograr de este 
modo verse cumptimentadocomo el 
capitán general y no diferenciarse 

de él, que es todo su empeño La 

penetración de V. E. comprenderá 
cuan doloroso me ha de ser que en 
mi tiempo se verifique este desaire 
de los empleos con que S. M. ba 
honrado mi persona. Mas quisiera 
yo que ella fuese el objeto de los ti- 



116 HISTORIA 

Booel su objeto á nadie, llegasen luego á perjudicar á 
todo el pueblo los resultados de una enoulacion tan pue- 
ril coaio indiscreta. Llevó su espíritu contradictor Bo* 
nct hasta cerrar al público la saJida dei recinto por la 
puerta del arsenal abierta en todo tienapo para todos. E( 
Marqués, por sostener los fueros de su cargo, oaandó á 
su vez cerrar la puerta de la Tenaza, la única salida que 
por la parte noieridional tenia la plaza. Hasta que resol- 
vió la cuestión el Ministerio, se redujo el tránsito del ve- 
cindario circunscrito á dos únicas puertas, teniendo I» 
nufuerosa naaestranza de aquel establecimiento alojada 
en la ciudad que dar largo rodeo para asistir á sus ta- 
lleres. Dio margen tan risible desacuerdo á una corres- 
pondencia^' entre los dos generales tan curiosa por la 



ros del comandante de marina, pero 
no es así. En lo parlícular guarda 
conmigo una regular corresponden- 
cia, sin darme margen á senlimien- 
tos. No^ vemos bastantes veces; me 
favorece con exi>resiones de amis- 
tad, y el dia ti de noviembre me 
estuvo á visitar 'arf^o rato por la no- 
che, cuando ya tenia meditado ha- 
cer una sensible herida á mi autor!-- 
dad. Esta le es insoportable, y se 
ha propuesto que ha de haber una 
perfecta iguaUfad entre el capitán 
general y el comandante de la es- 
cuadra, aun dentro de It ciudad, 
que es el centro del mando del pi i- 
mero.» 

*^ Véase en el archivo de la secre- 
taria de la capitanía general (legajos 
de 1773) la siguiente comunicación 
dirigid» por Bonet al Marqués , en 
18 de julio : « Por el oficio que V. S. 
se sirvió pasarme ayer roche esioy 
enterado de que desde boy quedará 



cerrada la puerta de la Tenaza, des- 
tinada al servicio y comunicación 
del arsenal con esta plaza, debiendo 
los operarios y demás individuos de 
la fábrica dirigirse por la de Tierra 
al astillero; de cuya madura pro- 
videncia doy á V. S. las mas expre- 
sivas gracias , persuadido de que los 
que se interesan como yo en el 
acierto de las satisfacciones de V. S. 
tendríamos la de verla aprobada por 
S. M. á vuelta del correo que le 
corresponda. Dio?, etc. = Juan B. 
Bonet. » A este mensaje del sarcás- 
tic'i Bonet, redactado en castellaho 
afrancesado, replicó el Marqués en 
el mismo dia lo siguiente en caste- 
llano muy puro : « Retribuyo á V. S. 
las mismas gracias que se sirve dar- 
me por la madura providencia de 
haber mandado cerrar la puerta de 
la Tenaza; pero como ha recaído 
sobre otras juiciosas disposiciones 
de V. S., no dudo quesean estas las 



i 



DE LA ISLA DE CUBA. 117 

inOexibilidad del ano^ como por el espíritu sarcástico del 
otro. Empeoró Bonet^* su causa llegando hasta á insultar 
á la escolta del Marqués en un paraje público. Pero sa- 
lió de todas sus competencias mal parado, estrechándole 
las desfavorables resoluciones del gobierno á la mortifi- 
cación de desagraviar á su competidor en su morada 
misma. Ya por declararle superior á Bonet del modo 
mas visible, ya por premiar S'js servicios y su afán de 
acierto, promovió el Rey á teniente general al marqués 
déla Torre en 1774, precisamente cuando mas serias 
andaban las cuestiones entre aquellos dos funcionarios. 
No le impidieron al Marqués esos disgustos personales 
resolver con Bonet oficialmente asuntos de importancia 
que requerían su múiuo acuerdo. Multitud de disposiciones 
habian dictado sus antecesores, esencialmente Güc^mes y 
Bucarely, sin conciliar de una vez la conservación de los 
arbolados con los corles de maderas en los lugares mas 
convenientes para extraerlas. Después de largas delibe- 
raciones, arreglaron esas dos materias el Capitán Gene- 
ral y el del apostadero, conciliando la conservación de 
las escogidas para la construcción naval con la libertad 



qae se lleven todo el mérito de las 
satisfacciones que V. S. me anun- 
cia; y mientras tanto quedo yo con 
la de DO baber escaseado ni omitido 
medio alguno para conciliar el pres- 
tigio de mi aatoriiiad con el mejor 
servicio de S. M. Dios, etc.» 

'* En la tarde del 26 de mayo de 
1774 los dos dragones batidores de 
la escolla del Marqués que iba de 
paseo en coche, al pasar junto á la 
alameda de Paula obligaron á una 
<»lesa de mala apariencia á hacerse 
á an lado para dejar el paso libre al 



capitán general , no presumiendo 
que estuYÍese en aquel vehículo el 
comandante general del apostadero. 
Al reconocerle , el Marqués mandó 
con exquisita urbanidad que se de- 
tuviese su coche para que siguiera 
adelante la calesa 6 volanta; pero 
Bonet, en lugar de agradecerle esta 
atención, llamó picaros é insolen- 
tes á los dragones; y siendo el he- 
cho publico, tuvo que producir queja 
de oQci:) al capitán general el coro- 
nel de aquel regimiento D. Antonio 
Raffeliii. 



118 ^ HISTORIA 

de los habitantes de cortar las que oecesitaren para fa- 
bricar sus edificios y otros usos. Vieodo el Marqués que 
el cedro, la madera mas estimada para los bajeles, seso- 
lia desperdiciar eu envasar azúcar, prohibió esta prác- 
tica con consulta de las demás autoridades y promovió 
que un especulador de Nueva Orleans se hiciese cargo 
por contraía de surtir de envases de pino á todos los 
hacendados de la isla. 

El abasto público de carnes aun andaba mas desorde- 
nado que lo de maderas. Desde que en el siglo xvi 
había el ayuntamiento de la Habana mercedado tierras» 
las habian recibido los beneficiados con la obligación de 
contribuir por turno á la provisión de aquel artículo en 
el pueblo. Mas para aliviarse de esa carga no faltaron 



nunca*' ganaderos que ocultaran maliciosamente el gua- 
rismo exacto de sus reses, obligando de esa suerte á 
contribuir al abasto con mayor número de las que debían 
tocarles á los que declaraban con verdad y buena fe las 
que tenian. Llamábase á aquel turno crueda» » cuya des- 
igualdad de movimientos obligaba á quejarse á los que 



*> Para obtener el Marqaés los 
datos esiadisticos de las fincas ru- 
rales que necesitó para decretar el 
orden de los suministros de carnes, 
tuYO que luchar con la oposición 
de los dueSrs de hatos y corrales, 
y sobre todo , con la del eonde de 
MacnrlJesD. Lorenzo Mental vo,''qtie 
por sus servicios y su gran posición 
más aun que por su fuero de mari- 
na, pretendió que no debia com- 
prenderle una disposición general. 
El marqués de la Torre , después 
de guardarle todas las considera- 
ciones personales que se merecía, 
le impuso una multa de 600 pesos, 



por haberse negado á presentar una 
noticia del ganado de su corral 
San Rafael y acompañado su nega- 
tiva de una comunicación acre y 
descompuesta. De este incidente 
dio cuenta el Marqués al Ministe- 
rio , que la resolvió con plena sa- 
tisfacción de su autoridad, como 
todos los demás que habian ocurri- 
do con Bonet. Véase en el archivo 
de la secreteria de la capitanía ge- 
neral de la isla (Le^iajos de 1774) la 
minuta de la comunicación dirigida 
por el Marqués al ministro de 
Indias. 



DB LA ISLA DB CUBA. 119 

lastimaba. Corrigió aquel abuso el Marqués formaudo 
Dueva rueda^ ÍDcluyendoeD ella á cuantos criaban gana- 
do en tierras mercedadas, obligándoles á presentar de- 
claraciones juradas de sus reses, y ordenando á los pe- 
dáneos que le remitieran otras reservadas de las de cada 
hacienda. Por este medio averiguó en 1773 porción de 
fraudes; no dejó ninguno impune y desapareció en el 
resto de su mando aquel desorden. 

Reforma mas subsistente y provechosa promovió Fons- 
deviela dando en menos de tres años un aumento extra* 
ordinario á los propios de la capital y de los otros pue- 
blos. En sus repetidos debates con Bonet hizo valer dere- 
chos de la ciudad que estaban confundidos ú olvidados; 
y enriqueció de un golpe á su común con el arbitrio de 
lanchas para el servicio mercantil de la bahía que arren* 
dó en ocho mil quinientos setenta y cinco pesos anuales* 

No alcanzaría un volumen á explicar las reformas y 
liberales disposiciones del Marqués en la aplicación de 
los bienes de jesuitas» en la fundación del seminario de 
Sao Carlos de la Habana, que consiguió en so tiempo el 
obispo Hecha va rrfa y en todos los ramos de administra- 
ción ó de gobierno. 

Al reprimir el contrabando con mas tino y resultados 
que sus antecesores, rebatió las pretensiones de rivalidad 
en el gobierno civil que le produjo el gobernador de 
Santiago de Cuba Ayanz de Ureta ^^, y le forzó á enviar 
presos á la Habana á que sufrieran arresto en un castillo 

'* lias representaciones del Mar- tiago de Cuba hubiese de estar 

qués á ia Corte pusieron término siempre en adelante subordinado al 

¿ competencias de mas de siglo y capitán general en todos los con- 

medio, decretándose por el Rey, con eeptos , menos en lo judicial y con- 

cousnlta del Consejo en 15 de marzo tencioso. 
de i 775 que el gobernador de San- 



i 22 HISTORIA 

En la primavera de 1774, regresó el general D. Sil- 
vestre Abarca á la Península, dejando en el país con lales 
obras un imperecedero recuerdo de su nombre. Para re* 
matarlas y emprender luego oirás, sucedióle en lan hon* 
roso cargo el brigadier de ingenieros D Luis Huet, que 
reformó, de acuerdo con el marqués de la Torre, el pro- 
yecto formado por Abarca para la fortificación de la loma 
de Aróslegui, que se llamó castillo del Principe; postrer 
obra principal de las que requerid el plan do defensa 
qne puso en planta Hiela Hasta que pudiera coronarse 
aquella elevación con defensas permanentes, habíala el 
Marqués fortificado con obras provisionales en ocasión 
de recelar el Rey de pasajeros desacuerdos con el ga- 
binete inglés, que pudiera renovarse la pasada guerra. 

Aunque disminuido el número de peones con cuatro- 
cientos noventa y dos presidiarios que había licenciado 
el Marqués desde 1 772 , segua iban cumpliendo sus 
condenas» á principios ^e agosto de aquel año se tras- 
ladaron á aquella posición la mayor parte de las briga- 
das que habian construido las otras fortalezas. Luego se 
emprendieron latebras de la nueva , esmerándose Huet 
en que si se sobrevenían otras hostilidades^ sirviera para 
fuerte provisional lo que se adelantaba para el perma- 
nente. Aunque no se aceleraron las obras del Príccipe ó 
de Ardstegut con los peones y recursos (|tte las otras, en 
menos de tres años vio la Habana alzarse , ya casi dis- 
puesta para la defensa , una soberbia cindadela, que cu- 
briendo sus aproches á tres mil cuatrocientas varas de 
su recinto por el O. y á dos mil de la embocadura de la 
Chorrera , privaría á su sitiador de la sola agaa potable 
de sus cercanías. Apareció desde luego siendo lo que hoy 
es: un pentágono irregular con dos baluartes, dos semi- 



DE LA ISLA DE CUBA. f23 

baluartes y un rediente circuidos de anchos y profundos 
fosos: con una vasta galería aspilierada para fusilería en 
la contraescarpa 9 un camino cubierto, dos excelentes 
rebellines y las convenientes galerías de minas, con 
cuarteles , á toda prueba abovedados , para una nume- 
roí^a guarnición^ almacenes, algibes y cuantos acceso- 
rios necesitase una defensa indefinida. Dominando en la 
circunferencia de su alcance á todos sus contornos, no 
pcdrian á sus fuegos oponerse cercanas paralelas sin 
grandes sacrificios de labor y sangre. 

Resquebrajada con el huracán de octubre de 1768 la 
cortina de muralla que se extendía del muelle de San 
Francisco á la puerta de la Machina , se desmanteló en 
gran parte con otro temporal menos sañudo» pero mas 
extenso y duradero, que se hizo sentir por toda la isla en 
los días 4 , 5 y 6 de agosto de 1772. El Marqués la 
hizo reedificar toda con sillares escogidos. 

Para excusar los inconvenientes que resultaban de que 
la antigua puerta de la Tenaza sirviese de comunicación 
con el Arsenal, mandó abrir otra entre los baluartes de 
Sao Isidro y de Belén, que se denominó la de la Facto- 
ría, conduciendo de allí á esta dependencia una anchu- 
rosa y sólida calzada que se hizo por el mismo tiempo. 

No siendo ya suficientes los antiguos almacenes de 
pólvora para los repuestos que la amplitud dada á la 
plaza reclamaba , edificóse uno mayor que todos ellos^con 
capacidad para hasta ocho mil quintales entre el río 
Lnyanó y el fuerte de Atares. 

La penuria de su tiempo y la poca importancia que 
tenia Matanzas hablan reiraido á Bucarely de la reedifi 
cacion de su castillo de San Severino demolido desde fin 
de agosto de 1762. Con el solo fin de impedir que ocu- 



1 24 HISTORIA 

para á aquel puerto el enemigo en un caso de guerra, 
ordenó después de reconocer el misnao Marqués aquella 
bahía» que se reconstruyese su antigua lórtificacion bajo 
un proyecto que trazó D. AgustinCrame. Aninaóle á esta 
determinación cierto legado de P. Mifi;uel José Contra- 
ras^ canónigo de Valladolid de Mechoacan y natural de 
la Habana. A expensas de esa manda se pagaron los 
veinte rail cuatrocientos noventa y cuatro pesos á que 
ascendieron los jornales de los peones y operarios libres 
empleados en aquella reconstrucción. El Gobierno costeó 
los demás gastos, los materiales é instrumentos. Compú- 
sose el nuevo fuerle de San Severino de un cuadrilátero 
de unas cien varas exteriores. En el centro de sus tres 
caras á tierra formósele un recinto con torre y un ca- 
mino cubierto por muros de contraescarpa. Por su cara 
al mar se reforzó su defensa con una batería rasante lla- 
mada plataforma de San Juan^ que se extiende de un án- 
gulo á otro en ese fuerte para hostilizar el paso de los 
buques que intentaran forzar la entrada de aquel puerto. 
Esta reconstrucción duró dos años. 

Necesitó de mas labor y tiempo la del castillo del 
Morro de Santiago de Cuba, emprendida por dispo- 
sición de Bucarely al terminarse su gobierno. Lo habian 
cuarteado todo los temblores de tierra del verano de 
i766, precisando luego á demoler gran partede sus obras, 
y los empezó á reconstruir con solidez muy superior á la 
que tuvieron antes ^el coronel de ingenieros D. Agustín 
Crame , enviado á aquella ciudad con ese encargo. Al 
morir allí por julio de 1775^' el gobernador Ayanz de 

" Su residencia fué tan complica- de aquel mando en 20 de diciembre 
da, comprometió ¿ tantas personas, de 1776 el coronel D. José Tcntor» 
que poco después de tomar posesión capitán de guardias españolas, tuvo 



DE LA JSLA DE CUBA. 125 

Ureta » quedaban termioados lodo lo interior de aquel 
reciato y sus demás defensas artilladas. Poco antes se ha- 
bían abandonado en aquella costa como innecesarias las 
balerías de Juragua y de Juraguacita formadas por don 
Francisco Cagigal después de la invasión de Vernon. En 
el cayo de la bahía de Santiago, llamado de Ratones , se 
fabricó un nuevo depósito de pólvora. Activó los progre- 
sos de aquellas obras con viveza el capitán de guardias 
coronel D. José Tentor que vino á reemplazar á Ureta, 
en 9 de noviembre de 177d» para morir también sin 
cumplir dos años en aquel gobierno. 

Era el único cuartel de aquella plaza un vasto bastión 
con techumbre de paja, que sin resguardar á la tropa 
del agua y polvo, amenazaba al primer descuido de in- 
cendiarse. Dispuso el Marqués la construcción de otro 
mejor en varios solares inmediatos al convento de San 
Francisco, que estaba en parte aspillerado y cuyos mu- 
ros exteriores, destruidos por el terremoto de 1776, se 
levantaron. 

El 5 de marzo de 1776 sufrieron la administración 
de la isla y las reformas una grave pérdida *^ con la, del 
intendente Rapun , que falleció de disentería , hombre 
como lo caliGcó Armona «de manos y cabeza», que prin- 
cipal aiente lo facilitaba todo para ejecutarlas. El mar- 
qués de la Torre hizo ocupar su puesto , sin que alean- 



qae formar varias causas por abu- *' En la comanicacíon en que dio 
sos, atropellos j desobediencias á cuenta el Marqués al ministro de 
los principales amigos de Ayanz y Indias en 7 de marzo de i776, es- 
principalmente contra los regidores cribió entre otras cosas: «que era 
D. Esteban Palacios y D. Juan Fran- llorado por sus excelentes prendas 
cisco Creagh; y de orden del Mar- como Intendente y como particu- 
qués de la Torre vinieron presos al lar». 
casUlIo del Horro de la Habana. 



4 26 HISTORIA 

zase á llenar todo su hueco, al comisario ordenador y 
administrador de rentas D. Juan Ignacio de Urriza , an- 
tiguo cónsul de Burdeos y encargado luego del Fisco en 
la Luisiana. 

Desde 1 7 de agosto de ^ 772 , había declara(Jo Car- 
los III á esta provincia dependiente en todos los ramos 
de gobierno de la capitanía jgeneral de Cuba, compren* 
diéndola también en su jurisdicción eclesiástica una bula 
del Pontífice. El obispo Hechavarria estableció como 
vicario suyo al P. Dagobert, religioso de virtud y pres 
tigio en Nueva Orleans; y las instrucciones del marqués 
de la Torre ayudaron á su gobernador D. Luis de Un- 
zaga, tanto como la prudencia y el enlace de ese jefe con 
una de las primeras familias Luisianesas, á desvanecer 
las preocupaciones que contra los españoles abrigaban 
aquellos extranjeros. 

Promovido el brigadier Unzaga *^ al gobierno de Cara- 
cas en 43 de setiembre de 4776, á fin de ese año le su- 
cedió en el de Nueva Orleans el joven coronel del regi- 
miento de este nombre D. Bernardo Galvez^% cuya ín- 
dole feliz y su matrimonio con una hermana de la esposa 
de su antecesor acabaron de convertir en verdaderos es- 
pañoles á los que habian repugnado tanto serlo. Se acer- 
caba el tiempo de sacar grandes ventajas de esa mudanza 
favorable en la opinión de aquellos nuevos subditos; y. 



^* Véase sa única biografía en la 
l'ág 631 del tomo iV del Dice. Geog, 
But. Est. de Cuba por el Aulor. 

^ Aunque en la biografía de Gal- 
ves, entre las páginas 381-383 del 
IHgc, Geog. Bist. Ett., por el Autor, 
se corrigieron la mayor pane de 
los errores de otras biografías na- 



cionales y extranjeras de este gene- 
ral, se reprodujo el de apuntar que 
se había casado con doña Adelaida 
Saint-Maxent. Esta señora se llamaba 
doña María Adelaida de Rstrehan, y 
era viuda de Saint-Maxent y la prin- 
cipal| propietaria de Nueva Orleans 
cuando se casó con Galvez. 



DE LA ISLA DE CUBA. 427 

aunque en resámen , ahora explicaremos otra infioita* 
mente mayor que ya estaba entonces conmoviendo á todo 
el vasto litoral qac se extendía desde aquella Hueva po- 
sesión de España basta el norte del bemisferio ame- 
ricano. 

Ese inmenso territorio que desdeñaron los españoles 
de la conquista , como ruin y frió , y en realidad porque 
no bastaban sus brazos para tantas tierras , presentaba ya 
ai mundo civilizado un elocuente ejemplo de lo que 
puede obtener la especie humana con la industria y la 
perseverancia. Lasprimitivas colonias de Virginia, funda- 
das á fines del siglo xvi por algunas asociaciones de 
ingleses, con poca ayuda de su gobierno, sirviendo de 
asilo en el xvii á muchedumbre de sectarios y emigra- 
dos por todas causas y creencias , sin minerales ni ri- 
quezas aparentes , llevaban mas oro dado á sus agri- 
cultores que á España el Perú y Méjico. Dependiendo 
menos por deber que por propia conveniencia de una 
metrópoli á la cual solo debian la persecución de sus 
primeros pobladores, dejábanse presidiar de guarnición 
inglesa , así por no gastar en fuerza armada , como f or 
asegurarse la protección de una bandera poderosa ¿ Li- 
bres de impuestos y gravámenes, debian ya á mediados 
del siglo xviii, un desarrollo prodigioso á la laboriosi- 
dad de sus colonos 9 á una ilimitada libertad de cultivos 
que sin cesar los aumentaba, y á sus constantes fran- 
quicias comerciales. Por ese tiempo , incluyendo los es- 
tablecimientos fundados por Ogiesthorpe en la Carolina 
y la Georgia^ en una faja de mas de doscientas leguas de 
costa y treinta de ancho, solo los campos cultivados de 
aquellas colonias ocupaban un perímetro mayor que el 
de los tres reinos unidos de la Gran Bretaña. Tres ciu- 



1 28 HlSTOHIA 

dades tan populosas como las mayores de la Amarina 
española , Boston al Norle , Nueva York y Filadelña mas 
al mediodía, eran lambíen las mas adelaoladas del 
nuevo continente en todo lo fabril y lo industrial, alzán- 
dose junio á soberbios fondeaderos y sobro topograRas 
aventajadas. Otras muchas poblaciones, en puertos casi 
todas, abrían amplia salida á las maderas, granos, cue- 
ros, grasas y resinas que producía con profusión su ter- 
ritorio. Dividíase ya en doce estados ó provincias llama- 
das Nuevo Hampshire, Massachussels, Rhode Island, 
Conneciicut, Nueva Yorck, Nueva Jersey, Delaware, 
Pensil vania, Mariland, Carolina septentrional, Carolina 
meridional y Georgia. A su vez subdivididas en conda- 
dos, ya las fecundaban tres millones doscientos y cin- 
cuenta blancos y setecientos cincuenta mil esclavos: 
porque esa Inglaterra , tan represora hoy del tráfico 
africano, lo extendió entonces como ninguna otra poten- 
cia en sus dominios. 

En su anterior guerra contra Francia y España sus 
presas, sus conquistas y aun las ventajas que logró por 
el tratado de Versalles, distaron mucho de resarcir á 
aquella nación de las mermas que su erario había sufrí- 
do soteniéndola siete años. Después de abrumar á los 
tres reinos de nuevos impuestos y gabelas, en mal hora 
discurrió el parlamento inglés extenderlos á una región 
ultramarina que se había sobrado á sí misma sin pagar 
ninguno. El del papel sellado, aunque suprimido luego que 
se reconoció su mal efecto, y los derechos de introduc- 
ción del té , planta (an usual ya en aquellas provincias 
como en su madre patria, engendraron un tumultuoso 
descontento en todas ellas. Las milicias y cuantos tenían 
armas en el país las empuñaron en defensa de su líber- 



DE LA JSLA DE CUBA. 129 

lad y fueros volDerados; y do lejos de Bostón, en Lexio* 
groQ, eH 9 de abril de 1 775 ^\ ocurrió el primer acto dé 
la lucha de los iogleses cod sus hijos. Impulsados por 
Qoa misma causa, uoos mismos íulereses y uo mismo 
seniimíeolo, doce Juntas de los doce E>tados se reunie- 
ron ¿ protestar contra aquellas medidas represivas; y 
luego se constituyeron solidarias de la rebelión de Boston 
enviando diputados que formasen un congreso en Fila- 
delfia para proclamar la confederación republicana de 
sus lerritorioSy y para preparar y organizar en el país lá 
resistencia contra su metrópoli. G)Rfíó este congiesoel 
mando de las fuerzas á un antiguo milKar del estado de 
Yirginia, Jorge Washington, que, después de acreditarse 
como organizador convirtiendo en poco tiempo á labra- 
dores en soldados, logró con su superioridad numérica ir 
acorralando en Boston á los seis mil mgleses que man- 
daba Gage» y obligarlos por el hambre A que se embar- 
casen para Terranova el 24 de marzo de 1776. La In- 
glaterra entonces se apresuró á armar inipas y bajeles, 
y ia nueva república á proclamar su absoluta indepen-» 



^ Acaso sobre ningnna guerra imparcial hlad del autor, y la Bis- 
del mundo se habrá escrito tanto, toria ie tot Etfadot- UnidoM , por 
tan apasionadamente y en sentidos Jorge Bancroffí. Pero ninguno ba 
mas dítersos como sobre la guerra resumido aqufi'os sucesos con el 
de la Independencia de los Estados- tino que César Cantü en su exce-. 
Unidos de Ám* rica. Entre las Infi- lente H sioria de cien añ^t^ ni joz^ 
nitas publicaciones que tratan de gado con mas exactitud ia« causas 
tan gran asunto, ocupan el primer y las consecuenc'as de la nueva era 
logir por la autenticidad de sus que abrieron entonces pnra toda 
noticias, las Memorias y Correspon- América. Tarol)ien merecen leerse 
denda de Tb. JefTerson , sucesor de los curiosos aniculos y estudios que 
Washington en la presidencia de con el titulo de Orígenes tíe U Re 
loa Estados» las Memerias de Lafa- púbftea de hs Estada- Unidos pm- 
yette, mas ricas en documentos bli<'.ó ia Beoue Britanniq^ie en se- 
que eo la elevaeioD de conceptot é tiem'ire y octubre de 18fl6. 

BIST. DB CüBá.^TOMO ¿11. — 9 



4 30 HISTORIA 

dencia en el congreso de Filadelfia el 4 de jalio de aque! 
año. Enviaron los insurrectos á implorar el apoyo de la 
Francia contra las iras de aquella potencia al mas inte- 
ligente de todos ellos, á aquel Franklln, autor de un in- 
genioso invento, y al pié de cuyo husto escribieron sus 
admiradores una enfática lisonja en este lema: «Quitó al 
cielo su rayo, el cetro á los tíranos. » Pero antes de que 
su misión obtuviese éxito, doce mil ingleses mandados 
por aquel Howe á quien vimos distinguirse en el asedio 
de la Habana» desembarcaron en Long Island á fin de 
agosto y se apoderaron en el siguiente mes de Nueva 
Yorck y de su territorio sin que consiguiera estorbárselo 
Washington con más de dobles fuerzas. A pesar del entu- 
siasmo de los veinte y cinco mil milicianos de su ejérci- 
to , arrojaban sin dispararlos sus fusiles ante las huestes 
veteranas* Un mes fué suficiente para que la deserción 
los redujese á una décima parte de aquel número y tu- 
viera Washington que refugiarse por la izquierda del 
caudaloso Delaware con poco más de dos millares de 
hombres. Mientras que el general republicano, cifrando 
ya su última esperanza en esas dilaciones tan favorables 
á los que defienden su país como perjudiciales á los que 
lo invaden, se fortificaba en Eingsbridge, detenia á Howe 
en Nueva Yorck la crudeza de la estación y la falta de 
recursos; é impidiéndole sofocar la insurrección en su 
misma cuna, en Filadelfia, se pudo robustecer y organi- 
zar mejor su resistencia. 

Interesaban á las posesiones españolas muy de cerca 
eslos sucesos para que, gobernando una de las mas ve- 
cinas de su escena , no los observase el marqués de la 
Torre con suma vigilancia. Por febrero de 1777 envió 
al Guarico al coronel de dragones D. Antonio Raffelío, 



\ 



\ 



DE LA ISLA DE CUBA. 13l\ 

I 

quecoo su DacímieDto francés y so sagacidad, motivan- 
do SQ excursión con asuntos personales, se relacionó allí 
con el mismo emisario de los anglo-americanos insurrec- 
tos y le facilitó á su general una fíel correspondencia con 
aquel pueblo. Para la Florida á la sazón inglesa, y para 
Kingston eo Jaimaca, despachó igualmente el Marqués 
en so tiempo á dos'esploradores diestros y veraces, don 
Luciano de la Herrera ^ y D« Juan Miralles, á quien por 
90 moerie ocurrida pocodespoeseoFíladelfia, reemplazó 
con D. Manuel Odoardo. 

Sin embargo, por la atmósfera de Cuba no asomaba 
una nobe en ese tiempo. El número de sos ingenios se 
aomeotaba con frecuentes entradas de bajeles mercantes 
y de negros. Sus obras militares y civiles progresaban 
al impulso de la inteligente actividad que las creaba. 
Guardaban perfecta disciplina sos foerzas veteranas, cuya 
dotación se habia auiuenlado con un regimiento más al 
rematarse la Cabana. Empezaba en los dos pueblos prin- 
cipales á tener vida la enseñanza pública con la funda- 
ción del seminario de San Garlos en el antiguo colegio de 
Jesuítas y á expensas de sus bienes, con varias reformas 
de la universidad y las mejoras que estableció el obispo 
Hechavarría en el seminario de San Basilio de Santiago. 
los productos de las rentas, tan mezquinas pocos años 
antes, se acercaban ya á un millón de pesos. Lucianal ter- 
minar el mando del Marqués los primeros albores de la 
regeneración social y material de Cuba, menos con las 
reformas conseguidas por el mismo, que con las que dejó 
marcadas á sus sucesores como obligatorias. Muchos 

** Toda la correspondencia de los tania general de la Habana, y sas 
tres comisionados se conserva en el legajos de 1777. 
archivo de la secretaria de la capi- 



• 4 32 HISTORIA DE LA ISLA DB CUBA. 

nombres se presenlao brillaodo en mds vastas escenas eo 
ia voluminosa colección de liluñoz y en los archivos de 
Indias; pero ninguno íe aventajó á aquel general en en- 
sanchar la su^a, en comprender la Índole del gobierbo 
ultramarino en sus conjuntos y en corregirlo en todos sus 
detalles. 

Asi termina la memoria que de su gobierno entregó á 
su sucesor al traspasárselo: c Defectos temo que se en- 
cuentren en las operaciones de mi mando; pero me coti- 
suela la seguridad de que no han nacido de omisión, ni 
malicioso intento. Los conatos y el esmero que he dedi- 
cado al mejor servicio del Rey eran una obligación in- 
separable de quien sobre otras singulares honras recono- 
cia todo el valor de su confianza; y los desvelos que ñoe 
ha merecido el bien de la isla han provenido, no solo de 
mis geniales impulsos, sino del respeto, de la afición y 
de la docilidad que he experimentado en sus habitantes. 
Han seguido mis deseos de modo que el cumplimiento de 
unos reglamentos y bandos ha sido estímulo para pro- 
mulgar otros. Debo confesar que el carácter de los sub- 
ditos me ha hecho llevaderas las pensiones del mando. 
Uno ú otro desagradecido ó injustamente quejoso» no és 
capaz de debilitar la opinión que tengo formada del co- 
mún. Solo me resta desear que se dé el Rey por satisfe* 
cho y que el público reconozca todo el amor que me ha 
debido. » 



y 



CAPITÜfcO CUARTO. 

ISoMeroode D. Diego Navarro.— Refuerzos militares.— Reglamento de libre 
comercio entre España y las prouncias ultramarinas.— Recolección de la 
moneda macuquina en la Isla, sustituyéndose por moneda acordonada. — 
Tentatiiras de Navarro para reformar el foro de la Isla — ( ausas de nn 
nuevo rompimiento con la Gran Breta&a.— Declaración de guena. — 
Corsarios españoles.— Primeros triunfos del gobernador de la Luisiana 
D Bernardo de Calvez contra los Ingleses.- Es reforzado con tropas que 
le envía Navarro. — Frustra una tormenta su primera empresa contra 
la Móbila. — Segunda empresa contra esta plaza y su conquista.— Expe- 
dición de Na Via y de Solano venida de Cádiz á la Habana.—Estragos del 
.▼omito en sus tropas y tripulaciones. — Primera empresa contra Panza- 
cola aplazada por una tempestad. — Ataque y tomado la referida plaza 
por Calvez. — Recompensas á los vencedores.— D. Juan Bonetes relevado 
porD. José Solano en el mando del Apostadero.— Sus construcciones 
navales. — Releva también Calvez á Navia en el mando de las tropas.— 
Término del í;obierno de Navarro.— Su desinterés.- Incidentes del ter- 
ritorio de Santiago. 

Á los óchenla dias de Davegacíon llegó de Cádiz á la 
Habana, el 9 de junio de 4777, el oQariscal de campo y 
luego ienienie general D. Diego Navarro ' García de Va- 
lindares que lomó posesión de la capitanía general de 
Cuba y la Luisiana eM 1 de aquel mes. Había aquella 
capital tomado la importancia necesaria para que admi- 
rase el nuevo jefe á su llegada « la extensión y la entí- 
dad^ de su gobierno , prodigando á su antecesor elogios 

< Véase su biografía en las páginas 116 y 117 del tomo IV del Dice. Geog, 
Hiit, Est. de Cuba, por el Autor. 



4 34 HISTORIA 

merecidos en sus primeras comuDicacíoDes á la Corte. 

Eo plena paz lo halló todo prevenido para la guerra^ 
porque se presumid ya que otra vez habia de romperse 
con la Grao Bretaña. Quedando reglamentado el servi- 
cio de la plaza » sus castillos y demás puestos militares» 
no con arreglo h la fuerza que necesitaban, sino según la 
que existia: dos regimientos de infantería , dod escua- 
drones y dos compañías siempre incompletas y diezma- 
das por las enfermedades y lentitud de sus reemplazos. 
Cansando el vómito bajas numeros9s, apresuróse Navarro 
á reclamar refuerzos, aunque en balde durante mucho 
tiempo. Mediaba ya febrero de 1779 cuando arriba- 
ron ^ á la capital mil trescientos sesenta y tres hombres 
del regimiento de Navarra, con su coronel D. José Ez 
peleta. Contagiados de escorbuto casi todos , hubo que 
acantonarlos en Guanabacoa hasta que pudieran em- 
plearse en el servicio que tenían en parte que cubrir las 
milicias muchas veces. Desde 1 763 , con el de Córdoba, 
este de Navarra era ya el sexto regimiento que enviaba 
España á guarnecer á la isla, habiéndole precedido suce- 
sivamente durante los dos gobiernos anteriores los de 
Lisboa, Sevilla, Irlanda y Lombardía, de cuyos jefes y 
oficiales muchos habían muerto. 

Pero y como para atenuar en las posesiones españolas 
los estragos de una nueva guerra, y repararlos mejor qae 
en épocas pasadas, un genio administrativo tenia ya dis- 
puestas para ellas reformas comerciales que iban á con- 
vertir en opulentas hasta algunas tenidas por estériles 
entonces. Superando á fuerza de aptitud y estudio su os- 



* Véase la comunicacioa de Navarro al ministro de Indias en 8 de matso 
de 1779.— Archivo de la capitanía general de Caba, legajos 1770. 



DE LA ISLA DE CUBA. iZ& 

caridad y so pobreza D. José de Calvez ', natural de 
Macharaviaya cerca de Málaga » ingresando en el foro 
de Madrid en 1763, desde que se hizo estimar por la 
extensión de sus conocimientos, con preferente afán em- 
pleados en examinar la legislación y estado de las pro- 



> Segun las Memorias inéditas del 
reinado de Carlos III por el conde 
de Pernan-Nuñez, se crió Calvez en 
el humilde aposento de un tío suyo 
que era portero del Coiisejo de In- 
dias, establecido ya entonces en el 
antiguo palacio de los duques de 
Uceda, en 'Madrid, «y llamado de 
« los Concejos» , que se halla en la 
calle M lyor.' Esie fué el motivo de 
la preferencia que constantemente 
manifestó después por el estudio 
de los asuntos de América. A fuerza 
de sacrificios de su padre, pobre la- 
brador del pueblecito de Machara- 
Tiaya, cercano á Velez-Málaga, y á 
fuerza de estudiar, pudo ganarse la 
borla de Doctor en Alcalá. La abo- 
gacía le proporcionó luego en Ma- 
drid los medios de atender á las ne- 
cesidades de la vida. La circuns- 
tancia de poseer ei francés con per- 
fección, unida á la casualidad de 
haberse hecho amigo del secretario 
de la embajada francesa, y luego 
del mismo embajador, marqués de 
Doras, le permitió darse á conocer 
y estimar de muchos funcionarios 
importantes de aquel tiempo , y so- 
bre todo del marqués de Grimaldi, 
que le hizo nombrar Consejero de 
Indias en 1764. De Calvez se han 
escrito muchas notas biográficas, 
pero ninguna biografía verdadera; 
y como los de tantos hombres no- 
tables , su nombre se habría olvida- 
do, si no lo recordase la feliz tras- 
f ormacion que tuvo en su tiempo ei 



comercio de España con América. 
Si hubit'ra vivido algunos anos más, 
acaso se hubiera decidido á decretar 
la libertad comercial de los puertos 
de América con todas las banderas 
bajo pautas parecidas á las del de- 
creto de 1778 ; y acaso babria con- 
servado la metrópoli su anticuo 
imperio colonial, si no como domi- 
nio, á lo menos con estrechas rela- 
ciones. Asi lo dejaron suponer to- 
das las tendencias de Calvez en el 
ministerio y sus continuos ataques 
al proliíbicíonismo. Desgraciada- 
mente Calvez murió á los cincuenta 
y siete años de edad. Mas aun que 
su saber, la fuerza de su carácter lo 
dominaba todo á su alrededor. Para 
él no babia obstáculos. Un solo de- 
fecto le afeó como hombre de go- 
bierno, su afán de encumbrar á to- 
dos los de su familia. A su hermano 
y su sobrino los elevó sucesivamente 
desde la oscuridad hasta vi reyes de 
Méjico, en cuyo elevado puesto 
murieron los dos; á otro sobrino su- 
yo, D. Miguel , le facilitó sus ascen- 
sos diplomáticos, y no quedó un 
Calvez que supiese leer y escribir á 
quien no' favoreciese con un destino 
público. Este ministro ttn favore- 
cedor de su familia y amigos murió 
en Madrid en 1786 en la suntuosa 
casa que se conoce aun en la calle 
Ancha de S. Bernardo por la del 
marques de la Sonora, que fué el 
titulo que se le confirió después de 
su visita general eo Nueva-España. 



4 36 HISTORIA 

vÍDciasde Ultramar, haciéndole saltar la protección del 
míaistro Grimaldi en so carrera por penosos y lentos es- 
calones, le elevó á Consejero de Indias ¿ los treinta y 
cinco años de edad. Ya en ese lugar, oportunidades le so- 
braron para redactar escritos y memorias en los cuales 
desenvolvió con maestría doctrinas anteriormente indi- 
cadas por el ministro D. José Campillo y por D. Manuel 
Antonio de la Gándara , en sus «Apuntes sobre el bien y 
el mal de España.» Gal vez demostró lo absurdo de las 
iralwscon que un interés mal entendido por el Fisco con- 
tinuaba aun en aquellas regiones oponiéndose al des- 
arrollo de los culuvos y esfuerzos de la industria. Los 
resultados obtenidos por el Erario con las cortas refor- 
mas comerciales de 1765, desterrando algunos errores 
del Gobierno, favorecieron luego mucho las demostra- 
ciones del nuevo Consejero. Vino la práctica á apoyar á 
la teoría, cuando en 1770 le confío el Rey la comisión 
extraordinaria , el encargo de establecer en Nueva Es- 
{>aña una reforma general en la explotación de minas 
con el Iflulo de Visitador General y Gobisionado regio 
de las ludias. Tal espito obtuvieron allí sus providencias 
favorecidas por las de Bucarely, que sin contar los creci- 
dos adelantos de los demás ramos . solo aquel de minas, 
que en el decenio de 1760 á 1769 había rendido once 
millones doscientos ochenta y dos mil ochocientos ochenta 
y seis pesos fuertes, llegó á diez y seis millones qui- 
nientos diez y ocho mil' ciento setenta y tres en el si- 
guiente. En loa cuatro años que duró su comisión de 

No dejó mas que una hija que ha 4le Caslroierreño , qae murió de 

f íYÍdo basta muy entrado el reinado 4ioa edad muy avanzada siendo ea- 

de Fernando Vil. y casó con D. Pra- piun general de ejército, 
hiendo de Guadairajara, iuego duque 



DB LA ISLA DE CUBA. 437 

4771 á 4774, palpó, reconoció en la Habana como en 
Iféjico, la realidad de lo8 hechos, confirmó sus cálculos 
con resultados superiores aun á los que habia esperadlo. 
Muerto poco después de sn regreso á España el ministro 
de Indias D. Julián de Arriaga , se apresuró Carlos 111 á 
reemplazarle con un funcionario tan preparado ya para 
prestar mayores servicios en mayor escena. Las obras 
pronto sobrepujaron aun á los anuncios. G)n el célebre 
Reglamento de 4 2 de octubre de 1 778 , inspiración y' 
tarea toda de Calvez» oomeoeó luego á lucir otro sol para 
el comercio ultramarino, no habiendo sido las le\es re- 
formas de 4765 mas queso primer crepúsculo. Apareció 
aquel célebre documento encabezado por un real de*- 
crelo de S del anterior febrero, ampliando á todos loa 
puertos habilitados de la Península é Islas adyacentes» 
sin exceptuar los de Canarias , la libertad que solo ha- 
bian tenido algunos para traficar con todos los de la 
América española; y autorizando á estos para comer- 
ciar directamente con todos aquellos. Los derechos se- 
ñalados en las primeras reformas de 4761 , 63 y 6b se 
redujeron ahora á un tres por ciento de avalúo eu la in- 
troducción de frutos y efectos españoles, y á un siete 
-sobre los extranjeros que procediesen de los puertos 
metropolitanos. El beneficio de aquella gran reforma 
consistia mucho menos en la reducción de los antiguos 
almojarifazgos, que en la supresión de otros impuestos 
que gravitaban aun sobre la navegación mercantil » y 
8ol>re todo en el gran ensanche que se*daba al recíproco 
tráfico de ambos hemisferios» con facultar á todos sus 
puertos habilitados para comerciar libremente unos con 
otros. 
Al saberse en Cuba la realidad de una medida que 



138 HISTORIA 

basta los mas interesados en so consecución habian antes 
tenido por un sueño, estalló en todas partes el público 
regocijo con aclamaciones y espontáneas fiestas. Navarro», 
aunque por su ancianidad menos accesible á ese en- 
tusiasmo, dirigía á Galvez en 2 de febrero de 1779 estas 
palabras: «Ha * llenado de gozo á estos vasallos de S. H. 
la clemencia y paternal amor con que mira por su pros- 
peridad haciéndoles felices con el reglamento para todos 
los ramos de libre comercio.» Y fué ese gozo superior ea 
la capital á los temores de una nueva guerra y á los re- 
cuerdos tan recientes aun de la pasada; porque solo con 
mirar á los castillos de la Cabana, de Atares y Príncipe, 
« se serenaban hasla los mas tímidos. Fuera de la natural 
aprensión de un rompimiento que, aun con los mejores 
resultados para nuestras armas, paralizase los frutos de 
aquella reforma regeneradora » en la isla ya no se pensó 
desde ese tiempo mas que en los adelantos de la agricul- 
tura y de las transacciones exteriores. 

En Cuba» Santo Domingo y las demás Antillas desde 
las primeras extracciones de plata del vireinato mejicano 
habian libremente circulado, primero según su peso ar- 
reglado á su valor intrínseco^ y luego por el estimativo, 
los reales, los medios reales y los reales de á ocho ó pe- 
sos que tan imperfectamente se acuñaron en la antigua 
fundición de Santiago de Cuba y en la casa de moneda 
de la capital de Nueva-España. Pero al continuo usarse 
en tantos años de monedas que circulaban poco en la 
metrópoli, menester fué que acompañara proporcional- 
mente la gradual disminución de ese valor estimativo, y 
que la inconformidad entre los que las daban y las red- 

* Véanse en el archivo de la capitanía general de Cuba los le$;aJo 
de 1779. 



DE LA ISLA DE CUBA. 139 

bian ocasionara ya en el siglo xviii abusos y conflictos eo 
las traosacciones, sobre todo al por menor» porque en los 
pagos de importancia era ya en ese tiempo el desembolso 
eo moneda regular y acordonada. En los caudales que 
llegaron de Yeracruz á la Habana en 1763 y 64, aJ em- 
prenderse las nuevas fortificaciones de la plaza, el virey 
de Méjico, marqués de Cruillas, proponiéndose purgar á 
SQ jurisdicción de aquella moneda irregular y llamada 
macuquina» la aglomeró en la ajena; y luego su sucesor 
el de Groix siguió imitándole. Bastaban las cuestiones y 
querellas que originaba aquél desorden moneta rio para 
dar que hacer á los juzgados de la isla cuando llegó á go- 
bernarla Bucarely y demostró los inconvenientes de se- 
guir tolerándose la circulación de valores mal determi- 
nados. No se resolvió su extinción por el Monarca hasta 
el 18 de marzo de 1771; y encontrándolos aun mayores 
para recogerla con la falta de numerario equivalente, el 
marqués de la Torre dilató^ la ejecución de aquella 
providencia hasta concertar con el mismo Bucarely que 
se lo remitiera en plata acordonada, devolviéndole su 
valor en el macuquino, que podía refundirse y resellarse 
en Méjico. Pero no alcanzó su período de gobierno á que 
pndiese ejecutar su pensamiento él mismo ; y ya muerto 



■ cLa excesiva diferencia entre 
el Talor iatrinseco y el estimativo 
de las monedas macuquinas; la gran 
pérdida de los poseedores de ellas 
en su reducción á las circulares del 
nuevo cuyo; su relación con el ma- 
nejo de lu Real Hacienda, precisada 
siempre á buscar préstamos para 
cubrir sus gastos, j con el comer- 
cio.... hacen en esta isla mas ardua 
que en otra parte alguna la extin- 



ción de las antiguas. Las diGcnlta- 
des encontradas y los medios que he 
arbitrado y propuesto para vencer, 
las pueden verse en mis represen- 
taciones al ministerio de Indias». 
Véanse en el archivo de la Capitanía 
general de Cuba y en la colección 
del Autor los Apuntes sobre ¡as prin- 
cipales providencias , etc. , del mar 
quésde la Torre. 



1 40 HISTORIA 

el invigile Bucar^ly, fué cuando liego á la Habana de 
Yeracruz el oavío de guerra San Gabriel con la mayor 
parle de la plata calculada para un cai]\ge de monedas tan 
reclamado ya en el país por el buen orden de las tran- 
sacciones en detall y aun por mayor. El ^4 de mayo 
de 1778, al asomar aquel buque por el horizonte, Na- 
varro, de acuerdo con el intendente Urriza y con su6 
asesores» publicó las primeras providencias para la reco- 
lección gradual de moneda defectuosa. 

Con aquella y las demás remesas sucesivas hasta fines 
de 1 1S% pudieron recogerse mas de dos millones de pesos 
puicuquinos en la isla, cuyo valor iolrínseco resultó sien- 
do solamente de un millón noventa y dos mil nuevecien- 
tos cuarenta pesos, segqn noticia detallada quemas ade- 
lante publicó la Gaceta de la Habana de 1 1 de abril de 
1783, sin incluir la recolección hecha en Santiago de 
Cuba. 

Aunque no en acierto para conseguirlo, excedió Na- 
varro al mismo Bucarely en el afán de corregir los des- 
'(6rdenes del foro, no considerando que hubiese sido el 
auto de 12 de abril de 4766 barrera bastante firme pa- 
ra canieuerlos. En medio de su sagacidad, vigilancia y 
método en todo, el marqués de la Torre, presumiendo 
acaso que la administración de justicia compitiese menos 
al capitán general que á los jueces ordinarios, al termi- 
nar su laborioso y memorable mando, había dejado pen- 
dientes de fallo hasta mil doscientos cincuenta y seis ex- 
pedientes civiles y criminales en la sola jurisdicción de 
la capital. Nada mas que un año, en el de 1773, se ha- 
bían consumido hasta ciento catorce mil pesos en costas 
procesales en un vecindario que no llegaba á la mitad 
que hoy, ni reunia la quinta parte de su actual riqueza; 



DE LA ISLA DB CUBA. 44f 

f éáa suñía era )a qae pública y legdlmeDie aparecía io- 
veriida. Por lo ifieiios era doble la que absorbían \qá 
atóanos, las composiciones secretas y los cohechos; por- 
que solo así podía nutrirse la falange del foro de Cuba en 
este tiempo , compuesta de ciento cincuenta abogados y 
de igual ó mayor número de bachilleres, que sin ser 
abogados aún, actuaban como tales, extendiendo escrt*- 
to8 qte firmaban los que lo eran. Sin iev abogados ni 
bachilleres borúiigueaban ademas en las poblaciones 
diestros papelistas que, sin borlas ni letras, sabian ma- 
nejar causas, promover incidentes y multiplicar escritos 
con tanto provecho como maña. Uniendo á estas tres 
clases los escribanos, ios numerosos dependientes de ca- 
da escribanía, sus agentes exteriores, llamados vulgar- 
mente pica-pleitos, y los procuradores de cada población; 
parcos andaremos en reducir á un millar el número de 
individuos que devoraba entonces buena ' parte, de las 
rentas de unos cinco millares de propietarios de toda 
clase que existían entonces en la ista^ La multiplicidad 
de juzgados * en que se dividía la administración de jus- 
ticia, sus atribuciones separadas con arreglo á los dis- 
tintos fueros de mucha parte de los moradores y los mas 
pudientes^ facilitando competencias eotre unas y oirás 
jurisdicciones, demorando asi la resolución de los expe- 
dientes mas claros y sencillos, facilitaba la reproducción 
de escritos (an gravosos para las partes como inútiles 

* Según la Guía de ta Babana el Trlbanal eclesiástico de la Di6- 
de i78l« existiao eo so Jurisdicción cesis, el Tribuual del proto-medi- 
lossiguientesjuzgados: la Auditoria cato, la Asesoría de hacienda y la 
de guerra, la Asesoría general de Asesoría de correos. También babit 
gobierno, la Asesora de muidas, 64abogados, 58 escribanos, Í0 pro- 
la Asesoria política, la Asesoría curadores y 3 contadores judiciales. 
de Tagofi , la Auditoría de marina, 



1 42 HISTORIA 

para aclarar el panto litigiado; y se prestaba así admi- 
ra blemeo te al aumento progresivo de anas clases, que 
por oecesarias qoe sean en la sociedad, la perjudican 
siempre que se apartan del augusto fin que las ha crea- 
do» el legítimo servicio de las leyes. 

No se limitó Navarro á reproducir la mas escrupulosa 
observancia del auto de Bucarely. Le impulsó su celo á 
traslimitar sus facultades disminuyendo los derechos de 
arancel aprobados por la audiencia de Santo Domingo y 
á dictar en 11 de enei¡o de 1779 nn segando auto ins- 
tructivo para todos los actuantes y dependientes judicia- 
les, así en lo civil como en lo criminal. Por mucho que 
naciese de la mas recta intención esta reforma, corres- 
pondía á aquel tribunal superior la iniciativa en los ra- 
mos de justicia de un territorio de su jurisdicción; y na- 
turalmente se la revocó después elevando al gobierno 
supremo duras quejas contra la innovación practicada por 
Navarro sin su acuerdo previo. No le fué diñcil ¿ este 
general evidenciar. lo honroso de sus fines en la misma 
arbitrariedad que denunciaron; manifestando á su vez al 
Rey su sentimiento por la ir respetuosidad de los escritos 
que le dirigieron los oidores» como si por pertenecer á 
una corporación superior en lo judicial, fuesen también 
ellos individualmente superiores á generales de mas me- 
recimientos y mas altas funciones. Aunque se concitara 
con su entereza la enemistad de aquellos magistrados y 
de los forenses, logró mas adelante su objeto principal 
Navarro disponiendo el ministerio la reducción de los 
aranceles judiciales bajo pauta muy análoga á la marcada 
en su auto, y fué elevado á teniente general en 4 de 
julio de aquel año por sus largos servicios anteriores. 

Después de diez y seis años de sereno y pacifico ho- 



DE LA ISLA DE CUBA. 143 

rizoDle, de ouevo volvieroo á oscurecer el de las AdIí- 
llas las Dubes de la guerra. Las gestiones eo Yersalles 
de Franklin , el diestro delegado de las proviocias aoglo- 
americanas iosurreclas contra su metrópoli, consiguieron 
QD éxito completo firmándose el 6 de febrero de 1778 
el primer tratado de paz y de comercio entre ellas y la 
Francia, que tuvo que romper con la Gran Bretaña en 
el hecho de reconocerlas como potencia independiente. 
Aunque los dos gabinetes recurrieron para arreglar sus 
desacuerdos á la intervención del rey de España , pre- 
valeció sobre los esfuerzos del buen Monarca el antago- 
nismo político de las dos naciones. Los mayores y mas 
trascendentales intereses de su pueblo prescribian á Car- 
los III la mas rigurosa neutralidad en una lucha mucho 
mas temible aun por el choque de las ideas que por el de 
las armas. Y tan gran verdad no se ocultaba á consejeros 
tan previsores é ilustrados como los condes de Florida- 
blanca y de Aranda » que dirigían á la sazón sus relacio- 
nes exteriores. Pero fué harta desventura que, mientras 
Floridablanca se desentendía con sagacidad y firmeza de 
las obligaciones que imponíala España el antiguo y fu- 
nesto pacto de Familia t^ la misma Inglaterra , tan inte- 
resada á la sazón en no aumentar el número de sus ene- 
. migos y se preparase ostensiblemente en Asia y en Amé- 
rica á hostilizar á las posesiones españofas sin escuchar 
las justas reclamaciones de su embajador en Londres. 



^ Ademas de la Eipaña bajo los conseguir justificarse de otros car- 

Beyes de la Casa de Barbón por W. gos que llovieron sobre su adminis- 

Coxe, de sus ad'uMones por Muriel, y tracion , atribuye el Principe i la 

de muchos textos que espionan los debilidad é imprevisión del conde 

motivos de e ta güera, explícalos de Floridablanca la segunda guerra 

perfectamente el lomo II de las Me- declarada por Carlos III ¿ ia Gran 

morías del Principe de la Paz. Sin Bretaña. 



144 HISTORIA 

Sus quejas contra España se fandabaa m algunos aaxi«> 
Uos de viv6rt?a, nauniciones y dinero que se llevábaa 
entonces á las posesiones francesas eq América como 
Sti habiaa llevado en afios anteriores. También segoiaii 
eomeiiendo los ingleses muchos atropellos, perpetuos 
contrabandos y aun actos de piratería con los navegan- 
tes ei^pañoles^ é infriogan la neutralidad con persea 
cociones y choques con los buques anglo-aroerícanos, 
que con frecuencia tenían que refugiarse en la mar- 
gen del Misisipi correspondiente á la Luisiana. Menes- 
ter fué postergar á la dignidad nacional miras inmensafi» 
viéndose Tirzado ¿ concurrir á la ajena lid aquel Mo- 
narca* El bando de la nueva guerra* con la Gran Bre- 
taña se pregonó en la Habana el 22 de julio de 1779, 
cuaudo ya habia devSpacfaado el ministerio rápidos avisos 
á todos los gobernadores y vireyes de Indias, para que 
tuviesen sns plazas y costas prevenidas , empleando en 
sn defansa muchas precauciones omitidas en guerras an« 
teriores. *La escuadra francesa de las Antillas recibió 
orden de proteger á Cuba y á su capital, cuando su ca- 
pitán ¿eueral lo reclamase , con nueve navios de guerra 



* Muchos testimonios oficiales 
Jn«titican qae la uaprra estaba deci- 
dííb mucho aiiies por el ministerio 
e>p nol. En i3 de marzo de 1779 
se comnncó a N^Va:ro uní real or- 
den reservada y expedida por el mi- 
ni^iro GutveZfprevinión Jóle quede- 
t iviese la sali la para Ks.taai de los 
bui|ues nieiona'es que anduvieren 
en los puertos de la isla. Por otra 
parle la marf'ia i iglesa tomó unt 
verdadera inícL^tira en las bostili- 
dftde». Algunos buques de guerra 
Intentaron interceptar la navegación 



del Misisipi desde el mes de ma- 
yo, mui'ho antes de que pudiera 
saberse el rompimietflo en América. 
El gobernador de la Laislana, doa 
Bernardo Gal vez/ con la fragata Vo- 
lante, dos bergantines y algunos 
barcos, los arrojó de aquel Ho, 
apresándoles una fragata de guerra 
y diez embarcaciones menores. Coa 
este primer liecho se acabó de ganar 
alli todo el prestigio que tan útil le 
fué después para las operaeiones 
que emprendió desde aquel terri- 
torio. 



DE LA ISLA DE CUBA. 14& 

y c!o8 Qiil hombres de tropas. Pero Navarro do solicitó 
ese auxilio por entonces. ^ 

Expidió patentes de corso á cuantos marinos mercan- 
tes los solicilaroD con buques armados y dispuestos á 
pelear. Solo del puerto de la capital salieron desdeluego 
nueve: la fragata Jesús Marta y losé, las goletas Divina 
Pastora, Rosario, Virgen del Carmen, San Miguel, 
Indiana, San Cristóbal y otra Virgen del Carmen, que 
en el siguiente agosto ya hablan apresado al enemigo 
en las aguas de la isla las balandras Rey Briláoico, Ca- 
zador, Juan Pedro y Rolland , el bergantín Plantador de 
América y la goleta llamada Práctico del Mtsisipí. 

Perteneció, sin embargo, la gloria de dar feliz prin- 
cipio á las hostilidades en América al joven gobernador 
déla Luisiana D. Bernardo de Calvez. Un horrible tem- 
poral de aguas y vientos inundándolas riberas de aquella 
gran corriente, sumergiendo las embarcacioces que sur- 
caban su espaciosa margen, y aun sus lanchas, acababa 
de consternar á Nueva Orleans, cuando recibió aquel 
jefe reservados pliegos de Navarro con la nueva de la 
publicación de la guerra, y renglones elocuentes en 
que , inflamando su alma heroica, le prescribía su tio el 
ministro de Indias que se apresurase á justificar en los 
combates los adelantos con que le habla favorecido. 

Desanimador era el cotejo al comparar en aquellos 
territorios e! poder de los es(:anoles con el délos in- 
gleses. Dueños estos desde la paz de \ 763 de la Flori- 
da , hablan completado las defensas de Móbila y Panza- 
cola, distantes de la indefensa Nueva Orleans nada mas 
que sesenta y setenta y cinco leguas por la costa al E. 
Navegaban sus buques sin estorbo por el ancho rio que 
separa de la Luisiana á la Florida, y á treinta, cua* 

HIST. DB CUBA. — TOMO III.— 10 



146 HISTORIA 

reata y más legoas de su embocadura dominaban su 
corriente con bien establecidos puestos militares como 
Jos de BatoD-Rouge» de Mantchack y de Panmure; y 
mas de dos mil veteranos defendían aquel distrito. No 
llegaban á la mitad los que cubrian á la Luisiana distri- 
buidos en su capital y fuertes destacados que no podían 
desguarnecerse. Unánimemente aconsejaron á aquel Go- 
bernador sus subalternos que se resignara á la defensiva 
hasta recibir refuerzos de la Habana. Pero desentendién- 
dose de tibios razonamierilos el fogoso Gal vez, convoca 
á todos los habitantes al Ay un tamiento, publica la guerra 
contra los ingleses , electriza á los concurrentes con un 
marcial discurso; y todos, tan entusiasmados como él» 
le piden armas para vencer ó morir por el mismo pabe- 
llón contra el cual diez años antes deploraron no tener- 
las. Galvez, llevado en hombros y entre aclamaciones á 
su casa , se a^/resuró á reunir sus cortas fuerzas dispo- 
nibles y sus insignificantes medios ofensivos *• Reducíanse 
á una goleta y tres lanchas cañoneras que anegadas en 
el rio se pusieron con gran trabajo á flote , á una pieza 
de á veinte y cuatro , cinco de á' diez y ocho y cuatro de 
campaña , con un solo oficial de artillería, y ese enfer- 
mizo, pero de gran pecho, D. Julián Alvarez; á quinien- 
tos soldados del regimiento de la Luisiana, los más pe- 
ninsulares y franceses, ochenta colonos milicianos, 
ochenta negro<« y mulatos, y Olivier Pollock,. emisario 
caloroso del Congreso de Filadelfia, con dos oficiales y 
siete aventureros norte-americanos. Con tan heterogé- 
nea y débil hueste salió el Gobernador de aquel pueblo 

• 

t Véase en el archivo de la capi- MaTarro en 38 de agosto y 19 ^^ ie- 
tania geaeral de Cuba, legajos de tlembrei 
1779, la comunicación de GaKeiá 






DE LA ISLA DE CUBA. 447 

€Q la larde del 27 de agosto; y, reforzándose en su pri- 
mer jornada con igual número de colonos é indios vo* 
lunlarios , atravesando espesos bosques y pantanos, 
rindiéndose una tercera parte de la gente de cansancio 
€D diez penosas marchas sin caminos, sorprendió antes 
de amanecer el 7 de setiembre á la fortaleza de Manl- 
chack defendida por solo tres oficiales y veinte y cinco 
granaderos del regimiento de Waldeck. La habian eva- 
cuado dos días antes para dirigirse á Baton-Rouge y la 
Móbiia cinco compañías del mismo cuerpo. 

El 13 continuó Galvez su marcha ya con menos de 
doscientos veteranos y disminuidos en igual proporción 
sus voluntarios. Después de sorprender á una avanzada 
inglesa y avistó el 15 por la tarde al fuerte de Bdioo- 
Rouge defendido por el coronel Dickson con cnairocientos 
siete jBoIdados ingleses, un centenar de miliciauosy trece 
piezas montadas en baterías de tierra con profundos fosos. 
Pero bastaron dos horas de fuego de la única paralela 
que Galvez habia abierto para que se entregasen el 21 de 
setiembre, obligándose á aquel jefe á decretar al mismo 
tiempo la rendición de los puestos de Amith, Thompson 
y Panmure que dependían de su obediencia. Diez y ocho 
jefes y oficiales, quinientos ochenta y dos veteranos sin 
contar la gente de milicias á la cual fué forzoso dejar li- 
bre, porque ni para escoltarla alcanzaba la del vencedor, 
ocho embarcaciones de diversos portes ancladas en el río, 
veinte y seis cañones y la adquisición de ciento treinta 
leguas cuadradas de feracísima comarca fueron el fruto 
de aquella mágica campaña de un mes, lograda sin otra 
pérdida de los expedicionarios de Nueva Orleans, que la 
de un muerto y un herido. Jamás se obtuvieron mayore» 
ventajas con menores medios; y con el de brigadier que 



44S HISTORIA 

DO tardó eo recibir en remiioeracioD de tao feliz arran- 
que, jusiificd Gal vez también al favor de sus anteriores 
adelantos. 

Mientras con tanta suerle inauguraba las hostilidades 
en América , habla llegado á Nueva Orleans el segunda 
batallón del regimiento de España que despachó Navarro 
de la Habana á socorrerla detrás de los primeros avisos 
de la guerra. Pero por mas que estimulara sus aspiracio- 
nes aquel feliz principio y se propusiera conquistar á 
Móbila y Panzacola , sus fuerzas eran aun tan inferiere» 
como evidente su in&til sacrificio al acometer cualquiera 
de las dos empresas. Resignóse Galvez á suspender su 
ejecución hasta reunir refuerzos suficientes. 

Algunos habia destacado el gobierno á las Antillas al 
ver la guerra cerca. Ademas del regimiento de Na* 
varra hablan llegado á la Habana en el discurso del 
verano cuatro batallones ; dos del de España y dos det 
Principe, unos tres mil y quinientos hombres que diezmó 
sañudamente el vómito. Juntos con los de Navarra y el 
Fijo de aquella capital^ no sobraban para gusTrnecer tan 
dilatada plaza y toda la isla, discurriendo por las aguas 
que la bañan poderosos armamentos enemigos. Pero 
Galvez, que en lugar de los tres mil hombres esperados 
no habia recibido mas que un solo batallón con menos de 
quinientos^ insistía en pedir refuerzos para asegurar el 
fruto de su primer triunfo y desalojar á los ingleses de 
la Florida antes de que se reforzasen también ellos. Por 
8u parte Navarro, que en lugar de seis regimientos ofre- 
cidos por el ministerio^ no habia recibido tampoco mas 
que tres, no se decidla á socorrerle hasta que llegaran á 
la Habana las fuerzas'que esperaba, influyendo acaso 
en su demora contradicciones y etiquetas del atrabiliario 



DE ISLA DE CUBA. 149 

Bonet para el despacho de los buques, aunque fondea- 
ban en el puerto ó en la isla veinte y seis de guerra, en* 
4re ellos cinco navios con seiscienlas sesenta y seis pie- 
2as de bronce entre unos y otros. 

Corrieron con tiempo bonancible las dos últimas se- 
manas de octubre y las dos primeras de noviembre. Ya 
se trastornaba el tiempo ell7, cuandp se aplazó para 
el 1 / de diciembre la salida de mil cuatrocientos treinta 
y dos hombres de todos los cuerpos de la isla» con inda- 
sion de trescientos treinta y nueve de los batallones de 
pardos y morenos. Sucediéndose ios nortes con tenacidad, 
no logró salir hasta fines de aquel mes esta expedición 
acaudillada por el coronel del Príncipe D. Gerónimo Gi- 
rón, marqués de las Amarillas. Tan lenta y trabajosa fué 
SQ travesía, que sin esperar á que acabase de arribar á 
Nueva Orleans, se resolvió el impaciente Galvez á salir 
del Misisipí para Móbila el 6 de febrero de 1780 con mil 
setenta y un hombres solamente, incluyendo en este nú- 
mero cienta treinta y un morenos y mulatos y cincuenta 
veteranos del Príncipe, los únicos del socorro de la Ha- 
bana que con Girón habian llegado á tiempo. 

Pero el S, E., suave y benigno á la salida de la embo- 
cadura de aquel rio, por horas fué arreciando hasta pro- 
nonciarse en deshecho temporal aquella misma tarde. Lo 
siguió capeando y corriendo el armamento todo el 7 con 
sq noche; y al oscurecer del 8 recalaron en la vasta en- 
senada de Móbila diez y seis embarcaciones, barando la 
mitad entre los bajos de su punta al E. y entre ellos el 
bergantín anglo-americano Galvezton en que iba el jefe. 
Jamás empresa se inició con preludios mas contrarios. 
Ed ese estado, entre rompientes de violento oleaje, lu- 
charon los expedicionarios solo por salvarse sin conser- 



4 50 HISTORIA 

var mas que sus armas» hasta que el 20 dando muestras 
de ceder el liempo se presentó á ampararlos D. Miguel 
de Goicoechea eu dos bergaotioes de guerra y dos pa- 
quebotes que (X)D doscientos cuatro hombres del regi- 
miento de Navarra habia salido de la Habana diez dias 
antes. Ya era el 26 cuando desembarcaron sin resisten- 
cia junto al rio de los Perros á tres leguas al S« de la 
Móbila. Por fortuna aun no habían sido taokpoco socor- 
ridos los ingleses; y guardábanla con tal descuido, que ni 
tenian despejados los aproches de la plaza , ni habiao 
abierto aun fosos delante de sus muros. 

Sacó Galvez partido de su negligencia para abrir trin* 
chera desde el 1/ de marzo á cien toesas del recinto, 
poniendo á sus trabajadores á cubierto con las tapias 
ó cercas de una huerta. Rechazadas vigorosamente dos 
salidas y abierta brecha á los diez dias, se preparaban 
los sitiadores al asalto, cuando el Gobernador izó ban- 
dera de capitulación, obteniéndola en términos honro- 
sos aunque inferiores á sus pretensiones. La guarnición, 
reducida con las bajas á trescientos siete combatientes, 
fué enviada á la Habana; y la plaza conquistada con 
cincuenta y seis cañones y repuestos de importancia , se 
encargó al coronel de Navarra D. José de Ezpeleta, de- 
biendo servir ya la Mobila de base ulterior para el 
ataque de Panzacola y las demás fortificaciones inglesas 
de Florida. 

Reuniendo mil y cíen soldados Sir Campbell , mayor 
general de los ingleses» no pudo presentarse hasta el 16 
á socorrerla y retrocedió despechado á Panzacola al dis- 
tinguir ondeando el pabellón de España en sus baluartes. 

Después de asegurar la conservación de la Móbila y 
establecer un nuevo puesto con reductos en la isla que 



DE LA ISLA DE CUBA. 451 

domÍDa á ia eolrada de so bahía regresó el vencedor á 
Nueva Orleans, dejándola defendida por Ezpeleta con 
qnÍDÍentos hombres de Navarra, Príncipe y Luisiana. 
Despachó Gal vez á Navarro pliego sobre pliego en solh- 
citod de los tres mil anteriormente pedidos. Ignoraba 
qne para destacarle el refuerzo que en diciembre habia 
salido de la Habana con Girón y el que recibió luego en^ 
la rada de Móbila , quedaba aquella capital casi única- 
mente guarnecida con milicias. 

Según el mínimum de fuerza que el marqués de la 
Torre tenia en tiempo de paz designado á sus puestos j 
castillos, dotación que fuera imprudente y aun criminaF 
disminuir en el de guerra , á la Cabana susceptible de 
una guarnición de cua|ro mil , solo correspondían seis- 
cientos ochenta y ocho hombres, trescientos cuarenta y 
tres al Morro, doscientos al Príncipe, ciento á Atares y 
otros tantos á la Punta. En el recinto, entre guardias, 
ordenanzas, rondas y patrullas, entraban forzosamente 
cuatrocientos sesenta de sefvicio. Cubría á Santiago un 
solo batallón del Fijo. Todos los demás destacamentos 
como Baracoa, Matanzas, Jagua, Trinidad y otros te- 
nian que limitarse á cuatrocientos hombres. Tan aten- 
dido de Yeracruz en cuanto á fondos , como escaso en 
gente^ Navarro en aquel aprieto, consultando á las de-^ 
mas autoridades y anteponiendo su responsabilidad á 
ajenas glorias, no solo se negaba á desprenderse de su 
restante fuerza veterana, que apenas ascendía á mil quinieo- 
tos hombres , sino que desde febrero habia puesto sobre 
las armas tres mil doscientos de milicias blancas y more- 
nas. Pero esta escasez de fuerzas no fué larga; y las es- 
peranzas de Galvez renacieron. 

De concierto con el de Francia, el ministerio español 



\ 52 ' HISTORIA 

lo ieoia todo dispuesto para dar á las operaciones de la' 
primavera de 1780 un vigoroso y oportuno impulso. 
Después que catorce navios de línea con doce batallones 
salieron de Brest á cubrir á las Antillas francesas y arre- 
batar á los ingleses muchas de sus islas, una escuadra 
española, compuesta de otros tantos millares de soldados» 
salió de Cádiz el 28 de abril é proteger á la América 
central desde la Habana, con instrucciones en que el 
ministro Gal vez prescribia que se obrara ccon actividad 
y sin perder momentos en lentas deliberaciones; en la 
inteligencia de que no desaprobaría el Rey empresa al* 
guna bien combinada que contribuyese á la reputadoa 
de sus vasallos y al honor de sus armas». Así no solo 
se ponían en acción medios reales , sino que se daba li- 
bertad para aplicarlos con desembarazo mayor que el 
permitido en guerras anteriores. 

Disminuido por el escorbuto, por otras penalidades de 
una larga travesía y con destacamentos dejados en Puer- 
to-Rico y Santo Domingo, hasta los dias 3, 4 y 5 de agosto 
no arribaron á la Habana aquellas fuerzas, que, con el 
nombre de Ejército de operaciones de América, y ya 
sin merecerlo por su número, vesia mandando el teniente 
general D. Yictorio de Navia Osorio, recientemente 
acreditado en el funesto desembarco de Argel y la ieliz 
expedición al rio del Sacramento. Pero llegó la escuadra 
casi en su completo y pue^a á cargo de su jeie D. José 
Solano , de gran actividad y fama en la marina. Con él 
llegaron entonces doce navios, tres fragatas y cua* 
tro bergantines de guerra, con ochenta y dos tras- 
portes. No llegairan á ocho mil hombres las tropas , 
compuestas de los descabalados regimientos de Soria, 
Aragón, Flandes, Hiberniat Guadalajara y Cataluña, 



DE LA ISLA DE CUBA. 153 

.formando Ires brigadas <]ue mandaban los mariscales 
decampo D. Jaan Mannel de Cajigal, D. Guillermo 
Waughan y el brigadier D. Bernardo Troncóse. 

Al saber el arribo á la Habana de esas fuerzas, Galvez, 
ya promovido á mariscal de campo por la toma de la Mó- 
bila , sabiendo qoe se aplicarian á realizar sus propios planes, 
aooqne las mandase un general de mas carácter, se pre- 
sentó en la Habana á fin de agosto sin conseguir que se 
pusieran mas pronto en movimiento, y palpando por s 
mismo los tropiezos que contribuian á deaK>rarlo. El 
vómito y otras enfermedades se cebaron en aquellos 
cuerpos y en las tripnlacipnes con tal furia, que solo en 
nueve dias, desde el 27 de agosto basta el 5 de se- 
tiembre^ entraron mil do9cientos cincuenta hombres en 
los hospitales muriendo ciento diez y ocho. En fin, desde 
la llegada de la expedición hasta el 47 de octubre, sin 
incluir jefes ni oficiales, enfermaron cuatro mil sesenta y 
dos entre marineros y soldados, y perecieron nuevecien- 
tos treinta y nueve. En esa pérdida cupo también su tris- 
te contingente á los dos batallones del regimiento Inme- 
morial del Rey que llegaron al mediar agosto en el rigor 
del daño. 

Los batallones de Guadalajara y Aragón, alojados en 
el Campo de Marte en húmedas barracas, quedaron 
casi en cuadro á pesar del esmero con que^ se asistió á 
los atacados en el convento de Belén, en los hospitales 
de San Juan de Dios y San Ambrosio y en varias casas 
habilitadas para recibirlos» Como en otros muchos de esta 
guerra, en aquellos días de prueba rivalizaron los mora- 
dores de la Habana en su desprendimiento hospitalario, 
agasajando con su mesa y generoso trato á cuantos mili- 
tares, según su clase y medios, les cupieron alojados en 



154 HISTORIA 

SUS casas. Todo era^ sao con las enfermedades, aoima- 
cioD, diversiooes y esperanzas. Habíanse recibido de Ve- 
racruz para las urgencias de la* guerra caudales abun- 
dantes; y el comercio con los extranjeros veía rayar su 
aurora con la libre entrada de cargamentos anglo-amerí- 
canos y franceses en la bahía, permitida desde 42 de 
octubre del anterior año á los buques que aportaran 
víveres. 

Después de socorrer al presidente de Guatemala^ ayu- 
dándole con municiones y armas á expulsar á los ingleses 
de su costa, viendo Navarro que con el ardor de la esta- 
ción iba cediendo la epidemia, convino con Navia y los 
otros generales en la ejecución del proyecto contra Panza- 
cola. Los navios de guerra San Genaro, Velasco, San Juan 
Nepomuceno, San Ramón, el Astuto y el Guerrero; las 
fragatas Gayman, San Pío, Santa Clara y Santa Cecilia y 
basta cuarenta y seis trasportes con abundante repuesto y 
tren de sitio salieron de la Habana eM 6 de octubre con 
cuatro mil hombres, sin incluir tripulaciones. Estaba des* 
pejado el horizonte; y una brisa favorable protegió á la 
salida y á la primera singladura de la expedición. Pero 
amaneció el 17 con cariz oscuro y el mar en absoluta 
ca|ma, pronunciándose eM8 un recio O., que degeneró á 
las pocas horas en huracán impetuosísimo. No hubo arbi* 
trío para continuar la navegación á rumbo ni en conserva 
las naves unas de otras, teniendo que tirar los capitanes 
á salvarlas solamente en distintas direcciones. Los más 
de los trasportes, los mejor librados corrieron el tempo- 
ral hasta Campeche;- siete buques pudieron regresar cod 
Calvez á la Habana en lastimoso estado; tres se fueron á 
pique salvándose la gente; y á dos, cargados de víveres 
y municiones, los apresaron en Panzacola los ingleses. 



DE LA ISLA DE CUBA. 155 

De tan desastrosa expedícioo solo se atilizarOD en sa ob- 
jeto luego mil doscientos treiota y siete veteranos que en 
doce embarcaciones pudieron refugiarse en Nueva Or- 
leans y la Móbila. Decididamente combatian los elemen* 
tos á favor de los ingleses. Forzoso fué suspender» pues» 
aquella empresa hasta que se reconcentraran otra vez las 
fuerzas destinadas á intentarla; porque en la capital de 
Cuba las enfermedades no permitían aun contar con otros 
combatientes. 

Aunque al terminar enero volvieron á reunirse en 
Móbila y las demás con Galvez en la Habana^ el reparo 
de las embarcaciones retardó la segunda salida de este 
general para Panzacola hasta el 28 de febrero; y tampo- 
co anduvo exento de contrariedades y percances este 
viaje, hasta que en 10 de marzo fondearon en la isla de 
Santa Rosa , junto á la misma bahía de aquella plaza. 

Desde que con la toma de Móbila la consideraron ame- 
nazada los ingleses, habÍM invertido trescientos cincuenta 
mil pesos en rectificar y ampliar sus obras con dos ba- 
loartes y una media luna destacadas con solidísimas cor- 
tinas del recinto antiguo, reforzado ahora con doshoroa- 
beques y amplios fosos. Una batería avanzada con el 
nombre de Fuerte de Barrancas dominaba el acceso de la 
rada, frente á la punta occidental de Santa Rosa. Con 
ciento noventa y tres piezas entre cañones, obuses y mor- 
teros, y multitud de indios y negros auxiliares, defendían 
tan imponente plaza mil y setecientos veteranos que ani- 
maban con su ejemplo el gobernador y vice-almirante 
Pedro Chester y el mayor general Campbell, coman- 
dante general de las Floridas, y anheloso de vengar la 
humillación que habia sufrido delante de Móbila. 

Refrenando Galvez su instinto temerario , se resignó ¿ 



4 56 HISTORIA 

fortificarse eo Santa Rosa por el frente que miraba hacía 
Barrancas, y á suspender otras operaciones basta refor- 
zarse con las tropas de Nueva-Orleans y aquella plaza. 
Mandábalas el coronel de Navarra D. José Ezpeleta^ que 
después de rechazar á principios de febrero á un desta- 
camento inglés, causándole gran pérdida con la de so 
jefe el coronel del regimiento de Waldeck, se incorporó 
el 25 á las fuerzas sitiadoras. Todas , forzando el puerto 
sin tropiezo, al abrigo de las lanchas cañoneras de la es- 
cuadra, se trasladaron el 24 á las inmediaciones de 
Panzacola y establecieron aquella misma noche su cam- 
pamento á dos mil toesas del recinto. 

Pero mientras reconocía los aproches y establecía sus 
paralelas, lidiando sin cesar contra los indios comarcanos 
con cuya cooperación contaba Chester, creyóse en la Ha* 
baña que amenazaran al sitiador de Panzacola peligros 
mas formales é imprevistos. Oscurecía el 7 de abril 
cuando recibió Navarro un alarmante aviso de haber do- 
blado el cabo de San Antonio ocho navios ingleses coa 
rumbo hacia aquel puerto. Convocó á juoia aquella misma 
noche á los generales de tierra y mar que se hallaban en 
la plaza, entre los cuales ocupó so puesto el jefe de es- 
cuadra francés M. de Monteil, que días antes había fon- 
deado en el puerto con los navios Palmíer y Tritón, y 
otros seis boques de guerra. Deduciéndose de muchos 
anuncios que aquellas fuerzas se dirigirían á socorrer á 
Panzacola; para frustrar ese designio, en aquella misma 
oonferencía se expidieron órdenes para que la mayor 
parte de la escuadra de Solano saliera apresuradamente 
para Santa Rosa con mil seiscientos hombres puestos i las 
órdenes del mariscal de campo D. Juan Manuel de Ca- 
gigal. Permitían ya disponer de ese refuerzo los muchos 



DE LA ISLA DB CUBA. 1 B7 

restablecidos de sas males, y algunos piquetes rezagados 
de las tropas que de Santo Domingo y otras islas había 
traído Mobteil. 

Con la primera brisa del 9 de abril y á cargo de So- 
laño, salió de la Habana esta noeva expedición con los 
navios de guerra Dragón , San Francisco de Asís» Guer- 
rero y Arrogante, las Trágalas Santa Cecilia y Santa Clara, 
y tos bajeles de Monteil, cuya excelente voluntad fué 
atilisima á la empresa. 

No permitieron los vientos que llegase Solano á reco- 
nocer el fuerte de Barrancas basta el 20, cuando Calvez 
después de rechazar los ataque? de Campbell á sus pa- 
ralelas, las tenia todas concluidas. Pero inesperadamente 
reforzado con mil y seiscientos hombres de Cagigal , tres 
mil setecientos de guarniciones y marineros de la escua- 
dra española y setecientos de Monteil » reunió de repente 
sobre nueve mil combatientes á sus órdenes. Un pliego 
interceptado á Chester en que le anunciaban que acu- 
diría á socort-erle de un dia á otro el almirante Rodney 
con ocho navios y catorce fragatas de guerra , acabó de 
demostrar á aquel general la urgencia de su triunfo. 
Apresuróse pues á circunvalar todo el recinto; y el 27 
empezó á romper sobre la plaza un vivo cañoneo» mien- 
tras otras fragatas de la escuadra la ofendían de cerca, y 
los navios Dragón y Tritón abrasaban con sus baterías á 
las del fuerte Jorge, hornabeque establecido para proteger 
el muelle y surgidero. Pero Galvez, tan desgraciado por 
mar como feliz por tierra,* tuvo el dolor de que un tem- 
poral de vientos y aguas soplando reciamente por el 
E.-S.-K. el 5 de mayo, debilitara sus ataques y rom- 
piera en la rada las amarras del Guerrero, del Dragón, 
del San Francisco, del Arrogante y otros buques. Sin em- 



1 58 HISTORIA 

liargo, dos días después, aboaaozaDdo el tiempo, repro- 
dujo simulláDeameDte sus fuegos eo todas direcciones 
con mayor violencia. No por eso desmayaba ía defensa 
que esforzaba Campbell con perseverancia denodada. Pero 
el 8, á las dos horas de cañoneo, penetró una granada 
de los sitiadores en el principal depósito de pólvora, 
cuya horrenda explosión costó la vida de ciento cinco 
ingleses y derrumbó una cara de la media luna que de-- 
fendia al recinto por' el norte. La artillería española, 
aprovechando con viveza tan feliz oportunidad, acabó 
de ensanchar aquella brecha ; y sin demora se lanzaron 
á ocuparla Galvez, aunque herido en el brazo izquierdo, 
y Cagigal con la intrepidez vinculada en los de su linaje, 
seguidos de una columna de los regimientos del Bey, 
Navarra y Flandes que acaudillaban sus coroneles Ezpe- 
leta y barón de KesseL En aquel trance breve, pero recio, 
perdió la vida el teniente coronel del Rey D. Luis Rebo- 
llo, y recibió Cagigal una fuerte contusión. Tan vigoroso 
fué el ataque que, en minutos, se apoderaron los asal- 
tantes de la media luna cuya toma decidió al dia si- 
guiente la completa rendición de la plaza y de sus fuertes. 
Concedió Galvez á los capitulados todos los honores mi- 
litares que exigian su valor y su desgracia; y este suceso, 
á costa de noventa y un muertos y doscientos dos heri- 
dos, restituyó á las armas españolas la posesión de toda 
la Florida occidental que la paz de 1763 habia conferido 
á la Inglaterra, permitiéndole así dominar la navegación 
del golfo Mejicano. 

Antes de que regocijase á la capital de Cuba el primer 
rumor de esta victoria^ dias después de conseguida se 
la confirmaron con su misma presencia mil y cuatro- 
cientos prisioneros traídos por Solano: los demás habían 



DE LA ISLA DE CUBA* 159 

sacombido en la defensa. Cumpliendo lo capitulado es- 
crupulosamente, á iodos se apresuró Navarro á despa- 
charlos en embarcaciones parlamentarias para Nueva* 
York y Charlestown. 

El favor del ministro de Indias derramó con profa- 
sion sobre los vencedores las recompensas por un triunfo, 
cuya ejecución babia perdido en gloria lo que habla ga- 
nado en medios para conseguirlo, con el socorro tan opor- 
tunamente enviado á apresurarlo. Calvez, Cagigal y So- 
lano ascendieron á tenientes generales; Girón é mariscal 
de campo, Kessel, Ezpeleta y D. Manuel Pineda, coronel 
de Soria, á brigadieres. Sin contar las de tropa, la Gaceta 
de Madrid enumeró mas de doscientas gracias entre as- 
censos, grados y pensiones á los jefes y oGciales que ha- 
bían tomado * parte en un suceso tan natural como es- 
perado. 

Muy anteriormente habíase también promovido á te- 
niente general á D. Jjian Bonet, previsor y diligente 
en alistarlo todo para la última expedición de Panzacola, 
aunque muy difícil en sus relaciones con los demás ge- 
nerales, por sus susceptibilidades y etiquetas. Habia pre- 
venido á los cuerpos de guardia de marina que no hicie- 
ran honores mas que á él y á los oficiales generales de 
la Armada. Partió para España , donde se le nombró 
después capitán general del departamento de Cartagena, 
y fué relevado por Solano en el mando superior de las 
fuerzas navales ^ el apostadero. Aparte de su condición 
genial, por su eficacia y sus conocimientos especiales 
para la construcción, no había podido en 1771 discurrir 
el ministro Arriaga elección mas acertada que la suya 
para continuar en el arsenal de la Habana las obras de 
Colína. En los diez años que las dirigió, entre compelen- 



1 60 HISTORIA 

cias y rivalidadest enriqueció aquel esiablecimíenio A la 
marina coo diez y noeve buqaes todos estrenados al salir 
de las. gradas en las operaciones navales de esta guerra. 
Eran, el Babama de á setenta cañones» el San Ramón de 
á sesenta; las fragatas Santa Águeda, Santa Geciiia, Santa 
Matilde, Santa Clara y Virgen de la O, todas de cuarenta 
y seis y cuarenta; nueve bergantines, paquebotes y go- 
letas de á diez y ocho, diez y seis,. catorce y doce; y dos 
gánguiles, cuya construcción había exigido el marqués de 
la Torre para que exclusivamente se aplicaran á la lim- 
pieza de una bahía que con las deyecciones de la ciadad 
iba cada vez mas perdiendo en fondo. Si no se termina- 
ron también en tiempo de Bonet los imponentes navios 
Conde de Regla y Mejicano de á ciento catorce piezas 
ambos, y los mayores que conociese la arníada nacional, 
impidiéronselo las reparaciones urgentísimas de la escua- 
dra de Solano y de las expediciones de Florida que des- 
de el rompimiento de la guerra ocuparon constantemente 
á los talleres. 

Desde que vio al ministro disponer que acaudillara sa 
sobrino Galvez las empresas de Florida, hablase apresu- 
rado Navia á solicitar su vuelta á España. Oponíase so 
decoro á conservar en la inacción el título de general en 
jefe de unas tropas que en operaciones y riesgos manda - 
daba un subalterno suyo. Solo la suerte del vencedor de 
PaDZMcola pudo justificar tal arbitrariedad con uno de 
los militares mas distinguidos de España en aquel tiem- 
po. Diósele por sucesor al mismo Galvez, que después 
de afianzar la posesión de aquella plaza, regresó á la 
Habana el 29 de mayo con Solano, recibiéndole entre 
aclamaciones y festejos el municipio y el pueblo. 

Cumplió Navia sin tardanza con la fórmula de entre- 



DE LA ISLA DB CUBA. 161 

garle od mando qae eo realidad ya no ejercía; y partió 
dos días después para Cádiz con Navarro. Anciano este 
y achacoso para cargos y tiempos tan pesados, se le 
premió luego en España con la sosei^ada capitanía gene- 
ral de Extremadura y silla en el Consejado la Guerra. 
De las arcas reales luvo el intendente jUrriza que cos- 
tearle el viaje ; los ophenta mil pesos que entre sueldos 
y obvenciones habia cobrado en cuatro años de mando 
después de vivir modestamente, los habia distribuido 

entre los pobres. . ' 

« 

Lejos de inferirles la guerra nuevos daños» reponia á 
los habitantes de la parte oriental y de Santiago de los 
estragos que por la dilatada zoúa de su territorio había 
esparcido un horrible temporal de vientos y aguas. Desde 
el 38 de octubre hasta el 4 de noviembe de 1777, hizo 
desaparecer ganados, labranzas y un centenar de perso- 
nas ahogadas en las avenidas. Después de la muerte de 
su gobernador D. José Tentor, le reemplazó interinamente 
en aquel mando desde el 6 de setiembre de 1779, el te* 
niente coronel D. José de Salas, que lo ejerció por más 
de un año. Elevada entonces allí la guarnición veterana 
á on batallón del Fijo, no necesitó recurrir al oneroso 
medio de poner sobre las armas á los milicianos. Bastóle 
la vecindad de las fuerzas francesas marítimas y terres- 
tres del Guarico y del Mole de San Nicolás para dispo- 
ner muchas empresas de los corsarios de aquel puerto y 
los de Trinidad contra los buques mercantes enemigos, 
ya en las aguas de la isla, ya en las de Jaimaca y en 
otros cruceros mas lejanos. Dos ó tres de las nueve ó 
diez embarcaciones dedicadas á un servicio tan remune- 
rado, aunque tan peligroso, fracasaron en sus tentativas 
en el resto de aquel año y el siguiente. Pero las demás, 

HIST. DB CUBA. — TOHO III. — ll 



I 62 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

^rasde eonqoecerae sus tripulaciones, enriquecieron é 
aquellos vecindarios oon presas repetidas y casi siempre 
muy valiosas. 

En 1 781 proveyóse en propiedad aquel gobierno, pro* 
moviéndosele también á brigadier, en el capitán de Guar- 
dias españolas D. Nicolás de Arredondo» que renunció á 
so cargo de mayor general <del ejército de operaciones 
cuando dejó su mando Navia. Continuó alU Arredondo 
dando impulso al corso, y activamente dedicado á abas- 
tecer de granos y giinados á las fuerzas aliadas de Cabo- 
Francés y el litoral dominicano. Constan en las Gacetas 
de Madrid^ en los Mercurios y aun en algunas otras pu- 
blicaciones; y nos abstenemos de enumerar lances y 
encuentros de corsarios de este tiempo, muy parecidos 
todos unos á otros y á ios que al hablar de anteriores 
tiempos dejamos expresados. 



CAPITULO QUINTO. 

<jobierno de D. Juan Manuel de Cagigal.— Aspecto de la guerra -^Proyecto» 
de los aliados. — Refaerzos enviados ^ Améric^ por Francia.— Plan de 
conquista rie Jamaica. — Regreso de Calvez ala Habana. — Deplorable 
loaccioD.— Sus causas.— Sale GaWez para Santo Domiogo.—^Leva general 
eu la Habana.— Precauciones ntili tares.— Expedición de Gagijg;al contara 
la Isla üe Providencia y su conquista.— Derrota de la escuadra francesa 
por la inglesa cerca de la Dominica.— Falsa posición de Cagigal en Pro- 
Tidencia.— Regresarla Habana con su armamento dispersado.— Orga- 
niza nn campo volante junto ¿ la plaza.— Aparición de la escuadra in- 
glesa de I^odney.— Se aleja.— Descuidos de Cagigal en el gobierno poli- 
tico.— Su ayudante D. Francisco Miranda introduce contrabandos por 
Batavanó.— Se los decomisa el Intendente y da cuenta ¿ la corte. 

El teniente general D. Juan Manuel de CagigdP, <}ue 
acababa de regresar de Panzacoiat se encargó en comisión 
de la capitanía general de una isla que su padre don 
Francisco había gobernado tanto tiempo. 

Echemos ahora una ojeada sobre sucesos anteriores 
para comprender el estado general de la guerra y las 
operaciones militares que se disponian por este tierqpo 
en las Antillas. 

En su teatro principal, en el territorio norte-a merina - 
DO, desde 1777 la falla de auxilios oportunos habia for- 
zado á Howe á detener en Nueva- Yorck el curso de sus 
triunfos y perder su fru^o^ dando espacio á la organiza- 

* Véase su biografía, páginas ^36 y 237 del tomo I del Die. Geog, EtL HUU 
4fi Ifi Uia de Cuba^ porel Auti^r. 



1 64 HISTORIA 

dora mano de WashiogtoQ para convertir á las milicia» 
del país en tropas veteranas. Otro general inglés Bar- 
goyne, después de prolongar más de !a cuenta sus mo- 
vimientos para reunirse con Howe, empeñóse por lo in- 
terior del territorio en insensata marcha, y rendido por 
el hambre y la fatiga mas que por el valor de los ame- 
ricanos, les entregó sus armas en octubre en Saratoga 
con mas de seis mil hombres, cuando aquel general vol- 
via i vencerlos enseñoreándose de la cuna de su inde- 
pendencia , la ciudad de Filadelfia. Entonces el gobierno 
inglés, tan pródigo en reprensiones como parco en auxi- 
lios con Howe, se privó de los servicios del mas inteligente 
de sus generales. Mientras Clinlon y Cornwailis le reem- 
plazaban sin llenar su hueco^ vomitaba la Europa enjam- 
bres de franceses y polacos á defender en aquel suelo 
ana libertad que aun no habían adquirido los primeros, 
ni sabido conservar los segundos en el suyo. Antes que la 
Francia se pronunciara abiertamente en favor de los Es- 
tados insurrectos, les prestó así su poderoso apoyo, per- 
mitiendo públicos enganches en sus puertos y que pasa- 
ran á la región sublevada , acaudillándolos hombres tan 
ilustrados en su nobleza y sus ejércitoSi como el joven 
marqués de Lafayette y el veterano Rochambeau. Los 
nuevos Estados acabaron de ordenar y vigorizar su re- 
sistencia con la alianza manifiesta de aquella gran nacioa 
y su consiguiente guerra con la Gran Bretaña. 

Cuando la que poseia mas colonias que ninguna, la Es- 
paña , se vio tan funestamente arrastrada á declarársela 
también y á favorecerá la insurrección de las ajenas», 
expulsando á los ingleses de la Florida , la situación de 
Clinton y Cornwailis pasó de precaria á ser difícil, y 
sos tropas quedaron reducidas á la conservación de al- 



DE LA ISLA DE CUBA. 465 

^uDos puDtos militares en el litoral de los estados de 
ITiieva Yorck y de las Carolioas. Confederada luego la 
Holanda coo España y Francia contra la Inglaterra, la 
triple alianza de tres potencias marítimas contra una 
faé haciendo insostenible la situación del ejército inglés 
en el territorio sublevado. Militaban contra él á un mis- 
mo tiempo la diCcultac;! de proveerse y reemplazarse á 
lanta distancia de su metrópoli, el país que pisaba, la 
inmensa superioridad numérica de sus adversarios y 
todo el poder naval de Europa. No podia allí ser dudoso 
el desenlace de la guerra por mas que le prorogaran 
aquellos generales con algunos combates favorables. 

Impacientes ademas los gabinetes aliados con el carác- 
ter crónico que la lucha iba tomando, concertaron 
^n 1781 sus esfuerzos para reooatarla en ambos continen- 
tes con la realización de gigantescas miras. Después de 
•asegurar la emancipación de¡aquellos Estados, las miras 
de la Francia eran recobrar el Canadá y las Antillas que 
en el último tratado de paz con su rival habia perdido; 
y las de la España reconquistar de una vez con las islas 
-de Jamaica y de Menorca á la importante plaza de Gi- 
braltar y otras posesiones anteriormente perdidas por su 
negligencia ó su contraria estrella. Cifrábanse pues los 
designios de las dos potencias en expulsar á la bandera 
inglesa de todo el nuevo continente y de sus islas, y re- 
ducir su dominio en Europa á sus tres reinos. Todos sus 
recursos se pusieron en acción para conseguir tan gran 
^propósito. 

Después de reconquistar á Menorca las tropas espa- 
ñolas apretaban estrechamente á Gibraltar. En Europa» 
4)068, quedaba ya en escena el primer acto de aquel pro- 
grama bélico; y ya parecia el segundo preparado. Bn 



4 66 HlSTOftlA 

América, como vimoB, los sucesos habían sido todavíft 
mas prósperos arrancando Galvez del dominio inglés á la 
Florida, mtientrassu padre D. Matías, capitán general dé 
Goatemala, limpiaba de enemigos su litoral hasta la 
costa de Mosquitos. No pudieron ser los preludios mas 
felices para prometer á la empresa mayor, á la conquis- 
ta de Jamaica por los aliados, un éxito completo y acaba- 
hlr la ejecución del pensamiento de las dos coronas. 

Para reforzar á la escuadra y á las tropas beligerante» 
eb Aúdérica, veinte y tres navios de línea á las órdeúés 
del conde de Grasse con un convoy de más de ocho mil 
hombres salieron de Brest el 24 dé marzo de 1781 y se 
apoderaron de la isla inglesa de Tabago el 1.^ de ji/bio 
sin que pudieran itnpedfrselo los almírabtes Rodney ^ 
Hood. Permitían supioner la supefiótidad de fuefz^^, la 
fieriéia y la fortuna de los gefaeralei aliados que conti- 
düafiab sus operaciofaeéí ulteriores con mayores triunfbíl.^ 
Era además el afót tunado Gaivé¿ él elegido para ihandéír 
\A^ iúétias ñ'anco-espáñola^ (jue babidn dé recoilóéhtrarse 
én el Guatico ó Cabo Francés para emprender \á con- 
qoistfl de Jamaica y i-ealizab cob ella él plan general éé 
ins dos (rórtes. Pirb (fué pudiera opetát con mayot- indé* 
péndeficia» \ú Luísiáná ^ lá Florida' habian 6ido coMlitut- 
das en capitanía ¿(éneral independiétíte de la dé Cuba 
desde 12 dé febtero dé 1781. Gal Vez, dédpueá de Óé^ 
JÜflb lodo Cobeéi'tádó pafa Id defensa militar de tfqtiélloá 
(é^Htoriós con bnod ddét lúil hombres, trab^Bñó éü taiáú- 
do al mariscal de campo D. Arturo O'Neill; sé embartift 
(xa iad demáá fnéri^ás y tiegd 8 tá Habana en lá tarde 
del 16 dé iigdáto, ^iébdo bfajjéXtí dé á[yasiob«idás deibo^á- 
tÜbfaéí j hgá^joÁ ¡iothó ya ápubtáibos. Noí 6é escaséarbh 
\tk eóbvltéd; Ifoé btíiiés y íás fiestas pata «[Ué (iréValécié^ 



DE LA ISLA DK CUBA. 167 

SO natorai jovialidad sobre la ímpácieDcia que á aqael 
general causaban los obstáculos que se oponian á la re- 
comceniracioo de fuerzas navales y terrestres , primero 
ea la Habana , en el Guarico luego. Sei^ meses se des- 
perdiciaron forzosamente én aquella capital mientras 
el marqués de Bonilla aprovechaba tan precioso tiempo 
perdido para el objeto principal, con la conquisto sucesiva 
de siete de las Antillas menores, San Eustaquio» Sao 
Martin, Sabá^ Essecuebo, Demerari^ Berbicbe y San 
Cristóbal. 

El vómito^ aunque no con la violencia que en el estío 
asterior, porque encontró á los regimientos mas aclimata- 
dos» segoia etk el de 1781 arrebatando víctimas* Mien- 
tras tanto empleaban mortal lentitud el virey de Méjiooy 
ei capitán general de Venezuela y los demás gobernado^ 
res de la América Central, en cumplir con las órdenes 
«leí miaisterio para reforzar á Gahes con todas sos tro*^ 
pas y aoxiHos disponibles* Fué precisamente el última 
que fecibió el mas importante. Hasta el S de febrera 
de 1 7$3 00 aportó en la Habana el de Veraoruz» que 
coASMitia eift OD batallón y dos coikipañías del regimienta 
úm la Corona y un auxilia de dos millooes tres mil qax-^ 
oientos cuarenta y cuatro pesos destinados á los primeros 
gastos de la reconcentración proyectada en el Guaricoé 
L06 refuerzos enviados desde Cidiz, de Cartagena de 
Indias y la Guaira, eatre piquetes y reemplazos para los 
«•erpos expedicionarios no pasaron en 1 781 de dos mil 
qoÍDientos hombres, aun incluyendo en este número unes 
seiscientos negros y mulatas cuya aoperíortdad sobre los 
Uaocits para las fatigas en la zona tórrida tedia ya 6al« 
wi moy probada* Aplazando este general para la pef^ 
maaenclÉ en los tadtones del Quarieo la reorgaiiizaoíoiL 



I 
I 



1 68 HISTORIA 

de las fuerzas españolas, salió para ese punto con toda 
su familia, con su estado mayor y dos batallones en el 
navio San Juan Nepomuceno y el bergantín Cazador, el 1 / 
de febrero, siif que le permitiese su impaciencia ni es* 
perar á que llegaran los fondos de Yeracruz un mes an- 
tes despachados. 

La escuadra de Solano no pudo acompañarle entonces. 
Ademas de no estar terminadas las reparaciones de la 
major parle de sus buques, había perdido muchos ma- 
rineros con la epidemia y muy principalmente con la de- 
sercipn en una tierra donde , á la ruda vida naval natu- 
ralmente preferían emplearse en las haciendas con me- 
nor fatiga, mas libertad y mas salario. Para que no se 
malograra el proyecto mas importanto de la guerra re- 
tardándose indefinidamente la salida de la escuadra y del 
grueso de las tropas, propuso entonces Solano á Cagigal 
el mas violento de todos los arbitrios, el de matricular é 
cuantos peninsulares no presentaran sos licencias ó saa 
pasaportes en la Habana y los pueblos de su territorio. 
Adoptándose en toda su latitud, bastaba estii medida pa* 
ra despojar al país de la mayor parte de sos menestrales 
y artesanos, proletarios casi todos que sin recorsos {Mira 
costear su travesía, solían venir de España como polizo- 
nes : ese era el nombre que se daba á los qoe venían 
ocoltos en los boqoes patrocinándolos los marineros. Sio 
pecar Cagigal de circoospecto guardóse de asentir á pro- 
posición tan perjodicial y peligrosa. Solano se conformó 
con ona leva de vagos y mal entretenidos, cuya polilla 
social había crecido desde qoe con su mapdo cesó de re- 
prirmirla la activa vigilancia del marqués de la Torre. 
Yerificáronse sacas de gente por sorpresa á deshoras de 
Ja noche á mediados de febrero en la Habana, Matanzas 



DE LA ISLA DB CUBA. 469 

y Otros pueblos; pero no con tanto acierto que entre mas 
de seiscientos vagamundos de mal vivir y jugadores, 
no apareciesen después honrados jornaleros y basta un 
sacerdote á quien patrocinó el obispo; incidente este 
que produjo luego disensiones entre Gagigal y el dio- 
cesano. 

Por medios tan defectuosos como imprescindibles con- 
siguió Solano ponerse en movimiento para Santo Domin* 
go el 6 de marzo, con tiempo bonancible y sin peligro, 
porque las fuerzas navales del enemigo hallábanse re- 
unidas á cargo de Rodney sobre la Martinica, observan- 
do los progresos de Grasse y de Bouillé sin detenerlos. 
Como el Nepomuceno y el bergantín Cazador habian sa- 
lido ya con Galvez ; como el San Francisco de Asis aca- 
baba de llegar de Veracruz con averias, y otros tres más 
seguian reparándose en el arsenal, no se llevó Solano 
entonces mas que siete navios de guerra y seis buques 
menores de su escuadra con las tropas mandadas por el 
mariscal de campo Girón. Los repuestos y almacenes le 
precedieron en sesenta y seis trasportes* La mayor ó me- 
nor reconcentración de fuerzas de mar y tierra en año y 
medio asistidas con sus haberes al completo, dejaba á la 
Habana beneficiada con un aumento de mas de tres mí* 
llones de pesos en moneda circulante obtenida por un 
consumo inesperado. 

Para cubrir á la isla, ademas de la artillería de su do- 
tación, de sus milicias y de los regimientos del Fijo y de 
Dragones, quedaron entonces por falta de trasportes los 
regimientos de España, Guadalajara é Inmemorial del 
Rey que no habían ppdido completarse. 

Gomo la idea primordial de los aliados era expulsar al 
pabellón inglés de todo el archipiélago^ Galvez, ignoran- 



476 HISTORIA 

do aun la presencia dé la poderosa escuadra inglesa de 
Rodoey eú las aguas de América, había recomendado i 
Cagigal qae se apoderase del de Baliama, madriguera 
habitual de los corsarios enemigos; y se calló con cabal 
reserva uo designio que parecía aconsejado por loe favo'^ 
rabíes sucesos de aquellos días. 1BI Presidente capitán 
general de Goatemala había ytf sucesivamente arrojado 
á los idgleses de su costa, de la de Honduras, d^l casli^ 
Uo dé San Juan de Nicaragua ocupado por sorpresa , y 
de la isla de Roalan , cuya corta guarnícioú de cienta 
cincuenta y >seis hottbres llegó á hl Habana prisionera 
al mediar marzo. 

Este ejemplo ^tímuló el afdor de Cagigal pot imitarle. 
Aligerado ya de urgencias engorrosas con la salida dd 
ejérdto y la escuadra, sfd levantar áiaao organizó tina 
expedición de dos mil hombres con toda la fuerza diapo^ 
ftfble de los regimientes de Bspafia y Ouadatejara^ coft 
Algunas milicias negraé y alganos voluntarios. Despuea 
de embarcarles en un convoy de cuarenta y ocho ba^ 
ques del comercio, en ta fragata dd guerra oorte-ameri'* 
éaná Carolina, mandada por el toiliodoro Gailion i y doa 
bergantines dd guerra espan(4e#, oonftó imérinameinie al 
mando de la Habana y de ta isla al brigadier teniente 
re^ Dé Juan Dabdn; y él mismo sailió con la ai^pa* 
dícion para la isla de Bahama ó Provideoeta el 2S da 
abril. 

Guaaáo podían amenazar peligros íasiaiitéttaos i ma 
plaza tan impoftanle como aqMtta oapital^ no adrada 
61 objeto de aqtiella empresa qile sa distrajeran da •« vi'* 
gilancia y su defeusa aquellas fiiefzas y ait oiismo gotia#«> 
taador que la tenia jurada, y úMios podiendo confiar la 
tliraooiaQ áe la jornada á un oficial general tan eapnrí<> 



DE LA ISLA DE CUBA. I^f 

meaUícío y entendido como el brigadier D. Bernardo 
TroDCOso^ coronel de Goadalajara, que concdrrió á la 
operación. Como quiera, Cagigal, aunque coniíariado 
por el viento, detpues de reconocer el 8 de mayo los is-^ 
lotes ó cayos de Berris á mas de cien leguas al N. de. la 
Habana, empleó alli cuatro días en reconcentrar su con- 
voy y lo dirigió sobre el grupo de Nueva- Providencia, 
dividiendo su armamento en tres secciones cofibo para 
amagar tres desembarcos simultáneos. Situándose con la 
iuya á tiro del fuerte y pueblo de Nassau, su capital» 
desde el islote ó cayo, de Hog intimó la rendición al go- 
bernador de aquellas islas el 7 por la tarde* 

Era este* el vicenal mirante inglés Juan Itfaxvell, qué 
desde qae se consideró ümenaíado en aquel puesto se 
faabia apresurado á solicitar deCharleston auxilios. Para 
defenderlo apenas contaba con cuatrocientos hombres 
entre soldados y voluntarios* Dos reductos con algunaé 
piezas á la izquierda del fondeadero, y á la derecha utí 
reducido castillo con recinto y foso ^ eran allí los úüi- 
eos baluartes qué protegiesien á un tnillar de familias, 
qué vivian en épocaá de paz con el producto de 
fttgunas salinaís y pesquériair, y en las de guérfa 6on él 
édréo. Esperando por motlúeotos Socorro aquel marino ^ 
para dar tiempo á que llegara , se esforzó en vattó 
en obtener uú armisticio. Bse motivo mismo indujo á 
Ciagi^al k éér iue&o^able en sueí ititiddacioneS; y pasádüs 
\á8 diez bofas que paca capitular le dio de plazo, crdedó 
é Troncosd que desembarcará i\ S. dd pbeblo, miéútras 
él mismo cañoneaba los reductos y el castillo. Maxwell 
«e ápftfdut'i) entoldes á enarbolar bündertt blanca, y s1n 
cómoaie, en la misma mañana del Á de mayo^ tomaron 
los españoles posesión de la jprtnoiii^l de aquellas islaá 



4^4 JflSTOAIA 

la insigDia de Grasse. Un lorbelIJDQ de humo ocultaba 
las señales cod que llamaba ^ sua demás navios parfi 
sosienerle ; y ade^iás le sobraban á Rodney bajeles para 
Goolenerlos. Solo consiguieron los franceses ilustrar é 
fuerza de intrepidez su desventura, excediéndolos á 
iodos en heroismo su almirante. En las tremendas horap 
.de esa lucha hasta diez navios ingleses se disputaron 
el honor de conquistar al sujo, y de más de setecieur 
ios hombres que le defendían, solo Grasse' permanen- 
cia aun de pié é ileso , cuando tuvo que arriar bandera 
por la tarde. Perecieron alli ciento veinte y uno, y ios 
restantes yacian heridos todos. Para expiar su funesto 
error no bailó nna bala el que había sacri6cado ¿ la 
conservación de dos navios su escuadra entera y los ia- 
lereses de dos grandes naciones. Perdieron los franceses 
en ese combate, mas desastroso aun por sus consecuen- 
cias que por sos efectos, cinco navios de línea y tres mil 
hombres ^ entre ellos seis de sus mejores capitanes. 



* Francisco José Pablo , conde de 
Grasse, nació en su casa solariega 
de ProTence en 17^, y se distingaió 
por su valor singular en las galeras 
de Ifalla contra los Tarcos j Ber- 
beriscos, igualmenle que en la ma- 
rina francesa desde i749 contra los 
ingleses. Promovido á Jefe de es- 
cuadra en i 779, se batió muchas 
veces i las órdenes de Estaing y de 
Guicben. Vuelto por algunos meses 
á Fr^incia, volvió á salir para las 
Antillas el 2i de marzo de i78t con 
veinte y un navios, diez fragatas, 
cuatro eorbetas de guerra y up con- 
voy deciento cuarenta y tres buques, 
con los cuales contribuyó á la con- 
quista de varias islas inj^lesas lo- 



grada por el marqués de Bouillé. 
Hecho prisionero después de va 
desgraciada batalla con Rodoey el 
12 de abril de i782> fué tratado por 
los ingleses con las mayores consi- 
deraciones. Presentado en Londres 
á Jorge III , le dirigió el monarca 
estas malignas palabras: «Os vería 
con gusto otra vez á la cabeza de las 
fuerzas navales de Francia.» En 
efecto, toda su reputación de intre- 
pidez no le impidió tener la de mal 
maniobrero. Hecha la paz en i 785, 
salió absnelto de la causa que se le 
formó por su derrota en la Domi- 
nica; pero ya no volvió ¿ ocupar 
ningún puesto importante, y murió 
eo Paris el 11 de enero de 1788. 



DE LA I8U W CUBA. TfjS 

Hieoiras se rofugíabo el marqués de Vaodreaíl «con l^s 
demás en el Ga^rico, los JQgleses se dirigieron é re- 
parar también sus averías qq la misma Jamaiea que aca- 
baban de salvar á ei;|>ensas de dc^ ipil marinos. 

Cagígal babía empreiidido su imprudente ataque á 
Providencia ignorando ^sta catástrofe. Un pliego que 
machos dias después de conquistarla recibió de Dabw 
coe esa nueva, le demoí^ró todo lo arriesgado de su po- 
sición en aquella isla. La marina inglesa quedaba nueva^ 
mente dominando en el mar de las Antillas. Condescen- 
dió entonces con todas las pretensiones de aquellos habi- 
tantes sin extoien; estableció en el fuerte una sola com<^ 
paoia de Guadaliú^ra á las órdenes del capitán D. Anto- 
nio Clai*aoo; renovó sin demora aguada y víveres, y se 
reembarcó para la Habana el 24 en el mas sutil y velero 
de sus 4)uqueSy anticipjin^ose i los otros. Mientras arri- 
baba él solo á Matanzas el dia último de mayo, recona-r 
eia la fortaleza y llegaba á la capital al dia siguiente na- 
vegando á reoK) y vela, el mar, el enemigo mas tenaz 
de los españoles efi el curso de esta guerra, embraveQÍ- 
do por un fuerte S, O», arrastró el convpy á diversos 
puertos d^l golfo mejicauQ., empl^ndo como un mee 
Ips tropas de la expedición en reconcentrarse en la Hfir 
baña nuevamente. Fué su fortun0 que para reparar ep 
Kingston sus bpjeles también necesitase Rodney todo 
aquel tieoipo. 

En la Habana como en el Guarico donde al fio Pouillé 
se habia reunido á Galvez después de la derrota de 
Grasse, corria muy valedero el rumor de que Rodney^ 
reforzando con tres mil hombres en Jiimaica los seis mil 
de desembarco que traia en su escuadra, y esperando 
aun mas refuerzos de Nueva Yovc}c y Charleatowo, ae 



1 76 HISTORIA 

disponía á acometer á aquella plaza. Juzga odola eo peli- 
gro con la auseucia de Cagigal, destacó Calvez al regi- 
mieoto de Soria ¿ socorrerla, que ooce dias después del 
regreso del capitán general deseoibarcó en el puerto. 

Contando así Cagigal con más de seis mil plazas ve- 
teranas para la defensa de la isla á principios del si- 
guiente julio, no hubo precaución que descuidase para 
rechazar al enemigo si se presentaba, tanto en la capital 
como en Santiago. En este punto organizó su goberna- 
dor D. Nicolás de Arredondo un cuerpo volante de mas 
de dos mil hombres con dos batallones del Fijo y com- 
pañías de milicias escogidas, guarneciendo sus puntos 
fortificados con dos de artillería, poniéndose sobre las 
armas las milicias blancas, pardas y morenas.de Bay^mo, 
de Holguin y todo el territorio. 

En la Habana, el brigadier de ingenieros D. Luis 
Huet*, á quien auxiliaron los hacendados con mil y 
cien peones de sus fincas, abrió un camino cubierto que 
asegurase la comunicación de la Cabana con la accesoria 
eminencia que corona hoy la fortaleza número i ó de 
San Diego, y que ya defendían en este tiempo obras de 
tierra y canto bien trazadas. Después de distribuir el ca- 
pitán general en los castillos y recintos mas de dos mil 
hombres de los caerpos veteranos y todas las milicias 
blancas, organizó en las afueras de la plaza otro cuerpo 
volante ó brigada de operaciones de cuatro mil hom-- 
bres, que se componían de tres batallones del Rey» Gua- 

* Este oficial general , sacesor de ionio Remon Zarco del Valle, padre 

D. Silvestre Abarca, faé quien dio del sabio teniente general del mismo 

remate á las obras de fortiíicaeion nombre, que estando ya ciego y de 

de la Habana, cayo plan se babla edad avanzadisima murió hace po* 

adopudo en i7So. Una hija saya eos años en Madrid, 
casó con el teniente coronel D. An- 



DE LA ISLA DE CUBA. {17 

dalajara y Soria mandados por el brigadier Pioeda, co- 
ronel del últioio, tres escuadrones de Dragones y milicia- 
nos por D. Antonio Raffeün,' ciento y cincuenta artilleros 
con algunas piezas de campaña, una compañía de fusile- 
ros «de montaña^ de catalanes casi toda^ y mil seiscientos 
voluntarios negros y mulatos, semejantes en disciplina 
y muy superiores á los demás para la fatiga en aquel 
clima. 

Reinaba en todas las clases del pafs el mas marcial es- 
píritu. Vigías, barcos de aviso, abasto de los fuertes,, 
brigadas de acémilas, todo estaba prevenido cuando des- 
pués de amanecer el 5 de agosto avisó el comandante 
del Morro á Cagigal con tocia urgencia, que se descu- 
brían multitud de embarcaciones enemigas. Trasladán- 
dose inmediatamente el general á aquel castillo, divisó 
como á cinco millas de la plaza hasta treinta y seis na- 
vios (le guerra. No distinguió trasportes que inspirasen 
temor de un desembarco; y suspendió toda señal de alar* 
ma hasta que á las dos de la tarde los vio adelantarse 
hasta á dos tiros del puerto y extendidos de E. á O. en tres 
líneas oblicuas. Todas las tropas y milicias cubrieron sus 
respectivos, puestos al momento. Le permitió á Rodney 
uo tiempo bonancible que, bordeando por las aguas de la 
plaza durante siete dias, reconociera con su propia vista 
que seria para él toda agresión por tierra una temeridad 
muy peligrosa. El 13 por la mañana corriéronse hacia la 
boca.de Jaruco algunos buques de su escuadra; y trein* 
ta lanchas desembarcaron gomo cuatrocientos hombres 
ea la playa del rio del mismo nombre. Al recibir aviso 
de ese movimiento Cagigal al anochecer del mismo dia, 
dejando en la Habana á Daban y Troncóse con la mayor 
parte de la fuerza del campo volante que regia Pine-- 

HIST. DE CUBA. — TOMO III. — 12 



1 78 HISTORIA 

da ^ mientras el grueso de la armada enemiga conlinua- 
ba cruzando por su frente, se dirigió con velocidad hacia 
Jaruco al amanecer del 14 con el brigadier Manrique, 
y los mil doscientos trece hombres de su regimiento de 
España. Al mismo tiempo algunas lanchas cañoneras es- 
pañolas orillaban la costa hasta la embocadura de aquel 
rio para oponerse á la retirada de los desembarcados y 
cooperar á su rendición con la fuerza de Manrique. Pero 
al llegar al punto amenazado no descubrieron ya enemigos 
en tierra ni unos ni otros. Su permanencia en aquel lugar 
habia sido muy breve, la de algunas horas para saquear 
ei ingenio de D. Juan de Sania Cruz y algunas fincas co.- 
lindantes. 

En aquellos dias las operaciones de Rodney % del pri- 



■ En la colección del outor se 
encuentran un diseño iluminado re- 
presen lando á la escuadra inglesa 
cuando se extendió delante del 
puerto en tres lineas, en 6 de agosto 
de i78S, y un plano del campo vo- 
lante, que á las órilenes del capitán 
general Cagigal, formaba entonces 
en l:is afueras del recinto. Estas 
fuerzas, ascendentes á 3494 hombres 
de todas armas é institutos, queda- 
ban disponibles para las operaciones 
que sobreviniesen en un caso de 
ataque, después de quedar asegu- 
rada la defensa del recinto y los 
fuertes exteriores. 

* Véase en casi todas las obras blo- 
gráGcas in$;lesas, y aunen los dic- 
cionarios franceses del mismo géne- 
ro, la vida de este célebre almirante, 
el primer marino de su tiempo, 
que nació en Londres en diciembre 
de 1717, y murió en la misma ca- 
pital el 24 de mayo de 1792 lleno 
de honores. Se refieren de él sin- 



gulares excentricidades de carácter 
y lances muy cariosos. En uno de 
sus viajes al continente, y siendo ya 
almirante en 1778, hallábase en Pa- 
ris comiendo un dia en casa del ma- 
riscal duque de Bíron. Delante de 
muchos convidados , aseguró que si 
mandase las fuerzas navales ingle- 
sas vencerla á las aliadas de Francia 
y España. Al ^oirle tan jactanciosa 
aGrmacion , le preguntó el Mariscal: 
«¿Y por qué permanecéis en Fran- 
cia?»— «Por desgracia, contestó 
Rodney, me detiene aquí la imposi- 
bilidad de pagar mis deudas.» — 
«Pues, señor, replicó el Duque, 
como los franceses nunca han tenido 
miedo de un enemigo más, si.ese es 
el único obstáculo que os detiene, 
mañana quedarán pagadas vuestras 
deudas». Cumplió en efecto Biron 
su ofrecimiento. Roiiney volvió in- 
mediatamente á Inglaterra, y no le 
costó á Francia luego poco caro que 
tan bien cumpliese su pronóstico. 



DE LA ISLA DE CUBA. 179 

mer marino de sa tiempo, se redujeron á las que suele 
emprender cualquier vulgar corsario; Gagigal y Manrique 
regresaron á la Habana el 15. Sin emprender otras hos- 
tilidades mas dignas de la reputación de su caudillo y de 
sas fuerzas, de.^a pareció la escuadra inglesa el 18 por la 
larde en dirección del N., y del horizonte de la plaza 
desapareció también con ella todo amago de agresión en 
el resto de la guerra. 

Indolente y descuidado Gagigal en cuanto á su profesión 
militar no concerniese, estuvo menos feliz en las cosas del 
gobierno político y civil, encomendándoselo todo á roanos 
subalternas. En lo referente á administración de justicia 
tuvo altercados con la Audiencia, y más aun por indis- 
cretas competencias de jurisdicción con el obispo Hecha- 
varria, empeñándose en favorecer la realización de un 
matrimonio á que se oponian los cánones y el parentesco 
de los contrayentes. Algunas excentricidades de su trato 
le acarrearon también la enemistad del intendente Urriza, 
que, mas disimulado y diestro que el obispo, aprovechó 
ana ocasión después muy oportuna para lastimar al ca- 
pitán general con muy profunda herida. 

Tenia Gagigal por ayudantes dos capitanes de infante- 
ría, que se llamaban D. Francisco Montalvo, hijo del con- 
de de iMacuriges, y D. Francisco Miranda, natural de 
Venezuela y de menos buena fé que el otro. A consecuen- 
cia de ciertas disensiones, Miranda se valió de medios 
indirectos para inducir á su compañero á reincorporarse 
á su regimiento, en el de Soria; y se deshizo asi de ese 
rival en la privanza de su candoroso general. Le deter- 
minó á abusar de su ascendiente sobre Gagigal una a6- 
Clon al gasto y los placeres muy superior á los recursos 
de su modesta posición. Después de la expedición á Ba» 



4 80 HISTORIA 

bama ó las Lucayas, juntároose en la Habana los prisiooe- 
ros ingleses de Roatan con tos de Providencia; y Cagigal^ 
por desmbarazarse de nn depósito molesto y dispendioso, 
enlabió una negociación para cangearlos con el goberna* 
dor enemigo de Jamaica, que también tenia en Kingston 
un depósito de españoles prisioneros. Miranda, que ha- 
blaba algo el inglés, se ofreció desde luego á correr con 
aquel trato; y no faltó quien le indujera á aprovecharse 
de su comisión para introducir en la Habana algunos con- 
trabandos cuando regresara luego de cumplirla. Como 
carecia de dinero para los primeros gastos de aquella 
especulación de probable éxito , se asociaron á su pro- 
yecto amigos de los mas acaudalados de la Habana , y 
proveyéronle de fondos sin que maliciase nada CagigaK 
enteramente preocupado entonces con las cosas de la 
guerra. Quien con la mas disimulada vigilancia lo pene- 
tró todo fué Urriza* Miranda salió para Jamaica en una 
goleta parlamentaria; prolongó su permanencia en Kings- 
ton mas tiempo del necesario para el desempeño de un 
encargo tan fácil como el que oficialmente motivó su viaje, 
y todo el necesario para adquirir un cargamento de los 
géneros y especies de mejor salida. 

Por evitar pesquisas de la aduana saltó en tierra en el 
Batabanó, alquiló algunas acémilas y mandó desembar- 
car los fardos. Pero Urriza habia previsto este incidente 
apostando en aquel lugar guardas mas fíeles y numero- 
sos que los de costumbre. Desentendiéronse de las ame- 
nazas de Miranda, se apoderaron de sus alijos, y en pos 
de él los condujeron á la Habana á disposición del inten- 
dente. Gagigal, á quien se vio forzado Miranda á revelar 
parte del hecho, seducido por sus frases, en tugar de 
arrestarle sometiéndole con una justa sumaria á las con- 



DE LA ISLA DE CUBA. 181 

secuencias de su exceso, llevó la indiscreción basta á ex* 
borlar á Urriza cx)n6deociaImenle y aun de oficio á que 
ahogara tan repugnante expediente en sus comienzos. 
El intendente, aunque menos severo en anteriores casos, 
sostuvo en este los derechos del fisco con firmeza; y con« 
siderando Cagigal en esa resistencia un ataque ya directo 
á su representación, abusó de su autoridad basta man- 
dar extraer dé la aduana los fardos decomisados á Mi- 
randa. Para desagraviar la suya , Urriza no dejó pasar 
tan buena coyuntura de satisfacer resentimientos anterio- 
res, despachando á España á su mismo secretario D. José 
Patino con testimonios y pruebas del suceso '^, que tuvo 
logar todo desde que Cagigal regresó de Providencia 
hasta después de desaparecer Rodney de las aguas de 
la Habana. 



^ Cagigal al ver la insistencia del 
Intendente, expidió á Miranda una 
brillante certificación, haciendo 
constar que había servido á sus ór- 
denes como capitán del regimiento 
déla Princesa todo el tiempo que 
fué su coronel ; y como edecán suyo 



desde que salió con la expedición 
de N^avi^ de Cádiz, en el desem- 
barco de las tropas en la Dominica, 
Guádakipe y otras islas francesas, 
en ia expedición que tomó á Panza- 
cola y en muchas comisiones poste- 
riores. 



CAPITULO SliXTO. 

Gobierno de D. Luis de ünzaga.— Proyecto de losaliados.—Grandes prepa- 
rativos de guerra en Europa —Inferioridad de les ingleses.— Paz de Pa- 
ris.—La quebrantan los ingleses anticipándose á recuperará las islas de 
Providencia. —Independencia de los nuevos Estados de la América del 
Norte.— Disolución del ejército aliado en las A millas.— Vasta insurrección 
de Tapac-Amaru en el Perú felizmente reprimida.— Introducción de ne- 
gros en la Habana. — Prohibición á los extranjeros de residir en nuestras 
provincias de Ultramar.— Causa de Cagigal.— Procedimientos contra los 
empleados de la Factoría y otros de otras parles. — Fundación de la co- 
munidad de Capuchinos en la Habana. — Medida para disminuir en el pafs 
el numero de abogados.— Brevísimo gobierno del Conde de Calvez. — 
Procedimiento contra el gobernador de Santiago D. Nicolás de Arredondo 
y otros funcionarios.— Gobierno interino de D.Bernardo Troncoso. — 
Incendio de Casa-Blanca.— Primeros intentos de usurpación de los Anglo- 
Americanos reprimidos por el Gobernador de la Luisiana.— Gobierno 
interino de D. José de Ezpeleta.— Procedimientos contra varios emplea- 
dos de Hacienda. — Observaciones sobre las ventas públicas de esta época. 
— Muerle de Calvez y de su tio el Ministro de indias.— D. Palilo Valiente 
sucede en la intendencia á Urriza.— Su prudencia.— Sucédele interina- 
mente D. Domingo Hernani.— Reformas y obras de Kzpeleta.— Creación 
del regimiento de Cuba.— Creación de una Sociedad de Amigos del País 
en Santiago, y^ servicios de su gobernador D. Juan Bautista Vaillant — 
Muerte de Carlos III.— Gobierno interino de D. Domingo Cabello.— Pro- 
clamación de Carlos IV.— Desaires sufridos por Cabello. — División de la 
diócesis de la isla.— Creación del arzobispado de Santiago y del obispado 
de la Habana.— Su primer obispo D. Felipe Tres-Palacios.— Primer 
arzobispo de Santiago, D. Antonio Feliu. 

Sio los íoformes de Patino, bastabao las revelacioaes 
del mismo Cagigal para que el ministro Galvez compren- 
diese que, exclusivamente militar, no era aquel general 
de los mas propios para el mando civil de un vasto ter— 



DE LA ISLA DE CUBA. 183 

r i torio. Con absoluta reserva, de su propia letra y por la 
vía mas breve, despachó una real órdeo para que el ma- 
riscal de campo D. Luis de Uuzaga \ capitán general de 
Caracas, sin dejar traslucir el objeto de su salida de aquel 
puesto y entregándoselo á quien por el orden de sucesión 
correspondiera, se dirigiese sin detención á relevar á 
Cagigal. Unzaga se presentó en la Habana el 2S de di- 
ciembre; hízole sabedor de aquel mandato, le entregó un 
pliego cerrado en que se le ordenaba trasladarse al cuar* 
tel general del ejército de operaciones en el Gunrico, y 
se posesionó á título de comisión del mando de la isla al 
día siguiente. 

La derrota de Grasse babia condenado á una inacción 
funesta á aquel ejército diezmado por las fiebres de un 
clima tan severo. Aun después de arrancar Bouillé al 
inglés muchas Antillas y arrebatado Calvez una provincia 
entera al enemigo, asaltaron á las dos coronas inquie- 
tudes por sus posesiones en el Archipiélago. Compren- 
dían que no darían resultado sus esfuerzos para terminar 
ia lucha sin algún golpe tremendo, y que para descar- 
garlo no se presentaría coyuntura mas pro|.ia que ahora, 
cuando parecía haber agotado su rival lodos los suyos en 
aumentar su marina. En efecto : lodo el crédito exterior 
de Inglaterra había desaparecido con su erario; no le 
quedaba un bajel en sus arsenales, ni un soldado en sus 
tres reinos. Todas sus fuerzas navales y terrestres se ha- 
llaban distribuidas en la defensa de Gibraltar ó cubriendo 
remotas posesiones. España y Francia entonces, concur- 
riendo á un mismo fin con un concierto cuya falta en la 
guerra anterior les costó tanto, reconcentraron apresu- 

* Véase su biografía en la página 631, tomo iV del Dic. Geog. Hist. Ett^ 
de Cuba por el A. 



1 84 HISTORIA 

radamenle en Cádiz un armamento formidable á las ór- 
denes del almiranle francés conde de Estaing. En el plan 
(ie campaña de este general y que los dos gabinetes apro- 
baron, aunque vastísimo en su objeto, que era la total ex- 
pulsión del pabellón inglés del continente americano, de 
' sus islas y sus aguas, no aparecía detalle alguno imprac- 
ticable con los medios que para su ejecución le prodiga- 
ron. Hallábanse reunidos en aquel puerto por noviembre 
mas de veinte y cinco mil hombres y cuarenta y tres na- 
vios dé línea españoles y franceses cori trenes de sitio y 
de campaña, y un repuesto inmenso de loda especie de 
artículos de boca y guerra. Unidas estas fuerzas á las que 
acaudillaban Galvez, Solano, Bouillé y Yandreuil eo el 
Guarico formaríase allí una masa de más de sesenta na- 
vios de línea con mas de cuarenta y cijnco mil hombres de 
desembarco, y no se hallaria ya la Inglaterra con medios 
para contener á ese torrente. Pero si la pericia y el valor 
de sus marines habían ya conjurado la primera tempestad 
de aquella guerra, la habilidad de sus negociadores con- 
juró también los peligros de la segunda. Al saber sus ple- 
nipotenciarios que se aprestaba á salir al mar un arma- 
mento al cual üo le quedaban ya fuerzas que oponer, 
apresuráronse á aceptar en las conferencias de París pro- 
posiciones de paz poco antes desechadas. Carlos III, ce- 
diendo entonces á las influencias del gabinete francés, ac- 
cedió á que su representante el conde de Aranda suscribie- 
se á los preliminares del tratado contra su misma opinión 
y las representaciones del perspicaz Floridablanca, que 
creia conveniente dilatar aquella concesión pir unos dias. 
Calculaba con acierto que, aplazándolo para después 
de la salida de una expedición tan imponente, podría 
coosegoirse el punto mas esencial de las pretensiones de 



DE LA ISLA DE CUBA. 185 

E&paña en aquellas coDfereocias, la anhelada reslitucioQ 
de Gtbraliar. 

Aqd sin lograrla y reservándola el gabinete inglés con 
mas astucia que sinceridad para objeto de negociaciones 
ulteriores, en aquel siglo no había firmado España un 
tratado mas lisonjero para el amor propio nacional ni que 
al parecer la reportase mas ventajas inmediatas que el 
que en 20 deiebrero de 1783 celebró en aquella corte 
con la Gran Bretaña. Ademas de conservar sus recientes 
oonquista<« de Menorca y de la Florida occidental, adqui- 
rió la oriental y, lo que era aun mas importante, la com- 
pleta evacuación por los ingleses de sus establecimientos 
de la -costa de Mosquitos. Para evitar ta reproducción de 
cuestiones anteriores, logró también que se reconociera 
su dominio absoluto, incontestable en todo el continente 
americano desde los límites septentrionales de la Luisiana 
y las Floridas^ excepto el Brasil, hasta su extremidad 
meridional, el cabo de Hornos. Creyeron que así podría 
cerrarse en adelante todo acceso á las pretensiones de los 
extranjeros en ese inmenso imperio. 

Pero si las ventajas materiales de esa paz eran tan evi<- 
dentes,sus consecuencias morales tenían que ser andando 
el tiempo crueles y aun mortales para la metrópoli de 
colonias tan dilatadas y opulentas. Aunque su dignidad 
Bacional la hubiese forzado á tomar en la lucha la parte 
mas contraría á sus propios intereses, aunque fuera el efi- 
aero premio de ese sacrificio político engrandecer sus 
dominios y establecer mejor que antes sus derechos^ 
acababa á todas luces de atentar contra ellos favoreciendo 
la emancipación de las ajenas y reconociendo solemne- 
mente en el tratado de París como potencia indepen* 
diente á los nuevos Estados-Unidos Ñor te- americanos. 



1 86 HISTORIA 

El territorio eo que se constitayeron en el cootÍDenle, 
se exteodia por el N. desde las márgenes del rio de Saoia 
Cruz, su oatural barrera con la antigua Nueva-Francia» 
llamada Canadá por los indígenas, y por los ingleses Nue- 
va-Escocia. Empezó desde luego ocupando todo el inter- 
valo que media entre su litoral oceánico y las regiones 
aun bárbaras y desconocidas de su O., confinando por 
el S. con límites aun imaginarios por una línea de E. á O. 
entre los cursos del Misisipí y el Apalache con las nuevas 
posesiones españolas de la Luisiana y la Florida. Reco- 
nocióseles ademas la posesión en esa zona de todas las 
islas adyacentes á veinte leguas de la costa con el dere- 
cho de navegación y pesca por los bancos de Terranova 
desde el golfo de San Ix)renzo hasta la corriente del Mi- 
sisipí ya mencionado. 

Susurraban ya en las Antillas rumores del tratado sifr 
que oficialmente se supiese, cuando bajo pretexto de ig- 
norarlo los ingleses de San Agustín de la Florida le in- 
fringieron sin provecho y aun con daño suyo; porqae 
necesitaron verter alguna sangre para recobrar con la 
fuerza, lo que uno de los artículos de la paz les concedía 
sin sacrificio. Un cuerpo de mil doscientos hombres á las 
órdenes del coronel Devaux desembarcó en la isla de 
Nueva Providencia al anochecer del 13 de abril, apode- 
rándose eM4 á costa de nueve hombres y de uno solo 
por parte de los españoles de la batería de Monteagut 
que dominaba á la entrada del surgidero de Nassau, de 
un bergantín mercante y dos lanchas cañoneras. El ca- 
pitán D. Anlonio Ciaraco, á quien habia Cagigal dejado 
en el año anterior en aquel pualo con una compañía de 
Guadalajara» con oportunidad, aunque vanamente, habia 
manifestado á su agresor las noticias de la paz para que 



DB LA ISLA DE CUBA. 187 

suspendiera las hostilidades basta que le llegasen ins- 
trucciones de la Habana. Pero no le dio Devaux lugar á 
recibirlaá. Estableció dos baterías contra el castillo y 
Kevó su desprecio por los derechos internacionales hasta 
continuar mas vivamente sus ataques, después de haber 
comunicado á aquel oficial un ejemplar inglés de los pre- 
liminares de la reciente paz. Claraco, por evitar una in- 
útil efusión de sangre^ le entregó aquella fortificación el 
19, embarcándose con su gente sin dilación para la Ha- 
bana, donde le esperaban un morlificador procedimiento, 
un largo arresto por no haber esperado las órdenes de 
Unzaga, ó defendido su puesto mas honrosamente. Pero 
con aquel atentado afectó mucho mas al honor del Go- 
bierno inglés la malicia de algunos de sus subditos que 
al de España la pronta rendición de algunas docenas de 
los suyos. Mediaron luego sobre esta infracción escan- 
dalosa del tratado reclamaciones oportunas de Florida- 
blanca, y para satisfacerlas fué después castigado Devaux 
severamente ^. 

D. Bernardo de Gal vez, los generales Girón y Solano 
con la mayor parte de su escuadra regresaron el 1 7 de 
mayo á la Habana siguiéndoles en multitud de transpor- 
tes casi todo el co'itingente es(.añol de las tropas de las 
dos coronas tanto tiempo reunidas en la parte francesa 
de Santo Domingo, para una empresa que solo con la 
paz pudo frustrarse. De manos de aquel general recibió 
Unzaga copias oficiales de los preliminares y las prime- 
ras órdenes escritas para que cesaran las hostilidades. 

El mismo dia que cometian los ingleses aquel atentado 
en Providencia, se presentó también en la capital de Cuba 

' Véanse los legajos de Unzaga en general de Cuba y las Gacetai de 
la secretaría militar de la capitanía Madrid de -¿quei tiempo. 



1 8S HISTORIA 

un hijo (le su Rey á recibir los agasajos que se esmeró 
la hospitalidad española eo prodigar al primer vastago 
real que abordara á sus riberas. Era Guillermo de Lao- 
caster» hijo de Jorge III, que aprendiendo á obedecer 
desde la adolescencia para reinar mejor en la edad me- 
dia, servia de guardia marina en la escuadra de Rodney 
y regresaba de Jamaica á Inglaterra acompañándole el 
almirante Hood, el primer actor después de aquel céle- 
bre marino en la victoria de la Domiaica. Vióse enionoes 
á Galvez y á Solano coimar de demostraciones deferentes 
á los mismos á quienes anhelaban antes combatir como 
enemigos. Hospedado con la suntuosidad posible por Un- 
zaga en los tres dias que duró su permanencia en la Ha- 
bana, transcurridos en otros tantos convites y otros tantos 
bailes, el joven Príncipe inglés acompañando á Galvez 
en una gran parada en que formaron con los milicianos 
mas de diez mil hombres, pudo reconocer eatre sus filas 
á los vencedores de la Móbila y Panzacola. Obsequióle 
Solano á su partida con una rica provisión de conservas 
escogidas. Pero antes le habia ofrecido Uazaga otro ob* 
sequío oQias digno aun del hijo de un Monarca : la oca- 
sión de perdonar en nombre de su padre á treinta y un 
ingleses delincuentes de los iraidos á aquella plaza como 
prisioneros, que temerosos de otro castigo mayor que el 
cautiverio, habian rehusado entrar en cange por delitos 
cometidos bajo sus banderas. 

Aunque desde el año anterior, como se dijo, se hubiese 
imaginado para Galvez una nueva capitanía general inde- 
pendiente agregando al mando de laLuisianaelde las dos 
Floridas, no lo llegó á desempeñar sino por delegados. 
Durante su breve permanencia en aquella capital el 
tiempo que las fiestas y convites le dejaron libre lo em- 



DE LA ISLA DB CUBA. 189 

pleó todo coD SO concuñado Unzaga en ejecutar las ios- 
trucciones de la corte tocante al destino y distribución 
dé las tropas procedentes del Guarico. Hizose á la vela 
el 16 de julio para Cádiz en el navio San Juan, con Gi- 
rón y el ex-virey de Méjico Mayorga , que sucumbió á 
sus DQales en el viaje sin divisar las playas de su patria» 
En mas de sesenta embarcaciones salieron luego con el 
mismo rumbo á licenciarse y reemplazarse en laPenínsula 
los regimientos de |lspaña. Principe, León, Navarra, 
Guadalajara , Extremadura y Soria. El de la Corona fué 
roi^tiluido á su jurisdicción de Nueva-España , no reser- 
vándose para la de Cuba sino su auligua dotación vete- 
rana , es decir, el regimiento Fijo, oiro peninsular que 
habia de relevarse de tres en tres años, dos compañías 
de artillería y los Dragones de América. Unzaga enca- 
minó por la vía de Panamá algunos refuerzos con des- 
tino al Perú, vireinato aun no repuesto de la violenta 
conmoción que acababa de estremecer á sus provincias 
interiores. 

No habia tardado España en recoger en las suyas los 
frutos de su ayuda á la emancipación de oirás colonias. 
Dado por los Norte-Americanos el primer ejemplo con 
tanto éxito , menester era que ^e alentaran á imitarlos 
luego los subditos de la misma metrópoli <]ue >an incon- 
sideradamente les habia auxiliado. Tuvo lugar pronto el 
primer ensayo de emancipación en aquel reino á principios 
de 1781 , aunque no fuesen todavía los hijos de los espa- 
ñoles los ((ue sé presentaran á atentar contra el dominio 
y derechos de sus padres. Los mismos indígenas fueron 
los que, para vindicar los de su raza, se alzaron venga- 
tivos y soberbios á restablecer el trono de los Incas. 
Cierto mestizo apellidado José Gabriel Concordanqui, que 



1 90 HISTORIA 

pretendía descender de aquellos príncipes por línea fe- 
menina y usaba por esta razón el apellido de su madre, 
el de Tupac-Amaru, después de asesinar alevosamente en 
un banquete al corregidor y algunos funcionarios de 
Huamanga, no lejos de Guzco^ logró sublevar á todos sus 
partidarios y á las milicias indígenas, haciéndose recono- 
cer por Inca. Obedeció á so voz toda la población india 
mestiza de un inmenso terrilorio, proclamándole here- 
dero de Atahualpa y enviado por el paismo sol á libertar 
al Perú de sus conquistadores. El encono contra los jesui- 
laSy no satisfecho aun con la disolución de ese instituto 
esclarecido, pretendió sin pruebas que un jesuíta peruano 
fuese el instigador y consejero del nuevo Inca. Gomo se- 
senta mil indios y cholos, armados mas de una tercera 
parle á la europea, se reunieron en algunas semanas bajo 
sus banderas. En marzo,, el general D. José del Valle, 
inspector de las tropas de aquel reino^ apenas pudo re- 
concentrar una escasa división de seis mil hombres con 
veteranos del Gallao» Lima^ de Arequipa y otros pueblos, 
cuando se encaminó aceleradamente á las provincias su- 
blevadas. Su sagacidad y su pericia suplieron ventajosa- 
mente á su inferioridad numérica. Destruyendo los al- 
macenes y depósitos de los independientes que á su 
aproximación huyeron á reorganizarse en las gargantas 
de las cordilleras, les obligó así á voJver á proveerse en 
las llanuras, y los desbarató luego en campo raso en las 
vegas de Riotinto con una fortuna igual á su denuedo. 
Tupac, después de haber visto perecer en la refriega á 
sus mejores partidarios, fué cogido por los españoles, y 
un cadalso fué el único trono de aquel monarca impro 
visado. Fueron sus poblaciones ocupadas cayendo sumas 
considerables y muchos repuestos militares en poder del 



DE LA ISLA DE CUBA. 191 

vencedor. Pero se había düalado la iosurreccion á dema- 
siado espacio para qce pudiese extinguirla on solo golpe. 
Acaudillada primero por el mismo padre de Tupac y 
luego por otro de sus hijos^ había cundido desde las 
fronteras del Paraguay hasta las de Goatemala, Quito y 
otros territorios ya vecinos de la América central. Ven- 
cidos siempre en los encuentros por las tropas veteranas, 
procurabaq los insurgentes fatigarlas eludiendo su perse- 
cución en los bosques mas desiertos y en asperezas casi 
ipaccesibies. Afortunadamente permitió á la corte la paz 

■ 

de 17S3 reforzar con parte de las del Guarico á aquellas 
posesiones, y pudo Valle ahogar hasta las últimas chispas 
de un levantamiento que no solo amenazaba despojar á 
España de sus mejores provincias ultramarinas, sino 
arrancar á toda la América meridional del imperio de la 
civilización y el cristianismq. 

Esa mismii paz entre tanto empezaba á difundir á la 
sazón por Cuba la esperanza de recoger pronto los bene- 
ficios de la libertad cooiercial con la Península , inaugu- 
rada desde fines de 1778. No se había aguardado al fin 
del rompimiento para fomentar su riqueza territorial 
multiplicando las introducciones de africanos. Para que 
creciesen, Navarro, Cagigal y Unzaga acordes como todos 
entonces en estimar el valor de las haciendas poi el nu- 
mero de esclavos que las cultivaban, habían apoyado con 
calor las pretensiones de los propielnrios para obtener 
del gobierno permisos para traerlos. Terminada en 1779 
la contrata del marqués de Casa-Enrile^ la guerra con 
aquella potencia había paralizado los esfuerzos de los 
que, animados por las ganancias que consiguió aquel ne- 
&<ociante, se habían apresurado á solicitar el mismo pri- 
vilegio. De más de quince mil cabezas á que ascendió el 



192 HISTORIA 

total de las cootratas, ni la tercera parte lograroo intro- 
ducir en el curso de la guerra varios concesionarios de 
Cádiz y la Habana, como López, Clavel, Sierra, Herrera 
y Campos, y las casas extranjeras de Lecouteux, Marión 
y Rombergen1780. Sin cooi prenderlo, se asimiló luego á 
estO!^ tratantes, consiguiendo un privilegio para enviar ne- 
gros á Cuba, el capitán general, grande de España y mi- 
nistro de la Guerra, conde de Riela, á quien privó luego 
la muerte de sacar en provecho lo que en épocas de mas 
ilustración habria perdido en fama ^ Como quiera, aun 
cuando nunca anteriormente contase la isla tantos como 
entonces, se advertia en el país después de la paz una 
falta de brazos que se explicaba por el afán mismo de lo» 
propietarios en promover un cultivo tan remunerado co- 
mo el de la caña. Y entre tanto, para remediarla, con 
entradas proporcionadas á solicitudes crecientes de dia 
en dia, las cuestiones y las rivalidades entre aquellos es- 
peculadores no permitian al gobierno celebrar nueva» 
contratas de tan buenos y aun mejores resultados que la 
de Casa-Enrile, porque tenia que respetar derechos con- 
cedidos á otros y no caducados todavía. 

Por oira parle, el número de pobladores blancos en la 
isla decreció algún tanto con la recuperación de las Flo- 
ridas. Cumplido con considerable exceso el plazo de ocho 
meses que fijó el tratado de Paris para la evacuación de 
San Agustin y demás pueblos que en aquella provincia 
habían conservado los ingleses, salió de la Habana en 41 

s Bd 8 de mayo de 1787 se cou- bre de aquel mismo año real liceDcia 

cedió Real permiso á D. Vicente para introducir otros 300 , el coro- 

Espou, armador de Tenerife, para nel D. Gonzalo Farrill , que babia 

introJuVir en ia isla 300 negros á venido de España ¿ pasar algunos 

150 pesos cada uno. Con apoyo de meses con su familia. 
Ezpeletai obtuvo también en octu- 



DE LA ISLA DE CUBA. 193 

de junio de 1784 á recibirla el brigadier D. Vicente 
de Céspedes, con quinientos hombres de piquetes de 
los regimientos del Fijo, Rey é Hibernia. Le siguie- 
ron coQ sus familias todos los pobladores que aun vi- 
vían de los emigrados de aquel país veinte años antes, 
y los que se consideraron con derechos y propiedades 
en el devuelto territorio. La industria y la agricultura 
de Cuba no fueron insensibles á la falta de mas de cinco 
miil individuos de toda edad y sexo que la abandona- 
ron entonces por otro suelo mas expuesto y menos ge- 
neroso. 

Juntas estas causas con la repentina disminución de 
los subsidios extraordinarios de Yeracruz, ahora con la 
paz se abatieron muchas ambiciones engendradas por tres 
años de tolerancias en el tráflco con los aliados franceses 
durante la guerra, y de autorización para que los buques 
norteamericanos cambiasen sus cargamentos de víveres, 
ropas y aun artículos de industria por los frutos del 
país. El mismo autor del bené6co reglamento comercial 
de 1778» el ministro Gal ve/, mandó cumplir con un ri- 
gor inesperado las antiguas prohibiciones de comercio 
con los extranjeros; y que por ningún pretexto se per- 
mitiese residir á ninguno en las colonias españolas. Aquel 
Ollivier Pallock, que, como agente del congreso de Fi- 
ladelfia en la Luisiana , contribuyó en el principio de la 
guerra á la toma de los fuertes ingleses del Misisipí» va- 
namente exhibió á Unzaga su título de Cónsul de los 
nuevos Estados en la Habana. Este gobernador, con 
acuerdo unánime del jefe de escuadra D. Francisco Bor- 
ja « marqués de Camachos, y sucesor de Solano en el 
gobierno del Apostadero , del intendente Urriza y de sus 
asesores, no se limitó á prohibirle el uso de ese titulo, 

HIST. DE CrBA, — TOMO III. — 13 



194 HISTOHIA 

sino que le obligó á salir de la isla como á muchos oíros 
norle-americaoos y franceses. 

Después de dos siglos y medio el gobierno español se 
sujetaba aun á una máxima que babia sido excelente en 
la era de colonización que acompañó y siguió á la con- 
quista, pero que ya por esle tiempo era una preocupa- 
ción paralizadora y esencialmente funesta. Se creia que 
los extranjeros no podian residir en sus dominios ultra- 
marinos sin dedicarse al contrabando, sin dar males ejem- 
plos en lo moral y en lo político, y sin explotar el país en 
detrimento -de los españoles para luego abandonarlo. 
Y no era exlreño que quien disipó tantos errores como 
Calvez, participase de uno en que incurrían hasta los 
hombres mas perspicaces de su época. Aun no se com- 
prendía que las mismas prohibiciones que impedían á los 
extranjeros valerse de vías lícitas para traficar en nuestras 
posesiones, eran el estimulo que más les impulsaba á 
traer por las vías ilícitas á sus habitantes todos los articu-^ 
los que no podian obtener de nuestra industria ni nues- 
tra bandera. En cuanto al peligro de su residencia para 
sujetarlos al mismo orden civil establecido para todos los 
demás pobladores, entonces, como ahora lo son, babrian 
sido suficientes nuestras prácticas y leyes, como los he- 
chos hoy nos lo demuestran y lo reconocieron luego con 
la experiencia hasta los prohibicionistas mas tenaces. 

Al paso que se desanimaban por aquellas causaos mu- 
chas esperanzas, otras sobrevinieron por este tiempo á 
influir muy tristemente en el ánimo del público por el 
núroeio y posición de las personas á quienes sus conse- 
cuencias afectaban; porque dañando á muchos ¡rdiví- 
dúos, perjudicaban también al procomún. 

Con las noticias oficiales de la paz y con las crrres- 



DE LA ISLA DE GU13A. lU5 

•pendientes instrucciones para disolver y distribuir las 
fuerzas españolas del Guarico, habíalas también recibido 
-Calvez muy estrechas para enviar á Cádiz arrestado al 
teniente general D. Juan de Cngigal, envuelto en las tra- 
moyas de su ayudante Miranda, que se fugó muy oportu- 
namente á los Estados-Unidos. El intendente ürriza, 
obedeciendo al ministro, habia confirmado con datos mi- 
nuciosos los informes que de aquel incidente deplorable 
llevó á la corle su mismo secretario Patino. Mientras Ca- 
gigal, encerrado en el castillo de Santa Catalina de aquel 
puerto» preparaba la justificación de ?u pureza sin conse- 
guir la de sus imprudencias, el oidor D. Antonio de Uru- 
ñueia vino de Méjico á la Habana á fin de marzo de 1 783 
á formar á aquel general severa pesquisa y residencia de 
todos los actos de su marido. En sus autos públicos for- 
muló este magistrado hasta ocho cargos diestramente re- 
batidos por D. Juan Tomás de Jáuregni, defensor del en- 
causado; y Cagigal quedó absuelto en 28 del siguiente 
julio por sentencia de Uruñuela. Pero en lo. que secreta- 
mente se informó y actúo por la capitanía general y la 
intendencia sobre el contrabando de Miranda, evidencióse 
que si no fué su autor aquel general, lo habia manifies- 
tamente protegido; y vecinos de gran cuenta se vieron de 
repente arrestados y envueltos en la causa. Unzaga, inac- 
cesible á todo ruego é insinuación, no exceptuó á ninguno 
de los que aparecian masó menos implicados en un pro- 
cedimiento tan recomendado por el ministro Calvez. In- 
dulgencia, húbola luego en Madrid, mas no en la Habana. 
Fué singular entonces que muy separadamente de 
aquellas diligencias, en otras no resultara tampoco exento 
<le censuras el mismo funcionario que habia denunciado 
aquellos hechos con una intolerancia que no aplicó antes 



196 HISTORIA 

á excesos de raas bullo. Habia cuando mecos consentido 
Urriza que en la facloría de tabacos cayeran en desusa 
las prácticas y providencias esiablecidas por su antecesor 
RapuQ y el marqués de la Torre en tan importante de- 
pendencia. A instancias de los mismos capitanes generales» 
que repugnaban entender en materias tan extrañas a! 
gobierno militar, y aun al político, habia sido declarada 
anexa desde 26 de agosto al intendente, al jefe de las 
otras rentas, la superintendencia de aquel valioso ramo 
que, en lugar de progresar, mermó y retrocedió desde 
que lo dirigieron roanos mas facultativas. 

No bastaba* que todos, hasta el vulgo, hablasen con 
nombres propios y guarismos de los empleados enrique- 
cidos en la administración de aquel género estancado. Ne- 
cesitóse para refrenar las concusiones, que una denuncia 
formal determinase á corregirlas al mismo capitán general, 
que aun conservaba el título de protector de aquella renta. 
Mandó poner Unzaga en arresto al mismo administrador 
de la factoría, D. Manuel García Barreras y á otros subal- 
ternos señalados como mas culpables; y en 9 de octubre 
de aquel año dio reservada cuenta al ministerio de la de- 
cadencia del renglón de más valer de la isla, por ruinda- 
des y torpezas de aquellos funcionarios. Esta causa^, por 
sus incidentes y vicisitudes, como por la travesw^a y arti- 
ficios de los encausados, duró mucho mas que el interino 
mando de Unzaga, acarreándole después en su residencia 
cargos injustos y amañados la misma imparcialidad de sa 
manejo. Ambos procedimientos, el referente á Cagigal y 
el de los empleados de la factoría, hicieron honda sen- 
sación en la capital por el número y calidad de los com- 
prendidos en los autos. 

También surgían por esos días quejas y discordias en 



DE LA ISLA DE CUBA. 197 

Puerto Príncipe, y raás en Santiago, donde el cando- 
roso gobernador Arredondo era ju£*uele de los ama- 
fios de algunos intrigantes, manejándole á eu antojo 
sujetos tan inquietos conoo aquellos dos hernoanos regi- 
dores D. Francisco y D. Tojnás Creagh, que el marqués 
de la Torre expulsó de aquella ciudad é indultó después 
su sucesor Navarro. B^íjo el patrocinio de estos Creagh, 
volvió allí á tomar pujante vuelo el contrabando con 
Jamaica y Curazao, concertándose los traficantes de am- 
bas islas con los de Santiago .y los mas acaudalados su- 
jetos de aquella ciudad y de Bayamo. Asi cuando eran 
mayores las razones para que creciesen las rentas, dis- 
minuían ; y el malestar se generalizaba en toda la isla 
en 1784, que transcurrió todo entre denuncias, encar- 
<3elam¡entos y castigos por un lado, tolerancias, envidias 
y discordias por otro. 

A ese año le señalaron también en el país dos nove- 
dades, de las cuales una fué muy aprobada, y otra muy 
censurada por gran parte del público. 

En el mismo templo alzado en la capital, en el si- 
^lo XVII, á expensas de D. Francisco Sotolongo, se esta- 
bleció ahora en ediñcio anexo para servicio del oratorio 
de San Felipe Neri, la primera comunidad de religiosos 
capuchinos. Los gastos de esta funíJacion se cubrieron, 
como los de casi todas las demás de la isla, con auxilios 
-de ia mitra y donativos de particulares. La promovió 
pr¡ncipalmente*el obispo Ilechavarría, que iba por este 
tiempo mejorando la casa y enseñanza de otra fundación 
nouy señalada y útil de su largo episcopado, la del semi- 
nario de San Carlos de la Habana, 

Pero precisamente cuando se ensanchaba con ese es- 
tablecimiento la instrucción, la de muchas materias, iba 



498 HISTOUIA 

á sufrir gran cortapisa con una real cédula suspeodieodo 
en aquellos mismos dias los esludios de leyes en la isla y 
prohibiendo en 20 de noviembre de 1*784 á las univer- 
sidades de Méjico y Santo Domingo que expidiesen nue- 
vos títulos de abogados para ejercer la profesión en ella. 
Aunque tiránica en la forma y repugnada por esa razón 
sola, DO pareció perjudicial á muchos en la esencia una 
disposición encaminada solamente á que no creciera más 
una clase que contaba ya doscientos individuos, donde no 
pasaban de cinco mil los propietarios á cuya costa úni- 
camente habian de funcionar. Dictó el gobierno esa me- 
dida con miras provechosas para el procomún y aun 
para los abogados existentes, siendo su solo ñn poner 
racional limite á su número. 

Entre diversas contrariedades terminaba el añüdei784 
cuando resucitó esperanzas de bienestar público la 
nueva de haberse conferido el mando de la isla á D. Ber- 
nardo de Gal vez, el mas popular de cuantos generales 
conoció. Los merecimientos y la suerte de sus tres indi- 
viduos principales encaramaron á la cúspide del favor á 
esa familia, siguiendo aun D. Jo^é cuu mas pi-estigio y 
fama con el timón del gobierno de las Indias por mas que 
desdorara el nepotismo las cualidades de tan gran minis-^ 
tro. líu premio de haber expulsado á los ingle«>es de las 
costas de Honduras, su heriuano D. Matías, al ajustarse 
la paz, había sido elevado de la presidencia de Goatemala 
á teniente general y al vireinato mejicano. Su hijo don 
Bernaido, de moderno coronel al principiar la guerra y 
mucho antes de su término, ascendió, como vimos y con 
títulos mejores, á la misma gerarquía militar. Al publi- 
carse la paz agraciósele también con el titulo de Conde, 
con la denominación de su apellido; y á su regreso á 



DE L.\ ISLA DE CUBA. 199 

España coa la encomienda de Bolaños eo la orden de 
Calatrava y con la cruz pen.siooada de Carlos III, venera 
que había creado esle monarca y á la sazón muy eslíaia- 
da. Sin que las circunstancias le permitiesen empren- 
derla, logró así casi tantas recompensas como si realizara 
la toma de Jamaica. 

A 6íies de 1784 recibió elnuevo Conde en Madrid su 
nombramiento de capitán general de Cuba» uniéndose 
otra vez á su jurisdicción la Luisiana y las Floridas. Pro- 
raetiósele ademas que sucedería en Méjico á su padre. 
Mas le sorprendió la nueva de su muerte á D. Beruardoal 
arribaren su penosa navegación á la Aguadilla, en Puerto- 
Rico; y aportó en la Habana al amanecer del 4 de febrero 
de 1785 con aquella pesadumbre. A las nueve de la ma- 
ñana se hizo cargo del gobierno entre mil demostraciones 
en el momento improvisadas, menos por el interés de suá 
adeptos, que por las simpatías de todo el pueblo. Salieion 
á recibirle, además de las corporaciones militares y civi- 
les, según se practicaba en los relevos de la primera auto- 
ridad, las comunidades religiosas presididas por el obispo 
Hechavarría^ y la marina con el jefe de la escuadra 
D. Javier Morales, que había sucedido á Borja en el go- 
bierno del Apostadero, 

Permitian esperar para Cuba los beneficios de un feliz 
gobierno las cualidades de Calvez, aunque mas militares 
que administrativas, y su poderoso apoyo en la corte; do 
trasluciéndose aun en muchos días su ulterior desdtino al 
vireinalo. Pero disipáronse tan luego como publicó la 
Gaceta de Madrid su nombramiento al saberse en la corte 
la muerte de D. Matías; y no le permitió la brevedad de 
su mando plantear ningún proyecto de varios para los 
cuales trajo autorización del ministerio. Su luto ahora 



200 HISTORIA 

hasta impidió también que le obsequiaran con bailes y con- 
vites como en sus anteriores permanencias en la Habana. 
Una fie las pocas disposiciones que lomó, fué decretar 
la suspensión y enjuiciamiento del brigadier ArreJ^udo, 
gobernador de Santiago de Cuba, ordenándole que se 
trasladase á Puerlo-Prfncipe á esperar el resultado de su 
causa. Encargóse allí del gobierno y de formársela el te- 
niente rey corone! D. Isidro Limonla, que, aunque nacido 
y avecindado en óquel suelo, supo manlenerse exlr^iño á 
las malas pasiones que lo perturbaban; y obró en aque- 
líos autos con moderación y blandura en todo lo compa- 
tible con lo juslo. Los hermanos Creagh, autores verda- 
deros de los desórdenes que motivaron la medida, fueron 
de orden de Gakez traidos á Trinidad, de donde el don 
Juan Francisco meses después logró fugarse acudiendo 
osadamente á Madrid con representaciones y querellas. 
Arredondo, militar de excelentes prendas y servicios, 
acreditó luego su inocencia si no su circunspección, y 
fué repuesto sin nota en su gobierno á petición del mismo 
juez de la pesquisa. 

El brigadier D. Bernardo * Troncoso, teniente rey de 
la Habana, en uso de las atribuciones de su empleo, hí- 
zose interino cargo del mando superior de la isla el 
dia 7 de abril de 1785 al aprestar su salida para Vera- 
cruz el conde de Calvez. Pero tan hostigado este siempre 
por el tiempo como favorecido por la suerte, se vio for- 
zado á detener su viaje hasta el 6 de mayo presenciando 
antes de embarcarse un incidente desastroso. 

Como á la una del 25 de abril se prendió fuego á los 
talleres de la maestranza de la plaza y carenaje de bu- 

« Vé.ise su biografía, páginas 615 y 616, tomo IV del Dice. Geog, Huí. E$t, 
de Cuba por el Autor. 



DE LA ISLA DE CUBA. 201 

ques del comercio que se alzaban al pié del semi-baluarte 
derecho de la Cabana en el paraje de la ribera de la ba- 
{)fa, llamado Casa Blanca. Contenían mucho combustible, 
y un E. muy recio hizo infructuosos los esfuerzos de la 
tropa, del paisanaje y de los marineros que á la vista de 
Galvez, de Troncoso y de Morales acudieron á contener 
los estragos del incendi'>. Aquellos eílificios se convirtie- 
ron en cenizas, y de lo que encerraban se salvó lómenos. 
Pronto maduraron los frutos de la cooperación que 
habia prestado España á la independencia de los nuevos 
Estados norte-americanos que, como si lo exigiese su 
desarrollo desde tan temprano, desde su cuna misma 
marcaron esas tendencias invasoras que tan alarmante 
vuelo han tomado en nuestros dias. Era natural que la 
Luisiana y las Floridas como colindantes con aquellos 
Estados y el que acababa entonces de formarse con el 
nombre de Kentucky fuesen las primeras posesiones es- 
pañolas que tan inquietos é insidiosas vecinos perturba- 
ran. Desentendiéndose de los límites territoriales fijados 
por la paz de Paris, im agente de Georgia se presentó al 
<5omandante del fuerte español de Natchez, intimándole su 
entrega como comprendido en los treinta y un grados de 
latitud N., que p )r su sola autoridad acababa de fijarse 
aquel Estado como límite sobre el Misisipí. Ocurría ya 
este primer conato de usurpación estando todavía en el 
poder el justo Washington, que si no lo autorizó, tuvo 
que tolerarlo por lo menos. Dos mil y quinientos milicia- 
nos ^e disponian á apoderarse á mano armada de lo que 
sin razón, regularidad ni formas exigían. Pero D. Este- 
ban Miró, gobernador de la Luisiana, reforzado entonces 
con alguna gente que á principios de agosto se apresuró 
Troncoso á expedirle de la Hal)ana, después de aumentar 



202 IlISTOHIA 

la del puesto aiuenazado subió por el Misisipi coq una 
coluama de quiaieolos hombres cuya presencia bastó pa- 
ra abuyeutar sin combate á aquella larba. 

Parecia ser en está época, el mando de aquellos terri- 
torios como personal atribución de Galvez; pero aunijue 
desde su regreso se le hubiese acumulado con el del vi- 
reinato y el cargo de inspector general de las tropas de 
América, hablan quedado no obstante aquellas provincias 
depeiidiendOyComo era natural, de la protección de laca* 
pilaiu'a general de Cuba como distrito mas cercano y 
abocado para í^ocorrerlas. 

De la Habana y otros puotos continuaban dirigiéndose 
á la corle acusaciones graves y denuncias de desórdenes 
de algunos funcionarios apadrinados por el intendente 
Urriza ^; y algunos informes reservados de Troncoso ha- 
bían ido después á confirmarlas. El ministro de Indias» 
al mismo tiempo que premió los merecimientos de este 
oGcial general con el gobierno en propiedad de Yeracruz. 
y luego con el ascenso á mariscal de campo, nombra 
para (|ue le relevase en comisión en el gobierno de la 
isla á otro militar de un carácter inflexible, el brigadier 
D. José de Ezpeleta, á la sazón sub-inspector de las tro- 
pas de Pfueva España. 

Llegó de Yeraciuz á la capital de Cuba el 2.7 de di- 
ciembre relevando a Tioacoso al día siguiente; y sema- 
nas después vino también á hacerse cargo de la tenencia 
de rey el coronel D. Domiugo Cabello, antiguo coman- 
dante del Fijo de la Habana. 

Las noticias que i primeros de enero de 1786 comu- 
nicó Ezpeleta al ministerio descorrieron de una vez el 

* Véase 8U lúograFía, página o:>5 d.! lomo IV del Dice. Geog, Hitt. Eit. 
4e Cuba por el Autor. 



DE LA ISLA DE CUBA. 2(^3^ 

velo coo que se cubriaa allí muchas torpezas. Por real 
orden de 20 del siguieote mes se le previno reservada- 
mente qué hiciera formar causa á sus autores por. ua 
juez de confianza y los remitiese presos á esperar en Ve- 
racruz los resultados del procedimiento. El asesor de la 
intendencia y el interventor de obras públicas con otros 
empleados subalternos salieron á fin de marzo para la 
fortaleza de San Juan de Ulúa ; pero si se aclaró su cul- 
pabilidad en muchas introducciones fraudulentas, nada 
arrojaron los autos contra Urriza mas que su confianza 
en los culpables; y cuando aun no se despojaba á los 
empleados de sus puestos siu causas muy probadas, de- 
bió á tan buena práctica aquel intendente conservarse 
un año más en posesión del suyo. 

Sin embargo, los progresos de su administración dis- 
taban mucho de haber correspondido al impulso que les 
dio su antecesor Rapun durante el uiando tranquilo y 
floreciente del marqués de la Torre. Según la memoria 
que en 1787 escribió al conde de Campomanes el teso- 
rero de la Habana, D. Antonio de Paz, los productos 
de la aduana de la capital, que llegaban á cuatrocientos 
mil pesos anuales al morir Rapun, y que desde 1779 
debieron tomar un incremento proporcional al ensanche 
qae dio al comercio el reglamento de octubre del ante- 
rior año, tuvieron apenas ochenta mil pesos de aumento. 
Si en los años de 1781 y 82 llegaron á setecientos cin- 
cuenta mil y tantos ()esos^ Paz alribuyó ese adelanto re- 
pentino cá Jas gruesas remesas de dinero de Méjico» al 
aumento de valor en los géneros, los artículos de consu- 
^ mo, obras y jornaleros, á la multitud de gentes aglome- 
radas en la Habana coa la permanencia de un ejército y 
una escuadra, y á los aprestos que se hacian sin reparar 



201 HISTORIA 

en precios para las expadiciones. Estas circunstancias» 
anadia, formaroa una masa de caudal estimativo y efec- 
tivo, cuya circulación violenta producia ganancias consi- 
derables á los vecinos de la Hibana, aumentando su giro 
mucho mas la concurrencia de norte-americanos que in- 
troducian víveres y exportaban frutos del país, favoreci- 
dos por la inlerceplacion de la guerra y el término que 
á causa de ella habia tenido el tráfico clandestino entre 
la isla de Cuba y Jamaica. Esta es la causa por la cual 
el incremento dadoá las rentas de la Uabana en aquellos 
años, hijo de circunstancias extraordinarias, no puede ser 
considerado como regular ni progresivo. » 

Por semejantes razf^nes del tesorero Paz en el in- 
forme que le habia pedido Campomanes, no solo teniao 
que atemperarse á su natural miramiento por su jefe 
€l intendente, sino que aparecían desde luego refutadas 
por muchos precedentes fuera de las causas de contra- 
bando que se hablan formado y de la impureza mani- 
fiesta de buen número de empleados. Expliquemos uno 
solo. Sin que se viera la Habana tan favorecida como 
lo reconocía Pííz por una larga permanencia de consi- 
derables fuerzas terrestres y navales bien pagadas, ha- 
bían bastado las primeras franquicias comerciales de 
1765, aunque tan inferiores á las de 1778, para de- 
mostrar que las rentas generales de la isla que, desde 
1761 no hablan pasado de trescientos diez y seis mil 
pesos anuales en el quinquenio que siguió á aquel año, 
habían llegado después á más de quinientos treinta y 
dos mil pesos un año con otro; es decir, á casi duplicar- 
se. Habiendo lucido tomado manifiestas creces, así la ri- 
queza agrícola del país, como la mercantil, tan favore- 
cidas después por las cansas expresadas en el mismo 



DE LA ISLA DE CUBA. 20 S 

informe, dincil le era cohonestar las verdaderas causas 
que hubo para que de los setecientos cincuenta mil y más 
pesos á que llegó la recaudación en 1782, descendiese 
á menos de cuatrocientos mil en 1786. Su explicación 
mejor se encontró luego en los procedimientos mandados 
formar por Ezpeleta. En materias que se demuestran con 
guarismos y no con frases, con el desorden i la tolerancia 
ola incapacidad, explicábase con toda claridad ese de- 
crecimiento. 

A los cuarenta años de edad y en el apogeo de su 
grandeza* una enfermedad aguda arrebató en Méjico á 
Galvez en 50 de üovieQ.bre de aquel año*, y pocos 
días después, el mismo exceso de su actividad y sus 
tareas privó en Madrid al Estado del gran reformador 
de las Indias, de su insigne tio D. José, primer marqués 
de la Sonora. Cuando se presumia que esta desgracia 
prolorigara la continuación de Urriza en la intendencia 
de la Habana, se supo que el ministro difunto dejó nom- 
brado en su último despacho con el Rey para que le 
reemplazase, á uñ funcionario que, con el carácter de 
asesor, le acompañó en 1770 á ^u famosa comisión regia 
en Nueva-España , á D. Pablo José Valiente, á la sazón 
oidor de Goa témala. 

Acumulando allí este magistrado á sus funciones or- 
dinarias las de la superintendencra de la Casa da Mo- 
neda y otros ramos, elevando inesperadamente y por 

* Tal era su popularidad en la atraer á aquel General á residir en 

Habana, qué en 6 de agosto, poco la isla, y procurar sus adelantos, 

antes de su muerte, solicitó el Ajan- Por este mismo tiempo , en octubre 

tamiento para Gakez una donación del mismo a&o, se vendieron las 

de dos leguas cuadradas en el ter- tierras que el Rey habia regalado al 

ritorin de G&ines y el titulo de Ro- conde de Riela en las inniediacioDes 

gidor perpetuo de la capital para del Mariel. 



20G HISTORIA 

medios desusados las rentas de aquel reino en pocos 
años, habíase ya dado á conocer Valiente como el mas 
activo cooperador del ministro en las reformas adminis- 
trativas en las posesiones de Ultramar. Tomó el nuevo 
intendente posesión de su cargo el 6 de mayo de 1787 
con el carácter de Juez de residencia de su antecesor v 
otros varios empleados. Pero distraído^ por estas diligen- 
cias y poco dado á innovaciones cuya utilidad no tuviese 
comprendida, se limitó en un principio já arreglar sus 
dependencias sujetándolas al orden con que en 1765 se 
hablan establecido. Como veremos, no fueron infruc- 
tuosas su intervención y vigilancia en todos los detalles 
de las reñías para recoger grandes ventajas con el tiem- 
po. En el mismo año de su venida las rentas del país, de 
menos de medio millón de pesos que habian rendido en 
e! anterior, se elevaron á ochocientos sesenta y cuatro 
mil quinientos sesenta y un pesos; y contra la opinión 
del tesorero Paz y la de ürriza , una vez más demostra- 
ron los hechos que con orden y pureza, aun entre mu- 
chos defectos administrativos, los ingresos del Fisco te- 
nían que guardar perfecta consonancia con el fomento 
de la agricultura y del comercio. 

Le bastó á Valiente un año para informar sobre todos 
los ramos de renlns ai Gobierno, despachar su pesquisa 
general y extender sobre cada producto y cada depen- 
dencia memorias generales que pronto habian de influir 
en la regeneración económica del país, saltando una 
por una las barreras que la tenacidad de los prohibicio- 
nistas seguía levantando en el Consejo de Indias. Para 
que se tra>laddra á la corte á dar cuenta verbal de 
sus encargos se conGrió la su{)eritendencia de Cuba 
^\ ordenador de marina D. Domingo Hemani, que no 



DE LA ISLA DE CUBA. 207 

ilegó á regirla hasta el 6 de noviembre de 1788, limi- 
tándose al despacho común y regular de los negocios., 

Entre lanío, en el ejercicio del gobierno , aunque en 
comisión, no se contraía Ezpelela, raililar activo y de 
elevados pensamientos, al desempeño ritual de sus fun- 
ciones ordinarias como Hernani. 

Principalmente á su efícacia debió la población de 
Regla no desaparecer en el voraz incendio que se cebó 
en su caserío por la tarde del 22 de febrero de aquel 
año. Se extendió rápidamente á varios almacenes donde 
los azúcares, las mieles, el aguardiente y otras materias 
combustibles arreciaron con mas furor las llamas. Con- 
siguió no obstante aquel gobernador aislarlo con sus 
disposiciones, aunque reduciéndose á cenizas los veinte 
y siete edi6cios mejores de aquel pueblo. El tiempo solo 
con la savia del mismo centro común que lo habia crea-' 
do y el comercio déla bahía, podían remediar aquel 
desastre. Apenas pasó de dos mil cien pesos la suscricion 
que pudo recogerse para socorrer á los que allí lo habían 
perdido todo; pero pertenecían á familias acomodadas 
la mayor parte de las fábricas destruidas, y su propio 
ínleréálas volvió de nuevo á alzar rápidamente y con 
mejoras. 

Esforzóse Ezpelela en promover en la capital varias 
reformas de año9 atrás meditadas y aun dispuestas por el 
marques de la Torre, sin que dejaran realizarlas á sus 
sucesores la inquietad de la guerra, otras contrariedades 
ó su breve permanencia '^. Cuidados muy urgentes eran 
á la verdad continuar el muelle empezado en aquella 

^ En loa folios 185, ISi y 185 del descripción del esudo material de 
libro de nclas del Ayaotamieuto de aquella capiíal hecha por Ezpeleta. 
la Habaia de MS% se encuentra una 



208 HISTORIA 

época para la capital. Dotarla de un alumbrado perma- 
ueule , de alguoas fuentes más para el abasto de aguas, 
limpiar y embaldosar la zanja que tas iraia del Almen- 
dares, proveerla de una carneceria y pescadería pro- 
porcionadas á su vecindario, continuar el empedrado de 
sus calles, activar la conclusión de los edificios de la casa 
de gobierno é intendencia, la obra de sus calzadas in- 
mediatas v dotarla en fin de un cementerio con el cual 
se desterrara la dañosa y atrasada práctica de seguir en- 
terrando en las iglesias. Creyeron Ezpeleta y Valiente 
bailar recursos para atender á tan útiles objetos en el 
aumento que á la sazón tenia tomado, con la creciente 
introducción de harinas el arbitrio ó fondo del vestuario 
de milicias. Habian conseguido reformarlo en 1785 fi- 
jándolo en tres reales por cada barril de harina, vino y 
vinagre que se introdujera, y en dos por cada envase de 
azúcar exportado* Ese aumento se explicaba con el del 
consumo de renglones tan precisos. Después de llenar el 
fin de su creación dejaba ya por ese tiempo aquel arbi- 
trio como cuarenta mil pesos libres cada año para el 
Fisco. Por febrero de 1787 se vio aquel gobernador au- 
torizado por real orden de 21 de diciembre para inver- 
tirlos en aquellas obras públicas. Pero no por eso se 
efectuaron todas. Las del empedrado y del muelle absor- 
bieron aquel ingreso por sí solas, menos algunos suple- 
mentos que se distrajeron de aquel fondo para adelantar 
la de la casa de gobierno. Nada restó para el abasto de 
aguas, ni la coniinuacion de las calzadas, sin que des- 
pués de aprobarse por la corte la proposición de cons- 
truir uu cementerio, su ejecución adelantase tampoco, 
sordamente combatida desde que se proyectó por el 
clero parroquial á quien perjudicaba. 



DE LA ISLA DB CUBA. 209 

Yió Ezpeleta mejor cumplidos sus deseos eu otra re- 
preseotacioD que dirigió ai gobierno para que la do- 
tación oiilllar de la isla se aumentara, habiendo regre- 
sado á 1% Península á principios de 1788 un batallón del 
Rey y otro de Hibernia, que desde 1783 permanecían en 
la Habana. Con algunos piquetes que pudo reservarse 
de estos regimientos y reclutas enviados de la Península 
y Canarias, autorizóselc á crear y formar un segundo 
cuerpo fijo» al que se dio el nombre de Cuba , y cuya 
fuerza primitiva no pasó de dos batallones de á nueve- 
cíentas plazas, aunque se aumentó como el de la Habana 
algunos meses después con un tercero. El teniente rey 
D. Domingo Cabello ^ organizó este nuevo cuerpo en me- 
nos de un año. 

Santiago de Cuba, en medio del letargo en que yacia 
sumida, babia conseguido desde el 1 3 de setiembre de 
1787 el beneficio de una institución vivificante que luego 
se extendió á la Habana con mayor provecho. El go- 
bernador D. Nicolás de Arredondo , D. Francisco Mozo 
de la Torre ^ D. Francisco Orinan y D. Pedro Valiente, 
principales hacendados de aquel pueblo, por sí y en nom- 
bre de otros sesenta propietarios, consiguieron con sus 
gestiones en la corte, que les autorizase el Rey en aquel 
día á formar una sociedad patriótica de Amigos del País, 
de semejante objeto y reglamento que las que acababa 
de crear en la Península la fecunda administración de 
Florídabianca y Campomanes. 

No habían aun allí brotado las semillas de la nueva 
sociedad cuando ascendido Arredondo á mariscal de 
campo y á la capitanía general de Charcas, le sucedió en 

* Cabello había venido ¿ reemplazar k Troncóse como Teniente-Rey 
j Sabiiispecior. 

HIST. DE CUBA — TOMO HI. — Ü 



ti o HISTORIA 

«quet gobierno el coronel D. Juan B. Yaillant en 5 de 
jonio de 1 788 para acelerar los beneficios de esa insli* 
iucion. El nuevo jefe, con una actividad , una inteligen- 
cia y prendas para el mandOt que rara vez bdbian lucido 
en aquel puesto , comenzó á sacar de su postracipn á 
aquella ciudad y aun á los pueblos comarcanos. Prove- 
yóla pronto y sin arbitrios onerosos para el vecindario de 
so primer empedrado y de su primer paseo regular. Los 
mismos laátres que traian los buques, los brazos de algu- 
nos presidiarios y el cuidado de encomendar á cada ve- 
cino la conservación de un árbol, le bastaron para obte- 
ner casi sin gastos unas mejoras que rara vez se con- 
figuieron en la isla sin gran recargo de los pueblos. 

El correo que llegó de Cádiz á fines de febrero de 1 789 
trajo á la Habana una funesta nueva, la del fallecimiento 
del benéfico Carlos III, ocurrido en Madrid el 28 de di- 
ciembre. Cuando se apresuraba Ezpeleta * á celebrar ja 
proclamación de su hijo Carlos IV, se encontró ascendido 
á mariscal de campo y á virey de Santa Fé, con órdenes 
para trasladarse á su nuevo cargo sin tardanza. Entregó, 
pues, en 18 de abril el gobierno de la isla al teniente-rey 
O. Domingo Cabello, cumpliendo así con lo dispuesto para 
las vacantes del mando superior de la isla. Pero por 
cumplirse entonces con esa ritualidad escrupulosamente, 
«icurrió en la gobernación del pais una extraña anomalía, 
la de funcionar eo él á un mismo tiempo un teniente ge- 
neral de marina, D. Juan Araoz, sucesor de Morales en 
el maodo del Apostadero, un brigadier de ingenieros, di- 



* Véase su biografía, páginas ¿07 cuando pul)Iique su libro, aun iné* 

y '08 del lomo II del Dic. Geog. dito y titulado Capitanes generales 

Ett. Hist. dé Cuhüy por el Autor, españoles. 
Aparecerá mucho mas extensa 



DE LA ISLA DE CUBA. 2H 

redor de las forlificaciones de la plaza, y otro de arlillerfa, 
mieolras desempeñaba uq mero coronel el maodo princi- 
pal; y qoe con su grado inferior presidiera á los domasen 
et ceremonial de la proclamación del nuevo soberano, 
que ocurrió á los pocos dias de su entrada en el gobierno. 

Duros desaires acarreó á Cabello tan accidental eleva- 
ción debida á una omisión del ministerio. En la Habana 
las guardias de marina» á pesar de sus reclamaciones, no 
le hicieron mas honores que los que como á teniente rey 
le señalaba la ordenanza. Los brigadieres de artillería é 
ingenieros se rehusaron á tomarle la orden en persona, 
desentendiéndose también de reconocerle como superior 
los gobernadores de la Luisiana y la Florida. El de San- 
tiago» Vaillant, que ascendió en aquellos dias á brigadier, 
le negó abieriamenle la obediencia, sin que le valiese á 
Cabello recordarle la explícita declaratoria real que el 
marqués de la Torre habia obtenido en 6 de enero 
de ^ 777 á consecuencia de las pretensiones que produjo 
Urela. Más que el descuido de no precaver tal accidente 
c^mo el de un coronel antepuesto á generales, se extrañó 
después la tardanza en conferir en propiedad tan impor- 
tante mando. 

Después de un año largo de vacante se nombró para 
ocuparla al teniente general D. Ventura Caro» hermano 
del D. Carlos» que figuró en el asedio de la Habana. Des- 
pués que lo renunció y le fué admitida su renuncia, la 
elección de su sucesor aun tardó meses. Felizmente du- 
raba aun la paz en ambos continentes y con la cordura de 
los que regian en Cuba sus respectivas dependencias» sin 
perjuicio de que cada cual sostuviese sus derechos, no 
engendró entonces otros males que sus rivalidades. 

Autorizado Cabello á crear un batallón más en los re- 



21 2 HISTORIA 

gimientos de Cuba y de la Habana ^ distrájose todo el año 
de 1789 eo ese encargo, consiguiendo en pocos meses 
completarlos con reclutas de Méjico, de la Luisiana y de 
Canaria^. Por diciembre las fuerzas Ajas veteranas de la 
isla quedaron constituidas en seis batallones de á nue- 
vecientas plazas, tres compañías de fusileros de montaña, 
que, aunque cortas, llegaban á doscientos, otrafi dos de 
artillería, que con sus sirvientes negros y un destaca- 
mento de minadores completaban igual número ; redu- 
ciéndose muy desacertadamente la caballería á un solo 
escuadrón de dragones de unas ciento veinte. En suma, 
con los cuadros de milicias y las planas mayores de las 
plazas y castillos se contaban seis mil hombres. Por des* 
gracia los dos terceros batallones recien creados marcha- 
ron á reforzar á la Luisiana y las Floridas sin completar 
su instrucción, porque sin cesar inquietaban aquellos 
territorios las indiadas y norte-americanos de los Estados 
limítrofes. 

Mientras que en lo militar ocurrían esas reformas, so- 
metíase á la sazón la jurisdicción eclesiástica á una mu- 
danza radical ya necesaria. Con la agregación de aque- 
llas comarcas la diócesis había crecido tanto en extensión, 
que no bastaban las fuerzas de un prelado solo ni aun 
para el gobierno material de parroquias tan disemina- 
das. Prevíóse el caso desde que el pabellón de España 
empezó á ondear en la Luisiana y volvió á alzarse en las 
Floridas, resolviéndose desde entonces el gobierno á 
convertir en dos diócesis moderadas una grande. Con ese 
designio se instruyó por el ministerio de Indias un expe- 
diente informativo, pero tan demorado por consultas y 
tramitaciones, que hasta 1787 no se ex(:¡dieron órdenes 
al cabildo eclesiástico, al obispo de Puerto-Rico D. Fran- 



DE LA ISLA DE CUBA. 213 

cisco José de Tres Palacios y al oidor de Sanio Domiogo 
D. Miguel Cristóbal de Irisarri para acordar enlre los tres 
la respectiva demarcación de las dos*dióce8Ís proyecta- 
das. Después de aprobadas por la Santa Sede y por la 
corle sus proposiciones de reparto en 28 de noviembre 
de 1 789, fué cuando pudo erigirse en catedral del üuevo 
obispado de la Habana la antigua iglesia de San Ignacio 
que fundaron los jesuitas y que luego aquel obispo en- 
grandeció con esa mira. Fué declarada asiento cabecera 
de la diócesis que entonces se constituyó en la parte occi- 
dental de la isla hasta el territorio de Puerio-Príncipe 
exclusive, y también, aunque provisionalmente, de todo 
el de la Luisiana y dos Floridas. 

Reparable fué que siendo la iglesia de Santiago ele- 
vada por la bula erectiva á arzobispado sufragáneo del 
de Santo Domingo lo mismo que la nueva , quedase en 
virtud de la misma bula circunscrito á la mitad territo- 
rial menos habitada é importante de la isla^ la com- 
prendida entre el cabo de Maisi y la jurisdicción de 
Puerto-Príncipe, que desde luego formó parte de la 
suya. Sirvió así de base para la distribución de las dos 
nuevas diócesis , la extensión y no la población de los 
dos territorios respectivos. Al que más tuvo que inter- 
venir en ese reparto de una jurisdicción que él solo 
habia gobernado tantos años, al obispo D. Santiago 
Hecbavarría , contra sus deseos se le trasladó á la de 
Puebla en Nueva- España , á donde pasó desde mayo 
de 1788. La recien creada en la Habana entró á ser- 
virla desdé luego el referido Tres Palacios, que igual 
acaso á Morell en austeridad y beneficencia, se lo dejó 
atrás en el celo por las prerogativas eclesiásticas y aun 
en la intolerancia. Al erigirse el obispadoj[de la Habana 



214 HISTORIA DB LA ISLA CUBA. 

destÍDÓsele de auxiliar mitrado para qoe gobernase las 
iglesias oltramarioas de la Loisiana y las Floridas á doo 
Luís de Peñalver y Echevarría, natural de aquella ciudad y 
de notables prendas; y el primer arzobispo de Santiago 
fué el Dr. D. Antonio Felin y Centeno, de suavísimas 
costumbres, á quien á poco mas de un año arrebató la 
muerte á la^ estimación y carino de sus diocesanos. 



CAPÍTULO SÉTIMO. 

Gobierno de D. Luís de las Casas.— Excelentes profidencias— Censo de 
población.— Libertad para el comercio de negros. — Comercio y agricnl- 
tara.— El intendente D. Pablo Valiente.— Recio temporal.— Retoluciott 
franela y de Hai ti. —Desastre del Gaarico.— Precauciones de Gasas ea 
Cuba, la Lnlsiana y las Floridas— Obras públicas.— Fundación de la So- 
ciedad patriótica de la Habana y de la casa de beneficencia.— 1>. Fran- 
cisco Arango.— D Nicolás Cal yo.— Reformas en los ingenios.— Discordias 
de Casas con el obispo Tres Palacios.— Guerra con la república francesa 
y en Haití.— La escuadra española se apodera de Pnerto-Delfin y otros 
puntos.— Operaciones desacertadas en lo ioterior de la isla de Santo Do- 
mingo.— Negros auxiliares de los españoles.— Deserción de Toussaüit 
Louverture.— -Asesinatos cometidos por Juan Francisco en Bayajá.— 
Reunión de fuerzas navales en la Habana.— Epidemia en sus trípulaei«r 
nes. — ^Paz de Basilea.— Primera y atropellada evacuación de la parte es* 
pañola de Sknto Domingo. 

Nombrado para el mando de Cuba, tiempo después de 
renoDeiarlo Caro, el mariscal de caiopo y luego teniente 
general D. Lnis de las Gasas, aportó en Santiago en S3 
de junio de 1790, destinando algunos días á examinar el 
estado y cosas de aquel extremo de su jurisdiccioB, á 
dpnde no siempre habian alcanzado la vigilancia y la 
autoridad de sus predecesores. Desaprobó que Yaillant 
pospusiera á su amor propio la subordinación debida en 
aquel puesto al que ocupase el principal de la isla y ce«- 
lebró todo lo demás de su manejo. Continuando su viaje 
desembarcó en Batabanó para tomar posesión de la ea-» 
pitanfa general eo el 8 del siguiente julio, y dar principia 
á uno de los mandos mas felices de la grande Antilki, 



216 HISTORIA 

cuando por niogun rincoD de la atmósfera asomaban 
anuncios de buen tiempo. Sonaban ya en lontananza los 
primeros truenos de la gran revolución social que iba á 
conmover la paz de Europa y trastornar también, en lo 
moral como en io material, la condición de todas las co- 
lonias. Para juzgar con exactitud la conducta de Casas, 
la consideraremos bajo dos puntos de vista: el de los 
progresos que alcanzó la isla en la población, cultivo» 
tráfico y costuaibres; y el de las peligrosas mudanzas que 
la amenazaron luego en una guerra mucho mas peligrosa 
por el choque de las ideas qne el de las armas: Si la 
gloria de conseguir lo primero no fué toda suya, per- 
teneció luego á él solo la de preservar al pais de las se- 
gundas. Aleccionado para gobernarlo en sus anteriores 
permanencias en la Habana cuando vino en su primera 
juventud acompañando á su cuñado O'Reilly en sus con- 
ferencias con ese mismo general, con Unz|ga y Valiente, 
Gasas no tardó en descubrir el campo que se ofrecía á su 
actividad y patriotismo, empezandt) á regenerar y hacer 
fecunda para ella misma y para España una de sus pose- 
siones aun menos conocidas. Los expedienles y aun los 
borradores del marqués de la Torre acabaron de ense- 
ñárselo ^ 

Se encaminaron sus primeras providencias á dos gran- 



' El bando de buen gobierno ex- 
pedido por el general Casas en 30 de 
junio de 1792 y dividido en óchenla 
y dos artículos, es un documento 
jnny superior á todos los publicados 
anteriormente en materias de orden 
publico. Apenas hay punto de go- 
bernación y policía que no prevea, 
fiay un ejemplar en la colección del 
iLutor.Muy posteriormente al bando» 



publicó en 12 de diciembre de 1793 
una circular para la represión y cas- 
tip;o de los encubridores de malhe- 
chores, y en 23 de Junio del siguien- 
te a&o una «instrucción para las 
justicias ordinarias en la recolección 
de vagos ó mal entretenidos » y sus 
deslinos por vía de corrección y en- 
mienda. 



DE hK ISLA DE GUBA^ 217 

des objetos: á ordenar y fomentar la población de la isla. 
Si se exceptúa á Ezpeleta, que se esforzó en conservar 
alguna policía en los pueblos, anduviero.n negligentes sus 
antecesores sobre tan esencial puntó. Casas solo necesitó 
reproducir y hacer observar con una firmeza inexorable 
los bandos y las órdenes del Marqués con modificaciones 
y adiciones que le dictaron las diferencias del tiempo y 
circunstancias. Imitóle también apresurándose á comi- 
sionar á los tenientes gobernadores y á los oficiales mas 
inteligentes para que levantasen un nuevo .censo de su 
estadística y población general, bajo las mismas pautas é^ 
instrucciones que para el anterior habían servido. Se 
ejecutó esa comisión en todos los distritos con tanto es- 
mero como actividad, conociéndose ya sus resultados en 
los primeros meses de 1791» aunque no se publicaron 
sino al entrar el siguiente año. El número total de habi- 
tantes resultó elevado á doscientos setenta y dos mil 
trescientos uno; es decir, excediendo en muy cerca de 
cíen mil al primer censo, aun con las cortapisas que ha- 
bían opuesto á los progresos de la colonización una guer- 
ra de cinco años y el regreso á la Florida de buen nú- 
mero de emigrados en Cuba cuando fué restituida á Es- 
paña esa provincia. De aquel número general de indivi- 
duos, ciento treinta y tres mil quinientos cincuenta y 
nueve eran blancos, cincuenta y cuatro mil ciento cin- 
cuenta y dos libres de color, y ochenta y cuatro mil qui- 
nientos noventa eran esclavos. Del cotejo de un censo 
con otro resultó que la clase que proporcionalmente mas 
se había aumentado en los últimos diez y ocho años, era 
la de los siervos negros de ambos sexos, que en 1774 no 
pasaron de treinta y ocho mil quinientos sesenta y nueve, 
y en 1 792 llegaban á casi doble número. Expliquemos 



218 HISTORIA 

la causa de un aumento de tanta trascendencia para la 
riqueza agrícola de la isla* 

Con mas fuerza que nunca se seguía opinando que la 
prosperidad de los territorios tropicales de España de- 
pendía del aumento que tomaba el número de esclavos 
que los cultivaban, como sí á la metrópoli de tantas po- 
sesiones faltaran medios de reemplazar en las Antillas con 
brazos de indios los que procedían de un tráfico repro* 
bado por la religión y el derecho natural, mucho antes 
que por el decoro y la civilización de los pueblos. 

Reconocida por una larga práctica la insuficiencia de 
los asientos con particulares ^ y la ociosidad de un mo- 
nopolio que tenia la esclavitud de una raza de hombres 
por objeto, el mismo consejo de Indias, aunque siempre 
opuesto á conceder franquicíail, habia cedido á las de- 
mostraciones de Valiente y otros varios para proveer de 
braceros á las islas y propuesto que se declarase el co- 
mercio de negros absolutamente libre. Para asegurar 
mejor los resultados de ona medida que solicitaron casi 
todas las provincias de la América Central, hízola exten • 
siva á todas las banderas, porque á los españoles, con 
raras excepciones, repugnaba arrebatar de su suelo á 
aquellos desdichados mientras hubiese extranjeros que se 
los trajeran. Una real cédula de S8 de febrero de 1789, 
de las mas notables de la legislación americana, como por 



* En el tomo 92 de la coleceion de 
Maooz hay uoa certificacioa de doo 
Juan ÁQtoDÍo Enriqaez, secretario 
del consejo de la guerra en 1778, 
qae contiene an Índice explicado, ó 
reseña de todos los aslenlos cele- 
brados con la corona para proveer 
de negros africanos ¿las Indias occi- 



dentales desde 1895 hasta aquel afio. 
Pero sobre esta materia hay que 
consultar con toda preferencia las 
noticias de la colección de escritos 
de D. José Amonio Saco, que es 
quien se ocupó de ese punto con 
mas detenimiento. 



DB LA ISLA DE CUBA. 249 

vía de ensayo y por dos años había autorizado á unos y á 
otros á emprender la trata» aunqne con precanciones que 
la entorpecieron. Lográronse bastantes ventajas, sin em- 
bargo, para reconocer con los hechos loe defectos de la 
instrucción que acompañó á aquella medida, que iutro- \ 
dujo en Cuba más de veinte mil esclavos en menos de 
dos años; y cediendo el gobierno á las observaciones de 
Casas, expidió en 24 de noviembre de 1794 nueva cé- 
dula que extendió á otros seis años más la absoluta liber- 
tad de aquel tris4e comercio, y suprimió la mayor parle 
de las trabas que habian acompañado á la primera. Re- 
dujéronse á un seis por ciento los derechos de introduc- 
ción de los esclavos y á eximir su primera venta del pago 
de derechos de alcabala. 

Al mismo tiempo que se lograba asi surtir de brazos á 
U agricultura, se permitió la introducción con bandera 
nacional y sin derechos, tanto en los puertos habilitados 
de Cuba como en otras partes, de toda clase de herra- 
mientas para los cultivos, y de máquinas y utensilios 
para la elaboración del azácar que procediesen de mer- 
cados extranjeros. Esta concesión provechosísima, mejo- 
rando ios artefactos usados hasta entonces, abarató tam- 
bién los precios del azúcar, y más cuando se extendia á 
la tablazón para envases de ese dulce, á las duelas y efec- 
tos de barrilería. Habian ademas conseguido Valiente 
y Hernani otras franquicias importantes, como la ab- 
soluta exención de derechos á la exportación del ca- 
fé , con la mira de fomentar el cultivo de tan rico fruto 
aun insignificante en la isla en ese tiempo; y la fa- 
cultad de proveerse de harinas norte-americanas cuan- 
do las nacionales no alcanzasen á cubrir las necesida - 
des de un consumo que á la sazón ascendía en la sola 



\ 



!¿20 HISTORIA 

capital á mas de seiscienlos mil barriles eo cada año. 

Ademas de YalieDte *, que luego se restituyó á ejercer 
eu propiedad la superinieudeocia de la Habana eu 1 6 de 
febrero de 4792, habia ayudado á Casas calorosamente á 
la consecución de estas reformas uo joven habanero, 
D. Francisco Arango, que á la sazón desempeñaba en la 
corle los poderes del ayuntamiento de su pueblo, gestio- 
nando por sus intereses desde 1788 con una aplicación 
coronada por el éxito. 

Pero antes de que se palparan los efectos de tan bue- 
nas causas, sobrevino á detenerlos algún tiempo en toda 
la parte . occidental de Cuba una calamidad desoladora. 
En 1791 anticipóse la estación lluviosa desde abril; y 
continuó con perseverancia tan extraordinaria, que el 21 
y 22 de junio, rebasando sus límites hasta los riachuelos 
mas humildes, se convirtieron en torrentes que acabaron 
de anegar los campos. Grandes y chicos, todos los ríos, 
el Catalina, el Almendares, cu}as fértiles riberas contri- 
buían al consumo de la capital en gran manera, transfor- 
marón los valiesen lagos. Desaparecieron asi las siembras 
alimenticias de Guajay, Santiago, Bejucal, Santa Ma- 
ría del Rosario, Guiñes, Managua, Puentes Grandes y 
otros pueblos, como las ricas cosechas de tabaco de Gua- 
ne. Pinar del Rio y de la Candelaria; y se destruyeron 
también todos los puentes que el marqués de la Torre 
habia construido para que comunicase la capital con sus 
partidos. Multitud de vecindarios y familias, incomunica- 
das por las aguas, no salieron de un presente de hambre 
sino para desesperarse con una perspectiva de ruina y 

3 Véase su biografía , páginas 639 crologia en el Diarh de láUHabana 
y 640, T. IV. Diec. Geogr. Est. HiiL de 2 de marzo de 1818. 
de la Ula de Cuba por el A., y sa ne- 



DE LA ISLA DE CUBA. 221 

de miseria; porque la iDUodacion, recrudecida con el fu* 
ror de los vieotos y chubascos á semejanza del diluvio 
antiguo, así destruyó arbolados y selvas seculares , como 
plantaciones, viviendas y ganados, arrebatando (as cor- 
rientes á muchos infelices sorprendidos por avenidas re- 
pentinas. Bn las topografías bajas de todo el territorio 
que se extiende desde Jaruco y la Ciénaga de Zapata 
hasta el cabo de San Antonio, haciendas, casas, animales 
todo desapareció destruido ó maltratado, sin que á tan 
espantosa inundación apenas resistiera la compacta y vi- 
gorosa vegetación de la caña^ como para reparar después 
tantos desastres. Tan recia y general calamidad hizo pa- 
tente á sus gobernados la primera prueba del humano 
anhelo, de la enérgica compasión de ese Casas, de aspecto 
frío y severo, y cuyo mando hasta entonces se había 
marcado solo con actos de represión y de justicia. Al que 
habia purgado de vagamundos y malhechores á los par- 
tidos y á los pueblos, al que ensordeciéndose á ruegos y 
sollozos los destinaba á las obras públicas, á los puertos 
de la Florida ó á los buques de la armada, vióseie distri- 
buir lodo lo suyo entre las víctimas, excitar con su ejem- 
plo el desprendimiento de otros muchos, y multiplicar 
providencias de remedio para cada población, cada par- 
tido, cada hacienda y aun cada individuo. 

Sus discordias con el intendente Hernani por puntos de 
jurisdicción no fueron un obstáculo para que contribu- 
yesen las c^jas reales con subsidios de importancia á re- 
parar las obras públicas y aun las fortificaciones que se 
habían destruido. Por otra parte el generoso obispo Tres 
Palacios^ aunque en vísperas tajnbi^n de romper sus 
hostilidades con el capitán general, se esforzó poderosa- 
mente en remediar tanta miseria pública con crecidas 



322 HISTORIA 

caaiidadej) del fondo de diezmos y auo de su peculio; 
mientras D. Juao de Araoz despachaba con premara á 

buscar maotenimieotos hacia los puertos del centro y de 
Santiago, no solo los buques de cabotaje, sino los mer- 
cantes que se ballaroo desocupados en la babfa. Eladivo 
Taillant hasta cuya jurisdicción no se habia extendido 
aquel azote, hacíalos retornar para la occidental carga- 
dos de maíz, piálanos, granos y otras subsistencias. 

Pero sonaba la hora desgraciada y feliz á un mismo 
tiempo de que empezara Cuba i reparar sos quebran- 
tos anteriores con los despojos de su misma hermana, la 
floreciente Haiti ó Santo Domingo. 

Un siglo habia bastado para que en la parle de esa 
Antilla cedida ¿ la Francia por el tratado de Ryswick, 
una administración discrela y hábil tmosformase en co- 
lonias opulentas las guaridas de los antiguos flibusteros. 
Dirigidos por agricultores entendidos, medio millón de 
africanos fertilizaban ya allj en unas dos mil leguas cua< 
dradas como ochocientos iogenios que producian sesenta 
millones de pesos un año con otro, y multitud de cafe- 
tales y plantaciones de añil y de algodón que producian 
cuarenta, sin hablar de otros rendimientos menos impor- 
tantes. Comparativamente á su población blanca, la es- 
clavitud, origen verdadero de toda esa riqueza, habia 
tomado en Haiti proporciones imponentes. Pero merced 
al cuidado y á las providencias de ud gobierno que re- 
coDocia en aquel territorio la mas imponente de sus po- 
sesiones coloniales, conservábase sumisa y obediente 
-** empezó su metrópoli á mudar ea 1789 de insti- 

s y principios, sin excluir de sus violentas refor- 

aquel especial y tan distinto suelo. 

)ues de declararse en la asamblea nacional que 



DE LA ISLA DE CUBA. 223 

era preferible el sacrificio de todas las colonias al de ona 
sola docirÍDa revolucionaria, deseslimáronse las repre- 
sentaciones y los ruegos de los propieiarios de las Anti- 
llas francesas; y se expidió para esas posesiones un de- 
creto declarando á los libres y libertos de color iguales 
en derechos de ciudadanía á los mismos blancos. Ya por 
ia instantánea conflagración que encendió tan repentina 
medida entre ambas clases ; ya por las tentativas con 
que se esforzaron los esclavos en dejar de serlo, desde 
1791 empezó en Haiti á horrorizar al nuevo mundo ese 
drama formidable que habia de borrar del mapa de los 
países cultos á uno de los mas fecundos y hermosos de 
la tierra. Las dotaciones sublevadas de las fincas» después 
de degollar á los blancos aislados en los campos reser- 
vando solo á sus esposas y á sus hijas para sufrir una 
suerte aun mas horrible, entregaron al fuego y al saqueo 
los principales pueblos de la colonia, entre ellos su capi- 
tal, Cabo Francés ó el Guarico y Puerto Principe. La bar- 
barie destruyó en pocas semanas los adelantos de un si- 
glo de industria y civilización. Con la violenta emanci- 
pación de los negros desaparecieron de un soplo unos 
mercados que enviaban mas de quinientos cargamentos 
en cada año á surtir de azúcar y café á la mayor parte 
de Europa. Con la destrucicon de Sanio Domingo era, 
pues, Cuba encaminada ya á producir mucho mas i]ue 
ellos y á ser la región designada en el mundo comercial 
para llenar tan gran vacío. Pero estaba muy cercana á 
tan terrible incendio para que no pudieseu sus chispas 
alcanzarla; porque poseia también un gran número de 
esclavos muy expuestos por su misma proximidad á 
contagiarse con la propaganda que habla encendido aquel 
volcan tremendo. 



224 HISTORIA 

El preservar á la esclavitud cubaoa de todo contacto 
con la recieo emancipada en aquella iofeliz isla fué la obra 
maestra de Casas, cuya firmeza incontrastable fué el solo 
antemural que libró á su jurisdicción de unas ideas con- 
tra las cuales emplearon luego en vano barreras y arma- 
mentos naciones poderosas. 

Comprendiendo desde los principios de aquella conmo- 
ción todo lo pernicioso de sus síntomas, apresuróse á ha- 
cer observar con un rigor que habia caido en desuso las 
antiguas leyes que prohibiau la admisión de eiLtranjeros 
en las posesiones españolas. No hubo ni consideraciones 
de humanidad que le desviaran de ese objeto. El 14 de 
setiembre de 1791, habiendo aportado á la Habana una 
embarcación francesa con pliegos y aprepiíantes súplicas 
de amparo dirigidas desde el Guarico por su angustiado 
gobernador M. de Blanchellande, Casas^ sin permitirlos 
desembarcar ni comunicar con nadie á la tripulación ni 
al ayudante de aquel general que se los traia» le obligó 
á evacuar el puerto en pocas horas. Impuso en todos los 
demás puertos la imitación de este ejemplo por precepto 
á todas las autoridades subalternas. En Santiago luego lo 
observó Vaillaot con tal rigor, que después de socorrerla 
con algunos víveres, obligó á salir de la bahía á una fra- 
gata de guerra francesa que se presentó allí á solicitarlos. 
A un canónigo, á quien por su edad y sus achaques ha- 
bia permitido buscar en aquel pueblo una quietud que 
ya no se encontraba en la parte francesa de Santo Do- 
mingo, le ordenó Casas después que sin dilación lo em- 
barcase para España. 

Política diversa hizo observar en la gobernación de la 
Luisiana y las Floridas, que desde la época de Galvez 
continuaba dirigiendo el brigadier D. Esteban Miró con 



DE LA ISLA BB CUBA. 225 

t»BU> acierto como fortaleza. Allí, en lagat de expulsar ¿ 
extranjeros laboriosos y útiles, cooveoia atraerlos, do* 
solo para el aumeivCo de la riqueza lerrílorial, sino para e> 
de la foerza pública. Gasas y Miró no limitaroD sus pre* 
cauciones á tenerla siempre preparada para repeier las 
incnrsiODes de los indios y de los díscolos colonos de los 
estados fronterizos de Kentncky y Tennessee que ya se 
iban formando. Asalariaron y asociaron i sus 6i>es al 
aiestizo Mac-Gíllivrey , jefe influyente de los indios Creecks^ 
ademas de concederle algunas ventajas personales en sus 
tráficos con Nuera-Orleans. Otras mayores concedieron 
también al general norte- americano Wilkinson que aca- 
baba de formar una numerosa colonia en Arkansas; y se 
comprometió á defender los intereses de España, sobre 
todo en las cuestiones de territorio, mediante una pensión 
anual de dos mil pesos. Fueron también asalariados con 
el mismo objeto varios agentes que tenian inffuencia en- 
tre las indiadas y colonias norte-americanas de las comar- 
cas limítrofes; y si algunos quebrantaron después sus 
compromisos, la demarcación española á lo menos con- 
servóse intacta, no en los caprichosos límites que se obs- 
tinaban en 6jarla los comisionados norte^^americanos, sino 
en los que señaló el mismo Casas con una interpretacioo 
mas justa y natural de la letra del última tratado. 

Para precaver usurpaciones ulteriores discurrió Miró 
levantar una ligera fortificación en los Nogales, abocada ¿ 
los Arkansianos de Wilkinson en uno de los puntos de la 
frontera mas desiertos. La gnarneció con cien hombres 
y seis piezas que te fueron enviadas de la Habana, en- 
cargándose de prot^er y promover la colonización de 
aquellos contornos solitarios con alguna gente armada el 
Dr. D. O'Falion, norte-americano también muy adicto á 

HIST. DB CUBA. — TOlffO III.-— 15 



226 HISTORIA 

£8pdDa. c Muchos individuos,» dice el americauo Javier 
Martin en su historia de aquel país, «acudieron á estable- 
cerse enlaLuisiana desde el Wabash, Kentucky y riberas 
del Cumberland, después de examinarlas y de saber que 
se les permitiría trasladarse á esa provincia con sus pro- 
piedades mobilia;*ias, pagando por las mercancías un 
veinte y cinco por ciento de su valor; y nada, durante un 
plazo de dos años, por las que consistiesen en esclavos, 
dinero é instrumentos de labor, garantizándoseles la po- 
sesión de las tierras que se les repartiesen y la protección 
de las leyes mientras las observasen también con su con* 
duela.» 

En veinte años de dominación española habia progre- 
sado la Luisiana más que en los setenta que estuvo 
siendo colonia de Francia. De tres mil almas que contaba 
apenas Nueva-Orleans^ su capital» en 1770, llegó en el 
censo de 4 791 á pasar ya de ocho mil. En aquella época 
eran qjaince solamente los puntos colonizados en todo el 
territorio; y juntos no excedían de diez mil almas; ahora 
aparecían siendo veinte y cinco con cerca de cuarenta 
mil personas de toda edad, color y sexo; y los productos 
de importación y exportación, como así mismo la riqueza 
territorial, habían crecido proporcionalmente. 

Promovido Miró á mariscal de campo y á otro mando 
eo enero de 1792, entró á sucederle en su gobierno el 
coronel barón de Carondelet, casado, como O'Reilly, con 
otra hermana de Casas, á cuyas instrucciones adecuó e<)- 
crupulosa mente su manejo. Viendo este general malearse 
día por día las relaciones internacionales con la Francia, 
y que su representante en Washington, M. Genet, ponía 
en juego maniobras insidiosas, ya para pervertir el buen 
espíritu de los grupos de población de origen francés 



DE LA ISLA DE CUBA. 227 

que eD ooa provincia pertenecienle á España se conta- 
ban, ya para evitar las agresiones de los extranjeros de 
los Estados límítrofeSi auxilió á Carondelet para que le- 
vantase sobre la embocadura del Misisipí otra batería que 
cruzara sus fuegos con la de Placaminas ; para que forti- 
ficase á Nueva-Orleans con reductos provisionales; para 
que acopiase provisiones, así para los puestos interiores, 
como para los de la costa y las plazas del litoral de la 
Florida. Al paso que ejecutó estas órdenes Carondelet, 
ademas de completar los tres batallones del regimiento 
veterano de Luisiana, reorganizó las milicias del territo- 
rio en siete compañías de mas de cien hombres cada una, 
preparando cuadros para duplicarlas, en caso de inva- 
sion« con otra tanta fuerza. 

Mientras que con esas precauciones se aseguraba la 
conservación de un dominio tan amenazado, aprovechaba 
Casas con eficacia extraordinaria el corto intervalo de paz 
que medió desde su entrada en el gobierno hasta la 
guerra contra Francia. Terminó todas las obras públicas 
que el marqués de la Torre habia emprendido, hermoseó 
á la Habana con sus actuales casas de gobierno, de cor- 
reos ó de la intendencia y con la alameda extramural 
que hoy se apellida de Isabel II. Reconstruyó con mas 
sólida fábrica los puentes del Calabazal,' Apolo, Gibaro, 
Mavoa, Yumuri, San Juan y Puentes Grandes arrebatados 
por la última avenida. En fin, estableció aquel goberna- 
dor en el suelo de la capital los primeros cimientos de las 
instituciones que mas hablan de contribuir á propagar en 
la isla la ilustración y la riqueza pública. Tales fueron la 
Sociedad económica de Amigos del Pais , el Consulado 
de la Habana y su principal establecimiento de benefi- 
cencia, como oportunamente apuntaremos luego. 



228 HISTORIA 

Santiago áe Cuba, como vimos, babia sido dotada de 
UDa Sociedad económica de Amigos de) País, establecida 
allí con iguales miras de bien público, aunque con me-r 
DOS elementos que las que se habían creado en Españn 
en casi todos los pueblos importantes en el último reina- 
do. Esa institución debida en la metrópoli á los esfuerzos 
concertados de Floridablanca y Jovellanos, era un ba«~ 
luarte contra la ignorancia, un manantiat de saber é 
ilustración. La estaba la Habana reclamando con dere- 
chos, por su misma superioridad de ser, mucho mayores 
que los de Santiago; porque tos frutos que brotasen de 
tan buena planta habían de guardar mas proporción con 
la mayor distancia de una capital mas apartada de so 
madre patria, si componiéndose la sociedad con ios no- 
tables de mayor concepto y cuenta, pudieran auxiliar con 
sus luces, sus conocimientos locales y' su riqueza á los go- 
bernadores en la iniciativa de toda reforma provechosa. 
Formando con ellos á la sociedad se concederla un justo 
participio en los asuntos públicos á los mas legítimamente 
llamados á consulta; y así se regularizarían» con el ca- 
rácter de oficiales^ las mismas conferencias que, con el de 
privadas, tenían á menudo que convocar los capitanes 
generales y los intendentes para discutir sobre especiali* 
dades de administración y de gobierno que no debían re- 
solverse sino con reflexión y con consejo. Dirigido por 
estos pensamientos, Casas dio un apoyo enérgico á la so* 
licitud que para la creación de la Sociedad patriótica de 
Amigos del País de la Habana presentaron el conde de 
Casa-Montalvo, D. Juan Manuel OTarríll, D. Francisco 
Basa ve y, principalmente el provisor del obispado, D. Luis 
de Peñalver. Decretó su creación y establecimiento Car- 
los IV por real cédula de 27 de abril de 1 792 puesta ea 



DE LA ISLA D£ CUBA. Wi 

manos de Casa Mootalvo eo la corle para ese y oíros fines, 
Pero la Sociedad aun lardó mucho en redactar su regla-» 
mentó, funcionar y constituirse, no cootando con otros 
arbitrios ni asignaciones en esta primera época, que al- 
gunos donativos de sus mismos fundadores, como estos no 
contaban tampoco coa otras recompensas que la satisfac- 
ción de llenar un público deber con sus tareas. Presidió 
Gasas en 2 de enere de 1 793 la primera sesión oficial á 
que concurrieron como socios fundadores cuantos indi- 
viduos encerraba la capital, notables por su nacimiento, 
su saber y su fortuna, entre ellos los marqueses de Casa- 
Cal vo^ Casa-Peñalver, Cárdenas de Monte- hermoso, San 
Felipe y Santiago, y Jgstiz de Santana, los condes de Ca* 
sa Bayona, Lagunillas, Buena-Yisla y Gibacoa, y hombres 
tan señalados por su espíritu público ó por su inteligea^ 
da como D Nicolás Calvo de la Puerta, D. José Ricardo 
OTarrill y D. Andrés de Jáuregni. Ni con local propio 
contaba la corporación para sus juntas; y tuvo que em- 
pezar desde luego á celebrarlas en una sala del ya ter- 
minado palacio de gobierno, cuyo frente principal acababa 
de estrenar el capitán general cediendo todo lo demás al 
ayuntamiento y para cárcel pública. 

Destinóse la Sociedad á las grandiosas miras de mejorar 
la agricultura y el comercio, la industria popular y la ga- 
nadería, constituyéndose» á ejemplo de las de Madrid, de 
Valencia y la Vascongada, á imprimir anualmente con e| 
Ululo de Memorias sus trabajos, sus observaciones y los 
^ulelantos que se obtuvieran en todos aquellos ramos. La 
Sociedad, gobernada en un principio por su primer director 
él canónigo y luego obispo D. Luis de Peñalver Echevarría, 
se dividió en varias secciones, cada cual con su presidente 
y secretario. La primera se llamó de Ciencias y Artes, la 



230 HISTORIA 

segaoda de Agricultura y Economía rural, la tercera de 
Industria popular^ y la cuarta de Comercio. A D. Fran- 
cisco Árango * y Parreño, apnque todavía estaba ausente^ 
reconocióle la nueva corporación por su mas brillante 
antorcha, le señaló también lugar de preferencia y le co^ 
metió sus principales encargos y tareas; y para que los 
resultados que engendrara tan útil institución no se cir- 
cunscribieran á la capital y su comarca, imitó á la de 
Santiago nombrando subdelegados y juntas subalternas 
que correspondiesen con ella en todos los distritos. 

Las ventajas que produjo la Sociedad Fueron prontas y 
evidentes. D. Nicolás Calvo explicó y publicó grandes 
mejoras para los ingenios, ensayando con buen éxito en 
la elaboración del azúcar varias aplicaciones químicas. 
No podian ser mas oportunos sus ensayos que» cuando 
al destruirse de repente con la ruina de la parte francesa 
de Santo Domingo el principal mercado que surtía de 
aquel renglón á muchos pueblos europeos, habían de 
recurrir forzosamente á España para remediar aquella 
necesidad en sus depósitos. Así se explica cómo á prin- 
cipios de 1 793, se elevó aquel dulce en la Habana á pre- 
cios tales, que las cosechas ó zafras restituían á sus due- 
ños la tercera parte del capital que representaban sus 
ingenios. Vendíanse por este tiempo los azúcares á veinte 
y cinco y treinta reales de plata cada arroba; y conser*^ 
vándose en ese valor durante algunos años eñ los breves 
intervalos de paz que luego permitieron tres guerras ex- 
tranjeras, aquel incremento de los precios del azúcar fué 
el origen de muchas fortunas colosales que han resistida 
en Cuba á la disipación, al lujo y al desorden. 

* Véaie en biografía en las pigs. 32, 33, Si, 35 j 36 del T. I. del DieeU^ 
iMfff Geogr. EíL HííL de Cuba por el A. 



DE LA ISLA DE CUBA* 234 

• 

D. Gregorio Balaustre iotrodojo por la parte oriental 
el precioso cultivo del añil, ya olvidado eo la isla desde 
qoe desapareció con la avenida- qoe sufrió Bayamo á 
principios del siglo xvii. Ese rico género extraido por 
medio de la fermentación, aunque escaso en sus prime-* 
ros rendimientos, babrialos obtenido Coba en gran escala 
si Balaustre hubiese tenido mas imitadores. 

Desde antes de que la Sociedad económica se consti- 
tuyese con la generosidad y espíritu de sus fundadores, 
había nacido y empezado á ejecutarse un pensamiento 
que bastaba él solo para revelar la índole verdadera de 
aquella época. En 47 de marzo de 4792 el provisor Pe* 
fialver, los marqueses de Cárdenas y Casa Peñalver y e' 
apoderado de la condesa de Jaruco, ausente entonces en 
la corte, presentaron autori^cion para fundar un esta- 
blecimiento de beoeBcencia á sus expensas y las de otroa. 
Acogida esta solicitud con toda la protección que merecía 
su objeto, el desprendido canónigo compró varios solares 
frente al punto llamado entonces Jardín de Betancourt y 
antes Caleta de San Lázaro; y reuniéndose hasta treinta 
y seis mil pesos entre los primeros asociados á tan loable 
objeto, encargó Casas la construcción del edificio en 
aquel sitio al comandante de ingeoieros D. Francisco 
Wambitelli. Terminado á los dos años sobre una super- 
ado de mas de treinta mil varas planas de extensión, 
le inauguró aquel general con toda solemnidad, insta- 
lando personalmente en ese asilo á trejnta y coatre 
niñas huérfanas el 8 de diciembre de 4794. En recuerdo 
de aquel acto de bondad y filantropía aun se conserva, 
en una de las salas de ese hospicio, un modesto lienzo 
que representa la entrada de aquellas primeras niñas en 
sus muros y á su venerable fundador que tan generosa 



932 . HISTORIA 

flolaz daba á se espíritu entre ¡as ioqoietades de ia guerra* 

La nueva casa de beDeficeocia contó para bu cooser- 
vacíoo desde un principio coo un capital de ochenta y 
ocho mil nuevecienioa catorce pesos impuestos sobre fin- 
cas urbanas y rurales que redituaban cuatro mil cuatro* 
cientos cuarenta y cinco en cada año, ademas de las li- 
mosnas eventuales, productos de rifas y otros arbilrioe 
que se discurrieron. Con su administración y su gobierno 
corrieron desde luego diputados de la Sociedad recien 
creada de Amigos y del ayuntamiento bajo el patronato 
del obispo dioceaaao. 

Lo ooniinuaba siendo el doctor Tres Palacios ', á cuyas 
virtudes y vida ejemplarísima con caprichoso contraste 
acottpañaba tan ciego celo por las prerogativas de so 
mitra que se dejaba muy atrás la meta que le debia se- 
parar de las cosas temporales. Como en todo lo denouis 
de su cargo, era también Casas may celoso del vice-pa- 
tronato. Entre los dos surgieron de ahí cuestiones que, 
agravándose, retrajeron al prelado de cooperar á la fun- 
dación de la casa de beneficencia y á otras obras de aquel 
gobernador con la eficacia que estando acorde con él hu- 
biera empleado. La comunicación que eo 2 de febrero 
de 1795 dirigid aquel general al ministro detallando las 
causas de sus competencias con el diocesano, reveló com- 
pletameate el carácter de a(idx>s foncionarios. 

Pero desde mucho antes, mas serios cuidados que sos 
desavenencias con el diocesano agitaban á Casas, pre- 
ocupando entonces á todos gravemente las alarmantes no* 
vedados que iremos apuntando. 

A principios de 1 793, deshonrada ya coo la sangre de 

> Véase sa biografía, págiaa 397, T. IV del Dice. Geogr. Eit. Bist. de la 
M'KdiCir^porel A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 2^33 

victimas ilustres la revoiucios franceBa » ioaugaró su 
renpioiieoio i3on las monarquías de Europa arrojándolas 
por gaanie una cabeza augusta, la de su inocente y dé- 
tíü rey Luis XVI. Aquel atentado, que solo contaba un 
ejemplo semejante en la historia de los paises cultos, fué 
la tea que enoeadió la primera guerra entre la república 
mieTa y los antiguos tronos. Regida basta atli España por 
los consejos de Aranda y de Floridablanca, babfase limi- 
tado á observar una política conciliadora y expectante 
sin ceder ni al belicoso hamor de su grarndeza y de sus 
dases medias, ni á las sojestiones del ministro inglés 
Pitt, ton ardiente como las de los mismos emigrados fran- 
ceses q«e se habían salvado en la Península de las san- 
grientas proscripciones de su suelo patrio. Pero después 
deaquel asesinato horrendo, la neutralidad, antes juiciosa, 
era un desdoro, no solo para un pabellón tan interesado 
como el nuestro en sostener principios sociales que en la 
nación vecina se sacrificaban, sino para el honor personal 
de Carlos lY. No bastaba que los mismos regicidas lava- 
ran luego con su misma sangre el cadalso de aquel rey 
desdichado. Creyóse indispensable derramar también la 
•de muchos de sus subditos; é instantáneamente declaró 
España la guerra á la Francia revolucionaría. 

Gasas, sabiendo * el rompimiento antes que por los 
pilaos del ministerio por dos presas españolas con que 
algunos corsarios franceses la iniciaron cerca de la Ha- 
bana, no recibió basta muy entrado majo la real cédula 

* En 20 <le mayo de 119$ fué caan- en el puerto á las fragatas proceden- 
do se supo en la Habana oficialmente tes de Veracruz, Santa Paula y Mi- 
el rompimiento entre Espafia y Pran- nerva, que entre sus ricos carga- 
cía. Maeho antes de reeibír la noti- mentos Ue?aban con deatino áCidís 
<:ia oficíaly desde 30 de marzo, había más de cuarenta millones de pesos . 
tenido Casas la prudencia d^ de tener 



834 HISTORIA 

de veinte y cinco de marzo de 1 793, mandándola publi- 
car en su jurisdicción uoa novedad que no por lo prevista 
era menos alarmante para Cuba. Su frecuente contacto 
con Santo Domingo hacia entonces mas peligroso que 
nunca el antagonismo de las dos metrópolis. 

O por la urgencia de las causas de la guerra, ó porque 
se esperase que auxiliaría la Gran Bretaña con sus es- 
cuadras á nuestras posesiones, andaban estas muy des- 
prevenidas al publicarse la declaración de las hostilida- 
des. En lugar del insigne Floridablanca dirigía ya la 
nave del Estado el joven D. Manuel Godoy enaltecido por 
la privanza soberana, mas seducida por su desembarazo y 
despejo que por sus merecimientos y experiencia. 

A pesar de las advertencias de Casas y sus antecesores 
habíase descuidado el reemplazo de las guarniciones de 
Cuba, la Luisiana y las Floridas, flaquísimas entonces 
con el forzoso licénciamiento de cumplidos. No llegaban 
á cuatro mil veteranos las fuerzas que cubrían esos do- 
minios tan extensos como vulnerables. En días tan críticos 
no contaba ni un millar de combatientes la parte espa- 
ñola de Santo Domingo^ tan amenazada por su contacto 
inevitable con la emancipada esclavitud de la francesa. 
Y para remedio de tan alarmante situación militar se re- 
dujeron los auxilios de la corte á meras instrucciones 
para el armamento y defensa de los puntos mas amena- 
zados; para remesar ¿ Cádiz los caudales de Yeracruz y 
Costafirme; y para que Casas y el virey de Méjico, á la 
sazón el insigne conde de Revillagijedo , socorriesen 
apresuradamente al Presidente de Santo Domingo con 
fuerzas y recursos, insuficientes entonces para cubrir sus 
propios territorios. Gestionando el primero con eficacia 
y previsión, tenia terminadas todas las obras accesorias 



DE LA ISLA DE COBA. 235 

de los faertes exteriores de la Habana y su recinto. En 
Nueva Orleans , sa cuñado Carondelet, cumpliendo con 
sus anteriores instrucciones, había dado remate al fuerte 
de San Felipe de Placaminas en la entrada del Misisipf , 
que cruzaba sus fuegos con los antiguos reductos de la 
orilla opuesta. Precauciones semejantes se tomaron en 
Santiago» destinándose ásus obras y defensa desde anteg 
de finar junio gruesas remesas de dinero con un bata- 
llón del regimiento de Puebla y otro del de Méjico, que 
uno con otro contaban mil y doscientos hombres recien 
enviados de Nueva España por Revillagijedo. Casas había 
destinado esta fuerza para reemplazar en aquel puerto 
al batallón de Cuba que contaba cerca de ochocientos; y 
que mandado por el marqués de Casa- Calvo, pasó á 
Santo Domingo á instancia de su Presidente. Por fortuna 
la escasez de fuerzas navales francesas en América y 1^ 
anarqufa que reinaba en sus Antillas conquistadas ú hos- 
tilizadas á la sazoD por los ingleses, permitió que . se 
transportaran sin tropiezo aquellas tropas de Yeracruz á 
la Habana y luego de Santiago á Santo Domingo» y á que 
no ocurriese en el verano y otoño de 4 793 suceso ni ac- 
cidente de importancia. 

Ya mediando octubre supo Casas por el encargado de 
negocios de España en Filadelfia» que se afanaba el mi- 
nistro de Francia en aquella capital M. Genet en despa- 
char agentes á los estados del Sur para seducir y armar 
gentes en las posesiones españolas limítrofes con la Lui- 
siana» donde la población francesa era crecida y la mas 
rica. Proponíase Genet que, después de preparado allí 
el espíritu público por sus emisarios y dé sublevar á los 
indios en favor de Francia, bajasen por el rio con la 
gente levantada en el Kentucky y Georgia para atacar i 



336 HISTORIA 

Nueva- Orleans en combiaacioD con las fuerzas Davales 
francesas que penetrasen por ei Misistpí. De. todo enteró 
Casas al gobernador de aquella plaza revelándole hststa 
las señas personales de los principales emisarios de Ge* 
net. No solo la fuerza se preparó allí contra la fnerza^ 
sino que á las maquinaciones y á las tramas se opusieron 
Cambien con maña y buen resultado iguales medios. 
Mientras que el coronel Clarke, caudillo designado para 
hostilizar á la Luisiana, y Augusto Lachaise, criollo francés 
de aquella provincia» se esforzaban en allegar gente 
armada para acometerla desde ios estados de Kentucky, 
Georgia y Tennessée, valiéronse Gasas y Caroadelet de 
agentes que frustraron en aquellos territorios sus manio- 
bras. Era su emisario principal cierto naturalista inglés, 
llamado Tomás Power, sujeto de sagacidad y muy adicto 
á España» que disfrazando su .misión con objetos de 
so ciencia, indujo á los propietarios y colonos inflo^ 
yentes á rechazar las influencias francesas y á que afian- 
zaran tan gran paso aliándose con las posesiones espa- 
ñolas, y disponiéndose á surtirlas de armas y dinero, 
igualmente que á conceder á las de Nueva Orleans la li-^ 
bre navegación del Misisipí. 

No logró Power por cierto realizar todo su pian; pero 
predisponiendo en aquellos estados la opinión á fines muy 
contrarios á los del ministro francés, coneiguió á lo me- 
nos que sus agentes no afiliasen luego á su bandera des- 
organizadora mas que algunos centenares de vagabundos 
é indios» que rara vez dieron la cara á loa destacamentos 
de Carondelet y de Quesada, gobernador de la Florida 
entonces. 

Empezaba ya á correr entonces sn última borrasca el 
dominio español en Santo Domingo. Cuál era la suave 



DE LA ISiA DK CUBA. 237 

CGoatitucioQ de la mas anUgaa de las oalonia^ españolas 
de América y la primera regida por las leyes de lodias^ y 
coátt diverso el trato y el maBejo eoo su esclavitud de' 
de las extrañara?, teaiaolo ya en esos dias con irrefuta- 
bles y evidentes pruebas demostrado tres años de per- 
fecta quietud y sumisión junto al mismo cráter que in-* 
ceBdiaba el territorio limítrofe. 

Precisamente de aquellas leyes y de la suavidad del ca- 
lumniado imperio castellano dimanaba el benéfico rocío 
que preservó entonces de sus llamas á la mitad del 
edificio social en aquella isla feraz ydigoa de otra suerte, 
á la que aun seguía perteneciendo á España^ 

Solo la paz permite á las naciones concertar convenios 
y tratados. Por filantrópico y de mutua conveniencia 
que fuese, hubiera sido impracticable excluir de las bos- 
tilídades á Santo Domingo, para que á la guerra entre 
dos baaderas no se añadiese el horror de la guerra entre 
dos razas. Aunque á la humanidad entera interesara 
aquella exclusión, no lo hubiera consentido el fanatismo 
revolucionario de una nación que después de hacer peda- 
zos sus antiguas formas» anulaba también todos sos pac* 
tos con los demás pueblos; y donde uno de los represen- 
tantes babia proclamado que antes debian desaparecer 
las colonias que sacrificarse un solo, principio. Con tan 
horrible sentencia no quedaba ya apelación para aquella 
isla. Al dejar de pertenecer á dos benéficas metrópolis, 
tenia qae pasar del dominio de la civilización al de la 
barbarie» y afligir al mundo con ejemplos tan horribles, 
que ni los antiguos historiadores de Grecia y Roma los 
consignaron semejantes. 

Al estallar la guerra, el Presidente del territorio español 
D. Joaquín García Moreno, casi sin tropas para defen- 



238 H18X0IUA 

derlot no discurrió mejor medio de salvarlo que el con- 
federarse con Bíasson, Joan Francisco, Tonssaint y otros 
caudillos negros que acababan de adquirir so fatal cele- 
bridad dirigiendo en la parte francesa las feroces rebe- 
liones de aquella esclavitud contra sus dueños. Con 
aliados tales conjurábase» sí, breve tiempo la tormenta; 
mas no babria luego autoridad, ni leyes, ni respetos que 
los refrenasen, ni antídoto tampoco para el contagio que 
por la parte española propagaran. 

De orden de Godoy salieron de los puertos de España 
algunos buques destinados é formar la escuadra que á 
cargo del teniente general D. Gabriel de Aristizabal de- 
bía proteger á las Antillas, reforzándose con todos los que 
hubo disponibles en los puertos de la América española. 

Por fortuna, el arsenal de la Habana, cuyas tareas 
dirigia el amciano D. Juan de Araoz desde 1788, había 
aumentado las fuerzas navales con seis navios de guerra, 
entre ellos dos magníficos y poderosos de á ciento veinte 
cañones^ el San Hermenegildo y el Principe de Asturias, 
admirables por sus dimensiones y la elegancia desusfor-- 
mas. De tan fecundo taller hablan salido también en un 
solo cuatrienio cuatro fragatas de á cuarenta cañones, lla- 
madas Mercedes, Arocha, Minerva, Cores, y la Gloría de 
á cuarenta y cuatro, sin contar un bergantín, dos pon- 
tones y cuatro gánguiles, exclusivamente destinados á 
la limpieza de aquel puerto y detener la rápida merma 
de su fopdo. Con tan poderosos refuerzos y con auxilios 
del material y repuesto de los almacenes, Aristizabal al 
llegar reunió para las operaciones hasta once navios de 
línea, seis fragatas, dos urcas y varios bergantines. 

Limpias entonces las aguas de la isla y refugiados 
los bajeles enemigos hacia la Guadalupe ó la Martinica^ 



/ 



DE LA ISLA DE CUBA. 239 

destacó aquel general á Cádiz por mediados de Doviem- 
bre á loa navios San Pedro y San Lorenzo con cerca de 
nueve millones de pesos procedente^ de Yeracruz y 
Cartagena. 

Quedaron en la Habana fondos suficientes para cubrir 
los gastos de la Luísiana y la Florida, los suplementos á 
la nueva legación de España en Filadelfia, obligada á re- 
compensar sin parsimonia á sus agentes, y mas princi- 
palmente los de una expedición decretada por el minis- 
terio para conquistar á la parte francesa de Santo Do- 
mingo con la cooperación de la marina inglesa y para 
otros auxilios á sus Antillas mas vecinas* 

Presidida por Casas y compuesta de Aristizabal, 
Araoz, el intendente*^ Valiente y el jefe de escuadra don 
Francisco Javier Muñoz como vocales , se instaló en la 
Habana una Junta de guerra para combinar la realiza- 
ción de las miras de la corte con respecto á Santo Do- 
mingo. Desde sus primeras conferencias y con poca 
discusión aprobaron sus vocales un proyecto que com- 
binó Casas y cuyas bases generales eran : reunir para la 
empresa en Santo Domingo seis mil hombres, inclu- 
yendo á la fuerza efectiva de aquel territorio la en- 
viada de Veracrnz y la que pudiese sacarse de Puerto- 
. Rico, de la Habana y de Caracas. Que tres mil^ reba- 
sando la frontera enemiga^ se apostaran por la derecha 
del Artibonite en puntos convenientes para cubrir á la 
Española en caso necesario y obrar en combinac on con 
las fuerzas navales que hostilizaran á los Franceses por 
la costa según las circunstancias lo indicasen : que los 
otros tres mil, á la vista y abrigo de la escuadra, que 
deberia reconcentrarse en Montecristi , en el término 
septentrional del territorio español, y con los negros 



340 HISTORIA 

auxiliares diese principio á las operacioDea con el aift* 
que de Fuerte Delfiu y Bayajá, puerto importante de 
aquel litoral cuya espaciosa bahía parecia 'indicada para 
hostilizar al Gu arico y demás pueblos, de concierto ctm la 
otra división de tropas espiñolaa; y que obrasen por el 
interior los negros auxiliares de concierto con mía ex- 
pedidoQ inglesa que á la aaion se apoderaba de las po- 
blaciones marítimas de Jeremías y de Leogane, de h 
fortaleza de San Nicolás y otros parajes de la costa 
oriental de aquella Antilla. 

Mirando á Haiti por la faz militar, este plan era ha« 
cedero por su sencillez y hasta probable el triunfo sobre 
las cortas tuerzas veteranas del eneiXMgo. Pero no basta- 
ba para sujetar la formidable insurrección de esclavos y 
desarmar á los franceses que aun la contenian. Lo esen- 
cial entonces era fijarse menos en el aspecto mililar de 
Haiti y mucho mas en extirpar el cáncer que podía de- 
vorar á la parte española como á la francesa inspirando 
(amblen allí la rebelión de los siervos contra sus señores. 
Las condiciones coloniales de las Antillas y aun de toda 
América y basta el orden gerárqiHCO de razas que ha es* 
tablecido la naturaleza» por mas que debiesen castigar en 
Europa los crímenes de la revolución francesa con bata- 
llas, exigían entonces que España é Inglaterra protegíe^ 
sen los esfuerzos de los colonos para restituir á la servi- 
dumbre á sus esclavos. Su causa allí no era ya la de la 
Francia, era la causa de todas las metrópolis. 

Aristizabal, facultado por la corle para exigir auxilios 
y refuerzos en nuestras posesiones, desde luego destinó 
la mayor parte de su escuadrar á transportarlos desde la 
Habana y otros puertos á Santo Domingo y Montecrísti. 
El mismo con el San Eugenio y otros buques salió á reco- 



DE LA ISLA BE CUBA. "S^l 

^r los refuerzos que eB Puerto Cabello se reunidu para la 
campaña domiDicaoa á Cues de novieoibre. Coo la salida 
de uo batallón de Méjico y otro de Cuba quedó la Ha- 
bana enlODCes sin otra guarnición que uno solo veterano; 
teniendo Casas que poner sobre las armas parte de las 
milicias para cubrir el servicio de la plaza. Oiro tanto 
sucedió en Santiago de Cuba, donde tuvieron los milicia* 
nos que cubrirlo por entero. 

Felices fueron los primeros pasos de Aristizabal, aun- 
que no llegó á reunir el efectivo de fuerzas que esperaba, 
ni pafsaron entre unos y otros de cinco mil hombres en- 
tre los que cubrieron la frontera con Moreno y las que 
rompieron luego las hostilidades desde Montecristi. 
Reducíanse todos á tres compañías de artillería enviadas 
de Maracaibo y de Caracas, un batallón de artillerfa de 
Harina, otro de Puerto-Rico, otro de Cantabria, el de 
Santo Djmingo, uno de Méjico, el segundo de Cuba, que 
manduba, como ya se dijo, el marqués de Casa Calvo '', y 
do» del regimiento de la Habana dirigidos por su mismo 
coronel D. Matías de Armona, hermano* menor del don 
José tan mencionado en esta historia. Contábanse alli 
ademas seis excelentes compañías de Lanceros volunta- 
rios dominicanos. Ya se hallnbaa acantonadas muchas de 
estas tropas sobre el Artibonite cubriendo la frontera 
desde Neira hasta el mismo Montecristi, cuando Ar¡>tiza- 
bal logró fondear con los batallones de Marina, Cuba y 
Puerto Rico el 3 de enero en la bahía del Manzanillo, 
después de establecer cruceros que bloquearon al Gua- 
rico y demás puertos enemigos y conseguir muchas pre- 
sas de importaneia. El 2B por Ha not;he penetró en la 

* Véase su biografia en la página Sé^ dal umo I del DU.^Giaff.Mití. Bu, 
éé Cuba por el A 

HIST. DB eCBA. — TOMO III. — l6 



f44 HISTORIA 

número de puertos rortificados, de sud gqarniciotses y ar-^ 
iillería; por último, como en romería y sin nrngiioa db 
las reglas y precauciones que ase^^oran el i)uen éxito die 
las empresas. Llegó el ejérciio á Yaquesi, puerto distante 
de Bayajá cuatro leguas, que se hatlabe defendido pOf 
quinientos negros bisoñes con un solo cañón de batir y 
murallas despreciables; y después <ie intimarte la rendi- 
ción inútilmente y haberse celebrado mucbtís consfjd^^ 
se resolvió la retirada que fué ¿ los tres días de salidos 
de Bayajá á donde se dirigieron hambrientos, enfermos 
y humillados. > 

Malos^rada por esas ú otras causas la expedición contra 
el Guarico, los progresos de los españoles por la parre 
de Bay^tjá* se limitaron, auxiliados por su marina/á Al 
ipa$¡ajera ocupación de algunos puntos de la costa enemi- 
^a del Norte, como el Bouquei y Puerto Margóte fronte^ 
rizo á la Tortuga. Pero no produjo ningún fruto, á pesar 
del valor con que rechazó desde esos puestos el coronel 
D. Agustín Lasala muchos ataques de los republicano^. 
No je permitió á ese jefe la deserción de los negros au*^ 
xiliares conservarlos mas que ha&ta mediados de se-* 
liembre. 

Entre tanto y cubierta su vanguardia por los de Tous» 
Saint, se hallaban acantonadas las demás tropas en loi» 



* Después de ta retirada de Ya- 
iquesi, el Presídeme de Sanio Do- 
mingo, Garda Moreno, %oliciló nae- 
vos ri'fut'rzos de Cuba; y en una co- 
mnnicacion'de 7 de abril de 1704, le 
eonlesl6 Gasas lo signfenre : « No 
tengo oí lie tenido nunca en esta 
) sb do regimientos completos .. Si 
V. S. mira lo que componen ios 
eafttro bttaHooes de esta plata, los 
eos qae vinieron de Nueva-fisi^Áy 



pasaron con aquellos 4 esa isla, y el 
que lia pedido V. S. últimamente i 
Cutía, verá que excede de iH qtie 
corresponde al completo de d<»s re* 
(¡imientos; con lo que se ba cumpli- 
do \tk toinnrad de 1S. M. en esta t^i^ 
t cular, quedando en el clia en etlt 
isla un solo liatallon de tropa vete- 
rana.»— Archivo de la Gaiiitania Ge- 



DE LA ISLA D9 CUBA. 

pontos avanzados del territorio español aobre el del ^ne- 
migo, ios de Incha, Sao Rafabl, Baoica y \a$ Caoba.^; y 
aunque en Lastimosa inacción, las conservaban alli en ex* 
célente disciplina sus jefes re.speclivos D. Matías Armona, 
D. Juan Gemnoír üeonari, D. José Maria de la Torre 
y M. d'Espinville. lodiqneoQOS los demás motivos que mas 
contribuyeron al malogro de aquella campaña desgracia- 
da; y oigamos referirlos en su conclusión á D. Aguslin de- 
Ibarra, el mismo fiscal de la causa que, dd orden de Gar- 
cía, se formó después á aquellos jefes. 

tUna gran parte de los negros de la colonia francesa 
que» por efecto de la revolución de su metrópoli, se lialia- 
\íM eo el mas horrible estado da insurrección, fueron 
admitidos por el gobierno español de Santo Domingo bajo 
la protección d^, nuestro soberano, á quien prestaron 
jucameolo da filelidad y obediencia ^n virtud de las 
proj^esas con que de parte de S. M. se les aseguraron 
premios y exenciones para después de la guerra, corres- 
pondientes á los servicios que hicieren en ella. Dióse á 
sus tropas el nombre de auxiliares; se !es suministraban 
ifiveres, vestuarios, armas, municiones y dinero, permi- 
Uéndoles acceso lilu*e y comunicación con todos nuestros 
puestos desde el de Bjyajá y Dajabon, en la parle del 
Norte, hasta Neira, en la del Sur. Uno de estos caudi- 
llos, condecorada como otros muchos con la medalla del 
Real Busto^era el famoso Toussaint Louverture, á quien á 
pesar de los indicios de su infidelidad, se trató como á 
fiel amigo por el mismo gobierno hasta el fromento eo 
que declaró abiertamente su perfidia.» 

No explicó, sin embargo, el fiscal de aquel proceso 
que dimanara la perfidia de Toussaint de la impolítica 
^oon que se maD^aron coa él los españoles poáponióndple 



246 ' HISTORIA 

siempre á Juan Francisco, y de las artes que para cap- 
társelo emplearon el gobernador Laveauz y los comisarios 
Sonthonax y Power, representantes de la Convención 
francesa que, á falta de soldados, socorría á su colonia coa 
agentes intrigantes y hábiles. Fascinado con un título de 
teniente general de los ejércitos franceses, y al servicio 
de una república que igualaba á los negros con tos blan- 
cos, no le cabía vacilar. Su mudanza de bandera fué ins- 
tantánea. Después de sorprender y degollar algunas ^^ 
avanzadas de españoles con toda la ferocidad de un 
africano y toda la previsión de un europeo, reunió algu- 
nas tropas francesas y alguna caballería á sus cinco mil 
negros armados é intimó la rendición al cantón fortificada 
de San Rafael á flnes de diciembre. Era comandante de 
aquella sección de la frontera el coronel D. Juan Lleonart, 
y aunque con solo seiscientos hombres del Fijo de la Ha- 
bana, pocos dragones, algunos artilleros y un reducta 
con algunas piezas, respondió con desprecio y á balazos á 
las amenazas de aquel tránsfuga. Pero después de sacri- 
flcarle á Toussaint no poca gente en tres ataques recha- 
zados con intrepidez, tuvo Lleonart que replegarse ooo 
su corta hueste, y sin que le inquietaran, á posiciones mas- 
internas de la parte española. Forzados se vieron á se- 
guir también su ejemplo para no ser envueltos por la es* 
palda D. José María de la Torre y los comandantes de los 
demás cantones. 

Al finar el año solo defendían á la frontera sus intrépi- 
dos colonos blancos, la fidelidad de los siervos de los es- 

'<> La traición de Toossaiot tuvo chazado de este ultimo punto por 

lagar á fines de octubre y principios el brigadier D. Joaquín Cabrera, que 

de noviembre. en 1704. Después de ?¡no de Santo Domingo á tomar el 

sorprender á San Miguel,San Rafael, mando de aquellos destacamentos^ 
Las Caobas, Incha j Banica, fué re- 



DE LA ISLA DB CUBA. 247 

pañoles y algunas felices incursiones con que hostilizó al 
territorio enemigo el comandante d*Espinville, francés, 
á quien la lealtad á sus príncipes proscriptos habia lle- 
vado á las Alas españolas. # 

Al apoderarse Aristizabal de Bayajá, por humanidad y 
abreviar su entrega» habia accedido á los deseos de los 
comandantes prisioneros Leyran y Ghamellard, de que no 
la guarneciesen negros auxiliares, ni se les permitiera 
entrar armados en la población. Debióse á la eficacia con 
que cumplieron esa oferta el primer gobernador D. Joa- 
quin Saso y el marqués de Casa-Calvo, que le sucedió 
luego en ese cargo, que casi todos los colonos de los par- 
tidos inmediatos hallaron en aquellos muros un abrigo 
contra los robos y violencias de aliados tan dañosos; v 
que de menos de cuatro mil almas que conlaba aquel 
pueblo al entregarse, excediese so vecindario de siete 
mil en pocos meses. 

Juan Francisco habia permanecido con sus hordas 
acantonadas hacia el Doudon, el Trou y otros puestos 
inmediatos. Al saber la repentina defección deToussaint, 
no comprendiendo en su barbarie que, después de decla- 
rarse traidor aquel caudillo, conlinuasen los españoles 
siendo humanos, aconsejaba sangrientas represalias con- 
tra los franceses de toda clase y color, como si en el 
atentado de Toussaint tomaran parte los infelices refugia- 
dos en Bayajá. A exigencias de t^l género contestó 
Casa-Calvo desdeñosamente* Sujetándose no obstante á las 
instrucciones de García, continuó considerando al Afri- 
cano y permitiéndole entrar en el recinto á visitarle cod 
mas ó menos comitiva. 

Para refrenar $us crueles pretensiones y los excesos de 
sus turbas en los cantones y haciendas que ocupaban, 



248 HISTORIA 

obtuvo nquel jefe de García aaa autorízacioa para armar 
á los franceses blancos en Bayajá y en sa campiña co- 
marcana. Aunque opuesto en un principio aquel general 
á la id '» de Casa-Calvo» reconoció después su utilidad, 
ordenándole organizar siete legiones con los emigrados 
franceses que» siendo blancos y realistas, acudían natu- 
ralmente á refugiarse en aquella población foriificada. 

Cerciorado Juan Francisco de una providencia lao 
opuesta á sus designios, la caliBcó abiertamente de trai- 
ción al monarca español y á su bandera, y se entró en 
Bayajá el 7 de julio seguido de sus fuerzas. Despuea 
de distribuirlas por las calles y puntos principales, inti-- 
mó al gobernador personalmente que hiciese evacuar la 
población á todos ios franceses blancos en menos de tre a 
horas. Le Contestó con firmes reconvenciones é impo- 
niéndole arresto Casa-Calvo, aunque sin fuerzas en tan 
critico lance para sostener su autoridad. La debilidad de 
la guarnición no la ignoraba el negro, que en lugar de 
obedecerle se salió airado del aposento á dar ¿ sus ofi- 
ciales la señal de que ejecutasen sus proyectos. Una borda 
de bandidos cayó á degüello y de repente sobre cuantos 
franceses de toda clase y sexo halló en las calles. De au 
furor solo se preservaron los que alcanzó á amparar la 
escasa guarnición española y algunos centenares que se 
defendieron en las casas. Desde las once de la mañana 
en que principió una matanza tan cobarde, hasta las trea 
en que se reunieron algunas compañías de Cuba á so- 
correr á los restantes, fueron asesinados seiscientos cua- 
renta y dos franceses sin contar aquellos á quienes, hu- 
yendo de la población , alcanzó el puñal de sus asesinos 
en el campo. Habria concluido aquel dia horrible coa el 
exterminio^del áltimo emigradoj/sio los ruegos dei|vicarío 



DE LA ISLA P9 CUBA. 948 

de Bayajá y la firmeza, sobre iodo, del coronel D. Frau- 
cisco Monlalvo^ que le obligó á Juan Fraocisco con la 
espada al pecho á revocar sus órdenes feroces. 

Df^spues de unos horrores que tan en evidencia pusie- 
ron la debilidad del poder español en aquella isla, y la 
igoominia de su alianza con tales auxiliares, menesier 
fué que el Presidente. Casa-Calvo y las demás autorida-» 
des desistiesen del proyecto de armar á los realistas fran- 
ceses, mirados y tratados por los enemigos de su color y 
DO de su opinión, como republicanos. Aun después se 
tuvo allí por muy político para disimular la escasez de 
fuerzas españolas, seguir contemplándoles y iolerarleA% 
sDS desafueros y rapiñas; y no fué poco que no se leis 
consintiera introducirse otra ve?: en Bayajá y otros luga- 
res fortificados donde habia franceses. 

Continuó !a campaña sin hechos de gran cuenta aun- 
que con vigor por una y otra parte, y dirigiéndola el mis- 
mo Toussaint por los Ifmites del territorio enemigo* Pero 
el español fué respetado merced á la osadía con que e^*r 
carmentaban los campesinos dominicanos á los negros en 
porción de encuentros, y á la superioridad de los corlo? 
de:j(iaca mentes veteranos sobre los torpes y mal armados 
tropeles de Toussaint. Hasta conservaron en el territorio 
francés algunos puntos, y en el de Valiere bastaron tres 
compañías de la Habana capitaneadas por D. José María 
de la Tone y un piquete de lanceros para rechazar á to- 
das las fuerzas de aquel pérfido caudillo^ hiriéndole q 
matándole quinientos negros. 

De admirar era que no llegase tan recio veodabal á 
Cuba y se conservase entre tanto tan tranquila y próspera 
como en la paz mas blanda, y asimismo la Luisiana y las 
Floridas con sqIo cumplirle oo estas últimas las instruc- 



250 HISTORIA 

cíooes de Casas por sus goberoaciores» frustrándose todas 
las rnaaiobras de los franceses para sublevarlas. En 
cuanto á la grande Antilla, mas amenazada entonces por 
las doctrinas del enemigo que por sus soldados y naves, 
bastólo á aquel general para hacerla respetar poner re- 
mate á las fortificaciones de la capital, de Matanzas, de 
Sagua y de Santiago, estableciendo nuevas baterías y 
reductos artillados en Bahíahonda y el Mariel, Batabanó» 
Puerto-Casilda, Gibara, Sagua, Baracoa, el Manzanillo y 
otros desembarcaderos. En todas esas partes se cubrió el 
servicio con un solo batallón veterano, dos escuadrones 
'de dragones, tres compañías de artillería y las milicia» 
que se necesitó poner sobre las armas, exuberando leal- 
tad y buen espíritu en los pueblos. 

Afluían entonces en gran número al puerto de la ca- 
pital buques norte -americanos y aun ingleses, que alter- 
naron con los nacionales en 179Í4)ara exportar ciento 
tres mil seiscientas veinte y nueve cajas de azúcar com- 
pradas por mas de cinco millones de pesos en efectos á 
dinero, y otros productos muy valiosos, aunque menos 
importantes. Las rentas generales llegaron en aquel año 
á un millón ciento treinta y seis mil trescientos diez y 
ocho pesos, justificando su progresivo crecimiento las 
medidas dictadas para promoverlo. Valiente, obligando 
al prohibicionismo á transigir con la necesidad y la con* 
veniencia, asumió con Gasas la responsabilidad de abrir 
el puerto á extranjeros amigos y neutrales. Animáronse 
los comerciantes de la Habana á entablar con los merca- 
dos de España, los de Nueva- Yorck, Londres y otros 
muchos, tratos y correspondencias que fueron el origen 
de toda esa riqueza, que después de penosas ataduras y 
pruebas ha constituido á la Habana en nuestros dias en uno 



DE LA ISLA DE CUBA. 26t 

de los mayores centros de Iráfico del globo. De aquel co- 
mienzo de comercio libre procedió de pronto un mani- 
fiesto bienestar ea todas las clases de aquel pueblo» su 
animación y su actividad cuyo ruido imponía silencio á 
fundadas aprensiones por los desastrosos acontecimientos 
de Santo Domingo. Empezaba la Habana á anunciar lo 
que después ha sido; se terminaban los edificios empren- 
didos por el marqués de la Torre, las casas de gobierno 
é intendencia, y una catedral, si no suntuosa, amplia y 
digna á lo menos de su nombre, engrandeciendo el 
obispo Tres Palacios á la antigua iglesia de San Ignacio 
con costosas obras. 

Según las gacetas de Afadrid de esta época, entre to- 
das las poblaciones de la monarquía, después de aquella 
corte y Méjico, figuró la capital de Cuba como la primera 
en sus donativos para los gastos de la guerra. Parecía á 
la sazón un vasto falansterio, donde asi se preparaban 
vestuarios, armas, municiones y medicinas para los beli- 
gerantes de Santo Domingo, como artefactos é ínstru- 
mentos para los ingenios que se iban fomentando, sin 
que entre las de la población metiesen apenas ruido las 
tareas de un millar de operarios afanados en el arsenal. 

El 9 de junio de 1794 fondeó en el puerto el mismo 
Aristizabal á reparar la mayor parte de sus buques ave- 
riados en largos é incómodos cruceros* Habian llegado de 
Cádiz á reforzarlos cuatro navios más á las órdenes del 
jefe de escuadra D. José Várela Ulloa, marino de justo 
crédito y autor de textos facultativos que aun se estudian» 
Sus bísoñas tripulaciones, sin aclimatarse y plagadas de 
males cutáneos y miserias, se aglomeraron en el puerto 
por desgracia en la estación mas critica de la epidemia. 
De más de mil setecientos individuos de marinería y 



^Si% HISTORIA 

tropa no llegaron ochocienlos al otoño» arrebatados en 
grao parte por el vómito mas sañudo aun de !o ordioario 
en aquel severo estío para los moradores europeos. Fu^ 
una de sus víctimas y la mas sentida el mismo Várela", 
que dejó un hueco difícil de llenar en nu3stra armada. 

Se excedió entonces á sí mismo el afanoso Araoz en 
reemplazar tan repentinas bajas, establecer hospitütes 
provisionales para tanto enfermo y habilitar en el arse- 
nal tantos buques maltratados » todo á un tiempo. A sus 
esfuerzos debió la escuadra el volverse á poner en movi- 
miento á fines de setiembre. Pero con respecto al reem- 
plazo de las bajas, las medidas de Araoz habrian sido ia- 
suficientes si no las secundara Casas con toda su eficacia. 
Autorizado por las evidentes necesidades de la guerra 
ordenó una leva general en 23 de junio de 1794 coa 
una razonada instrucción impresa y repartida en todos 
los distritos, que produjo al mismo tiempo que el reco- 
cimiento de mujeres de mal vivir y de mendigos eu sus 
respectivos asilos, un refuerzo de mas de setecientos 
vagos que contribuyeron á completar las tripulaciones 
cuando aun no estaba en práctica ningún buen sistema de 
matrículas. 

La paz acordada en Basilea ^a 22 de junio de 1795, 
puso luego término á las inútiles hostilidades de Santo 
Domingo, aunque no á los desastres que siguieron hor- 
rorizdndo á la humanidad en aquel suelo. Con el artículo 
noveno del tratado alcanzó alli la bprbario una conquista 
sobre la civilización, cediendo España todo el suyo á una 
metrópoli impotente ya para conservar ni su propio ter- 

»* ÍA bibliotect marlilma á% Na- d« eampUR losS'í tfkft%. Ia Guél§t^ 

garrete cooliene curiosas iioiicias Madrid del U de marzo de 1705 !• 

biográflcas «le este notable marino, recordó en una bonrosa aunque 

Un desgraciadamente muerto aniet breve oeocelogia 



DE LA ISLA D¿ CUBA. i¿^^ 

lítorio. Aunque se propusiera de bueua fé el gobieroo 
español cedérsete á la Fraucia, según lo convenido en el 
tralado, no volvió esta á poseer á Haití sino durante un 
efímei'o periodo. La bárbara raza africana que, en el tras- 
curso de los siglos, nada supo crear en su suelo origina - 
río, fué la que con mengua de la culta América se cons- 
tituyó allí desde entonces como potencia independíente, 
por mas que luego retardaran los españoles la evacuación 
de la primer colonia que Fundaron sus abuelos en el ar- 
chipiélago antülar, la que se denominó por excelencia 
«Isla española.» Ademas de impracticable, era ya su con- 
servación para Cuba y Puerto-Rico (an dañosa, que por 
mas cargos que entonces y luego se dirigieron á Godqy y 
á los autores de aquella cesión, los que conocían mejor 
nuestras posesiones ultramarinas la consideraron tan sa- 
ludable para el cuerpo de nuestro imperio colonial, coma 
lo es para el de un hombre la amputación de un miem- 
bro gangrenado. Enseñoreada de toda la parte francesa 
la esclavitud traída del Arríca, la propagación de su con- 
tagio en el territorio español, -por mas que la dilatasen 
sus leyes y protectoras prácticas con la esclavitud, sería 
una consecuencia inevitable en mas ó menos tiempo. 

Hasta que se canjearan sus ratificaciones y cumplieran 
el tratado las potencias contratantes, parecía lo natural 
que España protegiese al territorio condenado á la segre- 
gación con las mismas tropas que habían bastado durante 
la guerra para conservarle. Asi lo redamaban los dere- 
chos de los ciento veinte y ocho mil subditos que tenia 
bilí la metrópoli; y entre los cuales una clase numerosa, 
la de los esclavos, patentizaba un singular fenómeno » el 
de preterir una servidbmbre que les permitía honrarse 
con el nombre de españoles, á su libertad individual con 



254 HISTORIA 

el nombre de franceses. En cuanto á los castellanos y sus 
descendientes casi todos preferían emigrar y despren- 
derse á cualquier precio de sus propiedades, á conser- 
varlas donde ya no habia de seguir ondeando su ban- 
dera^ observándose sus costumbres y hablándose su len- 
gua. Sin juzgar las causas de un abandono tan doloroso, 
aunque tan necesario^ añadiremos que nada consiguieron 
las medidas del gobierno para preservar de mayores 
ati opellos y desdichas á aquellos españoles, tan merece- 
dores de su amparo por sus excepcionales vicisitudes y 
su patriotismo. Fué la paz para ellos el complemento de 
ios infortunios; porque la noticia del tratado fué la de su 
sentencia á la emigración y á la miseria. 

Después de conocido el tratado, la emigración de las 
familias blancas era caso tan previsto, como notoria y na- 
tural su repugnancia á someterse al dominio de los ne- 
gros y gentes de color; pero no se habia previsto el de 
que las violencias de Toussaint se adelantasen á exigir 
por la fuerza y sin ninguna representación de la nación 
francesa la entrega de la parte española^ ni que el Pre- 
sidente español se hallase sin medios para resistirla. Re- 
sultó de tal conflicto que los que se proponian salir del 
país con algún sosiego y tiempo, tuvieron que precipitar 
su movimiento. El general Aristizabal admitió á bordo 
de sus buques á mas de seiscientas personas de lo mejor 
de aquella población ; y entre ellas á los Caro Torquema- 
da, los Delmonte y los Pichardos. Los cruceros ingleses 
no emplearon rigor con otros que, no cabiendo en los 
barcos de guerra, se ampararon fuera en lanchas en 
Santiago y Baracoa. 

En cuanto á los negros y mulatos de la parte francesa 
que al principiar la guerra se declararon partidarios de 



DE LA ISLA DE CUBA. 25S 

España lo mismo que Toussaint, sin participar de su 
traición después, iofaliblemeote por ese solo hecho, si no 
se les ponia pronto en salvo» serian sacrificados por aquel 
negro vengativo. Los principales eran Juan Francisco y 
Biassou, sus enemigos personales; y llegaban entre todos 
incluyendo sus familias, á setecientos siete individuos. 
Era deber de humanidad ineludible el embarcarlos pron- 
to. Destinó por lo tanto Aristizabal á trasportarlos á la 
Habana tres embarcaciones mercantes convoyadas por 
una balandra de guerra; pero ni él, ni el presidente 
García comunicaron previo aviso á Casas de! destino que 
dieron á esa gente. Si no sabían qué hacer con ella» tam- 
poco ignoraban la resolución inquebrantable de este ge- 
neral de no permitir que ningún individuo de color, de 
cualquier procedencia que fuera, desembarcara en so 
jurisdicción. 

Lo mismo fué saber Casas en la mañana del 9 de enero 
de 1796 que iban á entrar aquellos buques, les mandó 
anclar entre el Morro y la Punta y destacó tres piquetes 
con oGciales de confianza y la orden mas estrecha de 
impedir que saltara en tierra nadie, sin dejar por eso de 
enviarles auxilios y víveres frescos. 

Solo desembarcó de la balandra de guerra el coronel 
D. Francisco Montalvo con cartas del Presidente y del 
marqués de Casá-Calvo, anunciando á Casas el envío de 
aquella peligrosa tribu^ cuando su presencia misma ya se 
la anunciaba y no tenia su venida otro remedio que el 
que se apresuró él á ponerle. 

Para justificar de todo viso de arbitrariedad la medida 
que tomó, convocó al instante á junta de autoridades con 
asistencia del mismo Montalvo. Estando prohibida por 
varios reales decretos vigentes la admisión en la isla de 



93K6 HISTORIA 

fiegros prófugos ó procedentes de las colonias fraroeesas, 

te resolvió alli no darles bdj6 ningún concepto entrada; 

sin que ninguno de los convocados coniradijera esa de- 

lerminacion enérgicamente apoyada por el mismo Mon- 

talvo. Ademas leyó Casas á la junta un pliego reservado 

de Casa-Calvo, que después de detallar los actos de 

ferocidad « cometidos poi* Juan Francisco y su gente^ 

concluia pidiendo que de ningún modo se admitiese en 

la isla á semejantes víboras venenosa?, > Fué Mental vo 

á notificar á Juan Francisco de orden de Casas; que 

podría ser transportado á Cádiz con su familia y sus cao- 

tiillos por cuenta del gobierno, ó pasar á la isla de la 

Trinidad á establecerse. La mayor parte de los oficiales 

y de !os de tropa pasaron desde el dia siguiente á este 

último destino, A Biassou se le permitió disfrutar de una 

pensión en San Aguslin de la Florida; y Juan Francisco 

después de servir de irrisión en la corte y en Madrid con 

80 uniforme de general francés y su penacho blanco^ 

residió en Cádiz muchos años hasta su muerte, ocurrida 

en los primeros de este siglo. 

Para que las familias blancas que eftiígrabaa entonces 
de Santo Domingo no se encontrasen sin recursos, dis- 
puso Casas, de acuerdo con Valiente, abonar i cada una 
catorce pesos mensuales para casa , ires reales de plata 
dia^rros á cada cabeza de familia y r^l y medio á cada 
Ano de sus individuos; es decir, siete reales y medio de 
vellón á los unos, y algo menos de cuatro á los otros. El 
gobierno aprobó luego esta medida humanitaria. 



^m^^m^m-mitmm 



CAPITULO OCTAVO. 

Llegada de las cenizas de Colon & la Habana. — Traslación Je la Audiencia 
de Santo Domingo. — Concesiones al comercio y agrícnitara de Cuba.— 
Esperanzas de los Ijacendados de la isla.— Principios de las fundaciones 
de Nnevitas y Manzanillo.— Proyectos de colonización en las babias de 
Ñipe y del Guantánamo.— Fundación del Mariel— ¿adelantos de la a|;ri- 
cultura —Emancipación de los esclavos del Cobre.— Gobierno de O. Juan 
Quintana en Santiago.— Guerra con la Gran Brelaña.— Fin del mando de 
Casas. 

Mas hoDroso huésped que los caudillos negros de 
Santo Domingo recibió la Habana con el cuerpo del 
gran Colon , cuyos habitantes se esforzaron en prodigar 
á sus reliquias los honores que un nombre eterno en los 
siglos reclamaba. Después de morir el famoso almi- 
ranle en Valladolid hacia cerca de tres siglos, como si 
el que en vida tanto se movió no mereciese que descan- 
saran sus cenizas después de su muerte, habitaron en 
diversos monumentos fúnebres de varias capitales de 
España ^ Del hemisferio que su genio habia agregado 
al mundo, algunas provincias se disputaban el honor de 
conservarlas, sin que aun se honrase ninguna con su 
nombre. Por último, cumpliéndose la voluntad de su 
nieto el duque de Veraguas, obtuvo esa preferencia con 
justicia la catedral de Santo Domingo, á la cual, como 

* (.'erca de un mes antes que las güeras los Archivos de la Audienciíi 
cenixas de Colon, llegaron.á la Ha- de Sanio Domingo, el 2 de di- 
baña con el oidor D. Francisco Fi- ciembre. 

H!ST. PE CUBA. — rovo III.— 17 



258 HISTORIA 

primada de las Indias , no podía niogun otro templo dis- 
putar el privilegio de guardar lo que restaba del descu- 
bridor y primer colono de aquel suelo, ^ero ese suelo^ 
según queda explicado, aunque el último de América que 
debiese dejar de ser español, era precisamente el pri- 
mero que pasaba á otro dominio, y no habla España de, 
ceder también con tan infeliz tierra los venerandos restos 
que encerraba. D.Gabriel de Aristizabal acordó con el 
arzobispo Portillo y el presidente de San(o Domingo tras- 
ladar á la Habana, anunciando oportunamente á Casas y al 
obispo Tres Palacios el depósito con que su nueva cate- 
dral iba á ilustrarse. Todo estaba dispuesto para recibirlo 
cuando llegó el féretro histórico al puerto de aquella 
capital el día 15 de enero con el mismo Aristizabal eo 
el navio de guerra San Lorenzo con fúnebres insignias 
en los mástiles. Los generales Casas y Araoz, los obispos 
Tres Palacios y D. Luis de Peñalver con la guarnición 
formada y á I9 cabeza de todos los funcionarios y cor- 
poraciones en el mismo muelle, recibieron las reliquias 
de uno de los seres mayores y mejores que hayan des- 
collado entre los hombres. Hiciéronseles pomposos fune- 
rales; pero el rico ataúd que las traia fué á encerrarse 
en el humilde nicho donde aun reposan cerca del altar 
mayor de la catedral con un epitafio tan impropio de la 
grandeza que recuerda como la misma mezquindad de 
su sepulcro. Concedemos que no fuese hacedera la im- 
provisación de un grandioso mausoleo donde no habia 
á la sazón artistas, poetas, ni aun acaso mármoles; pero 
después de ochenta años para la miserable piedra donde 
s^e escribió entonces tan famoso nombre, no hay ya ex- 
cusa en una ciudad tan opulenta. 

En el mismo año que las cenizas del descubridor del 



DE LA ISLA DB GUBA- 259 

Nuevo- Hondo, lambieo llegaron á la Habana á cargo del 
oidor de Caracas D. Francisco Figueras, los archivos de 
la audiencia de Sanio Domingo» decana de las Indias y 
condenada asimismo por la paz de Basilea á emigrar y 
trasladar su asiento á Cuba como parte preferente de su 
antigua jurisdicción ultramarina. 

Antes de que la narración de los sucesos nos demuestre 
cómo aquel tratado cuyo ajuste valió al favorito Godoy 
ensalzado ya á duque de Alcudia y á capitán general de 
los ejércitos» el titulo pomposo de Príncipe de la Paz sin 
proporcionársela á su pátri» mas que algunos mese?; di-* 
gamos algo de otra guerra que» declarada desde las pri- 
meras reformas dé\ insigne Calvez entre ios probibicio- 
nistas y los partidarios del comercio libre, tenia en la 
<»pital de Cuba su teatro preferente y que seguir sin 
tregua hasta que triunfaran unos yi otros. 

Sin analizar los argumentos en que apoyaba cada 
bando sus doctrinas, baste consignar que los ensanches 
mercantiles que desde 4765 recibió la grande Antilla, 
aunque lentos y meticulosos, producían beneficios muy 
marcados y recíprocos entre esa posesión y su metrópoli» 
para que no abogasen con calor por mas latas franqui- 
cias funcionarios tan interesados en el público bien co- 
mo Casas y Valiente. Por su parte, los prohibicionistas, 
tanto en el consejo y el ministerio de Indias» como en los 
vireinatos y denas gobiernos déla América lespañola, 
defendían con resolución y una por una las teorías que 
formaban el conjunto del antiguo sistema colonial de Es- 
paña. 

Respetando todas las que se referían á lo gubernativo» 
las combatían sus adversarios tocante á muchos ramos 
administrativos con la enérgica evidencia de los mismos 



260 HISTORIA 

hechos demostrados. Reconociendo Valiente que prescri* 
bia para Cuba su misma situación geográ6ca concesiones 
mercantiles de mayor amplitud que en otras provincias, 
ningún esfuerzo omitió para obtenerlas. Arrostrando toda 
la responsabilidad de la medida, como ya dijimos, y de 
acuerdo con Gasas, desde 23 de febrero de 1793 auto* 
rizó en los puertos de la Habana y de Santiago la entrada 
con bandera norte- americana de todos los artículos de 
ropas y vestuarios; y la corte, á pesar de la viva oposi- 
ción de los prohibicionistas, se la habia aprobado desde 
3 del inmediato junio. Acompañó á esta franquicia otra 
no menos importante^ la de introducir de víveres bajo 
aquel mismo pabellón que, concedida en 1779 al estallar 
la guerra con la Gran Bretaña, se suprimió después, 
suponiéndose que disminuirian así tos fraudes que su- 
friría el Fisco en el despacho de los buques que los im- 
portaban* 

Esas concesiones eran una consecuencia de los es- 
fuerzos de las autoridades para que se permitiese de 
una vez al comercio de la Habana lo que se seguía pro- 
hibiendo en los demás puertos de América. Pero la difi- 
cuitad de surtirse en los mercados extranjeros de aque* 
líos renglones de consumo, unida á la influencia d« 
las introducciones de negros, arrancó un grito de en- 
vidia á los mercados de Veracruz, Campeche, Cartagena 
y otros puertos. Reconociendo desde entonces en el de 
la Habana un rival privilegiado para el tráfico, se fun- 
daban en su igualdad de derechos para obtener iguales 
concesiones; como si su situación y sus necesidades ni 
entonces ni luego pudiesen entrar en paralelo con las 
de la capital de Cuba, y no fuera dictada por sus mismas 
condiciones locales y especiales la preferencia que el go- 



DE LA ISLA DE CUBA. . 26 

bieroo teoia por ella en este tiempo. Pretendian que las 
posesíooesde una misma metrópoli, como sometidas á uoa 
misma autoridad, debiao todas regirse por un mismo 
sistema y unas mismas reglas; y fuadéodose eu base tao 
erróaea, aunque tan justa al parecer, sostenían que 
ningún distrito, puerto ni territorio merecia preferencias 
que no fueran comunes á todos los demás. Confuodian 
así la diferencia de situación de unas y de otras con la 
igualdad de sus derechos^. A estos clamores unieron 
también los suyos con mayor justicia los puertos habi- 
litados para el comercio de Indias en España; porque por 
privilegiada que debiese declararse á Cuba, en caso de 
o.tra guerra con la Gran Bretaña, podria servir de cén- 
trico depósito á las demás provincias americanas. Lo 
repentino de aquellas concesiones les originaba, inespera- 
dos trastornos en sus tratos con los que les surtian de los 
articules cuya remisión á Ultramar corria por cuenta 
suya, y acabarían por abarcar los principales trancos con 
la Habana los norte*amer¡canos. 

Valiente, Arango y muchos partidarios de modificacio- 
nes liberales en el comercio desbaratHron muchos cargos, 
demostrando ante el consejo de ludias, que no habia 
puerto en indias como aquel para surtir á las demás po- 
sesiones españolas, á lo menos durante el. rompimiento 
que se recelaba; y que si se vieron estas en guerras ante- 
riores privadas con frecuencia de sus importaciones re.s- 
pectivas, dimanaron ese daño y los contrabandos de no 
haber comprendido el gobierno una verdad que revelaba 



* La cariosa y Tasta colección det los escrilos de polémica y conlro- 

consejero M.ita Linan^s en la Biblio- versia, unos manteniendo el prohi- 

teca de la Real Academia de la liis- hicionUmo y otros abogando por las 

*oria en Madrid, contiene casi todos franquicias. 



62 , HISTORIA 

una seocilla ojeada sobre el mapa. Explicaron que do 
nacía el permitir á los norte-americanos la importación 
de dos artículos de tráfico de preferencia de aquella ban« 
dera sobre la nacional ni las demás de Europa; que 
aquel permiso lo dictaban la proximidad y la abundancia 
de sus mercados, cuyas remesas» cuando se paralizase 
nuestra navegación ultramarina, naturalmente habían de 
ser mas prontas y seguras que las de la madre patria, 
por desgracia tan distante. Impooiendo mayores derechos 
á las procedencias norte-americanas, siempre conserva- 
rían su* legitima superioridad para el surtido de Cuba laa 
de la Península. Con aquellas concesiones intrascenden- 
tales para la marcha administrativa del Estado» se ob- 
tendriau dos ventajas infalibles: aumentar los ingresos 
de las adpanas que en Cuba casi constituían las solaa 
rentas públicas^ y asegurar mejor el abastecimiento de 
otros puertos de la América Central. A este triunfo de 
Cuba y sus autoridades contra el prohibicionismo, aunqne 
pasajero como veremos en los capítulos siguientes» tam- 
bién cooperó la inQuencia por desdicha todavía mas breve 
que ejerció en el ministerio D. Gaspar de Jovellanos» 
cuyo nombre ilustraron en España su ley agraria y otro» 
trabajos imperecederos. 

Horizonte igual al de su comercio se había abierto al 
porvenir agrícola de Cuba con otras concesiones. Los in- 
genios de azúcar, ya exonerados por mandamientos de 25 
de junio de 1758 y 4 de diciembre de 1760» de pagar 
varios impuestos comunes á los otros predios, resultaron 
aun mas favorecidos en 22 de noviembre de 1792 con 
una real cédula que los eximía de iodo derecho de al- 
cabala y diezmos por espacio de diez años» desde su 
creación. Tan señalada merced se hizo extensiva á los 



DE LA ISLA DE CUBA. 263 

pianllos de algodón, añil y café, que se empreodie^eo eo 
la Ula, no ooatáodose aquel plazo síqo desde la primer 
coaecha recogida. Coa todas estas gracias dictadas mas 
por la conveDiencia que por la justicia y con la exención 
de derechos de entrada para las máquinas é inslrumen- 
los de labor de todos los cultivos, parecía que Cuba, antes 
tan olvidada, fuese ahora el exclusivo objeto de la pre- 
ferencia del gobierno. 

Menos feliz que Valiente en esas reformas mercantiles 
anduvo Casas en otras quizá mas importantes que ideó 
locante al arreglo y una legislación especial para la pobla- 
ción negra, que la libertad de su introducción iba aumen- 
tando progresivamente. Acaso no realizó su pensamiento, 
porque concebido en embrión, aunque dictado por una ne- 
cesidad que su instinto adivinaba para lo futuro, otros 
cuidados, un atareo incesante y el haberse cumplido el 
período de su mando, le retrajeron de meditarlo mejor y 
resolverlo. En varias sesiones con el Consulado discutió 
este general los medios de propagar y conservar la raza 
negra en la isla y asegurar así los progresos de su agri- 
cultura con el aumento de los solos brazos que la fecun- 
dasen. Importaba en alto grado asegurárselos para que 
el porvenir del país no dependiera luego de las variacio- 
nes que á la libertad de su introducción trajera el tiempo. 
El síndico D. Francisco ArangOp muy conforme con una 
idea tan previsora, propuso entonces que para estimular 
la importación de. negros africanos se siguiera el ejemplo 
practicando en las Antillas inglesas, señalando premios á 
'os que presentaran mayor número de matrimonios en 
las dotaciones de sus fincas. Pero precisamente de los 
principales propietarios del país se componía la mayoría 
de los vocales del consulado donde la cuestión se discu- 



264 HISTORIA 

tia^ y solo, desacierto soyo faé que postergaran á los io- 
tereses del momento los que habiao de ser mas durade- 
ros. Se deseoteodieroo eo tan propicios dias de resolver 
lo que importaba tanto á sus descendientes y á su país 
que quedara formulado. 

Despertábase á la sazón entre los hacendados extraor- 
dinario afán de lucro con la libertad de las introduccio- 
nes de negros y la facilidad de adquirir tierras baratas; 
veian destruida en Santo Domingo á la rival de Cuba; 
vendian su azúcar á precios portentosos, y seducidos 
por la^perspectiva de ganancias extraordinarias é inme- 
diatas, interpretaron toda idea de una legislación especial 
para la esclavitud y las clases de color, como si fuese 
asechanza convenida con el gobierno, y un camino para 
que se inhibiese en el régimen y señorío de sus hacien- 
das. «No conviene, decían, emplear para la propagación 
de esclavos criollos medio alguno coercitivo, respecto á 
que las leyes lo habian todo previsto suficientemente con 
la libertad que tenían los esclavos para casarse cuando 
les parecía. » Como si careciendo de la posibilidad de 
cumplirlo con la falta de hembras suficientes en las do- 
taciones, no fuera semejante libertad imaginaria, y no 
necesitaran aclaraciones y reformas unas leyes formula- 
das para las primeras colonizaciones de América en do- 
minios casi despoblados; como si sus haciendas y más los 
ingenios no equivalieran, por su riqueza y número de sus 
habitadores, á las aldeas y aun á muchas villas en España 
y en Europa, y no debiesen en todo pais bien constituido 
estar muy sometidas á la vigilancia y acción directa del 
gobierno. En nada se menoscababa la propiedad ni el 
señorfo con que interviniese Id administración en regla- 
mentar las principales fincas» deslindando respectiva menta 



DE LA ISLA DE CUBA. 265 

los derechos de los dueños y los de sus esclavos, los de 
los blancos y los de los negros libres. Pero no hubo ra- 
zonamiento ni gestión que retrajese entonces á los ha- 
cendados de una oposición ciega y compacta á toda re- 
'forma referente á la esclavitud; y el mismo Casas, tan 
celoso de su autoridad en otros punios, se manifestó 
may contemplador y tibio en este, cuya trascendencia 
inmensa exigía mas que ninguna otra materia de su 
tiempo una solución inspirada por sus luces. Pero habia 
cumplido el período de su mando, deseaba regresar á 
España, y le repugnaba además enajenarse a quienes dis- 
cordes con él en un solo proyecto, habían generosamente 
secundado sus demás reformas. Quedó pues abandonado 
desde entonces (y lo sigue estando) el de la legislación 
especial y de la propagación de la esclavitud y casta 
negra en la isla. 

Trabajó Casas con mayor fortuna en la de la blanca. 
Después de promover la venida de Canarias de gran 
multitud de familias labradoras, propuso y logró poner 
en planta la fundación de algunos pueblos. El mapa mis- 
mo de la isla y atinadas razones le dictaron la elección 
de las localidades donde conviniese más establecer los 
nuevos vecindarios. 

Se abocaba á facilitar mejor que otra ninguna los trá- 
ficos de Puerto Principe la anchurosa ensenada de N^e- 
vitas, remate de frondosas tierras vírgenes y á pocas le- 
guas al N. de la expresada población, cuyos vecinos, 
por su propio interés, tenían ya levantados almacenes en 
aquella playa, cuando para evitar contrabandos y por 
disposición de Valiente se habia establecido allí tiempo 
atrás un puesto de resguardo. Propuso Casas á la corte 
qne junto á la mayor de las corrientes que desaguan ea 



S66 UÍSTORIA 

aquella bahía, se dislribuyeran los solares para uo pue- 
blo que se llamase San Carlos de Nuevitas, asociando al 
nombre de la localidad el del soberano reinante. Pero 
no permitió la lenta tramitación á que se sujetaban los 

« 

expedientes de ese género» que durante su gobierno se 
realizara su proyecto. Aunque fuese suyo el primer plan 
de la fundación, no fué el fundador del actual pueblo 
constituido ya en otro reinado sobre el mismo asiento y 
no con el nombre de San Carlos, sino con el de San Fer- 
nando de Nuevítas. 

No menos que este puerto reclamaba población la es-^ 
paciosa bahía de Manzanillo en la costa del Sur y ve- 
cina á Cabo Cruz, donde desemboca en el mar el cau- 
daloso Couto» y desde muy antiguo realizaban sus trá- 
ficos con Jamaica y otras colonias extranjeras los con- 
trabandistas de Bayamo» principalmente en cueros y ma- 
deras de aquellos contornos ricos y abundantes. 0rden6 
Casas desde noviembre de 1792 al activo gobernador de 
Santiago, Vaillant, que hiciese estudiar aquella playa por 
D. Francisco Sánchez Griñan, inteligente hacendado de 
aquella ciudad^ á quien comisionó para cumplir con la 
orden aquel jefe. No tardó en comunicarle detallada y 
favorable cuenta de su encargo. Dos años después se re- 
partieron allí algunos solares, auxilios y terrenos k varios 
labradores de los menos afortunados de Bayamo, y esa 
fué la cuna de una villa, largos años descuidada y pobre, 
pero que á pesar de su insaluble asiento reúne más de 
siete mil moradores con los de su campo, entretiene un 
crecido movimiento comercial y contribuye con impor- 
tantes sumas al erario. 

En la costa del Norte y en la famosa bahía de Ñipe 
descubierta por Colon, se favoreció y obtuvo también al 



DE LA ISLA DE CUBA. 267 

mismo tiempo la instalacioo de muchos labradores atraí- 
dos por la bondad de las cercanas vegas de Hayari-y 
otras localidades, como por la extensión, abrigo y venta^ 
jas de aquel puerto. Pero por muchas que so coloniza- 
ción les prometiese, sufrió ese proyecto entorpecimientos 
que aun subsisten; limitándose su ejecución á que se for- 
masen allí muchos años después dos míseras aldeas lla- 
madas Mayari y Bañes, en puntos acomodados é inter- 
medios entre aquella gran bahía y la de Gibara. 

La extensa y soberbia bahía de Guantánamo, cuya im* 
portancia revelaron ios ingleses con su mismo empeño en 
conservarla en 1741 , reclamaba vecindario con mayores 
títulos que ningún otro puerto de la Grande Antilla. Enr 
Iré sus proyectos de colonización le dio una justa prefe- 
rencia Casas. Era aquella ensenada capaz de dar abrigo 
á todos los bajeles de América y Europa, con comodísi- 
mos surgideros interiores» una eterna frondosidad en 
sus riberas, y avecindada á Jamaica y Santo Domingo. 
Consideró Casas que merecia aquella localidad ser desti- 
nada á asiento de una ciudad y plaza de armas, y no se 
decidió á promover una fundación de la cual no rsultára 
después mas que una aldea* Propuso pues á la corte que 
se colonizara en seria escala y con dimensiones superiores 
á las de Manzanillo y de Nuevitas. La extensión de su 
plan y las razones en que lo fundaba excitaron la ambi- 
cien de varios cortesanos suponiendo que pudiese ser 
practicable en breve tiempo sin muchos brazos y millo- 
nes. Entre ellos un habanero protegido por Godoy, el 
brigadier conde de Mopox y de Jaruco, obtuvo luego en 
Madrid la comisión dej*ealizarla con todas las preroga- 
tivas y licencias que pudiesen facilitar su cumplimiento. 
El fomento progresivo que por el fértil territorio de 



268 HISTORIA 

Guanajay recibido los iogeoios, reqoería dar salida á sus 
productos por su mas vecino puerto» el de Mariel; y don 
Manuel Chaceo eslimuló á los hacendados comarcanos á 
contribuir para la formación de un muelle en sus orillas. 
Les dio .el ejemplo estableciendo allí un almacén y un 
domicilio. Luego le siguieron muchos, y este fué el orí- 
^en de la corta población que lleva el mismo nombre en 
aquel puerto. 

El detallar punto por punto el impulso que recibieron 
en esta época en su población y en roturaciones agrícolas, 
campos antes desiertos y aun puntos ignorados^ seria re- 
cargar harto á este texto con noticias semejantes unas á 
otras. 

Mas de la milad de los pueblos interiores que ahora 
cuenta Cuba, tuvieron su principio entonces; y ya desde 
1793, antes de conseguir mayores adelantos, podia Ca- 
sas escribir al ministerio estas palabras: cLa agricultura 
que estaba reducida principalmente al tabaco, al azúcar 
y á los frutos ordinarios de maiz, arroz y oíros de co- 
mún sustento, se va aumentando, dedicados ya algunos 
hacendados al añil, café y algodón que serán de común 
utilidad. A estos fines he contribuido en lodo lo posible, 
y empiezan á verse tan buenos efectos, que se prometen 
estos habitantes nuevos y ventajosos ramos de comercio.» 

Igual éxito que en los ensanches al comercio y ¿ la 
agricultura logró Casas con su perseverancia y sus es- 
fuerzos en el defioitivo arreglo de un asunto que dio ser 
y movimiento á otro producto paralizado hasta su época 
por mal manejo de algunos y desórdenes, el de las mi- 
nas de cobre cercanas á Santiago. Difícil seria citar ejem- 
plo de otro expediente roas difuso, enmarañado y largo 
que el de los mineros^ sin reproducir lo que en anteriores 



DE LA ISLA l)E CUBA. 269 

capítulos se expusa sobre dificullades que arredraron 
duraote siglo y medio lo mismo á los capitanes genera- 
les que á los gobernadores de Santiago. Resumamos 
ahora su confusa historia. 

Descubiertas á mediados del siglo xvi aquellas velas, 
torpemente explotadas durante muchos años luego 
y con gran quebranto de sus empresarios; justiprecia- 
das después en un valor alzado ó caprichoso, incorpo- 
H*áronse como propiedad definitiva á la corona; y con 
arreglo á una especial y defectuosa instrucción las estuvo 
administrando el Fisco hasta 4616 con levísima compen- 
sación de los 363,150 ducados de plata que llevaba ex- 
pendidos ya en sus excavaciones y sus sacas. Arrendóliais 
en ese año el contador D. Juan de Eguíluz* obligándose 
imprudentemente á suministrar doce mil quintales de co- 
bre anuales al gobierno. Sin llenar su compromiso murió 
en la empresa Eguiluz, resultando en 1639 alcanzado á 
pesar de su pureza en 35,400 ducados. Sin desanimarse 
con su ejemplo y atribuyéndolo á causas que admitiaa 
enmiendas, D. Francisco Salazar y Acuña^ yerno del di- 
funto, tomó á su cargo la contrata y se obligó á pagar 
su alcance. Pero como eu losjdiez y ocho años que si rigió 
las minas disponiendo de doscientos setenta y nueve es- 
clavos del Rey para explotarlas, á duras penas entregóen 
cada año bronces para cuatro piezas; le acusaron luego 
defraudes,y con justicia ó sin ella se intervinieron sus ope- 
raciones» se le formó causa y se le puso preso. Aun du- 
raba su procedimiento cuando en 1663 el asesor-anditor 
de la Habana D. Antonio Ortiz Matienzo fué de orden 
superior á reconocer aquella explotación y subastar su 
renta. No eran los precedentes de la especulación para 
estimular á nuevos contratistas^ ni habia en la isla en 



370 HISTORIA 

ese tiempo hombres de aptitud y fondos coa que mejorar 
la explotación. Ninguno la emprendió á lo menos, y la 
comisión de aquel juez no dio mas resultado que autori- 
zar la venta de los descendientes de los doscientos sesenta 
y cinco negros que por cuenta del erario y en los pri- 
meros períodos del laboreo habían sido instalados en las 
mibas. Su número parecia triplicado casi en aquel tiem- 
po. Viciados con la especie de libertad que á titulo de 
ciervos del Rey tenían allí, ociosos y mal vigilados en' 
largos intervalos, ya no podian ser siervos de otro dueño. 
A los que lo pretendieran, se les permitió coartarse ó 
manumitirse con las cuotas que abonaran al Fisco año 
por año; y destináronse otros á las obras de los fuertes 
(Je Santiago. Con estas y otras providencias se fué aban- 
donando la explotación y quedaron luego las minas casi 
degas eí\ muy largos períodos, aunque subsistiendo 
siempre en el lugar del Cobre una población salvaje y 
descompuesta, con su misma independencia y su facili- 
dad para merodear en las vecinas fincas. No conocia mas 
freno que la contuviese que el que rara vez les imponía 
la autoridad episcopal, á cuya exclusiva jurisdicción había 
quedado sometida á propuesta de Matienzo. Cuando in- 
tentaba algún gobernador de Santiago corregir los desór- 
denes de los mineros, la jurisdicción eclesiástica solía 
oponerse á sus medidas. Mil sesenta y cinco individuos 
de color entre negros, mulatos y mestizos con no pocos 
bandidos residían allí en 1781 , y más aun cuando el rí- 
gido Va i I la nt se encargó de aquel gobierno y procuró 
cortar el mal de raíz concertándose con Casas. 

Ilustrados entonces el ministerio y el consejo con los 
minuciosos y fundados informes de este general» pudie- 
ron en 1796 declarar justamente fenecidas mediante li* 



DE L\ ISLA DB CUBA. 271 

quidacíones racionales las perpetuas proleslas y preteo- 
siooes de los herederos de Salazar que no habia sido 
nuDca propietario de las minas, sino mero arrendatario 
ó usufructuario temporal. Emancipáronse de una vez los 
cobreños, sujetándoseles á la jurisdicción ordinaria; y se 
reconoció la administración autorizada á vender separa- 
damente las diferentes pertenencias mineras á los empre* 
sariosque intentaron explotarla?. A tales providencias se 
debió muchos años después el desarrollo que allí llegó á 
tomar tan gran ramo de la riqueza púbMca de Cuba, en 
gran parte debido á la constancia de Vaillanl« que cum- 
plido su tiempo de gobierno y adelantado á mariscal de 
campo, obluvo su cuartel para la Habana. 

Aun no se habia desarraigado aquel cáncer de aquella 
jurisdicción, cuando en 15 de enero del mismo año de 
1796 le sucedió en su mando y en su empeño en extir- 
parlo el coronel D. Juan Ncpomuceno Quintana, capitán 
de Guardias Españolas, natural de Méjico, y singular por 
su desinterés é inteligencia. Ni de las reformas que recibió 
6l Cobre, ni de las franquicias comerciales, ni de la pro- 
tección de la agricultura permitieron en Santiago sacar 
ventajas inmediatas, la turbación de la época y los desas- 
tres que en la vecina Haiti se sucedian. 

Después de la desgraciada paz de Basilea ya no le 
convenía á España otra política que una neutralidad ar* 
mada para proteger sus grandes intereses en ambos con- 
tinentes y en el Asia. Ese grandioso fin que tanto podria 
influir en el porvenir de la metrópoli y de sus posesio- 
nes ultramarinas, lo habria alcanzado entonces un go- 
bierno de suíicienie fortaleza para desentenderse de 
cuestiones entre Francia y las demás potencias, abandonar 
los intereses ajenos y concretarse á defender los propios* 



272 HISTORIA 

Dispusiéronlo, do obstante, nuestros destinos nacionales 
de otro modo, posponiéndose los cuidados propios á los 
de otros. Como si la Francia tuviese aun trono y lo ocu- 
pasen ahora sus principes asesinados ó emigrados, el 
Directorio que la gobernaba exigió del débil Godoy, des- 
pués de aquel tratado, una alianza ofensiva y defensiva, 
una verdadera reproducción del antiguo pacto de fami- 
lia. Carlos 111 habia cometido una gran falta al contraer 
en 1761 un compromiso tan funesto para los intere- 
ses nacionales. Pero le renovó con perjuicios toda- 
vía mayores Carlos IV. No se han reparado aun ni 
se repararán las consecuencias del tratado que en 27 de 
junio de 1796 firmó en su nombre el Príncipe de la Paz 
con el ministro de Francia Perignon. Su padre habia 
celebrado un pacto con un Principo de su misma sangie. 
El lo celebró con una revolución manchada todavía con 
la sangre de Luis XVI y de sus mismos deudos. Al es- 
tipularse en un artículo reservado de aquel convenio 
desastroso que la Francia no exigiria la asistencia de su 
aliada sino contra la Inglaterra , siendo tan opuestas las 
miras de las dos potencias, se obligaba España abierta- 
mente á declararse en nuovo rompimiento coi) el primer 
poder marítimo, con la sola nación que podia paralizar 
su comercio ultramarino y arruinar á sus mercados 
cuando mas se animaban con muchos preludios de rico 
|K)rven¡ry y cuando sus progresos permitían desahogar al 
erario nacional en pocos años. No hubo remedio. Pro- 
nunció Carlos iV en 1 8 del siguiente agosto la declaración 
de guerra con la Gran Bretaña, que se publicó en 7 de 
octubre, fundándola en agravios que sin su debilidad con 
el Directorio francés habría disimulado. 

Para que las consecuencias de tan fatal guerra fuesen 



DE LA ISLA DE CUBA. 273 

auD mas sensibles para Cuba, admitióse á Casas • la dimi- 
sión que de su mando había presentado repelidas veces 
por razones de salud. 

Para igualar, si no exceder á los primeros hombres de 

» La ünica biografía completa qae se conoce de D. Luis de las Casas y 
Aragorri, es la impresa en las pái^inas 345 y 346 del T. I del Dice. Ceogr. 
Btt. Bist. de ¡a is^a de Cuba por el Autor de la presente obra. 

Casas, desde qae se publicó )a paz de Basilea, renoTó los esfuerzos que 
anteríoi mente teuid hechos para que el gobierno le permitiese restituirse 
á Espaun. Asi se explicó en 22 de entfro de 1796 en oficio al ministro de la 
Guerra : 

«En !.• de octubre de 1794 dirigí á V E. un recurso de que no he reci- 
bido contestación. 

•Ser releva lo del empleo qne sirvo, y regresará Espa fia á sufrir una ope- 
ración quirürgica de mucho riesgo en e.>tu clima y de ninguno en el de 
Europa, para servir después donde fuese la voluntad del Rey, es á lo qne 
se dirigía mi ¿oliciiud. 

•El motivo lie ella me parece justo, la mobarquia está en paz con todo el 
mundo y hace mas de seis meses que tengo cumplido el tiempo de mí go- 
bierno, por lo que me considero fundado para reiterar mi itistancia y su- 
plicar á V. E. se sirva hacerlo presente a S. M.». 

Como noticias posteriores á la biografía de Casas, insertemos aquí el si- 
guiente documento. 

«An^hfvo general de Simancas. — 1860. — Guerra. — Moderno.— Papeles del 
Consejo.— Ca jen 6. "^Legajo 7.^En este lugar existen varios documentos 
co|)ia ios por D. José Ferrer y Couto, referentes al testamento y ocurren- 
cias posteriores á la muerte del teniente general D. Luis de las Casas, go- 
bernador de Cádiz. 

«Tesiave:«to.— Está fechado en el Puerto de Santa María á 11 de julio 
de 1800. — Empieza asi: En el nombre de la Santísima Trinidad y con su 
santa gracia aine^n. Sea notorio como yo D. Luis de las Casas, teniente ge- 
neral de los reales ejércitos, ministro de la sui rema Junta de Caballería 
del Reino, gobernador político -militar de la p'aza de Cádiz, capitán pene- 
ral honorario y segundo jele de la capitanía general de Andalucía, residente 
en esta ciudad y natural de la de San Sebastian de Guipúzcoa, hijo legí- 
timo del Sr. D. Manuel de las Casas, intendente que fué de marina, y de 
la seííoraD.^ María de A ragoiri (ya difuntos], hallándome accidentado en 
cama, etc., etc., etc., recomendación del alma, etc., etc. 

•Cláusula 2.'— Que se le eniierre coo su uniforme de coronel del regi- 
miento de Saboya en la iglesia mayor prioral del Puerto de Santa María. 

HI8T. DB CrBA. — TOMO III. — l8 



274 HISTORIA 

SU tiempo ponieado en evidencia sus dotes de gobiernOt 
DO le faltó á este general sino mas conocido y mejor 
teatro. Estudíese la historia de la grande Aotilla; obsér- 
vese el enlace de los acontecimientos y las reformas su- 

•5.*~Declara ana deuda á *u tic el E. S. marqués de frauda, vecino de 
Madriii. 

•i6/— ídem, otra de cuareuta mil y más reales yelion al E. Sr. conde de 
Cumbre-bermosa, su antecesor en el gobierno de Cádiz, por el mueblaje 
de casa que íe dejó en dicha ciudad. 

•T.*^— Ídem, o ira de ?einie mil y más reales á D. Miguel de Iribarren, 
vecino de Cádiz, por dinero recibido. 

>8.*— Otra cuyo guarismo ignoro á D. José Cossy, sujeto que corría con 
f'l gasto de su casa. 

»9.*~Declaro haberme mantenido siempre en estado de soltero, y haber 
tenido un hijo natural á quien reconozco por tal, llamado Fernando Eche- 
coarena, natural de la villa y corle de Madrid, de edad de doce años poco 
mas ó menos; el que en la actualidad se baila en un colegio de que tiene 
conocimiento el referido Excmo. Sr. mi lio '(lranda\ á quien se lo reco- 
miendo para que lo ponga en una carrera ó esiado modesto en que no le 
puedan echar en cara mancha en su nacimiento, el cual fué habido de 
mujer soltera, honesia y recatada, lo cual por hallarse en el día casada coo 
persona decente, no conviene nombrar. 

»iO.* — Declaro no tener otros bienes que un ingenio de fabricar azúcar 
en la isla de Cuba, jurisdicción de la Habana, que se halla á cargo de don 
Joaquín Ayestaran, cuyo valor ignoro; y también tengo los muebles y efec- 
tos de mi casa y equipaje, y no otros algunos.» 

»En las demás cláusulas recomienda que se paguen sus deudas del pro- 
ducto de esos bienes, y que lo que quede de ellos se reserve para dicho 
niño Echecoarena, como su heredero absoluto. 

«Regala ó devuelve á su hermana la condesa viuda de O'Reilly uu retrato 
de su marido, una miniatura en una caja de oro, etc., etc. 

•Sus albaceas fueron dicho Iribarren y el asesor de guerra üe Cádiz don 
Juan B. Cuñal. 

•Las Gasas murió á las dos y cuarto de la larde de 19 de julio, c cansado 
ya su espirltu y cediendo á la fuerza del mal, pero sin haberle faltado hasta 
poco antes de morir. » Asi se lo escribe Ciiñat al ministro de la Guerra don 
Antonio Cornel en carta de 3i de julio. 

»E1 aprecio que el ayunt miento de Cádiz hacia de la memoria de aquel 
general, no ({uiso respetar la cláusula sobre que se le ouurrase en el 
Puerto; y á pesar de la resiste m^a del cura párroco, sus mismos alba- 



DE LA ISLA DE CUBA. 275 

•cesivas que engendraron sa posterior prosperidad» y se 
reconocerá sin esfuerzo que dimanan en gran parle del 
impulso que tan perspicaz gobernador dio á su civiliza- 
cion, su agricultura y su comercio. 



eeas pudieron trasladar el cadáver en la madrugada del iO á Cádiz, c donde 
se le hicieron las ezeqaias con magnificencia, siendo universal el senti- 
miento de este pueblo por una pérdida que se cree Irreparable.! (Cuñara 
<:k>mel fecba ut supra). * 



CAPÍTULO NOVKNO. 

Gobierno del conde de Santa Clara.— Nuevo rompimiento con Inglaterra^ 
—Precauciones militares en la isla. — Se apoleran los ingleses de la de 
Triaidad.— Son rechazados de Puerto-Rico y Puerto-Casilda.— Hostilida- 
des en las costas de Cuba.— Pretensiones de los agentes franceses de 
Santo Domingo en la Habana. — Proyectos de colonización en la babia de 
Guant.nnamo y otros puntos por el conde de Jaruco. — Ocurrencias de 
Samo Domingo.- Trasiacion de su Audif ncia á Puerto-Principe de Cuba. 
«-Guerra económic;) entre los prohibicionistas y los concesionistas. — 
ReTOcacion de varias fianquicias concedidas al comercio de Cuba. — In- 
justos pri?¡legios de alK'unos individuos. — Pcruianencia del duque de 
Orleans y sus dos hermanos en la Habana.— Progresos en la elaburacion 
del azúcar. -—Decadencia déla ganadería — Progresos délas rentas de 
diezmos.— Muerte del obispo Tres Palacios.— Intrigas de los franceses y de 
los ingleses para sacar -de su neutralidad a los Estados-Unidos.— Obras 
publicasen la Habana.— Cauali/.acion empí zada en el territorio de GiU- 
nes.— Bectifícacion de limites de la Luisiana y las Floridas.— D. Francisco 
Miranda.- Síntomas de rebelión en Venezuela.— Verdaderos principios d% 
la disidencia con su metrópoli en las posesiones españolas de América. 

El 6 de diciembre de 17U6 llegó á la Habana y tomd 
posesión del gobierno de la isla el teniente general 
D. Juan Procopio Bassecourt, conde de Santa Clara, que 
babia servido en Guardias walonas y acababa de dejar 
el mando de Barcelona. 

Habiendo sido la publicación de la guerra con la Gran 
Brelaña el último acto público de Casas» el primer cui- 
dado de su sucesor tenia que ser la defensa de toda la 
isla , examinando sus puestos militares. Pero la previ- 
sión de aquel general le facilitó mucho esa tarea. Halló 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 277 

ya á su llegada completamente abastecidas de víveres 
y municiones las forlalezas de la capital con todas sus 
obras accesorias terminadas ^ Fallaba solo dar la última 
mano á dos balerías emprendidas en ia cost? entre los 
fuegos de los castillos del Príncipe y de la Punta. De 
estas dos, la mas importante y cuyas obras sucesivamente 
dirigieron los coroneles de ingenieros D. Cayetano Pavelo 
y D. Francisco Vambitelli, se babia establecido una á ca-^ 
torce varas sobre el nivel del mar y á dos mil quinientas 
del extremo septentrional del recinto de la plaza. For- 
móse con un sólido y dilatado reducto de bien revestidos 
parapetos cuyos fuegos se cruzaban con los de la Punta y 
aun con los del Morro. Su objeto era no solo dominar allí 
la costa y la caleta de San Lázaro, protegiendo al extra- 
mural y ya creciente barrio de igual nombre, sino servir 
de un obsitáculo más para la entrada de la bahía. En obse- 
quio al nuevo gobernador se la denominó « bateria de 
Santa Clara.» LoscastillosdeJagua y de Matanzas, \ todas 
las balerías de la costa se hallaban asimismo con completo 
surtido y prevención cuando relevó su sucesor á Casas. 
Por la parte de Santiago tampoco descuidó las fortifi- 
caciones el coronel Quintana, que habia preludiado en su 
gobierno, reduciendo pacífica é ingeniosamente á mul- 
titud de alzados y prófugos del Cobre , mostrándose tan 
apto para los cuidados de la gobernación civil, como 
para los mas alarmantes y marciales. Siendo su territorio 
el mas expuesto en la isla por seguir enseñoreado el 
inglés de todo el frontero litoral de Haiti , y tan dueño 
« 

* Véase una comunicacioa diri- encontró las fortificaciones de U 

^ida por Santa Clara al ministro de Habana. Archivo de la capitanía 

la Guerra en 3 de enero de 1797, general, 
dándole cuenta del estado en que 



278 HISTORIA 

de todas las aguas intermedias, qae á menudo recogía 
ganados y víveres en las costas de Baracoa » de Ñipe y 
de Guantánamoy se limitó aquel jefe á prevenir contra 
un ataque todas las fortificaciones y puestos, armando 
para suplir la falta de fuerza veterana á cuatrocientos 
milicianos. Hizo internar todas las reses y cosechas de 
las haciendas cosierizas. Estas precauciones fueron apro- 
badas por el conde de Santa Clara. 

Para el remoto^ pero posible caso de un ataque contra 
la capital sin apelar á un arbitrio tan dañoso para el 
erario como el de armar milicias , discurrió Santa Clara 
otrot cuyos riesgos aun no habían revelado el tiempo y 
la experiencia f el de armar al paisanaje ciudadano. 
Fuera del segundo batallón del regimiento de Méjico que 
estaba cubriendo á Nueva-Orleans, de los destacamentoa 
de Matanzas» Batabanó y Jagna , y de la fuerza embar* 
cada como auxiliar en los navios de ArístizabaU no le 
restaba entonces otra á la Habana , para defender sa re* 
cinto y sus castillos , que mil seiscientos cinco veteranoa 
de todas clases y armas ; bien qae para casos de in- 
vasión contase con los cuerpos de milicias que Casas 
habia dejado en pié excelente. Sin abrumar á tan corta 
guarnición no se podía cubrir con ese número el de unoa 
ochocientos ochenta hombres que exigía el mínimum del 
servicio diario de la plaza. Se llenó este déficit con la 
creación de compañías urbanas de vecinos de todas cla- 
ses y mozos de las tiendas. La fortuna permitió que la 
unidad de ideas que reinaba en la isla entonces ocultase 
un yerro capaz de trastornarla toda. Se designó á cada 
ana con el nombre de la provincia de la naturalidad de 
sas mismos individuos ; lo sobrado para engendrar esas 
discordias y competencias provinciales tan repetidas en 



DE LA ISLA DE CUBA. 279 

la Península como desconocidas todavía en la isla. La 
mas entasiasta y numerosa de las nuevas compañías, la 
de Cataluña, por simpatías con Sania Clara que era na- 
tural de Barcelona , eligió por jefe á su sobrino y ayu- 
dante D. Luis Alejandro Bassecourl, militar de marcial 
y hermoso aspecto. Fué de admirar que en largas tem- 
poradas y con unión no interrumpida entre unas y otras, 
alegremente sobrellevasen sin prest ni auxilio alguno 
las fatigas del soldado. 

Aun seguia Aristizabal protegiendo con su escuadra á 
la América central y á las Antillas españolas , pero re- 
ducido á la inacción por la superioridad que en aquellas 
aguas como en las de Europa conservó siempre la ma- 
rina inglesa en el curso de esa guerra. Tras de ser es- 
casas las fuerzas de aquel general, le impedía reconcen- 
trarlas la multiplicidad de sus atenciones, ocupado á un 
mismo tiempo en vigilar el poderoso armamento enemigo 
que se presentó en el Archipiélago, en amparará Santo 
Domingo, cuya evacuación se preparaba en masa, y en 
asegurar las remesas para España de los caudales de 
Veracruz y del Perú. 

Principió por una pérdida muy sensible para España 
la alternativa de acontecimientos ya adversos , ya felices, 
que presenciaron las provincias de Ultramar durante la 
campaña. 

Una colonia á la sazón tan floreciente por sus fran - 
quietas comerciales, como por la fertilidad de su suelo, 
la isla de Trinidad, arrimada á la costa de Caracas y 
defendida por destacamentos de aquella capitanía gene- 
ral, fué la primera presa que, para no soltarla, oayó en 
poder de la Inglaterra. Al amanecer del 20 de febrero 
da 1797, seis navios de guerra, seis fragatas, dosber* 



!Í80 HISTORIA 

gaoiines que escollabaD á cuareuta y ocho embarcacio- 
oes con mas de ocho mil hombres de desembarco, apa- 
recieron bombardeando al pueblo de San José de Umña, 
que era su capiíal ó cabecera. Por ímpeluoso é ines- 
perado que el ataque fuese, viviendo mas prevenido, no 
habrian fallado medios de rechazarle al brigadier de ma- 
rina D. José Maria Chacón, leníeudu ahí reunidos tres 
batallones, no pocas piezas y algunos artilleros. Pero 
gran parle de la población era extranjera, y seducida por 
los ofrecimientos del inglés, pospuso la defensa de su 
patria adoptiva á la conservación de sus intereses per- 
sonales. Atribularon á Chacón entre ruegos y amena- 
zas, retrayéndole de cumplir con su deber, que era 
pelear. 

Entre la vergonzosa defección de muchos comerciantes 
norte-americanos, italianos y aun franceses que, bajo el 
pabellón español, allí se enriquecían, y el sobresalto de 
todos los demás, aturdióse aquel gobernador y se rindió 
la isla sin costar su conquista mas que algunas descar- 
gas á los invasores. 

No fué esta sola entonces la desgracia de los espa- 
ñoles. Al mismo tiempo que coronaba el éxiio su ataque 
á San José, sorprendía la escuadra inglesa en el vecino 
puerto de Chaguaramas á una división de Aristizabal allí 
anclada y destinada á aquel crucero con el jefe de escua- 
dra D. Sebastian Ruiz de Apodaca, cualro navios y una 
fragata. No pudiendo salvarlos, á combatir ó entregar* 
selos al enemigo intactos, prefirió ese general reducirlos 
á cenizas. 

Fué una lección muy elocuente la pérdida de la Trini- 
dad, así para los que censuraban la resistencia del go- 
bierno español á domiciliar extranjeros en ciertos puntos 



DE LA ISLA DE CUBA. 281 

de 8US posesiones» como para los de ¡deas contrarias ^. 
Por una excepción del sistema general que se seguia ob- 
«»ervando en los territorios de Ultramar, se les había per- 
mitido residir en aquella isla. 

Apenas se habia el vencedor hecho cargo de su ocu- 
pación asegurándola con buenas precauciones, cuando 
llegó á reforzarle parte de la escuadra del almirante Jer- 
vis que, de«ipues de batir á la española de D. Jü>é de 
Córdova el 1 4 de febrero en el cabo de San Vicente y 
de obtener en premio el titulo de Lord y conde de este 
nombre, corria á buscar nuevos lauros en América. 
Allegáronse en Jamaica mas de diez mil soldados de 
desembarco, entre los que venian con Jervis y los que 
volvían de conquistar á Trinidad. 

Los mismos trasportes que para esta expedición ha- 
bían servido con el auxilio de multitud de lanchas caño- 
neras, los desembarcaron el 17 del siguiente abril sobre 
las playas de la Torre» á tres leguas de San Juan de 
Puerto Rico. Dirigíalos con otros tres generales á sus 
órdenes, uno de experiencia y crédito, Sir Ralph Aber- 
crombie. Pero allí, en vez de confabulados extranjeros, 
no habia sino resueltos españoles, y esos, aunque pocos, 
heroicamente acaudillados por el brigadier y capitán ge- 
neral D. Rnmon de Castro, de los antiguos campeones de 
Galvez'eu Fiorida. El desprecio fué su respuesta á la in- 
timación que Abercrombie le dirigió para que se rindie- 
se; y á su voz y con su ejemplo, como una chispa eléc- 



* La pérdida de la isla de Trini- Véanse los pormenores de In sor- 
dad se supo en la Habana el 8 de presa de la isla de Trinidad por los 
abril de 1797 por aviso qae Quinta- ingleses en las (ktcetas de Madrid 
na, el Kol)ernador de Santiago, co- de 1707, j en las Memorias del Príñ' 
manicó á Santa Clura. cipe de la Paz. 



282 HISTORIA 

irica, se comuDÍcó so ardor á las milicias y paisanos. 
El dia 18 ni armas le quedaban para repartirlas á cuan- 
tos corrieron del campo á reclamarlas. Bastáronle seis- 
cientos veteraoos, cuatrocientos reclutas de aquel Fijo, 
trescientos veinte artilleros y como dos mil entre mili- 
cianos y paisanos, para tomar amplio desquite del revés 
recien sufrido en Trinidad. Dieron allí muerte á mas de 
mil ingleses. Rechazados estos por las baterías de la 
plaza en un ataque temerario después de trece dias de 
sitio, no se recogieron á los buques sin dejar en poder de 
los españoles cerca de un millar de prisioneros , todo su 
tren do batir, sus tiendas, sus repuestos y hasta sus ca- 
ballos '. 

No fué este el solo golpe que la Gran Bretaña recibió 
por este tiempo. El mejor de sus almirantes, el insigne 
Nelson, rechazado de Santa Cruz de Tenerife, perdió ante 
aquella fortaleza una parte de so reputación con otra de 
8u cuerpo; y un gran armamento destinado á conquistar 
las Islas Filipinas, arredrado por el aparato de defensa que 
reconoció en la de Luzon, tuvo que sucumbir á sañudos 
temporalee, sumergiéndose con él los tres millones de li- 
bras esterlinas que la expedición habia costado. 

Las fuerzas navales inglesas no amenazaron seriamente 
á la Habana ni á Santiago, de cuya buena prevención 



' Véanse los pormenores de la in- 
Tasion de los ingleses en Puerlo- 
ftico en el parte oficial del capitán 
general D. Ramón de Castro, publi- 
cado en la Gaceta de Madrid, tomos 
de 1797 y en las p&gfnas 76 y 77 del 
tomo II de las Memorias de Godoy. 

Botre los papeles que nos racilitó 
D. José Maria Cal yo en i847, y que 
le dejó su padre 0. Nicolás, nos en- 



contramos con nn extracto de las 
operacloaes practicadas por el ejér- 
cito inglés desde que invadió á Puer* 
to-Rico el 17 de abril de i797, hasta 
qne se reembarcó en l.^de mayo. 
¿8 anónimo y de letra coetánea. Se 
encaentra en ia colección del Aator 
y está conforme en todo con el parte 
oficial del general Castro . 



DE LA ISLA DE CUBA. 283 

para recibirlas estaba ioformado el eoemigo. Mas de una 
vez sus buques, sia causar con su presencia la menor 
alarma, habian examinado á los dos puertos. Pero otros 
de menos cuenta en la isla y posesiones menos defendidas 
no fueron tan felices. 

Reconociéndola como desembocadero principal de los 
frutos y tráficos del centro de Sancti-Spíritus, Puerto- 
Príncipe y de su propio territorio , codiciaba el enemigo 
la posesión de Trinidad , apenas reparada de un incendio 
que en 15 de marzo de 1793 habia convertido ciento 
ochenta y tres de sus casas en cenizas. Así por esta cau- 
sa, como por su movimiento comercial, la erigió Santa 
Clara en tenencia de gobierno con jurisdicción política 
y militar sobre todo el territorio central. Del mando de 
la compañía de catalanes trasladó al teniente coronal 
D. Luis Bassecourt á organizar y gobernar aquel nuevo 
puesto. Dedicábase allí este jefe con afán á adiestrar 
las milicias, cuando á las diez de la mañana del 1 9 de 
julio los vigías de Puerto-Casilda le avisaron la apa- 
rición de una fragata de guerra y dos bergantines ene- 
migos. Tocóse inmediatamente generala acudiendo sin 
retardo la poca milicia de la ciudad y sus contornos» 
unos cuatrocientos hombres muy desigual é incomple- 
tamente armados. A su vista dieron al dia siguiente caza 
y apresaron los ingleses, aunque no sin porfiada resis- 
tencia, á un corsario español del mismo puerto y á^ una 
embarcación francesa. Con ambas presas, á pesar del 
vivo fuego de la batería de Casilda y de las milicias allí 
apostadas por Bassecourt, y aunque por algunas horas 
se le varase la fragata junto á los arrecifes del llamado 
Gayo Blanco, también se empeñaron los ingleses en apo- 
derarse de varios buques mercantes refugiados en el fon* 



284 HISTORIA 

(ieadero y desamparados por sus tripulaciones desarma- 
das. Erau un correo del Rey llamado el tGalgo» y cua- 
tro goletas y bergaDlioes, de los cuales uno estaba ya 
cargado con azúcar. Hubiera logrado el enemigo ,su 
designio si, arreciaudo el fuego de la playa y aprovechán- 
dole de la resolución de aquellos milicianos, no intentara 
Bdssecourt avan/ar al abordaje con las lanchas que allí 
tenía reunidas. Bastó esa tentativa para que desistieran 
de llevarse aquellas embarcaciones los ingleses. Abando- 
naron en ellas armas y porción de efectos, apresurán- 
dose Á salir del surgidero con alguna pérdida, y por una 
feliz singularidad sin inferir ninguna á sus contrarios. 
La intrepidez de los de Trinidad suplió en aquella ocasión 
á la flaqueza de aquel puerto, acreditando allí eutre otros 
muchos su hidalguía, D. Pedro José Armenleros, el al- 
calde 1). Jjsé Mariano B)rrel, el regidor D. Juan Padrón 
y el catalán D. Jaime Max V 

Frecuentaban los corsarios ingleses sin cesar las aguas 
de la i>la, no e-'caseando visitas á haciendas vecinas, á 
playas desiertas ó indefensas. El puerto del Manzanillo, 
por esp<»cial interés de los contrabandistas de maderas 
de Jamaica^ acostumbrados á extraer de aquellos con- 
tornos grandes sacas, fué objeto de repetidos ataques en 
los primeros meses de aquel año. Aunque siempre re- 
chazados por una batería establecida allí en tiempo de 
Casas y el valor de algunos campesinos, mas de una 
vez realizaron en parte su designio cargando caobag y 
cedros. Para precaver de insultos á aquel puerto no exis- 



* Véase ei el archivo de la capí- Sania Clara en 24 de julio de i797 

UDia general de Cuba, leg^ajos de con el diario de lo acaecido allí 

Trinidad de 1797, el Darle oficial di- desde el 10 del mismo mes. Esiá 

ligido por O. Luis de Bassecouriá copiado en la colección del Aulor. 



DE LA ISLA DB CUBA. 285 

lia auD vecindario sufícienle en la poblacioo qae empe- 
zaba á alzarse enloDces juQto á ud puerto que servia de 
salida natural á los productos de Bayamo. Dispuso en- 
tonces Sania Clara que se organizase en aquel territorio 
una compañía urbana puesta á cargo de D. Juan SarioU 
hacendado de caudal y bríos, que por tan gratuito des- 
tino espensó los primeros gastos déla bateiía, y con- 
tribuyó á la construcción de un profundo foso alrededor 
de un reducto. Con la actividad del gobernador de 
Santiago» Quintana, en darla cumplimiento, bastó tan 
sencilla disposición para preservar de nuevos insultos ¿ 
un vecindario que luego fué creciendo. 

Pero para desgraciado todo el territorio oriental, arre- 
bató la muerte á Quintana en los mejqres años de su vida 
pública y sin realizar muchos proyectos buenos, el 14 de 
abril de 1798. Entró á sucederle interinamente en bquel 
mando el brigadier D. Isidro Limonta) natural y hacendado 
de aquel pueblo, queá los ochenta años, según un cronista 
de los gobernadores de Santiago, c conservaba fodas sus 
facultades y disposiciones para el trabajo,» y dio ya nue- 
vas pruebas de su acierto con no alterar ninguno de los 
proyectos de su actecesor y adelantando la fábrica de 
aquella casa de gobierno, la del muelle y otras obras 
importantes que dejó en planta el difunto. 

Con igual acierto que en el Manzanillo, dio providencia 
y recursos Santa Clara, para que á la embocadura de 
Jaruco, de cuyo rio habian mas de una vez los enemigos 
extraído goletas y lanchas con azúcar, se fabricase un 
torreón fortificado y defendido por dos piezas, algunos 
artilleros y veinte y cinco milicianos que se relevaban 
coD los del pueblo de ese nombre. 

Difuso fuera referir las incursiones que con éxito ó 



S86 HISTORIA 

quebranto ejecutaron en las costas de la isla los corsarios 
del enemigo en ese tiempo. Esas visitas, cuyo solo objeto 
era recoger negros, azúpar ú otros frutos de alguna ha- 
cienda aislada, no tuvieron entonces otras consecuencias 
que algunos lances, y algunas pérdidas individuales. 
Podrán graduarse todas las demás poruña qae ejecutaron 
en la parte occidental hacia el cabo de San Antonio el 10 
y siguientes de setiembre de 1798, no ya corsarios, sino 
tres buques de guerra, aunque balandras solamente. 
Los vecinos de aquellas haciendas se habipn aprovechado 
de tres piezas de un buque naufragado, y puéstolas en 
un reducto para impedir la entrada de un inmediato sur- 
gidero. Forzáronla sin embargo los ingleses irritados por 
el vivo y certero fuego que les hizo el mulato JoséNoroña, 
que con solos siete hombres defendia aquel puesto; y 
desembarcando linos ciento, se apoderaron de los víveres 
y aguardientes del ingenio de D. Mariano Carbó ', cuando 
Norona , herido , se habia ya puesto en salvo con los • 
suyos. A lances semejantes se redujeron en resumen 
todas sus agresiones por la costa. 

Con estos insultos de enemigos coincidian muchas 
molestias y exigencias de aliados tan altivos, aunque 
tan necesitados como los de la república francesa, com- 
plicando la inquietud y el malestar de Santa Clara y de 
Valiente. Crecían de dia en dia las importunidades de 
los gobernadores ó comisarios de aquella nación en Santo 
Domingo y en la Guadalupe. Cuando aun eran precisos 
los situados de Vera-Cruz para cubrir gran parte de 
las atenciones públicas de Cuba, M. Mauricio Bondineau, 

» Véase el parle oficial de D. Ma- Clara en el archivo de la secreuría 
riano Carbó en 26de octubre de 4798 miliiarde la Haba:ia. 
i Santa Clara.— Carpetas de Santa 



DE LA ISLA. DE CUBA. 287 

á qaien Santa Clara ^ sujeto á los preceptos de un míois- 
terio débil, -había tenido que recibir con el carácter de 
agente oficial de aquellas islas en la Habana, abrumaba 
al intendente con continuos empréstitos que las colonias 
francesas reintegraban siempre trabajosamente. Además^ 
el orgullo y la susceptibilidad republicana de los comi- 
sarios y su apoderado no andaban nada acordes con las 
proTÍdencias que, con arreglo al sistema de gobierno es- 
tablecido en la isla, tenia el capitán general que dictar 
para reprimir sus pretensiones. Los pliegos que coo 
cualquier motivo se cruzaban, más y más marcaban el 
contraste de teorías y prácticas entre fanáticos demó- 
cratas y el primer funcionario de una monárquica metró- 
poli. 

En la primavera de 1797 llegó preso á la Habana por 
disposición del virey de Méjico, marqués de Branciforte, 
un aventurero escocés, llamado Tomas Muyr^ prófugo de 
los presidios de Botany-Bay á donde le arrastraron causas 
muy independientes y distintas de sus opiniones demo- 
cráticas. Reclamóle como subdito francés el gobernador 
de Guadalupe M. Hugues * con expresiones, además de 
arrogantes , nada atentas para la autoridad del capitán 
general de Cuba. 

Empleando esta vez Santa Clara toda su energía , no 
se limitó á justificar á Branciforte por una providencia 
dictada por la legislación de las posesiones españolas. 
Le significó que, cumpliendo sus preceptos, en lugar 

• M. Víctor Hagaes, como repre- Muyr, escapado de Bolany Bay, y en- 

sen^ante de ios ajenies particulares yiado al Morro por cl virey de Mé- 

del Directorio ejecutivo en las Anti- jico. Decia Hugues en su comunica- 

lias fran psas, reclamó de Santa cion, que Mi^yr era un hombre de 

Clara en 14 d»? agostf> de 1797, que bien condeim lo solamente por sus 

se pusiera en iíberlad á Tiiomás opiniones polilicas. 



288 HISTORIA 

de poner á Muyr en libertad, como ¡DJustanAeote lo exi- 
gía , lo enviaría preso á España como á subdito de una 
potencia con la cual se estaba en guerra. Coa este y 
otros incidentes quedaron mas circunspectos los franceses, 
pero tan frías las relaciones entre nuestros funcionarios y 
los suyos, que el convencional S.)ntbonax '^ , comisario fa- 
moso de Santo Domingo, teniendo que arribará la Habana 
eM5 de setiembre del mismo año al regresar á Francia 
y en huida de navios ingleses, aunque permaneció tres 
dias en el puerto, no pernoctó una vez en tierra ni me- 
diaron entre Santa Clara y él mas atenciones que dos 
breves visitas de etiqueta. 

A pesar de las inquietudes de una guerra con la po- 
tencia para Cuba mas temible, cubiertos con sus Tortifi- 
caciones los dos puestos principales, no se detuvieron 
bc'jo el mando de Santa Clara los progresos que dejó ini- 
ciados Casas en colonización , en obras y en mejoras de 
tod(»s los ramos, excepto en el (^e comercio que la supe- 
rioridad marítima del inglés paralizaba. 

El brigadier conde de Mopox y de Jaruco, que, como 
dijimos, en la corte misma habia obtenido la comisión de 
fundar una ciudad en el puerto de Guantánamo, habia 
llegado á la Habana desde mediados de febrero de 1797; 
y para que pudiese desempeñarla con mayor autoridad y 



^ El célebre convencional Son- 
tbonax Ueg6 á la Habana á las tres 
de la larde en h fragata de gnerra 
francesa tlndienne,» viniendo del 
Guarico y de arribada por no caer 
en poder de los cruceros ingleses 
cnando se dirigía á Francia; salndó 
y fué saludado por la plaza; saltó en 
tiei ra, visitó ¿ Santa Clara, y se fué 
a comer en casa del agente de los 



franceses Rondineaa, en dondeaqnel 
general le pagó inmediatanienie la 
visita. Sonlhonax.todoel tiempo de 
su breve detención en el poerto, 1^ 
pasó á bordo de la clndienne • sin 
solicitur honores militares ni cosa 
alguna — ^Extracto de la comunica- 
ción de Santa Clara dirigida al mi- 
nistro de la Guerra en 6 de setiem- 
bre de 1797. 



DE LA ISLA DE CUBA. 289 

prestigio traia el cargo de segundo-cabo y sub-iospector 
de las tropas y milicias ^. 

Poco después se trasladó á Santiago y luego á aquefia 
bahía acompañándole el teniente coronel de artillería don 
Juan Golas, su cuñado el capitán D. Juan Montalvo, el 
ingeniero D. Anastasio Arango y varios oficiales escogidos 
que componían la comisión formada para realizar aquel 
proyecto y otros semejantes en la bahía de Ñipe , isla de 
Pinos y diversos puntos. Pero por mas que con sus dis- 
posiciones ayudaron al conde de Jaruco Santa Clara y 
el gobernador de Santiago, Quintana, que aun vivía, de- 
tuvieron su ejecución la resistencia de los colonos á tras- 
ladarse á aquel punto tan enfermizo y entonces tan ex- 
puesto, aunque tan bello, la variedad de ideas del Conde 
en la elección de asiento y sus desavenencias con Colas, 
sa secretario , que renunció luego ese cargo. Su afición 
á la regalada vida y su inconstancia en las fatigas que 
requiere la ¿rdua y penosa empresa de hacer pueblos, 
eran ademas obstáculos que se oponían con otros muchos 
á que naciera entonces el de Guantánamo. No bastó que 
ya sirviesen allí de excelente base para la colonia, ademas 
de la importancia y lo fecundo de aquel suelo, los reductos 
que había alzado Quintana y el mismo fuerte casi intacto 
que formaron Vernon y Wenworth, cuando, en 1741 , ocu- 
paron aquel puerto, y el número creciente de emigrados 
pobres casi todos que de Santo Domingo arribaban á San- 
tiago. El Conde, aplazando para tiempo indefinido la con- 



* £1 conde de Jaruco llegó á la comisión de colonizar á Guantána* 

Habana en 3 de febrero de 1797, mo, para donde marchó luego con 

siendo segando cabo y subinspector los individuos que vinieron acompa- 

de las tropas. Pero no se ocupó en- ñándole. 
toncos de esas funciones, sino de su 

HIST. 9B CUBA. — TOMO 111.^19 



290 HISTORIA 

tÍDoacioa de aquella empresa» regresó á la Habana á ejercer 
sus otros cargos, admirando á esa capital con su feusto, 
sus saraos y sus convites. En una isla, cuyos pueblos se 
hablan fundado humildemente con el vigor y la perseve- 
rancia de sus primeros pobladores» notable fué que el de 
Guantánamo, aunque tan favorecido por su topografía 
como por los recursos de Mopox, ni aun hoy merezca 
ser llamado aldea. 

Mas. dichoso estuvo el capitán de fragata D. Juan 
Tirry y Lacy, comisionado por el Conde para reconocer la 
vasta isla de Pinos, que, aunque tan vecina de las costas 
del Sur y junto del meridiano de la Habana, continuaba 
casi despoblada por más que el conde de Riela y el mar- 
qués de la Torre procuraron establecer en ella algunos 
habitantes. Los pocos que, viviendo de la pesca é indus- 
trias pobres, residian desapercibidos del mundo y sin 
defensa en aquella playa abierta, cuando llegó á pisarla 
aquel marino, acababan de ser despojados hasta de 
los efectos mas precisos por unos corsarios refugiados 
en el vecino islote del Caimán, tan míseros y aun mas 
hambrientos que ellos. Santa Clara les habia rehusado 
algunos dias antes treinta fusiles y alguna pólvora que 
habían pedido para defenderse. Un razonado y extenso 
informe geográfico de Tirry demostró al gobierno que 
era aquella isla susceptible de siembras de buen tabaco^ 
fértilísima en pastos y maderas» abundante en piedras 
de construcción , y de un clima benigno y saludable. 

A ese trabajo y otros pasos de Tirry fué debido que, 
luego al terminar la guerra» se trasladaran á aquella isla 
muchos labradores, á fomentar vegas, ganados, sacas 
de caobas y pesca de carey muy abundante en todas 
sus orillas. Ese fué el principio de la población que añog 



DE LA ISLA DE CUBA. 291 

después se realizó con el nombre de colonia de la reíoa 
Amalia. 

Los terrenos que al N. E. y cuatro leguas de Güines 
se designaban con el nombre de Caobal de Madruga, ya 
tan conocidos por su feracidad como por la virtud de sus 
aguas medicinales, empezaron á repartirse entre algunos 
labradores á quienes la necesidad de vivir avecindados y 
la protección de D. Martin de Aróstegui» indujeron á for- 
mar el corto y risueño pueblo que boy se llama Madruga 
simplemente. * « 

El marqués Justiz de Santana fundó también otra 
aldea con el segundo nombre de su título, repartiendo á 
censo tierras á algunos oriundos de Canarias en un tér- 
mino de sus propiedades á tres leguas de Matanzas. 

El mismo conde de Mopox, al paso que aumentaba el 
vecindario de Jaruco, fundado por su abuelo y tan anti- 
cipadamente, honrado' con el titulo de ciudad , repartió 
también á censo sus haciendas de Bagaes y los Palos, for* 
mandóse con el tiempo en esta tierra la población que 
con el tiempo se llamó de Nueva Paz. 

A pesar de repetidas órdenes de Madrid para abreviar 
la evacuación de Santo Domingo tenia que suspenderse. 
Toussaint, secretamente acorde con los ingleses dueños 
aun de la mayor parte de la costa , solo por fórmula au- 
torizaba sus actos , y su conducta de verdadero dictador 
con el nombre de una metrópoli cuyo poder en realidad 
se habia apropiado. Pero por mas que se apellidara allí 
representante suyo, la Francia que esperaba recobrarlo 
cuando sus gigantescas guerras en Europa se lo permi- 
tiesen, eludía remitirle credenciales para que tomase 
f)osesion de la parte española. Cometer misión de tal 
confianza á quien tan indigno de merecerla se habia 



292 HISTORIA 

mostrado cod sos hechos, ponto menos era qoe renan- 
ciar i la propiedad de toda aquella Aoülia. Menester le 
foé á García Moreno coosignientemente retardar también 
80 formal eotr^a hasta qoe se presentaran comisarios 
egliimamente aotorizados por aqoelia potencia para re- 
cibirla en nombre de so gobierno. 

Pero apoyando sos exigencias en el derecha de la 
fuerza le intimó Toossaioi qoe se la entregase repelidas 
veces. Sin tropas para contenerle tovo aqoel general qoe 
res^nderle primero con evasivas, y luego con protestas 
y anuncios de la cólera de dos potencias demasiado dis- 
tantes para que las respetase e! ambicioso negro. Des- 
pués de celebrar Toussaint con el general Maitland on 
armisticio y un tratado para qoe los ingleses evacoaran 
sos poertos de la costa, se resolvió al fin á consegoir 
por la violencia lo qoe no había podido alcanzar con sos 
intimaciones. Por febrero de 4798, reconcentró gran 
masa de sus hordas apellidándolas regimientos, brigadas y 
divisiones como para dar á so salvaje tropel algona forma 
de tropas regalares, y penetró en el territorio español á 
so cabeza. Los límites de este libro no permiten detallar 
los actos de temeridad y aon de heroísmo con que algo- 
nos milicianos españoles y emigrados franceses proco- 
raron contener aquel torrente, mientras Garcia, en lugar 
de darles dirección y acaudillarlos, reconcentraba en la 
capital sus pocos recursos militares. Hubo allí combates 
y aun victorias de ciento contra mil. Algunos puestos de 
la frontera y el campamento atrincherado de las débiles 
columnas de d'Espinville y Dubuisson no fueron evacua- 
dos sino entre cadáveres de bárbaros. Después de actos 
de arrojo, que en crónica especial debiera consignar la 
historia, abandonáronse á los negros veinte y on cañones, 



DE ISLA DE CUBA. 293 

ia mayor parte clavados que quedaban eu los reductos 
evacuados. La pérdida que sufrió Toussaiul fué muy con- 
siderable para que consiguiera entonces el designio que 
se habia propuesto^ la ocupación de la ciudad de Santo 
Domingo, atrincherándose los colonos armados en los 
pueblos de Santiago de los Caballeros» Azúa^ Neiva y la 
Vega. 

Coincidió con la brutal agresión de aquel caudillo un 
Real decreto para apresurar la traslación de los archivos 
y restos de aquella audiencia á la ciudad de Puerto-Prín- 
cipe la mas mediterránea en Cuba, porque con gran daño 
de la administración de justicia en las Antillas habia sus- 
pendido muy prematuramente sus funciones, desde que 
se publicó la cesión de la parte española de aquella isla. 
Habian ya emigrado algunos de sus miembros^ y muchos 
de sus legajos ya hacia tiempo que á cargo, del oidor 
D. Francisco Figueras se hallaban depositados en la 
Habana, como en su lugar dejamos apuntado. Advertíase 
un trastorno ó una parálisis dañosa en todos los negocios 
euya resolución dependia de su fallo superior. Su tras- 
lación y su reorganización eran, pues, de toda urgencia. 
Santa Clara y Valiente dieron las disposiciones necesarias 
para la habilitación del edificio donde habia de instalarse 
la Audiencia con sus archivos y dependencias , mejorar 
con su presencia la condición de aquel pueblo oscuro y 
atrasado, y funcionar mas libre del influjo de las autori- 
dades principales y de los manejos del foro de la Habana. 
Pero ni su último regente D. José Antonio Irizar, ni don 
Luis de Chaves y Mendoza, que de Méjico vino después 
á sucederle, se atrevieron á pasar á aquella capital sino 
en navios de guerra; y á los que le quedaban después de 
la catástrofe de la Trinidad, estando dominado el mar 



294 HISTORIA 

por los ingleses, los resguardaba Arisiizabal ' con esme- 
ro. Tal faé la causa del retardo de la venida de aquel 
tribunal , como de los entorpecimientos y desórdenes que 
en la época de Santa Clara se manirestaron en los asun- 
tos judiciales por mas que su asesor D. José llincheta se 
esforzara en suavizarlos. 

Otros de diverso género, pero mas sensibles, se temie* 
ron entonces si la energía de Valiente y su influencia con 
Santa Clara no los hubiesen conjurado á tiempo. Firme 
aquel funcionario en su propósito de establecer con formas 
duraderas el comercio de la isla con los extraojerost te- 
niéndole por fijo medio de conciliar el desarrollo de su ri- 
queza con pingües aumentos para el erario, habia logrado 
sobre el prohibicionismo un nuevo triunfo con una con- 
cesión de 18 de noviembre de 1797, que autorizaba a^ 
tráfico de importación y exportación en cualquier bandera 
amiga mientras durase la guerra con la gran Bretaña. 
Ampliando las franquicias anteriores, parecia alejar todo 
recelo de nuevas prohibiciones una medida tan anima- 
dora, aunque no careciera de las cortapisas que la pro* 
teccion debida á otros mercados hispano-americanos re- 
clamaba. Ocasionó aquel privilegio que llegaran á Ma- 
drid quejas vehementes de varios consulados de América 
y en especial de los de Yeracruz y Méjico, cuyas harinas» 
caldos y otros géneros habian dejado de consumirse en 
las Antillas, desde qne se autorizó á la Habana á cam- 
biar sus frutos con los norte-americanos. Con calor é in- 
geniosos argumentos, habíalas dado fuerza el antiguo 
regente de aquella audiencia D. Lorenzo Hernández de 

• Véanse sus biografías en las pá- Aator, y en la Biblioteca mariUma 
gf oas 4í y 43,T. I. Wcc. Gwgr., J?#r., de Navarrete. 
EiOárico de la itia de Cu^a por el 



DE LA ISLA DE CUBA. 295 

Alba, que trasladado por eaioDces á la fiscalía del Con- 
sejo de Indias t abogó naturalmente por los intereses de 
la provincia donde habla residido tanto tiempo; y por las 
mismas causas le apoyó en aquella gestión con todo su 
prestigio el conde de Revillagigedo, que después de ter- 
minar su memorable mando en Nueva España, se oponía 
en la corte á cuantas franquicias reclamase Cuba con 
menoscabo de los intereses de aquel vireinato. Asi tuvo 
aquel personaje la desgracia de perjudicar á su pais 
natal en la última gestión acaso que practicó en su breve 
vida. Consiguieron sus esfuerzos y los de Alba que aca- 
llara el gobierno los clamores de aquellos consulados, ex- 
pidiendo en SO de abril de 1799 ana Real orden que 
derogaba las franquicias concedidas á Cuba anteriormente. 
Esta revocación inesperada, en la cual se hablaba de los 
«graves inconvenientes > que ocasionaran aquellas sin 
explicarlos, produjo instantáneamente en el pais irrita^ 
cioa en unos, abatimiento en otros, descontento en todos. 
Pero la incomunicación, la paralización ruinosa que ha- 
ciéndose en bandera nacional habia de ocasionar la 
guerra en todos los negocios, estimularon á Yaliente y 
Santa Clara á protestar contra una medida tan repen- 
tina y perjudicial y á echar sobre sns hombros toda la 
responsabilidad de su desobediencia. Una resolución tan 
generosa cuanto que, á ambos funcionarios se la inspiró 
su interés por el bien del país y no por el bien propio, 
porque nada poseían en aquel suelo y de él nada saca- 
ron, les acarreó luego enemistades, disgustos y aun de- 
tracciones en la corte. Tampoco logró allf librarse de 
contrariedades el general Casas, á la sazón el mas activo 
agente de las miras y grandes intereses que durante sa 
mando habia apoyado tanto. Pero ni aun arrostrando 



296 HISTORIA 

esos. compromisos, impidieron aquellos funcioDarios que 
bajase de repeute el valor de los azúcares, y que muchos 
hacendados, recelosos de que terminase el comercio de 
neutrales, malvendieran sus ingenios ó los demoliesen; 
asi se llama impropiamente en Cuba á la operación de 
desbaratar ó destinar á otro cultivo que al de la caña la 
tierra destinada á aquellas fincas. 

Sospechábase ademas que tan imprevista prohibición 
fuese un despojo inferido á todos para seguir concediendo 
á algunos, á expensas del bienestar general, escandalo- 
sas licencias y privilegios para realizar introducciones de 
efectos comerciales, y á la sombra de tales licencias, con- 
trabandos. Tristes y repetidos ejemplos autorizaban á 
conjeturas de tan mal efecto. Habíanse visto muchas cé- 
dulas expedidas en nombre del Rey y firmadas por sus 
mismos secretarios, autorizando en 30 de diciembre de 
1791 á una casa de la Habana para introducir víveres 
de procedencia extranjera en esa plaza, antes de que dis- 
frutasen todas las demás de igual licencia ; á la de Du- 
tary se le concedió otra también especial en i\ de mayo 
de 1793 para llevar á Nueva York tres mil pipas de 
aguardiente, y otras muy semejantes algunos meses des- 
pués á las de Blasco y Gómez, y hasta á principales 
magnates de aquella capital, al marqués de San Felipe, 
al conde de Gibacoa, á D. Martin de ligarte y otros su- 
jetos de if^ual nota. Pero entre todos esos privilegios, á 
cual mas odiosos por ser personales puramente y conce- 
diendo á pocos lo que ó debia ser de todos ó de nadie, 
natural era por so mayor tamaño que no hiciese ninguno 
peor efecto que el concedido en 9 de octubre de 1 796 
al conde de Mopox y de Jaruco, al encargarse de la co- 
misión de colonizar los principales puertos despoblados 



DE LA ISLA DB CUBA. 297 

de la grande Aolilla. Ya se le había permitido extraer 
aguardientes como á aquellos otros, cuando obtuvo en 
aquella fecha y otras posteriores una concesión hasta 
entonce? sin ejemplo, la de exportar azúcares para Es- 
paña en buques extranjeros, retornando por ellos harinas 
para Cuba^ ya de los puertos de la Union, ya de los.de 
la Península. Explotando exclusivamente el monopoliode 
ese renglón supremo en el consumo habanero, fué como 
pudo en solo el año de 1797 introducir en la Habana diez 
y seis mil seiscientos cuarenta y siete barriles con ganan- 
cias inmoderadas^ y á fines de diciembre aun le queda- 
ban que introducir mas de otros tantos. Guando en época 
ya civilizada y culta no ignoraba nadie que en la vida 
civil debiesen ser comunes á todos la igualdad ante la 
ley y en el comercio, menester fué que inspirasen malas 
impresiones en el público prerogalivas tan monstruosas 
como la del Conde. En España^ ni en los oscuros ni des- 
póticos tiempos de la casa de Austria, en la infancia del 
régimen administrativo de sus reinos, se concedió nin- 
guna mas injusta. 

Impropia era tal época para que juzgasen bien sobre 
la administración de Cuba tres príncipes franceses. El 
duque de Orleans con sus dos hermanos, el de Montpen- 
fiier y el conde de Beaujolais^ tempranas víctimas de las 
convulsiones de su patria, habian arribado á Nueva*Or- 
leans después, de largos estudios y viajes por el Nuevo 
Hundo; y pretendieron pasar á la Habana para ponerse 
mas en comunicación con la duquesa madre, á la sazón 
emigrada también en Barcelona, y esperar á que res- 
pondiese aquel monarca á sus solicitudes de tomar ser- 
vicio en los ejércitos de España. Ninguna instrucción se 
habia comunicado á Santa Clara sobre recibirlos; pero 



298 HISTORIA 

coDciliaDclo los deberes del fuDciooario con los de la hos* 
piialidad, ofreció corlesmeate so acogida á los que al ti- 
tulo de proscriptos reuniau el de parientes de su sobe- 
rano. Llegaron en efecto á aquella capital en 27 de 
marzo de 1 798, acompañados del marqués de Montjoye, 
después de haber sido apresado el bergantín donde ve- 
nían por una fragata inglesa que les permitió continuar 
su navegación en otro buque. El honor de hospedarlos 
correspondientemente á su rango, muy costoso para los 
recursos personales del capitán general, le cupo á la opu- 
lenta D.' Leonor Contreras que les cedió su casa amue- 
blada, con su servidumbre, y corrió con los gastos de su 
mesa. Mas de cuatro meses permanecieron en la Habana 
aquellos principes, muy atendidos y agasajados por una 
sociedad amable y culta. Pero sacrificóse entonces la con- 
veniencia de tan nobles huéspedes é los miramientos de 
Godoy con la República francesa. No solo se les negó 
empleo en el ejército de España, sino que ordenó aquel 
valido sin vacilar á Santa Clara, por conducto del de Esta- 
do '*, que no les permitiese residir más en aquel punto; 
y que si deseaban trasladarse á otros dominios españo- 
les, pasaran á fijarse en Nueva Orleans. Resentidos con 
tan inesperada disposición, no se avinieron á obedecerla 
los de Orleans; y en lugar de dirigirse á ninguna pobla- 
ción hispano-americana, se embarcaron á fines de julio 
en un buque neutral para las islas inglesas de Babama, 
en donde fueron obsequiosamente recibidos por su go- 

>^ V. la comunicación del ministro señores Tiviesen en la Habana ni en 

de Estado D. Mariano Luis de Urqui- nin^^na otra parte de las posesio- 

]o desde Aranjaes en SI de mayo de nes españolas, mas que en la Lui- 

1799, referente á los principes de siana.^Arcbivo de la capitanía ge- 

Orleans, manifestando á Santa Ola- neral. 
ra, que S. M. no quería que aquellos 



DE LA ISLA DE CUBA. 299 

bemador general duque de KeuU Años adelante aquel 
mismo ministro que imponia ahora condiciones á la hos- 
pitalidad de proscriptos tan ilustres, sirvió también de 
juguete á la suerte como ellos; y aquel mismo duque de 
Orleans, siendo rey de los franceses, alivió sns infortunios 
en París, única venganza digna de un monarca en des- 
agravio de una antigua injuria. 

Aunque luchando con la activa rivalidad de otras pro- 
vincias coloniales, con los tenaces embates del prohibi- 
cionismo y los tropiezos de dos guerras sucesivas, la 
prosperidad de Cuba se iba abriendo calle, ya impulsada 
como vimos por el genio de Casas y lá perseverancia de 
Valiente. Estos funcionarios y Santa Clara, que siguió su 
ejemplo, no pudieron mas que facilitar bajo su responsa^ 
bilidad el comercio con neutrales; pero bastó este beneficio 
para que los productos líquidos de sus rentas pasaran 
siempre desde 1791 de un millón de pesos, tiabrian sido 
aun mayores, si aquel intendente, tan diestro en promover 
los ingresos generales» no hubiera creado algunas admi- 
nistraciones antes de requerirlo la riqueza de sus terri- 
torios; y sobre todo si fuese mas severo con los fraudes 
y abusos en las aduanas, que asi como en la época de su 
antecesor Urriza, se cometieron en la suya. De su des- 
apercibimiento ó lenidad en tales puntos resultó que no 
creciesen lo que debieran crecer las rentas generales de 
la isla en el último quinquenio del pasado siglo; y de la 
temprana creación por él propuesta y conseguida de al- 
gunas oficinas nuevas con el consiguiente aumento de 
empleados^ resultó también que se elevase la recaudación 
á un diez y seis por ciento de lo recaudado. 

El protegido ramo del azúcar ya decididamente resul- 
taba siendo la base primordial de la riqueza pública, y 



300 HISTORIA 

obtenía en so elaboración mejoras esenciales. Entre otros 
de los muchos propietarios que se esforzaban en introdu- 
cirlas en sus ingenios, citaremos el ejemplo que cerca de 
Guanajay ya estaba dando en el suyo D. Antonio More- 
jon, merced á un mecanismo últimamente empleado en 
la parte Francesa de Sanio Domingo. Mediante Ja bien 
entendida colocación de calderas calentadas por hornos 
de reverbero se abreviaba la cocción del líquido, consi- 
guiendo á la par economía de brazos y de tiempo. Ade- . 
lantábase con ellas la depuración del guarapo ó jugo de 
la caña por medio de una mejor entendida colocación y 
hechura de los canales, coladeros, depósitos y resfriade- 
ros que servian para la solidificación gradual y transitoria 
de aquel caldo. Aunque pigmeo juoto á los de hoy, aquel 
tren era gigante para los que se usaban antes, y los pro- 
pietarios de menos caudal seguían empleando. Alcanzando 
á tareas de mil y cíen panes de oiás de una arroba, aquel 
sistema conseguía en seis meses de molienda un producto 
de mas de veinte mil arrobas de excelente grano, proce- 
diendo ese resultado de la acción de un trapiche movido 
por cinco muías. Pero ios adelantos en los ingenios de 
Morejon y algunos otros muy luego fueron mejorados. A 
los trapiches de bueyes ó de- muías sucedieron las ruedas 
hidráulicas, ó sean trapiches de agua, viniendo detrásde 
ellos las calderas de vapor llamadas clarificadoras^ y 
otros hornillos de reverbero mas económicos, que funcio- 
Daban sin otro combustible que el bagazo, ó sean los re- 
siduos de la caña después de exprimida por las mazas. 
Los resultados de tan útiles inventos no se hicieron es- 
perar. El azúcar, cuya extracción en 4 789 apenas habia 
llegado á ochenta mil cajas, pasó de ciento cincuenta mil 
en 1797; y al terminar el siglo pasaba de doscientas mil 



DE LA ISLA DE CUBA. 30l 

de á diez y seis arrobas veodidas á su ordinario valor de 
cincuenta y aun sesenta pesos cada una, según sus cali- 
dades y sus clases. 

Los demás cultivos y renglones de producción no pre- 
sentaban la misma perspectiva, aun cuando diesen mu- 
chas .esperanzas los del algodón y del café que apenas 
comenzaban. El del tabaco continuaba estancado y sin 
los progresos que debiera desde que el marqués de la 
Torre, ayudado por el hábil intendente Rapun, arre- 
gló la factoría. Lejos de fomentarse decrecían las fincas 
de crianza, los potreros; el verdadero fundamento de la 
agricultura del país de donde salían los mas precisos 
renglones para el abasto público, las carnes, las aves, el 
maíz, las legumbres, las raices alimenticias, los ganados 
y los animales para las labores. Dimanaba el atraso de 
esas fincas de los gravámenes absurdbs que las abruma- 
ban. Expliquemos cuál era el principal y el mas injusto. 

Al crearse los primeros pueblos de la isla, según se 
practicaba en España en aquel tiempo, se impuso á sus 
predios comarcanos la obligación de contribuir á su man- 
tenimiento por el precio que fijase el municipio, trayendo 
á determinados sitios de los vecindarios el ganado que á 
cada cuál según su ser y proporción correspondiese. 
Por espacio de un siglo había este sido elsolo lucro fijo 
con que pudiesen contar los ganaderos; y así, lejos de 
eludir el cumplimiento de aquel deber, hasta solían apor- 
tar mas reses de las necesarias. Por efecto de este servi- 
cio que desde luego fué llamado «pesa,» no guardaba pro- 
porción el número de consumidores con el de los ganados 
existentes en el país. Durante aquel largo período nunca 
excedió en Cuba de cuatro reales de plata de nuestra 
actual moneda el valor de la arroba de cualquier carne 



302 HISTORIA 

qae faese. Pero desde que en el gobierno de D. Gregorio 
Guazo se formó el primer batallón fijo de la Habana^ el 
consumo fué creciendo, y los ganaderos que no cuidaron 
de dar fomento proporcional á sos crianzas, dejaron de 
acudir con reses excedentes. La autoridad municipal» 
viendo que no siempre alcanzaban al consumo» tuvo que 
animarlos y aumentar el precio de las carnes según las 
circunstancias. Cuando los ingleses se apoderaron en 1 762 
de aquella capiíal, se vendia ya allí la arroba á más de 
un peso. Desde esa época^ á medida que fueron creciendo 
el vecindario» la guarnición y el abasto para la marina, 
tuvo que ir el municipio obligando á los propietarios de 
potreros á contribuir con mucho mayor número de reses^ 
cuando esas fincas, en cuyo fomento veian sus dueños 
ganancias muy inferiores á las de los ingenios, ya no pro- 
ducían apenas lo suficiente para el abasto público. En 
1 782 y 83 los cuerpos de la expedición de Navia pagaban 
ya la carne á cuarenta y ocho reales de vellón la arroba» 
á menos precio que los damas consumidores á conse- 
cuencia de una orden arbitraria del intendente Urriza» 
para que surtieran de ese articulo al soldado por lo que se 
pudiera descontarle de su prest para comprarlo. Después 
que se disolvieron con la paz aquellas fuerzas» el valor 
de la carne fué disminuyendo en términos que abando- 
naron los ayuntamientos al interés y á la concurrencia 
de los ganaderos el abasto de los puertos. Pero quedaron 
obligados bajo apercibimientos muy severos á proveer ¿ 
las guarniciones y destacamentos á precios siempre me- 
nores que á los vecindarios. Bajo el mando de Santa 
Clara este abuso llegó á punto de contribuir para la sola 
guarnición de la Habana con mas de veinte mil arrobas 
anuales obligando á los ganaderos á venderlas á cinco rea- 



DE LA ISLA DE (!DBA. 303 

les de plata cada uoa, cuando se veodiaQ á doble ea el ex- 
pendio público. Agregando á tai perjuicio los pagos de los 
derechos de a loábala y consumo, sisa, piragua, malazon y 
encomienda , los ganaderos no recogían ni un 5 por 1 00 
del capital representado por sus fondos donde rendían tres 
y aun cuatro veces más las haciendas de otra clase. Con 
tan onerosas condiciones comprendíase que no solo deca- 
yera la ganadería, sino hasta que caminara á su extin- 
ción completa y que fuese pronto necesario traer de 
afuera uno de los artículos de consumo mas precisos en 
un país cuyos terrenos se iban destinando á aplicaciones 
mas remuneradas. Por fortuna ios propietarios de inge- 
nios atajaron esfe daño reservando parte de sus predios á 
ia cria de reses y animales. 

Por el crecimiento que tomó la renta de diezmos, po- 
día graduarse el que la masa de la riqueza del país había 
tomado en este tiempo. En 4799 y en el solo obispado, 
de la Habana ascendió aquella á mas de cuatrocientos mil 
pesos, no representando este guarismo ni la vigésima parte 
del valor anual de las cosechas, porque los ingenios nue- 
vos, precisamente los mas pingües, y los pocos cafetales y 
plantíos de algodón que ya existían, estaban declarados 
, exentos de esa carga por reales disposiciones protectoras 
de esos ramos. Los diezmos del obispado de Santiago 
apenas llegaban á una mitad de aquella suma. En tiempo 
antiguo, así en España como en muchas de sus posesiones 
y en especial en las de Méjico, hablan las rentas decima- 
les ingresado en las arcas del erario > á cuyo cargo cor- 
rieron las dotaciones del alto y bajo clero con los demás 
gastos del culto. Generalizándose ordenadamente y con- 
tinuando ese sistema en las provincias ultramarinas, ha- 
bríanse ahorrado en todas ellas y particularmente en 



304 HISTORIA. 

Cuba grandes embarazos y malversaciones en la percep- 
ción y manejo de esos fondos. 

El obispo Tres Palacios, desde qoe siéndolo aun de 
Puerto-Rico^ vino á formar en 1788 la división de Cuba 
en do^ diócesis nuevas, se «ifanó en poner en planta el 
formulario decimal que en 3 de oclobre de 1 786 había 
mandado Carlos IV poner en observancia; y el oidor don 
Cristóbal de Irisarri, su adjunto en aquella comisión, con- 
sagró, como él, todo su celoá ordenar tan importante 
punto. Puesto Inego en posesión de la recien creada mi- 
tra de la Habana aquel prelado de singular escrúpulo en 
el orden y buena inversión de las rentas eclesiásticas, 
cumplió con los preceptos del referido Tormulario. Divi- 
dió en cuatro partes la masa colectada, sacando dos para 
las atenciones de su dignidad y gastos de cabildo, y sub- 
dívidió las otras dos en nueve partes, á saber: dos para 
la corona, tres para las fábricas de templos y hospitales, 
dos para estipendios de los párrocos y las dos restantes 
para dotaciones y salarios de las dignidades, canónigos, 
prebendados, dependientes y empleados en el servicio de 
la iglesia. No solo se cumplieron todas esas obligaciones 
por aquel obispo, sino que pudo emplearse en la fábrica 
de templos mucho más que en ningún otro episcopado 
anterior, terminándose el edificio de la nueva catedral 
sobre la base de la antigua y pequeña iglesia de San 
Ignacio de Loyola; y se crearon parroquias en varios 
partidos á medida que la población se iba extendiendo 
por los campos. Imitando á su venerable predecesor 
Morell en las preocupaciones y las intolerancias, como en 
su caridad con el pauperismo y sus virtudes, aunque no 
humilde como él, sino fastuoso en cuanto á la representa- 
ción exterior de su dignidad, no descubrió el obispo Tres 



DE LA ISLA DE CUBA. 305 

Palacios uoa miseria que do aliviase ó remediase, esme- 
rándose eo corregir muchos desórdenes en las comuni- 
dades religiosas y demás dependencias de su mitra. Su 
ancianidad y sus achaques no le permitieron en sus últi- 
mos años visitar su diócesis; motivo este de que subsis- 
tiesen relajaciones é irregularidades y aun tomaran cre- 
ces con su muerte ocurrida el 16 de octubre de 1799, 
año en que se renovaron las principales autoridades de 
la Habana. Lloráronle los pobres entre quienes repartia 
mas de treinta mil pesos anuales. 

En América, las causas de discordia entre dos poten- 
cias tan llamadas á una estrecha amistad por sus mutuos 
intereses como España y Francia, procedian de la ligere- 
za» la parcialidad, la audacia con que el ministro de la 
segunda en Filadelfia, M. Genet, habia intrigado para 
que se desobedeciesen en la Union los acuerdos de su 
mismo gobierno, ya hostilizando á los territorios españo- 
';;8 como vimos, ya fomentando el corso con bandera 
francesa contra los ingleses en los mismos puertos de 
los Estados y comprometiendo así la neutralidad á cuyo 
favor tomaba nuestra marina comercial notable vuelo 
cuando !a de las otras naciones beligerantes decaiá. Aun- 
que el gobierno francés, á instancias del prudente Was- 
hington, separó de su cargo al inquieto Genet, no había 
sido el mas propio para disipar las susceptibilidades del 
congreso americano el tono de su sucesor M. Adet, 
cuando este le noliflcó que^ resuelta la Francia á no tole- 
rar en adelante que siguieran violando los ingleses la 
neutralidad de la marina mercante americana, lo impe- 
diria tratando á su pabellón comercial del mismo modo 
que ellos trataban al francés. Miróse como preludio de un 
cercano rompimiento la retirada de Adet sin obtener res* 

HIST. DB CUBA. — TOMO HI.— 20 



«306 HISTORIA 

puesta favorable á ese mensaje casi hostil por su arrogan- 
cia; y más, caando, contando la Inglaterra con apode- 
rarse de Santo Domingo, se discurrían á la sazón en Fila- 
delfla combinaciones para abrir al comercio de la Union 
los puertos de aquella isla. 

Cuando en 1797 sucedió Juan Adams en la presidencia 
á Washington, le declaró el directorio francés abierta- 
mente que ^e apoderaría de todo buque americano que 
se dejase registrar por los ingleses, dirigiendo esta ma- 
nifestación después de negarse á recibir en París las cre- 
denciales de un nuevo representante americano, y aun 
á dos comisiones que envió á aquella capital el nuevo 
presidente con las miras mas conciliadoras. Al saberse en 
los Estados-Unidos este porte del gobierno francés, se 
indignaron todos contra él, desde las márgenes del San 
Juan hasta las del Misisipí; y aun el anciano Washington, 
posponiendo al amor de su país el que tenia á la Francia, 
quiso sacrificar en su defensa la quietud de sus postreros 
días, y abandonó su retiro de Virginia para desenvainar 
otra vez su victoriosa espada. 

Informado ^ tiempo de tan alarmantes novedades el 
gobierno español por su lepresentante en Filadelfia don 
Carlos Martínez de Irujo ^^ sin demora expidió avisos 
al virey de Méjico para que reforzase con tropas á la 
Habana, y dictase Santa Clara precauciones aun mayores 
que las de su antecesor para la seguridad de la Luisiana 
y las Floridas. El socorro de gente destacado por el 
marqués de Branciforte se redujo á un batallón del regi- 
miento de Puebla que llegó á su destino en el verano 
de 1798. 

** Este túé laego mirqaés de Casa Irujo j mieistro de Estade. 



UE LA ISLA DR CUBA. 307 

Aun seguía sin descargar aquella nube cuando á prin- 
cipios de abril de 1799, se presentó en Filadelfia con 
numeroso séquito militar el general Mailland, caudillo de 
las tropas que ocupaban aun algunos puntos del litoral 
de Haiti y de las demás fuerzas disponibles de la Gran 
Bretaña en las Antillas. El aparente objeto de su misión 
era negociar un tratado de comercio entre los Estados- 
Unidos y aquella isla; pero las noticias que allí recogió 
Martinez de Irujo demostraron que no era el verdadero. 
En todos sus anteriores rompimientos con España y Fran- 
cia habia aquella nación acostumbrado prevenirse con 
alianzas de otros paises adquiridas con sacrificios pecu- 
niarios. No tardó Irujo en descubrir que intentaba estre- 
char sus relaciones con la Union entonces; y que la mira 
principal de Maitland era empeñarlos en la lucha, con 
una perspectiva tan lisonjera para sus tendencias absor- 
bentes como la de conquistar la Luisiana y las Floridas 
y redondear con esa adquisición su territorio. Estas se- 
rian* pues, las posesiones españolas amenazadas con 
aqulla combinación, y no la isla de Cuba, no contando 
los ingleses en las Antillas con fuerzas suficientes para 
emprender una agresión contra su capital, ni aun contra 
Santiago. Sus principales armamentos marítimos empleá- 
banse á la sazón en Europa em operaciones de interés 
mas inmediato, reprimiendo muchos intentos de la Fran- 
cia y destruyendo en las aguas de Egipto, en la rada de 
Aboukir, su mas potente escuadra. 

Pero entre las inquietudes y el marasmo de tan larga 
<)r{sis, y aun entre el temor de que con la neutralidad de 
los Estados Unidos perdiese Cuba el salvador recurso de 
exportar sus productos con las embarcaciones norte- 
americana?, seguian estas acudiendo á la Habana, y su 



308 HISTORIA 

presencia permitía esperar que su cooperación comercial 
se conservara , porque no era la España sino la Francia 
la que habia motivado su resentimiento. Si hubo enton- 
ces en la isla aprensiones en los espíritus, apenas se 
sintió con aquellos rumores alteración en las transac- 
ciones que daban vida al país, ni aunen su aspecto gene- 
ral. Pudo Santa Clara continuar todas las obras empren- 
didas por su antecesor empleando iguales medios. Espe- 
cialmente en \a capital se regularizó y extendió modesta- 
mente el alumbrado público quedando á cargo de su 
ayuntamiento, asi cerno el empedrado de las calles y el 
matadero, que seguia perjudicando á la población con 
sus emanaciones pestilentes. 

Ofendía hasta la seguridad individual y al aseo de la 
población la necesidad de introducir en el recinto con 
frecuentes atropellos y desgracias á las reses vacunas, 
acosadas por la vocería y provocación de los transeúntes. 
El regidor D. José Armenteros, comisionado por el capi- 
tán general para el establecimiento de un nuevo mata- 
dero fuera de la ciu<dad, escogió y adecuó para ese objeto 
en pocos meses y sin grandes gastos el espacioso edificio 
que aun sirve hoy en el barrio estramural del Horcón 
para matanza y corte de carnes del consumo público. 

Otras obras se realizaron también durante la breve 
administración de Santa Clara, aunque casi todas desti- 
nadas á la capital. La extensión dada á la alameda de 
extramuros, hermoseada con dos fuentes; varias otras 
que se fabricaron dentro y fuera del recinto ; una casa 
de baños públicos ; el arreglo y ampliación del hospital 
de San Ambrosio reformado por Valiente y la iglesia de 
Jesús María levantada por el obispo Tres Palacios no 
lejos de un barranco donde habían las muías de su calesa 



DE LA ISLA DE CUBA. 309 

derribado y muerto en 1779 al brigadier de ¡Dgenieros 
D. Agustin Crame^ tenido por impío porque aconsejó la 
demolición del anterior y defectuoso templo que allí 
había. Además la condesa de Santa Clara, doña Teresa 
Senlmenaty dejó señales de su caridad y sus virtudes en 
el hospital de mujeres de San Francisco de Paula, corri- 
giendo su mala administración, ya decadentey miserable. 
A ejemplo de esa dama otras señoras continuaron con 
9QS limosnas engrandeciendo y mejorando aquel asilo de 
beneficencia hasta ponerlo en el buen estado en que hoy 
se nos presenta» 

Otros pensamientos aun de mayor utilidad y grandeza 
concebidos por Casas para fuera de la capital no tuvieron 
igual éxito que los realizados á la vista de las autori- 
dades superiores. A su llegada á la corte aquel general 
habia entre otros proyectos demostrado la utilidad y fácil 
construcción de un canal que, atravesando las fértiles 
llanuras de Güines desde la inmediata playa del Rosario, 
abreviase las comunicaciones entre la Habana y la costa 
meridional^ y abriese mas cómoda vía para la conducción 
de frutos y tráfico interior del territorio entonces mas 
pujante en la isla. Se aprobó tan provechosa idea y se 
comisionó á dos sobresalientes oficiales de ingenieros, 
D. Francisco y D. Félix Lemaur, para el trazado de la 
línea que debia seguir el canal y dar principio á la obra. 
Concluidos los estudios topográficos y terminada gran 
parte de la nivelación, se emprendieron los trabajos 
hasta quedar canalizado un vasto espacio que arrancaba 
de aquel mismo surgidero. Pero Santa Clara y el consu- 
lado, entonces muy escasos de recursos, apadrinaron tibia- 
mente una obra que, entorpecida por hacendados influ<* 
yentes disgustados con que cruzase el canal terrenos de 



31 2 HISTORIA 

« 

y coDlentéodole á él se contentaba á su gobierno mismo. 

Entretanto la gran Bretaña, en el discurso de esa 
guerra no se limitaba á hostilizar á España con sos naves 
y con sos armas. En la anterior hab.ia cooperado nuestra 
nación á la emancipación de las colonias anglo-ameri- 
canas; y natural y aun justo parecia que también Ingla- 
terra se desquitara ahora induciendo á rebelión á las 
posesiones españolas, aunque adheridas á su madre pa- 
tria con lazos y derechos infinitamente mas firmes y mas 
claros que los que con su repudiada metrópoli habian 
unido á los Estados.. El primero que inspiró al gabinete 
inglés el pensamiento de tan gran desquite fué aquel 
D. Francisco Miranda á quien mencionamos al hablar del 
mando de Cagigal, cuya separación habia causado con la 
introducción de un contrabando. Ofrece la historia por 
fortuna ejemplos de unsí perseverancia y una animosidad 
mas sostenidas que las de aquel aventurero, contra 
una nación en cuyos dominios habia nacido, de cuya 
raza procedia y en cuyas tropas habia militado hasta que 
por un motivo tan distinto del que suponen sus admira- 
dores, se vio forzado á desertar de sus filas naturales, 
aspirando luego á ser para la América española un nuevo 
Washington. Pero desengañado de la inutilidad de sos 
gestiones cerca de tan juicioso personaje y de los demás 
fundadores de la Union, agradecidos á ana nación que á 
so triunfo habia ayudado tanto, eligió Miranda para sus 
intrigas otra escena. 

Cifrando su porvenir en so idea fija de promover la 
insorreccion de las provincias hispano- americanas, tras- 
ladóse á difundirla en Londres, donde sí halló alga- 
nos recursos, solo encontró moy contadas simpatías. 
Loego pasó á Rosia en coya recien civilizada corte 



DE LA ISLA DE CUBA. 313 

la fanláslica Calalina II le colmó de dones, encootran* 
do en aquel aventurero un lipo y una gracia tro- 
pical, que contrastaba con la rudeza de los rústicos 
magnates en tan fria ly glacial región, Pero no habla 
lógica capaz de descubrir razón política que interesase á 
tan lejano imperio en ser hostil á España; y así se con- 
cretó la protección de su soberana por Miranda á 
beneficios personales que le permitieron aparecer des- 
pués con algún brillo entre los demagogos de Francia, 
cuyos trastornos, por lo mismo que arrojaban á todos los 
hombres de orden de su suelo, abrian la puerta á todos 
los sectarios de doctrinas disolventes, y entre ellos al 
primer apóstol de la insurrección de la América espa- 
ñola. Tomó allí el jacobinismo por genio militar e 
desembarazo y facilidad de expresión del baladí Vene- 
zolano; y aunque sin otros diplomas que los de capitán 
graduado de teniente coronel en las tropas españolas, le 
encomendó el mando y la suerte de una división del pri- 
mer ejército francés que abrió en Bélgica en i 792 la 
campaña contra Austria, donde lució después la estrella 
de Dumouriez y de otros capitanes. Ni entre el es- 
truendo y cuidados de la guerra . se distrajo Miranda 
de su mira predilecta; y tanto una conspiración descu- 
bierta en Caracas en 1794, como otra de mas bulto 
que por julio de 1797 se frustró ya á punto de estallar 
en la misma capital , fueron el fruto de sus instruccio- 
nes mal concebidas y peor ejecutadas por sus agentes 
Picornell, Andrés, Cortés, Gual, Rico, España y otros. 
En esta digresión un tanto ajena del objeto de este 
libro, no cabe ni un resumen de las operaciones del im- 
provisado general en el ejército francés; muchas pu- 
blicaciones no las refieren detalladamente. Un proceso y 



316 HISTORIA DE L\ ISLA DE CUBA. 

firmeza y las medidas del capilao general de Caracas 
D. Manuel de Guevara Yascoucelos á quien atinadamente 
el ministerio eligió con ese objeto. Pero si logró con su 
vigilancia que fuese menos necesaria la de los demás 
gobernadores en América, y si ahuyentó en su aparición 
á aquel fantasma, si la visión naciente do reapareció en al- 
gunos años, que para la vida de los pueblos no son mas 
que diasy enarbolado quedó sin embargo el fatídico y Tu- 
oeslo estandarte de Miranda , y quedaban para soste^ 
nerlo dos naciones poderosas^una con sus escuadras é in- 
tereses, y otra con su actividad en propagar ideas tras- 
tornaderas. El triunfo de las posesiones norte-americanas 
contra su metrópoli tenia que servir de estímulo cons- 
tante para la sedición de las españolas contra la suya^ 
cuando las mismas turbaciones de la Península, destruida 
ya su marina, la favoreciesen. Asi Miranda, sin alegrar 
con una sola victoria su agitada vida, consiguió desde el 
sepulcro una completa, porque las chispas que dejó en- 
cendidas fueron luego el principio del incendio que de- 
voró al imperio español en el continente americano, tras- 
pasándoselo á la ignorancia, á las pasiones, á la confu- 
sión, al caos de una barbarie estúpida. 



CAPÍTULO UNDÉCIMO. 



Gobierno del marqués de Someruelos.— Relevo del intendente Valiente 
por D. Luis Víguri. — Gobierno de D. Sebastian de Rindelan en Santiago 
de Cuba. — Tolerancia del comercio con neutrales.^Aiternativas y luchas 
entre probiblcionistas y concesionistas.— Desórdenes de la arlmlnisirn- 
cion en Cuba.— Prevenciones militares de Soineruelos.— Creación de 
compañías rurales.— Obras provisionales de defensa en varios puntos. — 
Choques é incidentes con la marina inglesa. — Traslación á la Isla de la 
Audiencia de Santo Domingo, siencfo declarado su presidente el capitán 
general. — Nuevas emigraciones de Santo Domingo.— Paz de Amiens.— 
Respiro del comercio.— Incendio del barrio de Jesús Marín .-^Expedición 
de Leclerc á Haiti — PaciGca esa isla momentáneamente. — Muerte de ese 
general y desaciertos de su sucesor Rochambeau.— £1 clima destruye al 
ejército francés.— Recógense ¿ Cul)a algunos do sus restos. — Medidas de 
Someroelos.— Generales Lavalette y Noailles.— Nuevo rompimiento entre. 
España é Inglaterra.— Fomento del café debido en Cuba ¿ la emigración 
dominicana.— Retrocesión de la Luisiana á Francia para vendérsela Na- 
poleón á ios Estarlos-Unidos.— La comunidad de las Ursulinas se traslada 
de Nueva Orleans á la Habana.— Obispo de la Habana D. Juan Diazde Es- 
pada y sus útilísimas disposiciones.— El arzobispo Ozés en Santiago de 
Cuba, y sus cuestiones con Kindelan. — Progresos en agricultura. — Intro- 
ducción de la vacuna.— Persecución de malhechores —Mejoras en la Ha- 
bana.— Estatua de Carlos IIL— Cesa Yiguri en la intendencia. 



Con lluvioso tiempo y en la tarde del 12 de mayo 
de 1799, se presentaron en la casa de vivienda del in- 
genio la Holanda cerca de Güines dos caballeros y tres 
criados cubiertos de fango, con cabalgaduras del pafs y 
acémilas con equipajes. Anunciaban sus trajes y ñsono- 
mías que acababan de llegar de Europa. Siendo de in- 
variable práctica en la isla que los hacendados franquea- 



318 HISTORIA 

sen en sus fiocas mesa y aposento á los iraDseuotes, 
apresuróse el dueño de aquella finca, D. Nicolás Calvo 
de la Puerta, á recoger hospitalariamente á los recién 
llegados. El de mas edad y apariencia le preguntó sa 
nombre, le habló á solas un rato, y desde aquel instante 
fué el objeto de la mas obsequiosa deferencia de aquel 
habanero distinguido, hermano del marqués de Gasa- 
Calvo, repelidas veces nombrado en esta historia. A 
las pocas horas de refrigerio y de descanso^ se apareja- 
ron las calesas necesarias y partieron para la Habana to- 
dos juntos, andando aquella noche doce leguas con 
un temporal de vientos y aguas. En la mañana del 13 
se presentó el desconocido en el palacio de gobierno, y 
abocándose con Santa Clara, le entregó varios pliegos de 
la corte. Era el mariscal de campo D. Salvador de Muro 
y Salazar, marqués de Someruelos^que, después de dis- 
tinguirse en la última campaña contra Francia, y hallán- 
dose en Galicia á la cabeza de una división que protegia 
sus costas contra los insultos del inglés, habia sido nom- 
brado capitán general de Cuba desde el 2 de marzo ^ 

Determinaron su precipitada y misteriosa elección 
temores mas ó menos racionales de que con la apatía de 



^ El oGcio «reservadísimo» que 
dirigió el minisiro de la Guerra AI- 
varez á Someroelos, decía asi: «Te- 
niendo el Rey uolicías positivas de 
la quebrantada salud del conde de 
Santa Clara..., y conviniendo que 
le suceda... persona que reúna las 
cualidades .. que halla S. M. en 
V. S., ha venido en elegirle para 
que pase á encargarse del gobier- 
no... según los tiene SanU Clara; y 
<letenninar que se realice... i la 



mayor brevedad..., á cuyo intento 
debe Y. S. aprovechar los momen- 
tos para [embarcarse...» Y sin em- 
bargo de suponérsele en este de- 
creto tan quebrantado de salud, mu- 
rió Santa Clara masque octogenario 
y muchos años después que Some- 
ruelos. 

Comunicación de Somenie!os al 
ministro de la Guerra en 15 de mayo 
de 1799 dándole aviso de haberse 
hecho cargo de la capitanía general. 



DE LA ISLA DB CUBA. 319 

80 vejez no superase Santa Clara los conflictos de una 
guerra que parecía inminente con la Union americana, 
cuando ya le traia embarazado la de los ingleses. Contri- 
buyó tambi'en á su relevo la confianza que inspiraban al 
ministerio la actividad, la energía y el valor de Some- 
róelos. Este salió de la Coruña en el bergantín correo el 
Pájaro, sin que se sospechase el objeto de su viaje; arribó 
á Trinidad perseguido por corsarios ingleses, y siguió de 
allí portierrasu viaje con mil penalidades, pero con la suer- 
te de no caer en poder del enemigo, que á las pocas horas 
de haber vuelto á la mar habia apresado el buque en que 
llegó á aquel puerto. Sorprendido al recibir de boca de 
su mismo sucesor la primer noticia de su separación, 
Santa Clara exigió que se ejecutara la orden sin demora, 
compliéndose á las diez de la mañana con asombro de 
una población que ignoró el cambio personal de su pri- 
mera autoridad hasta que le vio funcionando en otras 
manos. 

Con alegría del comercio y de los hacendados se supo 
poco después que el motivo de tan repentino relevo habia 
cesado con el arreglo de las cuestione^entre la Francia 
y la Union que amenazaron envolver á España en ellas; 
y qoe los neotrales, los únicos qoe en realidad lo fuesen, 
los norte-americanos, seguirían en paz exportando los 
productos de la grande Antilla y suministrándola los 
suyos. 

A los pocos meses, en 12 de agosto del mismo año, el 
intendente D. José Pablo Valiente ^, promovido á con- 
sejero de Indias, también fué relevado por D. Luis Yi- 

* Véase sa biografía, en su logar el Autor , y en las Memorias de la 
eorrespoDdiente, en el Dhc, Geog. Sociedad de Amigos de la Habana. 
Ettad» Bist, de la Wa de Cuba por 



320 HISTORIA 

gurí^ antiguo comisario de guerra, muy protegido del 
Príncipe de la Paz, y por desgracia sin ei tacto ni los co« 
Docimieutos que exigia una admiaistracíou para la que 
ni aun los de su atinado antecesor habian sobrado. 

¿Cuál sería en esa época el estado de las comunica- 
ciones de la isla con España, explícalo bastante la perma- 
nencia de Valiente en la capital durante muchos meses, 
á pesar de su ansiedad por ir á defender la libertad del 
comercio ultramarino en su mejor palestra, en el Consejo 
delndiasy á donde fué ascendido, y la de Santa Clara que, 
ao decidiéndose á embarcarse como él en un buque neu- 
tral con trasbordos y rodeos, después de relevado, re- 
sidió en aquella capital mas de dos años, casi tanto 
tiempo como el de la duración de su gobierno. 

Con la entrada del coronel D. Sebastian de Kindelan 
en el gobierno de Santiago en 28 de marzo del mismo 
año de 1 799, y la sentida muertedel obispo Tres Palacios, 
cuyo sucesor tardó mucho en ocupar su silla; todas las 
autoridades principales de la isla se relevaron al finar 
un siglo en cuya última década recibió el suelo cubano 
los gérmenes qu9 engendraron su opulento porvenir: 
no eran los que habian de recoger sus frutos los que los 
sembraron; pero permanecian en la Habana D. Francisco 
Arango, D. Nicolás Calvo, el asesor de gobierno D. José 
Ilincheta ; seguía con su primitiva influencia y aun com- 
puesta de los mismos hombres que la habian fundado^ 
la Sociedad patriótica; y la estrella de Cuba permitió 
que por su afán por el bien público y su disposición á 
seguir buenos consejos^ se mostrase Someruelos digno 
sucesor de Casas entre las tribulaciones é inquietudes 
de su largo mando. 

Para impedir que se paralizaran los tráficos de un 



DE LA ISLA DE CUBA. 324 

pais que siempre tenia qae recibir de afoera los ren- 
glones de consumo mas precisos » anunció desde luego 
al Ministerio en un informe hábilmente extendido por 
Arango, todo lo que podia esperarse de la continuacioQ 
de las franquicias concedidas y todo cuanto de su supre* 
sion debía temerse en una provincia puramente comer- 
cial y agricola. No se contentó con eludir con esa ade- 
lantada advertencia el cumplimiento de una inoportuna 
real cédula de 20 de abril anterior. Además de auto- 
rizar á los puertos de la Habana y de Santiago para que 
continuasen como antes admitiendo neutrales, es decir» 
á los norte-americanos, confió en que las razones del in- 
forme que dirigió al Gobierno para justificar aquella me- 
dida, serian bien aceptadas y la hizo extensiva á muchos 
mas artículos de consumo que los anteriormente admi- 
tidos cuando no pudiesen venir de la metrópoli. 

Comenzaba ¿ cambiarse con frecuencia el personal del 
ministerio español en ese tiempo, y variando de princi- 
pios administrativos ^omo de individuos, esa misma ins- 
tabilidad, tan perjudicial en general para el gobierno de 
los pueblos, por excepción fué ahora favorable á Cuba, 
porque en S de enero de 1 801 se aprovecharon las dispo- 
siciones de Someruelos y Viguri. Aunque luego se re- 
probaron, por ilegal que fuese eludir las órdenes del Gro- 
bierno superior, sagrado deber era por otra parte oponer 
á tan dañosas contradicciones una marcha fija para salvar 
alpaís de la destrucción de su agricultura y su comercio^ 
y asegurar así al erario sus futuros rendimientos. Mejor 
que en España donde ni estudiada estaba, conocíase esta 
verdad donde se practicaba, en Cuba; y era por lo tanto 
aquella obligación imprescindible compromiso del en- 
viado á gobernarla, sin buques y casi sin soldados en el 

HlftT. DB 0I7BA. — TOMO >H.— 21 



322 HISTORIA 

curso de una guerra con la primera potencia marítima 

del mundo. 

En pocos años aquella forzosa desobediencia quedó 
justificada con la conservación de manantiales de riqueza 
y los cincuenta millones de reales á que las rentas de 
Cuba se elevaron, Habrian aun crecido más y alcanzado 
quizá á cubrir sus crecientes atenciones si hubiera corres- 
pondido la capacidad de Viguri á la altura de su misión 
y de su puesto; si no fuese aun mayor su tolerancia que 
su inexperiencia, y sí alguaos desaciertos de la corte, 
tocante á recaudación de los ingresos, no complicaran 
después la confusión y los desórdenes. 

Entre otros errores anteriores del Ministerio hubié- 
ramos debido mencionar una real cédula de 17 de agosto 
de 1790 puesta en observancia por Viguri, y en virtud 
de la cual, en lugar de liquidarse instantáneamente en las 
aduanas los derechos de introducción, ó sea antigua renta 
de almojarifazgo, se permitia á los comerciantes y ha- 
cendados abonarlas con pagarés á inás ó menos plazo. 
Con esa disposición que hasta entonces nunca estuvo en 
práctica y que se permitió hasta á personas y traficantes 
sin arraigo, se complicaron los quebrantos de la Hacien- 
da ocasionando adeudos incobrables. 

Veamos cómo pinta el desorden de la recaudación en 
esle tiempo una publicación contemporánea, que nos ex- 
plica cómo ni aun con la libre admisión de neutrales 
bastaban aun los recursos de Cuba para sus necesidades. 
cLos derechos de importación, dice su autor ' conocido 
pero anónimo, se ajustaban por una cantidad alzada, 
más la respectiva gratificación. El ajuste .se hacia con los 

^ D. Pedro de Urquinaona y Pardo. 



DE LA ISLA DE CUBA. 323 

guardas, tralándose de pacotillas ó partidas de poca con- 
flíderacioD; y cod los encargados del despacho, sí se tra- 
taba de cargamentos enteros ó consignaciones. Todos los 
sábados se repartian los productos del soborno entre 
seis ó siete empleados principales de la aduana, cuyo 
lujo y despilfarro escandalizaban al público. Los guardas 
pagaban por el alquiler de sus habitaciones cantidades 
mayores que sus sueldos. El despacho era una plata- 
forma : las liquidaciones » las guias , las papeletas , son 
testimonios auténticos de que lo^ encardados de la re- 
caudación procuraban sobrepujarse unos á otros en el 
abuso y la estafa. Lleno está el archivo de aquella 
aduana de registros y expedientes que lo acrediian con 
la mayor evidencia. Los tramposos estaban en tan per- 
fecta inteligencia, que la maraña empezaba en los intér- 
pretes y subia por las personas intermedias hasta la úl- 
iima de la cadena. Presentaba un capitán su manifiesto, 
y acudian en seguida los consignatarios con las notas en 
castellano de lo que á cada uno correspondía. Llamaban 
traducción del manifiesto el conjunto de estas notas, y á 
sus copias se daba el nombre de extractos; todo lo cual 
daba lugar á fraudes en que obraban de acuerdo cuantos 
estaban en el secreio» que solo podia descubrirse cote- 
jando la verdadera traducción del manifiesto con las 
notas. 

Si en la recaudación habia desorden y estafas, tam- 
bién en la distribución se conocía un desarreglo suma- 
mente perjudicial. ^ Muy poderosa habia de ser la savia 
del país para que brotara su riqueza y -la del Fisco entre 
semejante cáos^ en el curso de una guerra perjudicialí- 
^ sima y entre infinidad de tropiezos y contradicciones. 
La duración de la lucha con Inglaterra, el temor de 



324 HISTORIA 

que se complicaran 8qs peligros con otro rompiroieDlo 
entre España y la Union americana, que si por su propio 
interés nos facilitaba sus buques para el tráfico, también 
con ese mismo interés seguía atizando á la rebelión en 
la Luísiana y las Floridas, determinaron á Somernelosá 
atender con toda preferencia á la defensa militar de 
aquellas posesiones. 

Por sus providencias acabaron de completarse allí los 
regimientos que llevaban los nombres de esos territorios 
y varias fortificaciones en Nueva Orleans» San Agustin y 
Panzacola. Poco habla entonces que temer en Cuba, es- 
tando terminadas las baterías de Santa Clara y San Na- 
zario en la capital, y otras obras accesorias en los fuertes 
de Santiago, y estando organizadas y prevenidas las 
guarniciones y milicias para todo caso de agresión y 
alarma. Pero también adoptó el Marqués otras disposicio* 
nes que apenas originaron gastos, aunque aumentaron las 
fuerzas disponibles reforzando con voluntarios de la po- 
blación rural las compañías urbanas creadas por su ante- 
cesor en los pueblos solamente. Estableció torreones y 
defensas provisionales en porción de surgideros abando* 
nados y próximos á haciendas entonces muy expuestas á 
la rapacidad y piraterías de los corsarios enemigos. 

Ampliando luego aquel primer proyecto de compañías 
urbanas, Someruelos armó con el nombre de legiones ru- 
rales mucho paisanaje de varios distritos no comprendi- 
dos aun en los que nutrían á las milicias para que acu- 
diesen en sus localidades respectivas, no solo ¿ defender- 
las contra el enemigo exterior, sino á la conservación del 
orden en las negradas de las ñucas, ya por ese tiempo nu- 
merosasy y á llevar convóyese todas las fuerzas militares 
que fuesen atacadas. 



DE LA ISLA DE CUBA* 325 

Como la población de la isla era ya doble que al ex- 
pedirse en 1765 el reglamento de milicias que ano se- 
guía rigiendo, la soma de sus regimientos^ aunque com- 
. pleta, no pasaba entonces de tres mil nuevecientos noventa 
hombres, y no podía alcanzar, en muchos casos, á los ob- 
jetos de su instituto con el aumento de haciendas, de 
partidas y atenciones del servicio militar. Mas ordenado, 
mas militar y mas duradero que las nuevas legiones habria 
sido reformar aquel reglamento y dará las milicias discipli- 
nadas un aumento proporcional al de la población; pero se 
temió que la corte no aprobase ninguna reforma que pu- 
diese recargar el presupuesto; que aun aprobándola, se 
perdiera mucho tiempo en consultas, tramitacionesy demo- 
ras que la situación de la isla no permitia entonces; y no 
anduvo el capitán general desacertado en la creación de 
las legiones. En pocos meses se alistaron en ellas todos 
los hombres de diez y seis á cincuenta años que no per- 
tenecían á las milicias, pero insuficiente y malamente ar- 
mados ; en gran parte con solo sus machetes y algunas 
escopetas, porque no habia ni fusiles ni lanzas bastantes 
que repartir. 

Cion respecto al resguardo de muchos surgideros, con- 
certó Someruelos con el intendente y el consulado, que 
se destinasen algunos arbitrios á costear varios torreones 
y obras provisionales» y entre ellas el de la antigua Sisa 
de lá Piragua que volvió esta vez á emplearse en su ob- 
jeto primitivo. Así pudieron armarse con ese y otros 
auxilios del general de marina Araoz algunos barcos y 
guarda-costas: providencia esta atinada, cuando con el 
aumento de la riqueza agrícola y la mayor seguridad de 
alcanzarla á menos riesgo, se habia entibiado en la isla 
^1 espíritu de corso que con los despojos del inglés tanto 



326 HISTORIA 

había contribuido á feciiodarla eo las pasadas guerras^ 
Pero DO con esas precauciones se evitaron choques y ac- 
cidentes por ia costa y de alternada suerte. 

En 20 de abril de 4800, una fragata inglesa desem- 
barcó gente en el puerto de Mata, cercano á Baracoa; pero 
fueron los invasores rechazados á las pocas horas por al- 
gunos labradores y sus negros. 

A mediados del siguiente mayo, el bergantín de guerra 
San Antonio sorprendió ancladas junto á Cabo Blanco dos 
goletas corsarias, el Águila con setenta hombres y catorce 
piezas, y la Hoppe con cincuenta y seis, diez obuses y 
cuatro cañones. Después de cinco horas de refriega y de 
morir los dos capitanes ingleses con muchos de sus tri- 
pulantes, se apoderó de las dos embarcaciones, y trayén- 
dolas á remolque logró asegurarlas en la Habana. Esta 
función» que también costó á los españoles algunos muer- 
tos y DO pocos heridos» la dirigieron el teniente de fra- 
gata D. José Cabrera» y el alférez de navio D. Manuel 
Martin Mateo, á quienes hizo Araoz ascender debida- 
mente. 

En la tarde del 18 del siguiente junio, cinco corsarios 
ingleses que costeaban entre Santa Cruz y las bocas de 
Jaruco fondearon en la cabeza de Rincón con ideas de 
desembarcar y apoderarse de tres goletas cargadas de 
azúcar y otros barcos que á su aproximación se refu- 
giaron junto al torreón. A las dos de la noche y silencio- 
samente echaron sesenta hombres en tierra; pero con sus 
dos cañones el corto destacamento veterano de aquel 
puerto y algunos milicianos fueron suBcíentes para recha- 
zarlos y obligarlos á reembarcarse á toda priesa con pér- 
dida de tres muertos» algunos heridos y varios prisione- 
ros. Distinguiéronse en aquella escaramuza el artillero^ 



DE LA ISLA DE CUBA. 327 

Agustín Orive y los milicianos Fernando García y Nicolás 
Hernández. 

Otra partida como de cuarenta ingleses sorprendió á 
Ganasi el 4 jde agosto, matando á uno de los dos negros 
que allí estaban de vigías; pero armáronse á los gritos 
del otro los vecinos, que con un piquete de milicias apos- 
tado en un cercano ingenio obligaron á huir al invasor 
en pocas horas. Así se vivia por las costas de Cuba en ese 
tiempo. 

También por sus aguas tuvieron encuentros, y algunos 
nada afortunados, los buques españoles con los de la ma* 
riña enemiga que las recorrian. El navio de guerra San 
Julián, las fragatas Brígida y Tétis, portadoras de ricas 
mercancías y de los situados para las Antillas, eran ó 
babian sido apresadas por los enemigos, cuando pudo 
entre mil riesgos arribar á la Habana todo lo que aun 
faltaba de la audiencia de Santo Domingo, el decano de 
los tribunales españoles de Ultramar, huido ahora de I9 
mas antigua posesión española del nuevo mundo. Para 
trasportarla, juntamente con las personas de mas cuenta 
de tan triste suelo, destinó Araoz los dos barcos mas 
veleros de la armada, el navio Asia y la fragata Anfitrite, 
que salieron de aquel puerto por octubre de 1 799, deja- 
ron en Puerto-Rico los situados, recogieron en Santo Do-* 
mingo á los oidores y muchos individuos, y ya mudando 
rumbo entre cruceros enemigos, ya evitando sus ataques 
con su ligereza, llegaron á la capital de Cuba sin tropiezo 
al promediar enero. Aguardando empero para constituirse 
en Puerto-Príncipe á que todos sus miembros y depen«- 
dencias se la incorporasen, no llegó la audiencia á fan- 
cionar en el lugar de su destino hasta el 30 del siguiente 
junio. 



328 HISTORIA 

Componíase de on regente y seis ministros: el primero 
con cinco, y los demás con cuatro mil duros de sueldo, 
un canciller, un receptor de penas de cámara, un secre- 
tario, un notariado con sos respectivos oficiales, sos ma- 
ceres y los criados necesarios. Aunque disminuida por la 
pérdida de sn territorio principal, aun era su jurisdicción 
muy vasta, comprendiendo á Puerto-Rico con toda la ca- 
pitanía general de Cuba, la Luisiana y las Floridas. El 
capitán general de estas provincias fué declarado Presi- 
dente nato de un tribunal que hacia tres siglos le habia 
tratado siempre como á subalterno. 

A motivos tan infaustos como los de su traslación á sn 
territorio jurisdiccional debió ser Someruelos el primer 
capitán general de Cuba que funcionase en lo judicial con 
autoridad é independencia. 

Prefijada la entrega de la plaza de Santo Domingo al 
general negro Toussaint para el 26 de febrero de 4801^ 
hablase anticipado el antiguo presidente D. Joaquin Gar- 
cía Moreno á reclamar de Cuba y Puerto-Rico, que con 
urgencia se le enviasen buques y auxilios pecuniarios 
para trasportar á los militares, empleados y particulares 
que no pudieron salir de aquella plaza con la última ex- 
pedición de Aristizabal, ni en la que babia traido á la 
audiencia. Con más de trescientas familias prófugas aca- 
baba de llegar á Santiago de Cuba el mariscal de campo 
y comandante de ingenieros de aquella isla D. Antonio 
Barba con otros jefes y oficiales y un comisionado de 
aquella autoridad, para solicitar de Araoz una embarca- 
ción parlamentaria con que pasar á Jamaica á implorar 
de su gobernador, que en lugar de hostilizarla, diese 
ayuda para la última evacuación de Santo Domingo. 

Semejante recurso, imaginado por Garda Moreno^ tras 



DB LA ISLA DE CUBA. 529 

de ídúüI, era degradante, estando so nacioD en guerra 
€on la inglesa; desdecía de la dignidad militar esa espe- 
cie de ruego de la víctima al verdugo. Araoz y Some- 
ruelosy prefiriendo á una negociación tan humillante 
cualquier suerte que corriesen aquellos españoles, nega- 
ron el auxilio del parlamentario al mismo tiempo que 
despacharon buques de guerra y algunos neutrales á re- 
<x>ger á los dominicanos que se pudiesen librar del re- 
pugnante yugo de Toussaint y sus salvajes. 

No eran solo los habitantes españoles los que abando- 
naban un país ya destinado al en^brutecimiento de los 
bárbaros que luego la ocuparon. Ademas de multitud de 
fiímilias francesas» viendo ya á su rival Toussaint triun- 
fante é independíente^ el general mulato ' Rigaud y al- 
■gnnos de color fieles á su metrópoli se apresuraron á 
huir de sus venganzas. Muchas arribaron á Santiago y á 
la Habana; pero al paso que fueron hospitalariamente 
admitidas las familias blancas, Someruelos y Kindelan se 
opusieron ¿ que locase con la planta en tierra ningún 
individuo de color. Multitud de mulatos y negros fran- 
^^ses tuvieron que ir á buscar su refugio en puertos donde 
fuera su presencia menos peligrosa. 

Con esa afluencia de emigrados, así nacionales como 
subditos de una potencia aliada entonces, á quienes pres- 



' En la colección del Aator hay 
un folleto impreso de diez y siete 
páginas titulado, «Répoose da cito- 
yen Toussaint Loavertare, general 
en chef , anx calomnies du general 
de brigade Ribaad.» Da mucha luz 
sobre las ideas del célebre negro, 
aunque está muy lejos de justificar 
su conducta con el gobierno fran- 
cés. Está fechado en el cuartel ge- 



neral de Gonaives el 30 floreal, año 
fii de la república francesa. Está 
comprendido en la colección del 
Autor Juntamente con el «Bulle tin 
OIQeiel de Saint-Domingue» de 22 
de junio de 1799, y un «Procés ver- 
bal» de Pexpedition de Toussaint a 1 
Mirabalais. Estos documentos se 
imprimieron en Cabo Francés. 



330 HISTORIA. 

cribiao proteger la humanidad y la justicia, eocootrá- 
roDse recargadas las cajas de una isla que auu tenia que 
seguir siendo socorrida por las de Veracruz para cubrir 
su ordinario presupuesto. Ademas de los sueldos á que 
teuian opcioo, según su rango y grado, los empleados y 
los militares españoles de Santo Domingo, menester fué 
fijar ordeoadameDte auxilios sin distinción de naturalidad 
á muchos individuos que, sin figurar en nómina ninguna, 
habian sido despojados de sus industrias ó de sus propie- 
dades por una inmerecida y gran catástrofe. Uno entre 
otros, el mariscal decampo Barba por su fidelidad á la me- 
trópoli, faabia perdido allí bienes raíces estimados en más 
de dos millones de pesos. Someruelos y el intendente, 
excepto á Barba que recibió su sueldo como general em- 
pleado, señalaron á los de esta segunda emigración do - 
minicana los mismos auxilios designados en 1 796 para 
los de la primera *. 

Hondamente conmovia á los espíritus en Cuba el entro- 
nizamiento de la raza negra en la Española y el temor de 
abrasarse en las mismas llamas que ella, cuando llegó á 
serenarlos algún tanto la noticia de la paz de Amiens que 
acababan de ajustar España y Francia con la gran Bre- 
taña. El navio Argonauta que la trajo, fondeó en la Ha- 
bana el 23 de diciembre de 4801, víspera de Pascua, 
trayendo con tal nueva el aguinaldo mas apetecido. 

Pero cesaba con la guerra el pretexto alegado para el 
comercio con neutrales, por mas que presintiese su con» 
tinuacion la mutua conveniencia de una gran posesión y 
de una gran metrópoli. El prohibicionismo, anheloso de 

* A principios de mayo de 1802» go, caya docamenUcion compren- 
Uegó á la Habana el archivo de la din desde 1851 hasta 1801 
capitanía general de Santo Domín- 



. DE LA ISLA DB CUBA. 334 

extinguirle, do desperdició la coyuDtura del tratado de 
AmieDS para cortarle el vuelo, y por el mismo oavío Ar- 
gooauta recibió Someruelos estrechas prevenciooes para 
DO seguir admitieudo eo los puertos de Cuba buques ex- 
tranjeros. Auuque desavenido cod Yiguri por su visible 
tolerancia de torpezas y malos mauejos á sus subalteruos^ 
estaba muy de acuerdo cod ese intendente y las corpo- 
raciones principales del país para coDservar aquella base 
de su bieuestar y porveoir. TambieD debieroD asegurar 
para el erario, además de su gaoancia en el ramo de ta- 
bacos, mas de dos millones de pesos á que ya ascendian 
entonces* sus derechos, y á la isla una extracción cuyo 
valor se acercaba á diez millones , midiendo su volumen 
sobre ocheDta mil toDeladas aproximadamente. ¿Qué au-> 
toridad ilustrada y geoerosa, solo por rehuir persooales 
compromisos, se había de prestar á la obediencia estoica 
de unas disposiciones arrancadas por ud exclusivismo 
de pasados tiempos? 

Cumpliéudolas se inferían al tesoro nacional enormes 
pérdidas y se hacia retroceder á la isla todavía, más que á 
so pobreza antigua, á su ruina inevitable. No podían ale- 
jarse perjuicios de tanto bulto sino caminando las auto- 
ridades de Cuba por la senda que para semejantes casos 
les dejaron ya trazadas Casas y Valiente. Adoptaron ahora 
UD íogeDÍoso térmÍDo medio SomerDelos, Yiguri, el codsu- 
lado y el ayuntamiento: el de que mientras hubiese exis- 
tencias peninsulares suficientes, no se admitiríaD importa- 
ciones norte-americanas; pero que tolerarían su entrada 
cuando las nacionales , justamente protegidas por los vi- 
gentes aranceles, no surtieran al mercado de todos ios 
renglones que demandase el público consumo. Salvá- 
ronse con ese arbitrio grandes iotereses, sin que dejaraa 



332 HI8T0RU 

de vender sos cargamentos los boques españoles cod 
mayor ganaDcia que los exiraujeros. 

La paz ó tregua de Amiens proporcionó un respiro á 
las Antillas y reanimó de nuevo al mercado de la Ha- 
bana ; pero turbóse durante algunos días el sosiego de la 
ciudad con un infortunio inesperado. Por la tarde del 25 
de abril de 1 802, reinando un Este recio» extendióse un 
espantoso incendio por todo el barrio exterior de Jesús 
María, compuesto en general de fábricas mezquinas de 
tabla y guano. 

El crecimiento que habia ido tomando el vecindario y 
á proporción el de los alquileres de casas dentro del re- 
<;into, habia sucesivamente forzado á los gobernadores 4 
permitir que las familias pobres armaran fuera de los 
muros sus viviendas. Así, en los últimos diez años se ha- 
bia extendido aquel arrabal por vasto trecho entre el ac- 
tual campo militar y la orilla de la bahía. Ardió dos dias 
enteros sin que los esfuerzos de la guarnición y de la 
marinería con las bombas del arsenal pudiesen contener 
las llamas é impedir que sus estragos sacrificasen á gentes 
imposibilitadas por su pobreza para repararlos. Desapa- 
recieron ciento noventa y cuatro casas ó albergues de 
algunos miles de menesterosos, y con fondos de la Inten- 
dencia y de los propios se improvisaron barracones para 
aquellos á quienes no alcanzó cabida en la pública cari- 
dad ni en los asilos conventuales. Todas las clases de la 
ciudad contribuyeron á la suscricion abierta por Some- 
ruelos para socorrer á tantos desgraciados; y este gober- 
nador, que injostamente pasaba por desdeñoso y vano 
entre la plebe, logró que le hiciese ésta justicia viéndole 
recoger personalmente y de puerta en puerta las limosnas. 
Pero no bastaba ese medio para remediar aquel desastre 



DE LA ISLA DE CUBA. 333 

en una población que, después de contribuir con cuan- 
tiosos donativos á la anterior guerra con Francia» también 
se había desprendido para la que acababa de terminar 
con Inglaterra, de sumas importantes empleadas en las 
fortificaciones de las costas, y vivido como cuatro años 
en un semibloqueo. Garlos lY, tanto para que fuese 
aquella calamidad menos sensible á los más perjudi- 
cados, como para socorrer de modo provechoso en el 
pais á la<i familias emigradas de Santo Domingo, cuya 
afluencia iba creciendo en Santiago y en la Habana dia 
por dia, ordenó en el inmediato agosto que se repar- 
tieran á unos y otros los realengos de la bahía de Ñipe y 
varias tierras hacia Holguin y Sagua. 

Por ese tiempo, á fuerza de fortuna y de victorias 
Napoleón Bonaparte, cuyo nombre militar solo coloca la 
historia debajo del de César, tenia ya sosmetida al yugo 
de su genio á aquella república francesa que, después de 
trastornar á Europa , aspiraba á dominarla toda. Pero in- 
ferior en fuerzas navales á la Gran Bretaña, esa potencia 
en su larga lucha con la rival antigua de su poderío, no 
habia podido salvar á sus colonias; y ya no conservaba 
sino á la Guadalupe en las Antillas. Las armas inglesas 
le habian arrebatado las demás; y el artificioso Toussaint, 
sin declarar á Ilaiti abiertamente emancipada de su de- 
pendencia, se desentendía de hecho de todo respeto á 
su metrópoli, y la tenia privada de la mayor y la mas 
rica de sus posesiones. Al celebrar el pacto de Amiens 
que dejaba ya expedito el mar á las armadas de la Fran- 
cia, el primer proyecto de Napoleón fué recobrar aquella 
grande Antilla, encargando esa misión á su cuñado el 
general Leclerc. El Gabinete español, dócil á la voluntad 
del que ya con el título de primer cónsul, antes de tomar 



334 HISTORIA 

el de emperador, dirigía los destinos de su aliada, au- 
xilió á la expedición de Santo Domingo con los navios 
Guerrero, San Francisco de Paula, San Pablo, Neptuno 
y la fragata Soledad, mandados por el teniente general 
D. Federico Gravina que luego habia de inmortalizar su 
apellido en una gran catástrofe. Comunicó además estre- 
chas órdenes al virey de Méjico para que pusiese á dis- 
posición del gobernador de Cuba, no solo los situados, ya 
mayores que antes por los subsidios que necesitaban los 
emigrados de Santo Domingo, sino sobrantes muy con- 
siderables para atender á los préstamos y urgencias de 
Leclerc y su armamento. 

Desde principios de febrero de 1 802, y muchos meses 
antes que recibiese esos suplementos Someruelos, una 
inmensa expedición, mayor aun que las de Yernon y 
Pokoc en el pasado siglo, compuesta de mas de ochenta 
embarcaciones de guerra de diferente nacionalidad y 
porte, desembarcaron en la costa septentrional de Santo 
Domingo mas de veinte y dos mil combatientes , proce- 
dentes casi lodos del ejército del Rhin , que á las órde- 
nes de Morcan habian triunfado en Hohelinden y otras 
batallas. Llegaron á pasar de treinta y cuatro mil con los 
refuerzos que luego se les incorporaron. 

Toussaint, durante su dominio, habia adquirido mas de 
veinte mil fusiles y logrado dar á sus salvajes alguna apa- 
riencia de enseñanza militar, endoctrinándoselos varios 
o6ciales ingleses y aventureros de otros países. Pero los 
expedicionarios, en calidad tan superiores á sus hordas, 
se apoderaron con poca resistencia del Guaricó , segunda 
vez incendiado por los negros en su huida, de Bayajá, 
de Puerto-Príncipe, de Santiago de los Caballeros, de 
Puerto Paz y de San Marcos, que evacuó el feroz Dessa- 



DE LA ISLA DE CUBA. 335 

iines, después de pasar á sos habitantes blancos á cd- 
chillo* El general Kerversau ocupó sin obstáculo todo el' 
antiguo territorio español, penetrando también en su ca- 
pital, que hubo de abandonarle después de un simulacro 
de defensa Pablo Lourverture, hermano de Toussaint. 
Vencido este último con su mayor masa de fuerzas en la 
Ravine y alturas de Cahos por el general Rochambeau, y 
tomadas las posiciones atrincheradas de Trianon por la 
división de Boudet, el mismo Leclerc desbarató á Dessa- 
iines el 25 de marzo, desalojándole de las asperezas y 
reductos de la Grete de Píerrot , principal b^se y reparo 
de las hordas negras. Después de una defensa mas viva 
y ordenada de lo que permitían su desorganización é in- 
disciplina, las hablan evacuado en la noche anterior con 
el mayor silencio abandonando allí muchos cañones, dos 
mil fasiles y dos mil cadáveres. "^ 

Ni después de tales golpes y derrotas desterró de su 
cerebro el tenaz y ambicioso Toussaint el pensamiento de 
fundar en Haiti un imperio independíenle. No pudieron 
arrancársele los batallones de Leclerc, expulsando á sus 
secuaces de todos los puntos y pueblos donde pudieran 
defenderse. Errantes de lugar en lugar iban abandonán- 
dolos, pero rara vez sin destruirlos y degollar sus mora- 
dores blancos al aproximarse las tropas francesas, cnyas 
nocturnas marchas alumbraba siempre el lúgubre res- 
plandor de los incendios. No se las entorpecían otros 
. obstáculos que los cadáveres y los escombros aun calien- 
tes que se cruzaban á sus pasos. 

El general Gravina, después de haber cooperado al 
desembarco de la expedición francesa en Santo Domingo, 
se presentó en la Habana á fines de febrero 'de 1802 con 
los cuatro navios y la fragata que sacó de Cádiz. Ademas 



336 HISTORIA 

de repararlas en el Arsenal, era el primer objeto de su 
arribo explicar verbalmente á Someroelos muchas ins- 
trucciones del ministerio sobre la política y conducta que 
hubiese de observar con Leclerc y demás jefes de la re- 
conquista de aquella isla vecina. Aquel general se las 
trasladó inmediatamente al gobernador de Santiago, te- 
niendo con ellas que alterar muy poco á sus anteriores 
prevenciones con respecto á su porte con aliados tan sus- 
ceptibles como poderosos* En resumen, eran las que él 
mismo había de observar desde la Habana : facilitar á los 
generales franceses los auxilios de viveros que solicitasen, 
guardar una neutralidad absoluta con las partes belige- 
rantes en Santo Domingo, procurar que los franceses tu- 
viesen el menor contacto posible con sus puertos; y á sus 
enemigos negárselos del todo. 

La primera exigencia de Leclerc signiGcada i Some- 
ruelos por Gravina fué, que el último presidente de Santo 
Domingo D. Joaquin García Moreno, refugiado á la sazón 
en la Habana, regresara á ejecutar una formal entrega ^ 
de aquel territorio á las autoridades legítimas de Francia. 
No habia sido ordenada ni legitima la que Toussaint ha- 
bia arrancado á García con violencias y amepazas. Con- 
venía aclarar muchos derechos de algunos subditos de 
España que, imposibilitados por su situación para emi- 
grar de aquel infeliz suelo, tenían que resignarse á serlo 
de la Francia. Por disposición de Someruelos marcharon, 
pues, aquel ex- presidente. Barba y algunos otros jefes 
militares y civiles á cumplir con un deber, que sin dar 



B Comunicación de D. Joaqain de la parle española de Santo Do- 
García Moreno á Someruelos en 25 mingo al general Leclerc. — Archito 
de febrero de 1803, antes de salir de de la capitanía general. Legajos de 
la Habana para hacer formal entrega 1808. 



DE LA ISLA DE CUBA. 337 

luego niogOD fruto, costó do pocos miles de pesos al 
erario. 

Después de recibir de la Habana el ejército francés 
remesas pecuniarias que solo en marzo habían pasado 
de doscientos mil pesos, envió Leclerc en su repre- 
sentación al general Barquier para que activase allí todo 
lo concerniente á ulteriores auxilios de mas monta. En- 
tregó este comisionado á Someruelos una carta de aquel 
general ® en jefe francés, fechada en 18 de abril, solici- 
tando seiscientos mil pesos para gastos de una expedición 
que condujo el general Richepanse á la Guadalupe. La 
respuesta del capitán general de Cuba revela no menos 
que los miramientos mandados guardar por nuestra corte 
con los caudillos de la expedición, la penuria en que se 
hallaban en aquellos dias las cajas de la capital. «Creo, 
decía Someruelos á Leclerc en 1/ de mayo» que estará 
y. E. bien persuadido de cuánto me intereso en las fe- 
licidades de ese ejército y por el buen éxito de la expe- 
dición confiada á Y. E. Estos justos y debidos sentimien- 
tos me obligaron á hacer más de lo que realmente podía 
cuando por parte de este gobierno se facilitó con toda 
brevedad cuanto V. E. dijo necesitaba de dinero y víve- 
res en su primera demanda. Digo que se hizo entonce* 
mas^que lo que realmente se podía, porque se adeudaban 
grandes sumas á las tropas y empleados de la Luisiana y 
dos Floridas, que igualmente que la isla de Cuba están 
bajo mi cargo; y lo peor es , que todavía siguen en el 



* Por el lenguaje de la comunica- y atento fueron las comunicaciones 

clon que se verá mas adelante se dirigidas al capitán general de Cuba 

puede dednci r el de otras varias de por e I distinguido vice-a 1 m i r a n t e 

Leclerc á Someraelos. Latouche, gue mandaba las fuerzas 

En sentido mucho mas templado navales de Santo Domingo. 

HIST, DB OCBA. — TOMO III. — 22 



338 HISTORIA 

mismo caso, y son continuos los clamores de sus respec- 
tivos goberaadores. En esta plaza nos hacian gran falta 
los víveres que salieron entonces; porque cerrado ya este 
puerto, según las leyes y continuas reales órdenes á todo 
buque que no sea nacional, no entran los que por nece- 
sidad nos proveian durante la guerra; y las pocas harinas 
y viveres que ahora (énemos son á precios excesivos. 

jiNo obstante de que tenia estos datos de imposibilidad 
para complacer á V. E. , y así lo manifesté al general Bar- 
quier, oficié sobre el asunto á este intendente por si pu- 
diera encontrar recursos. Me ha contestado que Y. E. le 
habia también dirigido igual solicitud, y que en su res- 
puesta manifestaba á Y. E. la total imposibilidad que á 
mí me ha detallado. 

»Cuán sensible me sea este estado, Sr. General en Jefe, 
por no poder tener la satisfacción de contribuir al mas 
pronto y favorable éxito de cuanto le está encargado á 
Y. E., no me es fácil explicarlo. Así se lo he dicho re- 
petidas veces al ciudadano general Barquier en cuantas 
me ha hablado con la mayor eficacia, manifestándome 
razones poderosas para el préstamo de los seiscientos mil 
pesos; pero el no verificarlo pende de una absoluta im- 
posibilidad ^.» 

Barquier entonces extralimitó sus facultades hasta gi- 
rar contra Yeracrnz la misma suma que no habia podido 



^ Leclerc, inmediatamente qne con el encargo de seguir facilitando 

llegó 4 Cabo francés, comisionó al recorsos para el ejército francés de 

general Barqnier para que perma- Haiti. 

neciese en la Habana hasta hacer Véanse en la secretaria de la c»- 
efectiva una letra de 280,000 pesos pitania general las cartas dirigidas 
sobre las cajas de Méjico. Después á Someruelos por el general en jefe 
el mismo Barquier permaneció en Leclerc y las minutas de sus res- 
aquella ciudad mucho mas tiempo puestas. 



DE ISLA BE CUBA. 339 

facilitársele en la Habana; y Lecierc, sospechando que 
fuese alguna evasiva ó un simple pretexto la imposibili- 
<]acl alegada por Someruelos para anticipársela, le res- 
pondió con arrogancia y acritud en los térnainos si- 
guientes: 

— «Envió á la Habana el aviso Deconverte á recoger 
fondos que deben haber llegado de Veracruz en pago de 
las letras cuyo valor no ha querido Y. E. anticiparme. 
Cuéstame trabajo, Sr. Gobernador, conciliar esa negativa 
Con la idea que tenia formada de los lazos que unen á la 
Francia con la España; y más me ha sorprendido aun, 
saber que se insultaba á los franceses en la Habana, y 
que una fragata inglesa habia conseguido en ese puerto 
víveres que no habia logrado obtener la fragata francesa 
Infatigable. Penoso me es, Sr. Gobernador , tener que 
participar estos hechos á mi gobierno, cuando hasta ahora 
no le habia hablado sino de las buenas disposiciones que 
me habíais manifestado. 

. — » Autorizado por vuestras mlc^mas concesiones, voy á 
enviar dos buques á cargar ganado en Santiago y sus 
costas, y os ruego ordenéis sean bien recibidos.» 

Mas acre carácter habría tomado la correspondencia 
entre ambos generales, si Barquier, sujeto mañoso y de 
prudencia, Arango y otros consejeros, para no complicar 
la situación, no inclinasen á la prudencia á Someruelos, 
que en su réplica á Lecierc desvaneció su desconfianza 
en las autoridades de Cuba. 

( Consiguió Lecierc la pacificación general de Sanio Do- 
mingo en una. rápida y entendida campaña de cincuenta 
días. Fueron sucesivamente deponiendo las armas todas 
las hordas y caudillos negros, hasta Cristophe y Dessali- 
nes, los mas feroces é intratables. El mismo dictador 



340 HISTORIA 

Toussaiat^ á caja astucia se debió esta pronta y apareóte 
sumísioD de sus secuaces, se presentó también á ofrecer 
al vencedor la suya» aunque rehusando calculadamente el 
grado de general de la república que^el gobierno francés 
le concedía. Pero cuando todo pareció allí ceder á la 
fuerza de sus armas, á que recogiese el fruto de sus 
triunfos, aun se'^oponian á que dieran un resultado du- 
radero dos obstáculos mayores que la resistencia y la fe- 
rocidad de los negros, la traición y el clima. 

Arreció este rigor en todo aquel estío; y luego que 
con espantosa rapidez, las dos terceras partes de un 
ejército recién venido de la fria Alemania sucumbieron 
al vómito, á sus fatigas y á sus excesos bajo el trópico, 
lanzóse aquella á aniquilar sus valerosos restos. Todavía 
á pesar de haberse vuelto á sublevar gran parte da los 
negros, permanecía Toussaint al parecer tranquilo en 
una casa de campo cerca del Guarico. Decia que tenía 
puesta toda su confianza en la Providencia; porque ese 
era el nombre del hospital militar de aquella población, 
de la ineludible y ultima etapa de las víctimas que inuiw 
daban en aquellos días los cementerios. 

Presumiendo Leclerc por varia correspondencia inter- 
ceptada que la quietud del disimulado negro era apa- 
rente para mejor combinar sus planes de reacción, hizole 
sorprender de . improviso en su morada y exportar sin 
tardanza para Francia en donde murió encarcelado á los 
dos años cen poder del primero de los blancos , » Bona- 
parte, el que se titulaba «el primero de los negros *,» 
y sin duda lo era. Pero la desaparición del dictador de 



* Atribayen este dicho ¿ Toassaint casi todos los historiadores que han 
tratado de la subloTacloD Haitiana. 



DE LA ISLA DE CUBA. 341 

4a esclavitud emancipada, lejos de contenerle, fomentó eo 
Santo Domingo el levantamiento de los de su raza , aa- 
mentándose su número todavía más de lo que disminuyó 
el de los franceses. No pertenece á este trabajo la reía* 
cion de los sucesos militares que ocurrieron en aquella 
Antilla durante la mortífera campaña de aquel verano 
tan funesto: muchas obras contemporáneas y conocidas 
los detallan. Digamos en resumen que al mediar octubre 
apenas quedaban en Santo Domingo ocho millares de 
franceses , sin cesar hostilizados y repartidos en flacas y 
amenazadas guarniciones. Leclerc, doliente como mu- 
choSy trasladóse á bufcar algún alivio con su esposa Pau- 
lina Bonaparte entre las brisas que suelen mitigar el ar- 
dor dé aquella temperatura en la Tortuga, isla adyacente 
y septentrional de la de Haiti y muchas veces citada en 
esta historia. 

Ocupábase allí en disponer que se reconcentrasen en 
el Guarico los restos de sus fuerzas, cuando en la flor de 
sus años te arrebató la epidemia en primero de noviem- 
bre. Ddspues de referir las campañas de Leclerc el his- 
toriador francés Norvins, añade estas palabras: «La hísto* 
ria moderna no recuerda ejemplo de desastre semejante 
en proporción al número y al tiempo.» En efecto, habían 
desaparecido en nueve meses de aquel suelo implacable 
trece generales , dos mil doscientos cincuenta oficiales, 
ocho mil marinos^ dos mil empleados y veinte y cinco mit 
soldados^ sin contar un número considerable de colonos 
que hablan vuelto á sus hogares para ser sorprendidos y 
degollados por los negros. 

En mal hora para los franceses recayó el mando de 
Leclerc en el teniente general Rocbámbeau que jnmedia- 
4amente varió el último y juicioso proyecto del difunto» 



Mt 



i I» if<fiiar<ff La «Lirczé 
rkter te ref eáros h 




# 




i q«e BÚigvH ie; le 
ñtáb^ UMpcíCcp haba creído pfecéo 
fomáen á «m Wita¡pdaf de Ledeic coa 
q«e repreKsiarao al capitai eeaet al de Cafaa jaalo al 
fraaeéa es d Goaríco^ eoao que bo eran mao m otro amo 
iMaModalaríoa de dos netrdpolís aliadas. Berojaporbs 
exí^eacías de Báidiaadbean qoe credaa ea la aüsma pro- 
porcioo qoe sas aporos y pérdidas de geate, ya pcM* eo- 
Docer so Terdadero estado qoe los ageoles firaooesea 
ocoltabaDen b Habana arüfidosafliieDle, decidióse Some- 
róelos A autorizar á oa comisiooado iateUgeote qoe par- 
tidpéadole coo euctilod los aoootecimienlos de* Sanio 
DoDÍogo, explicare á aqoel general hasta qné limites le 
podía aoxílíar en sos aprietos. Para tan delicado encargo 
se trasladó al Gnarico en marzo de 4803 el Oidor bono- 
rario D« Fraactsco Araogo, llevando de secretario al te- 
niente coronel D. Ignacio Caro, recien emigrado de 
Santo Domingo, mny conocedor de toda aquella tierra» 
Foé sofldente esta medida para disminuir las importoni- 
dadas de Rocbambeau, de Kerverseau y de otros geoe* 
rales* Uno de ellos^ el vizconde de r^oailles *, se presentó 
poco después I sin embargo, en la Habana con la ridicula 

misión de adquirir perros de presa para las batidas y 

* ArtDKO MiUó para el Gnarico en gratificación de 25 pesoa diarios- 

15 da febrero de 1808, en la fragata mientras durase la comisión, y iSOO* 

Begoflai con el oapitan D. Ignacio pafa gastos extraordinarios. 
Caro y 0. iosé de la Bastida, con ana 



DE LA ISLA DE CUBA. 343 

ojeos de los franceses contra los negros sublevados '*. Así 
y por tropas regulares de tan culto pueblo se reproducía 
allí en el siglo llamado de la civilización por excelencia, 
uno de los excesos que sus últimos escritores habían 
afeado tanto á los primeros conquistadores españoles del 
continente americano y de sus islas en tiempos y cir- 
cunstancias que podían justificarlos. 

Sirvió de poco á los franceses emplear todos los medios^ 
hasta los mas repugnantes y crueles» para conservarse 
dueños de Santo Domingo. Rochambeau , mas valeroso 
que entendido general, cometió una enorme falta exten- 
diendo su persecución á los mulatos, neutrales hasta en- 
tonces en la lucha , y otro desacierto militar no menos 
grave, en recobrar muchos puntos evacuados por su an- 



'<^ fiotre los papeles abaadonados 
en el edificio de la antigua Factoría, 
destinado luego á hospital militar» 
recogimos la siguiente carta sin 
fecha. 

•A son ExceUence Monsieur le 
Marguis de Someruelas^ eapitaine 
genérale de VMe de Cuba» que dice 
asi en lengua francesa. 

«Le refns de Votre ExceUence de 
foornir le moyen d'acbeter des che- 
Tauz et des chlens ponr continuer 
la goerre á Sainte Domingue , m'a 
decide á me procurer alUeurs les 
fonds nécesaires pour cet objet im- 
portant. J'ai réussi et j*ai accompli 
jusqu*ici Tordre precis du general 
en cbef Rochambeau. 

cJe ne pus trouver qn'un negrier 
anglais nommé Le Nicholsea, qui 
Tonlut se ebarger de porter k St. Do- 
mingue 100 chevaux et iOO chiens 
que J'ai acheté á la condilion, ce- 
pendant, qu*il leur serait permis de 



sortir et de rentrer dais le port de 
la Havane pour y prendre le produits 
de sa cargaisón aprés avoir débar- 
qué á St. Domingue les chiens et les 
chevaux. Je demande á Votre Exce- 
Uence de Youloirbien lui accorder 
cette permission.— J*ai Thonneur de 
saluer Votre ExceUence.— Noailles, 
générlil de brigade.» 

Hemos querido dar á conocer aquí 
este documento, porque consigna 
dos hechos tan curiosos como los de 
que ya en el siglo actual, un buque 
negrero inglés se pusiese al servicio 
de los enemigos de Inglaterra, y qua 
un general francés de la primera no- 
bleía de su país como Noailles com- 
prase perros para emplearlos con los 
negros de Sto. Domingo, y tres si- 
glos después los mismos medios que 
tanto condenaron los escritores fran- 
ceses, al referirse á la conquista de 
América por los españoles. 



344 HISTORIA 

lecesor, en vez de recooceolrar 8qs flacos batallones 
hasia recibir nuevos refuerzos de su melrópoli^ y orga- 
nizar legiones de genle aclimatada. 

Durante la campaña que sostuvo contra más de cin- 
cuenta mil negros, los puertos de Santiago y Baracoa 
sirvieron de asilo hospitalario á los prófugos franceses 
que se presentaron. Desde ambos se remitieron con fre- 
cuencia cargamentos de víveres á las guarniciones de 
Santo Domingo. Pero solían los comisionados para esas 
remesas emplear en introducir en la isla contrabandos 
los mismos barcos que se las llevaban; y Someruelos ce- 
diendo á las reclamaciones del intendente, tuvo que pro- 
hibir que se les diese entrada. De todos esos sucesos, asi 
como de todos los detalles de lo que pasó en Haití, fué 
Someruelos perfectamente impuesto por Arango. Algún 
tiempo se vieron privados de los socorros de Cuba liáis 
hambrientas tropas de Rochambean por causa tan fun- 
dada ; hasta que se apresuró á allanar esas dificultades 
dirigiéndose al mismo Someruelos el vice-almirante La- 
touche Treville ^^ que mandaba todas las fuerzas na- 
vales de aquella isla, consiguiendo de aquel capitán ge- 
neral que diese término á una prohibición que hacía su- 
frir á muchos la culpa de unos pocos. 

£1 nuevo rompimiento que estalló entre Francia y la 
Gran Bretaña al mediar 1803, restituyó á los negros su 
elemento auxiliar mas poderoso, la protección de esta 
última potencia. Al paso que Latouche había salido fiara 
Francia con la mayor parte de su escuadra, la marina 



** Véase en la secretaria de la de i SOS, dando caeota de la comi- 

capitania general la minuta de la sion desempeñada por D« Francisco 

comanicacionqneSomerelos dirigió Arango, cerca del general en jefe 

al ministro de instado en i .® de agosto de Santo Domingo Rochambeao. 



DE LA ISLA DE CUBA. 345 

inglesa acudía de todas parles á bloquear los puertos 
que ocupaban los franceses en Santo Domingo^ vivamente 
estrechados ya por tierra* Con tan grave contrariedad la 
aituacion de Rochambeau, antes muy difícil, volvióse 
ahora de todo punto insostenible. Abandonáronse, capi- 
tularon ó se rindieron unos á los ingleses y otros á los 
mismos negros, las plazas de Puerto-Príncipe^ San Mar- 
cos, los Cayos, Jeremías y otros lugares fortificados. Por 
«vitar peor suerte, las familias blancas se apresuraron á 
abandonarla antes que las tropas francesas; y los que no 
ienian cabida en buques neutrales, norte-americanos, 6 
^n otros de algún porte, preferían aventurarse á los pe- 
ligros del mar hasta en pequeños botes á ser víctimas ó 
siervos de los mismos que habían sido sus esclavos. 
Antes de acabarse junio solo á Santiago arribaron seis 
embarcaciones cargadas de emigrados de Puerto-Prin- 
cipe. 

Incierto Kindelan sobre lá conducta que debía observar 
-con tan repentina afluencia de extranjeros y los demás 
qne naturalmente habían de refugiarse en aquel puerto, 
pidió al capitán general instrucciones que se la trazasen. 
Someruelos, después de recordarle que las últimas ór- 
denes de la corte autorizaban, en los casos necesarios, 
á la admisión de emigrados franceses, le añadió. «En 
cnanto al desembarco de los esclavos que conduzcan , solo 
ae permitirá á los indispensablemente precisos para el 
servicio de sus ^rsonas. Lo mismo se practicará en 
adelante con las demás familias que arriben á ese dis- 
trito; debiendo tenerse presente lo ventajoso que es para 
esta isla adquirir el mayor número posible de habitantes 
blancos.» Peligroso era alterar la sabia prohibición de 
Casas excluyendo de la hospitalidad del país á los esclavos 



346 HISTORIA 

de coloDÍas extranjeras; pero si era entonces so admisioD 
tan peligrosa como en aquella época ^ también eran los 
molivos.de la tolerancia de Someraelos mas forzosos. 
Además, no se presentaron apenas sino hembras al ser- 
vicio de los emigrados, habiendo casi todos los varones 
eonseguido sa libertad con el levantamiento, y conve- 
niente era también hermanar la hospitalidad debida á 
subditos errantes de una nación aliada con el aumento 
de la población blanca de Cuba. 

Pero fundadamente hubieron de alarmarse luego las 
autoridades con el frecuente arribo de tropas francesas 
que la necesidad de escapar á la opresión á cual mas 
dura de los ingleses ó los negros, obligó después á refu- 
giarse en la isla. Ferrand, uno de sus generales, habia 
reunido algunas fuerzas en el antiguo territorio español 
menos simpático á los negros, y se habia establecido y 
fortificado en su capital con el auxilio de sus habitantes. 
Mas á los destacamentos diseminados por' el litoral N. E. 
de Haili, les era mas fácil ampararse en Cuba que atra- 
vesar una extensa comarca llena de enemigos para re- 
forzar á Ferrand en distrito tan distante. Odiaban ademas 
á tan funesto suelo, y anhelaban evacuarlo. 

« 

Ya en 12 de octubre" se presentó en Santiago con la 
fragata Aímable el general de brigada Lavalette , expli- 
cando á Eindelan las causas que le hablan forzado á 
abandonar á Puerto Príncipe y á acogerse en tierra amiga 
por no caer en poder de los ingleses. Seguíanle en dife- 
rentes embarcaciones ciento ochenta y tres jefes y ofi- 

<* Véftse la comuDicacioD de 18 de Kindelan á Someraelos en 25 de no- 
octabre de 1802 á Kindelan por La- siembre de 1805, anunciándole la sa- 
Talette, la del mismo Lavalette & iida de Santiago de Lavalette y las- 
bordo del navio cAimable* de 25 tropas francesas. Archivo del go- 
vendemiaire, año xii ; y el parte de bierno de Santiago de Caba. 



DE LA ISLA DE CUBA. 347 

cialea, mil ciento ochenta y dos soldados^ toda la gaarní- 
cioD de aquella plaza coo ooveota y dos pasajeros blan- 
cos y ciento ochenta y nueve criados de color, la mayor 
parte mujeres y nipos* Las familias particulares» desde 
luego con igual subsidio que á las anteriormente emigra- 
das, se alojaron en la ciudad y casas de campo comar- 
canas. Pero no habiendo cuartel para las tropas dentro 
ni fuera del recinto, convinieron Kindelan y Lavalette 
en acamparlas en tiendas, de campaña y barracones en 
un islote de la bahía muy próximo á la plaza. Deseó So- 
meruelos librarse de hospitalidad tan alarmante y tan 
costosa, enviando á reunirse con Ferrand á Lavalette. 
Pero no hubo neutrales que se arriesgasen á trasportarlos 
á aquel puerto por un mar dominado á la sazón por los 
ingleses. Ck>mo faltaban también en Santiago víveres y 
recursos para su gente, intentó Lavalette encaminarse á 
la capital de la isla marchando por la costa. Disuadié- 
ronle de esa idea las razones de Kindelan; y al fin salió 
de allí eM9 de noviembre, dejando como cien enfermos 
en los hospitales. Al salir del puerto habia comunicado 
que iba á dirigirse á Nueva Orleans; pero ya porque 
fuere ese un pretexto, ya porque le estorbaran los cruce- 
ros enemigos seguir por ese rumbo, el 26 arribó en un 
bergantín á Batabanó con una cuarta parte de sus tropas, 
y las demás, doblando el cabo de San Antonio, fondea- 
ron en la Habana al principiar el mes siguiente. 
. Ordenó ^^ al punto Someruelos que se acantonara esta 
tropa francesa en Santiago y Bejucal, bajo la vigilancia 
del brigadier D. Francisco Montalvo y del teniente coro- 
nel D. Juan Francisco Nuñez del Castillo, con cuatro 

" Gomanicacíoii de Someruelos á Layalette en 22 de octubre de 1806. 



348 HISTORIA 

compañías de la guaroicioD de la capital; y fué cumplida 
esa orden aunque la interpretase Lavalelte como señal de 
■desconñanza. Luego le aplacó del esmero el capitán ge- 
neral por que no careciesen sus oficiales y soldados de loa 
suministros necesarios, y hasta desearon todos ellos pro- 
longar su permanencia en cantones tranquilos y abun* 
dantos, tal era su necesidad de descansar. Someruelos 
tenia el mayor interés en abreviarla; pero estaba febrero 
de 1804 muy entrado, cuando logró fletar cinoo neutra- 
les norte-americanos que trasladasen á sus puertos á La- 
vaiette y á sus soldados. 

Inexorablemente perseguía un hado fatal á todas las 
reliquias de la formidable expedición venida con Leclerc 
é Haiti ^^ A una parte del convoy de Lavalette la 
apresaron los ingleses^ y él mismo halló en las olas una 
muerte oscura al trasbordarse de un buque á otro, 
siendo pocos de su gente los que luego se incorporaron . 
en la plaza de Santo Domingo al general Ferrand, que 
ofició á Someruelos reclamándolos. 

La evacuación del último puerto de la parte francesa 
de aquella isla por el general Noailles.y sus subordinar 
dosi por las vicisitudes que vencieron, fué tan gloriosa 
como un triunfo. Continuaba ese general de brigada de- 
fendiendo heroicamente al Mole de San Nicolás, frontero 
á Baracoa. Viéndose sin víveres ni arbitrio de adquirirlos, 
estrechándole simultáneamente por mar la escuadra in- 
glesa y el implacable Dessalines por tierra con sus bor- 
das, logró embarcarse de noche hacinando en seis buques 
menores y un bergantín de guerra todos ios habitantes 

^* Véase la comunioacioD de So- eaenta de la salida de los franceses 
meruelos al ministro fde la Gnerra de Lavalette. 
en 27 de febrero de 1S04, dándole 



DE LA ISLA DE CUBA. 349 

blancos y su tropa, como setecieotos hombres. Favore- 
cida pr la brisa y la oscuridad, y guiándoia excelentes 
prácticos, consiguió esa flotilla atravesar por medio de 
una escuadra inglesa que desfilaba hacia Jamaica con las 
tropas de Rochambeau acabadas de capitular en el Gua- 
neo. Dos horas después de amanecer desembarcó Noai- 
lies en Baracoa, dirigiéndose á Santiago dias después con 
auiorizacion de Kmdelan para desembarazarse allí de I09 
paisanos emigrados y de sus enfermos^'. Noailles continuó 
para la Habana, á fines de diciembre, en su bergantín 
con trescientos granaderos y precedido de una goleta que 
con mas tropa arribó á Batabanó sin accidente. No que- 
riendo abandonar su bergantin, siguió Noailles nave- 
gando^ y tenia ya doblado el cabo de San Antonio cuando 
le deí^cubrió y se lanzó sobre él á todo trapo contando con 
una fácil presa, una corbeta de guerra inglesa. Fué el 
a)mbate breve, pero terrible y sangriento. Arrimados am- 
bos buques al abordaje la corbeta fué tomada con gran 
pérdida de su tripulación por los granaderos franceses; y 
el intrépido Noailles, aunque herido morlalmente, entró 
en la H-ibana á los dos dias hondeando su pabellón sobre 
el buque tomado al enemigo. Aquel triunfo fué su postrer 
g)zo. Murió en aquella capital al promediar enero, y ese 
fué también el último episodio y acaso el mas brillante 
de la desaparición del poder francés en las AnUitas. La 
Francia había ya perdí lo para siempre sa opulenta pose- 
sión de Santo Domingo. 

f* Véase en el archivo de la ca- siete de la tropa de Noailles, y ai 

piUnia iieiier-áX la minuta de la co- puerto de la Habana de trescientos 

mufJcacion de Somenielos al m nis- cincuenta en otro ber^^antin ameri« 

tro de lagnerra en 11 de enero de cano, 7 otra»de 18 del mismo mes 

4804, dándole cuenta de la llegada á sobre el mismo asunto. 
Batabanó de doscientos cincuenta y 



350 HISTORIA 

Si hemos consagrado algunas páginas á la narración 
de esa gran pérdida de una isla tan próxima y ligadfi á 
€uba, con mayor motivo aun consagraremos otras á ^•- 
ferir sucintamente la de otra posesión nó menos impór* 
iante, que sin los horrores y convulsiones de Santo Do- 
mingo quedó por ese mismo tiempo separada del dominio 
español y de la capitanía general dq Cuba para siempre. 

Las exigencias de la república francesa , ó mas bien 
de su primer cónsul Bonaparte, iban á deponer de sus 
Estados de Italia al príncipe de Parma, yerno y sobrino 
del monarca español, cuando este soberano, para indem* 
nizarle de ese despojo con mas vasto dominio» ajustó en 
81 de marzo de 1801 un especial tratado comprometién- 
dose á retroceder á la Francia su antigua posesión de la 
Luisiana, y obligándose aquel dictador á entregar al de 
Parma el gran ducado de Toscana, que entonces se ape- 
llidó reino de Etruria. Asi la Francia recobraba una an- 
tigua posesión propia cediendo un reino ajeno. 

La Luisiana á los treinta años de pertenecer á una 
potencia cuya administración se tenia por rutinaria y 
atrasada, habia aumentado hasta mas de cincuenta mil 
los trece mil habitantes escasos que contaba cuando en 
1 770 ingresó en los dominios españoles. En un período 
tan breve en la vida de los pueblos, solo su comercio de 
importación, insignificante en aquel tiempo , se compu«- 
taba ahora en mas de cuarenta mil toneladas, sin incluir 
las de un constante contrabando. A pesar de los entor- 
pecimientos á que tuvo que sujetarse, como todas las 
demás posesiones hispa no -americana 9, las leyes y el ge- 
neroso régimen de España , tan torpemente calumniado 
siempre, habian obtenido allí ese resultado en medio de 
las intrigas, las discordias, las amenazas y aun las inva- 



DB LA ISLA DB CUBA. 351 

«iones armadas que coD.stantemente promovieron contra 
aquella demarcación mientras fué española, las indiadas y 
los estados limítrofes de la Union. Débiles guarniciones 
faabian bastado para conservarla integra y respetada de 
tantos enemigos, con no menos gloria de las tropas que 
de sus gobernadores y de los capitanes generales de 
Coba, en cuya jurisdicción estuvo comprendida durante 
un período tan revuelto y largo. 

El brigadier marqués de Casa Calvo, despaes de morir 
Oayoso, le habia sucedido en su gobierno para desem- 
peñarlo con la misma justicia y tino que Carondelet y 
otros antecesores, hasta que en junio de 1801 habia lle- 
gado á relevarle por dimisión suya el de igual clase don 
Juan Manuel Salcedo. El Marqués regresó á su ordinaria 
residencia de la Habana; pero al disponerse la retroce- 
sión de aquella provincia, nómbresele comisionado regio 
para ejecutarla, y regresó á Nueva Orleans con ese cargo 
n\ 10 de abril de 1803. 

Para tomar posesión de la Luisiana en nombre de la 
Francia, Bonaparte eligió por ese mismo tiempo á 
M. Laussat y al general Víctor, el mismo á quien luego 
promovió á mariscal después que de primer Cónsul se 
exaltó al imperio. Pero ocultando el dictador su designio • 
verdadero, que era entregar á los Estados-Unidos por 
una suma de dinero el mismo territorio que iba á recibir 
de España, procuró ganar tiempo para ejecutarlo. Víctor 
no llegó á salir de Europa ; y Laussat , ¿ quien nombró 
prefecto de la Luisiana, después de detener muchos 
meses su viaje, habiéndose presentado en Nueva-Orleans 
sin los indispensables* poderes para la toma de posesión, 
ni aun llegó á solicitarla formalmente. El evidente objeto 
de su comisión en el país fué ir enajenando el espíritu 



352 HISTORIA 

de los colonos, así con respecto á su primitiva metrópoli^ 
como á la española. A aquel comisionado babian prece- 
dido otros agentes franceses con credenciales que los 
acreditaban de encargados para preparar las mudanzaa 
administrativas que su gobierno aparentaba disponer. 

El intendente D. Ramón López Ángulo, funcionaría 
recto, pero limitado y caprichoso, ^desempeñaba allí sii 
cargo con una independencia de las demás autoridades 
de que no ofrecía ejemplo ningún otro de los dominios 
españoles. Concertándose entre sí Laussat y los demás 
agentes franceses á fuerza de frases y artificios, persua- 
diéronle de que para las dos metrópolis seria muy pro- 
vechoso suspender, estando en vísperas de la ceí^ioo^ 
todas las franquicias comerciales , la navegación del Mi* 
sisipi y el depósito mercantil de Nueva-Orleans que ya 
no eran conciliables con los intereses de la Francia. Bas- 
taron en efecto algunas ñrmas del engañado Ángulo para 
trastornar todo el orden comercial del país, y que sus 
habitantes todos, aun los de los estados fronterizos y los 
mismos criollos franceses, maldijeran el nombre de aque- 
lla potencia. Acaso sin la protección de Salcedo, animada 
por el plenipotenciario Irujo '*, su firmeza y el afecta 
que se tenia ya á la dependencia de España en la pro- 
vincia, Laussat y los agentes hubieran perecido en el tu* 
multo que ocasionaron en aquel mercada las malignas 
providencias que á Ángulo le inspiraron. Aunque hu- 
biesen estado sus vidas .en peligro se consiguieron ple- 
namente los fines de Laussat mucho después qoe Salcedo 



'* Gomanicacion dirigida por don las medidas que adoptó en Naera- 

Garlos Martines de Iroje, en 11 de Orleans el intendente. Se halla en el 

marzo de i803 al gobernador de la archivo de la capitanía general de 

Lnisiana D. Manuel Salcedo, sobre Cuba, legajos de la Luitiana. 



DE LA ISLA DB CUBA. 353 

habiese escrito á Someruelos ia sigoieDle afirmación. 
«Los americaoos clarameDle diceo qoe no consentirán 
que los franceses vnelvan á posesionarse de la Luisiana.» 
La prudencia del marqués de Gasairujo, represen- 
tante aun de España en Filadelfia, preservó á las aatori- 
dades eapañolas de la Luisiana de un conflicto y hasta de 
una guerra en aquella ocasión» muy motivada entre Es* 
paña y los Estados Unidos. Bajo.su responsabilidad se 
apresuró á decidir á Casa -Calvo y á Salcedo á que en 
nombre del rey revocaran sin demora las desatinadas pro- 
videncias que había tomado el intendente. El Ministerio 
español le separó á este de su puesto, sujetándole á una 
pesquisa que no pasó de fórmula. Pero ai previamente 
hubiesen consultado á Someruelos la conducta que de- 
bian observar en la Luisiana antes de su retrocesión los 
funcionarios españoles « evitárase que uno de ellos, por 
seducción ó por torpeza^ sirviese de instrumento á los ar- 
tificios de Bonaparte y de sus delegados. Este» entre- 
tanto, aprovechándose de las calculadas dilaciones de 
Laussat, vendia en. Paris al gobierno de la Union por 
veinte millones de francos, como si fuese una propiedad 
particular, una colonia que habia sido francesa, y que, 
ateniéndose á lo estipulado en la retrocesión, debia volver 
á serlo para siempre. Manejo indigno del primer Capi- 
tán y nombre de este siglo que reprobaron justamente 
todas las plumas y opiniones. 

Carlos IV, y desde luego, en Filadelfia, su plenipoten- 
ciario Casa-Irujo, protestaron con vigor contra esa venta, 
contra una infracción tan escandalosa del tratado. Pero 
ni en la capital de la Union ni en la de Francia pudieron 
quedar sus reclamaciones satisfechas; en aquella, porque 
el gabinete norte-americano empleaba un medio, si no 

HIST. DB OUBA. — TOMO III. — 23 



354 HISTORIA 

digDOy al menos admisible para aumeoiar sq territorio, 
comprando la Loisiana : en esta, porque Bonaparte, con 
la superioridad de su poder, ya se lo conceptuaba todo 
permitido, y para el astro francés no era ya mas que un 
satélite el de España. 

Sospechóse después con fundamento en los ministros 
D. Mariano Urquijo y D. Eugenio Izquierdo de haber 
cooperado á aquel manejo, y más cuando, á pesar de las 
anteriores protestas, manifestó luego aquel soberano su 
conformidad con la expresada venta. 

Habiendo recibido luego Laussat dobles credenciales, 
así para tomar posesión de la Luisiana, como para tras- 
pasarla é los comisionados norte-americanos, Casa- Calvo 
y Salcedo le hicieron solemne entrega de Nueva*Orleans 
y los territorios de su dependencia en 30 de noviembre 
de 1803. Así es como la Francia, su primitiva y natural 
metrópoli, que ya una vez la babia trasmitido á manos 
extranjeras, la ponía ahora en otras, no ya oon un tras- 
paso decoroso, sino por el dinero y disponiendo de un 
país como de una finca ó de un rebaño '*'. 

Asi que desapareció el pabellón español de Nueva- 
Orleans, todos !os empleados militares y civiles, y mu- 
chas familias españolas y aun francesas que no se aco- 
modaban á vivir ¿ajo el americano, se trasladaron unas 



*^ Para toüo lo relativo á la retro- 
cesiOD de la Luisiana, hemos con- 
suliado los capítulos 0.% 10, i 1 y 12 
del tomo II de la historia de la Luisia- 
na, por Francisco J. Martin, en 1827, 
publicada en lengaa inglesa. Aunque 
sin colorido ni argumentación, esta 
obra présenla una exactitud esme- 
radisima en los dalos. Cediendo á la 
Inerza de la verdad mas que á otro 



fin , el autor con sus solos nümeros 
justifica la administración de España 
en aquella proTincia , manifestando 
que al adquirirla en 1760 no llegaba 
su población á treinta mil almas, y 
que al dejarla en 1803, pasaba de 
setenta y tres mil, y que en riquezas 
habia progresado aun mucho más 
que en Ijabitantes. 



DE LA ISLA DE CUBA. 355 

á las Floridas, otras á Yeracroz y no pocos á la Habana. 
El marqués de Gasa-Calvo permaneció en Nueva-Orleans 
algunos meses hasta completar la evacuación de la pro- 
vincia, no saliendo con el regimiento de la Luisiana para 
Panzacola basta la siguiente primavera. 

De las corporaciones de Nueva Orleans, una sola emi- 
gró toda á la capital de Cuba, la de las monjas de Santa 
Úrsula que regia su superiora Sor Antonia Ramos, natural 
de la misma ciudad. Babia desembarcado el 23 de junio 
de 1803 con quince religiosas que de orden del obispo 
se repartieron en los conventos de Santa Teresa y Santa 
Clara, basta que pudiese dotarse á la . nueva comunidad 
de asilo fijo^ Para ese fin no se discurrió local roas á pro- 
pósito que el de la casa llamada de San Juan Nepomu- 
ceno, destinada á retención de recogidas que, proyectada ^ 
en 1746 por el capitán general D. Juan Tineo, no babia 
empezado á servir para ese objeto sino treinta años des- 
pués por influencia y con auxilios del obispo Echavarria. 
Muy favorecidas por algunas de las familias mas pudien- 
tes y con particularidad por el marqués del Real Socor- 
ro, las Ursulinas se instalaron el 4 de abril del siguiente 
año en aquel vasto edificio , del cual se había segregado 
ya un departamento suficiente para cementerio de sus 
moradoras. Todo quedó para las religiosas luego que á fi- 
nes de 1805 fueron trasladadas las recogidas ¿ otra loca- 
lidad dispuesta en una casa de baños cercana al matadero. 

Era inherente al instituto de Santa Úrsula un útilísimo 
servicio, el de .la enseñanza de la juventud femenina ; y 
andando el tiempo cumplió la npeva comunidad religiosa 
con ese deber abriendo un buen colegio donde se educan 
desde entonces multitud de niñas, aun las de las fami- 
lias principales. 



356 HISTORIA 

Tan provechosa fundacioD habíala dirigido el nuevo 
obispo de la Habana D. Joan José Díaz de fópada y 
Landa que, elegido el primer día de este siglo para la 
mitra vacante. por muerte del obispo Tres Palacios, oa 
habia podido posesionarse de su silla hasta el 27 de fe- 
brero. La erección de multitud de parroquias en los ter- 
ritorios que se iban poblando en su obiepado, la creación 
de gran número de escuelas en las aldeas y feligresías 
rurales, fueron los primeros pasos de un prelado aun 
joven, que sin la austeridad de su antecesor, le superaba 
en luces, hermanando la caridad con el saber. 

Supónese que estando el obispo Espada casi moribunda 
de vómito negro en ^1 primer verano de su i(f ribo, habia 
hecho voto de erigir para la capital un vasto cementerio 
y de desterrar para siempre de su diócesis la antigua y 
perniciosa práctica de enterrar en las iglesias, ya supri- 
mida en la Península y conservada en la isla por el in- 
terés del clero parroquial á pesar del empeño que para 
desterrarla demostró Ezpeleta. Fuese ó no cierto aquet 
voto, supo realizar tan necesaria reforma el nuevo dio* 
cesano, mandando destinar par^ cementerios locales ade- 
cuados en las afueras de los pueblos, supliendo con 
fondos de su mitra lo que no alcanzaban los propios res- 
pectivos, las suscriciones de los vecindarios y los auxi- 
lios de la Hacienda pública , recargada de obligaciones 
extraordinarias en aquella época. 

Al paso que adornó la catedral con mármoles y lienzos 
comprados á su cosía, se despojó de la huerta ó jardín 
de sus antecesores, para . convertirlo en el cementerio 
general que proyectó para la Habana en el litoral que 
se extiende desde cerca de la batería de Santa Clara 
basta la caleta de San Lázaro. Además del terreno y de 



I 



DE LA ISLA DR CUBA. 35T 

«Q caserío empleó en aquella TuodacioD tan úlil veinte y 
dos mii doscieotos doce pesos de sus propias reoias. 

Ea tanto que así se remediaba una necesidad tan im- 
periosa, la enseñanza pública, lo mismo en la capital que 
en Matanzas y otros pueblos, con los estímulos y anticipos 
del obispo tomó un aumento desconocido en la isla antes 
de su llegada. No quedó apenas un solo notable, ni un 
pudiente que no se asociara á sus esfuerzos para difundir 
la ilustración por las clases menos acomodadas. Halló 
para esa empresa auxiliares poderosos en Someruelos y 
«n Arango/ vuelto ¿ la Habana de su misión del Guarico 
desde que la destrucción del poder francés en Santo Do- 
mingo la hizo innecesaria. Mas no le faltaron al pre- 
lado opositores á la propagación de la enseñanza, consi- 
derada por muchos como un peligro donde la |K>blacion 
esclava iba creciendo tanto. No le fué difícil desvanecer 
sus argumentos con el espíritu y aun con el texto de las 
mismas leyes ultramarinas que para su régimen colonial 
babia dictado una metrópoli tan esencialmente monár- 
quica como España y que ofrecian un singular contraste 
con las de la región de bases sociales mas exagerada- 
mente libres de la tierra, las de la Union americana» donde 
se excluia de aquel gran beneficio á los esclavos y aun 
á los libres de color. 

D.'finiíivamente perdida para España Santo Domingo, 
aniiguo asiento del primer arzobispado de las Indias oc- 
cidentales, luego que practicó el Ministerio las gestiones 
necesarias, trasladáronse al de Santiago de Cuba todos 
los títulos, facultades y prerogativas de aquella antigua 
mitra, por breve pontificio de 16 de julio de 1804. Ignó 
rase por qué razones la nueva diócesis de la Habana, 
siendo tan superior á la otra en riqueza y en población. 



358 HISTORIA 

DO obtuvo sobre la de Saotiago aquella preferencia. Es 
de inferir que esla ia debiese al pensaoiienlo de que pu-* 
diese funcionar en aquel pueblo la primera autoridad es- 
piritual con mas independencia de la primera autoridad 
temporal , á la cual la del Patronato Real era inherente. 
Ck>mo quiera, acaso por ser la mas antigua y prelado 
mas antiguo también que el de la Habana, el don Joa* 
quin Ozés que la regia, declaró arquiepiscopal la mitra 
de Santiago de Cuba, contando desde esa declaración por 
sufragáneas á las de la Habana y Puerto-Ricol 

Con este aumento de autoridad y representación creció 
el espíritu imperioso de su primer arzobispo Ozés, que 
después de haberlo algún tiempo moderado, le suscitó 
también al gobernador Kindelan cuestiones semejantes á 
las que con tanta frecuencia incomodó á sus antecesores 
Vaillant y Quintana en aquel mando. 

Desde que se creó en la corte de España , durante el 
reinado de Fernando VI la Academia de Nobles Artes 
apellidada con el mismo nombre patronímico de aquel 
soberano, fué una ritualidad iudeclinable en los dominios 
españoles no emprender ningún edificio importante, sin 
que aquella suprema autoridad en arquitectura apro- 
base sus planos respectivos. Aprobado por la Academia 
el de la catedral nueva de Santiago, y aun adelantada 
su fábrica con arreglo á la pauta sancionada, empeñóse 
en modificarla el arzobispo, exigiendo que Kindelan no 
se opusiera á sus alteraciones. Aunque arraigado ya este 
jefe en la comarca por su enlace con una hija de D. An- 
tonio Mozo de la Torre, coronel de aquellas milicias, 
uno de los primeros |.ropietarios, y por lo tanto muy in- 
teresado en no indisponerse con los del país, y mucho* 
menos con su mas elevado personaje, con el prelado de 



DE LA ISLA DE CUBA. 359 

tres diócesis, aiaaifíesla mente habria iofriogido sos debe- 
res de delegado del Vi ce Patronato, dejándole ejecntar sd 
proyecto y no el de la Academia; ni Someruelos, como 
Vice-Patrono superior, se lo hubiese permitido. Kindelan, 
aparadas las explicaciones y ano los ruegos, ajustó su 
conducta á sus obligaciones; y ese fué el origen del enojo 
con que le siguió siempre mirando el arzobispo, asi como 
fué el primer efecto de tan triste causa una larga suspen- 
sión de la fábrica empezada. 

Pasando á mayor asunto, demostremos abora cómo 
con el desarrollo.que empezó á tomar la riqueza de Cuba 
en este tiempo recobró después España ibas de lo que 
habia perdido con sus dos dominios de Santo Domingo y 
la Luisiana. £1 primero, desde sa descubrimiento, siem- 
pre había sido mas ó menos costoso para la metrópoli, 
cerrando además á su porvenir su^ perjudicial vecindad 
todas la puertas. El segundo, á pesar de sus progresos 
en treinta años de depender de la G)rona de España, dis- 
taba mucho de compensar con sus rentas, después de 
cubrir su presupuesto, las continuas inquietudes ocasiona- 
das por la sorda y constante hostilidad de los Estados* 
Unidos. Y fué lo peor que con la Luisiana no se les hu- 
biesen también cedido entonces las dos Floridas por me- 
dio de alguna negociación bien entendida. 

Las catástrofes de Santo Domingo se convirtieron para 
la grande Antilla en provechosos beneficios; poique con la 
emigración de la sola parte francesa, pasaron á explotar 
sus tierras durante el bienio de 1 803 y 1 804 como treinta 
mil individuos, que unos pobres y despojados, otros con 
algunos restos de su pasado bienestar, pero agricultores 
é industriosos todos, aplicaron á los pueblos y campiñas 
su actividad , sus adelantos agrícolas y sus esperanzas.. 



360 lüSTOKlA 

Muchos á sa llegada á Saotiago adquirieron terreóos 
loculios eo las cercauias de la ciudad, coDvirtiéodolas 
brevemente en estancias productivas. Otros, sin mas re- 
curso que su trabajo personal , corrieron ¿ aplicarlo en las 
posesiones de Santa Catalina de Guazo compradas á don 
Manuel Justiz por una sociedad que formaron los emi- 
grados franceses mas pudientes. 

No tardó en mudar de aspecto un territorio basta en- 
tonces privado casi siempre de los estímulos y los ele- 
mentos de prosperidad que en el de la capital se babian 
ido acumulando. Sus campos florecieron pronto cubrién- 
dose de algodonales, ingenios y cafetales, en todo pare* 
cidos á los que acababu U barbarie de destruir en la 
infeliz Haiti. D. Prudencio Casamayor, emigrado que 
salvó algunos caudales» compró á la Hacienda y á tos 
particulares las desierias asperezas de Limones y Sierra 
Maestra, poco distantes de Santiago» y desdeñadas como 
incultivables. Bastaron algunos trabajos dirigidos por 
agricultores de experiencia para convertir aquellas yer« 
mas alturas en prados fértiles y ricos. Casamayor dividió 
su vasta adquisición en porciones de á diez caballerias, 
repartiéndolas por venta ó arriendo entre muchos emi- 
grados. Al paso que proporcionó, tan útil aplicación á sus 
esfuerzos, logró con aquellos progresos que la hospita- 
lidad que les dio Cuba, en lugar de una carga, fuese 
luego para su prosperidad un beneficio importantísimo. 
Igual transformación se advirtió por la sierra llamada de 
Dos Bocas y sus campos aledaños, donde también por 
ese mismo tiempo surgieron de la incultura y de la nada 
risueños y primorosos cafetales, montados y dirigidos 
bajo QD pié del todo nuevo en la isla. 

Con el repentino desarrollo que tomó el cultivo de un 



DB LA ISLA DE CUBA. 361 

froto ya tao usual y aun necesario, recibió Cuba un 
nuevo elemento de riqueza. Aunque el gobierno lo hu- 
biese protegido tanto 9 la exportación del café no habia 
pasado nunca de apenas ocho mil arrobas anualmente* 
Dos años después de la fecunda admisión de los domini- 
canos franceses pasó de ochenta mil; y en el quinquenio 
posterior de trescientas y aun de cuatrocientas mil el 
número de arrobas exportadas, vendiéndose en aquellas 
épocas á dos y dos pesos y medio una con otra. Tan ge- 
nerosamente correspondieron la industria y laboriosidad 
de aquellos emigrados á la hospitalidad de una provincia 
aliada. No solo para su agricultura, sino para que pro* 
gresáran todos los demás ramos sociales fué útilísima la 
inesperada cooperación de treinta mil labradores y arte- 
sanos extranjeros en aquel poco poblado é inculto extre- 
mo de la grande Antilla. La ciudad de Santiago» que en 
comparación de la capital, aun seguia tan atrasada en in- 
dustrias como en todo, tras de surtirse de muchos arte- 
sanos que antes le faltaban hasla para los oflcios mas 
precisos, se proveyó de repente de los necesarios, y desde 
este tiempo no careció ya su vecindario de muchos obje- 
tos que tenia antes que recibir de afuera. Hasta las artes 
llegaron allí en pos de los dominicanos. Alguna vez, en 
marcados dias del año, y según ia índole y humor de 
sus gobernadores, habian amenizado la monotonía de 
aquella residencia algunas fiestas públicas, algunas co- 
medias en las casas. Pero la música, la pintura, el di- 
bujo y el mejor gusto en las construcciones y edificios 
no echaron raíz en aquel «uelo sino desde que se domi- 
ciliaron en él aquellos emigrados. Los conciertos, las 
representaciones cómicas, aunque en lengua francesa, se 
hicieron alli usuales entonces. Se construyó por suscri- 






362 HISTORIA 

cioD uo teatro, y los emigrados, olvidando allí muchas 
veces sus desdichas, aumentaroo la afición á las reunio- 
nes y á los bailes. 

Aunque menores, la agricultura del territorio occi- 
dental de la isla recibió también notables beneficios con 
la venida de la emigración franco-española de Santo Do- 
mingo y la Luisiaoa, así como adquirieron los regimientos 
útiles refuerzos dando entrada á muchos veteranos de 
Lavallette y de Noailles, que voluntariamente mudaron 
de nacionalidad y de bandera. Por un arranque de su 
habitual desprendimiento, mejor utilizado en esta ocasión 
que en otras muchas, empleó el subinspector conde de 
Jaruco mucho dinero propio en engancharlos. Los pro- 
pietarios principales se apresuraron á asalariar para sus 
fincas á los labradores errantes de una tierra que, siendo 
de igual clima y productos, habia aventajado tanto á 
Cuba en industrias y prácticas rurales. 

Desde entonces se acabaron de generalizar en los in- 
genios los hornillos de reverberación, las mismas pailas 
y calderas que se empleaban en los de aquella isla tan 
opulenta antes de sus catástrofes. A pesar de lo que ha- 
bía progresado en la isla, durante la última década la 
elaboración del azúcar, la superioridad de los nuevos ar- 
tefactos sobre los antiguos facilitaba evidentemente eco- 
nomías de tiempo, combustible y brazos. Con los antiguos, 
consumiendo por ejemplo quinientos pies cúbicos de car- 
bón ó leña, apenas se obtenian diez y seis arrobas de 
azúcar. Se completaban ahora hasta veinte y seis con los 
modernos, empleando un combustible mas barato, el 
mismo estropajo de la caña, que después de exprimida 
se conoce con el nombre de bagazo. 

Además de estos progresos en el renglón de mas valor, 



DE ISLA DE CUt^A. 363 

el cultivo del café lomó qd incremeoto parecido al del 
territorio de Santiago. Animaba á su propagación la cir- 
cunstancia favorable de ser menos costoso que el de la 
.caña y estar mas al alcance por lo tanto de los medianos 
capitales. Las florestas apacibles de S. Diego» la Arte- 
misa y otros partidos aledaños se cubrieron de bellos ca- 
fetales, fincas menos productivas, sí, que los ingenios, 
pero mas risueñas por la simétrica elegancia y el eterno 
verdor de sus plantíos, y de labor menos reci^ para los 
esclavos. Pero los terrenos de la parte occidental desde 
juego aparecieron inferiores á los de la oriental en la 
calidad y estimación del grano producido. 

Aunque muy retardada una novedad de muy diverso 
género se introdujo también por este tiempo para que 
ejerciese en una de las regiones que más la necesitaban, 
su benigna y permanente iuQueocia. 

Babia corrido un siglo desde que se descubrió para 
bien de la humanidad en la vacuna el gran preservativo 
contra la mas destructora y común de sus dolencias. Se 
había ya generalizado en Europa y aun en las mas dis- 
taotes posesiones extranjeras, cuando decidió España 
propagar la saludable inoculación del virus por las suyas. 

El doctor D. Francisco Balmis, á quien eocomendó el 
gobierno la comisión de difundirle por las provincias 
de América, al llegar ¿ la Habana en mayo de 1804, lo 
encontró ya introducido en el país á excitación del obispo 
Espada y de un habanero estudioso y filantrópico, el 
dQctor D. Tomas Romay. Balmis, sin embargo, presentó 
al capitán general una memoria impresa sobre la conve- 
niencia de establecer en la capital una Junta de vacuna 
encargada y responsable de la aplicación y de la conser- 
vación de aquel precioso antídoto. Desde entonces quedó 



364 HISTORIA 

cometido e&le cuidado á una sección de la Sociedad eco* 
Dómica de Amigos del país y á algunos individuos del 
ayunlamíenlo* conslituyéodose dependencias que lle- 
nasen igual mira en las demás poblaciones y partidos. 

A fines de 4802 faabia preocupado los ánimos un he- 
cho que permitió, á muchos dudar que hubiese desapa- 
recido enteramente de la isla su antigua raza indígena y 
suponer que aun vagasen algunos de sus descendientes 
por su extremo occidental que fué el que mas tardó 
en colonizarse. La verdad era que algunos facinerosos 
que se decían indios y cuyo número elevaba la credu - 
lidad hasta un guarismo extraordinario^ aparecieron co- 
metiendo con los vegueros aislados de Guane y Pinar del 
Rio tos excesos comunes á los bandidos de todas castas y 
linajes. Someruelos» mejor informado que el vulgo de su 
verdadera fuerza, confió la comisión de exterminarlos 
con una cuadrilla de hombres escogidos, á D. José Ga- 
vilaUv muy conocido por su actividad y por su audacia 
en la persecución de malhechores desde la época de 
Casas. Los supuestos indios, desmintiendo los mansos 
instintos de su raza, habían extendido ya hasta la co* 
marca de Guanajay sus robos y sus muertes cuando su- 
pieron la aproximación del temible cuadrillero y se di- 
seminaron. Los más eran mestizos, mulatos y gente de 
mal vivir de aquellos territorios, lanzada al latrocinio por 
la miseria y por los vicios. En breve tiempo supo dar 
Gavilán cumplida cuenta de ellos. Perecieron todos á sus 
manos, menos dos á quienes se tomó por verdade/os 
indios, aunque su intrepidez y su vigor permitían dudar 
que lo fuesen. Ambos continuaron dando que hacer á 
su perseguidor durante algunos meses. Gavilán, peregri- 
nando en despoblados y asperezas, y con perseverancia 



DE LA ISIA DE CUBA. 365 

singular, los alcanzó á principios de enero de 1 803 ^^ 
hacia los ranchos de Carbó cerca del cabo de San Antonio; 
y después de matar de un trabucazo al mas vigoroso y 
corpulento de los dos, remitió su cabeza á Someruelos.- 
El otro que babia logrado salvarse, aunque herido en el 
encuentro, murió luego de abandono y hambre en sa 
escondite. Muchos labradores refugiados en los pueblos 
por el terror que les inspiraron aquellos salteadores, se 
restituyeron tranquilamente á sus tareas y domicilios asf 
que fué conocido su exterminio. 

Aunque en un bando de Someruelos se reprodujeran 
antiguas prevenciones, distinguíase de los pasados por 
marcadas miras de engrandecer los pueblos y regularizar 
sus edificios» Se lo dictaron el crecimiento que iba to- 
mando el vecindario de la capital, que no cabía ya en 
los limites de su recinto amurallado, y las licencias que 
tenia que conceder para que se fabricasen nuevos case- 
ríos entre ese mismo recinto y los fuertes exteriores. 
Después de sujetar á los dueños de solares á que en se- 
ñalado plazo edificasen casas altas y simétricas, pres- 
cribió aquel general que no permaneciesen en los pueblos 
los forasieros^que, siendo artesanos ó agricultores, tuvie- 
sen abandonado su ejercicio. Consiguió con esas provi- 
dencias que disminuyese el número de ociosos e^n todas 
partes y que se fuesen regularizando más sus caseríos. 
En la designación de los solares donde se permitió edi- 
ficar fuera del recinto de ia Habana, notóse, sin embargo, 
ud defecto de irreparables consecuencias. Las calles pro- 
yectadas para los barrios extramurales eran casi tan 
estrechas como las trazadas dentro del recinto por los 

^ Véanse los legajos de Someruelos de este año eo el archivo de la anti- 
gua secretaría militar. ^ 



366 HISTORIA 

primitivos pobladores, que no habiao conocido otros 
pueblos que los góticos y moriscos de la Península espa- 
ñola. 

• Además de varios aumentos y mejoras proporcionadas 
á la casa de Beneficencia, se acabó de terraplenar y ex- 
tender á casi todo el espacio que boy ocupa la Alameda 
ó paseo extramural, con separadas vías para los paseantes 
y carruajes en los cuales se desplegaba ya gran lujo. En 
el extremo meridional de la Alameda se alzó en 1803, á 
expensas del ayuntamiento, el primer monumento artístico 
que en el país se hubiese conocido. Era una hermosa 
estatua pedestre y de tamaño natural del buen Carlos IIL 
Una representación del municipio á Someruelos, aun mas 
que aquella piedra, consignó el amor de la Habana á ese 
monarca, olvidando entonces esta ciudad el mayor de 
sus pasados infortunios ocurrido al comenzar el reinado 
de aquel Príncipe para no recordar mas que sus benefi- 



cios ^' 



A Someruelos, á pesar de tener cumplido ya su tér- 
mino y renunciado su puesto, le ordenó el ministerio que 
continuase ejerciéndole á petición de las corporaciones y 
notables. Por competencias y quejas repetidas, habíase ad- 
mitido la renuncia de la intendencia á D. Luis de Viguri, 
pasando, desde 1 3 de julio de 1803 en que salió de sus 
manos, una administración tan complicada y vasta á las 
del administrador D. Francisco Manuel de Arce, y luego 
en 20 del siguiente diciembre á las de D. Juan José de la 
Hoz que la desempeñaron interina y sucesivamente. Vi- 



'* La comanicacíon del ayanU- gar ealá copiada en las páginas 543. 
miento de la Habana á Soineruelos 343 y 344 del sétimo lomo de la co- 
cón referencia á la estátaa y al sen- lección histórica de Cuba, reunida 
timienlo qae la colocó en aquel lu- por el Autor. 



DE LA ISLA DB CUBA. 367 

gurí dejó á los ramos de hacienda eu el lleDo del desorden 
qoe en el anterior capftulo expusimos. Ni aun se for- 
maron en su tiempo estados que aclarasen los respec- 
tivos ingresos de las rentas. 

El tribunal de cuentas no se ocupaba ni en finiquitar 
las atrasadas, ni aun en examinar siquiera las cor* 
rienles. Después» para aclarar y corregir semejante 
confusión, no fué el mas propio el ordenador de marina 
D. Rafael Gómez Roubaud qoe, nombrado en propiedad 
para la superintendencia de tabacos, tan deplorablemente 
administrada como todos los demás ramos del fisco, se po- 
sesionó interinamente también de la Intendencia. Seria 
recargarla ociosamente con detalles repugnantes para la 
historia 9 el referir las competencias que desde su entrada 
en aquel puerto suscitó á Someruelos ese funcionario 
suspicaz é inquieto empleando su inteligencia mucho 
menos en suprimir abusos y desarreglos, que en oponerse 
á la continuación del tráfico de neutrales y suscitar emu- 
laciones y rivalidades. 



CAPITULO DUODÉCIMO. 



Continoacioo del gobierno de Someraelos y |de sos medidas militares. — 
Distribución de patentes de corso.— Saquean dos corsarios á Batabanó. 
— Invasión y rendición de una expedición inglesa en Buenos-Aires. — Fn- 
casan los intentos de Miranda sobre Venezuela. — Pérdida de la Trágala 
Pomone en Gogimer.— fc)s rechazado un ataque de los ingleses en Bara- 
coa.— Sos insultos á las costas de la Habana.— Caída de Godoy y abdica- 
ción de Carlos IV en Aranjoez.— Invasión francesa en la Península en la 
primavera de 1808.— Toda la ramilla real de España es atraída á Francia. 
—Cirios IV y Fernando fil abdican sucesivamente en Bayona en el em- 
perador de los franceses,, y este en su hermano José Bona parte. ~ Dos de 
mayo en Madrid .«-Juntas provinciales en España é insurrección general 
contra los franceses.— La Junta de Sevilla.— Llegada á la Habana del 
Duevo intendente D. Juan de Águilar. — Conducta de Someroelos.— Pro- 
yecto frustrado de una junta provincial en la Habana. — Sobresaltos en 
esta capital con las noticias de España.— Se calman con la noticia de la 
victoria de Bailen.— Junta central en España.— Intentos del general Fer- 
rand desde Santo Domingo. — Se rebelan contra élalli los dominicanos es- 
pañoles, aniquilan sus fuerzas y causan su suicidio.— Don Joan Sánchez 
Ramírez, nuevo capitán general en aquella isla por España.— Expalsion 
en Cuba de la mayor parte de los emigrados franceses de Haiti —Malas 
noticias militares de España.— Conmoción en la Habana contra aquellos 
emigrados. — Medidas de Someroelos para protegerlos.— El arzobispo 
Ozés atiza en Cubi su persecución.— Sus malos manejos contra Kindelan. 
—Don Rafael Boubaod, administrador de la factoría, suscita chismes y 
enemistades contra Someruelos. — Justa tolerancia del comercio con 
neutrales.— Sublevaciones contra España en Venezuela, Santa Fé, Buenos- 
Aires y Méjico.— La infanta doña Carlota Joaquina.- Emisarios del go- 
bierno del intruso rey José en Cuba. — Cansa y suplicio en la Habana de 
D. Manuel Alaman.— La Junta central y suprema de gobierno se con- 
vierte en Regencia. — Convocación U Cortes en la isla de León. — Sus pre- 
cipitadas providencias. — Proposición de los diputados Alcocer y Argue- 
lles para extinguir la trata y abolir la esclavitud.- Aunque desechada, 
consterna á los hacendados de Cuba — La combaten victoriosamente el 
diputado habanero D. Andrés de Jáuregui, Someruelos y D. Francisco 



HISTORIA DE LA iSLA DE CUBA. 



369 



Arango— Descubre Somenielos una vasta conspiración de gente de color. 
—El negro José Aponte y sns cómplices.— Sa causa y su suplicio.— Tér- 
mino del mando de Someruelos. 

Gomo dijimos eo el capítulo anterior , pof s» bre- 
vedad y su carácter, la paz de Amieos no fué mas^que 
una tregua. La degradaote sumísioo con que se había el 
gobierno español sometido á la voluntad de Bonaparte, 
ensalzado ya en 1804 á emperador de los fraoc^es, le 
comprometió á su último y mas funesto rompimiento con 
la Gran Bretaña, declarado por Carlos IV en 12 de di- 
ciembre de 1804» cuando nada había dispuesto en las 
posesiones españolas para conjurar los peligros que de- 
bían seguirle. Al saberlo Someruelos volvió á adoptar 
todas las precauciones que babia empleado anterior- 
mente des le su entrada en el mando hasta la paz de 
Amiens. Se apresuró á distribuir armamento y municio- 
nes á los destacamentos de milicias y paisanos colocados 
en los puntos mas expuestos y distantes. Kindelan con 
su autorización aumentó las milicias de so territorio 
creando otras dos compañías más de españoles y fran- 
ceses, para custodiar y vigilar los surgideros mas apar- 
tados de su costa. 

Del sentimiento que le causaba la inacción del arsenal, 
forzado á paralizar sus construcciones por el desorden 
de la hacienda y la irregularidad de los situados, algún 
lauto se consoló el anciano Araoz esforzándose en resucitar 
aquel antiguo espíritu de corso que babia producido á 
Cuba tantos bienes en épocas pasadas. Distribuyó mol- 
titud de patentes, pero la mayor parte á franceses y á 
norte-americanos. 

Fuera de sus encuentros por las aguas de Cuba repe- 
tidos y de variada alternativa, la cooperación de esos 

HIST. DB CUBA. — TOMO HL— 24 



370 HISTORIA 

corsarios auxiliares, en general , no resalló barata para 
la defensa del país. Cuando lograban alguna feliz presa» 
solían conducirla á surgideros ó puertos despoblados, 
para** librarse as( de la intervención del fisco y del go- 
bierno; y se la vendían ocultamente á compradores con 
anticipación prevenidos y avisados. No bastó á conte- 
ner ese fraude de nueva índole un decreto en que So- 
meruelos» acorde con Araoz, impuso duras penas sin 
distinción de nacionalidad á esos contrabandistas; por- 
que rara vez se evidenció el delito para poderlas aplicar, 
y continuó en todo el resto de la guerra aquel abuso* 
principalmente por la costa meridional de la isla. 

Seria inútil y difuso referir todos los lances ocurridos 
por sus aguas en el curso de unas hostilidades menos 
propias de las armas de dos cultas potencias que de los 
aventureros que las emprendieron más por su propio 
interés que por el de sus naciones. Sin embargo^ aunque 
insignificantes y raras al principio, tomaron luego mas 
serio carácter, favorecidas por las imponentes fuerzas de 
mar y tierra que fueron aglomerando los ingleses en el 
archipiélago; tanto que desde la corte y otras partes 
mas de una vez se anunciaron empresas contra la misma 
Habana á Someruelos. De una sola ocurreticia deducire- 
mos el carácter de otras mas insignificantes que ocurrie- 
ron por la boca de laruco, el Mariel y Manzanillo que no 
merecen consignarse. 

A principios de 1 806 , sorprendieron á Batabanó dos 
cojrsarios jamaiquinos y entraron á saco por el caserío 
nnos doscientos hombres. De los pocos milicianos arma- 
dos de aquel pueblo y del corto piquete de artilleros de 
la batería que defendía aquel fondeadero^ cayeron en 
poder de los ingleses nueve. Los demás pudieron clavar 



DE LA ISLA DE CUBA. 37l 

las piezas y ahoyentarse. Somerueios destacó sin tar- 
danza á castigar esa agresión al teniente coronel D. Joan 
Francisco Nuñez del Castillo S con algunas conopañías de 
infantería y una de ginetes. Pero tarde ya para su objeto 
pudo*ilegar este jefe al esquilmado pueblo. Los corsarios 
se habían reembarcado con su botin, algunos miles de 
pesos arrancados á los menos infelices de aquel logar. 

Por el mismo tiempo realizaban los ingleses empresas 
de más cuenta en otras posesiones españolas. El general 
Béresford con una expedición de dos mil hombres sor- 
prendió á la floreciente ciudad de Buenos-Aires por ñnes 
de junio de aquel año, aprovechándose de los descuidos 
del virey marqués de Sobrempnte» de ánimo endeble y 
desapercibido. Pero en 12 de agosto el capitán de navio 
D. Santiago Liniers con un puñado de marineros y sol- 
dados atacó valerosamente á los invasores en las mismas 
calles de aquel pueblo y los forzó á rendirse á discreción. 
Ejemplo heroico» que infundiendo de repente aliento y 
brios en toda la América española para rechazar al ene- 
migo, se repitió después en aquel mismo suelo con mayor 
fortuna, cuando con huestes superiores llegaron allí los 
ingleses á recibir juna segunda afrenta en lugar de dejar 
vengada la primera. 

El aventurero D. Francisco Miranda, reducido algún 
tiempo á la inacción, así por la paz de Amiens como 
por la 6rme vigilancia con que Vasconcelos seguía gober- 
nando en Venezuela, habia deplorado amargamente que 
se Bjasen las miras de Inglaterra en aquella región de la 
península meridional del continente, cuando en Costafir- 

1 Primogénito del marqaés de San- talo. Murió en la Habana ya ancia- 
Felipe y Santiago, grande de Espa- no j siendo general hacia 1849. 
ña , á quien sucedió luego en su tí- 



372 HISTORIA 

me todo lo creía preparado para acelerar su indepen- 
deDcia. ConlaDdo sin embargo lanto con aquélla pode- 
rosa diversión como con sus inteligencias y sus propios 
medios, equipó en 1 806 una fragata y dos corbetas, y des- 
embarcó en agosto con seiscientos foragidos hacia* Ocu- 
mare, como á seis leguas de Puerto-Cabello. De este puerto 
corrieron sin tardanza dos bergantines de guerra á dar 
caza á sus buijues, apoderándose , después de un com- 
bate al abordaje, de sus dos corbetas. Miranda pudo es- 
capar en la fragata y luego dirigirse pon cuatrocientos 
hombres hacia Coro, pueblo indefenso que le abrió las 
puertas. Pero el gobernador de la provincia D Juan 
Manuel de Salas, allegando milicianos y paisanos, ya habia 
logrado desbaratar al invasor y obligarle á reembarcarse 
con la mitad de sus secuaces , cuando pudo Vasconcelos 
cubrir con su ordinaria actividad aquellas costas y cas- 
tigar ejemplarmente en Caracas á los que , aun mas cri- 
minales que Miranda, porque no corrian como'él al azar 
de los combates, le animaron á aquella tentativa con so 
correspondencia y sus promesas. 

r^o aflojaban los males de la guerra en las Antillas, 
porque los principales esfuerzos del enemigo se dirigie- 
sen con tan mala suerte hacia la apartada región ^de 
Buenos-Aires y ¿ promover la sedición en Costafirme. 
Siguieron las costas de Cuba presenciando accidentes de- 
plorables. 

m 

Desde 6nes de 18ü5 habia relevado á Araoz en el go- 
bierno del apostadero, tan trabajoso ya para sus acha- 
ques y sus años^ el teniente general D. Juan María Vi- 
liavicencio. A pesar de su energía y sus cualidades, con 
su índole adusta y dominante, uadu ganó la autoridad 
primera con la rivalidad de un general de mayor cate- 



DE LA ISLA DE CUBA. 373 

goría^« «El de tierra, decía YillavicenciOt mandará en 
tierra, y el de mar eo la mar;i y con semejante conclu- 
sión creyóse aulorizado para aplicar á las necesidades 
de la armada el valioso arbitrio de los botes mercantes 
de la babia que formaba el principal renglón de los pro- 
pios de la Habana. Dejóla, sin embargo, sin buques de 
guerra que la guarneciesen aplicando los que estaban á 
sus órdenes á otros cuidados menos importantes. 

En la bahía de aquella capital no había uno solo, 
cuando al clarear el 23 de agosto de ^ 806, aparecieron á 
su vista dos fragatas de guerra inglesas dando caza á otra 
española nombrada la Pomona , que venia de Yeracruz 
para la Habana con mas de doscientos mil pesos y ricas 
mercancías. Menos ligera que las enemigas, aunque redo- 
blando sus descargas, la Pomona no consiguió guarecerse 
bajo el Morro y siguió á epibarranear sobre Cogimar. 
Envió aceleradamente Someruelos un destacamento de 
artilleros y dos compañías de catalanes mandadas por su 
capitán D. Pablo Catafál á que desde aquella playa y su 
torreón la protegiesen con sus fuegos. Pero mientras 
una de las fragatas inglesas se interponía entre la Po* 
moña y la ribera, vino á abordarla la otra antes de aca- 
bar de trasladar á tierra en las lanchas sus caudales. La 
fragata española se defendió todo el 24 y parte del S5 
con una intrepidez merecedora de otra suerte , sin que 
la salvaran las lanchas cañoneras que destacó Villavi- 
cencío á socorrerla, porque, como dijimos, no hubo en 
la bahía para tan crítica ocasión ni un solo buque de la 
armada. Apesar de los disparos, de las lanchas, de la 
gente de Gatafal y del torreón, tuvo que arriar bandera la 

* Someruelos aun no era mas que mariscal de campo. 



374 HISTORIA 

Pomooa despaes de haber enviado á tierra mas de cieota 
setenta mil pesos. Aunque los dos generales se esmerasen 
en salvar el buque, produjo este incidente mutuas quejas 
entre Yillavicencio y Someruelos, por mas que procurara 
conciliarios el prudente Araoz, que murió luego el 2& 
de noviembre á los tres meses de un desastre que ni en 
las crisis mas angustiosas de su largo mando habia tenido 
ejemplo en las mismas aguas de la capital del apostadero. 

No estuvieron los ingleses tan felices en otra tentativa 
que dirigieron al mediar 1807 sobre la antigua y pobre 
Baracoa, como si la tuviesen mas presente los enemigos 
qae sus defensores. Después de haber sorprendido cierta 
conversación en un convite que tuvieron algunos estran- 
jeros en Santiago « comprendió el emigrado dominicano 
D. Prudencio Casamayor, mas de una vez mencionada 
en este texto, que se preparaban los inglésese sorpren- 
der de un golpe de tí^ano á aquel pequeño pueblo. Su 
gratitud al gobierno por una hospitalidad que le permitia 
reparar sus desventuras le determinó sin vacilar á en- 
terar á Eindelan de un proyecto, tanto mas fundado y 
presumible, cuanto que estaba á la sazón sirviendo Bara* 
coa de abrigo á los corsarios aliados y españoles que de* 
positaban de caando en cuando allí sus presas. No perdid 
tiempo aquel gobernador en comunicar sus instrucciones 
al punto amenazado. A la sazón vivia en Santiago de 
llevar y traer mensajes á los campos, un mestizo de nom- 
bre Antonio Almira , andador infatigable y á cuya agi- 
lidad fué confiado un pronto aviso para el teniente-go- 
bernador de aquella ciudad» que lo recibió á los dos dia& 
de despachárselo en Santiago, aunque mediasen coma 
sesenta leguas de agrias sendas de un pueblo á otro. 

Desempeñaba entonces aquel cargo el capitán del re-* 



DE LA ISLA DB CUBA. 37S 

gimiento de la Habana D. José Repilado, oficial ^e pecho 
aunque enfermizo y de años, que recibió la noticia al 
amanecer del 27 de julio de 1807. Habia apenas dis- 
puesto las mas urgentes prevenciones cuando al amane- 
cer el día siguiente aparecieron ya cerca del puerto tres 
velas. enemigas, un navio de á 50, una fragata armada 
y un jabeque. Tomaron al punto las armas un destaca- 
mento de veinte hombres de aquel cuerpo y algunos ar- 
tilleros, única fuerza veterana que cubriese á Baracoa, 
sesenta milicianos y como ochenta franceses emigrados 
é impacientes de lidiar con los ingleses, mientras se po- 
nian en salvo hacia' los montes muchas familias y paisa* 
nos exentos de concurrir á la defensa pc^ su edad ú otros 
impedimentos. Fué muy favorable para Repilado que 
apl«izara su desembarque el enemigo hasta la mañana 
del 29, permitiéndole esa detención que se le reuniese 
alguna gente más con escopetas y poner fuera del alcance 
del inglés en caso desgraciado, todo lo que de algún 
valor habia en el pueblo. 

Por la mañana desembarcaren en la playa de Miel 
que es la mejor del puerto , unos cien hombres del jabe- 
que dirigiéndose bien formados hacia el caserío, pero 
lentamente y como si esperaran á que desembarcara la 
gente de las otras naves. Arreciaron sobre ellos sus des- 
cargas las balerías de la Punta y de Matachín ; aunque 
con poca y desprevenida artillería , fueron sin embargo 
algunos de sus tiros muy certeros. El navio recibió doa 
cañonazos á flor de agua y sufrió aveifas que le forzaron 
á retirarse sin echar ninguna gente en tierra. Al misaia 
tiempo, d^de la entrada de la población dirigió Repilado 
un vivo fuego de fusilería resistido y contestado muy se-^ 
renamenle por los enemigos. Pero desamparados estos por 



376 HISTORIA 

8US buques y hostilizados por fuerzas superiores, hu- 
bieron luego de rendir la^ armas con pérdida de trece 
muertos y de veinte heridos. De los españoles y france- 
ses que pelearon al reparo de árboles y tapias no murió 
mas que uno. A tan poca costa se logró que quedase á 
cubierto Baracoa ' y la aprehensión de ochenta y cuatro 
prisioneros que luego envió Repilado á las fortalezas de 
Santiago. 

Otras agresiones y lances menos señalados siguieron 
ocurriendo por las costas en el resto de aquel año y 
principios del siguiente cou variada suerte, aunque en 
ninguua estuvieron tan *desarortunados los ingleses como 
en Baracoa. En Arcos de Canasí y Babia-honda por no 
existir fuerza reunida, y en otros puntos de la costa del 
norte, saquearon sus corsarios multitud de fincas ha- 
ciendo runchas presas de esclavos, azúcares y víveres. 

La repetición de esos desastres afligia á todos los pue- 
blos; vivían sus moradores consternados suponiéndose 
amenazados de alguna invasión seria, porque ¿ fines 
de 4 807 se reconcentró gran fuerza enemiga terrestre y 
naval en las Antillas. Someruelos, sin temer por la ca- 
pital, tan defendida por sus fortalezas como por su beli- 
coso vecindario, receló que acometiese el inglés á Tri- 
nidad ó Santiago; y se apresuró á socorrer á sus gober- 
nadores con armas y dinero, aunque ni los almacenes ni 
las arcas reales de la Habana abundaran entonces en 
estos dos artículos *. 

* Véase en la sepreiaria del go- glesas á la América española no ce- 
biaruo de Saniiago de Cuba, el parte saroo basia muy entrado el año 1808. 
qoe comunicó á Kindelan eo 30 de A las diez de la mañana del 20 de 
julio de 1807 el comandante militar ODero del mismo, recibió Somerue- 
de Baracoa D. José Repilado. los un aviso del ministro de la Guer- 

* Los temores de expediciones in- ra, anuncütndole que un armamento 



L 



DE LA ISLA DE CUBA. 377 

Llega ahora la ocasión de explicar cuáo ioesperadasy 
hondas erao las mudanzas que por este üempo ocurrían 
en la metrópoli y habían después de trascender á todas 
las posesiones españolas. Ajena es de nuestra obraJa nar- 
ración de los manejos con que se preparó el Emperador 
de los franceses á alentar contra la independencia de las 
dos nobles naciones de la Península , que en mala hora 
regían por ese tiempo dos gobiernos á cuál mas sumi- 
sos, débiles y ciegos. Hartos escritos se los han trasmi- 
tido á la posteridad para borrón y desdoro de las glorias 
del primer guerrero de su tiempo. Nos limitarémos.á 
decir que, después que bajo pretexto de libertar á Por- 
tugal de la opresión inglesa, iotrodujo Napoleón sus 
huestes en España como amigo y para encaminarlas á 
aquel reino, en pleoa paz, con instrucciones suyas y viles 
asechanzas, se apoderaron sus generales de Pamplona; 
Barcelona y otras plazas fronterizas. No era esta mas 
que la primera etapa en la marcha del plan que concibió 
su astucia. Su embajador y sus agentes en Madrid, pre- 
parando diestramente su realización, profundizaron cada 
dia más con sus intrigas la intestina división que ya 
existía entre el iluso Carlos lY, obstinado en proteger al 
principal objeto del odio nacional que era Godoy, y don 
Fernando, príncipe de Asturias, que al interés que inspi- 
raba á todas las clases altas y medias , contemplándole 
como el remedio futuro de sus males, unía la aversiou 
del mismo pueblo contra aquel favorito de sus padres. 

inglés coa Teinte mil hombres de ropa, pensarla entonces so gabinete 

desembarco, se preparaban k atacar en un objeto de on interés para él 

k la Sabana é i nf adir la isla. JÜZ' tao secundarlo. El oflclo de aquel 

guese sí, preocupando á la Inglaterra ministro se halla en el archivo de la 

entonces tanto las victorias de Na* capitanía general de Cuba, 
poleon y los grandes sucesos de Eu- 



378 HISTORIA 

Los agentes y partidarios de este príncipe coocitaroa 
contra Godoy el furor de la plebe y de las tropas acan- 
tonadas en Aranjoez, y el 19 de marzo de 4 808 el blando 
Carlos IV tuvo que abdicar en su hijo la corona , entre 
el estruendo de un tumulto en que estuvo á pique de 
perder la vida el mismo príncipe de la Paz contra el cual 
habia estallado. El de Asturias fué proclamado rey de 
España y de las Indias con el nombre de Fernando YII, 
mientras que Napoleón, aparentando vivo anhelo de res- 
tablecer- la unión en la familia real de España, ordenaba 
á.su cuñado Murat, gran duque de Berg, que ocupase á 
Madrid con numerosas y aguerridas fuerzas; y luego 
atraia á Bayona á ios principes españoles bajo el pre- 
texto de reconciliarlos con su personal mediación y pro- 
digándoles ofertas lisonjeras. El mismo Fernando» ó por 
creer en la sinceridad de un potentado que nunca unió 
esa virtud ¿ sus otras cualidades, ó por evitar otros na- 
blados, siguió las huellas de sus padres hasta aquella 
población francesa que sirvió pronto de escena á su hu- 
millación y al inicuo despojo de su cetro. Con aquel acto 
de deslealtad injustificable, Bonaparte cometió entonces 
un error que también le costó á él después el suyo. 
Obrando con mas meditación, la historia nuestra ha-* 
bríale demostrado que no era pueblo el español que pu- 
diese resignarse á ser tratado por ningún poder extran- 
jero, como el alemán» el holandés y el italiano. 

Los mismos instintos de su independencia le revelaron 
la verdad de las tramas del Emperador francés mas pronto 
que á sus príncipes. En la corte» domina(|a por Murat y 
cuarenta mil franceses, no quedaban ya mas individuos 
de la familia real que el adolescente infante D. Francisco 
de Paula y su hermana la reina de Etruria^ recien des- 



DE LA ISLA DE CUBA, 379 

pojada por Bonaparte de la misma monarquía improvi- 
sada años atrás para indemnizar de otro despojo á so ma- 
rido. Esperábanles el 2 de mayo sus coches én los atrios 
de palacio para conducirlos al cautiverio decretado contra 
toda su dinastía. La evidente tristeza de sus rostros al em- 
prender un viaje tan violento y aun las lágrimas del jo- 
ven principe indignaron á la muchedumbre espectadora^ 
que se abalanzó á librarle. Sin que la guardia, ni una nu- 
merosa escolta contuviesen losímpetus de su ira, un dé* 
bil paisanaje acometió á la tropa extranjera con heroísmo. 

Apenas se contaban en Madrid tres mil soldados espa- 
ñoles diseminados en los cuarteles, y en ellos engañados 
y retenidos por las autoridades militares para que no se 
reuniesen al movimiento allí iniciado por el solo pueblo. 
Solo contados oficiales y algún piquete de artilleros ocu- 
paban el parque. Pero en aquella jornada de recuerdo 
eterno D. Luis Daoiz y D. Pedro Velarde, capitanes de 
tan noble cuerpo, y el teniente habanero D« Rafael Aran- 
go, lanzaron con generosa temeridad el primer guante de 
una nación abandonada, pero indómita, sobre la frente 
dej mayor poder del siglo. Murieron en lid tan desigual 
para perpetuar sus nombres en la gratitud de sns con- 
ciudadanos aquellos dos primeros oficiales; y si para la 
posteridad no aparece el de Araogo unido al suyo fué 
porque no logró morir como ellos. 

Poco fué para los franceses sofocar con el peso de sus 
cohortes aquel primer destello de la indignación de un 
pueblo inconquistable. Por todos los ángulos de España 
resonaron á la vez , cual chispa eléctrica , unánimes 
clamores de independencia , apellidando á guerra con- 
tra Bonaparte y sus legiones, confirmando la proclama- 
ción del nuevo rey Fernando en todas las provincias. 



38U HISTORIA. 

Para dirigir ese ¡egíiimo y homogéneo alzamieoto contra 
la opresíoo extranjera , iuprovisironse en todas sus capi- 
tales juntas compuestas de ios sujetos mas notables por 
su crédito ó su cuna, admirando que antes de que les 
permitiesen el tiempo y la distaucia combinar sus esfuer- 
zos y contar unas con otras, todas las ciudades que do 
se hallaban ocupadas por las armas francesas, se exal- 
taran en un instante mismo por un mismo sentimiento» 
enarbolasen una misma bandera y proclamasen un mismo 
nombre. '(cCk)mo sí un meditado acuerdo, dice el conde 
de Toreno en su preciosja relación de aquel levanta- 
miento , como sí una suprema inteligencia hubiese go- 
l)ernado y dirigido tan gloriosa determinación, se levan- 
taron casi en un mismo día sin que tuviesen muchas 
noticias de la insurrección de las otras.» 

Era Sevilla la población de mas cuenta entre las que 
se hallaban libres de bayonetas extranjeras y contaba 
en su territorio con la mayor parte de las nacionales, 
que la previsora astucia de Napoleón no hubiese extraído 
fuera de la Península. En su recinto se formó una Junta 
que apareció ser como el centro de las otras, asi por el 
mayor viso de sus miembros como por la superioridad 
de sus recursos y elementos. 

Entretanto Someruelos, ignorando aun tan inesperada 
revolución en la metrópoli é irritado con las recientes pi- 
raterías de los ingleses por Jaruco, Bahía-honda y Canasi, 
se esforzaba en reanimar el espíritu de los pueblos co- 
marcanos de las costas para que repeliesen las agresiones 
de los que suponía que fuesen aun nuestros solos ene- 
migos. Seguía el marqués en ia mejor correspondencia 
con el general Ferrand, que mas de una vez había debido 
á la oportunidad de sus auxilios pecuniarios conservar 



L 



DE LA ISLA DB CUBA. 38 f 

bajo el peodoQ francés la antigua parte española de 
Sanio Domingo. Inexplicable fué, pues, su f^orpresa y la 
de la Habana entera, coando eM7 de julio saltó en tierra 
D. Juan de Aguilar.Amal, que» nombrado intendente de 
Cuba desde 12 de enero anterior, tan tarde se presentó 
á ocupar su puesto, y enteró al capitán general de los in- 
esperados y gravísimos acontecimientos de la Península, 
entregándole cartas, periódicos y documentos que Iqs 
confirmaban. Con toda serenidad y reflexión , Someroe- 
los para fijar non mas acierto su línea de conducta, en- 
tre tan sorprendentes novedades, sobreponiéndose á sus 
consecuencias , apresuradamente convocó á su gabinete 
al general Villavicencio, al obispo Espada^ á los aseso- 
res de gobierno y al teniente Rey brigadier D. Francisco 
Montalvo, que por haber muerto meses atrás de hidro- 
pesía el conde de Jaruco, también desempeñaba entonces 
los cargos de subinspector de las tropas y segundo cabo. 

A pesar de la reserva con que se manejó el nuevo in- 
tendente , los demás pasajeros del buque en que vino, 
propagaron instantáneamente las novedades de España, y 
cuantas personas por su clase tenian acceso ordinario en 
el palacio, acudieron á saberlas mejor y á esperar en las 
salas y galerías la resolución de las autoridades, mien- 
tras numerosas turbas de un pueblo tan desasosegado á !a 
sazón como sus proceres, se agrupaban también con igual 
fin por los atrios, las escaleras y aun los corredores. 

Fueron los primeros acuerdos de aquella conferencia 
la proclamación de Fernando Vil en toda la isla y de las 
hostilidades contra los franceses ^, una ardiente alocución, 

> Véase la proclama dirigida en bisarros habitantes de la isla de 
27 de enero de 1808 por Someruelos Cuba.» Un ejemplar impresoestá en 
«á los muy fieles, muy animosos y la colección del Auior. 



388 HlSTOiUA 

exdiando la generosidad de los habitantes para que se 
apresurasen á socorrer con donativos é la metrópoli in- 
vadida y despachar los mas prontos avisos de las ocur- 
rencias de España á Yeracruz , Cartagena , San Agustín 
de la Florida y otros puertos de la América central. 
Cuando supo el público que ardía en el corazón de aque- 
llos funcionarios el mismo patriotismo que en la madre 
patria había de realizar tantos prodigios, unísonos, estre- 
pitosos clamores de entusiasmo resonaron de repente asi 
en aquel recinto como en la plaza de armas y vecinos 
sitios que inundaba el pueblo. Victoreábase con alborozo 
al nuevo Soberano, á la Junta de Sevilla y á Someruelos, 
alternando con tan leales gritos anatemas contra el que 
intentase con perfidias y traiciones sujetar una nación que 
mantenía aun muy recientes los recuerdos de su superio- 
ridad sobre los otros pueblos para resignarse al dominio 
de ninguno. 

Después de aquellos acuerdos primordiales de la Junta, 
en que los sentimientos de los concurrentes se manifesta- 
ron unánimes é iguales, otras sesiones siguieron celebrán- 
dose en que los pareceres disintieron j como el mismo 
Someruelos nos lo explica en las explicaciones que meses 
después comunicó á la Junta central sobre su conducta ^. 

tComo al mismo tiempo que se esparcieron por la Ha- 
bana los impresos de la suprema Junta de Sevilla, se es- 
parcieron también tas proclamas de otras juntas supre- 
mas y subalternas, hubo algunas personas qué creyeron 
seria conveniente en e^ta isla una junta de gobierno que 
uniformase los diferentes ramos que hay en ella, cada 
uno con su jefe respectivo é independientes los unos de 

• Véase eo el Apéndice el nüm. 1/ 



DE LA ISLA DE CUBA. 383 

los Oíros, Decesiiándose grandes reformas por lo que res- 
pecta á los crecidos gastos que ocasionao los de hacienda, 
superintendencia de tabacos y marina. Yo era de parecer 
de que convenia esta junta; pues siendo el responsab e 
de la tranquilidad de la isla, y conociendo las graves 
dudas que podrían ocurrir en muchos casos, me parecía 
lo mas conforme que estas se decidiesen por la junta, 
quedando al cuidado del jefe de cada ramo lo corriente 
y trivial del suyo con la facultad que por su mismo em- 
pleo tiene. Muchos que no opinaban por la junta, aun* 
que todos unánimes en que fuese el jefe de la isla su 
actual capitán general; y opuestos todos aquellos que 
conocían que, si se llegase á establecer la junta, habian de 
reformarse desde luego los exorbitantes gastos que hay 
en sus ramos, eran los que más hablaban contra el esta- 
blecimiento de ella ; suponiendo que esto era suscitado 
por algunos pocos que, decian ellos, querían mandar. 
Con esta variedad de opiniones se conmovieron los ánimos 
de algunos díscolos y creyeron ser ocasión oportuna para 
desfogar sus resentimientos particulares contra algunos 
empleados visibles, celosos en el desempeño de sus en- 
cargos y hombres de bien como ciudadanos.» 

La única disculpa que abogase luego por Arango que 
lo concibió y por Sómeruelos que le apojó en el pensa- 
miento de tal junta, era la inexperiencia en que aun se 
estaba de lo funestas que habian de ser muy pronto en 
América corporaciones semejantes. En muchas provin- 
cias de Ultramar con iguales caQsas que en la Habana 
las estableció en las capitales un puro pero indiscreto 
patriotismo, tolerando sus gobernadores la gradual extra- 
limitación de facultades que se fueron abrogando tan ex- 
traños cuerpos, para que después los convirtiese la trai- 



38 4 HISTORIA 

cioQ eo los iostrumeolos mejores de sus miras. Demostré 
después el tiempo que lo que había servido de salvaciou 
eo la metrópoli había de arrastiar á las posesiones ultra- 
marinas al abismo. Hasta ese punto se difereociabao oon 
las de su madre patria sus condiciones de ser, de situa- 
ción y estado. 

No llegó á manifestarse oficialmente aquella idea por 
su autor sino en la conferencia de palacio por la noche 
del 27 de julio, aunque pronto se la penetraron ^ los que 
pensaban de distinto modo y por lo mismo se apresura- 
ron á frustrársela. Eran esos los más y los de mayor 
cuenta figurando entre ellos en primera linea el teniente 
general D. Juan Villa vicencio, D. Rafael Roubaud, que 
después de relevado por Aguilar en la intendencia conti- 
nuaba á la cabeza de la factoría, D. Nicolás Barreto^ y 



' Gomo nadie puso entonces en 
duda su fidelidad, porqae aan no se 
habían conocido prácticamente las 
consecaencias de esas juntas inde- 
pendientes en América, Arango, no 
siendo atacado, no necesitó Justificar 
la iniciativa que tomó para que se 
formase la Junta de la Habana antes 
de saberse que toda la Península se 
habia sometido á la autoridad de la 
de ScTÜla, convertida después en la 
central del reino. Pero luego que se 
Tió partir de aquellos centros en va- 
rias provincias de Ultramar la sa- 
blevacion que las iba á separar de 
su metrópoli, se interpretó sinies- 
tramente aquel paso de Arango, en 
muchas conversaciones y hasta en 
alusiones escritas que, en 1821 le 
obligaron á exnlicar sus intenciones 
y conducta en aquel incidente de 
julio dü 1808 publicando un mani- 
fiesto. No se justificó, sin embargo. 



con toda la prndeocia necesaria; 
soltó especies que lastimaron á los 
que se habían opuesto á su proyec- 
to, y díó lugar á que en un folleto 
de treinta y una i>ftginas que se im- 
primió en aquel mismo año en la 
oficina liberal de Campe, y se repar- 
tió gratuitamente en la Habana, du- 
siera en claro dos hechos irrefutables 
á saber : que con las mejores inten- 
ciones, Arango habia sido el Inspi- 
rador del pensamiento, y que hablan 
obrado con acierto los que hablan 
impedido su realización. Véase la 
tcontestacion al manifiesto que ha 
dado el Excmo. Sr. D. Francisco do 
Arango sobre la Junta proyectada en 
la Habana en julio de 1808.» 

* Véase la nota de la página Sil, 
tomo I, Dice, Geog. EH. Wtt. d$ta 
isla dé Cuba por al Autor, sobre los 
condes de Gasa-Bárreto. 



DE LA ISLA DE CUBA. 386 

Oíros regidores, y con mochos militares el brigadier Moo- 
talvo. Al escachar estos por primera vez aquella especie, 
Montalvo interrumpió á Arango en su lectura y, descar- 
gando una puñada sobre la mesa de la cooferencia, pro- 
testó que no se instalaría junta suprema ni provincia! 
mientras él ciñese espada y estuviese vivo. Con mejores 
argumentos y no menos ardor se mostró Bárrelo, obte- 
niendo su dictamen los sufragios de la gran mayoría de los 
concurrentes. Ni libertad dejaron á Arango para que ex- 
plicase los motivos de su proposición, porque ya sabian 
que el mas fundado solo dimanaba de un punto de amor 
propio provincial que se fijaba en no subordinar la isla á 
la autoridad de ninguna junta peninsular, á la que no 
reconociesen todas las demás de España por cabeza y 
centro directivo. Pero un mero error de juicio no autorizó 
nunca á Jos émulos de Arango á recriminaciones desfa- 
vorables á su rectitud y patriotismo que mas de una vez 
le fueron prodigadas. 

Eran harto serios ios acontecimientos de España para 
que se aplacara la pública ansiedad, cuando aun no 
existia allí on centro directivo de gobierno á quien obe- 
decer, hallándose la nave del Estado sin timón, cautivo 
el rey, con toda la familia real en poder del extranjero; 
sabiéndose que doscientos' mil franceses dominaban en 
Madrid, Lisboa, Barcelona y muchas plazas fuertes; que 
para contenerlos no quedaban ni veinte mil soldados es- 
panoles en el reino, habiendo con previsores artificios 
extraído de so suelo Bonaparle desde el año anterior 
otros veinte mil para reforzar sus tropas junto al Báltico 
y otros tantos ó más para invadir con Junot á Portugal. 

Prolongáronse desde la llegada de Aguilar dudas crue- 
les con el aislamiento en que se vivía en la Habana enton- 

HIST. Dfi COBA. — TOUO HJ.— 25 



380 HISTORIA 

oes, sio buques nacionales ni aun norteramericanos que 
arribasen, y bloqueado aun el mar por los ingleses. Dia- 
riamente y por espacio de muchas horas aglomerábanse 
en la plaza de Armas , en el muelle y aun en la casa de 
gobierno, grupos solícitos de averiguar lo que ni Some- 
roelos ni nadie podia decirles, ¡;)orque siendo comunes 
á unos y otros la incomunicación y la distancia, todos 
igualmente ignoraban lo que seguía ocurriendo «en la 
metrópoli. Los más la juzgaban dominada por las nume- 
rosas legiones invasoras ; y aun los menos conocedores 
del carácter nacional hasta creían que de una gran po- 
tencia independíente hubiese descendido á la humillante 
condición de provincia francesa. 

Felizmente y para disipar augurios é inquietudes, 
el 27 de setiembre llegó una nueva tan grata como in- 
esperada, con el navio San Justo mandado por el mar* 
qués del Real Tesoro con órdenes de la Junta de Sevilla 
que acabaron de fijar la línea de conducta de Someruelos. 
La novedad era que todo el ejército francés destacado á 
Andalucía, babiá sido vencido y hecho prisionero en los 
campos de Bailen por las bandas de paisanaje y las es- 
casas tropas del teniente general D. Francisco Javier 
Castaños, hermano materno de aquel D. Luis de las Casas 
tan temprano muerto al principiar el siglo, aunque de- 
jando en Cuba vivo nombre. 

Ocioso fuera describir las fiestas y los regocijos con 
que celebró la Habana- un triunfo que restituyó el patrio 
entusiasmo aun á los que hasta la fé tenían perdida. 
A imitación de Someruelos» que á tan noble objeto des- 
tinó desde luego una parte de su sueldo y honorarios, 
los militares, los empleados de todas las carreras, todos 
desde el rico propietario hasta el de peculio mas modes- 



:j 



DE LA ISLA DE CUBA. 387 

to'se apresararoo á socorrer á la metrópoli, imponíéD- 
dose Id obiigacioD de contribuir á su defensa uDos con 
sumas semanales ó anuales y con frutos los que no tenían 
dinero ; y obligándose otros á abonar su estipendio du- 
rante la guerra á un número de combatientes propor- 
cionado á sus recursos. 

Pero no bastaba que se restableciese la confianza con 
la noticia de la victoria de Bailen y de la evacuación de 
Madrid por los franceses y que estuviese el capitán ge- 
neral decidido á obedecer á la Junta de Sevilla. Conti- 
Duaba un germen de desunión y de recelo entre otros 
funcionarios y notables de ma\or influencia pública, 
mientras no acabase de constituirse en España un centro 
de gobierno mas autorizado que el de aquella corpora- 
ción y á cuya dirección se subordinaran tanto las provin- 
cias peninsulares como las ultramarinas. 

El mismo Someruelos nos bosqueja veraz é imparcial- 
mente el cuadro de los conflictos de este tiempo en la 
comunicación justificativa de sus actos, que luego dirigió 
á la Junta central en 1.^ de noviembre, cuando consti- 
tuida con el carácter de suprema habían cesado ya todas 
las dudas ^^. 

Obligados los ejércitos franceses á replegarse sobre 
el Ebro por la destrucción del de Bailen, la retirada del 
mariscal Moncey desde Valencia y la capitulación del 
ejército francés en Portugal, empezó á salir la nación 
de su sorpresa, á organizar su defensa y formar aquel 
centro de acción y de gobierno. Proclamado nueva y 

> Véanse los diarios de lu Habana Sevilla, refiriéndole los servicios de 

y de Cádiz de esta época. Arango é llincbei», y las inlrigas de 

'• Véase la exposición que dirigió Roubaud.— Archivo de la capitanía 

luego en 1.° de noviembre de 1808 general. — Apéndice número 1 de 

Someruelos á la Suprema Junta de este tomo. 



388 HISTORIA 

solemneiDente Fernando Vil eo Madrid á fio de agosto^ 
pudieron acudir á la corte diputados con poderes de las 
juntas de todas las provincias, y con sufragios tan legíti* 
mes se formó la Suprema Junta central y gobernativa de 
España y de las Indias» que se instaló en el palacio de 
Aranjuez el 25 de setiembre. 

Desde el destierro á dond^ la preponderancia de Godoy 
le había lanzado, vino á presidirla el famoso conde de 
Floridablanca «que á los ochenta años, dice Toreno, con- 
servaba despejada su razón y bastante fortaleza para sos- 
tener las máximas que \e habian guiado en su largo y 
señalado ministerio; y era su secretario D. Martin Garay^ 
economista aventajado.» Entre sus vocales, al principio 
veinte y cuatro y después más, resaltaron nombres tan 
dignos de la pública confianza como los del sabio y vir- 
tuoso español D. Gaspar de Jovellanos, del activo y en- 
tendido bailiq D. Antonio Valdés, del Príocipe Pío y de 
los condes de la Condamina, de AUamira y de Tilly , per- 
teneciendo también á tan ilustre Junta D. Francisco Ja* 
vier Caro Torquemada, catedrático de Salamanca y na* 
tural de Santo Domingo, como para llevar la voz en ella 
en lo relativo al gobierno ultramarino. 

La nueva de la formación de la Central no se recibió 
de oficio " en la Habana hasta el 9 de diciembre, y para 
los amantes del orden fué tan celebrada como la de 



>* El bergantín Nuevo Emperador 
salido de Sanlúcar en 3 de octubre 
de 1808 Uegó á la Habana en la tar- 
de de 9 de diciembre con la noticia 
de la instalación de la Junta central 
del gobierno del reino con la sobe- 
ranía correspondiente al rey, por su 
ausencia desde el 25 de setiembre, 
y con ejemplares de su primer ma- 



nifiesto. Esia noticia se celebró en 
aquel puerto con muestras de rego- 
cijo general y sal?as de artillería. 
Las casas se aiornaban con colga- 
duras, y hubo iluminación general 
aquella noche —Véase el periódico 
La Aurora (de la Habana) del miér- 
coles 14 de diciembre ds 180S. 



DE LA ISLA DE CUBA. 3S9 

Bailen. Gobernados y gobernadores lenian ja un poder 
legítinao en representación de la Corona á quien sujetarse 
sin escrúpulo, ni duda ; quedaban fijados sus deberes res- 
pectivos y en armonía con sus deseos. Acabóse de colmar 
la pública alegría al saberse por el mismo tiempo, que 
la marina inglesa que había amedrentado á Cuba tantos 
años y seguía siendo dueña de sus aguas, se declaraba 
entonces principal protectora de sus costas , como lo era 
de la insurrección nacional en la Península. Entre tan 
cabal unanimidad de patrióticos sentimientos apenas 
fueron leídos, antes de ser todos entregados á la Autori- 
dad, algunos ejemplares introducidos en la Habana y en 
Santiago de la constitución que el llamado rey José Bo- 
naparte habia promulgado en Bayona de orden de su 
hermano y por inspiración de algunos españoles que solo 
descubrían en la dependencia del imperio francés la cu- 
ración de los males de su patria, ó quienes como á Azanza, 
D. Gonzalo O'Farrill y al marqués de Gasa -Calvo solo 
sus compromisos personales les habian arrastrado ¿ sus- 
cribirla. 

Como el mas vecino, el instigador mas oficioso para 
inducir á las autoridades de Cuba á la traición fué el ge- 
neral Ferrand que continuaba gobernando en la antigua 
parte española de Santo Domingo, preservada del do- 
minio de los negros por su destreza, por su valor y por 
su tino en llamar y proteger á porción de españole<« 
emigrados á quienes reintegró en sus propiedades. 
Gomo gobernador de un territorio aliado y protector de 
los antiguos subditos de España que allí residían, habia 
seguido con el capitán generai de Cuba una correspon- 
dencia sincera y leal. Al saber Ferrand la abdicación 
<le Garlos IV en Bayona , desentendiéndose de que fué 



390 HISTORIA 

forzada^ creyó cumplir cod uo deber excilaodo á So- 
meruelos á recoaocer al iotroso rey José. Pero Some- 
ruelos también supo cumplir el suyo como español, ase- 
sorándose en este asunto , como en todos los demás de 
una época tan fecunda en accidentes críticos y nuevos, 
no solo de Ilincbeta ^ sino de D. Luis Chaves Mendoza y 
D. José Antonio Ramos, regente el primero y ministro 
el segundo de la Audiencia de Puerto Príncipe, apresu- 
radamente llamados de ese punto á la Habana para acon- 
sejar al gobierno en sus resoluciones. Quemáronse en 
públito aquellos ejemplares por mano del verdugo. Se 
convirtieron en hostilidades las comunicaciones anterior- 
mente amistosas con los franceses de Santo Domingo; y 
se abstuvo el gobernador de Santiago de Cuba de conti- 
nuar franqueando cartas de vecindad y naturaleza á los 
de aquella procedencia. 

P^ro en su propio territorio esperaba á Ferrand harta 
tarea para que pudiese ocuparse del ajeno. Santo Do- 
mingo iba á dar un ejempio en la historia sin segundo, 
del entusiasmo que la sangre, las tradiciones y una le- 
gislación bien entendida pueden inspirar por su madre 
patria en las colonias» aun después de haber sido aban- 
donadas. Ferrand consideraba ya afianzado el poder 
francés en aquel suelo, menos por los refuerzos militares 
que habia recibido en la primavera de 1806, que por la 
afluencia de emigrados que regresaban á sus hogares 
con la garantía de sus juiciosas providencias. Mas no pudo 
calcular la sensación que inspiraría en aquellos hijos de 
españoles el rompimiento entre su antigua metrópoli y 
la nueva , á la cual se consideraban ligados solamente 
por forzosas circunstancias. Por mas que allí los sucesos 
de España cautelosamente se ocultasen , eran de harto 



DB LA ISLA DB CUBA. 391 

bulto para que aotes ó después do fuesen cooocidos. Los 
mismos franceses los hicieron públicos en cuanto fondeó 
en Santo Domingo una goleta , que con el carácter de 
parlamentaria, trasladó de Santiago de Cuba y de orden 
de Kindelan hasta aquel puerto á uu centenar de refu- 
giados que repugnaban depender de una potencia ya 
declarada en guerra con la suya. 

Dn antiguo jefe de milicias y hacendado de Santiago 
de los Caballeros, D. Juan Sánchez Ramírez, después de 
concertarse con cuantos pudieron secundarle en tan audaz 
empresa , enarboló bandera en aquel pueblo por España 
y su nuevo soberano*^. No corresponde á esta obra refe- 
rir las vicisitudes de la breve y prodigiosa lucha en que 
algunos cenlenares de patriotas, sin mas auxilios que al- 
gún armamento y algunas municiones enviadas con opor- 
tunidad de Cuba y Puerto-Rico, sucesivamente extermi- 
naron á los destacamentos siempre superiores en número 
y disciplina que envió Ferraud á combatirles. El mismo, 
poniéndose al frente de mil quinientos veteranos, salió al 
encuentro de Sánchez Ramirez, que con menos de la mi- 
tad de combatientes, le embistió con su habitual denuedo 
en la sierra llamada de Palo-Hincado, donde los que re-- 
cordaban muchas victorias con orgullo, después de un 
breve choque, fueron lanceados y vencidos por aquellos 
campesinos valerosos. Ferrand prefirió suicidarse á re- 
gresar á su capital con la ignominia de una derrota tan 
inesperada como vergonzosa; y su vencedor» cuyas fuer- 
zas crecieron rápidamente después de aquel triunfo decl- 



'> Eu 26 de noviembre de 1808 franceses. En la colección del Autor 

notició Kindelan á Someruelos la se halla una detallada noticia de le- 

soblevaclon de los palrlotas españo- tra coetánea y sin Orma sobre ei 

les de Santo Domingo contra los mismo suceso. 



&92 HISTORIA 

SÍVO9 DO .lardó en cincunvalarla por lierra. AuxíliéroDle 
luego algunos buques de guerra ingleses y españoles; y 
con la rendición de aquella plaza que volvió á tremolar la 
bandera de Castilla el 11 de julio de 1809, otra vez mas y 
para siempre acabó de perder la Francia en aquella isla su 
dominio. Sánchez Ramírez , promovido á Brigadier por 
sus hazañas, no menos merecidamente fué elegido capitán 
general de una provincia , que su genio y amor patrio 
habian devuelto á España. Los almacenes de la Habana le 
facilitaron todo el material de guerra necesario para re- 
poner aquellos puestos en buen pié de defensa, apresurán- 
dose también Someruelos á restituir á Santo Domingo los 
abultados y curiosos archivos del mas antiguo gobierno 
de las Indias. Pe4*o permaneció la audiencia en Puerto- 
Principe; y en lugar de volver á depender Cuba de la 
Española en los ramos de justicia , la Española fué la que 
dependió en ellos de Cuba mientras conservó aquel 
nombre. 

Desde fines de 1 807 habia dispuesto el gobierno de 
Carlos IV, ya receloso de las miras de Napoleón con res- 
pecto á España y sus dominios, que de los de Ultramar 
salieran sin excusa cuantos agentes extranjeros residieran 
eo los puertos. En esta determinación se hallaban com- 
prendidos los franceses emigrados que no hubiesen solici- 
tado ó recibido partas de residencia ó de naturalización en 
Cuba, y de este número hubo algunos en Santiago áquie-. 
nes hizo salir para Santo Domingo Eindelan como dijimos. 
Del mismo modo expulsó Someruelos de la Habana á ios 
señores Minutes y Caslet, agentes de Ferrand y algunos 
otros. Pero no podia con justicia aplicarse esa medida á 
ios que, victimas de los horrores de la vecina isla, se ha- 
bian avecindado en la de Cuba arraigándose en ella con 



DB LA ISLA DE CUBA. 393 

SUS adquisiciones y su ioduslria y auo con las compe- 
iODles cédulas de naturaleza en los años auleriores. Al sa- 
Ijer aquel general un rompimiento tan justo y tan nacional 
como el de España con ia Francia suspendió, como era 
natural, esas concesiones de cédulas ^ derogando las fa- 
cultades anteriormente concedidas á sus autoridades 
subalternas para permitir que residiesen en sus distritos 
respectivos los franceses que careciesen de tal preroga- 
tiva; y luego la Suprema Junta central en comunicación 
de 18 de febrero de 4809 aprobó y sancionó e^a provi- 
dencia. 

Se oponían la razón y la política á que permaneciese 
en un país poco poblado todavía una masa de indivi- 
duos que, acostumbrados á otras leyes y con doctrinas 
muy diferentes de las españolas, aprovecharía toda oca- 
sión de alzar en Cuba bandera por su patria. Además re- 
cordaba^' Someruelos, que desde su entrada en el go- 
bierno en el verano de 1799 y en la misma Habana ha- 
bían conspirado con aquel fin varios franceses. Aquel 
proyecto , muy temerario cuando era la Francia aliada 
de la España, podría reproducirse y realizarle ahora es- 
tando en guerra los dos pueblos, y siendo el número de 
franceses mucho mayor que en aquella época. 

Pero si la expulsión de los no naturalizados era 
tan provechosa como imprescindible, fuera á toda luz 
injusta la de los refugiados, que fecundando con su apa- 
cible y laboriosa vida el suelo donde bailaron hospitalidad 
y remedio á sus desgracias, habían obtenido con sus 

>' Eo la colección del Autor existe de Hogaes. Entre jefes, oficiales y 

una copla firmada en la Habana en toI ontarios se componía de 350 fran- 

4 de abril de 1790 de Qoa listado los eeses que habla en la ciudad con 

jefes y oficiales de la legión repu- niios motiTOS ó con otros. Sus pro- 

bllcana de la Habana, por2lisgogles pósitos nunca pasaron & hechos. 



394 HISTORIA 

cartas de naturaleza ¡guales derechos que los españoles. 
Así, pues, aunque su origen fuera el mismo que el de los 
otros emigrados, habían dejado de serlo desde que los 
protegieron títulos sagrados. Sus cartas de naturalizacioD, 
como vecinos, y sus propiedades como garantías de su 
conducta y sumisión á las lejes del país en que se habian 
establecido, derechos claros eran para que no se conrun- 
diesen los refugiados que debian salir con los que podían 
permanecer. 

Asesorado por el juicioso Ilincbeta y dos magistrados 
de la audiencia, no discurrió Someruejos mejor medio 
para que la distinción entre unos y otros se hiciese sin 
errores ni iojusticias, que crearé instalar en cada cabeza 
de distrito una junta que se llamó de Vigilancia, y se com- 
puso con el perso'ial de las autoridades y justicias ordi- 
narias. 

Pero para trastornar el cumplimiento de lo que se iba 
concertando sobre un personal tan numeroso • sobrevi- 
nieron acontecimientos, que por lo muy naturales y pre* 
vistos, no parecieron sorprendentes en pueblos españoles 
indignados contra el nombre francés en ambos hemisfe- 
rios. Cuando los menos pensadores consideraban asegu- 
rada la independencia nacional con el triunfo de Bailen 
y la llegada á España de las huestes auxiliares inglesas 
que acaudillaba Sir John Moore, volaba el altivo Bonaparte 
desde el Norte de Europa á vebgar el primer ultraje hecho 
á sus armas, aglomerando con rapidez imponentes refuer- 
zos sobre la Península. Para oponerse á sus gigantescas 
masas no bastaba que la pasajera retirada hacia el Ebro de 
su hermano José diera tiempo á la Central para allegar y 
armar hombres, porque no lo tuvo para organizar tropas 
ni formar soldados. Natural fué, pues, que las legiones 



DE LA ISLA DE CUBA. 395 

veteranas y guiadas por capitán tao consumado como el 
emperador de los franceses, vencieran en Tudela al bU 
seño paisanaje que el vencedor de Bailen opuso á aquel 
torrente, y á las escasas fuerzas que en su aproximación 
á la corte le esperaron con valor en Somosierra. Madrid 
abierto, sin defensas, sin guarnición ni resistencia orga- 
nizada» capituló por no ser destruido ; y la Central se re^- 
fugió en Sevilla para trasladarse luego que se erigió en 
regencia á Cádiz. 

La expulsión de los refugiados^* franceses que carecían 

de cartas de naturalización para legitimar su permanen- 
cia, se iba efectuando por Santiago y toda la isla con una 
lentitud, originada por la benignidad y los miramientos 
de Kindelan y otras autoridades^ miramientos ya impolí- 
ticos, cuando al mediar marzo de 18U9 andaban exaspe- 
radas las cabezas con la nueva de la capitulación de Ma- 
drid y del dominio pasajero de los ejércitos de Napoleón 
en todo lo interior de España. 

En la Habana, á las (res de la tarde del 21 de aquel mes, 
pasaron por la puerla de tierra dos franceses á caballo 
que venian del campo á sus quehaceres. Detenidos alli 



<* Aconsecaeaciadel romiiiiBíen- 
to con la Francia, machos franceses 
residentes eo Santiago solicitaron 
licencia para trasladarse á la ciudad 
de Santo Domingo, conserTada aun 
bajo la obedienc'a de su metrópoli 
por el general Ferrand. ti goberna-* 
dor Kiodelan los envió á ese destino 
en im buque español con un atento 
ofició. Como el buque en que iban 
los emigrados llevaba el carácter 
de parlamentario por dirigirse á un 
puerto de uua nación enemiga, el 
general Ferrand halló pretexto en un 



caso tan naturul para entablar cor- 
respondencia en que procuró que- 
brantar la fidelidad del funcionario 
español , demostrándole que no se 
bahía podido declarar la guerra á la 
Francia por la España «sin previa 
autorización de su legitimo sobera- 
no.» Kindelan contestó dignamente 
á las insinuaciones del francés. Pue- 
de leerse sobre este incidente )o 
que publicó el periódico Aurora en 
14 de diciembre de 1808. Un número 
de este día está en la colección del 
Autor. 



396 HISTORIA 

por el o6cial que mandaba la guardia de aquel puesto, 
igoórase por qué motivo los hizo conducir á palacio con al- 
gunos ordenanzas. Los transeúntes, casi todos muchachos y 
gentes de color, creyendo que iban presos , comenzaron á 
seguirlos é insultarlos con voces de «á ese Napoleón, á ese 
francés.» Hubo malas palabras y pedradas. Agrupóse casi 
instantáneamente el populacho en muchos sitios públicos, 
y no faltaron perversas sugestiones que lo dirigieran á 
saquear algunas casas donde habia franceses. Seis fueron 
las que sufrieron esa suerte; pero sin que se deplorasen 
mas asesinatos que el de un platero que, por defender su 
propiedad, hirió á uno de sus agresores y fué cosido por 
los demás á puñaladas. Ocurrieron con tal rapidez esos 
desmanes que ya estaban perpetrados coando llegó á 
oidos de Someruelos el primer rumor del alboroto. Mando 
poner á la guarnición sobre las armas, convocó al ayun- 
tamiento, y sin esperar á que llegase escolta ni á que se 
le uniese comitiva, salió al momento á la calle, disipán- 
dose los grupos á su voz y á las exhortaciones de los 
alcaldes y otras personas de respeto que al capitán ge- 
neral se acercaron en su tránsito. Al anochecer todo 
quedaba tranquilo, pero en la apariencia. 

Recibió aviso el capitán general aquella misma noche 
de que se preparaban otros y mayores excesos para el 
dia siguiente. En efecto, desde la madrugada del 
veinte y dos aparecieron por el muelle y plaza de San 
Francisco numerosos grupos de gente de color y muchos 
marineros con palos y navajas. O porque no hubiese 
dado á esos avisos Someruelos qd crédiio completo, ó 
porque no combinase mejor sus precauciones, á aquella 
muchedumbre que por momentos se engrosaba á los 
gritos de «viva Fernando Vil y mueran los franceses» 



DE ISLA DE CUBA. 397 

dejóseia tiempo suficieole para cercar y allanar do 
pocas casas donde suponian encontrar algunos. Mas no 
logró cebarse el tumulto en una sola victima, aunque de 
los que buscaba hubiese muchos entre el vecindario, 
porque se apresuró á ampararlos la hidalguia habanera 
ocultándoles ó protegiéndoles sus huéspedes. Habríase 
evitado el movimiento desde que se advirtieron sus pri- 
meros síntomas, si se apresurase el Marqués á destacar 
patrullas por las calles de un pueblo acostumbrado á obe- 
decer á las autoridades y á la fuerza armada ; pero se 
apaciguó lodo así que fué empleado este medio* Resta- 
blecióse el sosiego en la ciudad, disipándose las turbas ins* 
tantáneamente á la sola voz del brigadier Montalvo, que 
se encargó de la pacificación en el recinto, y tampoco ne- 
cesitó valerse de la fuerza para tranquilizar á la población 
extramural el teniente Rey D. Manuel Artazo, á quien 
axiliaron con acierto y celo varios capitulares y notables. 
Siendo de recelar que se reprodujeran insultos y atro- 
pellos en los partidos de campo donde residían muchos 
franceses, se apresuró el capitán general á protegerlos, 
destacando por los mas inmediatos á la capital al teniente 
coronel D. Lúeas Alvarez con algunas compañías de mi- 
licias de caballería. Hacia S. Antonio de los Baños, en 
cuyo territorio residian en número considerable los do- 
minicanos fomentando cafetales por Alquiza y la Arte- 
misa, marchó también aceleradamente con alguna fuerza 
el teniente coronel D. Antonio María de Cárdenas, mar- 
qués de Cárdenas de Montehermoso, á quien incumbía el 
encargo menos como Señor y Justicia mayor de aquella 
villa que por las seguridades que dio de bien cumplirlo. 
No faltaron provocaciones ni invectivas, pero no hubo 
que deplorar un solo asesinato. 



398 HISTORIA 

CoDio eo la jurisdiccioD de Santiago de Cuba babia 
partidos exclusivamente poblados por franceses, era de 
recelar que no se ejecutase allí la expulsión sin mayores 
embarazos. Pasaban de veinte mil los refugiados en aquel 
deparlamedio, componiendo como la mitad de la pobla- 
ción blanca masculina. T por otra parte, su arzobispo 
Ozes Alzua, anteriormente sn mas decidido protector, 
mostrábase ahora su enemigo mas encarnizado, sin que 
en la ceguedad de su odio» inspirado por los aconteci- 
mientos de España y las perfidias de Bayona, distinguiese 
aquel prelado á los franceses que combatian contra los 
españoles de los que apaciblemente fecundaban tierras 
españolas. Casi todo el clero y algunos particulares se- 
guian las inspiraciones del arzobispo, que, después 
de mucho<i indirectos cargos contra la conducta hu- 
mana de Kindelan para quien aquellos refugiados no eran 
ya mas que pacíficos y útiles colonos, babia hasta 
aconsejado su exterminio en una pastoral de 16 del an- 
terior setiembre. Siguiéronse luego á las acriminacio- 
nes de la pastoral , pasquines injuriosos al goberna- 
dor, interpretando con malignidad hasta su origen ex- 
tranjero, cartas anónimas á Someruelos y á las autori- 
dades de la Habana acusándole hasta de traidor, y ta- 
pándose la calumnia detrás del mismo velo que ocultaba 
los nombres de sus forjadores. Se reprodujeron tanto las 
acusaciones, que aunque despreciables por su forma , se 
las comunicó Someruelos á la Audiencia que comisionó 
á su fiscal D. José Zelaya ^' para que pasase á averi- 
guar judicialmente en Santiago quiénes babian sido los 

*■ Véanse en la secretaria de la aumencia de Puerto-Prínc{p«, don 
eapitania general las instracciones José Tomás Zelaya, para desempe- 
qne se comanicaron al fiscal de la nar su comisión en Santiago. 



DE LA ISLA DE CUBA. 399 

autores de aquellos papeles. Después de mil iodagacio- 
nes iofructuosas, llegó Zelaya á sospechar que fuesen 
obra de mano muy exenta de su jurisdicción por la in- 
munidad y altura de su representación. Aquel magistrado^ 
como la audiencia y el capitán general, por evitar un es- 
cándalo aun mayor que lsi impunidad de aquel delito, 
acordaron no seguir adelante en los procedimientos á pe- 
sar del empeño de Kindelan en que se prosiguieran. 

Cumplió este con las providencias para la expulsión 
con la misma moderación y humanidad con que babian 
sido dictadas. I^s pasiones políticas de la época y la fer- 
mentación del espíritu público contra ellos la declararon 
indispensable por mas que fuese injusta. Pero por el nú- 
mero de individuos y la riqueza inmueble que se habia 
cobijado en aquel suelo era allí esa medida mas difícil. 
Menester fué concederles algún plazo para realizar lo 
que no podian llevarse, y permitir que los mas arraiga- 
dos, jurando fidelidad á España y su legítimo monarca 
y cambiando hasta de nombre, permaneciesen en el país 
como españoles adoptivos. Aun así, en el espacio de tres 
meses, solo de Santiago salieron para Nueva-Orleans y 
otras colonias mas de veinte mil franceses, de cuya en- 
tendida labor y de cuyos brazos quedaron huérfanos fér- 
tiles campos, vírgenes terrenos. Muchos evitaron grandes 
perjuicios sin embargo, simulando ventas de sus propie- 
dades á personas que supieron reservárselas hasta que 
cesó la causa de una expulsión tan perjudicial y lamen- 
table; mas no pocos cedieron á vil precio el fruto de al- 
gunos años de afanosa industria. Como los de la parte 
occidental, los franceses refugiados eñ la oriental tuvie- 
ron todos que ampararse en las fortalezas para evitar de- 
.nuestos y atropellos. 



400 fUSTOKIA 

Se embarcaroQ por expediciones separadas en buques 
norte-americanos ó neutrales á medida que podían fle- 
tarlos las autoridades. 

Propicio flanco para vulnerarlo creyeron descubrir 
Gómez Roubaud y algunos enemigos de Someruelos en 
la circunstancia dequeen la npche del 21 de marzo andu- 
viese mas remiso de lo necesario para precaver el tu- 
multo del 22. No calcularon que la misma facilidad con 
que habia sido disipado apenas sin desgracias, justificaba 
en lo esencial una lentitud dimanada de confianza en 
el prestigio de la autoridad y en la fuerza de sus medios. 
Tampoco reflexionó Roubaud que, siendo conocido su re- 
sentimiento contra el Marqués, porque se habia opuesto 
á sus manejos arbitrarios en la administración de la in- 
tendencia^ sus acusaciones contra él aparecerian apasio- 
nadas; y sin rebozo se constituyó desde aquel tiempo en 
censor y malicioso intérprete de todos sus actos, preci- 
samente cuando incurrían los suyos propios, como super* 
intendente de tabacos, en la reprobación y censura de la 
Junta central. Por su propia autoridad habia separado 
sin causa ni derecho de su puesto al administrador de la 
factoría, llegando luego á traspasar sus facultades hasta 
crear una secretaría para aquella dependencia. Fué des- 
pués repuesto en su destino por la Junta central el ad- 
ministrador que aquel destituyó, y la sana de Roubaud 
contra aquel general creció de punto cuando por pro- 
videncia de 1 / de octubre de 4 809 le exoneró á él del 
suyo el Gobierno supremo, sujetándolo á cuentas y pes- 
quisas. No discurría el airado funcionario que proce- 
diese esa medida de sus desaciertos, sino de los infor- 
mes del Marqués, mayormente al reemplazarle en la 
superintendencia de tabacos con el encargo de reor- 



DE LA ISLA DE CUBA. 



404 



gaaizarla su coosejero predilecto D. Francisco Araogo. 

G)D la separación de Roobaud coincidió el relevo de 
D. Juan Villaviceucio ^* en el gobierno del apostadero 
por el teniente general D. Ignacio María de Álava» uno 
de los adalides que con su valor y con su sangre más 
babian ennoblecido el glorioso desastre de la marina es- 
pañola en Trafalgar. Pero ni porque se ausentara de la 
Habana su caloroso prolector Yillavicencio, ni por la in- 
dulgencia que con él usaron el capitán general y el 
mismo Arango » pasando por sus cuentas y facilitando su 
regreso á Cádiz, desistió el mortificado Roubaud de pro* 
mover quejas y escritos contra Someruelos. Haciéndolas 
luego públicas» fué de los primeros en abusar de la liber* 
tad que después se dio á la imprenta. Dirigió á las cortes 
de Cádiz ona carta en que» presentando como cargos sus 
malignas y apasionadas conjeturas , sin pruebas que las 
sostuviesen, solo consiguió verlas desvanecidas por el 
Marqués en una vindicación ^^ ante el Supremo Consejo 
de Regencia que fué impresa en la Habana. 

Ocupados á principios de 1809 por las armas francesas 
la mayor parle de los puertos de la Península» y teniendo 
también los norte-americanos cerrados los suyos á núes-* 
tras procedencias desde %% de diciembre de 1 807 en 



1" Véase su biografía, páginas 666 
y 667 tomo IV, Dice. Geog. Est, Hist, 
de la isla de Cuba por al Autor. 

^f En 1811, en un impreso de i9 
páginas en folio , comprendidas en 
la colección del autor, hizo publicar 
Someruelos en la Habana «su vindi- 
»caclon ante el Supremo Consejo de 
«Regencia, de las imposturas y falsas 
«acusaciones que«D Rafael Gómez 
•Roubaud hizo contra el público de 



»\h ciudad de ia Habana, y contra el 
«marqués de Someruelos, en un im- 
»preso titulado: «Carta que á los se- 
ñores diputados de las Cortes, etc.» 
En la isla no era necesaria esta vin* 
dicacion, porque eran conocidos los 
hechos pasados entre el capitán ge- 
neral y el antiguo intendente , pero 
sí lo era en Cádiz, donde se hallaba 
Roubaud entonces desfigurándolos 
apasionadamente. 



HIST, DB CUBA. — TOMO III. — 26 



402 HISTORIA 

represalia de mal meditadas prohibiciones de comercio^ 
con nuestras colonias, Sonoeruelos sin respuesta del go- 
bierno supremo á las mas graves consultas, cuando ni 
existia un gobierno que las resolviese en la metrópoli, no 
babia podido ensordecerse al grito de los comerciantes 
y hacendados cuyos frutos^ se estancaban y podrian en los 
almacenes con una parálisis comercial tan desastrosa. 
Desde su llegada se prestó el intendente Aguilar á con- 
tener una desdicha que amenazaba hasta con la desapa- 
rición de todo ingreso en las aduanas. Acordes en miras 
ambos jefes combinaron una provisional reforma arance- 
laría que reanimase al comercio, suprimiendo los dere- 
chos de las introducciones de España entonces nulas, y 
reduciendo los de las extranjeras, las únicas casi que 
podian arribar á Cuba en aquel tiempo. Si hubo error y 
arbitrariedad en este arreglo, consistió en no haberse 
decretado ni puesto en observancia hasta el 9 de mayo 
de 1 809, ya después de arruinadas varias casas y demo- 
lidas muchas fincas por no cubrir ni el gasto de sus do- 
taciones, en un país que solo en 1808 remitía de dona- 
tivo más de cuatro millones de reales para las urgencias 
de la madre patria. Pero lejos de la censura que Roubaud 
esperaba, la aprobación del gobierno á su conducta, la 
obtuvo Someruelos con el ascenso á teniente general que 
se le confirió precisamente en ese tiempo. 

No regian por cierto sus jurisdicciones con el acierto y 
la fortuna que el Marqués, otros gobernadores, en la gran 
borrasca suscitada por la invasión francesa en la Pe- 
nínsula. 

Aunque muy mejorados los reinos y provincias de la 
América española en población, en agricultura y aun en 
luces por las reformas administrativas de Carlos III, no 



DB LA ISLA DE CUBA. 40$ 

les permitía auo so oacieote prosperidad caminar solas 
sin los andadores de su madre pálria. Eran además iao 
robustos y sólidos los lazos con que á ella los ligaban» 
una misma religión, una misma lengua, unas costumbres 
mismas y un sistema gubernativo semejante al que regia 
en España, que no bastaban aun á «emanciparlas la dis- 
tancia , su vastísima extensión , su riqueza , la ambición 
de sus proceres , ni la diversidad de aspiraciones de las 
castas en que su población se dividía. Ciertamente los 
ejemplos de la emancipación de los Estados-Unidos y los 
de la revolución francesa sugerían á la mocedad criolla 
ideas de independencia, como lo afirma en sus cartas el 
famoso Jefferson , pero ideas que solo entraron en con- 
tadas cabezas del clero y clase media , y que aun dista- 
ban mucho de cundir por gentes que no se endoctrinaban 
con lecturas inglesas ni francesas. Las desgracias de Es- 
paña en 1808 fueron el verdadero, el inmediato origen 
de los trastornos con que empezaron á turbarse aquellos 
dominios opulentos. En la misma explosión de patrio- 
tismo con que estallaban en Américii los pueblos al saber 
las perfidias de Bayona, hallaron los sectarios de Miranda 
su primera base para extraviar la opinión pública por 
ruqoibo mas conforme con sus fines , cuando alcanzó al 
continente el rumor de los reveses forzosamente ocur- 
ridos en España en 1809 á las allegadizas masas de mal 
armado paisanaje, que hacían rostro á las mas guerreras 
legiones de la tierra. No bastó que se dudara de la sal- 
vación de la metrópoli anegada por la poderosa inva- 
sión que la encontró indefensa. Para que la lealtad de su 
imperio colonial se pervirtiera , menester fué pintar su 
pérdida segura después de sucumbir las heroicas Gerona 
y Zaragoza , después de las desastrosas derrotas de Tu- 



404 HISTORIA 

déla. Espinosa, Almooacid y Ocaña, cuando ya se dirigía 
el francés con sus ejércitos triunfantes sobre los últimos 
baluartes de la libertad é independencia de los españoles. 
Para inspirar á los bispano-americanos el deseo de pre-* 
parar la suya tan temprano ^ no acudieron solamente 
algunos revolucionarios de instinto , ni algunos clérigos, 
ni algunos jóvenes de ideas reformadoras, ni raros litera-^ 
tos que consideraban ya precisas y practicables para paí- 
ses tan atrasados todavía las teorías de la revolución de 
Francia y otros pueblos. Volaron á prestarles vigorosa 
ayuda los agentes de Francia para que su triunfo sobre 
España fuese mas completo, los del intruso rey José para 
que no reconociesen la autoridad de la Junta .Central, y 
aun nuestros mismos amigos los ingleses para impedir que 
aquel imperio mudase de dominio y asegurarse la codi- 
ciada introducción de sus manufacturas en sus puertos. 
Además, no poco contribuyeron por su parteé fomentar 
el espíritu de sedición en Méjico los norte-americanos que 
así correspondieron al apoyo que para su propia emanci- 
pación les ^abia prestado la imprudente España; «y fo- 
mentaron por último aquella inclinación, dice Toreno, eo 
el Rio déla Plata los emisarios de la infanta D/ Carlota, 
residente en el Brasil^ cuyo gobierno no era para la Amé- 
rica meridional de mejor ejemplo que lo habia sido para 
la septentrional la separación de los Estados-Uinidos. > 
Como si residiese en España, donde como á único 
miembro libre de la real familia , hasta las leyes la hu- 
biesen conferido la Regencia durante el cautiverio»de su 
hermano^', aspiró aquella princesa á usar de ese derecho 

" La carta firmada, «TuafTeccio- á i.^ de setiembre de 1808, se pa- 
nada la princesa D.* Carlota Joa- blicó en la llamada cHtsloria de la 
quina de Bourbon,» en Rio- Janeiro Habana» per Valdés. 



f 



DE LA ISLA DE CUBA. 405 

desde iao apartada colonia portuguesa. No solo á la Junla, 
y á la Regencia, y á las Corles luego, sino á iodos los 
vireyes y gobernadores de los dominios españoles escri- 
bió reclamando su obediencia para no cons^oir con su 
pretensión mas que desaires. 

Necesario era el empuje de tantos y tales elementos jun- 
ios para «que pudiese descomponerse el sólido edificio que 
alzaron para España al otro lado del atlántico y por espacio 
de tres siglos el heroísmo de Colon, de Cortés y de Fi- 
za rro» y la sabiduría de los Gaseas, Vélaseos, Castelfuer- 
tes. Linares, Bucarelys y Revillagijedos. 

Acaso se conjurara con una gran inspiración tormenta 
semejante. Abriendo de repente al comercio extranjero 
ios puertos de la América española, reservando al na- 
cional cuantas ventajas la conveniencia aconsejase; en- 
viando sin tardanza á las provincias ultramarinas mas 
propensas á insurreccionarse gente que en España no 
faltaba, jefes y oficiales de valor é inteligencia que tam^ 
bien habia, halagando con honores y veneras ¿ los natu- 
rales de mas rango, distribuyendo tierras, abriendo por- 
venir al proletario. Con tales procauciones entonces y des- 
pués, cuando al finar la guerra se despejase en Europa 
el horizonte, castigando severamente las arbitrariedades, 
-suprimiendo sin miramiento los abusos y encomendando 
siempre el régimen de países tan distantes á goberna- 
dores y magistrados de honor, desinterés y fortaleza, 
aplazárase por lo menos largos años una emancipación 
mas funesta que para su metrópoli, para las mismas pro- 
vincias que la promovieron. 

En algunas hacia ya mas de un año que ocasionaban 
conmociones y trastornos las desconsoladoras nuevas de 
desastres que de España iban llegando. O porque en va- 



406 HISTORIA 

rías capitales no mostraspo los primeros funcioDarios y 
magistrados la cordura y el lesoo que eo tao imprevista 
crisis acreditaron los de Cuba, ó por ioexperieucia de re- 
vueltas semejantes en sus vireyes y gobernadores, va- 
rios toleraron la instalación de juntas populares» sin que 
ninguno presintiese que ese medio salvador para la Pe- 
nínsula en tremendas circunstancias , solo conduciría ea 
aquellas posesiones á emanciparlas de su madre patria. 

La primera señal de gratitud de unas corporaciones 
tan peligrosas y trastornadoras fué la separación y aun la 
prisión de las autoridades que no babian sabido impedir 
qoe se formasen. Fué en Méjico depuesto atropellada- 
mente y aun encarcelado el teniente general y virey don 
José de Iturrigaray, como lo era en Quito el de la misma 
clase Conde Rniz de Castilla, luego repuesto para perecer 
mas adelante en el martirio que recibió de los que, pro- 
clamando la lil)ertad en aquel suelo, consentían y aun 
enseñaban á cometer los mas atroces crímenes. En Char* 
cas los revolucionarios despojaron de sus altas atribu* 
cienes y aun encarcelaron al venerable presidente de 
aquella audiencia D. Ramón Garcia Pizarro. Y era lo mas 
singular, que semejantes atentados reproducidos en otros 
pueblos y provincias americanas en era tan funesta» 
siempre, sin excepción ninguna^ derivasen del mismo pa- 
triotismo de los habitantes españoles que por candor 6 
imprevisión fueron ciegos instrumentos de perversa y se- 
creta mano atizadora. 

Pero entre todos esos movimientos de rebelión fué el 
mas grave el que estalló en Caracas, en cuya tierra, mas 
que en otra alguna, germinaba la funesta semilla de cons- 
piraciones que el aventurero Miranda dejó allí introdu*- 
cida. So color de salvar á Venezuela del dominio francés, 



DE LA ISLA DE CUBA. 407 

que presumiao, sujetando ya sin estorbo á la metrópoli» 
se erigió en aquella ciudad su ayoDlamienlo en Junta, 
soberana, preludiando en sus funciones por despojar de 
las suyas al apocado é incauto capitán general D. Vicente 
EiDparan y á las demás autoridades principales. Imi- 
taron el ejemplo de sa capital todos los pueblos de 
Venezuela armando á las milicias, persiguiendo ya 
abiertamente á los habitantes peninsulares^ y en gran 
manera contribuyó á que la sedición tomase rápido voela 
la fatalidad de hallarse en arcas reales como tres millonea 
de pesos que no babia Emparan tenido la previsión de 
extraer de la provincia á los primeros síntomas de aquel 
trastorno. Solamente las provincias de Coro y Maracaibo» 
merced al tino y la energía de sus gobernadores Ceballos 
y Miyares, se preservaron de un contagio que se pro- 
pagó por todo lo demás de aquel vasto territorio. 

En Buenoj-Aires, la imprudencia de su virey D« Bal- 
tasar Hidalgo de Cisneros, que llegó hasta a consentir 
que convocase un congreso el municipio, si á él no le 
costó mas que su cargo y su reputación como hombre de 
gobierno, arrebató á su patria uno de sus dominios mas 
florecientes é importantes. A Montevideo, para no imitar 
semejante ejemplo» le contuvo la noticia de haberse re- 
constituido eo la isla de León el Gobierno Supremo tras- 
ladado de Sevilla» y el vigor con que el partido español 
y el gobernador D. lavier Elio refrenaron i los agita* 
dores de aquel pueblo. El reino de Chile » aunque con 
una Junta popular que hervia en intrigas, también se 
opuso en un principio á excitaciones sediciosas» pero con 
indicios de que su fidelidad no fjiese duradera. En el 
nuevo reino de Granada caminó la sedición con mas ce- 
leridad» y disfrazando sus ideas como en ios demás 



408 HISTORIA 

reinos, con el entusiasmo por Fernando VII, Nada ín - 
tentó para contrarestarla el sordo y. valetudinario teniente 
general D. Antonio Amar y Borbon que allí mandaba, 
siendo luego depuesto y arrestado. La anarquía se en- 
señoreó de Sania Fé y de las proviocias limítrofes con 
excesos de igual índole que los de Buenos- Aires y Ca- 
racas. 

Simultáneamente y cuando para tan privilegiada re- 
gión se abrían l«s puertas de un porvenir de opulencia 
y bienestar que pareciasin límites, continuaban en Nueva- 
España las turbulencias y conspiraciones. La Junta de 
Sevilla, como si el condescender con ellas fuese el me- 
dio de extinguirlas, de las manos de Iturigaray babia 
traspasado un vireinato que las necesitaba tan firmes 
á las ya decrépitas del general D. Pedro Garibay, que 
por su ancianidad y sus achaques cedió tan grave carga 
al arzobispo de Méjico D. Javier Lizana. De este' pre- 
lado lo recibió luego ia Audiencia, que como todo cuer- 
po colegiado, babienio de discutir lodos sus actos, te- 
nia que ser mas lenlo en realizarlos y oponer solo reme- 
dios paulatinos á una plaga tan imponente y tan activa 
como la de la rebelión de aquella vasta lierra. Los prin- 
cipales pueblos, sin embargo, manifeslábanse obedientes 
y fíeles casi todos, cuando urdida. en la provincia de 
Querétaro una vasta conspiración entre el corregidor, 
algunos oficiales de milicias del país y el tristemenle cé- 
lebre cura de Dolores D. Miguel Hidalgo, consiguió este 
insurreccionar gran golpe de paisanaje y milicianos. 
Fué su primer proeza el saqueo de la indefensa y 
rica ciudad de Guanajato donde recogió sobre millón y 
medio de pesos, asesinando sos hordas á cuantos penin- 
sulares encontraban. Millares de crímenes estaban per- 



DE LA ISLA DE CUBA. 409 

petrados ya cuando llegó de España á contener aquel 
torrente y enviar á sus principales autores al patíbulo el 
nuevo virey nombrado por la Junta suprema, D. Fran- 
cisco Javier Venegas, general de firmeza é inteligencia. 

Del volcan revolucionario preservaron al Perú por al- 
gún tiempo^ la fortaleza del virey D. Fernando Abascal 
y la memoria aun viva en sus comarcas de la sangt ieniá 
y reprimida sedición del indio Tupac Ámaru; pero tam- 
bién tenían mas tarde que llegar sus destructoras lavas 
hasta el antiguo imperio de los Incas. 

Ageno es de este libro el cuadro doloroso de la guerra 
civil de la América española que nos trazaron cada cuál 
con su e^piriiu y manera el doctor Funes* deán de la igle- 
sia de Santiago de Chile, el venezolano Barait, y D. Ma- 
riano Torrente, bosquejando con singular acierto sus cau- 
sas verdaderas, el conde de Toreno en el tomo tercero 
de su Historia del levantamiento y guerra de la Indepen- 
dencia de España. 

De tan recia y general borrasca libró á Cuba la vigi- 
lancia de su gobernador y de sus cabos, favorecida fe- 
lizmente por el Océano que la separa del apartado con- 
iinente, por la sensatez de su población y el equilibrio 
de las heterogéneas clases que la forman. Espíritus in- 
quietos y perdidos, anhelososde medrar en revueltas no 
faltaban; pero en número muy corto para que entre el 
sufragio general de la propiedad y del comercio se oye- 
sen sus murmullos; conteniendo también á los mas inno- 
vadores la presencia de mas de trescientos mil esclavos, 
el temor .de su emancipación en un primer trastorno , y 
el ejemplo aun palpitante de los sangrientos horrores de 
Santo Domingo. 

Mucho menos que la mala disposición de algunos áni- 



410 HISTORIA 

moSt se temía el peligro de los agentes y emisarios que 
el gobierno francés y el del intruso rey José enviaban ¿ 
agitarlos en aquella como en otras posesiones. Prevé* 
nidas á tiempo desde junio de 1809, no lo ignoraban las 
autoridades. Pudo Someruelos tomar sus precauciones para 
descubrir y castigar á los que arribasen ¿ turbar la paz 
de la isla , con designio tan criminal como arriesgado. 
Fué una de ellas la publicación de un bando que señalaba 
penas severfsimas á los encubridores de cualquier indi- 
viduo que se apareciese en el país sin pasaporte ó com* 
probantes de su procedencia y del fin de su venida. Pu- 
blicó ese bando á consecuencia de un aviso en que el 
cónsul de España en Baltimore le habia participado la 
llegada á aquel puerto de la goleta francesa Tilssit, sa« 
lida de Bayona coa un coronel y otros sujetos de carácter 
y ampliamente surtidos de instrucciones y poderes para 
revolucionar á varias provincias de Ultramar. Era uno de 
ellos D. Gregorio Anduaga, natural de Pamplona, que se 
dirigió por Santiago de Cuba á Portobelo á primeros de 
marzo de 1810; pero, ó porque no fuese aquel pueblo el 
objeto de su viaje , ó porque si transitó por su recinto 
lo hiciera muy oculto y disfrazado^ nada allí averiguó 
Kindelan^' de este sujeto, ni que hubiese pisado la 
comarca. 

Menos feliz anduvo meses adelante otro emisario de 
la misma procedencia, aunque menos criminal, porque 
no habia nacido en España como Anduaga. Entre los 
pocos pasajeros que venian de Norfolk de los Estados- 
Unidos en el bergantín mercante San Antonio, que ancló 
en la Habana por la tarde del ISdejuliode 1810, apa- 

*^ Véase la comunicación de So- zo de iSiO. Archivo de la capitanía 
meruelos á Kindetao de 26 de mar- general de Gaba. 



DE LA ISLA DB CUBA. 414 

recíóse uo mozo mejicaDO de grato aspecto y muy 
cultas maneras, que, s^eguo su pasaporte, venia á esperar 
ailí ocasión de trasladarse a Yeracruz. Llamábase doo 
Manuel Rodríguez Maman y Peña. En medio de la estu- 
diada naturalidad de sus explicaciones, bízole sospechoso 
el precedente de haber salido para América de un 
puerto de Francia ; y el oficial encargado de reconocer 
la entrada de buques aquel dia se creyó obligado á con* 
ducirle á presencia del mismo capitán general. Los es- 
fuerzos del recien llegado para disipar los recelos del 
Marqués sobre su procedencia y las miras de su viaje, fue- 
ron un motivo más para inspirárselos mas vivos. Man- 
dóle al oficial que regresase al San Antonio, llevándose 
con toda seguridad al presentado para que recogiese allí 
los efectos de equipaje que tuviera á bordo. Asi que salió 
Alaman de su despacho, también ordenó el General con 
toda urgencia al juez de bienes de difuntos, D. Francisco 
Filomeno, criminalista de sagacidad probada en muchas 
causas y presente á la sazón en la casa de gobierno, que 
sin perder momentos se trasladase al bergantin S. An- 
tonio, con testigos y escribano para interrogar á Alaman 
y reconocer sus papeles y prendas minuciosamente. Mas, 
aproximándose la noche y prefiriendo Filomeno prac- 
ticar aquel reconocimiento en presencia del general, se 
limitó á incomanicar á Alaman en la cárcel aquella mis- 
ma noche, después de sellarle todos sus paquetes y depo- 
sitarios en la Casa de gobierno. 

En el edificio de este nombre habia por este tiempo un 
departamento destinado á servir para aquella triste de- 
pendencia; de modo que al pasajero mejicano se le guardó 
alli bien de cerca. 

El 49 de julio, muy de madrugada y en el mismo des- 



31 3 HISTORIA 

pacho de Someruelos, tuvo lugar eotre pocos especta- 
dores uDa escena de esas que solo puede presenciar el 
público eo los estrados de justicia cuando son verdade- 
ras, y eu los teatros cuaodo son 6guradas* El protago- 
nista , aunque con maneras respetuosas y una sonrisa 
que aparentábala mayor confianza^ ya que no en su ino« 
cencia* en sus precauciones para acreditarla, miraba con 
serenidad á Filomeno « segregando sus papeles de las 
ropas é irlos después en alta voz leyendo. 

Aunque por insignificante se suprimió su mayor parte, 
la lectura no fué breve; porque se componían de cuatro 
cuadernos manuscritos de noveata y una hojas, refirién- 
dose á episodios biográficos de algunos generales fran- 
ceses del supuesto rey de España José, y detallando las 
operaciones de Almonacid y Talavera á las que su autor 
babia asistido por lo que se desprendía de su propia re- 
lación. También aparecieron quince dibujos al lápiz re- 
presentando perspectivas de fortalezas, ciudades, casas 
de campo, templos, etc., y una narración de un viaje á 
Europa y América comenzado en 29 de mayo de 1 804, 
y suscrita con las iniciales de M. R. A. 

Viendo que no aparecían entre el equipaje mas pape- 
les» fijó sus sospechas Filomeno en la espesur9 de las ta- 
blas de un cofre, al parecer sencillo y sin secreto alguno, 
pero de bastante diámetro para ocultar otras pruebas de 
más cuenta; y sin comunicar su conjetura, ni aun á So- 
meruelos, hizo con reserva venir á un carpintero con sus 
herramientas. Cuando le mandó romper las tablas del 
cofre, de repente se convirtió la serenidad de Atamán en 
instantáneo espanto, revelando toda la emoción de su 
alma su repentino temblor, su desencajada vista y la pa- 
lidez mortal de su semblante. Entonces se apresuró á su- 



DE LA ISLA VZ CUBA. 41 S 

plicar con frases balbocieotes que se suspepdiese la ope- 
ración hasta que hablase coa el Capitán General. Y lo que 
se reservaba decir á Someruelos solo, se lo dijo á lodos; 
que el baúl tenia un secreto donde tenia ocultos varios 
pliegos que el ministro de Indias de José D. Miguel de 
Azanza le habia entregado para algunas autoridades de 
las posesiones de Ultramar. Reponiéndose luego de su so- 
bresalto, añadió que habia admitido el peligroso encargo 
de llevarlos sin intención de cumplirlo, y como un medio 
único para fugarse de Madrid y* restituirse ó Méjico su 
patria. 

Revelado por Alaman el secreto de su baúl, se descu- 
brieron hasta treinta y tres pliegos destinados á la Isla de 
Cuba, Méjico, Guatemala, Santa Fé, Mérida de Yucatán, 
Caracas y Puerto-Rico , viniendo todos los sobres rotu- 
lados á los prelados, audiencias, vireyes, capitanes genera- 
les, gobernadores^ cabildos y consulados. Sobraban tales 
pruebas para que sin dilación descargara su cuchilla la 
justicia sobre el delincuente. Pero como lo expresó una 
memoria fidedigna y contemporánea del suceso, «era in- 
dispensable sustanciar la causa y esclarecer los hechos 
según exigían los diversos particulares que debian inqui- 
rirse*> Acabado el inventario de los pliegos siguió el de 
la ropa y demás objetos que contenian los cofres, regis- 
trando los bolsillos de los fraques, chalecos y calzones; 
y solo se encontró un legajo con tres impresos. Dos de 
ellos eran títulos de bachiller dados por la Universidad 
de Méjico á Rodriguez Alaman en las facultades de filo- 
sofía y teología, y el otro acreditaba haber recibido el 
propio individuo tonsura y las cuatro órdenes menores 
por el arzobispo de Méjico D. Alonso Nuñez de Haro. En 
fin, un testimonio de nombramiento de cierta capellanía 



414 HISTORIA 

y varias carias de familia. Se bailó iambien una coo ao 
retrato eo mioíatura y medio cuerpo de aa hombre con 
ODírorme azul, collarín encarnado y en él dos bordados 
de plata» cuyo retrato dijo Alaman que era el suyo, y con 
efecto tenia con él bastante semejanza. Se le preguntó 
asimismo que uniforme era aquel con que estaba ves- 
tido» y afirmó ser el que usaban los comisarios ordena- 
dores del ejército de José. 

En el cuaderno relativo al viaje, escrito en estilo 
sentimental y novelesco, expresaba aquel infeliz joven 
que sin terminar su carrera literaria babia salido de Mé- 
jico para España hacia «eis años á buscar empleo, sor- 
prendiéndole en Madrid las ocurrencias de mayo de 
4808 sin haberlo conseguido. La necesidad te obligó 
luego á mendigar de José lo que no le habían dado Car- 
los IV ni Fernando VII, logrando ser destinado á la Ha- 
cienda militar de los ejércitos franceses. Según su cua- 
derno, allí sus servicios fueron buenos; y que habia mos- 
trado su aptitud lo acreditaban los ascensos de quien no 
tuvo para el gobierno usurpador otro padrinazgo que el 
de sn conducta ; tanto que al fin del siguiente año, y 
aunque inútil para el servicio de campaña por resentír- 
sele el pecho de una caída, le nombraron comisario or- 
denador como premio anticipado de una comisión tan pe- 
ligrosa como la que le conducía á la Habana con tan mala 
estrella. 

Tales fueron, y para evidenciar su culpabilidad sobra- 
ban, las principales deducciones de un procedimiento en 
el cual desplegó A aman astucia suma para eludir cargos, 
aunque apoyados en pruebas que no tenían respuesta. 
Aun abrigaba alguna esperanza de salvarse con sus sub- 
terfugios, cuando terminada su causa en la mañana del 



DB LA ISLA DE CUBA. 415 

28 se le coodeDÓ á la última peoa cod arreglo á lo pre- 
venido eo recieotes providencias déla Central, ordenando 
á los gobernadores de ultramar que formasen causa breve 
y sumariamente á los emisarios del gobierno francés y 
se les castigase sin consulta. 

Además ardia indignado el pueblo en masa con la duda 
de que quedara el delito de Alaman impune, cuando en 
aquella misma mañana le significaron su sentencia y le 
pusieron en capilla. Para que respetara el furor de la 
plebe sus áltimos momentos mandó el capitán general 
redoblar la guardia de aquel lúgubre puesto. Al día si- 
guíente , que era el señalado para la ejecución , se pre- 
gonó bando exhortando al público é compadecerse en su 
tránsito al suplicio del que iba á purgar su crimen con 
la muerte. 

En la mañana del 30 , y después de consagrar á Dios 
sus horas de agonía, salió el desdichado á pié para el pa- 
tibulo desde el atrio de la cárcel. Cumpliendo con su en- 
cargo su mismo confesor anunció al pueblo en su nombre 
que recoDocia la justicia de la sentencia que Iq condenaba 
por haber sido infiel á su patria uniéndose á sus enemi- 
gos. Fueron estas humildes palabras euficientes para que 
á la expresión de la ira sucediese la de la compasión en 
el aspecto de los circunstantes; y ni un solo insulto, ni 
el menor denuesto hicieron mas amargo para Alaman el 
aspecto de la horca, donde consolado por la religión y su 
arrepentimiento terminó su imprudente y breve vida^^. 

^ V. enla p&ginaSl y siguientes Entre los pliegos que se le en- 

hasta la 36 del t. XIV de las Memo- conlraron para las autoridades ide 

rías de la Sociedad patriótica de la muchos puntos de América, habia 

Habana, el Mani/leiío de la causa cuatro cartas dirigidas á Méjico al 

seguida á Manuel Rodriguei Ala-^ canónigo de aquella cátedra ID; José 

man, etc., etc. Mariano Beristain, bibliógrafo y co- 



41 8 HISTORIA 

á aQlorizar á los iosurgeotes de Buenos Aires^ Santa Fé» 
Caracas y otros países para que defendiesen también con 
la pluma las pretensiones que sostenían ya con la espada. 
Ed cuanto á la inocente cortapisa de las Juntas de cen- 
sura para detener los excesos de la prensa creadas en 
las capitales de ambos hemisferios al publicarse la ley de 
libertad de imprenta, el tiempo probó presto que so!o 
fué una utopia de las que bullían entonces en las men- 
tes de los inexpertos legisladores de Cádiz. 

Entre otros muchos errores que luego cometieron, des- 
colló el de una ley de ayuntamientos que extendía basta 
la esfera política la jurisdicción tan discretamente redu- 
cida á la económica de los municipios. Incuestionable- 
mente comprendía también á los de Ultramar tan ines- 
perada extensión de atribuciones, cuando no se excep- 
tuaba á los de ninguna provincia en el decreto. Para pre- 
caver los desórdenes que resultasen de aplicar upa no- 
vedad tan peligrosa á provincias tan diferentes de las 
metropolitanas por sus hábitos y condicioneSt y por la va- 
riedad de razas que las habitaban, tuvo que incurrir la 
Regencia en un acto arbitrario para el que no consultó 
la voluntad de las Cortes convocadas. Circuló en 30 de 
setiembre de 1811 órdenes á ios vireyes y goberna- 
dores de Ultramar para que, conservando á los Ayunta- 
mientos su autoridad municipal , no permitieran que en 
ningún sentido , ni bajo ningún pretexto^ la ejerciesen 
Cambien eu otra esfera. 

Perplejo al principio Someruelos con tan peligrosas 
novedades, y enire disposiciones tan contradictorias 
como las que publicaban las gacetas y las que reserva- 
damente recibía, se esmeró en eludir el mas sensible es- 
collo, el de la ley de libertad de imprenta « escogiendo 



DE LA ISLA DB CUBA. 419 

{)arg formar eo la Habana una Junta de censura ¿ ios le- 
trados mas conocidos por su amor al orden y su jui- 
cio. Compusiéronla y funcionaron desde 18 de febrero 
de 1 81 1 los doctores D. José Haría Sanz, D. Luis Hi- 
dalgo Gato, D. Rafael González » los presbíteros D. Do- 
mingo Mendoza y D. José Agustín Caballero, sujetos 
todos de crédito y de luces. A pesar de la impotencia 
de esta Junta, evitó con sos precauciones y ñrmez» mu- 
<cbos desmanes de la prensa en esta primera época. 

Si no probasen los hechos lo contrario , pareciera in- 
<2reible que en un país donde aun no estaba difundida 
la instrucción, tomase el vuelo que tomó aquella fran» 
qoicia. Donde por falta de suscricion se interrumpía en 
largos intervalos la publicación de las escasas memorias 
ile la Sociedad patriótica, ni apenas se cubrían los 
■gastos de una gaceta oflcial de la mas mezquina forma, 
aparecieron circulando casi de repente hasta diez publi- 
caciones periódicas. Además de aquellas, solo en la Ha* 
baña se imprimieron El Lince^ El Úrico, El Etquife^ 
El Censor universal . La Cena; preludiando todos con 
personalidades y pasiones hasta donde lo toleraba la cen- 
sura. El Noticioso de la tarde, de regular redacción y 
buen sentido, y El Patriota americano, hebdomadaria se- 
rie inspirada por Arango, D. José del Castillo y D; Simón 
Bergaño, consolaron á los curiosos de la insulsez de los 
demás papeles con notables articules de economia, cos- 
tumbres é investigación histórica de la isla. También por 
Santiago de Cuba y Puerto-Príncipe, donde aun escaseaba 
tanto quien leyera, no faltó quien escribiese £/ Ramillete 
y La Miscelánea^ en e! primero, y El Espejo , en el se- 
gundo. No tardó el enigma de la aparición de tanto im- 
preso en explicarse por el capricho de muchos en pa- 






i20 HISTORIA 

gar por escritores y por lo que les costó el satisfacerlo^ 

De para penuria, y udos tras otros, moriaD tales pe- 
riódicos para reproducirse y volver á morir con otros^ 
nombres y aun con otros redactores; admirando siempre 
é sus raros lectores mucho menos que su natural des* 
aparición su inesperado renacimiooto. Alcanzó tan des- 
airada suerte hasta al Patrióla americano, muy superior 
á los demás en su trabajo y gusto. 

Exceptuándose á esta publicación por sus miras pro-^ 
vechosas, mas lástima que temor inspiró entonces una 
prensa semejante. Parecían aun tan novicios para herir 
los que la guiaban, como inexpertos en reprimir sus agre» 
sienes los censores. Pero si era así en la Habana y toda 
Cuba, en otras parles, y especialmente en Cádiz, á la vista 
del gobierno, profanaba ya los mejores nombres la li- 
cencia en que la libertad de imprenta desde su naci- 
miento habia degenerado. Y si no servia n de escudo á 
sus tiros las mejores famas, tampoco le preservó su pa- 
sado sin tacha á Someruelos. 

Roubaud^' habia dejado en la Habana imitadores á 
cuyos ojos parecia criminal que fuesen las autoridades 
tan justas con los naturales como con los peninsulares. 
Por fortuna eran pocos y de corto seso; pero los bastantes 
para que desde ese centro traspusieran el mar diatribas 
y cuentos, cuando no calumniosos, ridiculos ^ y algunos 
se escuchasen en Cádiz. 

Veamos cómo contestó aquel general al ministro de la 
Guerra en 11 de febrero de 1812, procurando más de* 
fender á un pueblo tan juicioso en tiempos tan turbados^ 
que su conducta propia justificada por sus mismos actos: 

** Véanse notioías biográOoos su- Cuba por el A.» y en li BUfÜotica 
ym en el Diec. Ge^g. tíiit, Etl. de martíima de NaTarrete. 



DE LA ISLA DE CUBA. 421 

>€ Sostengo todo el lleno de mi autoridad manteDÍeodo en 
-quietud á toda la isla con arreglo á las leyes y la pru- 
dencia que requieren las actuales circunstancias de la 
monarquía , asi en Europa como en las Américas; cuya 
^ronducta seguiré constantemente mientras jo conozca 
que así conviene , despreciando las hablillas impresas y 
acusaciones secretas que se hagan á los ministerios para 
desacreditarme con S. A. y con la nación ; porque soy 
superior á todo estando bien tranquila mi conciencia » y 
<;onociendo ta boncJad, lealtad y unión á la madre patria 
de estos naturales que parece quieren alterar algunos 
díscolos socolor de celo patriótico. El Consejo de Regencia 
y toda la nación han de estar por el resultado. ¿Y. cuál es 
este? La ge'ieral tranquilidad de la isla lo dice. Permita 
Dios que así siga mientras yo tenga las riendas de su go- 
bierno, y nada perderá la nación ni yo tampoco en que 
los malévolos digan de mí, los unos, como D. Rafael Gó- 
mez Roubaud, que son muchos los particulares y jefes que 
han gemido y sufrido mis arbitrariedades; los otros (que 
son los que escriben para ponerse en buen lugar con el 
gobierno supremo^, que soy flojo é irresoluto para con- 
tener las revoluciones que quieren persuadir que se pre- 
paran en la Habana y solo existen en su fantasía. Yo al 
resultado me remito. ¿Y cuál es este? La general tran- 
quilidad de la isla lo dice* 

»V. B. me previene nuevamente, que no permita la 
menor novedad en el orden civil ni en el judicial de mi 
mando. Contesto á Y. E., que este recuerdo de S. A. me 
hace sospechar que loa malévolos repitan sus escritos. 
S. A. puede estar bien seguro de mi cumplimiento á sus 
preceptos sin necesidad de recuerdos. Concluye Y. E. di- 
ciendo, que para auxilio de las providencias qoe tome yo 



422 HISTORIA 

coD el fio referido, y el de conservar la tranquilidad pú» 
blica, 86 enviaba á mi disposición él segundo balallon de 
infantería Americano; y contesto , que yo no tengo que 
tomar oirás providencias que continuar con el mismo mé- 
todo que me he propuesto y que hasta ahora ha surtido 
el mejor efecto* como lo acredita el resultado* Mi sistema 
es procurar saberlo todo, disimular mucho y castigar 
poco; eslo basta para evitar desórdenes. El segundo ba- 
tallón Americano me ha servido para retirar del servicio 
de guarnición la parte que se ha podido disminuir de los 
cuerpos de milicias. A dicho batallón, así que desem- 
barcó, le dije en presencia de un gran concurso, que era 
muy Feliz en servir en un país donde se mantenía la 
lealtad debida á Fernando Vil, y el respeto y la obe- 
diencia al Consejo de Regencia, donde estando la isla de 
Cuba identiGcada con la Península y tranquilos todos sus^ 
faabit^nte9, solo tendrian que hacer el servició ordinario 
de guarnición, porque no teniamos enemigos internos ni 
externos. Y así lo han visto ya prácticamente en el mea^ 
que llevan de estar aquí.» 

Menester era que hubiesen precedido á esta respuesta^ 
muchos aguijones para que la dirigiese Someruelos á la 
autoridad suprema del Estado, sin todo el comedimiento 
que distingue á todos sus demás escritos. 

Todo, sin exceptuar instituciones ni materias, se habia 
intentado reformar de un soplo en el Congreso de Cádiz: 
desde antes de constituirse con poderes que le autoriza- 
sen á alterar leyes y prácticas que de tantos siglos atrás 
veniao rigiendo. Que necesitaban reformarse muchas^ 
no pocas abolirse y otras sustituirse, era innegable. Pera 
tan manifiesta necesidad no argflia por cierto que de* 
biesen atropelladamente discutirse y resolverse puntos 



DB LA ISLA DE CUBA. 423 

de qae dependía el porvenir y bienestar de clases enteras 
en reinos y provincias. ¿Y cuándo esto? Cuando aun igno- 
raba aquel Congreso si serian obedecidos sus decretes 
fuera del estrecho peñoo donde las bayonetas enemigas 
letenian circuido; cuando no era racional que dirigiese 
sus tareas por otro norte que el de la independencia y 
la salud de España, cuya salvación interesaba aun más 
que sus reformas. 

O por ganarse opinión de entendidas y oradores, ó 
porque exuberase en muchos corazones hondo senti- 
miento de los desmanes y desastres del úliimo reinado y 
de la urgencia de precaverlos, algunos diputados discu- 
tían en las cortes puntos que conviniera reservar para 
tiempos en que se esclarecieran con mas calma y resol- 
vieran con mas fruto. 

No era entre ellos el menos espinoso el de la escla- 
vitud en las posesiones de Ultramar. 

Si la Inglaterra y la Union Americana por medios prac- 
ticables y sensatos tenian de años atrás prohibida la in- 
troducción de esclavos en sus territorios, era harto rudo 
el vendaba! que bramaba entonces sobre España y sus 
dominios para lanzarse por vía tan peligrosa» aunqae tao 
filantrópica; siendo además tan diferente en índole y 
grandeza su imperio ultramarino del de aquellas dos po- 
tencias. 

No hubo de fijarse lo debido en desemejanza tan no- 
toria el diputado Guridi Alcocer, cuando en 26 de marzo 
de 1811 y en términos tan incorrectos como inmedita- 
dos, propuso en el congreso, no solo la terminación de( 
tráfico, sino la de la esclavitud en los dominios españoles. 
D. Agustín Arguelles, tan conocido luego por sus vicisi- 
tudes como por sus errores é ilusiones, se levantó á pres* 



424 HISTORIA 

tará Alcocer todo el apoyo de su fácil palabra. Cod ligeras 
diferencias le imitaron los diputados Pérez de Castro y 
García Herreros. Corriera gran peligro de que imprudente- 
mente se votara una moción tan prematura á no detenerla 
y aplazarla el sesudo D. Andrés de Jáuregui, primer re- 
presentante de la Habana en el congreso, que con sólidas 
razones demostró su inoportunidad y aun el desacierto de 
sacar á plaza una materia» que por lo mismo que habia 
de afectar á tantos intereses » debia discutirse en secreto 
y con prudencia cuando permitiesen épocas mas normales 
resolverla* Ayudóle á Jáuregui el diputado Aner con dis- 
cretas reQexiones á las cuales se adhirió la mayoría del 
congreso; y la tempestad quedó conjurada por de pronto. 
Pero aunque desechada por fortuna, dejó la insensata 
moción de Alcocer un rastro deplorable, el de su publi- 
cidad circulada por la prensa en Cuba. Tenían allí que 
admitirse sin reserva los papeles oficiales del gobierno 
cuando se recibían también los que no lo eran; y habiendo 
ya pasado por mil manos los números 37 y 38 de los 
Diarios de Sesiones de Cortes insertando tan malhadada 
discusión, el* efecto de su recogida habría sido aun 
mayor arrebatándoselos al público después de conoci- 
dos. Dependiendo casi todo el de la Habana de su mas 
favorecida y opulenta parte, de los propietarios, discúr- 
rase el repentino sobresalto que le alarmaría al sabeV 
que hubiese entre los legisladores de la monarquía quie- 
nes les condenasen á reparar con sus fortunas un error 
que databa de tres siglos, y que no dimanaba tampoco 
de la iniciativa de las generaciones anteriores, sino de 
la del mismo gobierno y del afán con que luego le ímí-* 
taron, exagerándolo, el de la Gran Bretjaña y el de Fran- 
cia. Era 16 mismo que condenar á los habitantes de* 



DE LA ISLA DE CUBA. 426 

Cuba á redimir de repente con su ruina las Taitas sin io- 
lerrupcioD cometidas desde la conquista. Tanto mayor 
fué la ansiedad , cuanto ni indicaban aquellos rumores el 
resultado de las mociones de Alcocer y Arguelles. So- 
meroeloSt después de sosegar á muchos con seguridades 
que á él mismo le faltaban^ se apresuró á despachar á 
Cádiz. un correo, formulando al Congreso, mas que una 
representación^ una protesta contra el desvarío que ha- 
bía tolerado dentro de su seno. 

«Pues que Y. M. tiene confiada á mi cuidado la con- 
servación de esta importante isla» decia aquel general eo 
ese escrito, es de mi precisa obligación representar á 
V. H. la novedad que hay en el día , de resultas de ha- 
berse sabido la sesión del dia 2 de abril último, en que 
se propuso la abolición del comercio de esclavos. Es 
muy grande. Señor, la sensación que ha hecho en estos 
habitantes; y son muy tristes las especies que se susurran 
en esta capital y que irán cundiendo por los campos y 
por todas las demás poblaciones de la isla , que excitan 
toda la vigilancia del gobierno. 

^Precisamente ha llegado tamaña novedad cuando es- 
taban penetrados estos habitantes de la necesidad y ur- 
gencia de socorrer á la madre patria para mantener 
ejércitos en ella según se les habia hecho ver por el ma- 
nifiesto de la Regencia, á que acompañé mi proclama del 
dia i O del corriente, recomendando la lectura del plan 
general de una suscricion patriótica en América. Solo se 
hablaba de mantener soldados en España. Ahora solo se 
habla de la citada sesión de Cortes. 

»Yo suplico á y. M. se digne providenciar que se trate 
de este asunto con toda la reserva, detención y examen 
que su gravedad requiere, para no perder á esta impor* 



426 HISTORIA 

tanle isla. Y que se digne tener en consideración la 
acreedores que son estos leales habitantes á que se les 
aleje todo temor de ver repetida en ella la catástrofe de 
su vecina de Santo Domingo, dominada ahora por !os> 
que antes eran esclavos allí, después de haber sufrido 
sus dueños las terribles desgracias que son tan notorias. 
He cumplido con mi obligación, Dios ilumine y déaderto 
en sus decretos á V. M. para felicidad de la nación.» — 
Habana 1 7 de mayo de 1811. 

Permitió como vimos la sensatez de la mayoría de lo^ 
diputados que llegase esta comunicación ó por mejor 
decir esta protesta á tiempo de atenderse. Lo demás, 
hasta convencer á los menos entendidos en el rearmen 
ultramarino de la inconveniencia de la moción de Ar- 
guelles y Alcocer, estuvo reservado á la razonada repre- 
sentación que al Congreso elevó en 20 del siguiente julio 
el municipio de la Habana. Fué obra exclusiva del in- 
signe Arango, que para reseñar el origen y la historia 
del tráfico negrero y asentar sobre infalibles bases parale- 
los elocuentes entre las posesiones e<<pañolas extranjeras, 
no necesitó sino tres breves capítulos. Demostró con ellos 
cuan ruinoso é irreparable seria el error de promover la 
emancipación de la esclavitud en las primeras. Esa re- 
presentación que sin demora se dio á la imprenia en 
Cádiz, circuló con abundancia entre los regentes, minis- 
tros y diputados, y aun entre cuantos podian serlo ó in* 
fluir de algún modo en la opinión ó en el gobierno. No 
hay recuerdo de otro escrito que obtuviese on resultado 
mas pronto, cabal y duradero. Mas de medio siglo ha 
corrido desde entonces sin que en el parlamento español 
hayan vuelto á sonar proposiciones semejantes á la de 
Alcocer y Arguelles. 



DE LA ISLA DE CUBA. 427 

Pero si eD lo mas esencial consiguió atajarse el daño 
y serenar á los propietarios é industriales, no estaba al 
alcance de ninguna pluma, sino al de la vigilancia y la 
justicia, destruir el que cundia por las gentes de color 
libres y esclavas, no desapercibidas en medio de su igno- 
rancia de las especies que babian sonado en el Con- 
greso. 

No raltaban negros y mulatos que supiesen leer y á 
quienes inspiraran los papeles de Cádiz esperanzas que 
no podian cumplirse sin la ruina de la raza que los do- 
minaba; y se las comunicaron á muchos que sin necesi- 
dad de letras aceptaban las ideas que lisonjeaban mejor 
á sus deseos. Pronto se advirtieron tendencias á la iosu- 
bordinacion en los domésticos y aun en las dotaciones 
de porción de fincas, manifiestamente influidas por ins- 
tigadores ocultos, aunque muy activos. Repitiéronse con 
frecuencia contra los mayorales y aun contra los dueños 
desusadas insolencias, y púsose el gobierno en observa- 
ción mientras las iba reprimiendo. 

Rondando Someruelos cierta noche por los arrabales, 
paróse silencioso junto á una choza de madera y guano, 
en la barriada de Jesús María. Detuviéronle palabras pro- 
nunciadas dentro de la estancia. Se referian nada menos 
que al dia y á los lugares en que se habian los negros de 
sublevar contra los blancos. 

Eran como Iñé dos de la madrugada y trababan el 
diálogo dos negros, muy ajenos de presumir que los es- 
tuviesen escuchando. Después de comprender lo sufi- 
ciente para averiguar todo lo demás^ mandó el general 
que los prendieran é incomunicaran. 

Desde los primeros interrogatorios se descubrió que un 
negro libreí de resolución y travesura, llamado José Anto* 



428 HISTORIA 

nio ApoDte, se disponia á realizar sus esperanzas de ser 
otro Toussaint eo Cuba, auoque por fortuna sin los ele- 
mentos y ocasiones que aprovechó en Santo Domingo 
aquel caudillo. Obróse en este procedimiento coo una 
discreción y un sigilo singulares. A las pocas horas, 
cuando mas contaban con el éxito de sus proyectos, 
Aponte y la mayor parte de sus cómplices fueron sor- 
prendidos en distintos puntos y encarcelados sin comu- 
nicación unos con otros. Ocurrieron tan importante des- 
cubrimiento y la sorpresa de los delincuentes á mediad- 
dos de febrero de 1 81 2, y tan á tiempo que poco después 
de esas prisiones y como para conjurar el castigo de 
los encausados, estallaron porción de sediciones de ne- 
gradas desde los términos de la capital hasta los muy 
lejanos de Bayamo. 

No era un levantamiento general ni combinado con 
acierto. Echábase de ver que carecia de mano directiva; 
pero hubo asesinatos de mayorales y dependientes blan- 
cos, incendios de fábricas y otros excesos deplorables 
antes de que llegasen la tropa ó paisanaje armado á 
reprimirlos. Sublevóse buena parte de las dotaciones de 
los ingenios de la Trinidad y Peñas Altas, poco distantes 
''de la Habana; pero antes que pudiese acudir ningún 
destacamento á sujetarlas, lo consiguieron los mismos 
negros de Santa Ana, otro ingenio alU cercano, obli- 
gando á los sediciosos á restituirse á sus labores. La 
trama de este movimiento y de los otros resultó estar ur- 
dida por el mismo Aponte y otros ocho, entre esclavos y 
libertos. De que el proyecto de insurrección se extendiese 
á mochas fincas explotando el natural deseo de sos bra- 
ceros de ser libres, no hubo doda; pero también se poso 
en evidencia que, además de guías mas diestros qoe aquel 



DE LA ISLA DE CUBA. 429 

oegro, carecido de medios de poner en ejecución su peo- 
Sarniento. No se les descubrieron otras aroaas ni prepa- 
rativos que los machetes usuales de sus faenas; y tam- 
bién se supo que eran los menos los decididos á empu- 
ñarlas; porque aunque todos deseasen la libertad» no se 
determinaban los más á adquirirla con riesgo de su vida. 

Se prestaba de sobra uua causa tan elástica y ramiQ- 
cada á multiplicar interrogatorios, sentencias y victimas^ 
caracterizando de delitos hasta las especies con que suele 
exhalar en su choza .«I gañan negro su aversión al tra- 
bajo y ai que se lo impone. Pero hasta por el sosiega 
del país y el interés de los hacendados» aconsejaba una 
política sensata que no se confundieran en tan delicadas 
actuaciones los delitos intencionales con los inventados, 
ni los imaginarios con los verdaderos» y que estos fueran 
solos los que se castigaran. Asi se explica cómo la espia* 
cion de todas aquellas tentativas no alcanzó mas qua á 
Aponte y los ocho principales cómplices. A pesar de su 
astucia y negativas á pruebas innegables, purgaron en el 
patíbulo su crimen, bastando nueve víctimas para ahogar 
por mucho tiempo el espíritu de insurrección en las ne- 
gradas» y excitar á los hacendados á vigilar mejor sus 
dotaciones. 

Tan triste , aunque tan saludable y juiciosamente con- 
ducido fué el último episodio del gobierno del Marqués 
de Someruelos, el roas largo de cuantos contó Cuba. Mas 
que sus deseos le prolongaron primero las gestiones del 
ayuntamiento de la Habana, y luego la hidalga repug- 
nancia de muchos generales en trocar los azares de la 
guerra de España por el gobierno menos arriesgado de 
aquella isla. Tanto por concurrir personalmente á los pe- 
ligros de la guerra» como por no menos delicadas causas^ 



430 HISTORIA DK LA ISLA DE COBA. 

había el Marqués en 1809 hecho ana segonda reooocia 
de sa cargo; pero do ae la aceptó el gobierno ordenindole 
coD las mas lisonjeras expresiones qne lo conservara. 
Luego con una inconsecuencia qne se explicaba solamente 
con la variedad de individuos que en él se sucedian, 
nombró un año después para relevarle al teniente gene- 
ral D. losé de Heredia» cuando ya forzado á permanecer 
en Cnba, había Someruelos hecho venir á su familia, pe- 
regrinando desde la Rloja á la Habana entre azares y 
quebrantos. Pero no interesando i Heredia atravesar el 
mar, ni al ministerio que saliera Someruelos de su cargo, 
<)ejóse persuadir por sus razones, y le mandó continuar 
desempeñándolo basta que recibiera nuevas órdenes. 



APÉNDICES 

AL GOBIERNO DEL MARQUÉS DE SOMERUELOS. 



I. 

A la Suprema Junta de Sevilla^ enS8 de julio de 4808. 

U. P. S.— Ed el dia 47 del corriente llegó á este puerto 
D. Juan Aguilar, intendente de ejército y de real hacienda 
en esta isla: tanto por lo que dijo él mismo, como por varios 
papeles impresos que me entregó , me impuse de estar el 
Rey nuestro seflor D. Fernando YII, los reyes padres y de- 
mis familia real en Francia; y de que el Emperador de los 
franceses les habia. obligado á que todos abdicasen la co- 
rona ;de España y de sus Indias en su persona; con cuyo 
motivo se babia formado en Sevilla la Junta suprema de 
gobierno, nombrando los señores vocales que la componen; 
y que Y. A. babia declarado la guerra á dicho Emperador de 
los franceses y hecho armisticio con la Inglaterra. 

En consecuencia de estas noticias publiqué por bando en 
la misma tarde del dia 47 del corriente julio la proclama á 
los habitantes de la isla de Cuba, de que acompaño á Y. A. 
un ejemplar para su debido conocimiento. Igualmente se 
imprimió y publicó circulándola á toda la isla y á las pro- 
vincias de la Florida para que tuviesen conocimiento de la 

* Como i tal la consideraba aun Somt rnetoa. 



432 HISTORIA DE LA ISLA DB CUBA. 

declaración de guerra hecha por Y. A. al Emperador de los 
franceses en nombre de Fernando VII. Lo hice saber á los 
buques de guerra ingleses que cruzaban ¿ la ?ista de la 
Habana, que han sido el bergantín Pire Fly, su capitán 
David Boyel, y la fragata Francbise, su capitán Mr. Th. Las. 
hivood y dos corsarios de fuerza. Los dos buques de guerra 
han entrado en el puerto y tomado víveres. Con el primero 
avisé á los gobernadores de las islas de Jamaica y Provi- 
dencia. 

He avisado ya por duplicado de lo determinado por V. A . 
i los cuatro vireinatos y á todas las capitanías generales de 
estos dominios de Indias; y también al Cónsul general y 

encargado de los negocios de España en los Estados-Unidos 
del norte de América. 

Se proclamó en esta ciudad al rey D. Fernando Vlf el día 
80 del corriente con júbilo universal ; y se va proclamando 
igualmente en los demás pueblos de la isla. 

Se presentan también varios donativos; y en habiendo al- 
guna cantidad crecida la remitiré á Cádiz, cuando haya oca- 
sión segura , á la disposición de V. A. 

Las proclamas y bandos publicados por disposición de 
V. A., que han llegado á mis manos, se han hecho saber á 
estos habitantes por medio del papel periódico de esta ciu- 
dad, titulado La Aurora, — Dios guarde, etc. 



L 



II. 



A la Suprema Junta en 3 de agosto de 4808. 

H. P. S. — En el día de ayer me ha presentado D. Rafael 
Villavicencío, brigadier de la Real Armada, el despacho de 
y. A. con las prevenciones que en ¿1 se me hacen por lo to- 
cante á esta isla. 

Me ha servido de la mayor satisfacción el ver que he teni- 
do la fortuna de llenar las intenciones de Y. A. aun antes 
de haber recibido algún oficio para el efecto.' Esto se acre- 
dita por el parte que he dado á V. A. con fecha de 28 del 
mes próximo pasado , de todo lo practicado aquí de resul- 
tas de las noticias que adquirí de los terribles acaecimien- 
tos de España , por la conducta del Emperador de los^ fran- 
ceses contra nuestro Rey el señor don Fernando VII y demás 
personas reales. 

Los otros oficios de 29, 30 y 31 del mismo mes de julio no 
dejan duda de mi lealtad y patriotismo en todo tiempo co- 
mo inseparable de mi por las circunstancias de mi persona. 

Luego que el comisionado de Y. A. manifieste las instruc- 
ciones que tuviere sobre otros particulares, las cumpliré 
inmediatamente como correponda, para el mejor servicio 
del Rey , representación de Y. A. y bien de la patria. 



HIST, DB CUDÁ. — TOMO III. — 28 



in. 



A la .Suprema Junta de Sevilla en /.• de noviembre de iSOS. 

]|^ p. s. — Me es sumamente sensible tener que llamar la 
atención de V. A., aun para el corto tiempo necesario de leer 
este escrito, por conocer está grave y dignamente ocupado 
y« A. en los varios cuidados que exigen en el día las circuns- 
tancias de España. Pero como la conservación de mí buen 
nombre en el concepto de V. A. me es tan interesante, no 
me es posible mantenerme en silencio habiéndoseme ase- 
gurado haberse escrito á V. A. en contra de mi conducta so- 
bre las ocurrencias del día; y como este informe de mi pro- 
ceder es hecho, ó á lo menos ha de pasar por tal ante Y. A. 
por su comisionado el Brigadier de la Real Armada D. Ra- 
fael Villa\icencio, y V. A. creer á este sujeto imparciai en 
el particular, me es roas forzoso poner de manifiesto mi 
conducta para que con vista de ella y lo que por otra parte 
se informe a V. A. pueda venir en conocimiento de la rea- 
lidad de los hechos y de si hay algún interés particular so- 
bre lo que se informe de mí á Y. A. 

Tengo anteriormente participado á V. A., con fecha de 29 
y 30 de julio último, números 2 y 3 , sobre mi conducta en 
orden al gr>bierno francés antes de los últimos sucesos de 
haber llevado con engaño á Francia á nuestro Rey Fernan- 
do Vil y á las demás personas reales: tengo también remi- 
tido á Y. A. la proclama de il de julio último y acompaño 
ahora la que hice publicar en esta plaza y circular en la isla 
á las pocas horas de haber sabido casual men le en aquel 
mismo dia las ocurrencias de España de que me instruyó 



L 



HISTORIA DE L\ ISLA DE CUBA. I3S 

el intendente D. Juan de AguUar y yo me impuse por va- 
ríos papeles impresos que me entregó. Avisé á la mayor 
brevedad á todos los dominios de S. M. en ambas Américas 
de los acontecimientos tan notables en la Monarquía, y en 
algunos de ellos han sido mis avisos los primeros que han 
recibido; habiendo producido el mejor efecto por haberse pro- 
clamado inmediatamente á Fernando VII y remitido dona- 
tivos á la Península en prueba de su lealtad y patriotismo. 
Después de la llegada ala Habana en 2 de agosto del comi- 
sionado de y. A. D. Rafael Yillavicencio para presentarme 
-el despacho de su comisión , publiqué en virtud de ella, en 
8 del mismo mes, la exhortación que acompaño para excitar 
nuevamente y empeñar más á estos habitantes en hacer 
donativos para España; no obstante que también habia toca- 
do este punto interesante en la proclama de i 7 de julio. 

Como al mismo tiempo que se esparcieron por la Habana 
los impresos de la Suprema Junta de Sevilla, se esparcieron 
también las proclamas de otras Juntas supremas y subalter- 
nas, hubo algunas personas que creyeron seria conveniente 
en esta isla una Junta de Gobierno que informase Jas dis- 
posiciones de los diferentes ramos que hay en ella, cada una 
con su jefe respectivo, é independientes los unos de los 
otros , necesitándose grande reforma por lo que respecta á 
los crecidos gastos que ocasionan los ramos de real ha- 
cienda, superintendencia de tabacos y marina. Yo era del 
parecer de que con venia esta junta, pues siendo el responsa- 
ble de la tranquilidad de la isla y conociendo las graves du- 
das que podían ocurrir en muchos casos, me parecía lo mas 
conforme que estas se decidiesen por la Junta, quedando al 
cuidado del jefe de cada ramo lo corriente y trivial al del 
suyo con la facultad que por su mismo empleo tiene. Mu- 
chos que no opinaban por la Junta, aunque todos unánimes 
en que fuese el ji*fe de la isla el actual Capitán General de 
ella, y opuestos todos aquellos que conocían que si se llegase 
á establecer la Junta habían de reformarse desde luego los 
exorbitantes gastos que hay en sus ramos, eran los que 
mas hablaban contrae! establecimiento de ella, suponiendo 
ue oslo era suscitado por algunos pocos que decían ellos 




436 

quenas iBaaéar. Caá esta r^neéad de •píaioaes se 

víerott los Mímo^ de aigvnos díscolo» j crej< 
sioQ ftyat üi aa para desfogar sos resenümíentos 
castra ai«(TUMM eaplearfos ñsibfes , celosos en d 
aapeño de sos escarzos y hombres de bíea es c«aBtoi( 
dadaoos. Coa este objeto se repetían los pasqidiies j st 
biaba oootra sujetos defennma^íos sin haber eaosaparaella; 
7 Bsiica podía haberia para hiblar contra sájelos caraderi- 
zados es los temíaos diirh«)s. Los cootíaoados pasqaiars y 
otras Toces qee aan sía faD-iameiiti> se esparcían por el poe- 
blo, me obligaron á pobíicar en 16 de agosto el adjuilo 
ünpreso para nantener en tranqnilldad a estos habitantes y 
OMistrar la sererídad con que serian tratados los que inten- 
tasen pertorbar la qoietnd dd pueblo. Logróse estoen efisc- 
lo , aunque parece no haberse logrado apagar las conrer- 
saciooes privadas y que de ellas ha nacido el informe qne 
se dice se ha dado 'i Y. A. de mi y de algunos sujdos 
con quienes hay motiros particulares de disgusto , por ra- 
zón de los encargos que ejercen y se han hecho perso- 
nales. 

Me reo en la precisión, para ilustrar algo i Y. A., de tener 
que nombrar sujetos. El comandante general de este apos- 
tadero de marina D. Juan VillaTicencio, hermano del comi- 
sionado de V. A., es un opositor declarado mió, sin otra cau- 
sa que por razón de mis empleos sostener mis facultades y 
no adherirme ciegamente á su modo de pensar, pretendien- 
do sostener las suyas ó las que cree que lo son en tono ab- 
soluto. Por esto 8e«han suscitado por su parte competencias 
ruidosas contra lis jurísdicóiooes del Gobierno y Consulado, 
ya en cuanto á los cortes de maderas, ya por el almirantaz- 
go , y ya por la inteligencia de las ordenanzas de Matrícu- 
las; habiendo despojado ala ciudad del privilegio del tráfico 
do la bahía, de que había dos siglos estaba en posesión, y 
privádola con este despojo de la entrada de mas de veinte 
mil pcKos de propios en cada un año; diciendo dicho coman- 
(lttnl(5 general de marina, que es absoluto jefe natural de 
cuanto concierne á la mar (oficio al Gobierno de 20 de octu- 
bre do 1800). De estas ruidosas competencias hechas perso- 



DE LA ISLA DE CUBA. 437 

nales , se instruyó al Rey por las respectivas secretarías de 
Estado de que aun no ha habido resolución. 

D. Rafael Gromez Roubaud, superintendente de tabaco9, 
el tiempo que ha estado de Intendente interino ha estado 
intimamente unido con el general de Harina, porque creia 
que en esto hacia un mérito particular para con el Príncipe 
generalísimo Almirante; y su decidida adhesión al almi- 
rantazgo sin haberse establecido en la Habana , la mostró 
por papeles públicos , mandando á los empleados en rentas 
se reconociese por lugarteniente del Almirante al general 
de Marina , y pasó á este causas de real hacienda sin haber 
tribunal de almirantazgo. Estos dos sujetos y algunos otros 
pocos, que no pasarán de seis, que son de su séquito por fi- 
nes particulares, serán los únicos que hablarán contra mi, 
y todo el resto de los habitantes de esta isla me honran con 
8u respeto, obediencia y cordialidad. 

D. José Ilincheta y D. Francisco de Arango, por sus res- 
pectivos encargos de Asesor ^^neral del gobierno , el pri- 
mero, y del tríbuihl de Alzadas el segundo y sindico del 
consulado, me asesoran en sus respectivos ramos, y esto 
les ha ocasionado el desafecto del general de Marina; y por 
lo que ambos, también por sus encargos, tuvieron que ha- 
cer contra la reparable conducta de D. Luis Viguri, inten- 
dente que fué de la Habana y hechura del Príncipe de la 
Paz, se adquirieron el desarecto del sucesor interino Rou- 
baud, que pretendia sarar á Viguri por un celoso é integro 
ministro de real hacienda. 

En honor de la verdad diré á V. A., que Ilincheta, por 
•quien son escritos los tres adjuntos'iimiresos, tiene bien 
acreditado su proceder en esta isla én mas dé diez y seis 
4iños que lleva de teniente gobernador en la Habana y ase- 
sor general; y que yo debo decir que es, en mi concepto^un 
perfecto español, y que por su talento, su instrucción y sus 
virtudes morales, juzgo que ocuparla dignamente una de 
las primeras sillas del reino. 

Arango , dotado por la naturaleza de recomendables cir- 
cunstancias, ayudado después con su aplicación y adornado 
con los conocimientos y maneras insinuantes que adquirió 



438 HISTORIA 

en Madrid en su juTentud y son may apreciabies para la 
sociedad, vuelto á la Habana con la distinción de la toga, y 
empleado bonuriKoamente en el consulado desde el tiempo 
de su creación en el año de 4794, fué desde entonces esti- 
mado y aplaudido por las personas de distinción de la Ha-> 
baña y por las demás clases de buen corazón; pero al mismo 
tiempo fué sentido por la envidia de las almas débiles de 
algunos, que teniendo solo el mérito de haber estudiado ei) 
las aulas y reeibídose de abogados, sentían ver colocado con 
distinción y aplauso en el mismo pueblo á un sujelo de 
menos edad que la suya, sin conocer la diferencia que habia 
de él á ellos, en instrucción y otras recomendables circuns- 
tancias que lo hacian aprecíable para con los indiferentes. 
^ Uno de estos es D. Manuel Coimbra, fiscal del juzgado de 
Marina y asesor del tribunal del consulado, y por esta cali* 
dad como subalterno, digámoslo asi, de D. Francisco 
Arango, por ser asesor este del tribunal de Alzadas, en el que 
se revocan varias sentencias de las dadas en el consulado 
con consulta de su asesor. Al mismo tiempo los dos dichos, 
Arango y Coimbra, son vocales en la Junta superior conten- 
ciosa de real Hacienda en la Habana, en donde se dice están 
discordes algunas veces en su modo de pensar. Uácese des- 
pués fuera de la junta conversación de lo pasado dentro de 
ella; y estando los ánimos indispuestos, es fácil acriminar, 
aunque no haya intento de dañar, cuando la materia de que 
se haya tratado sea opinable y critica según las circunstan- 
cias. Coimbra, como he dicho, es fiscal del juzgado de Ma- 
rina; con este lleva masque intima correspondencia el se- 
cretario de la comandancia de este apostadero D. Jgan 
Vasco; y por este conducto se halla impuesto el comandante 
general D. Juan Villavicencio y su hermano D. Rafael» co- 
misionado por V. A. 

Diré á V. A. en favor del mérito de Arango, que el ilus- 
trado é imparcial D. Luis de las Casas, siendo gobernador 
en esta plaza en el año de 4796, dijo al señor secretario de 
Estado de Hacienda con fecha de 29 de noviembre, hablando 
de las útiles tareas de la Junta de gobierno del consulado... 
«Y si y. E. reconociese algún mérito en este cuerpo, no der 



DE LA ISLA DB CUBA. 439 

jará de reconocerlo igualmente al alma que asi lo anima; 
quiero decir, á su sindico promovedor de la creación de esta 
junta. Lo es igualmente en ella de todas las grandes empre- 
sas que quedan indicadas; su celo público las ha promovido; 
y su talento, sus conocimientos, su prudencia, su eficacia 
y su dulzura de carácter facilitan el logro allanando los obs- 
táculos que necesariamente se presentan. Mucho bien hace 
á su patria y al Estado, y por todos títulos se hace Arango 
acreedor al aprecio y á la remuneración. V. E. sabrá gra- 
duar dignamente aquel y proporcionar esta con generosidad 
cuando lo halle oportuno; yo lleno gustosamente mi deber 
en promoverlo y decir á V. E. , sin recelo de equivocarme, 
que la monarquía prepara en el síndico y oidor honorario 
D. Francisco Apango un hombre de Estado, un vasallo que 
le hará los mas grandes y útiles servicios. En vísperas de 
entregar las riendas de este gobierno me complazco en de- 
jjar con este vaticinio un testimonio del concepto y estima- 
ción en que le tengo.» ¿Y si esto se decía hace doce años, 
qué deberé yo decir ahora habiendo continuado Arango este 
largo espacio de tiempo en sus útiles tareas y aplicado á 
los ramos de su cargo de promover la prosperidad de la isla 
en la agricultura y comercio? Repetiré, y con mucho mas 
fundamento ahora, lo que con fecha 29 de agosto de 1801 
dije al señor secretario de Estado del despacho de Hacienda 
que es lo siguiente: «En orden al síndico del consulado don 
Francisco Arango debo informar á V. E. que le considero 
por mí parte en disposición de emplearse, ya de modo que 
se saque de él la utilidad que dijo mi citado antecesor don 
Luis de las Casas en su referido oficio, y á quien también se 
contrajo el teniente general conde de Santa Clara en el suyo 
de 6 de agosto de 4798, recomendándolo particularmente, 
cuyos informes ratifico yo por mi parte.:» 

He creído indispensable instruir á Y. A. de tc^o lo ex- 
pujesto por lo que pudiere convenir para su conocimiento. 
— Habana, etc. 



IV. 



Al Regente de la Audiencia en Si de diciembre de 4808. 

Por el último correo que he recibido de Cuba me avisa el 
gobernador, á quien le pasé los anónimos , que en uno de 
ellos se infama vergonzosamente al síndico procurador, y se 
ultraja al cabildo; al gobernador le llama bonapartino y dice 
que juntó á tres regidores campestres y un sindico que es- 
taría ebrio como lo acostumbra estar siempre, para recoger 
la apreciable exhortación que ha hecho el cerrado pastor á 
sus diocesanos. Dice á los cubanos que vean cuan malo es 
el gobernador que hasta quiere atrepellar y formar causa al 
que mira por el bien del pueblo y busca su bien y el de la 
monarquía; pero que la cabeza del gobernador volará y la 
de los viles franceses, sus queridos y amados. 

Conviene que el Sr. Zelaya apresure su ida á Cuba; pues 
es el único medio que hay para que cesen los pasquines y 
anónimos, y que se contengan para en adelante, procediendo 
ahora con el rigor de la ley contra los que resultaren cul- 
pados.— Dios guarde, etc. 



Índice 



DE LAS HATEHIAS QUE CONTIENE EL TOMO TERCERO. 



CAPÍTULO PRIMERO.— Pax de Versalles.— Es comisionado el Conde 
de Riela para tomar posesión de la Habana.— Faenas con que sale 
de España.-^Sa llegada á la plaza.— Evacúanla los ingleses. — Se en- 
carga Riela de la Capitanía general. — Plan general de fortificacio- 
nes en la Habana. — Empréndense con ardor las obras. —Castillos 
de la Cabana, del Morro, de Atares y del Principe.— Restauración 
del Arsenal.— D. Alejandro 0*Reilly reorganiza las tropas veteranas 
y las milicias de la isla.— Resaltado de la cansa formada en Madrid 
por la rendición de la Habana. — Recompensas á las familias del 
Marqués González y de D. Luis de Velasco y á los habaneros qae se 
distinguí erou por sus ser?icios y fidelidad. — Causas forceadas en la 
Habana y terminadas en España contra PeñaUer y Oqnendo.-^El 
Conde de Riela.— Sns reformas aprobadas menos la de la creación 
de una Audiencia.— Primeras franquicias comerciales. — Creación 
de la Intendencia de la isla y de su primera Administración general 
de Rentas. — D. Miguel Altarriba, primer intendente. — D. José An- 
tonio de Armona, primer administrador — Crea en la Habana la 
Administración de Correos marítimos entre España y la América 
Central.— Explicaciones inéditas de esie funcionario sobre ese ra- 
mo. — Organización de la primera Intendencia.— Otras disposiciones 
de Riela. — Creación de las capitanías pedáneas.— La primera prensa 
periódica en la Habana.— Breve mando del mariscal de campo don 
Diego Manrique y su muerte.— Sacéde le interinamente D. Pascual 
Jiménez de Cisneros 

^APlTULO II.— Gobierno interino de D. Pascual Cisneros -Apuros 
pecuniarios.— IntroJacciones de negros. — Gobierno de D. Antonio 
Bucarely. — Refuerzos de tropa.— Expulsión de extranjeros.— Hefor- 
mas judiciales — Terremotos en Santiago de Cuba» en Biyamo, y 
sus estragos— Expulsión de los Jesuítas.- Narración de D. José de 
Armona referente á su salida de la Habana. — Bienes embargados en 
la isla á la Compañía de Jd$us.— Huracán llamado de Santa Teresa. 
— Comunicado t en que Bucarely refiere sns estragos al gobierno. 
«-Generosidad de Bucarely.— D. José Antonio de la Colina, funda- 
dor y primer Comandante General del Apostadero de la Habana.— 



442 ÍNDICB. 

Oposición de la Loisiana i depender de España. — Expulsión de 
Nueva Orleans de D. Antonio de Ulloa , primer gob«*rnador español 
de aquella provincia.— Encárgase D. Alejandro 0*Reilly de some- 
terla —Llegada ¿ la Habana de este general —Prepara Bucarely la 
expedición destinada i Nueva Orleans.— Su llegada á esta ciudad.— 
Necesaria seTeridad de 0*Reflly y su regreso á España.— Ingresi la 
Luisiana en la jurisdicción de la capiUnia general de Cuba.— 
Muerte en Santiago del marqués de Casa Cagigal, y del obispo Mo- 
rell de Santa Crui, en la Habana.— Surédele D. Saniiago José de 
Hecha varria.-Muerte de D. Juan de la Colina.- Elevación de Buca- 
rely al vireinalo de Méjico.— Segundo gobierno interino de D. Pas- 
cual Cisneros.- Elevada reputación de Üucarely 5S 

CAPITULO III. —Gobierno del marqués de la Torre— Sus reformas 
y sus obras públicas.- Primer censo de población.— Primer teatro 
en la Habana.— Plaia de armas. Casa de gobierno é Intendencia. — 
Útiles innovaciones en el ramo de tabacos.— Fundaciones d»» la 
Nueva Filipina ó Pinar del Rio y del pueblo de Jaruco.— P-blacioa 
de la isla.— Inlroduccioues de esclavos.— Sucede D. Nicolás Rapun 
i D. Miguel asi Altarríba en la Intendencia.— Su administración.— 
Progresos de las remas, del comercjo y d¿ la agricnlinra.— Compe- 
tencias del comándame general del Apost:idero D. Juan Bonet con el • 
marqués de la Torre.— Triunfa en ellas el segundo.— Sus providen- 
cias para el abasto público. — Fundación del Seminario de San Car- 
los en la Habana.- Vestuario de las mi iciasy >u armamento.— For- 
tiflcaciones.— Castillo del Principe.— Reedificación del castillo de 
San Severino de Matanzas y del Morro de Santiago de Cuba. — 
Muere el intendente Rapnn y le sucede O. Juan Ignacio de Ürriza. 
— Insurrección de las posesiones Norte-americanas contra su me- 
trópoli.— Precauciones del marqués de la Torre. — Memoria manus- 
crita de su mando 0$ 

CAPÍTULO IV.— Gobierno de O. Diego Navarro.— Refuerzos milita- 
res. — Reglamento de libre comercio entre iv;spafia y las provincias 
ultramarinas.- Ileeoleccion de la moueJa macuquina en la isla, 
sustituyéndose por moneda acordonada. — Tentativas do Navarro 
para reformar el foro de la isla.— Causas de uo nuevo rompimiento 
con la Gran Bretaña. — Declaración de gueri a. —Corsarios españoles. 
-Primeros triunfos del gobernador de la Luisiana B. Bernardo 
Calvez contra los Ingleses.— Es reforzado con tropas que le envia 
Navarro.— Frustra una tormenta su primera empresa contra la M6- 
bila. — ^Segunda empresa contra esta plaza y su conquista.— Expe- 
dición de Naria y ile Solano venida de Cádiz á la Habana.— Estragos 
del vómito en sus tropas y tripulaciones.— Pri ¡ñera empresa contra 
Panzacola aplázala por una tempestad.— Ataque y toma de la refe- 
rida plaza por Calvez.— Recompensas á los vencedores.— D. Juan 



JNDIGB. 443 

Bonet es relevado por D. José Solano en el mando del Apostadero. 
— Suscoastracciones nabales.— Releva también Galvez á Naviaea 
el mando de las tropas —Término del gobierno de Mavarro.-^Su 
desioierés.-'Incidenles del territorio de Santiago I3«^ 

CAPITULO V.— Gobierno de D. Juan Manuel de Cagigal.— Aspecto de 
la guerra.— Proyectos de los aliados.— Refuerzos enviados k Amé- 
rica por Franela.— Pian de conquista de Jamaica. — Regreso de 
Galfez á la Habana. — Dt*pIorable inacción. — Sus causas. — Sale 
Galv'ez para Santo Domingo.— Leva general en la Habana.— Precau- 
ciones niiliiares.— Expedición de Cagigal contra la isla de Provi- 
dencia y su conquista. — Derrota de la escuadra francesa por la in- 
glesa cerra de la Dominica.— Falsa posición de Cagigal en Provi- 
dencia.— Begresa á la Habana con su armamento dispersado.- Or- 
ganiza un c:iii;po volante junto á la plaza.— Aparición de la escua- 
dra ingle-a de Roilney —Se aleja.— Descuidos de Cagigal en el go- 
bierno polilico.- Su :iyudante D. Francisco Uiran ia introduce con- 
trabandos por Batavanó.— Se los decomisa el Intendente y da 
cuenta á la corle 163 

CAPITULO VI.— Gobierno de D. Luis de Unzaga. — Proyectos de los 
aliados.— Grandes preiiarati vos de guerra en Europa.— Inferioridad 
de los ingleses.— Paz de Paris — La qu brantan los ingleses aniici- 
pandóse á recuperar á las Islas de Providencia.— Independencia de 
los nuevos Estado» de la América del Norte. — Disolucíou del ejér- 
cito aliado en las Antillas.— Vasta insurrección de I upac-Amaiu es 
el Perú felizmente reprimida. — Introducción de negros en la Haba- * 
na. — Prohildcion a los extranjeros de residir en nuestras provincias 
de Ultramar.- Cansa d¿ Cagigal.- Procedimientos contra los em- 
pleados de la Factoría y otros de otras parles.— Fundación de la co- 
munidad de Capuchinos en la Habana.— Medida para disminuir en 
el país el número de abogados.— Brevísimo gobierno del Conde de 
GaUez.— Procedimiento contra el gobernador de Santiago D. Ni- 
colás de Arredondo y otros funcionarios. — Gobierno interino de 
D Bernardo Troucoso. — Incendio de Casa-Blanca. — Primeros in- 
tentos de u.<^urpacion de los Norte-Americanos reprimidos por el 
goberna lorde la Luisiana.— Gobierno interino de D. José Kzpeleta. 
— Proeedimieqtos contra varios empleados de Hacienda.— Observa- 
ciones sobre las ventas públicas de esta época -Muerte de Galvez 
y de su lio el Ministro de Indias. — D. Paldo Valiente sucede en la 
Inten iencia á Urriza —Su prudencia.- Sucédele inlerina(T.enle dou 
Domingo Heruani.— Reformas y obras de Ezpelela. — CreacioD 
del reg miento de Cuba.— Creación de una S( ciedad de Amigos del 
País en Saniiago, y servicios de su gobernador D. Juan Bautista 
Vaillaat —Muerte de Cá^o« IIL— Gobierno interino de D. Domingo 
Cabello.— Proclamación de Carlos i V.— Desaires sufridos por Cabe- 



444 fNDIGB. 

lio ^ DItísíod de la diócesis de la isla.— Creación del arzobispado de 
Santiago y del obispado de la Habana.— So primer obispo D Felipe 
Tret-Palacios.— Primer arzobispo de Santiago, D. Antonio Pelio. . 189 

CAPITULO Vil. — Gobierno de D. Luis délas Casas.— Exce'entes 
proTidencias — Censo de población —Libertad para el comercio de 
negros. — Comercio y agricultura. — El intendente D. Pablo Valien- 
te. — Recio temporal. — Retolacion francesa y de Hai ti.— Desastre 
del Gnarico. —Precauciones de Casas en Cuba, la Lui :iana y Itt 
Floridas — Obras públicas. — Fandacion de la Sociedad pitriótica de 
la Habana y de la casa de beneficencia.- D. Francisco Arango.— 
D. Nicolás Cal To.— Re rorma 8 en los ingenios.— Discordias de Casas 
con el obispo Tres-Palacios. — Guerra con ia república francesa y 
en Haiti — La escuadra española se apodera de Puerto- Delfin y otros 
puntos. —Operaciones desacertadas en lo interior de la isla f'e San- 
to Domingo —Nebros auxiliares de los españoles. — Deserción de 
Toussaint Louverture. —Asesinatos cometidos por Juan Francisco 
en Bayajá.— Reunión de fuerzas navales en la Rabana.— Epidemia en 
sus tripulaciones —Paz de Basilea.— Primera y atropella'la evacua- 
ción de la parte española de Santo Domingo SIS 

CAPITULO VIII.— Llegada de las cenizas de Colon i la Habana.— 
Traslación de la Audiencia de Santo Domingo.— Concesiones á1 co- 
mercio y agricultura de Cuba.— Esperanzas de los hacendados de la 
isla. — Principio de las fundaciones de Nnevitas y Manzanillo.— 
Proyectos de colonización en las babias de Ñipe y del Guantána- 
mo. — Fundación del Maríel— Adelantos de la agricultura.— Eman- 
cipa^'ion de los esclavos del Cobre. — G'>bierno de D. Juan Quintana 
en Santiago. — Guerra con la Gran Bretaña.— Fin del mando de 
Casas SSn 

CAPITULO IX.— Gobierno del conde de Santa Clara.— Nuevo rompi- 
miento con Inglaterra.— Precauciones militares en la isla. — Se apo- 
deran los ingleses de la de Trinidad.- Son rechazados de Puerto- 
Rico y Puerto-Casilda.— Hostilidades en las costas de Coba.— Pre* 
tensiones de los agentes franceses de Santo Domingo en la Ha- 
bana. — Proyedosde colonización en la babia de Guantánamo y 
otros puntos por el conde de Jaruco. — Ocurrencias de- Sanio Do- 
mingo -Traslación de su Audiencia á Puerto-Principe de Cuba.— 
Guerra económica entre los prohibicionistas y los concesionistas. 
— ^Revocación de varias fi-anquicias concedidas al comercio de Cu- 
ba.— Injustos privilegios de algunos individuos.— Permanencia del 
duque de Orleans y sus dos hermanot en la Habana. — Progresos 
en la elaboración del azúcar.— Decadencia de la ganadería. — Pro* 
greios de las renus de diezmos. —Muerte de^obispo Tres Palacios. 
—Intrigas de los franceses y de los ¡tt^^leses para sacar de su neu- 



ÍNDics. 445 



tratidad á los Esudos-Unidos.— Obras públicas en la Habana.- 
Dalizacíon empezada en el terriioriode G&ines.-*RectiQcacion de 
limites de la Laisiana y las Florid^is.— D. Francisco Miranda.— Slo- 
tomas de rebelión en Venezuela.— Verdaderos principios de la di- 
sidencia con sa .metrópoli en las posesiones espa&plas de América. S76 

CAPÍTULO XI.— Gobierno del marqués de Soroeroelos.— Relevo del 
intendente Valiente por D Luis Viguri. — Gobierno de D. Sebastian 
de Rindelan en Santiago de Cuba.— Tolerancia del comercio con 
neutrales.— AUernatifas y lucbas entre probibicionistas y conce* 
sionistas.— Desórdenes de la administración en Cuba.— PreTencio- 
nes militares de Someruelos.— Creación de compañias rurales.— 
Obras provisionales de defensa en varios pontos^— Choques é inci- 
dentes con la marina inglesa. — Traslación á ia Isla de la Audien- 
cia de Santo Domingo, siendo declarado su presidente el Capitán 
general. — Nuevas emigraciones de Santo Domingo. — Paz de 
Amiens.— Respiro del comercio. — Incendio del barrio de Jesús Ma- 
ría. ^-Expedición de Leclerc á Haiti —Pacifica esa isla momentánea- 
mente.— Muerte de ese general y desaciertos de su sucesor Ro» 
chambean.— Gl clima destruye al ejército francés. — Recógense á 
Cuba algunos de sus restos. — Medidas de Someruelos.— Generales 
Lavalette y Noaiiles. — Nuevo rompimiento entre España é loglater- 
ra.— Fomento del café debido en Cuba ¿ la emigración dominicana. 
— Retrocesión de la Luisiana á Francia para vendérsela Napoleón 
á los Estados-Unidos. — La comunidad de las Ursulinas se traslada 
de Nueva Orleans á la Habana.— Obispo de la Habana D. Juan Díaz 
de Espada y sus útilísimas disposiciones. — El arzobispo Ozés en 
Santiago tie Cuba, y sus cuestiones con Kindelan. —Progresos en 
agricultura.— Introducción de la vacuna.— Persecución de malhe- 
chores —Mejoras en la Habana. — Estatua de Carlos III.— Cesa Vi- 
guri en la intendencia 317 

CAPÍTULO XII.— Continuación del gobierno de Someruelos y de sus 
medidas militares.— Distribución de patentes de corso.— Saquean 
dos corsarios á Batabanó.— Invasión y rendición de una expedición 
inglesa en Buenos-Aires.- Fracasan los intentos de Miranda sobre 
Venezuela.— Pérdida de la fragata Pomone en Cogimar.— Es recha- 
zado un ataque dejos ingleses en Baracoa.— Sus insultos á las eos-- 
tas de la Habana. — Caida de Godoy y abdicación de Carlos IV en 
Aranjoez. — Invasión francesa en la Península en la primavera de 
i808.— Toda la familia real de España es atraída á Francia.— Car- 
los IV y Fernando Vil abdican sucesivamente en Bayona en el empe- 
rador de los franceses, y este en su hermano José Bonaparle.^Dos 
de mayo en Madrid. — Juntas provinciales en España é insurrección 
general contra los franceses.— La Junta de Sevilla.— Llegada á la 
Rabana del nuevo intendente D. Juan de Aguilar.— Conducta de 



446 ÍNDrCE. 

Someroelos.— Proyecto frustrado de una jonta proTinclal en la Ha- 
bana.— Sobresaltos en esta capital con las noticiat de Espafia.— 
Se calman con la noticia de la ylcloriade Bailen.— Jama central en 
Espaüa.— Intentos del general Ferrand desde Santo Domingo.-— Se 
rebelan contra él alli los dominicanos espa lióles, aniquilan sas Tuer- 
xas y cansan su suicidio.— Don Joan Sánchez Ramirezi nuevo capi- 
tán general en aquella isla por España. — Expulsión en Cuba de la 
mayor parle de los emigrados franceses de Haiti «MaUs noticias 
militares de España. — Conmoción en la Habana contra aqueiloe 
emigrados.— Medidas de Someruelos para protegerlos. —El ar- 
zobispo Ozés atiza en Cuba su persecución. — Sus malos manejos 
conlra Kindelan —Don Rafael Roubaud, administrador de la fac- 
toría« suscita chismes ^y enemistades conlra Someruelos — Justa 
tolerancia del comercio cun neutrales.— Sublevaciones contra Es- 
paña en Venezuela, Sanfa Fé, Rueoos-Alres y Méjico.— La infanta 
doña Carlota Joaquina. — Emisarios del gohierno del ini raso rey 
losé en Cuha. — Cansa y suplicio en la Habana de D. Manuel Ma- 
man.— La Junta Central y Suprenia de gobierno se con\ierte en 
Regencia.- Convocación ^ Cortes en la isla de León.— Sus precipi- 
tadas providencias. — Proposición de los diputados Alcocer y Ar- 
guelles para extinguir la trata y abolir la esclavitud. — Aun«fue 
desechada, consterna á los hacendados de Cuba — La combaten 
▼ictoriosairente el diputado habanero D. Andrés de Jáurrgui, So- 
meruelos y D. Francisco Arjngo —Descubre Someruelos una vasta 
conspiración de gente de color.— El negro José Aponte y suscóm- • 
plices.— Su causa y su suplicio. — Término del mando de Somerue- 
los • 368 

APÉNDICES.— Pr/m^ra.— A la Suprema Junta de Sevilla en 38 de ju- 
lio de 1808 431 

5f^u«de).— A la Suprema Juniu en 5 de ajáoste de 1808 435 

Tercero.— K la Suprema Junta de Sevilla en l.^de no\iembrede 1808. 434 

Cuarto.— W Recente de la Audiencia en 31 de diciembre de 18.^8. . 440 



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tomos en 4.«, lü x)esetas. 

Pitra dar una idea de tan interesante obra copiamos á continuación el 

índice general.— tomo primero— Parte primera.— La Coaquifta.— Capí- 
tulo 1 Estada de la Europa (*n Ins úllimoF :iñ >s del siglo déc'moqiiínto —Cap. 11. Esiado 
de la España ew la misma época.— Cap. 111. Estado de lasoienMas aplicables á la navega- 
ción. — Cap. IV. Descubriinieoto del Nuevo Mundo.— Cap. V. Observaciones sobre el viaje 
de descubrirolentu— Cap VI. Reconocimiento y regreso á España— Cap. VIÍ. La Bula de 
Alejandro VI.— G I p. VIII. Segundo viaje de Colon —Cap. IX. Fundación del primer pue- 
blo.— Cap. X. Primeras dificultades y proceder de los españoles. — Cap. XI. Proceder de 
las demás naciones. — Cap. Xtl. Discordia en la Española. — Cap. Xllf. Tercer viaje del 
Almirante. — Cap. XIV. Viajes de otros descubrimientos. —Cap. XV. Desgracia del Almi- 
rante.— Cap. XVI. Cuarto y último viaje de Cristóbal Colon. — Cap. XVII. Regreso de 
Colon á España, sus últimas disposiciones y su muerte —Cap. XVIII. Conquista de las 
Antillas— Cap. XIX. Viajes al Nuevo Continente.— Cap. XX. Conquista dfl Darieu y des- 
cubrimiento del mar Pacifico.— Cap. XXI. Primeros viajes al sonó .\l<M!caiio. — Cap XXII. 
Principios de la conquista de Méjico.— Cap. XXIII. Empréndese la ma>cha pira la cajpital 
del imperio.— Cap. XXIV. Muerte de algunos españoles y prisión de Montezuma. — Capi- 
tulo XXV. Ext^edicion de Narva^K contra Cortés y nmerte de Monlezuaa. — Cap. XXVI. 
Desastrosa re'.iradade Méjic» — Cap. XXVII. Sitio y toma de la capital y fin de la con- 

3UÍSUI — Cap. XXVIII. Descubrimiento del Perú.— Cap XXIX. Principios de la conquista 
el Perú. — Cap. XXX Prisión y muerte del Inca Aiaulialpa. - Cip. XXXI. Desórdenes, 
iruerra y fin de la conquista dei Perú. — Cap. XXXII. Conquista del Paraguay y del Rio 
de la Plata —Cap XXXIII Reconocimiento del Amazonas.- ("^ap. XXXIV. Expediciones 
ala Florida. —Cap XXXV. Descuhn miento del Mis<is«ipi. —Ca|). XXXVI. Conquista del 
Rrasil. — Cap XXXVII. Kxpedicion de los alemanes á Venezuela. — Cap XXXNIII. Con- 
quista de loF. ingle.<es.>-Cap. XXXIX. Conquistas de Iüs france$es.-«Cup. XL. Reflexio- 
nes sobre 1» caiquísta de la America. 

TOMO SEGUNDO.— Pahti: segunua.— La Colonizaoion -Capítulo!. Las razas in- 
dígenas.— Cap. II. Trausformacion politice, social v religiosa — Cap. III. Primera or^aui- 
z:iclon de las colonias.— Cap. IV. Ventajas que reportaron las colonias de ios gobiernos 
fio|iu!ares. — r<ap.V. Las encomiendas de indios. — Cip. VI. Abolición de las^enccniendas. 
— Cap. VIL Progresos de las < olonias, abolidas las e icomiendas — Cap. VIII. Aspiracio- 
nes del clero y medios que empleó para realizarlas. — Cap. IX La Compafíia de Jesús en 
América.— Cap. X. Los Je.suitis en el Paraguay. — Cap. XI. Organización social de las 
colonias españolas.» Cap. XII. Losrr'partintíenibs, la n*ita y los tributos.— Cap. XIII. Las 
riquezv.s de la América.— Cap. XIV. Las minas de América. — Cap. XV. Preocupaciones y 
rivalidades entre los bubitanti'S de las colonias.— Cap. XVI. Observaciones generales bo- 
bre la c Ionización de la América. — Apéndice. 

Parte tercera. — Los Gobiernos independientes. — Cap iin lo 1. Primer plan de |ro* 
Liemo y sus neceí^arias variaciones.— Cup II. El Consejo de Indias. — Cap. III. Las Leyes 
de Indias. —Cap. IV. Lo3 Vireyes y Capitanes Generales. —Cap. V. Las Audiencias. — 
Cap. VI. Los Ayuntamientos.— 'Cap. VII. La Autoridad eclesiástica —Cap VIIL Orgaui- 
xacion m!i tar délas colonias españolas.— Cap. IX. Las guerras ae las colonias españolas. 
—Cap. X. Establecimiento de la indu.stiia en las colonias.- Cap. XI Progreso déla in- 
dustria en las colonias —Cap. XII. Comercio antiguo — Cap. XIII. Comercio entre l:i Es- 
paña y siis colonias. — Cap. XIV. Juicio sobre las leyes comerciales, sus reformas y sus 
consecuencias —Cap. XV. Administrarion Interior dA l:is colonias —Cap. XVI. Adminis- 
tración interior de las naciones de Europa — Cap. XVII. Administración y gobierno co- 
lonial de varias naciones.— Cap. XVIII. Piogreso intelectual ue la América española — 
Cap. XIX. Estado de l.isciencius y las leii':is antes de la emincipacioo. — Cap. XX. Lo 
que costaba la América á España —Cap. X\I. Ventajas que reportó la Europa de los 
sacrificios de España— Cnp. XX 11. 01>servacione> sobre los Gobiernos coloniales. 

Parte cuAR'A. — Los Gobiernos inHepeodientes —Capitulo I Tendencia general de 
las colonias. — Cap. II Esia<io de la America española a principios del siglo decimonono. 
— Cap. lil. Sucesos que precedieron á la insurrección de la América española. -Cap. IV. 
Revolución de la América española.— Cap V. Transformación política > social de la Amé- 
rica española.— Cap. VI. Gobiernos iodeoendlentes de la América inglesa.— Cap. V||. Di- 
ficultades que encontraron los directores de la revolución hispano-americana — Cap. VIII. 
Necesidad de proclamarla república democrática.-Cap IX. Méjico v el Perú. — Cap. \. 
Sucesos de 18^0 y sus consecuenciss. — Cap. XI. Los políticos de la América indepen- 
diente. — Cap. XII. Los militares de la América españ la.— Cap. XIII. Los auxiliares ex- 
tranjeros. — Cap. XIV. Desengaños y quejas de los auxiliares extranjeros. — Cap XV. 
Los caudillos en el Perú y en Méjico.— Cap. XVI. Los caudillos en el Perú y en Méjico. — 
Cap. XVII Lo« Gobiernos independientes del Paraguay y del Rrasil.— Cap. XVIII. Situa- 
ción actual de los pueblos de la America española.— Cap. XlX. La riqueza de América 
bajo los gobiernos ¡ndependiente«.— Comusiotí. 

Tt'fiuin ríe Chnmartin : IS7S. — lm|). ilo P. C»'irlos nailly-1)RÍI|iorc. 



■•^L^/v/^ •^^v^vrw^^^ M/^^^^^^^M^^»^^^ ^M««Mr< ^/H«<v«^/•r■ ^^«x '^'v««tf^^^y«^k#kA^^v^^# 



ISLA DE CUBA 



U. JACOBO DE LA PEZÜELA 



TOMO OT7ABTO. 



^V^j 



MADRID 
CARLOS BAILLY-B-VILLÍEOE 

Libríro da la Univeniítacl rtnlr;.! . i'el CoriRn-'o de lo» icilorPf Dipulacísj j i<¡ Ji 

Atsaemi» cl« Jiiiis|inii!encn y Lpeislícioo 

LiBnsnft eiiRAMEn* t nacional ccextífica v litedibu 

l'Ia^d? Sania Ana, n.")». 

Pjrii, J. B. Dailliere é hijo. - Londres, Bailliere. 



HISTORIA 



DE LA ISLA DE CUBA. 



k 



T«iuuu üe Ghumartiü : 187%. ^Imp. de Bailiy-Baílliere. 



HISTORIA 

ISLA DE CUBA 

D. JACOBO DE LA PEZÜELA 

TOHO CFAB-PO, 



MADRID 
CÁELOS BAJLLy-BAILLIEBB 

aro da U tlnireniílad rcD(ril , Ücl CangrpsD de )o> Helor*! Dípi 
Academ» dt Jutbpiudencia y LegiaLaeiaii 
LIIBErIa E1TH*nJEHA T nACIONAL, CtEMtnCA 

plaza dt Sania Ana, n,' ID. 
Parla, J. 6. Bailüereé bijo.-Londres, Bailllere. 
1878. • 
Darechat raurTidoa. 



SA 15'35'.5' 




HISTORIA 



DE LA ISLA DE CUBA. 



j^»A/VN/vv v vv v'>/ v^ r w'M'w^ -wv'^*M*<'<*w*vTr»-M*w*^»~«*<i*ii*>'*i*<*i*^~*' »■ - «> ~— »^^ * «^^ » ■» »i« «««-<«-««-»^«^j>-~->- »« ,» ,»,« -,.. ^ || « * ir^«*w wvww i> 



CAPÍTULO PRIMERO. 

€obierDO de D. Jaan Ruíz de Apodaca. — Piratas.— loconTenientes de la 
Goostitocion de i 81 S para el buen régimen de la isla.— Guerra entre la 
Gran Bretafia y los Estados- (Joidos de América.— Favorecen estos la in- 
aorrecciOD de los liispano-anerl canos.— Ccmprometida situación délas 
platas de la Florida.— Se apodera el general norte-americano Wilkinson 
de Móbila por sorpresa.— Apuros pecuniarios en la Habana.— Acertada 
conducta de Kindelan en la Florida.— Triunfos de los españoles sobre los 
franceses en Espafia.- Regresa de Franela á Espafta el rey Fernando VIT. 
•^u conducto.— La Constitución de Í8i3 et abolida.— Tranquilidad de 
«se cambio de régimen de gobierno en la isU.- Principales operaciones 
de la guerra entre ingleses y norte- americanos.— Ja ckson en plena paa 
acomete k Pansacola.— La toma y la evacáa.— Rechaza luego en Nuera 
Orleans al principal armamento de los ingleses. -Estado de la gurrra en 
la América española.— Buenos resultados de la tolerancia del libre co- 
mercio en la Habana.— Introducción de la loCeria en esta capiul.— Don 
Alejandro Ramírez, superintendente general de Hacienda en la isla. 

El marqués de Soiceruelos terminó su largo mando en 
U de abril de í 812, reemplazándole el teniente general 
de Marina D. luán Ruiz de Apodaca que, al gobierno 
superior de la isla , reunió las funciones de comandante 
general del Apostadero. Por esta causa ce?ó también en 
este cargo D. Ignacio de Álava \ sin que los apuros de las 
cajas en épocas tan revueltas y azarosas le permitiesen 

• 

t Véase so biografla en las p4gl- Ge0gr. M. HUL delaUUde (Mm 
finas 10 y ii, tomo 1. del Dice, por el Autor. 



6 HISTORIA 

emprender coDStracciaoes eo el iraenal, oí nÍDguDa oirá 
obra que correspondiese á su crédito en la armada. Em- 
pezaba entonces la era de las turbaciones pplíticas» j el 
poder de aquella dependencia naval y laa demia de Es- 
paña babia ya terminado* 

Apenas había buques que defendieran de insultos á la 
grande Antilla cuando empezaban ya á infestar sus aguas 
los corsarios de los Estados insurrectos en el continente* 
ó por mejor decir, los oorle-americaoos que arbolaban 
su bandera. Difícil era en tal estado sostener la neutra- 
lidad armada que á la sazón prescribid el ministerio es- 
pañol al estallar un esperado rompimiento entre dos po- 
tencias aliadas de España , la laglaterra y los Estados- 
Unidos. Mandó ^ á las autoridades españolas que la ob- 
servasen tan escrupulosa y tan severa, que no pudiera 
ninguna de las dos potencias beligerantes alegar el menor 
pretexto para hostilizarnos. En efecto, debía ser entonees 
nuestro primordial fia en América, que no nos distrajera 
ninguna causa extraña de emplear nuestros esfuerzos y 
recursos en sofocar la insurrección de nuestras posesio- 
nes; y nos interesaba esencialmente que no nos suspen- 
diese la grao Bretaña sus auxilios, tan útiles á la sazón 
para libertar el suelo español de la invasión francesa. 

Así lo comprendió Apodaca renunciando á un proyecto 
que formó en los primeros dias de su gobierno que no 

por legítimo y justísimo dejaba en tan delicada ocasión de 

• 

ser comprometido; el de destruir con algunos buques ar- 



* Vétse It comuDicacion reser- res de los dominios espaftoles con 

Tsds del ministerio de Gracia y Jus- respecto á los ingleses y norle-aue- 

Mcia á Apodaca en 13 de agosto de ricanos. — Archivo de la Capitanía 

^812, dictándole la conducta q\t^ general. Legajos 4p A tiodaea. 



hablan de observar los gobernado- 



DB LA ISLA I>B CUBA. 7 

mados la horda de corsarios y aun piratas que é la soio* 
bra del pabellón americano se anidaba en la isla Barata* 
ría, á la embocadura del Misisipí. En aquellas riberas rep 
sidian, sin participar de ningún peligro, los oías intere- 
sados en aquella asociación vandálica , viviendo del pi- 
llaje y enarbolando cualquier pabellón para apresar y 
robar á cuantos buques mercantes no fueran americanos 
y franceses. Algunos subditos de Francia se habiao he^ha 
declarar ciudadanos de la Union para asegurarse la im* 
punidftd de sus piraterías á la sombra de una bandera 
amiga de España solo en la apariencia. Para evitar qpe 
no fuese enemigo abiertamente, y que no se complicaran 
más las dificultades de la lucha con la insurrección de los 
dominios ultramarinos, tuvo el nuevo . gobernador de 
Cuba que desistir de un pensamiento natural y bueno y 
aun de excelente ejemplo en otras circunstancias. Asi 
como entonces, combatidos por dentro y débiles por 
fuera, nos fué menester tolerar que en aquel año sufrie- 
ran grandes quebrantos la Habana y otras plazas comer* 
dales de la América central con las presas que arreba- 
taron los corsarias de Barataría. Consentían allí las auto- 
ridades de la vecina Nueva Orleans, que fabricasen aU 
maoenes y hasta un castillejo con catorce piezas para 
mejor proteger sus repartos y depósitos. La consecuencia 
inmediata, incuestionable de tan solemne y calculado 
desprecio de las leyes internacionales por el gabinete de 
Washington, fué que ni Cuba , ni Puerto-Rico pudiesen 
proveer á sus urgencias sino con importaciones y buques 
norteramericanos. 

Pero el rompimiento inesperados que por cuestiones 
de navegación y territorio estalló entoldes entre la In- 
glaterra y sos antiguas colonias^ trajo á lo menos un cof- 



8 HISTOftlA 

redivo á la oéadfa de los de Barataría , aieodo aob aen- 
aiMe eo aquella guerra » que lea iogleaes, por lo común 
tan deaafbriunadoa en sus expediciones terrestres, no se 
limitaran luego, como en un principio, á conservar su su- 
perioridad marítima. 

A esa causa debieron alguna mayor seguridad los es- 
panoles en la navegación del Archipiélago antillar, coando 
en 4 3 de julio ancló en la Habana la goleta de guerra 
CantátMria, conduciendo oficialmente para su publicación 
y régimen en el pais los primeros ejemplares de la 
Constitución política de la monarquía española publicada 
en Cádiz. Era ese código una novedad muy esperada: la 
sanción natural de las innovaciones que las cortes habían 
ido engendrando desde que se abrieron en 22 de mayo 
de 1810 por un decreto de la Junta Central, habiéndose 
extralimitado luego sin medida de las atribuciones de la 
antigua representación nacional, jamás convocada en los 
pasados tiempos sino para objetos Ojos y en casos muy 
especiales y marcados. 

Ademán de no corresponder á este libro el análisis ni 
la refutación de las mudanzas que iotrodocia la Constitu- 
ción en el régimen ultramarino, seria tarea superfina y 
fastidiosa reproducir lo que hasta varios de los mismos 
autores del código escribieron luego para su reforma; 
y lo que todos los españoles de ilustración y patrióticos 
deseos han aprendido con las consecuencias que acarreó 
i la metrópoli y é sus dominios de Ultramar aquel engen- 
dro del patriotismo y la inexperiencia. Ifecesario es, no 
obstante, que indiquemos las novedades con que empezó 
á conmover á Cuba entonces un sistema que, inaplicable 
para su misma metrópoli, contribuyó desde un principio 
i emancipar sus posoMones, aunque siguiese España per- 



DB LA ISLA DE CUBA. 9 

turbada eolooces por causas osay indepeodieotes de los 
errores del Congreso Gaditano. 

En aqoel documenlo, y al tratarse de las elecciones 
para diputados á Cortes fué donde primero pudieron leer 
los ultramarinos de raza blanca que se les concedían 
los mismos derechos políticos que á los españoles penin- 
sulares en cuyo pleno goce habían estado por espacio de 
tres siglos enteros. Parecía tan torpe declaración un com- 
probante de la calumnia mas gastada por los detractores 
del dominio español, la de que se les hubiese hasta allí 
tenido por inferiores á los otros, excluyéndose á los crio- 
llos délos cargos públicos para conferírselos todos á los 
de la Península. Las leyes de Indias, la tradición y aun 
la historia tenían tan desmentida aquella impostura, que 
desde veinte añas después de la conquista á cuantos na- 
turales de Ultra mar quisieron seguir una carrera pública, 
se les abrieron para ese lio las mismas puertas que ¿ los 
peninsulares. A los proceres del país, casi siempre con 
menores servicios personales ó dinásticos, se les confirie- 
ron los mismos honores. Kn Méjico, en el Perú y aun 
en Chile y Buenos-Aires., ademas de infloidad de tfinlos 
vinculados existían muchas casas con grandeza, señoríos 
con jurisdicción de pueblos y otros privilegios; y ya vi-* 
mos que desde principios del siglo anterior los contaba 
también Cuba. Apenas hubo eclesiástico americano seña* 
ladoporsus virtudes, sus letras ó trabajosa quien no se re- 
compensara con beneficios, con dignidades y hasta con mi- 
tras en amixM hemisferios. Cerca de la mitad de los que ci- 
ñeron las de Ultramar fueron naturales de América; y la 
de Cuba la habían ceñido cuatro. Lo mismo habla acon- 
tecido con lo^ que sobresalieron con algún loctmiento en 
las carreras literarias ; siendo gran número de ellos ma- 



4 O H»TOfUA 

gÍ6trado9 de las aadíendas, y aon Gobernadores de loa 
territorios mismos donde habían nacido, oomo lo fué en b 
Habana Cbirino Tandevat al principiarse el reinado de 
Felipe V. Con respecto á los militares oltramarinos, lai^ 
fuera la lista nominal de los que llegaron é los últimos 
puestos en la carrera de las armas, ocupando sillas minis<- 
teriales y hasta de Regentes del Reino como Mosquera 
y Lardizabal , sirviendo vireinatos como Revillagigedo, 
Yertiz y otros muchos^ y los primeros puestos del Estado 
ooffio Azanza y el teniente general habanero D. Gonzalo 
0-Farrill. En la guerra de la Independencia peninsular» 
otro teniente general habanero mandaba ahora divisio- 
nes, provincias y aun ejércitos, D. José de Zayas; y tres 
nacidos en la misma Cuba habian sido ya Capitanes gene- 
rales en su misma tierra, el marqués de Casatorres» don 
Luis Chacón y D. Juan de Cagiga). Exceptuando el ejem- 
plo de Godoy» difícilmente fué ningún peninsular objeto 
de un abuso de favor igual ai de otro hijo de la HaEíana, 
el conde de Jaruco, que en la aurora de sú vida llegó á 
General sin haber mandado una compañía, ni un regi- 
miento, ni asistido al menor lance marcial. En fin nos li- 
mitamos á añadir sobre tema tan elástico» que entonces 
como en Cuba y en el continente» la mayor parte de ios 
empleados inferiores» y aun no pocos de los superiores, 
eran naturales del mismo país en donde los servían. La 
impolítica especie de declararse entonces iguales unosi 
derechos que siempre lo habian sido, les permitió poes 
á los americanos legitimar con un¿pretexto mas de qu^ü 
sus esfuerzos por emandparse de una metrópoli muy dis- 
tante y desconocida pdr ellos para ser amada ; y ademai 
muy débil por ese tiem[o pafa ser temida. 
La absoluta libertad de Imprenta autorizada por la 



DE LA ISLA DB CUBA. 44 

CoosiitQcioD, como dijimos atrás, ge practicaba ya casi 
completameote hacia dos años. No tuvo otra barrera t^ae 
la del fastidio que la lectora de te mayor parte de tas po- 
blicacioaes periódicas ¡aspiraba y la consiguiente dismi- 
noción de sus lectores. 

La innovación mas peligrosa de las que en on princi- 
pio adojo el nuevo régimen en Cuba, no por su objeto» 
sino por los desorganizadores erectos de su forma» fué la . 
de marcar para elegir diputados á Cortes en las posesiones 
ultramarinas igual marcha que la fijada para la Península, 
cnaudo aquellos países entre sí tan diferentes antes, lo 
eran mocho masdesu metrópoli, por lo heterogéneo de so 
población, por sos respectivasy larguísimas distancias, sus 
peculiares necesidades y tendencias, y las especiales con- 
diciones de cada uno. Decretó que el reglamento de elec- 
ciones que á la sazón regia en España se observase en 
los dominios de Ultramar, declarando electores á cuan- 
tos españoles y descendientes de españoles pasaran de 
veinte y cinco anos. 

Calcada la reciente Constitución política de 1812 sobre 
la francesa de 1791, como se aplicó esa copia al régimen 
administrativo de los pueblos sin alterar las formas y me-* 
caaiamo de su original en cnanto á municipios , con tal 
reforma se tenían que variar esencialmente los /ayunta- 
mientes, na solo en personal , sino en atribuciones. En 
personal, por qoe la mayor parte de las plazas se declara* 
ban elegibles 6in reservar ya para los reigidores por juro 
de heredad mas que la preferencia para la elección; y en 
atríboüiones, porque los municipios ahora tenían que H^ 
mitarse al régimen económico del casco d6 los pueblos qoe 
representaban, creándose en cada provincia ana corporal- 
cioo de mayores iacultadesqoe» con ei nombre de Dípota'- 



4 2 HISTORIA 

€100 provincial, represeoiase á lodo el ierritorio y auo é 
Ias muoicipíos que radicaran denlro de au lérmino. De es- 
tas DipuUciooes se decreiaroo para Cuba ires, la de su ca- 
pita!, la de Saoliago, y la de Puerio Priocipe» supoDÍendo 
dividida á la isla eo Ires departameolos. Sus fiaes pria- 
cipáles eran repartir coo la |M>sib¡e igualdad las cooiri- 
buciones y ci»rgas geoerales; vigilar el cumplimieoio del 
servicio público; ioformar y represeolar al gobíeroo ao* 
bre el estado y necesidades de sus respeclivos territo- 
rios, etc. Pero se opooian auo grandes tropieíos á que se 
reformasen repentinanieute los ayuntamientos y se insta- 
larao con fruto las tres diputaciones, no conociéndose auo 
apenas en los pueblos personas de mayor ilustracioo que 
los regidores propietarios, ni que por lo tanto fueran mas 
aptos paf a desempeñar sus cargos que ellos; no apare- 
ciendo en arcas reales fondos para reintegrarles loque 
emplearon eo adquirirlas sus antepasados^ no cooocién- 
dose aun un censo por clases, ni estando dividido el ter- 
ritorio como la Península para que pudiesen formarse con 
acierto listas electorales. Para librar de nuevas perturba- 
ciones á los pueblos en época tan crítica, juiciosamente 
prefirió Apodaca dejar las cosas en su ser antiguo, limi- 
lándose á mudar sus nombres. Continuaron los ayunta- 
mientos casi todos con sus antiguos individuos y se for- 
maron las diputaciones con los sujetos de mas cuenta, 
sin necesidad de elecciones tumultuosas. 

Antes de compendiar los sucesos de la guerra entre la 
Gran Bretaña y la Union Americana durante el período eo 
que el régimen coustiluciooal imperó eo Cuba, rompa- 
mos el silencio que desde la depioAble cesión de la 
Luisiaoa hemos guardado sobre nuestras relaciooes coo 
la segunda de aquellas dos potencias. Relaciones bien 



DE LA ISLA DB CUBA. 4S 

arduas y difíciles para el gobernador de Coba y el minis- 
tro de España eo Washiogton por el coonon deber d« 
conservar las dos FloridaSt aooque so posesíoD ya no 
fuese para la metrópoli sino una carga ináiil, compróme** 
lída, dispendiosa y sin objeto geogréfioo^ poliiico ni mili" 
^ar, después de la enajenación de aquella otra proviocia. 

Los manejos que con el grosero pretexto de do estar 
autorizado para poderlos impedir había tolerado el gobier- 
no americano, para arrancar de la corona de España á 
la Luisiana, era menester y aun natural que luego los re- 
produjeran sus agentes para despojarla también de las 
Floridas. ¿Cuál mejor ni mas oportuna coyuntura para 
el éxito de sus artificios que la que juntamente les brin- 
daban la revolución de España y su debilidad exterior 
con la doble y gigantesca lucha que estaba sosteniendo 
contra una invasión formidable en su propio territorio, y 
contra la rebelión en sus apartadísimas colonias? 

A un gabinete que babia dilatado años enteros la admi* 
sion de D. Luis de Oois como representante del gobierno 
nacional de España hasta que le dictasen los sucesos de la 
guerra si le convendría mejot reconocef al del francés 
José, no eran escrúpulos aquellos para contenerle en su 
marcha absorbente y codiciosa. Desde 1809 esos agentes^ 
y entre ellos aquel inquieto aventurero Wiikinson, quince 
años atrás asalariado por el capitán general de Cuba 
Casas para servir á los intereses españoles, y ahora gene* 
ral y gobernador de Nueva Orleans para perjudicarlos» 
lograron en Batou-Rouge y hasta en las colonias vecinas 
de Florida formar y robustecer contra la causa de Fer- 
nando Vil un partido afrancesado que terminó por de- 
clararse dueño de aquel territorio y expulsar de la co- 
marca á un centenar de veteranos» mas bien puesto alli 



i i HISTORIA 

como una guardia de la bandera oacíDoalt que para de* 
feoder UQ lugar fortificado. La eaoasea de Iropa y de re* 
cursos del brigudier Ktodelao, gobernador eoionces do 
Jaa Floridas , le fono á diaimolar aquel uilnije y á aolt- 
<!ilar del pJeuipotencíario Qoia , que gestioBasje en WasUiog"* 
too $u repar ación. Pero resuilaroD ioúliles sua pasos» Ni 
de UQ buque » ni de uoa compañía hubia podido Soaie- 
ruelos despreoderse para socorrerle; y las miras y sioDe* 
ridad de aquel gobierno, corno en ninguna circunstancia 
de la larga liistoria de esas usurpaciones territorialea que 
llama boy anexiones» pudieron conocerse mejor que en el 
desenlace de 1a insurrección de Batou-Rouge. Wiikinson» 
cumpliendo instrucctoDes del mismo Presidente de la 
Union y pretextando la necesidad de restablecer en aquel 
distrito el orden que babian sus propios agentes trastor- 
nadO) penetró en él con un cuerpo de milicias federales, 
y 00 tardó un acia del Congreso en declarar parle inte- 
grante de la Uoion americana un nuevo estado, el de Ar- 
kansas. A la cesbn de la Luisiana al menos precedieron 
negociaciones regulares, cambios territoriales y entregas 
pecuniarias; ahora basla se suprimió toda forma decorosa. 
Con amaños semejantes inieotaron los emisarios de 
Wiikinson apoderarse de la isla Amalia , de la misma 
plaza de Móbila y aun de todo lo dema$> de la Florida 
occidental basta Rio-Perdido; pero no con el éxito qne 
en Batou-Rouge, porque se estrellaron allí los cohechos 
y las sugestiones en la sinceridad y buena fé de los co- 
lonos, en la actitud y valor de los destacamenios espa- 
ñoles, y en la armonía que guardaban con las indiadas^ 
comarcanas. Viendo que no surtían efecto medios encu- 
biertos, no repugnó el gobierno de la Union valerse de 
otros tan desembarazados como si estuviese en declarada 



DE LA ISLA DB CUBA. IB 

guerra cdd España* Expidió órdenes á WilkÍDSOD» so go- 
bernador y mas aulorizadp funcionario en Nueva OrléanSt 
•para qae se apoderase de Móbila, oohonesiaBdo este aten*- 
lado con la necesidad de privar á la marina inglesa dp 
mi abrigo donde refrescara sos víveres y agnadfis, y 
pudiera prepararse para emprender boslüidades conira 
la Union. 

Wiikioson, hombre activo, pooo escropuUiso y muy 
id<ineo por lo tanto para violencias y usurpaciones de 
aquel género, asi que se vio autorizado para ejecutarlas, 
reunió apresurada y sigilosamente tres mil hombres de 
milicias ; y en la noche del 7 al 8 de abril de 1 81 3 cir-^ 
cuDvaló á Móbila mientras el comodoro Sbsw se apos - 
taba con algunos boques de guerra en la embocadura de 
su puerto. Pasaban por aliados nuestros los norte-ameri- 
canos ; éranlo también, y á ia sazón mas verdaderos sos 
adversarios los ingleses ; no babia entonces mas nación 
enemiga de España que la Francia , que harto tenia que 
hacer con sns guerras en Europa para venir á hostilizarla 
en sus colonias. Ninguna aprensión racional de cuidado ni 
de alarma podia sentirse , pues á la sazón en una plaza 
de regulares y bien artilladas defensas, aunque acciden* 
talmente gobernase allí las armas un capitán imprevisor 
y flojo» D. Cayetano Pérez, y solo la guarneciesen ciento 
cincuenta hombres hambrientos y desnudos como todos 
los demás destacamentos de Florida en este tiempo. Tal 
fué el aturdimiento de aquel oficial al amenazarle de re- 
pente una agresión tan brutal é inesperada, que casi sin 
dÍ9paros entregó á Wiikinson el puerto después de cinco 
dias empleados, más en negociaciones que en combates. 
A tan poca costa y asi se apoderaron los norte-america- 
nos de casi todos los cañones y pertrechos de la misma 



16 ' HISTORIA 

plaza qae con mas geoerosidad que prudencia había Es* 
paña ireiota aoos antes cooquisiado para cooperar é 
emanciparlos; y so corta guarnición mucho mas honrada 
por las condiciones de la capitulación que por sus esfuer* 
zos para la defeoadt marchó ¿ incorporarse á la de Pan* 
zacola conservando su armamento y los harapos que 
constitnian entonces su equipaje. Depresivo hecho este 
de la sorpresa y toma de Móbila para la reputación de' 
gabinete de la Union y el bouor de su bandera ; y pro- 
nóstico elocuente de su ulterior conducta en el cumplí* 
miento de sus deberes y tratados con los demás pueblos» 
sobre todo con aquellos que por su distancia , debilidad 
exterior y causas de otro género no podían obligarle á 
observarlos de otra suerte. 

Exigía tan Iraídor é insolente desafuero una san- 
grienta y pronta represalia. Aun guarnecían á la Florida 
como dos mil soldados de los tres incompletos batallones 
del regimiento de igual nombre* uno del de la Habana y 
ios destacamentos de artilleria y maestranza de ingenie- 
ros. Los indios del pais tenían á los españoles un afecto 
que contrastaba con su despego á los americanos, y estos 
ei daño que nos podían hacer lo tenían ya hecho. No 
cumplía» pues» al desagravio del honor nacional otro 
partido que el de obtenerlo con las armas. Pero para las 
posesiones hispano-americanas apenas era ya mas que 
un recuerdo la época de los Estavas» los Galvez y otros 
capitanes^ cuando se lavaba pronto con sangre toda in* 
juria al pabellón español. Con la de la Constitución ha- 
bía llegado la de las discordias poUlicas , la de la debili- 
dad exterior» la del abatimiento nacional. « 

En tan humillantes circunstancias forzosamente tuvo 
que adaptarse á otras consitleraciones aun mas trascen* 



DE LA ISLA DB GUBA« 17 

deotales la conducta de los dos fQDcioDarios españolea 
mas iomediatameDte responsables de la coDservacion de 
la integridad territorial de aquella provincia, el plenipo- 
tenciario Onis y el capitán general de Cuba Apodaca, que 
lo era también de la Florida. 

El primero» después de una protesta enérgica, per- 
maneció en Washington calmado y contenido por la eva- 
siva é infructífera respuesta que el Presidente habia dado 
á sus notas reclamando la devolución de Hóbila y otros 
territorios. Sin otra garantía que su palabra, le aseguró en 
esa respuesta, «que quedarían en poder de la Union su- 
jetos á lo que se resolviese en las amistosas negociaciones 
que se preparaba á entlablar con España.» 

Razones atin majores que las de Onis justificaron la 
forzosa inacción de Apodaca » y para explicarlas habre- 
mos de recordar ahora cuál era el estado de Cuba al ocur- 
rir aquel tropiezo. 

Hacia ya un año que no se habia recibido de Veracruz 
ninguna remesa para cubrir las cargas ordinarias, y no 
alcanzaban por cierto á cubrirse las extraordinarias y 
menos las que necesitara una expedición de importancia 
á la Florida con los ingresos de las aduanas, cuyo au- 
mento era progresivo , pero lento. Los pocos batallones 
que contaba la isla para su defensa estaban casi en cuadro 
por falla de reclutas. Tenían que cubrir muchas veces el 
servicio de los veteranos las milicias y aun las quince 
compañías de Voluntarios de Fernando Vil , que sin re- 
cursos suficientes para su vestuario y armamento, en 
vano se esforzaba en organizar para que pudiesen ser 
mas útiles, el brigadier D. Juan Tirry y Lacy que eo* 
tonces las mandaba. 

El arsenal ¿ cuyas obras se esmeró Apodaca en resli- 

BIST. DB OaBA.— TOMO IT.— 2 



48 HISTORIA 

luir 80 anligoa vida, no con coostrucciones nuevas, no; 
eso sin fondos era un sueño, pero para ia reparación de 
muchos buques de guerra para la defensa de las costas y 
para las comunicaciones con el continente. Había tenido 
que reducir la maestranza por falta de caudales, cuando 
mas preciso era aumentarla. Aun asf, aquella reanimada 
dependencia en solo un año, en el de 1813, rehabilitó, 
recori ió ó carenó cuatro navios de guerra, tres fragatas, 
dos corbetas, y hasta otros trece buques entre bergan- 
tines, goletas y correos. Seis ó siete mil pesos mensuales 
buscados con empréstitos y todo género de arbitrios por 
el Consulado de la Habana, eran ademas de las aduanas 
de la isla los únicos recursos fijos con que se contaba 
para cubrir las cargas públicas, y empleábanse con pre- 
ferencia eu raciones de los cuerpos, en suministrar la 
mitad de su prest á lo? de tropa, y una tercera parte de 
sus pagas á los jefes y oficiales, dándoles el mismo Apo- 
daca honroso ejemplo con no tomar tampoco mas que ia 
tercera parte de su sueldo. 

A poco de su entrada en el mando, enterado por Onis 
de las maniobras que se preparaban contra las Floridas, 
faabia enviado á San Agustín como trescientos soldados 
negros escogidos en las compañías de Morenos de la 
Habana. Pero este medio discurrido para refrenar el es* 
pírilu agresivo de los estados de Georgia, Virginia y Ca- 
rolina, que abundaban en esclavos, surtió un efecto muy 
contrario, estimulándolos á ellos á armar también mas 
gente para impedir todo contacto entre unos y otros. 

El único que pudo mostrar algún rigor y contener los 
excen>s de Wilkinson fué el brigadier D. Sebastian de 
Kindelan, destinado á mandar en la Florida tiempo des- 
pués de entregar el gobierno de Santiago de Cuba al co- 



DE LA ISLA DB CUBA* i9 

Tone\ D. Pedro Suarez de Urbíoa, que eo marzo de 1810 
había llegado de Venezuela á recibirlo. Viendo que los 
«mericaoos no limitaban sus aspiraciones al inicuo arre* 
bato de Móbila, y que se apoderaban de la isla Amalia y 
4iun de los puertos de la ribera del San Juan» reunió como 
pudo una columna de seiscientos hombres de Sao Agus- 
tín y Panzacola, y se decidió á acometerlos con esta es- 
casa fuerza. A excepción de la Amalia» en que opusieron 
los invasores alguna resistencia el 9 de junio, un simple 
paseo militar de aquella corla hueste bastó para ahuyen- 
tarlos. Estas ligeras muestras de energía y algunos re- 
fuerzos que se recibieron de la Habana en San Agustín 
y Panzacola ya á fines de febrero de 1814, parecían 
bastar para que siguiesen respetadas las dos plazas, y 
para lá reorganización en dos batallones de los tres del 
regimiento de la Luisiaoa que estaban casi en cuadro, 
cuando mas necesitaban estar en su completo. Se habría 
aoQ asegurado mejor aquel dominio si se hubieran con* 
sagrado á él solo los escasos recursos de Cuba y no se 
hubiesen preferentemente dedicado de orden del gobierno 
i una expedición de menos importancia en la parte es- 
pañola de Santo Domingo. 

Habiendo muerto el brigadier D. Juan Sánchez Ramí- 
rez que la gobernaba desde que en 18í)9 y tan denoda* 
damente la había reconquistado, confirióse su vacante al 
mariscal de campo D. Carlos de Urrutia. Este militar, 
natural de la Habana , lleno de concesiones en aquel país 
y de Índole atrayente y diestra para aprovecharlas^ ob- 
tuvo para Santo Domingo lo que no consiguieroo ni en 
circunstaneias tan apremiantes las Floridas. Se le agre- 
garon algunos jefes y oficiales de concepto, y le acom- 
pañaban en su expedición algunos centenares de volua 



.rJV*..v 



20 HISTORIA 

tarios para reforzar la gaaroicion de uq territorio des-^ 
provisto BÍ ^ pero traaquilo. Más aun obtuvo Urrutia. E( 
iotendeote Aguilar, sobreponiéodose á ios apuros y es- 
trechez de las cajas Y le auxilió coa los fondos necesarios' 
para atenciones mas urgentes, anticipados por el comer* 
cío y luego reintegrados por la Hacienda. 

Pero entre tantas contrariedades y conflictos, á lo me- 
nos para Cuba comenzaban por este tiempo á disiparse 
los nublados* políticos con los felices acontecimientos de 
la guerra en la Península al comenzar á disolverse allf I» 
mole de la formidable invasión que la oprimia. Bisoña, 
mal armada» y peor conducida en un principióla juven- 
tud peninsular, habíase ido póco^ á poco organizando 
ante el canon de los franceses y aprendiendo con sna 
mismas derrotas á vencerlos. Si las de Tamames y Hos- 
talrich. Castillejos, Arrojomolinos y otras muchas ac* 
cienes acreditaron que aun con fuerzas inferiores sabían 
ya triunfar de las huestes mas aguerridas de aquella 
época, Pamplona y San Marcial, las orillas del A(|onr, 
ya en Francia, y la batalla de Tolosa, la postrera de 
aquella lucha de gigantes, demostraron que ios españo- 
les aun peleaban y vencían con igual denuedo que sus 
abuelos los de Cerinola y Garellano, de Pavía y de San 
Quintín. A principios de 1814 ya había obligado el leon^ 
de España á las águilas francesas á repasar las cumbresde 
los Pirineos dejando el suelo nacional casi purgado de ex- 
tranjeros, cuando vivamente estrechado Napoleón por 
todas partes, restituyó el trono y la libertad al rey Fer- 
nando VII. - 

Pisó este príncipe el territorio español en 32 de mar- 
zo de 1814 por Cataluña, y pasó por Gerona y otros 
muchos pueblos del Principado que aun no habían barrí- 



DE LA ISLA DE CUBA. 21 

<lo los escombros de sus rotos moros y^ aparecían eoro- 
jecidos con la saogre de sos heroicos defeosores, «Este 
espectáculo debió, dice Toreno, conmoTer al monarca y 
estrecharlo á meditación profunda, destinado á labrar la 
felicidad de un pueblo que al defender sus propios hoga- 
res^ habia sustentado también y defendido con los suyos los 
intereses de la corona.» Motivos, en efecto, poderosos para 
que en galardón de sus sacrificios se fijara en asegurar su 
bienestar con instituciones sabias y templadas, y preser- 
varles asi no solo de las discordias y calamidades sembra- 
das durante su ausencia por las cortes de Cádiz con su 
febril prurito de precipitadas reformas, sino de la reacción 
de las ideas opuestas, y del ciego retroceso á antiguas 
formas de gobierno ya imposibles. 

Concediendo la misma Constitución á la corona la fa- 
cultad de disolver las Cortes y convocar otras, claro era el 
camino para que llegase la ioflueocia de Fernando VII á 
recomponerlas con su antiguo carácter nacional, respe- 
tar todo lo bueno que hubiese sancionado el Congreso ga- 
ditano, y suprimir toda la parte de su obra que parecie- 
ra perniciosa. 

Requería este plan mucha reserva y un completo disi«- 
mulo hasta venir la oportunidad de realizarlo. Pero en su 
lento tránsito desde Valencey hasta Valencia no observó 
Fernando el necesario para que su repugnancia á la Consti- 
Incioo no se trasluciese; y ese fué el origen de un decreto 
<|ue ya desde Madrid promulgó aquella Asamblea decla- 
nndo nulos los actos del Monarca hasta que no hubiese 
jurado en su propio seno el código vigente. Primera y 
desdichada hostilidad entre la representación nacional y 
4a corona, á la cual correspondió *el Monarca en 4 de 
mayo de 181 4 con otro decreto inspirado por hombres 



82 HISTORIA 

mas leales que eDieodidos, y revocando síd distinción ni 
examen todos ios actos de las Cortes. Deshaciendo así de 
un soplo aquel. rrágil edificio acabó el Rey de marcar la lí- 
nea separatoria de opiniones que tan bien y muy impruden- 
temente habla trazado aquel cuerpo entre los españoles. 
Desde entonces comenzó á haber entre las clases cultas, 
liberales y serviles» nombres genéricos que se subdivi* 
dieron con el tiempo en apelativos infinitos que ahora 
nos desorientan y trastornan. No cumplirla al objeto de 
esta obra enuo^erar los males que infirió á España un 
cambio de escena tan rápido y violento. Aun no habia 
puesto la planta aquel príncipe en su corte» cuando ya 
gemían en lóbregos encierros, ó eran enviados á otros 
mas distantes aquellos diputados de las Cortes de Cádis 
que si erraron en muchas teorías, mas que por sus des* 
aciertos se habían aun distinguido por su elocuencia y la 
hidalguía de sus deseos. 

Una sola disposición escrita del Monarca fué bastante 
para que desapareciese el régimen constitucional ; y aun- 
que en el decreto de su disolución ofreció mejoras y re* 
formas que bastasen para encaminar á la prosperidad á 
su monarquía» tan olvidada fué luego esta promesa» que 
basta reapareció en la escena , aunque tad incompatible 
ya con la época» la decrépita Inquisición con su fúnebre 
aparato» aunque no ya con sus feroces autos de fé » ni 
sus hogueras. 

Si en España no se alzó entonces nna sola voz á pro-» 
testar contra una transición tan súbita y violenta» ni me* 
nos un solo brazo para precaverla, era natural que tam- 
bién fuese en Cuba muy pacífica la caída de un sistema 
tan desacomodado á su índole, á sn suelo y á ta diver-^ 
sidad de razas qpae lo colonizaban. 



, DE LA ISIA DK CUBA. S9 

Ed tan ímpreTÍsla modaDza se maoejó Apodaca con la 
prudeocia y el tacto que le eran habituales* Al saber ea 
6 de julio por cooducto fidedigno la abolicí'OQ del régi- 
meo liberal eo la metrópoli, do esperó á recibir por el 
oficial tau trasceadeote nueva para sujetar de repente la 
prensa á la censura previa, como solo medio de impedir 
que algunos de sus órganos consagraseo los postreros 
dias de su licencia á desahogos peligrosos j trastor-» 
Dadores. 

Justificó su previsión la tardanza cod que llegaron á 
manos de aquel gobernador las primeras órdenes oficia- 
les y las instrucciones del nuevo ministerio. Apenaa se 
advirtió en la Habana esta transición de un orden á otro, 
habiendo casi enmudecido sobre la materia los periódi- 
cos, y no publicándose parte de las novedades políticas 
de España hasta el 25 de aquel mes en la Gaceta de go- 
bieruo. En muchos pueblos, en cuanto se recibieron las 
circulares del capitán general participándolas á todos, su 
sola lectura toé bastante para que cesaran obedieDte* 
m^nte y sin murmullo en sus cargos los diputados pro- 
vinciales, los nuevos municipios y otros funcionarios re* 
cien creados antes , no menos celosos antes en lo refe- 
rente á sus atribuciones, que sumisos ahora ¿ resignarlas 
todas *. 

Con la caida del régimen conatítucional coincidieron 



* Una de laa aovedidea qs* si* 
gaieron al resublecimieolo del an* 
tiguo régimeo en España, faé el de 
li ántfgaa ConpaflUa de iew^ por 
decreto de 10 dd setiembre de 1815. 
En la PeniasQla se les puso en po- 
sesión de toda la parle de sus anti- 
gnoi bienes q«e no se liibia ven* 



dido. En eosDlo á los de Cvhi ni sa 

habla eo a<iiiel decreto de los bienes 
qne lavo la Gompania en la Isla, ni 
eoDsta reclamaeiott niognoa sdInpo 
ese pomo en la larga docaroeniacion 
oficial qne hemos examinado con re* 
feroAcia al primer periodo del go- 
bier»o absoloio de Feroondo VIL 



24 HISTORIA 

acoDiecimieotos do menos favorables para Coba qae para 
el bienestar de Europa entera. Hablamos de las paces 
generales que tuvieron que celebrar la Francia y sus 
aliados con las monarquías que se habían opuesto á sus 
conquistas, reduciéndola á sus fronteras naturales. Bo- 
ñaparte tuvo que abandonar el trono francés á sus anti* 
guos dueños, y la calma empezó entonces á serenar 
aquella parte del mundo tan cansada ya de trastornos y 
de sangre. 

Pero no se extendió por desgracia igual beneficio al 
continente americano , en cuya parte meridional crecia 
en fiereza el alzamiento contra la metrópoli; ni en la 
septentrional, en donde los Estados de la Union se apare- 
jaban á resistir los ímpetus de la Inglaterra, ya mayores 
desde que la paz de Europa le permitió destinar mas re- 
cursos militares contra sus antiguas posesiones. 

En efecto, al mediar el inmediato agosto se empeza- 
ron á mover fuerzas británicas con indicios de maniobrar 
por la Luisiana y territorio aledaño á las Floridas. El co- 
ronel Níchols , con cinco compañías procedentes de Ber- 
muda fondeó en Panzacoia después de haber inútilmente 
solicitado de Apodaca auxilios aun mas eficaces que el de 
permitirle esperar en aquel puerto la llegada de mas 
fuerzas inglesas. Lejos de concedérsele, le exigió pro- 
mesa aquel general de que guardaría la mas estricta 
neutralidad en aquel punto. Por fines de noviembre sa. 
lió una escuadra de Jamaica á las órdenes de G>chrane 
con considerables fuerzas de desembarco y con rumbo á 
llueva Orleans, á las que se incorporaron luego las dé 
Níchols; mientras que sus contrarios, á la voz de los ge- 
nerales norte-americanos Jackson y Cláyborne, reunían 
grandes masas de milicia armada en Nueva Qrleans, Ba* 



DE LA 18LA DE CUBA. 25 

iioe y demás puntos estratégicos del litoral de la Luisiaoa. 

Sin desembarcar tropas en tierra ni (altar á las leyes 
de la neutralidad, se reconcentró parte del armamento 
inglés en la bahía de Panzacola á hacer aguada y repa- 
rarse. Como autoridad de una potencia aliada no podia 
rehusar á un armamento amigo esos auxilios el coman- 
dante militar de la provincia D. Mateo González Manrí- 
qoe, sin quebrantar los deberes internacionales. Sin em- 
bargo, el 7 de noviembre, los últimos buques ingleses 
estaban evacuando el puerto, cuando Jackson con multi- 
tud de milicianos del Kentucky, Georgia y Alabama, ó 
por hostilizarlos, ó por repetir el atentado de Wiikinson 
en Móbíla, se apareció sobre la plaza aquella misma 
tarde. Podia temerse todo de los instintos usurpadores da 
la Union, que nada respetaban, y más cuando en la carta 
que con el mayor Pierce dirigió á Manrique Jackson apa- 
recía este párrafo: cNinguna mira hostil abrigamos nos- 
otros contra España. Deseamos solo que los ingleses, 
nuestros enemigos^ no cuenten ahí con un refugio desde 
el cual puedan dañarnos. He querido solo ayudaros á 
hacer respetar la neutralidad de la plaza ínterin recibiais 
las tropas necesarias para hacerla observar mejor.» 

O por su imprevisión, ó por lo abandonados que esta- 
ban del gobierno los puertos de Florida, apenas contaba 
Manrique con trescientos hombres para cubrir unas de- 
fensas que requerían al menos doble número^ y esto^ in- 
cluyendo en aquel un centenar que guarnecían con el co- 
ronel Soto el hornabeque ó castillejo medio derruido de 
San Miguel de Barrancas. Bastó recibir la respuesta de 
Manrique rehusando semejante auxilio para que el mia^ 
mo Pierce, con mas de mil americanos, cayese sobre 
Barrancas como de rebato, sin practicar ninguna de las 



26 HISTORIA 

operaciones qoe deben preceder al ataque de todo logar 
forlificado. Castigaron los fuegos de Soto su osadía recha- 
zándole con alguna pérdida; pero mientras se distraía con 
aquella tentativa la atención de Manrique y de la gnar-> 
nicion, tres columnas con mas de tres mil hombres cu* 
biertas por los accidentes del terreno se acercaban al re*^ 
cinto sin ser vistas, y excavando la muralla sin resisten- 
cia se hacían dueñas de la plaza. Aun les permitió el 
crepúsculo que distinguieran en el horizonte bogando 
hacia el Misísipi las últimas embarcaciones de la escuadra 
inglesa. Solo al rumbo que llevaba ese armamento tan 
.alarmante para Jackson, se debió que Panzacola no per- 
teneciese á la Union desde aquel día* Presurosos da 
acudir al mayor riesgo los norte-americanos, después de 
insultar á los jefes españoles, uo tuvieron tiempo masque 
para incendiar á Barrancas y algunos almacenes, y diri- 
girse precipitadamente i la Luisiaoa á donde se iban 
también dirigiendo los ingleses. 

Tan brutal atentado no tuvo mas resultados que so 
ignominiosa impunidad, la reparación de los daños ma*- 
teriales con fondos del erario, y multitud de causas for- 
madas á Manrique y otros jefes cuja culpabilidad eo 
gran parte se cubría con la indiferencia anterior del go- 
bierno á sus recia maciones^ Habian carecido hasta dé los 
objetos mas necesarios, y algunas veces hasta de armas 
útiles. 

Por momentos se esperaba entonces que conmoviese á 
la Union algún tremando golpe. La formidable expedí^ 
cion que había anclado eo Panzacola llevaba eo sus na«^ 
TÍOS mas de catorce mil veteranos de los mismos quQ 
acababan de humillar al orgullo francés eo la Península» 
y de loa que también habiao de abrir muy prooto su »* 



DE LA ISLA DB CUBA. 27 

poicro ea Waterloo á la primera gloría militar del ti* 
glo. Pero la lenlilocl, la vacilación de los ingleses eo 
adoptar un plan y ejecutarlo» permitieron que el activo 
Jacksoo tuviese ya reconcentradas sobre Nueva Orleana 
todas las fuerzas del país» cuando después de forzar la 
embocadura del Misisipí se presentaron los ingleses á 
atacarle el 23 de diciembre. Jackson , mas inferior aun 
á sus adversarios en la calidad que en el número de sus 
soldados, recurrió diestramente á un medio mievo en los 
anales de la guerra para defender á la capital de la Lui- 
siana, el de cubrir sus aproches con parapetos improvi- 
sados con pacas de algodón de buen ó mal grado arran-^ 
cadas á los comerciantes. En tan singulares» pero tan só- 
lidos reductos, se estrelló aquel dia la intrépida arrogan- 
cia de un ejército acostumbrado á triunfar de los franco- 
se8« Allí perdió la vida el temerario lord Packenbam ; y 
por insistir en su desconcertado ataqae derramaron tam- 
bién su sangre el general en jefe Kenne y otros cabos 
principales. 

Después de otras hostilidades menos importantes en los 
días siguientes, los esfuerzos del valor inglés y de su im- 
ponente expedición á América, estrellándose ante bisónos 
é indisciplinados tiradores, no dieron otro fruto que ce- 
lebrar un armisticio y evacuar el país elevando la pre«* 
pooderancia norte-americana en el nuevo continente 
basta donde no había podido llegar desde su indepen* 
dencia. Uo solo error, on movimiento equivocado bastd 
en aquella breve campaña, como en tantas otras, para 
malograr elementos que parecían asegurar un éxito com* 
pleiow El armamento naval de los ingleses, después de na 
desastre, que solo había podido alcanzar á las tropas des- 
embarcadas , se dirigió al E. á fines del siguiente mar-* 



28 HISTORIA 

zo ^ y dio fondo en la Habana, qoe admiró la soberbia é 
ioieligeDle estructura de sus buques, deplorando que de 
aquellas acabadas muestras del arte de Vitrubio no pu- 
dieran ya en su imponente arsenal lograrse copia^ La 
mayor parte de aquellos navios de guerra salieron en 
abril para Inglaterra, y los demás para Jamaica. 

La paz que celebró Inglaterra con sus subditos anti- 
guos á consecuencia de tan inesperado descalabro disipó 
las esperanzas que tenia Apodaca de aprovechar aquella 
pugna para recabar la integridad de las dos Floridas 
cuando se lo permitiesen las cajas de la Habana exhaustas 
casi siempre en aquella época. Pero perdiendo defíniti-* 
vamente desde entonces unas posesiones tan inútiles como 
onerosas y comprometidas, mucho habria España ganado 
con solo evitarse gastos y agravios vergonzosos. 

La estrella de su poder se iba entonces eclipsando en 
todo el continente. Buenos- Aires, Chile, Quito, Nicara- 
gua habian casi dejado de ser provincias suyas, enseño* 
reándose también la insurrección de Venezuela y Santa 
Fé. Los dos primeros países habian ya organizado ejér- 
citos enteros de tropas regulares para propagar la rebe- 
lión en el vireinalo del Perú , y aun obtenido repetidos 
triunfos sobre los indígenas realistas. En 4813 apenas se 
reconocia la autoridad del virey Abascal mas que en los 
límites de Lima , cuando logró desbaratar á los insur- 
gentes el general D. Joaquin de la Pezuela en tas bata- 
llas de Yilcapugio y Ayouma, aniquilándolos luego á loa 



* Desde el 21 hasta fin de mano gleses eDtre navios, frafi^tas y ber- 

negaron A la Habana de Móbila para ganlines.— Harzo de 4815.«-Véan9a 

continiuir á Europa en los diez pri* loe Diaria de la Habana da esta 

meros dias del siguiente abril, hasta época. 
diez 7 nueve baques de guerra in- 



DE LA ISLA DE CUBA. 29 

tres años de felicísima campaña eo la moy señalada de 
Viloma. 

Cuando renacía por el Perú tan engañosa calma , des- 
embarcaba en Venezuela una aguerrida expedición de 
más de diez mil hombres ' al mando de D. Pablo Mori- 
llo» reputación reciente y merecida de la úllima jijuerra 
con la Francia. Peleó con valor y con fortuna venciendo 
muchas veces á aquellos belicosos insurgentes acaudilla- 
dos por el famoso Bolívar, y arrostrando la saña de aquel 
clima, mas temible que ellos. Posesionáronse otra vez 
las armas españolas de aquellas opulentas provincias; 
pero la decisión del país por su independencia -de tantos 
años atrás sembrada en aquel huelo, el rigor de una at- 
mósfera de fuego, la constancia de aquel caudillo» y más 
aun las discordias políticas de la metrópoli , hicieron que 
mas adelante, así como en los demás reinos ultramarinos, 
se perdiese el fruto de repetidas victorias y muchos sacri- 
ficios. 

La rebelión á duras penas contenida en Méjico por el 
ejemplar castigo del faccioso Hidalgo, y la firmeza del 
virey D« Francisco de Yenegas, luego sofocada en unas 
partes, y retoñando con mas vigor en otras bajo el mando 
de su sucesor D. Félix Calleja, iba lomando vuelo bajo la 
dirección de otro clérigo de condición tan impropia para 
su estado como el anterior, D. José María Morelos. Este 



* Además de los diez mil hom- 
bres que en febrero de 1815 salieron 
de Cádiz coD Morillo, del mismo 
paerlo saüeroa también en el si- 
guiente mes otros dos mil y qui- 
nientos 4 las órdenes del mariscal 
de campo D. Alejandro de Hore 7 el 
brigadier D. Fernando Hiyares. Es* 
tas faenan, 8«gnn decreto del Rey 



pablicado por D. Miguel Lardizabal 
en 9 de mayo de 1815, no eran ma 
que la vanguardia de un ejército de 
veinte y dos mil hombres que se 
mandó reunir y organizar en Cádiz, 
y que luego se empleó en fines tan 
diversos de los que aconsejaron su 
reunión cerca de aquella plaza. 



» . 



96 HISTORIA 

Horeios, después de haber allí elevado el alzamiento po-* 
polar á proporciones imponeotes, cobrando cootribocio- 
nes, ocupando provincias y ciadades; y creando hasta nna 
especie de congreso qae legitimara sos actos y violencias, 
vencido al fio y prisionero, expió el 22 de diciembre de 
18f 5, como Hidalgo, en un patíbulo el doble crimen que 
había cometido como subdito trastornador y clérigo ho- 
micida.Uoa expedición de aventureros que, protegida por 
los Estados Unidos, había invadido á Tejas á las órdenes 
del habanero D. José Alvarez de Toledo, habia sido ven- 
cida y expulsada; pero no impidió el triunfo que alcanzó 
sobre ellos el brigadier Arredondo, que por allí se abriese 
luego ancho camino para nutrir y fomentar la insurrec- 
ción en Nueva España. 

Desordenadas con atenciones extraordinarias y apre- 
miantes las cajas de aquel reino opulento, donde con fre- 
cuencia desaparecían entonces los ingresos con repetidas 
sacas de los insurgentes en las provincias y en los pueblos 
que alternativamente ocupaban y evacuaban , imposible 
era que siguieran suministrando con regularidad año por 
año dos millones quinientos cuarenta y tres mil quinien- 
tos ocheojta y tres pesos , á que ascendía lo que la sola 
Cuba con sus dependencias necesitaba, ademas de sus 
rentas propias, para completar su creciente presupuesto. 
Y era independiente aquella suma de la que Méjico te 
nía también anualmente que suministrar á Puerto Rico^ 
Santo Domingo, á h^ posesiones de Mosquitos y á la le* 
gacion de España en Filadelfía. Lejos de presomirs^ que 
pudiera seguir soportando tan crecida carga, de agrade* 
cer fué, cual prueba de gran celo, que en un quinqueoio 
de turbaciones y quebrantos cubrieran los vireyes Vene- 
gas y Calleja cerca de una mitad de aouellas obligaciones 



DB LA ISLA DE CUBA. 31 

exteriores. Desde 1809 semejaote y tan repentino des- 
censo en sus ingresos tuvo que ocasionar en Cuba la su- 
f)resion de renglones de primer orden en so presupuesto. 
Álava y Apodaca, no contando, por ejemplo, con los ca* 
torce millones de reales consignados al Apostadero, des- 
pidieron de los talleres á casi toda la maestranza; y limi- 
taron los gastos del material de marina á las reparaciones 
mas indispensables y á los pagos mas precisos de las 
iripoleciones. Y aun esas reparaciones y hasta el entre- 
tenimiento de las fortificaciones, de esa preciosa garantía 
de la conserracion del pais, tuvieron que suspenderse en 
periodos repetidos. Todo, á la verdad, tenia que poster- 
garse á cubrir por prorateos, según se iba pudiendo, los 
presupuestos del personal militar y civil, por mas que la 
pública penuria recibiese un alivio inesperado con la re- 
pentina subida de los frutos coloniales en 1815; porque 
las paces del año anterior no solo hablan acabado con el 
poder de Booaparte, sino con su bloqueo continental, 
ruina dé todas las piazas comerciales. 

Exhaustos de azúcar, de café y otros arliculos los sl- 
roecenes de Europa, aceleradamente acudieron á surtirse 
MÍ que se les franqueó entonces el camino; y merced á 
tan favorable circunstancia se elevaron las rentas de 
Coba en aquel año á tres millones cuatrocientos veinte 
mil ciento veinte y siete pesos fuerte;) ; y babrian sido 
aun mayores sin el descarado contrabando que se hacia 
por las costas y aun en los puertos principales, y sin tos 
fraudes que se cometían en las aduanas , careciéndose 
ademas de guarda-costas ni fuerzas de resguardo sufi- 
cientes para vigilar un litoral tan dilatado. Sin arción 
ni medio por lo tanto para extirpar ta) cáncer, el inten- 
dente Aguilar, anciano, desanimado y achacoso, acto con- 



32 HISTORU 

siguió ooa mejora para la admioistracioo en los siete aD09 
que estuvo maneja odola ; tal fué la renta de la loteríSt 
el pensamiento antiguo de on empleado cuyo nombre era 
D. Buenaventura Fernandez, que en una memoria razo- 
nada habia propuesto at gobierno desde 1 8 de mayo de 
4 803 la introducción en la isla de una que desde muchos 
años atrás rindió al erario provechos de importancia en 
Méjico. Hasta habia ya Ferrer desaparecido de la escena 
cuando llegó á plantearse en la Babana por Aguílar* eo- 
SI de abril de (8t2 una proposición mas útil que moral^ 
nueve añosu retardada como tantas otras en España por 
trámites, informes y consultas. Constituyóse esa nueva 
renta desde el primer sorteo veriCcado en 12 de setíem 
bre con una combinación de cuarenta mil pesos divididot 
en diez mil acciones representadas por igual número de 
billetes subdivididos en medios, cuartos y octavos para 
facilitar su adquisición á todos los bolsillos. Para gastos 
de administración y regalía del fisco se reservó desde 
luego un veinte y cinco por ciento en arcas reales, re- 
sultando tres tantos más, es decir treinta mil pesos distri- 
buidos en cada sorleo que habia de repetirse catorce ve- 
ces en cada año. Este modo de plantear el proyecto de 
Ferrer en que tan asegurado quedaba el interés del erario 
con tendencia á aumentar sus ingresos en cerca de tres 
millones anuales, honró á Aguilar tanto como á su autor 
el concebirlo; y por mucho que ambos esperasen de sus 
resultados, quizá no presumieran que llegaran nunca á 
los fáciles millones que por ese ramoso están recaudando 
en nuestros dias. Tal fué el interés que despertó desde un 

* En la colección del Autor se en • para la instalación de la lotería en 
eaentra. un ejemplar de la primera la Habana, 
providencia pnblicada por ▲goilar 



DE LA ISLA DE CUBA. 33 

priocipio ese juego en toda Cuba, hasta en el íofelíz es- 
clavo á quieo multílud de ejemplares estimula á cifrar 
sus mejores sueños para el porvenir en los caprichos del 
sorteo. 

Ni aun ese medio, ni^lros habrían bastado para con- 
llevar los conflictos de ese tiempo si de mucho atrás no 
se resolviese Apodaca hidakameote á cumplir con un de- 
ber que en la gobernación de Cuba habia ya tomado el 
carácter de tradicional é imprescindible. Desde que re- 
gresó Fernando VII de Francia y recobró la plenitud de 
su soberanía, se habi^ reconstituido el consejo de Indias, 
donde algunos de sus antiguos miembros, que nada ha- 
bian aprendido de los años y los hechos, se esforzaban en 
asimilar el retroceso de la administración en las rentas al 
que se habia pronunciado en la política y se volvieran 
á decretar prohibiciones que rechazaba ya la misma 
ilustración del siglo. La aplicación de sus insensatas doc- 
trinas habia sido la principal causa promovente de la 
sedición de las provincias de Ultramar; y^parecia'que 
obstinándose aun en sustentarlas, se proponían perder 
también cuanto antes las que nos quedaban. Se expidie- 
ron desde setiembre do 1814 repetidas reales órdenes 
para que desde 1 .* del siguiente enero no se admitie- 
sen en los puertos de Cuba mas embarcaciones extran* 
jeras, cuando con las recientes paces podían llenar su 
hueco las peninsulares! 

Pero ni eran estas á la sazón las suficientes para simul* 
táneamente atender al tráfico de Cuba y otras partes; ni 
habia para ellas la seguridad que con la paz se suponía 
estando el mar plagado de corsarios norte americanas 
con bandera de las provincias rebeladas entonces con- 
tra España, ni era ademas justo y hacedero que de re- 

HIST. DB CCTBA. — TOlffO IT.-^ 3 



^4 HISTORIA 

peole se suprimieseo correspondencias comerciales desde 
mas de treinta anos entabladas entre la Habana, Bal- 
timore, Naeva-York y Boston, que habían cubierto las 
necesidades comerciales de la grande Antilla, cuando no 
le permitieron cumplir con ese deber á la metrópoli dos 
largas guerras con la Gran Bretaña y una constante pa- 
rálisis de sus tratos con sus posesiones. No vaciló aquel 
general, de acuerdo con el Intendente y con el Consu- 
lado, en permitir que siguiesen entrando buques extran- 
jeros, porque negarles la entrada era arruinar á Cuba. 
Lejos de resultar contra él ningún cargo posterior por una 
desobediencia tan política y forzosa , además de recibir 
honrosos testimonios de gratitud de las corporaciones del 
pafs, encomió luego el mismo gobierno su conducta en un 
caso tan -crítico, mientras á sus sucesores libraron luego 
de embarazos de aquel género las representaciones de 
Arango y Valiente en el Consejo de Indias, y el natural y 
pronto triunfo de la libertad comercial sobre el prohibi- 
cionismo. I 

Desde los principios de su gobierno se babia mostrado 
Apodaca mas opuesto á intervenir en nada relativo ai 
Fisco siendo funcionario de exquisito desinterés y mode* 
radísimos deseos. Este, entre otros, fué un motivo para 
que después de crearse las dos Intendencias de Santiago 
de Cuba y Puerto Rico, se elevara la antigua de Ja Habana 
al carácter de superintendencia; y que en lugar de ensal- 
zar á la capitania general con esa ampliación de facul- 
tades, se confiriesen á Aguilar esas atribuciones. No le di- 
suadieron á este honrado y anciano funcionario, sin em- 
bargo de su anterior resolución, de renunciar so puesto y 
restituirse á España. Admitida su dimisión se le encomen- 
dó interinamente al contador de ejército D. Juan Fernan- 






DE LA ISLA DE CUBA. 35 

dez Roldan á mediados de abril d 1816, y se embarcó^ 
de allí á poco para la PeDÍnsula. Una iospiracioo feliz de 
Fernando VII^ mas atinado en general con Coba que con 
otros reinos, fué después para la grande Antilla de gran 
frutOyComo ya veremos, confiando su administración eco* 
nómica á un inteligente y joven intendente que daba á la 
«azon resultados que habipn sorprendido en la de Puerto 
Rico, á D. Alejandro Ramírez. Estas potables expresiones 
del titulo en que se le nombró Intendente de la Habana 
anunciaban ya á la isla los beneficios que podía esperar 
de este nuevo funcionario; «Os conGero la Intendencia de 
la Habana en consideración al estado floreciente en que 
..por vuestros conocimientos, celo y actividad habéis pues- 
to la agricultura, comercio y rentas en la isla de Puerto 
Rico,> 

' Véase su biografía en las páginas 4 y 5, T. I. Dice. Geogr, Est. Hist, d$^ 
2a isla de Cuba por el A. 



CAPITULO SEGUNDO. 

Gobierno de D. José Cienfuegos— Refuerzos de tropas.— Condccoracloiic» 
nuevas.— Corsarios insurgentes— Armamento consular. — Sos buenos 
resultados.— Reorganliacion de las tropas de laisla— Felices encuentros 
oayales con los corsarios.— Primer tratado represl? o del tráfico de ne- 
gros.— Decreto concediendo la libertad de comercio con todas las bande- 
r3S._Tercer censo de la población de Cuba —Hedidas de policía urbana 
7 rural. — Persecución de malhechores. — Franquicias.- Fundacifines de 
la villa de Cien fuegos, del Mariel y de la ciudad de NueTítas.— Con» 
versión en propiedades absolutas de las antiguas mercedes territoriales. 
—Desestanco del cultivo del tabaco.— Prosperidad de la isla.— Grandes 
servicios del intendente Ramírez.— Atentados de los norte-americanos en 
las Floridas.— El general Jackson se apodera de Pauzacola.— Es devuelta 
luego á las tropas enviadas de la Habana.— Preliminares para la cesión 
de las Floridas á los Estados-Unidos.- Enredos del general emigrado d« 
España D. Mariano Renovales.- Es preso en la Habana. 

El 2 de julio de 1816 enlró eo la Habana la Trágala 
Castilla, procedente de Cádiz, con varios trasportes ccodu^ 
ciendo cerca de mil honoíbres del regimiento de Navarra. 
Trajo aquel buque al teniente general D. José Cienfuego» 
Jovellanos, nuevo capitán general á quien sin demora 
entregó Apodaca ' el mando. Algunos dias después en- 
cargó también del gobierno interino del Apostadero al ca* 
pitan de navio D. Pedro Acevedo, no apareciendo á la sa- 

* Véanse las páginas 30, 31 y 38, mariiima de Navarrete y la publl- 

T. I. del Dice. Geogr. Est. HUt, de cada por su nieto D. Fernando de 

la Ula de Cviba por el Autor. Su bio- Gabriel Apodaca. 
grafía en el T. II. de la Biblioteca 



DE LA ISLA DE CUBA. 37 

zoD oficial general de la armada á quieo encomeodárselo. 
Pero DO lardó eo preseotarse á desempeñarlo en propie- 
dad el jefe de escuadra D. Aguslin Figueroa, aunqae ya 
cuando Apodaca, promovido al vireinato de Nueva Es- 
paña, había zarpado para Veracruz ¿ pacificar con dicho- 
sos preludios ud imperio destinado luego, por la eslrella 
de nuestra nación, á perderse entre sus manos. 

De fatídico agüero para el gobierno de Cienfuegos ca- 
lificaron los supersticiosos el desastre ocui1*ído el mismo 
día de su llegada con la fragata de guerra Atocha incen- 
diada por un rayo y reducida á cenizas en el mismo 
puerto, Pero por fortuna los adelantos que logró el pais 
en su tiempo desmintieron luego esos pronósticos pue- 
rilmente deducidos de un incidente casual y deplorable. 
Durante su gobierno/y si no por sus impulsos, por los 
de la necesidad y de la experiencia, empezó á lanzarse 
la isla por la senda de prosperidad, siempre creciente 
desde entonces» y de la cual nunca consiguieron des- 
viarla después ni errores insensatos, ni obstáculos sin 
cuento- 
Trajo Cienfuegos consigo multitud de gracias y vene- 
ras para los militares de Cuba y las Floridas, y así iutr9- 
dujo el afán de llevarlas en un país donde á muy conta- 
dos de sus habitantes y por servicios conocidos, se ha- 
bia premiado hasta entonces con la orden de Garlos III, 
la sola que tuviese España, además del Toisón y las cua- 
dro órdenes, que ya tan impropiamente se llaman mili- 
tares. Fernando VU, después de destruir en lugar de re- 
formar meditadamente el edificio de la libertad política, 
¿alagó á todas las clases del Estado con la institución de 
nuevas órdenes é insignias nacionales, creadas algunas 
f>or las Cortes durante la reciente guerra para recom- 



38 HISTORIA 

pensar con honores los extraordinarios hechos y servicio» 
de onas tropas que el Erario no podia siempre premiar 
de otra manera. La insigne del Toisón de Oro, con ra- 
ras excepciones^ era y es la venera reservada á las per* 
sonas reales, á los soberanos y príncipes extranjeros y á 
notabilidades nacionales y europeas. Las coatro antiguas 
órdenes militares de Santiago, Galatrava, Alcántara y 
Montea, incompatibles en un mismo individuo, nb eran 
ya el premio de ninguna hazaña , sino ana mera prueba 
de genealogía y de la nobleza heredada de los que la^ 
llevaban. Las Cortes primero, y luego el rey, acorde coa 
ellas en ese solo punto, crearon la orden militar de San 
Fernando con cuatro clases distintas» para premiar los 
méritos de guerra ; la de San Hermenegildo, dividida en 
otras tres clases reservadas al buen porte y constancia 
en el servicio de los generales, jefes y oficiales; y en fin, 
la Americana de Isabel la Católica, con las mismas exen^ 
cienes y privilegios que la de Carlos III, destinada en 
un principio á recompensar la fidelidad y los méritos de 
los que sostenían la causa de España en Ultramar con- 
tra los insurgentes, ó prestaran servicios de otra clase en 
el continente americano. Solamente de la de San Her- 
menegildo correspondieron á los jefes y oficiales de las 
tropas de la is!a mas de cincuenta entre placas y cruces 
sencillas, cuyos diplomas repartió Cienfoegos Con alga- 
nos de las de Isabel y San Fernando. 

Tampoco por las aguas de Cuba faltaban ocasiones de 
ganar veneras. Recorríanlas algunos baques de aventu- 
reros que , con bandera de los Estados hispano -ameri- 
canos beligerantes contra su metrópoli, no servían ea 
reaKdad sino á sa codicia y sus rapaces ansias. No reno- 
vaban los crueles ejemplos de los flibusteros del si- 



DB LA ISbA DE CUBA. 39 

glo xvii por fallarles su oqíoq é i&lrepidez, y porque ln 
cultura del preseote siglo ya do permitía que se reaova- 
aeo ateutados como los de aquella asociacioD de bao-* 
didos. 

Desde la altura de Puerto-Rico basta á su arribo, so 
babia Cieufuegos navegado un solo dja sin divisar alguo 
corsario. 

Uno de los corifeos de Barataria, Aury^ mulato de la 
parte fraocesa de Santo Domingo, acaudrllaba entonces 
hasta cinco embarcaciones con pabellón de Cartagena; é 
imitando en eso á aquellos foragidos^ alguna vez deposi- 
tó sus presas en los cayos de Tortuga, Después de 
realizar allí mas de sesenta mil pesos de despojos de es- 
pañoles y holandeses, arrebatáronselos sus tripulaciones 
negras sublevadas; y aunque herido, huyó Aury ¿ la 
Luisiana , donde fué después el mayor enemigo de los 
españoles. 

No tardaron en repetirse hostilidades de ese género y 
presentarse otros corsarios hasta en las aguas vecinas á 
la Habana. Antes de que llegaran á abrigarse dentro de 
Bahiahonda , dos fragatas mercantes fueron alcanzadas 
por otros dos corsarios y cogidas sin resistencia, siendo 
su gente poca y mal armada. Casi al mismo tiempo apre- 
saron en aquel mismo puerto otros dos bergantines dea* 
arbolados, apoderándose también, después de un reñidí- 
simo combate^ del falucho guarda-coatas San Fernando^ 
cuyo capitán quedó herido y prisionero con su tripula-* 
cioD y hasta doscientos individuos de los demás barcos. 

La osadía de loa corsarios , los clamores del comercio 
y la ineficacia de los medios que podia adoptar el Consu- 
lado para castigar tales insultos, decidieron á Cienfuegos 
y Ramirez á discarrirlos mas seguros y eficaces sin de- 






ra* «i 1^ se jxm «iUKBUr «k i por 

eicittee» era b^er^ia piir **> ■B teaa ra, Se mp«9» 
I pf r IM j£.¿re ía» ncriiioadü*» en hi« 
dkem ■acbi»; ca peso í«effv i^^óre okÍé coadaiiA á^ « 
Icque» fr-yytiett4r» it t» cwti «ie Aí-ita. ¥ aeüa pe» 
iKne a j»» dé mi» : j» «^etta» enJ 
de u-jía procedeará. Aaa:;«e s>> 
cav^:2» a bs GíSler» o de cabúlafe . uoi! 
i :«:*( hatfgifjfci.;» Lac4> salvia» ea oooe» aiÍQ^ 
ft'íesd'# c«ao> reaiiís» de iei.«:o per ca>ia cá^ de 
'l'>:9e«hireára em !•:» puerto» tSe ia is^ai. 
^ psú de f iiMiii-ii' para tra»p»:cUr púr io uilervr tas 
frw. 4^9 lemesiia q[«e OM»iaar«e eai» p>r aor a jos acr- 
cade*?; awj OjcL^íú^ foerca li!* q^>? se pnesenaroA de 
aqv^ sraia^eB «Kcsirí». Púc b uao, se iiKpaffa 
L(i¿:« ^n ^ exiTKC'iisaría derraaa de ^jmd ¿m otro 
carip> de trece rea'es i retóle j oúiro aaravediaB de 
Te.'y.a cotto ii^red» ^íj£>-jia\ de lotteíaida a lodo barco 
¡ero. Es(a^ cxao»>'.e», que soúo 
2ai JQstficafaa , ea p ei a roa desde tvep» aia 
deaura a rea^oarae ; ▼ karto oottdo^nes&es 
la» can»» q«e be» aoitranMi* caando se deseaieadib ta 
corte de aqoel aexiraliaiJ^CK» de Cicu'•l^Je^T lasaprofaó 
Uxia§ a lílaio de arbitrio» para el lasiado « 
o>«Eio!ar,» á caro electo «e desliaaroa umbiea 
ka aa<iga<H i %a ae; iC5«fic«ale» coaocui» o» los 
m omb m de « Aranda ó Arnaditb.» 

B Oútterao aotidpó cusas oottsiderafates om la 
raalB de aifaefV» recaraos extraordiaanos; t si 



DE LA JSLA DB CUBA. 44 

en breves dias mas de veinte buques mercaoles con tri- 
puiacioues numerosas y aguerridas* además de dos ó tres 
de guerra que pudieron utilizarse para el servicio de la * 
isla. 

No se limitó Cieofuegos ¿ dar coo Figueroa ese impul- 
so inesperado á la defensa marítima. Puso al instante en 
movimiento á todos los oficiales de ingenieros que, ya con 
peones de maestranza, ya con los suministrados por los 
propietarios, repararon todos los torreones y puestos for- 
tíficados de la costa, levantándose baterías en Jaruco, Ma- 
riel, Cabanas y Babiahonda, en San Juan de los Reme- 
dios, Sagua, Gibara y Nuevitas. Análogas disposiciones se 
tomaron por las costas del departamento oriental, enton- 
ces gobernado por el brigadier D. Ensebio Escudero, que 
ya habia reemplazado á Urbina en el mando de Santiago. 

La iniciativa de esos y otros aprestos militares no par- 
tió solo de Cienfuegos ni del temor á los corsarios; par- 
tió también de la misma corte que empezaba á intere- 
sarse en preservar á la preciosa Cuba de la sedición y en- 
carnizada guerra de las provincias del continente hispano- 
americano. Era ya urgente reorganizar y aumentar en 
el pafs las fuerzas fijas que habían de guarnecerlo y cam- 
biar radicalmente su sistema de defensa militar. Si ya no 
estaba desacreditado, ni aun lo está en el día, la conser- 
vación de Cuba solamente se ha debido á una estrella 
tutelar, constante en libertarla de tanto peligro interior 
y exterior, de tantos amagos formidables, y lo que es 
más aun, de las consecuencias de tantos desaciertos. 

Para la reorganización y aumento de las tropas Cien^ 
fuegos recibió algunos refuerzos de la Península en va- 
rias partidas de reclutas. Pero se le habían ofrecido hasta 
cuatro mil hombres, y en los dos años de 1816 y 17 no 



42 MATOAIA 

pasaron de dos mil los que li^garon. BaüaroB rái taámtfB 
pan iieoar v^itajosameale el hueco del fasuDon de Mé- 
jico redamado por Apodaca desde que w lenooilHrD víiw 
de Ntteva España^ con el súsao empeño que hafaia mm- 
tradoeo reteoerlo míeotraa nandé ea Cafaa ; tanto qae ae 
llevó él mismo é Teracruz aquella fberza en 34 de jolío á 
bordo de b corbeta de guerra Diana y en cuatro her¿:a»- 
tioea de la Araaada^ 

A pesar de esta baja . deternénA Cieofoegas qne ni 
snbin^ienor Ecbererri reooosüiajeae el regimiento dn 
Coba compoesio de dos baiaikmes escasísimos en ano «In, 
bajo el pié qne acababa de darse i mnchos de las bilípr 
ranies en el oontioeote: «endo mas sendlla y ücil esa far- 
ma para ia contabilidad y ann para d mando en nn pate, 
donde, á excepción de la capital ^ nn regiauenio de dea 
ó tres bataüones teoia qne fraccionarse siempre. Lncsga 
llegó d batallón ligero de Tarragona organicado bajo d 
mismo pié^ pero con tanta foerza como la de los áes qne 
6Í r^miento de Cuba habia tenido, y también se radajn 
á nn solo batallón el re^míento de Navarra. E 
aden^s í crearte cuatro compañías de volnntarMS i 
das de Mérito por constar de tropa cumplida , 
ebada y coo premios por tiempo de servicio; siendo d esd e 
•n príodpio sn destino cnbrir k» desUcaoMatos de la 
isla de Pinos y la costa para evitar ios perjuicios qne 
infería i la dísdplina y manqo económico de los caer- 
pos la necesidad de fraccionarse para aqnd obfelo imfia- 
pensaUe. Para la creación de aquella nueva laermí 
ecbóse mano de los licenciados que arríbabandel oontínen* 
te de tránsito para la Penfnsnia. 

La artillería» de coya arma procedía Genfuegos, con 
quien llegaron á la Habana pordoo de jefes y oGdalea» 



DE LA ISLA DÉ CUBA. 4S 

toffid desde luego un iDcremeolo desproporcionado con 
\b9 demás fuerzas, elevándose de pronto en la isla y sus 
dependencias á una brigada de Cuatro compañías. Una 
era montada, y tres eran de á pié 'bon destino á la sola ca- 
pital y su distrito ; componiéndose cada una con ciento y 
cinco plazas de (ropa, sin contar la plana mayor ni ia ofi- 
cialidad que era escogida. Quedaron además dotadas las 
Floridas con una compañía de artillería de á ciento cin- 
cuenta plazas y siete oficiales; y Santiago, sus. castillos y 
la fortificación de Baracoa con otra de setenta y cuatro. 
Creáronse otras seis compañías de artilleros miliciano^, 
dos en la Habana» y las otras cuatro en Santiago, Matan- 
zas. Puerto Príncipe y Floridas. Así tomó pues en la isla 
esa arma facultativa un ser aproximado al de los departa- 
mentos en España; y pudo luego, con el carácter de Sub- 
inspector ^ venir á dirigirla el brigadier D. Rafael de Arce. 

Faltóle mucho á Cienfuegos para elevar á iguales pro- 
porciones la caballería, arma auxiliar en Europa y mu- 
chos países, pero preferente siempre en regiones cálidas» 
bámedas y llanas como Cuba. La veterana solo se reor- 
ganizó en dos escuadrones del regimiento de Dragones 
de América, mandado por D. Ramón de Sentmanat, que- 
dando los de milicias sin aumento alguno. Este fué el 
error mas reparable del nuevo plan de defensa adoptado 
por aquel general. 

A pesar de estos progresos, la totalidad de las fuerzas 
teteranaSt incluyendo las planas mayores, las de las plazas 
y fortificaciones^ y los cuadros de milicias, no llegó á cinco 
mil hombres, guarismo militar exiguo entonces ya con 
on horizonte tan amenazador y tan sombrío como el que 
Áe descubría desde Cuba én todaís sus direcciones. 

No se esperó á la terminación de estas reformas mili^ 



44 UISTOKIA 

tares para emprender la persecución del corso enemigo 
por las costas. ínterin el Consulado, el comandante ge- 
neral dal Apostadero» Figueroa y Ramirez, hacían armar 
á toda priesa otras embarcaciones, dos bergantines com- 
prados al momento con anticipaciones obtenidas sobre los 
arbitrios decretados, empezaron á ahuyentar de las aguas 
de la Habana á los corsarios. Habilitáronse otros buques y 
lanchas cañoneras, siguiéndose el ejemplo de la capital en 
Matanzas, Trinidad, Santiago y Baracoa, de cuyos puer- 
tos todos salió al corso gente osada y marinera , dirigida 
por el doble estímulo del honor nacional y el interés pri- 
vado de las presas ; y el éiLito no tardó en corresponder 
á ese entusiasmo. Aquellas fuerzas marítimas improvi- 
sadas tuvieron con frecuencia encuentros muy felices. 

Dos buques de la armada apresaron entre Nuevitas y 
la Guanaja ha^ta siete de corsarios insurgentes sorpren- 
didos en lo mas estrecho del canal, apresándqies multi- 
tud de prisioneros y efectos de importancia. 

La goleta Feliz Cubana, después de darle inútilmente 
caza en octubre de 1816, persiguió hasta la misma bahía 
de Puerto Príncipe de Santo Domingo al corsario fran- 
cés que Jlevaba al rebelde D. Francisco Mina á morir pe- 
leando en Méjico contra la bandera de su propia patria. 

Cerró aquel ano regocijando las pascuas en Santiago 
una débil goleta, la Isabel, que entró en el puerto con 
dos embarcaciones de mas porte rendidas y apresadas. 
Suceso en si pequeño, pero grande por el espíritu y con- 
fianza que acabó de infundir en nuestra gente ese ejem* 
pío denodado. 

Acabó con otras dos echándolas arique á principios 
de 1817 al frente de Matanzas la fragata Saguuto, des- 
pués de dos combates muy reñidos ; y en esos mismos 



DB LA ISLA DE CUBA. 45 

días el guarda -costas «Real Coosolado» lambieo escar- 
mentó á otras dos» 

La goleta Galvestoo» el mas temible de los corsarios de 
aqael tiempo por su audacia y sus rapiñas, coo tripulación 
norte-americana casi toda, fué baiida y rendida con'solo 
tres descargas por el bergantín Almirante, que mandaba 
el teniente de fragata D. Manuel de los Rios. De sesenta 
y un hombres que la montaban no se salvaron mas que 
diez y siete. • 

Fuera difuso enumerar la multitud de encuentros que 
tuvieron por ese tiempo nuestras naves, siempre con 
éxito, cuando la superioridad numérica del enemigo no 
lo hacia imposible á nuestros marineros de igual intre- 
pidez, así en los casos felices como en los adversos. Re- 
sidentes en la población de Regla la mayor parte de los 
que se dedicaban á corsear contra los insurgentes por la 
costa del Norte, alli era donde combinaban sus expedi- 
ciones y vendian luego las partes que les habian cor- 
respondido de sus presas. Aun subsisten capitalistas de 
la Habana cuyas fortunas dimanan de logros de aquel 
tiempo. 

En su lugar dejamos ya consignado que el priiber ariete 
contra el edificio de la esclavitud africana en todas las 
colonias lohabia lanzado la misma potencia mps constante 
en levantarlo; la sola que en larguísimos períodos mo- 
nopolizó para sí propia el raudal de oro que producía la 
trata de África. Parecería tan radical mudanza inexpli- 
cable si más que la filantropía de sus filósofos do la expli- 
caran ya por este tiempo sus progresos, sus nuevos inte- 
rese^ materiales y las vastas proporciones que el imperio 
colonial de la Gran Bretaña habia tomado. La progresiva 
extensión de sus usurpaciones en el Asia le tenían asegu- 



i^ HISTORIA 

rado UD ventajoso modo de sustituir á la servidumbre de 
una raza la de otra, la de los uegros con la de ios cipayos, 
que desde un principio fué una esclavitud tan real y ver- 
dadera como la de aquellos, aunque no se la designara 
con el mismo nombre. Como las demás metrópolis solo 
contaban con los africanos para explotar sus posesiones; 
como interesaba esencialmente al comercio inglés que 
todos los mercados decrecieran para llegar á ese fin, no 
le importaba mucho á la Inglaterra que sufrieran igual 
suerte sus Antillas que las de España y Francia; porque 
en la balanza de su imperio eran ya en esta época de 
mucho mayor peso los productos de sus posesiones asiá- 
ticas que los de sus colonias americanas. Así Sdcri6c9- 
bap relativamente un millar para conseguir un millón 
de beneficios. No otra fué la idea política que guió al 
gobierno inglés para exigir en los tratados que en 181 4 
celebraron las potencias europeas á quienes acababa de 
asegurar en sus tronos con su constancia y con sus ar- 
masy que con ella cooperasen de concierto hasta obtener 
la completa extinción del mismo tranco que con l^nto 
empeño había monopolizado antes y que calificaba ahor^ 
de inhumano. 

La Grao Bretaña, después de haberle propagado tanto, 
habia renunciado á continuarlo, cediendo en 4807, no sin 
resistirlas mucho, á las inspiraciones de Wilberforce, 
Fox, Clarkson, Grenville-Sharp y otros negrófílos. Y sin 
embargo de abrogarse aquella nación la gloria de la ini« 
ciativa en la abolición de aquel comercio^ se la disputaban 
la Francia y la Union americana: esta, porque á los po- 
cos años de su independencia , habia suprimido la escla- 
vitud en doce Estados; y aquella, porque al constituirse 
en República, dispuso lo mismo en sus colonias, aunque 



DE LA ISiA DE GDBA. 47 

revocase algQoas de esas disposiciones luego que se tras- 
formó eu imperio. 

Pero lEspaña, señora aun de vastísimas regiones re- 
caudadas por la raza negra» no podia ceder á las exi- 
gencias de Inglaterra sin declarar de repente á infinitos 
de sus subditos redentores de las consecuencias de un 
error cometido y sancionado tres siglos seguidos, y prin- 
cipalmente por la misma nación mas interesada, mas em- 
peñada después en extirparlo. 

D. Francisco Arango, que babia pasado á España como 
diputado de unas cortes que al llegar halló cerradas, no 
necesitó que continuasen abiertas para defender luego 
en Madrid con los intereses de Cuba los de casi todos 
los pueblos hispa no-americanos. No sosegó basta no con- 
vencer á los personajes mas influyentes del gobierno y 
ann al mismo soberano, de los infalibles é incalculables 
desastres que de repente surgirían accediendo á las exi- 
gencias inglesas. Y no tuvieron sus afanes y sensatos ra- 
zonamientos poca parte en las instrucciones que se co- 
muoicaron á D. Pedro Labrador^ representante de Es- 
paña en las conferencias de Viena , para que no cediese 
on punto al empeño del inglés en comprender entre 
las potencias indiferentes á la extinción de la trata á la 
mas interesada en continuarla hasta no discurrir medios 
y forma de llenar tal hueco. El anciano consejero de In- 
dias D. Pablo Valiente, que poco después terminó su 
honrosa carrera con su vida, prestó su postrer servicio á 
Cuba ayudando á Arango con todo el fuego de su genio 
en gestión tan vital para la grande Antiila. Pero el éxito 
que entonces se obtuvo en aquellas conferencias, no des- 
terró de las mentes pensadoras el temor de que la abo- 
lición de la esclavitud en las posesiones españolas era 



48 HISTORIA 

QD mal aplazado, pero do precavido ni impedido para 
tiempos venideros con térmioos tan absolutos como la 
conservación de tantos intereses creados requerid. La 
aprensión no era infundada. La Inglaterra, después de 
proclamar la abolición universal del tráfico, como sin ri- 
val en el dominio de los mares, se arrogaba el derecho 
de visitar los buques negreros de todos las banderas, eri- 
giéndose, dice un autor moderno, cen mantenedora ex- 
clusiva de la filantropía europea. » Y mientras tanto, 
continuaban en Madrid las negociaciones frustradas por 
Labrador en Viena; las seguia con toda el tesón que ca- 
racteriza á su política y toda la exigencia de una aliada 
que tan útil acababa de ser al rey Fernando. Tres años 
seguidos y con buenas razones resistieron á su porfiada 
pretensión este monarca y sus ministros. Pero luego, el 
de Estado, D. José Pízarro, mas flexible que sus anteoe* 
sores y mas versado en asuntos europeos que en los ul- 
tramarinos, en hora fatal para la grande Antílla concertó 
al fin, en 23 de setiembre de 1817, un tratado especial 
entre España y la Gran Bretaña para la abolición del 
tráfico, cuyos preliminares habian sido aceptados desde 
el 7 del anterior mayo. 

A la primer nueva de una medida tan trascendental 
como precipitada, un grito universal de sobresalto lan- 
zaron los traficantes, lo mismo los vendedores que los 
compradores, al verse de repente despojados de los fá* 
ciles y pingües lacros que tan fructífero comercio les pro- 
porcionaba; y los hacendados y dueños de esclavos, de 
toda escala y clase, temieron con justísimo recelo que 
fuese la abolición del tráfico la inmediata precursora de la 
emancipación de la esclavitud, equivalente á su completa 
ruina. 



DB LA ISLA DE CUBA. 49 

Por el ar líenlo primero del tratado ¿e obligaba el rey 
á que el tráfico de Degros quedase abolido en iodos sus 
domioios para el dia 30 de mayo de 1821, daudo asi am- 
plio plazo, DO solo para que se realizasen las expedicio- 
nes peudieutes y tratos entablados, sino para aprovechar 
ese período en multiplicar la introducción. Por el tercero 
se sujetó el gobierno inglés á pagar al eFpanol cuatro- 
cientas mil libras esterlinas destinadas á compensar las 
pérdidas que sufriesen los armadores españoles eo las ex- 
pediciones que se interceptasen antes de canjearse las 
ratificaciones del tratado. Solo se referian los demás ar- 
tículos á reglamentar el modo y forma con que podría 
continuar el tráfico en el tiempo que faltaba para su tér- 
mino, y al establecimiento de los tribunales que, situados 
uno en las posesiones inglesas y otro en las de Espa- 
ña, habían de decidir todos los casos de infracciones. 
A estos tribunales, cuando se formaron^ se les llamó 
desde luego comisiones mixtas, y aun conservan ese 
nombre. 

Digno es de notarse que el mismo ministro que sus- 
cribió á un pacto tan perjudicial y prematuro, al comu- 
nicar á Cienfuegos y demás autoridades de Ultramar va- 
rias instrucciones reservadas y respectivas á su ejecución, 
reconocía sin disimulo el daño que tan precipitada dis- 
posición iba á inferir á las Antillas españolas, esforzán- 
dose en indicar medios tan tardíos como ineficaces para 
conjurarlo. La real orden dirigida por Pizarro á aquel 
general en 13 de enero de 1818, prevenía que: «Tanto 
para evitar las violencias de los ingleses, como para aten- 
der al desarrollo futuro de la raza negra, se cuidase mu- 
cho de que los armadores de expediciones para África 
fuesen españoles, lo mismo que los buques en que las 

HIST. DB CgjiA. — TOMO IT.— 4 



•o HISTOBIA 

hicierao ; y de que retoroaseo siempre por lo meaos 
con «iDH tercera parle de hembras, para qae» propagán- 
dose la especie, se hknera menos «sensible ea io falurola 
sopresioD del tráfico. » 

Sin que la recomendara ninguna autoridad, esta últi- 
ma precaución^ siempre aconsejada por el interés de Íes 
compradores, contaba ya de práciica lo que centabacasi 
de anligüedad la misma trata de África; y aquella ad- 
verleocia era svpérflaa. 

El traiado prohibitivo del comercio de negros y el te- 
mor de una inmediata eosancipacion fueron ias nabes 
que turbaroD el horizonte de opulencia que empezaba en- 
tonces á brillar en la atmósfera cubana. Solo el efecto de 
tan negra y difundida aprensión puede explicarnos qoe 
no conmoviese de regocijo é todos los habitantes de la 
grande Aütilla «I benéfico decreto de 1 de febrero dde 
1818. Más que los clamores de D. Francisco Arengo, del 
inteudente Rdmirez, del Consulado y de cuantas perso- 
nas ilustradas conocían á Cuba, ios desengaños y el elo- 
cueote paralelo de lo perdido en más de dos síigloB 'de 
prohibición y lo ganado en algunos períodos de toleran* 
cia, fueron los agentes, el origen de una providencia que, 
promu%indo9e diez años antes, hubiera conservadlo al 
imperio español muchas regiones. Las que se separaban 
de su madre patria para entregarse á la anarquía y á la 
barbarie antes que para ser independientes, habrían ad- 
quirido con aquella gran franquicia toda la importancia 
de su situación y de la riqueza de su suelo. Hubieran 
preferido entooces el bienestar que les proporcionaba su 
metrópoli al que esperaban de una ilusoria libertad eulre 
calamidades y desastres de todo género. 

Aquel célebre decreto, la disposición mas feliz del 



DE LA ISLA 0B CUBA. S^ 

poco dichoso reinado de Fernando VII, vino á alirir de 
ona vez para siempre y de par en par las puertas de 
oro del porvenir de Cuba. Su auréola de opulencia desde 
entonces la proclamó reina de las islas que adyacen al 
hemisferio americano. 

Mucho antes de promu*gár¿$e una medida tan lenta- 
mente preparada, desde su ingreso en el gobierno él la- 
borioso Cienfuegos, amante del método y del orden, ha* 
bia dispuesto la formación de otro censo de población de 
la isla que reedoplazara con ventaja al que se había for^ 
mado en la época de Casas. Este, en veinte anos de tras-* 
curso, apeoasera ya aplicable al régimen de u» pais en 
cuya población, cu jos productos y accidentes se observa^ 
ba un movimiento extraordinario. Los resultados justifi- 
caron plenamente la opc rtunidad del trabajo dispuesto 
por Cienfuegos. No tardó en reconocerse cuál liabia sido 
au aumento, á lo menos en punto á población. El censo 
de 1792 había dado un resultado de doscientos setenta y 
dos mil trescientos cuatro individuos de toda edad^ con- 
dición, color y sexo; y el de 1S17 demostró oficialmente 
que existian ya en la grande Antilla en edte tiempo qui-^ 
nientos cincuenta y tres mil veinte y ocho personas. Re- 
auHaba , pues, que la población de Cuba se habia mas 
que duplicado en poco tiempo en medio de ios amagos» 
les peligros, las revoluciones que la habían rodeado siem* 
pre;yque habia sobrepujado su potente savia á la funesta 
desconfianza en el porvenir que la alteraba casi tanto 
como á los demás paises hispa no -americanos. 

La población blanca se elevaba á trescientos trece mil 
setecientos veinte y ocho habitantes de toda edad y «exo, 
y la de color, tanto libre como esclava, á doscientos 
treinta y nueve mil trescientos. De estos, ciento catorce 



52 HISTOHIA 

mil ciocuenta y ocho erao libres, y los demás esclavos;^ 
resultando de este último oúmero, comparado con el de 
los que vivían en libertad y por su cuenta, bien palma- 
ria prneba de la facilidad con que al abrigo de las prác- 
ticas y costumbres de las posesiones españolas podrían 
los esclavos emanciparse de toda servidumbre. 

De sentir fué, sin embargo, que este censo, exacto ea 
sns guarismos, tardase en publiearse hasta 1819, sin me« 
jorar apenas la mezquina forma de los anteriores y limi- 
tándose á presentar en solo un pliego el estado de la po- 
blación distribuida por castas» sexos y edades, en go- 
• biernos, jurisdicciones, partidos y pueblos. La estadística 
referente á la agricultura, propiedad urbana y territorial 
y demás ramos que constituyen el conocimiento exacto 
de la riqueza pública y los productos del país siguió» 
como antes de publicarse aquel documento , entre tinie- 
blas, cuando más se necesitaba averiguar su estado ge- 
neral para promover y dirigir su crecimiento. 

Cuando tantos y tan diversos intereses conspiraban por 
cortar el robusto cable que amarraba su vasto imperio- 
colonial á España, comprendió Cienfuegos que, para li- 
brar á Cuba de las Livas del volcán cercano, interesaba 
casi tanto como á su defensa marítima y terrestre, orga-^ 
nízar su policía interior, la vigilancia de sus campos y sus^ 
desiertos fondeaderos. Este mismo pensamiento habia te- 
nido en 1811 Someruelos. Pero después de largos trámi- 
tes, el gobierno supremo habia reconocido que el pro- 
yecto de policía de aquel general crearía con la adminis- 
tración de justicia competencias y embarazos, porque 
habia propuesto que se erigiese en la isla ese ramo de 
gobierno con formas y ser de un tribunal especial y de- 
rogativo de los demás fueros. Este obstáculo disuadi(^ 



DE LA ISLA DE CUBA. 53 

desde laego al ministerio de innovar nada en la legisla- 
ción que la regia, prefiriendo á la improvisación de re- 
glamentos nuevos la ñel observancia de los que ya habia 
y especialmente de los que había dejado Gasas. 

Ademas de las causas exteriores y políticas que exi- 
lian su aplicación, la demandaba el estado de los cam- 
pos con urgencia. Abrigábanse en ellos multitud de va- 
gos^ sin arraigo ni otra ocupación que el juego ó indus- 
irias reprobadas, y hasta malhechores que asaltaban en 
cuadrilla á los transeúntes. Dueños de flacas habia en la 
Habana y en Matanzas que hasta abandonaron su manejo 
por temor de ser muertos ó robados; y no bastó para 
tranquilizarios el escarmiento hecho por Apodaca, en el 
último tiempo de su mando, con el facineroso Josélbarra, 
que, cómplice del asesinato cometido en Cádiz en 1808 
con el general Solano y autor de otros veinte y tantos 
homicidios, habia expiado en el patíbulo sus crímenes 
á 6nes de abril de 1816. 

Deseando corregir la deplorable situación de muchos 
partidos rurales, presidió Cienfuegos con este solo fin 
varias sesiones del ayuntamiento de la Habana. De esas 
conferencias y de un sensato informe leido en 1 6 de oc- 
tubre de 1816^ obra de D. José Ilincheta, uno de los re* 
gidores que lo suscribian, resultaron varias medidas re- 
presivas y de inmediato resultado. 

Practicóse una nueva división de barrios en aquella 
capital y demás pueblos, constituyéndose en inspector y 
responsable del orden en cada uno de ellos á un regidor 
del ayuntamiento á cuyas órdenes habian de funcionar 
los comisarios y tenientes de comisario respectivos. 

Debia por las noches recorrer y vigilar las calles una 
-f onda nocturna compuesta de vecinos honrados, sin que 



^4 HISTOAIA 

pudieseQ eximirse de ese servicio al público tú aun los de 
mas categoría. Hasta el mismo capitán general ^ el mas 
excusado de todos por lo atareado de so empleo , lík 
prestó con frecuencia en au barrio para dar ejemplo. 

Con respecto á la persecución de malhechores orde- 
Dése» que los capitanes de partido y sus tenientes esco* 
gieran cabos de ronda y mozos de su jurisdicción de lo» 
mas aptos, que asalariados por el procomún y reunidos 
en partidas, loa persiguiesen sin descanso abonándoles el 
^bierno cierta Quota por cada captura. 

Ademas de ese servicio de persecución local bien con-» 
cebido» se crearon dos partidas mayores y destinadas á 
emprenderla en cualquier territorio de la isla en que 
fuere necesario. Se dio su mando con. detalladas instruc^ 
ciones impresas á dos sujetos prácticos y valerosos, don 
José Gavilán y D« Andrés Yisiedo, facultándolos para 
elegir á los que hubiesen de formarlas. Se organizaron 
también en Santiago y Puerto Príncipe partidas de per* 
seguidores. Para su sostenimiento y conservación se esta- 
bleció un impuesto general entre los propietarios de la 
isla de veiote pesos anuales por cada ingenio, diez por 
cada cafetal, cinco y aun menos por las dehesas ó halos» 
los potreros y estancias, de labor- 

En un principio dieron esas medidas felices resultado» 
con la captura de muchos delincuentes remitidos la ma- 
yor parte á los presidios de África. Pero no tardaron en 
reconocerse sus inconvenientes. A no pocos de los per- 
seguidos presentados á indulto y perdonados se les des- 
tinó á servir en las mismas cuadrillas de Yisiedo y Ga- 
vilán; y reprodujeron en algunos partidos, siendo defen* 
$ores de la seguridad pública , fechorías muy parecidas á 
las que» atentando contra ella,, hablan cometido antes. 



DB LA ISLA DB CUBA. Bft 

Siendo esoasa la gente honrada qoe se prestaba á aque' 
aer^ícia^ ae prefirió conservar las partidas aun con tal der 
fectOf á dejar los campos en el abandono y desorden en 
que estaban antea; porque si algunos dalos persegoidorea 
cometían excesos, no eran tantos oonio loa perpetradoa 
aoteriormente y la pública seguridad algo ganaba con esai 
disposición de las cuadrillas. 

Se marcó esta época con oiedidaa de inmensa utilidad 
y grao influencia, para que cuando sus demás posesiones^ 
se desprendieran de su metrópoli, se ligase mas con ella 
la fecunda Antilla destinada ella sola á resarcirla de la 
pérdida de todo un hemisferio. Entre las mas provechosas 
que el albor de su prosperidad trajo consigo, merece 
mención muy señalada una reaLcédula que se promulgó 
en 21 de octubre de 1817 por gestiones del intendente 
Ramirez y de Arango para promover el fomento de la 
población blanca cuando se consideraba inevitable la pno- 
greaiva disminución de los brazos de color. Aquel pro- 
vechoso decreto fué el golpe de gracia contra las tinie- 
blas de un prohibicionismo, útil en algunos puntos y -en 
pasados tiempos, pero incompatible ya con el siglo y el 
buen régimen de lo que restaba de las antiguas pose- 
siones. 

A los naturales peninsulares y á los extranjeros que 
ya podían residir en la isla libremente desde que se 
abrieron sus puertos al comercio de todas las naciones, 
coiicediéronseles dos privilegios los mas adecuados para 
propagar y extender la agricultura* Eran estos: que toda 
finca nueva que se roturase quedarla exenta de pago de 
diezmos en un período de quince años y gravada en solo 
ese sentido con un dos y medio por ciento anual de los 
pcoductos líquidos en los que siguiesen á los quince; que 



66 HISTORIA 

también quedarían libres de la onerosa y entorpecedora 
conlríbüciojQ indirecta de las alcabalas las tierras incultas 
que se vendiesen y destinasen á labores y al cultivo. A 
tan liberales franquicias acompaDaron al misnso tienopo 
algunas otras para facililar la redención de censos y los 
repartimientos de tierras. Todas y más eran precisas para , 
coQibatír el formidable obstáculo que al desarrollo de la 
población blanca presentaba el preferido cultivo de la 
caña, exclusivamente entregado á los mas capaces de 
sufrir en aquel clima sus fatigas, á los negros. 

Los primeros beneficios que se recogieron de una dis- 
posición que allanó indirectamente las dificultades opues- 
tas hasta entonces á la creación de poblaciones antes 
proyectadas, fueron el simultáneo y casi repentino naci- 
miento de las de Jagua ó Cienfuegos, el Mariel, Guanta- 
ñamo y Nuevitas. 

Para la colonización de la de Jagua se habían promovido 
desde el si&^lo xvii empeñados expedientes; tanto la recla- 
maban la frondosidad de su campiña y la hermosura de 
su puerto. Se había fortificado desde mediados del xviii 
su espaciosa bahia con el castillo de los Angeles^ sin que 
por eso la empresa de su población adelantase; y lo pro- 
pio, poco mas ó menos, habia acontecido con respecto al 
Mariel, y especialmente á Guatanamo, donde se malo- 
graron los esfuerzos del conde de Jaruco y no cortos 
caudales por plantearla. 

Autorizados Gienfuegos y Ramirez, no solo por aquel 
decreto, sino por facultades é instrucciones especiales 
para promover la fundación de nuevos pueblos, acogieron 
á principios de 1819 un proyecto presentado por el c6- 
ronel D. Luis de Clouet, rico emigrado de Luisiana, para 
establecer en las riberas de aquella bahía cuarenta fami- 



OE LA ISLA DE CUBA. 67 

lias blancas de labradores» procedeoles las más de Nueva 
Orleans, y que fueron sus colonos primitivos. El go- 
bierno, ademas de costearles el viaje , concedió en aquel 
territorio á cada blanco mayor de diez y seis años, la 
propiedad de una caballería de tierra que de Clouet le se* 
Salara; y asignó una corta pensión alimenticia á cada in- 
dividuo que se incorporase á la nueva colonia. Con estos 
«lemeütos, y después de adquirir de Clouet el territorio 
necesario^ se dio principio eo los primeros meses de aquel 
año á esa población de rico porvenir que va creciendo á 
orillas de la bahía de Jagua, y á la que la gratitud de su 
fundador denominó Gienfuegos, cuyo nombre aun la si- 
gue apellidando. (Confirióse su gobierno vitalicio y su ad- 
ministración al mismo fundador de Clouet, á quien, mu- 
chos años después sucedió su hijo D. Alejandro, que 
luego lo renunció por honrosísimos motivos. 

Otra bahía anchurosa y aun defendida también como 
la deCienfuegos reclamaba asimismo la instalación de un 
vecindario y una aduana que facilitaran la exportación 
de gran parte de les frutos de seiscienlas cincuenta y dos 
haciendas que se cultivaban en su territorio y ol comar- 
cano de Guanajay, contándose entre ellas entonces hasta 
setenta y siete ingenios. Su natural interés indujo á los 
hacendados de este último pueblo á tomar la iniciativa 
en promover la creación de otro nuevo en aquel puerto, 
que era de mero tránsito hasta esta época. Una razonada 
representación de Ramírez consiguió que se habilitara 
para el comercio, y se fuera, en efecto, formando la po- 
blación que hoy existe con el mismo nombre de su bahía, 
la del Mariel , pero ya después de terminado el gobierno 
de Cienfuegos. 

Por análogos motivos se habilitó luego otra aduana 



58t HISTORIA 

más eo la eQseoada de Guaolanaino con iguales alrího- 
doDes qae laa otras conceJidaa eo 4 846 ü la de Baracoa. 
El coronel Cruz, que aceptó el compromiso de coloni- 
zarla, aprovechó para formar la población hasta los 
murallones allí levantados en 4742 por los ingleses* Pero 
paralizaron so desarrollo la insalubridad de aquel cUmat 
y la plaga de insectos de su suelo* 

Eo Nuevitas, puerto en el centro del canal viejo de 
Bahama y marcado desembarcadero para los tráficos de 
Puerto Príncipe y su rico territorio» tenia la colonización 
que luchar con casi iguales tropiezos que en Guanta- 
ñamo. No obstante , aconsejaron promoverla las necesi- 
dades de la comarca y la de suprimir allí perpetuos con- 
trabandos; y algo la facilitó la circunstancia de residir 
» 

en aquel punto algunos pescadores y conservarse mez- 
quinos caseríos antes habitados por la, gente que empleaba 
la marina en cortes de maderas, cuando engendraba el 
arsenal sus mejores construcciones. 

En 5 de abril de 1819 resolvieron las autoridades la 
fundación de un pueblo quo se llamó desde entonces San 
Fernando de Nuevitas, lo mismo que aquel puerto; y no 
tardaron eo distribuirse á las familias honradas que se 
presentaron á pedirlos algunos socorros y tierras cedidas 
por particulares, como D. Agustín Cisneros y D. Pedro 
Medraoo, ó compradas para aquel fin por el gobierno, 
que se hs traspasó á los colonos con condiciones venta- 
josas. Fué luego creciendo lentamente el nuevo vecinda- 
rio, elevado, sin embargo, de su poquedad á cabecera 
de jurisdicción ó tenencia de gobierno desde hace algo- 
nos años. Dotósele de aduana habilitada como las de las 
otras nuevas poblacíooes; pero tenia que aplazarse su 
fomento hasta que se terminaran las vías de comunica- 



DB LA ISLA DS CUBA. 69 

cioD qoe relizmeDÍe» para su desarrollo, le en lazan ya con 
Puerto Príncipe. 

Por Irascencienlales é importantes que fuesen muchas 
providencias ejecutadas en esta época notable, ninguna 
fué tan inesperada y sorprendente como una real cédula 
de 1 6 de julio de 4 81 9, cuyo origen y consecuencias ex- 
plicaremos en resumen. 

En oportunos lugares de este texto queda escrito que 
al ayunta:niento'de la Habana después de distribuir mu* 
chas sin autorización ^ le habian autorizado en 1 1 de fe- 
brero de 1579 para mercedar en usufructo tierras que 
apenas tenían valor entonces, porque 'apenas habia po- 
blación, coliivo, ni comercio. En sus demarcaciones res- 
pectivas habían tenido loa demás cabildos la misma f$cul* 
tad que el de aquella capital, concediéndoselas por una 
ligera retribución anual á sus mas favorecidos, sin medi- 
da regular» ui exacta y coa las denominaciones de «batos» 
para la ceba y cria de ganado mayor y de «corrales» 
para ganado menor, de cerda y otros usos. Dio lugar la 
confusión y la irregularidad de los limites y medidas de 
aquellas mercedes á discordias en los pueblos é intermi- 
nables litigios entre los hacendados á consecuencia de la 
arbitrariedad con que se daban y quitaban tierras, sin lin- 
dero ni demarcación bien aclarada entre unas y otras; 
t^olo que ya desde principios del siglo xyiii se empez6 
á acumular en la capital y de orden de la Audiencia 
un expediente para exbonerar de tan indiscreta y perju- 
dicial prerogativa á los Ayuntamientos* Quiso resolverlo- 
y quitársele en 1720 el gobernador D. Gregorio Guazo; 
pero contuvieron su propósito los miramientos que de- 
bía á un municipio que tanto le habia ayudado en la 
defensa del país y cuidados de la guerra^ y porque dis- 



€0 HISTORIA 

frutaban de mercedes muchos de sus miembros. losligó 
luego la Audiencia de Santo Domingo para que termi- 
oára ese expediente á Marlinez de la Vega, sucesor de 
Ouazo^ que después de registrar los voluminosos antece- 
dentes de asunto tan ingrato, extendió su informe y lo 
elevó á la corte de donde descendió en 1729 una real 
cédula prohibiendo que mercedaran los Ayuntamientos 
nuevas tierras, y declarando meros usufructuarios á los 
^ue las tuviesen mercedadas, cuando apenas restaban ya 
por repartir mas que pantanoso improductivas asperezas. 
Que la aplicación del remedio habia sido tardfa se re- 
conoció pronto eii'multilud de caso.^; pero en ninguno 
tan palpablemente como en el reparto de terrenos para 
la colonizacioii de San Fernando de Nuevitas, donde re- 
sultó que de casi todos los cedidos para formarla, ni si- 
quiera los poseían ya de hecho los que los cedieron como 
herederos de los primitivos mercedados. Este desorden 
se explicaba en todas las jurisdicciones de la isla y mayor- 
mente en la mas dedicada á la ganadería^ en la de Puer- 
to Príncipe, por la facilidad con que la falta de linderos 
y demarcaciones separatorias entre las haciendas permitía 
á los mas audaces invadir las ajenas, sobre todo cuando 
<;ontaban cOn influencia y fuerzas para conserváVIas; por- 
que mientras entre el usurpador y el usurpado se fallaba 
un pleito que rara vez se terminaba en vida de ambos. 
De aquí dimanaban las discordias y los odios inextingui- 
bles y tradicionales entre las familias; procediendo tan- 
tos males^ menos aun de las inconsideradas mercedes re- 
partidas, que de la perniciosa imperfección con que em- 
pezó á medirlas el agrimensor Luis de la Peña, á quien 
en 1 579 comisionó para ese objeto el interino gobernador 
<jaspar de Torres. Habia empleado Peña en las demarca- 



DE LA ISLA DE CUBA. Qi 

ciones la medida circotar, coocedíendo dos leguas de cir- 
cunferencia para las haciendas mayores, y una para las^ 
menores; y cuando no le permitian trazarla exactamente 
los accideates del suelo y las espesuras de los bosques, 
sustituían á la circulación polígonos de porción de lados^ 
sin quedar bien marcados y determinados para que pudie- 
ran conservarse sus mojones» ni respetarse sus lineas al 
cabo de algún tiempo. Los huecos que resultaban á con- 
secuencia de tan irracional medida se consideraron coma 
realengos; y habiéndose seguido el ejemplo de Peña ea 
casi todas partes y por casi todos los agrimensores en el 
deslinde de tierras mercedadas, excusado es extenderse 
á reQexiones sobre los enredos que reinaban en cuanto á 
la propiedad territorial en el común de cada pueblo. Na 
contaba nadie con la seguridad de que no le despojasen 
en el siguiente mes de los terrenos que le hubiesen ad- 
judicado en el anterior. 

Como para resolver tan enmarañadas cuestiones con 
acierto era asunto arduo descubrir en quién residían lo» 
mas claros derechos, se adelantó poco con la venida á 
Puerto Príncipe de la audiencia, en la cual, no por estar 
mas cerca, residía mayor destreza para desatar tan com- 
plicados nudos. Tenían ya que cortarse como el gordiano, 
con la espada; y encargado déla administración del país 
un funcionario de la conciencia y celo que Ramírez, sin 
capitular con la dificultad como sus antecesores, la atacó 
con la misma resolución que á los demás obstáculos 
opuestos al desarrollo de la riqueza pública por la rutila 
y atraso de pasados tiempos. No hemos visto la documen- 
tación de un expediente tan notable, ni de lo que se pro- 
puso al gobierno, ni de lo que en la corte se estudiase para 
extinguir con acierto un mal tan viejo. Pero su resolución 



62 aiBTORlA 

faé tan clare y de erectos tan palpables, que alguna iaz 
DOS dan sobre sus causas reservadas. 

En 4 O de juHo de 4 81 y por el minrstro de Hacienda, 
D. losé Imaz Baquedano, fué promulgado nn real decreto 
orgánico sobre realengos y baldíos» dividido en diee ar* 
tientos. 

Declarábase por el primero, del modo mas solemne y 
terminante, que se respetaran como legítimos tftulos de 
dominio todas las mercedes de tierras conferidas por los 
ayontamientos de la isla hasta el año de 1 729; y auiori* 
zando á sus poseedores para enajenarlas ó destinarlas i 
ios usos que juzgaren convenirles. Según el tenor del ar- 
tículo segundo, cuando faltaren los títulos de las merce- 
des, se habian de admitir y reconocer como tales los da 
una pose^^ioo de cuarenta afios, que bastaban^ según el 
tercero, para que los usufructuarios pudiesen disponer 
de los fundos como los que conservaban sus títulos ori- 
ginales expedidos á sus antepasados. Los demás artículos, 
desde el cuarto hasta el décimo, se referian á dictar re- 
glas para el descubrimiento de los terrenos baldíos y 
realengos que resultaren después de reconocidos ya como 
propiedades los antiguamente mercedados; á prohibir la 
medida circular á los agrimensores, y á declarar de oficio 
las costas de los expedientes que se promoviesen en la 
designación de lindes de unos y otros fundos, á los que 
debian por proporcionadas partes agregarse todos los 
huecos y segmentos que entre ellos resullaron de aquel 
sistema de agrimension tan defectuoso. 

Exceptuando las donaciones hechas á Godoy por Car- 
los IV, no recuerda la historia que ningún monarca 
español premiase las hazañas de insignes capitanes y ser- 
vidores del Estadocon la munificencia prodigada entonces 



DE LA ISLA DB CUBA. 63 

á los ctfbaDos por Fernando VIL A contados vecinos de 
Guba» qoe residieron siempre en sus tranquilos lares^ sin 
ocasión apenas de emplearse en servicio de la patria, ^ 
transformó de repente de meros usufructuarios en due* 
DOS ebsolttios de territorios, que si antes no valieron 
naida, empezaban á valer ya mucho , y babian de valer 
infiditamenle más eu el discurso de los años. El origen 
de la riqueza territorial que disfrutan hoy muchas fami<» 
lias principales de la gran Antilla nació de aquel decreto. 
Al promulgarlo solo se propuso el gobierno allanar un 
gran estorbo, y meditándolo más, discurriéndolo con 
miras mas utilitarias, liabria hallado mas ventajas. Solo 
fué provechoso para pocos, cuando pudo ser y con ge- 
Beral aplauso átil á muchos. Se malogró entonces la oca- 
sien mareada para un progresivo y considerable ingre- 
so en ei erario con un corto censo anual que se impusiera 
sobre cada caballería de tierra sin roturar^ (|ue proce- 
diese de las antiguamente mercedadas. 

Como quiera y aunque resultaran con tan liberal y 
pródiga medida tan perjudicados en general los intereses 
públicos como favorecidos los de algunos individuos sin 
beneficio directo de los demás, la aneja y perjudicial 
coestion de mercedes, realengos y baldíos, tuvo á lo menos 
para ki'isla un término tranquilo. 

A aquella providencia dos años antes habia precedido 
otra de no menos trascendencia^ una franquicia inmensa 
en uno de los ramos mas importantes de la agricultura 
de la grande Antilla. En oportunos pasajes de este libro 
quedan indicadas las alternativas mas ó menot absurdas 
y perjudiciales que acompañaron siempre desde sus pri- 
meras siembras en el país ai cultivo del tabaco. Algún 
tanto favorecidas «al principio para ser luego oprimidas 



64 HISTORIA 

desde los primeros años del reinado de Felipe V, una ma( 
coacebida factoría, después de traspasar su mooopolio du- 
rante mas de treinta á una compañía privilegiada, lo habla 
vuelto á tomar á su cargo en 1 764; sin que correspondie- 
ran los beneficios de los cultivadores á la bondad de las^ 
reformas que habían ido introduciendo en aquel estable- 
cimiento Riela, Bucarely y el marqués de la Torre. Casi 
siempre se aprovechó para eludirlas la impureza de lo» 
empleados y manipulantes, de la facilidad que para en- 
cubrir sus torpezas les brindaba la misma complicación 
de las operaciones de aquella dependencia y de sos su- 
cursales en los demás pueblos. Que tampoco alcanzaron 
á corregirlas nuevos reglamentos represivos como los^ 
de 1783 y 1793, bien lo demostraron las escandalosas 
causas en que entendió D. Pablo Valiente en su primer 
visita; y para desarraigar ese cáncer, fué tan impotente 
aquel entendido funcionario, que los vegueros tuvieron 
que irse dedicando á otros collivos que aseguraran mejor 
su subsistencia. 

En 1804 no alcanzó la cosecha ni para el surtido de 
una isla tan poco poblada aun; y la región que produce 
el mejor tabaco del universo tuvo que atender á s'u con- 
sumo propio comprando en aquel año cuarenta mil 
arrobas de la Luisiana y de Kenluky. Remedio bien es- 
caso fué que en semejante postración del ramo se creara 
para reanimarlo una superintendencia especial, recayendo 
el nuevo cargo en aquel D. Rafael Gómez Roubaud^ 
que con tanta repetición dejamos mencionado. A pesar de 
sus ilusiones y esperanzas no se prestó su espíritu de con- 
tradicción á los consejos que en razonado informe sobre 
la factoria y aun sobre la necesidad de su supresión le ha- 
bia comunicado D. Francisco Arango. Hasta cierto punto 



DE LA ISLA DE CUBA. 65 

se JQstificó Roubaad de no adoptarlos, porque aoaque fue- 
sen excelentes^ laépoca de seguirlos entonces no era la mas 
propia. La guerra peninsular y la revolución de las 
posesiones bispano-amerioanas sobrevinieron á parali- 
zarlo todo durante algunos años. Fué preciso un viaje 
á la corte de aquel habanero infatigable para que fue- 
sen al fin sus argumentos comprendidos; y ese fué el ori- 
gen del útilísimo decreto real de 23 de Julio de 1817 
que de una vez dio repentino fin al estanco y mono* 
polio del cultivo y la venta del tabaco en Cuba, á las per- 
judiciales factorías, á los vejámenes que durante un si- 
glo entero habían sufrido los labradores, y aun á los per- 
juicios que con el procomún habia sufrido el mismo 
Erario. En el mismo preámbulo de una resolución que do 
tuvo otro defecto que el de no ser promulgada muchos 
años antes, se indicaban sumaria aunque fielmente los 
abusos y los errores cuyo radical remedio contenia. 

Fueron las inmediatas consecuencias de los preceptos 
que dictaba aquel mandato real la instantánea snpresion de 
todos los privilegios de la factoría; limitar sus facultades 
á la mera recaudación de lo que al ramo se debiese y á 
la compra, sin distinción ni preferencia, de la hoja acep- 
table que se le vendiese, hasta donde alcanzaran los qni* 
nienlos mil pesos que anualmete se destinaban á ese 
objeto. 

Tan ejecutivo fué aquel fíat luoo disipador del cáoseo 
que tan atendible ramo de riqueza anduvo envuelto, que 
de repente quedaron libres de toda traba no solo el cul- 
tivo del tabaco, sino su elaboración, su venta y su expor- 
tación por todas las banderas. Una franquicia tan indi- 
cada y tan reparadora fué ademas un estímulo potente 
para el fomento de la población blanca , como lo era el cul- 

HIST. DB OCTBA.-^TOVO IV.— 5 



66 HfSTatifA 

tivo de la caña para el de la negra. Este hay que em- 
prenderlo con capilalea considerables y con los solos bra- 
zos capaces de ejecntar sos rodas faenas bajo el sol del 
trópico; aquel, no requiriendo sino esmero é industria, 
está al alcance de todas las fortunas y se explota en mayor 
ó menor escala con toda clase y número de manos. Si 
la libertad del cultivo, la elaboración y el comercio del 
tabaco sirvieron ó no para equilibrar el desarrollo que la 
introducción africana iba tomando, no tardó mucho en 
tlemoslrario el crecimiento de la población blanca de la 
Vuelta de Abajo, la predilecta zona de aquel fruto, que 
en pocos años se elevó de cinco mil ochocientos ochenta 
y dos individuos á nueve mil seiscientos setenta y nueve. 
Otra esencial ventaja resultó también náuy pronto de la 
emancipación de un producto sujeto y monopolizado 
lanto tiempo. Se generalizó lo mismo en los campos qne 
en los pueblos una industria como la de fabricar cigar- 
ros llamados en el país tabacos , con lo cual la OGk)sa 
vagancia disminuye, y buena parte de la población pro-» 
letaria se mantiene, cuando no prospera. 

Si á las franquicias que, arrancadas por la experiencia, 
se habiao ido poco é poco consiguiendo desde el reinado 
de Giirloslll, siguiéndolas en Cuba adelantos ínslantá' 
neos para su agricultura y su comercio, discúrranse tos 
que resultarían de tantas y tan especiales reformas oble-^ 
ftídas en un periodo hialórico que el liberalismo oalíficó 
paira España de tiránico. La desapasionada lengua de Im 
números con su evidencia irresistible resomirá mejor ano 
iioe las naas galanas frases los palpables progresos con qne 
desde luego lanzaron á la grande Antilla á nna gradual 
prosperidad la libertad de cootercio y población, la del 
<)uUivoy vetita del tabaco, y la facilidad de adquirir tier* 



DE LA ISLA DE CUBA. 67 

ras que, aan con toda su imprevisión y sus defectos, dio 
el decreto de adjudicaciou de mercedes á los usufructua- 
rios que DO podiao autes ni traspasarlas, ni venderlas. 

Concretémonos á los de la capital , entonces como aho- 
ra, su mas activo centro de tráfico y consumo en una isla 
que de muchos artículos tenia que abastecerse en su mer« 
caüo; y examinemos los guarismos de su movimiento 
mercantil y de su recaudación en el primer quinquenio 
de su prosperidad, desde 1815 basta 1819. 

La exportación de su primer renglón, del azúcar, etn-- 
pezó á tomar esas proporciones elevadas á que su pro - 
gresivo crecimiento nos ha ido acostumbrando. Ascendió 
en aquel período á diez y seis millones quinientos siete 
mil seiscientos cuarenta y ocho arrobas, ó á más de tres 
millones y trescientas mil en cada uno de los cinco , sin 
contar ciento cuarenta y un mil doscientas sesenta y seis 
pipas ó bocoyes de mieles ó melazas de capacidad equi- 
valente á la de unos treinta barriles de los que se usan en 
España* 

De café, cuyo cultivo habia vuelto á tomar algún im- 
pulso desde la paz con Francia y el regreso á la isla de 
algunos de sus propagadores á principios del sigloy «e ex- 
portaron al rededor de cuatro mil arrobas después de 
cubrir su exorbitante consumo doméstico. Se exportó 
gran cantidad de cera, otro producto que al mediar el si- 
glo anterior aun no existia. La salida del aguardiente de 
caña subió á catorce mil trescientas cuatro pipas de un 
valor aproximado á mil reales de vellón cada una. En fin 
se elevó en aquel quinquenio el de todos los efectos ex- 
portados á cincuenta y seis millones doscientos veinte y 
cuatro mil cuarenta y un pesos fuertes , que después de 
costear un consumo de importación de veinte y seis mi* 



68 HISTORIA 

llooes treinta y Doeve mil treiota» aumentó la riqueza 
circalar del mercado principal con un beneficio efeclívo 
de mas de treinta millones de pesos obtenidos con ua 
movimiento de once mil seiscientos setenta y nueve 
buques. 

Solo en la trata de África, que entonces se esforzaban 
en explotar á toda prisa para aprovechar los plazos con- 
cedidos por el tratado prohibitivo, se emplearon en aquel 
tiempo dos mi Nones ciento cuatro mil ochocientos noventa 
pesos, con los cuales se aumentó la esclavitud de la isla 
con ochenta y siete mil quinientos treinta y cuatro negros, 
habiéndose introducido por la misma Habana en solo el 
año de 1816 hasta diez y siete mil setecientos treinta y 
tres. 

El resultado que reportó el Erario de este movimiento 
aun con defectuosos y mal combinados aranceles, fué una 
recaudación general en toda la isla de diez y siete millo- 
nes doscientos sesenta y cinco mil cuatrocientos cincuenta 
y un pesos procedentes tanto de los derechos de Adua- 
nas, corno de todos los demás impuestos. 

Como se ve, los progresos de las rentas de la isla pro- 
metian ya cubrir pronto su propio presupuesto; y á ese fin 
se dirigian ios esfuerzos de Ramirez ; pero se estrellaban 
en tropiezos graves. El crecimiento que por desgracia 
babia tomado muy desproporcionadamente con el de loa 
ingresos la necesidad de cargar con extrañas atenciones, 
ya mayores, ya menores, pero nunca fijas y muy cuan- 
tiosas siempre, üo le permitieron fijar con estabilidad, pau- 
ta ni arreglo la distribución de ios recursos públicos» 
Méjico ya, en lugar de enviarlos, no tenia los suficientes 
para sus propias atenciones; y llovían talmente las de 
afuera sobre las cajas de la Habana, que en solo el año 



DE LA ISLA IIE CUBA. 69 

de 1817 luvieroD que auxiliar con sesenta y tres mil 
seiscientos sesenta y siete á los emigrados de Santo Do- 
mingo; con mas de ciento cincuenta mil á la Florida; con 
cincuenta y tres mil doscientos cincuenta y seis á la lega- 
<3Íon de España, Cónsules y agentes consulares en los Es- 
iados-Unidos; y por último con ciento cincuenta y un 
mil quinientos veinte y uno á Costa firme, pasando de 
ocho millones de reales los aplicados anualmente á esa 
dase de servicios. 

Injusto é inútil habría sido solicitar la supresión de estos 
gravámenes extraños, porque ni podía el Erario español 
cubrirlos de otro modo, ni exislia derecho en un país 
«ostenido y engrandecido á costa de otros por espacio de 
tres siglos para negar á su metrópoli auxilios (au debidos. 

De sentir fué que Ramirez, entre los conflictos de ese 
iiempo y muchas disposiciones encaminadas para reme- 
diarlos en lo venidero , no acertase con un arbitrio de 
resultados tanto mas prontos é inmediatos, cuanto que las 
mismas franquicias recien dadas al comercio y á la agri- 
oullura aconsejaban su urgente aplicación. Nos referimos 
é la reforma radical de los aranceles de derechos de im- 
portación y exportación» que, con ligeras modificaciones, 
seguian siendo ahora que se abrian los puertos de la isla 
á todas las banderas, los mismos que cuando solo se per- 
mitía su entrada á la nacional. Procedentes de Ingla- 
ierra, Francia, los EUados-üoidos y otros países, apare- 
cian ya mas de dos mil artículos previstos, cuando para 
regir en las aduanas de una isla de un consumo tan su- 
perior á su población y de geografía tan céntrica y ade- 
cuada á tráficos no se especificaban sino ciento sesenta y 
«iete. Simplemente con adoptar la nomenclatura de aran- 
-celes extranjeros se llenaba un hueco tan perjudicial al ^ 



70 HISTORIA 

fisco, coaoto que erao los viatas y depeodíeoles de aqae» 
lias oficioaa los que por la pauta de su albedrio ó la de so 
moralidad, do cabal siempre» babiau de aforar iofiaidad 
de mercaocías de cuyo nombre y valor nada decían 
nuestras larifas. A aquel superintendente correspondió 
la iniciativa de esa enmienda que hubiera figurado entre 
sus beneficios administrativos como el mas útil de iodos. 
Pero la complicación de los apuros y de los sucesos de 
una época tan revuelta y los adelantos que logró en otros 
conceptost salvando escollos y tropiezos, disculpan aque- 
lla omisión de honroso modo en el mas interesado en no 
haberla padecido. 

A Raroirez, ya en unión con Cienfuegos, ya de acuerdo 
con el ilustrado obispo Espada para difundir la ins- 
trucción pública, le debieron su ser la Academia de 
dibujo que aun lleva su nombre patronímico, una eacue- 
la de química, las primeras cátedras de economía política 
y Botánica, un Museo anatómico y la primera luz que 
desde el Morro alumbrase al puerto de la Habana. Los 
hospitales, los establecimientos de beneficencia y otros 
públicos le debieron reformas que no eran de esperar 
cuando no alcanzaban aun los ingresos ¿ cubrir los gastos 
de la isla. 

Insensiblemente nos aparta la indicación de los pro* 
gresos logrados en esta época de menos grata tarea, de la 
de apuntar también los sucesos exteriores, las humilla* 
cienes y contrariedades que el padrastro de la conserva* 
cion de las Floridas acarreaba á España. 

Mientras el superintendente, por medios industriosos y 
con el crecimiento de la . recaudación iba cubriendo los^ 
presupuestos y las necesidades de las corus guarniciones 
de aquella comarca ultramarina, habia Cieñfuegos ínfun- 



DE LA ISLA DE CUBA. 71 

dido á su«> comandantes energía bastante para que forza* 
sen á contribuir para los gastos de sus plazas al país cir- 
cunvecino. Después de reforzarlos y abastecerlos, les babia 
ordenado que ejecutaran aquella providencia con toda la- 
circunspección compatible con el decoro de la banderay 
la amistad de una potencia aliada. Varios aventureros» y 
entre ellos el mulato Aury/ flibustero antes de mar y 
ahora de tierra» con gente, al parecer, armada por su 
cuenta y en realidad por cuenta del mismo gobierno de 
la Union» inquietaba sin cesar á los destacamentos espa- 
ñoles y excitaba á la sedición á aquellos pocos pueblos» 
Pero al principio no sacaron de sus tentativas y atrope* 
líos otros resultados que la prisión y envío de algunos de 
sus agentes á los calabozos de la Cabana de la Habana^ 
no atreviéndose las hordas de Aury ¿ pelear con ninguna 
partida de los españoles. 

No porque se frustrasen entonces tales manejos» coma 
antes se habian frustrado en la Luisiana y BatOD-Rouge, 
era natural que renunciase á acabalar su territorio en 
aquella zona de su continente un gobierno^ que desde 
que nació y cualesquiera que fuesen las opiniones de sua 
individuos» nunca tuvo otro fín de política exterior qua 
extenderse y absorberlo todo en su contorno. A la sazón 
le asaltaban inquietudes de otro rompimiento con la Gran 
Bretaña; urgíale la adquisición de la Florida menos por 
ja importancia militar de San Agustín y Panzacola^ que 
por la del gran Delta de Tampa que, mal apreciado por 
los españoles, les ofrecía» con su amplia y abrigada hidro- 
grafía , una localidad muy adecuada para establecer un 
vasto arsenal. Era marcado punto para apostadero de sos 
fuerzas navales, y desde allí estorbar á aquella potencia 
su comercio con el archipiélago y el dominio del canal 



72 HISTORIA 

de Bahama. La cesión de la Florida ya la estaba nego- 
ciando el plenipotenciario espaaol ; pero pendia aun de 
Iránaites y averiguaciones muy dilatorias para la impa- 
ciencia de los norle-americanos. Ibales mucho en pose- 
sionarse, á cualquier precio y sin reparar en formas ^ de 
aquel punto ; y para paliar la brutalidad de una agresión 
solo usitada entre naciones bárbaras» motiváronla sin mas 
preludio en las supuestas violencias de algunos destaca- 
fDentos españoles y en la prisión de algunos subditos 
americanos. Jackson» el mas propio de todos sus caudi- 
llos para hostilidades de este género» allegó mas de ocho 
mil hombres de milicias; y con artillería recibida de 
Nueva Orleans embistió sin mas declaración de guerra 
é mediados de mayo de 1818 á Panzacola. 

Mandaba en esa plaza guarnecida por trescientos hom- 
bres el coronel de ariillería D. José Masot, hombre es- 
forzado que empezó con favorables anuncios su defensa, 
siendo Jackson rechazado con notable pérdida de un 
ataque sin militar arte dirigido contra el fuerte exterior 
de San Carlos de Barrancas. La lección le obligó á ser 
mas circunspecto. Después de circunvalar todo el recinto 
estrechamente, esforzóse en convencer al gobernador 
con repetidos parlamentos de la inutilidad de defender 
contra las tropas norte-americanas una plaza que de 
Codos modos les habia de pertenecer después» como se 
estipulaba en los preliminares de un tratado cuyo cono- 
'Cimiento era ya público. La razón era mas propia para 
retraer al agresor de un ataque innecesario, que para que 
renunciase Masoí á preservar á su pabellón de un medi- 
tado ultraje. Cedió, sin embargo» este gobernador» me- 
nos á la presión de sus numerosos sitiadores que á la 
convicción de que no podria ser socorrido; y aceptó una 



DE LA ISLA DE COBA. 73 

capitulación honrosa después de iomolar al enemigo en 
«ID solo ataque mas soldados que los que contenia de 
guarnición la plaza que entregaba. En la relación en 
•que y justificando su conduela^ comunicó á Cienfuegos 
Massot aquella pérdida, es notable esle fragmento: cLos 
•laureles cogidos por Jackson tomando con un ejército de 
ocho mil hombres á San Marcos de Apalache y Panza- 
<x>la, con menos de trescientos» le han sido puestos en la 
-cabeza por las señoras de Móbila ; corona que le llenará 
de gloria en los fastos de las usurpaciones de los Estados- 
Unidos, Yo, si mis tropas en Barrancas hubieran tenido 
relevo, le tenia preparada para la noche del 27 una 
guirnalda de cincuenta granadas reales.» 

Tuvo Jackson que limitar á tan mezquino triunfo sus 
conquistas. Aunque la de San Agustin también le habia 
sido encargada y la entereza de D. José Cappioger^ que 
gobernaba aquella plaza» una guarnición mas numerosa 
y obras de mas extensión y espesor que las de Panza- 
cola, le retrajeron de emprenderla. 

Exaltó de indignación á la Habana el nuevo ultraje 
inferido por un general de una nación aliada al honor 
de las tropas españolas y ala integridad del territorio que 
estaban custodiando. Cienfuegos resolvió restituir ofensa 
por ofensa, y fueran ó no oidas las reclamaciones del ple- 
nipotenciario D. Luis Onis al presidente Quincy Adams. 
El gobierno americano no ignoraba que existian en Cuba 
mas de seis mil veteranos y mayor número de gente vo- 
luntaria para vengar una agresión cometida en plena paz, 
intentó disimular la vileza de aquella hostilidad con la 
equivocada interpretación dada por Jackson á sus órdenes; 
y después de muchas satisfacciones escritas emitió for- 
mal promesa del mismo presidente de la Union de restituir 



71 HISTORIA 

cuanto se había usurpado. Detuvo asi aquel general los ím- 
petus de su ira ;. pero viendo que la prometida restitocion 
se dilataba, mandó reunir fondos y trasportes para cuatro 
regimientos y preparábase á salir la expedición cuando, 
al mediar enero de 4819, llegó aviso de Onis de estar 
dadas las órdenes para la devolución de Panzaeola, San 
Marcos y sus puestos dependientes inmediatamente que se 
presentase un jefe autorizado por el capitán general de 
Cuba con las tropas necesarias para volverlos á ocupar* 
Llegaron casi al mismo tiempo instrucciones de Madrid 
en respuesta á los oficios que babia Cieufuegos dirigido 
con los detalles de aquel acontecimiento escandaloso; y 
así por estas causas, como por evitar gastos inútiles, re* 
dújoae la expediojon á enviar á Panzacola al mariscal de 
campo y segundo cabo de la isla D. Juan de Bcbavarri 
con solo el batallón ligero de Tarragona, algunos pique- 
tes de otros cuerpos, una compañía de artillería y una 
partida de dragones que el 21 de aquel mes salieron 
de la Habana en las corbetas de guerra Diana y Carmen 
y los bergantines mercantes Tito y Bello Indio. 

Malos tiempos no les permitieron fondear hasta el 4 de 
febrero en aqnel puerto. Entregóselo al día siguiente con 
todas las formalidades militares el coronel americano 
Eing, lo mismo que el castillo de San Carlos de Barran- 
cas y el fuerte de San Marcos de Apalache, del cual pasó 
á posesionarse con un destacamento el coronel D. José 
Callava. 

Pero esta reparación no fué mas que un estéril des- 
agravio al honor de la bandera española ; porque el 28 
del mismo febrero se firmaban en Madrid los prelimina- 
res del tratado de cesión de la Florida á los Estados- 
Unidos. El traspaso de ese territorio era para España de 



DB LA ISLA DB CUBA. 75 

necesidad y coDveDÍeDcia después del que lao irreflexi- 
vameole había tenido lugar coa el lioaítrofe de la Lui* 
siaDH, cedido á la Francia para vendérselo á la Union 
Americana. Enseñoreada esta nación de la limítrofe pro- 
vincia de Tejas, que ocuparon sus aventureros sin guar- 
dar fueros ni observar convenios; dominando ya desde 
los puertos de estos dos nuevos Estados la navegación 
de todo el Golfo mejicano, poco podrían estorbar su mar- 
cha usurpadora tres aisladas y reducidas fortificaciones 
y un territorio litoral de menos de diez mil almas de po- 
blación y enclavado en una potencia ya de diez millones 
de habitantes, resueltos á apropiárselo para acabalar 
80 geografía. 

Eq cambio de una cesión ya conveniente, España, tras 
de ahorrarse los sinsabores y ¡os gastos inherentes á la 
conservación de aquellos puertos , debía por el tratado 
recobrar á Tejas; y se ahorraba un desembolso de quin- 
ce millones de pesos en que en 1802 se habían fijado las- 
indemnizaciones reclamadas por los americanos por pre* 
888 hechas por corsarios españoles y franceses, y por 
otras causas. 

El solo defecto de aquel tratado de cesión aconsejado 
por D. Luis de Onís, fué que con igual derecho no exi- 
giera también el gobierno español, antes de celebrarlo, 
las indemnizaciones que le debía el americano, que en 
multitud de casos permitía á los insurgentes de las pose- 
siones españolas sacar de sus puertos dinero, gentes, ar- 
mas y aun embarcaciones , y precisamente más cuando 
aquellos preliminares se estaban acordando. 

El pueblo inglés, por motivos que no podía alegar el 
de la Union, no ocultaba su interés y simpatía por la su- 
blevacion contra el dominio español en el nuevo conti- 



76 HISTORIA 

oeote. Los agentes de Buenos- Aires» Chile y Costa- Firme 
ballabao cod facilidad fondos en Londres; y pudieron alii 
por ese tiempo completar an armamento cuya mayor 
parte se preparaba á la sazón en Nueva Orleans. 

Estaba destinado á acaudillarlo el mariscal de campo 
D. Mariano Renovales que, condenado á muerte por cons- 
pirar contra el gobierno absoluto de Fernando VII, iba á 
deshonrar al partido liberal de España armándose contra 
ella. Pero, ya por miras de interés personal, ya por re- 
mordimientos, antes de salir de Londres se avistó secre- 
tamente con el embajador de su nación ; y por volver á 
la gracia de su Rey se comprometió por escrito á se* 
pararse en tiempo oportuno de la expedición con los 
mejores de sus oficiales, á frustrar su principal objeto 
impidiendo la reunión de las fuerzas preparadas » y á 
comunicar el plan que luego se adoptara con arreglo á 
los proyectos de la Junla y caudillos de la insurrección 
de Nueva España, que eran los que debian indicar los 
movimieutos. Por conducto del ministro de la Guerra | 

Eguía, autorizó el Rey entonces á Cienfuegos para en- 
tenderse con Renovales reservadamente y observar lo* 
dos sus pasos y manejos con la cautela que su conducta 
anterior aconsejaba. El arrepentido cumplió en lo esen- 
cial con sus promesas; púsose en comunicación con Cien- 
fuegos y Apodaca ; enteróles de cuanto iba descubrien- 
do; y acaso impidió con sus avisos que se volviese á pro- 
pagar la insurrección casi vencida en aquel reino. Dis- 
curriendo luego pretextos justificados en la falta de cum- 
plimiento de varias ofertas que el club directivo de 
aquella insurrección le hizo al llamarle, después de des- 
acreditar al gobierno de los mejicanos y excitar en su 
gente desconfidnza y discordias entre los europeos y 



DB LA ISLA DE CUBA. 77 

americanos qae la componian, el mismo Renovales disol- 
vió la expedición. Luego, con dos baques armados y 
algunos oficiales , se presentó en la Habana reclamando 
ochenta y tres mil duros por el valor del armamento y 
pertrechos de guerra que habia traido. Pero buques y 
efectos no faltaban en el arsenal, ni en los almacenes de 
la Habana; no se necesitaban entonces tampoco en los 
distritos del continente donde ardia la guerra ; y los re- 
cien presentados solo recibieron el auxilio de las pagas 
que les correspondian según su clase, destinándose á al- 
gunos á los regimientos y en varios otros puntos. No 
tardó en lanzarse luego á nuevas maquinaciones y tra - 
moyas el inquieto Renovales , arrastrado acaso por sus 
mismos compromisos á nuevas exigencias ; y se metió 
pronto en maniobras que obligaron á Cienfuegos á ar- 
restarle en la Cabana. Allí murió de enfermedad natural 
meses después y días antes que en la Habana y toda Es- 
pana se restaurase un régimen poütico mas propio que 
el de entonces para recompensar sus merecimientos como 
conspirador y revolucionario. 



CAPÍTULO TERCERO. 



Oobierno de D. Jaao de Gagigal.— Refuerzos de tropas para la isla.--EstnH> 
g08 del TÓmito— Sucesos de la Peníosula.— RestablecimieDto de la 
Constitución en España.— Motín en la Habana obligando ¿ Gagigal á ha- 
cerla jarar antes de recibir órdenes del gobierno supremo.— Trastornos 
en todos los ramos y especialmente en la administración de justicia. — 
Milicia nacional.— Jueces de Letras. — Consulta de Cagigal sobre ellos. — 
Diputados ¿ Cortes.— Excesos de la prensa— Muerte del intendente Ra- 
mírez. 



Taoto por doleacias contraidas bajo un clima contrarío 
á su temperamento que una vez le obligaron á entregar 
las riendas del gobierno á D. Juan Echavarri, como por 
desanimarle los muchos tropiezos de su desempeño, ba- 
bia Cienfuegos reclamado casi tantas veces su relevo 
como los refuerzos militares que consideraba indispensa- 
bles para la isla. En ambas pretensiones fué ai fin aten- 
dido. El vuelo de la insurrección del Continente exigía 
que las fuerzas de Cuba se aumentasen ; y más cuando 
desde la primavera de 1819 las diezmaba el vómito 
cruelmente. Perecieron mucha tropa, jefes y oficíales, 
entre ellos el mariscal de campo D. Mariano Odorio, 
transeúnte de Lima para la Península. 

Del mismo ejército que á la sazón se reconcentraba 
junto á Cádiz para la reconquista de algunas provincias de 
Ultramar y y que solo se empleó luego en restablecer la 
Constitución de 1 812 en la Península, destacó el gobierno 



HISTORIA DB LA ISLA DE CUBA. 79 

tres mil hombres que eo la fragata de guerra Sabina y 
varios buques mercautes salieroo de aquel puerto al me- 
diar julio con rumbo á las Aotillas» Nadie de esa expe- 
dición sabia de fijo su destino basta que, con arreglo á 
reservadas órdenes y en longitud determinada» abrió los 
pliegos que traía el teniente general D. Juan Manuel de 
Cagigal que mandaba aquellas fuerzas. Entre aquellos 
papeles apareció su nosobramiento de Capitán General de 
Cuba, en cuyo mismo título se le prevenia que, después 
de reemplazar las bajas de las tropas de aquella isla, 
reorganizase dos batallones ligeros más con las fuerzas 
que restaran de las que llevaba y las demás que fuese re* 
cibiendo. Empezó á asomar por la Habana la escuadrilla 
el 28 del siguiente agosto; y el 29 relevó á Cienfuegos un 
general á quien ya no permitían la falta de salud y sobra 
de años desplegar la firmeza necesaria en las turbulencias 
que hablan de ocurrir pronto. 

Condensadas todas las nubes sobre el vecino Conti-- 
nente, nunca se habia presentado la atmósfera de Cuba 
mas serena ni con porvenir mas halagüeño. Aun más 
que el mismo Océano» los instintos de su propia pros- 
peridad y la sensatez de sus habitantes apartaban de su 
suelo la desoladora revolución de las demás provincias. 
Llegaban, si, de muchas partes cartas alarmantes y es- 
critos incendiarios, pero sin efecto; porque si excitaban 
la curiosidad de algunos, olvidábase su conienido en po- 
cos dias y poníanlos en manos de la autoridad los que 
los recibian, por no hacerse sospechosos ni contraer com-^ 
promisos por extrañas causas. Eran ademas poco envi- 
diables para los que sabían discurrir los frutos que re^* 
cogían de sus revueltas las provincias sublevadas para 
que se imitara su funesto ejemplo. Cuba lo esperaba lodo 



80 HISTORIA 

de la paz, una vez rotas las mayores trabas que se opo- 
nian al desarrollo de so fecundidad. Le sobraban terrenos 
feracísimos y empezaban á abundar los brazos; habiéndose 
introducido en el año que corría y por la sola capital 
mas de veinte mil africanos que, sin pagar derecho al- 
guno, se vendían por la quinta parte de lo que costaron 
luego. Nadie pensaba entonces en la grande Antilla mas 
que en labrar su fortuna ó fomentarla. 

Con elementos tan felices y para promoverlos, coinci- 
dían por ese tiempo las primeras aplicaciones del vapor 
en la isla, así para abreviar las comunicaciones maríti- 
mas, como para explotar la industria del azúcar mejo- 
rando su calidad y ahorrando tiempo y brazos en su fa- 
bricación. 

Varian talmente las opiniones con respecto al descu- 
brí míenlo de tan poderoso agente de celeridad y movi- 
miento, que mas que al de un genio individual hay que 
atribuirlo á los progresos que^ con el mero estudio de los 
efectos naturales, obtenía la física. Muchos siglos eran 
ya pasados desde que reconoció Vitrubio que con el au- 
xilio del fuego podia convertirse el aire en agua, hasta 
que al mediar el diez y seis explicó á Carlos V el caste- 
llano Blasco de Garay cierto mecanismo movido por va- 
por para hacer andar las naves. Con multitud de teorías» 
con prácticas y ensayos no felices, así para aplicarlo á la 
navegación como á otros muchos usos, habían trascurrido 
otros dos siglos cuando empezaron á obtenerse algunos 
resultados del descubrimiento. Pero aun asomaba la luz 
entre no pocas tinieblas, cuando después de muchas ex- 
periencias desgraciadas, el perseverante norte-americano 
Roberto Fulton, protegido por Bonaparte, logró surcar el 
Sena á Cues de 18U3 con el primer vapor marítimo; y. 



DE LA ISLA DE CUBA. 81 

ya muy mejorado, empezó la Inglaterra á adoptar ese 
sistema de navegación en 1812. Fabricaron luego, sin 
generalizarJos» algunos de esos nuevos torcos en los Es- 
lados-ünidos; y de allí trajo el primero en 1819 á bor- 
dear las costas de su país entre Matanzas y la capital don 
Juan OTarril , habanero tan distinguido por su anhelo 
en mejorarlo todo, como por su crédito en el gratuito 
desempeño de muchos cargos públicos. Su útilísima es- 
peculación no fué lan provechosa para él como para loa 
que, andando el tiempo, le imitaron^ cuando á la descon- 
fianza que inspiran en sus principios los inventos^ sucedió 
la convicción progresivameute infundida por los hechos. 

Desde sus primeras aplicaciones logró un éxito mas 
pronto el impulso dado por el vaporé las máquinas para 
moler caña, graduar sus jugos y convertirlos en azúcar. 
Con grandes resultados molió por primera vez su cosecha 
en aquel año en un ingenio suyo D. Pedro Diago, natural 
de Galicia, por medio de una bomba condensadora de la 
clase que los ingleses, mas adelantados entonces en ma- 
quinaria que los demás pueblos, llamaban ya expansivas 
ó de alta presión. La iniciativa de Diago fué tan prove- 
chosa, que desde el siguiente año le imitaron moliendo 
con aquel mismo artefacto todos los propietarios de in- 
genios á quienes susituacion les permitió adquirirlo. 

Si las consecuencias de este adelanto en la elaboración 
del azúcar fueron de importancia , lo demostró algunos 
años después el paralelo entre los dos quinquenios de 
1816 á 1820, y de 1821 á 1825. Aunque hubiese to- 
mado el cultivo de la caña un incremento extraordinario 
con las numerosas entradas de africanos que quedan in- 
dicadas, con la mayor facilidad en romper tierras^ con la 
libertad mercantil y las provechosas disposiciones de 

HlST. DB CUBA. — TOMO IV .^ 6 



go HISTORIA 

Cienfuegos, sobrevinieron socesoa deplorables á impedir 
que se extendiese aquel progreso en el segundo de aque- 
L dos períodos, durante el cual no se aumentó como 
antes el numero de fincas, tanto por lo que ¿«««r/"''" 
lasintrodücciones de negros, como por lo q»^ «e ^ifund ó 
la desconfianza en el país por las causas que d.rémos. S.n 
embargo, después de surtir al consumo de la isla, la ex- 
portación de aquel valioso artículo se elevó en ese se- 
Tundo quinquenio é siete millones quinientas trece mi 
frescientas diez y «eis arrobas, obteniendo sobre aquel 
primero una ventaja de un millón quinientas noventó y 
cinco mil seiscientas diez y nueve, á pesar desús favorables 
circunstancias y de lo contrarias que fueron las del otro. 
Y no creciendo luego como antes el cultivo, bay que atri- 
buir aquel aumento de producción expresado por el segun- 
do guarismo ¿ la economía de brazos y de tiempo conseguí- 
da por las máquinas movidas por vaporó saltos de agua. 
Mientras inesperados tropiezos no le detuvieron, ca- 
minó Cagigal por las huellas de su antecesor, aunque de 
menos fortaleza y de índole mas blanda, asociándose á sus 
fines los mismos auxiliares de Cienfuegos, el discreto 
obispo Espada y el ioíendeate Ramírez, celosísimos pro- 
movedores de adelantos en lodos los ramos. Secundában- 
los ademas el consulado y las sociedades económicas de la 
Habana y de Santiago, en las cuales resplandecían á la 
sazón individuos tan notables como D. José Ricardo, don 
Rafael y D. JuanO'Farril, D. Francisco y D. José Arango, 
D. Juan Montalvo. D. Claudio Pinillos, el conde de Bar- 
reto, D. Andrés de Jáuregui y muchos oíros inlengenles 

hacendados. 

Todo tiraba al progreso en el país, y ni una nube 
asomaba en su horizonte, como no fuera la guerra con- 



DE LA ISLA DB CUBA. 83 

tioental, cuando de repeole sobrevinieron á turbárselo 
sucesos que ocurrieron donde debían temerse menos» 
Los resumiremos. 

Desde su reinstalación en el trono en 1814, fué la- 
tnira principal del rey Fernando ia reconquista de las 
provincias de Ultramar que se habían ya emancipado del 
dominio español y la completa pacificación de las que 
seguían peleando para conseguirlo. Sí Apodaca había lo- 
grado aquietar casi todo el territorio mejicano, y Pezuela 
con sus triunfos y los de sus cabos dominaba á la rebe- 
lión en el Perú, mucho le restaba aun á Morillo que 
combatir para sofocarla en Costa-Firme y Nueva Granada; 
y por las regiones del Ecuador, Buenos Aires, Chile y 
otras^ el levantamiento lo dominaba todo sin obstáculo. 
Más de veinte mil hombres habían salido ya de los puer* 
tos españoles fraccionados en expediciones destinadas á 
distintos puntos; pero necesitábanse aun mayores fuerzas 
para someter aquellas últimas provincias de la América 
meridional^ y el gobierno, aunque privado de sus reme- 
sas coloniales, logró con bien ó mal discurridos arbitrios 
irlas allegando. Pasaban ya de aquel número las acanto- 
nadas en las cercanías de Cádiz á fines de 1819 bajo el 
mando de D. Félix Calleja, antecesor de Apodaca en el 
vireinato mejicano, habiéndose tenido que internarlas y 
subdívidirlas para preservarlas en aquel verano de la 
fiebre amarilla, que afligió á aquella plaza y pantos ale- 
daños. El partido liberal^ que acababa de promover sin 
fruto en otras parles aisladas sediciones, descubrió en 
aquel ejército expedicionario el mas propio elemento para 
asegurar el triunfo de sus miras si lograba alli ganar pro- 
sélitos, sobre todo entre jefes y oficiales iofluyenies. La 
dea que se propagó en aquellos cantones militares, fué 



84 HI8T0RU 

para todos lisoojera. Segon so conveojeocía material y el 
discarrir de loa propagandistas, valia mas emplearse siir 
peligro eo restituir la libertad política á so propia patria, 
qoe qoitársela á costa de ríesgoa y de sangre é loa que la 
lenian oooquistada ya para la suya. Promesas pecunia* 
rias al soldado y de ascensos extraordinarios á loe jefes y 
oficiales, que los más habían recibido uno en aquel ano, 
lodo arte, todo medio se empleó para promover ana in- 
aorrecdon militar con la que luego se cambiase pronto la 
faz política de España. A los interesados en la subleva- 
ción les importaba poco qoe se imitara andando el tiempo 
aquel funesto ejemplo en los ejércitos, con tal qoe su pri- 
mera consecuencia fuese derribar á un gobierno y crear 
otro que facilitara sus ambiciones y sus medros. La con- 
servación ó la pérdida de los reinos y provincias hispano- 
americanas era para tales patriotas asunto iodíTerente. 

Lograron aquellos manejos un éxito completo, concer- 
tándose la mayor parte de los comandantes de los cuer- 
pos para proclamar la Constitución seis años antes su- 
primida. El del segundo batallón de Asturias, el in- 
feliz é incauto D. Rafael del Riego, inauguró el año de 
1820 proclamando eu su primer aurora el código de Cá- 
diz al frente de su tropa eo el pueblo de las Cabezas de 
Sao Juan. Cayó con ella luego sobre Arcos de la Fron- 
tera, donde se alojaba el cuartel general, y se apoderó 
del general en jefe, el único quizá que allí ignorase una 
conspiración que sabian todos. Casi simultáneamente imi- 
taron el ejemplo de Riego sublevándose contra el gobierno 
al frente de sus tropas, el brigadier D. Demetrio O'Daly, 
y los coroneles D. Antonio Quiroga ^ , D. Miguel López 

< Este Jefe había recibido caairo guírsc en la persecución y captara 
«fios antes un ascenso por distin- del desgraciado general Porlíer e 



DE LA ISLA DB CUBA* 85 

Baños y D, Felipe Arco Agüero. Oíros jefes hubo que 
pre6r¡eroD alejarse de sus puestos á atentar contra debe- 
res tenidos basta entonces por sagrados; pero fué el único 
^nlre todos que logró conservar su fuerza en la obe- 
diencia D. José Gadaval, que mandaba el regipiento de 
Córdoba. Por mas que se esforzaran los soñsmas é ilu- 
siones de partido en disfrazar con colores de heroísmo la 
ignominia de aquella insurrección, desde que se perpetró 
la analizaron y juzgaron, sin aguardar el fallo del porve- 
nir, todos los contemporáneos amantes de la verdad, de 
^u patria y su decoro. Porque si á promover reacciones 
diera margen el no cumplir Fernando Vil todas sus pro« 
inesas desde que en 1814 abolió el sistema representa- 
tivo, en ningún caso fué leal, patriótico ni propio de de- 
centes militares el derribar un gobierno del' que acaba- 
ban de recibir ascensos, del que, contando con su fideli- 
dad, les confió armas destinadas á un objeto tan glorioso 
como el de restituir apartados y perdidos dominios á su 
patria. 

Infelices fueron en sus comienzos las operaciones de 
Jos sublevados. En lugar de abrirles sus puertas, como- 
<;reian, los rechazó Cádiz con sus baterías; y después 
de indecisos y alternados sucesos en sus encuentros con 
las tropas fieles, en sus marchas y contramarchas por 
Andalucía, no se adhirió á su causa un solo pueblo. 
Conducíanlos ya á refugiarse por la Extremadura baja 
en Portugal la deserción y su impotencia , cuando en 20 
(le febrero estalló en Galicia otra insurrección militar, 
sí no tan imponente como la de Riego, mas afortunada. 

-<xalicia. RemuDorároflle ahora con obtuvo otros dos ascensos por no ba- 
otro para embarcarse, y luego, asi berse embarcado, los de brigadier y 
^VLQ Iriunró la sedición de Riego, mariscal de campo. 



«.86 HISTORU 

: Efiperaba aun el rey Fernando reducir á los de Andalu- 
• €Ía coD laí« tropas que á la sazón reunía en Ocaña don 
. Eocique O'Donnell , cuando se supo en Madrid el 6 de 
marzo, queesie general se babia decidido al frente de 
ellas por la misma causa que se babia ofrecido á det- 
truir. Arrastrado por el torrente de tantas deslealtades^ 
tuvo el OQonarca que jurar la Constitución de 1812 á los 
dos dias y convocar las Cortes» ayudándole á calmar lo» 
ánimos y gobernar la nación, basta que el Congreso de 
diputados se reuniese, una Junta provisional presidida 
por el cardenal de Borbon, arzobispo de Toledo* y com- 
puesta de algunos otros funcionarios de templadas miras 
como el sabio D. Antonio Romanillos y el antiguo minis- 
tro D. Ignacio de la Pezuela, padre del autor déla pre- 
sente crónica. 

Como en toda tierra separada de los hemisferios por 
ios mares, en la Habana habian sobresaltado en general 
á las gentes con los rumores que de tan tristes aconteci- 
mientos llegaban de los Estados- Unidos y aun de la Pe- 
nínsula con las dimensiones con que suele abultarlos la 
distancia. Pero el 14 de abril ya se sabia el mal éxito de 
la primera insurrección de Andalucía y la daba el capitán 
general Cagigal por sofocada, cuando con treinta y un dias 
de navegación fondeó en el puerto un barco de Galicia, 
trayendo entre otros papeles un diario constitucional de 
la Coruña y del 13 de marzo, en que se publicaba el real 
sdecreto del 7 para la jura del código de Cádiz. Corrió 
. por la población la noticia y la conmovió cual chispa 
eléctrica, como conmueven siempre á tos pueblos ines- 
peradas novedades. 

De la certeza de esta noticia no se dudó en la confe- 
rencia que celebraron al punto con Cagigal las autorida- 



DE LA ISLA DE CUBA. 87 

des principales. Pero, por veraz que fuese» aun no era ofi- 
cialmente conocida» ni se tenia tampoco por seguro que se 
exlendíese á Cuba por segunda vez el régimen consliLo- 
cional de la Península, que no habia proporcionado á la 
isla ningún bien en la primera. En la linea legal no pro- 
cedía, pues, resolver en su gobernación mudanza de 
tal bulto hasta no recibirse pliegos é instrucciones ofi- 
ciales que lo declarasen; y á tan lógico parecer se arre* 
gló el acuerdo de la junta. Consecuencia de tal resolución 
fué la proclama en que anunció Cagigal el dia siguiente 
que no habria innovación en el gobierno y estado de 
Cuba, hasta que á él no se lo ordenase el de S. M. 

La algazara y las demostraciones que inspiró la noticia 
de haber el Rey jurado la Constitución, los gritos de al- 
gunos de esos grupos de alborotadores que suelen tomar 
la voz del pueblo en casos de esa especie , lejos de alte- 
rar la resolución del Capitán general en un principio, le 
animaron á ordenar por correos extraordinarios á los 
gobernadores que imitasen su ejemplo en sus distritos. 

Pero á Cagigal los achaques y los años apenas le de- 
jaban sino el nombre de los dos generales de su misma 
familia que habían mandado en Cuba, cuando mas necesi- 
taba esta isla de la destreza del primero y del temple del 
segundo para sobre ponerse* al motin que iba á humillarle. 

Ademas de las fuerzas que guarnecían los castillos y 
de la caballería acuartelada entonces como hoy en un 
barrio extramural, hacían servicio en el recinto de la 
plaza los batallones de Tarragona, Cataluña y Málaga, 
reorganizados estos dos con la gente recien venida con 
Cagigal de Cádiz, y muy contaminada por las ideas de los 
sublevados en Andalucía* Resaltaba por su exaltación la 
oficialidad de Cataluña, en la cual llevaban la voz dos 



88 BISTORU 

rabaltemos, D. Maouel Vals y D. Haoaei Eiizaido, nooi* 
bre loego inseparable de revoeltas y proDooctamieotos en 
b madre patria mieotras vivió el que loleoia.Beooídoese 
batalloo á las ocho de la mañana del 16 para pasar la 
lista en el punto acostumbrado, que era la plaza de ar- 
mas, como ahora, y frente á los balcones de la capitanía 
general, victorearon ambos oGcíales á la 0>nstitucion de 
Cádiz, no tan audazmente como se supuso, sino ya sa- 
biendo que la victorearía también la tropa y que no ten- 
drían valor sus jefes ni para contenerlos, ni para tomar 
esa iniciativa en lugar de ellos. Asocióse instantáneamente 
á aquel grito el batallón de Málaga, allí cerca acuartelado 
en el castillo da la Fuerza y de cuya o6cialidad los más 
estaban convenidos en apoyarlo. No faltaron ociosos que 
les secundaron, ni tardaron mas que minutos varios gru- 
pos de paisanaje y de soldados sueltos en precipitarse á 
la casa de gobierno, allanar su entrada sin ser contenidos 
por la guardia, subir en tropel las escaleras, y sin res- 
peto á la digoidad, ni á la situación de un anciano pos- 
trado en aquel momento por el asma, forzáronle con in- 
timaciones descompuestas y amenazadoras á salir á la 
plaza casi sin vestirse y á proclamar un viva á la Cons- 
titución con voz casi apagada. 

Pero ni con la humillación de la primera autoridad del 
país se calmaba la tormeota/Otra mas fué indispensable 
para conjurarla. El batallón de Tarragona, mantenido eo 
perfecta obediencia y disciplina por su coronel D. Tomás 
O'Conelly, jefe querido del soldado, había despreciado 
las excitaciones de algunos de sus oficiales, y estaba ya 
«formado en los patios de su cuart^el, el de San Telmo, 
f>ara reprimir el alboroto. Los que acababan de triunfar 
ée un sorprendido anciano, se encaminaban ya á atacarlo 



DE LA ISLA DE CUBA. 89 

y á consteroar á la pacífica Habana con escenas de sangre 
y vandalismo. Sin perder instante tuvo Cagigal que or- 
denar que Tarragona concurriese á la plaza, no ya á re- 
primir la sedición triunfante, sino á completar su objeto 
y proclamar también el código de Cádiz. Después tam- 
bién dispuso que lo jurasen las demás fuerzas, la guar- 
nición de los castillos y los ayuntamientos» corporaciones 
y clases que babia en la isla. 

Componíase buena parte de la población de tenderos, 
almacenistas y dependientes que, contraidos al cuidado^ 
de las tiendas, en cuanto á noticias y políticas aprecia- 
dones ensanchaban el alma y el discurso con toda la li- 
(bertad que la sujeción de su oficio y modo de vivir no 
permitid á sus cuerpos. Los más eran mozos peninsula- 
res que se habian candorosamente interesado por la se- 
dición de Riego. Conmovidos ahora por la novedad de 
la Constitución y los accidentes de su jura , se manifes- 
taron apasionados entusiastas de un sistema que no co- 
nocian. Como si tuviesen muchas injusticias que sentir 
del régimen caido, ó muchos beneficios que esperar del 
que se proclamaba , se lanzaron la mayor parte á las ca- 
lles bulliciosamente. Hubo comparsas improvisadas de 
danzantes y patrióticas canciones. La tropa , convidada 
en grupos por los mozos , cenó en los bodegones ; y al* 
gunos almacenistas, á unos y á otros les distribuyeron 
vinos y licores, notándose que, en un desorden que 
después de aquella noche continuó dos días, apenas 
ocurrieron insultos ni desgracias. 

A principios del anterior siglo escandalizó á la capital 
<le Cuba una sedición de campesinos motivada ó no por 
desaciertos administrativos. Entonces se mantuvo fiel la 
:guarnic¡on ; y si la primera autoridad abanionó su pues- 



90 HISTORIA 

to, meses después volvió á dejar airoso su ejercicio uo 
militar de temple y bajo qq régimeo que» con todas sus 
imperfeccioDe?, era incompatible con la duración de los 
desórdenes y de sus consecuencias. Ahora, la misma 
guarnición peninsular al principio de auloridad lo arras- 
traba por el fango; y en régimen tan inadecuado para la 
isla como el de la Constitución de 1812» mal podian at- 
canzar á restaurarlo las cualidades de quien al débil Ca- 
gigal relevó luego. 

Dias después de ceder á una coacción tan humillante^ 
amigos indiscretos, tan temibles como enemigos declara- 
do.», dictaron á aquel general una proclama en que le ha- 
cian vanagloriarle de haberse anticipado á sus deberes por 
un efecto de sti amor á la nación y á las nuevas institu- 
ciones. Así terminó con el ridículo lo que la violencia 
habia empezado; y con su prestigio personal desapareció 
también e1 del alto cargo que ejercia entre la confusión 
y el movimiento coa que se suelen crear las situaciones 
nuevas. 

Fué preciso que se reprodujera toda junta, la que ha- 
bía desaparecido en un instante en 1814. Resucitaron y 
volvieron á funcionar, recompuestos con casi todos sus an- 
tiguos miembros, los ayuntamientos creados en el ante- 
rior período liberal , de igual manera que las tres dipu- 
taciones provinciales de la Habana , Puerto Príncipe y 
Santiago, en las cuales por fortuna preponderaban hom- 
bres de orden y de honrosos fines. 

Mas estrepitosa fué la instantánea resurrección de la> 
prensa periódica, que retoñó entonces con las ansias que 
seis anos de represión y de mutismo habian depositado* 
en el corazón de sus redactores , impacientes por difun- 
dir una vez más , unos sus quejas y otros sus calumnias.. 



DE LA ISLA DE CUBA. 91 

Casi á UD tiempo vieron la laz pública El Conservadorf 
El Boiiquin , El Observador habanero , El Esquife , El 
Indicador y El Mosquito, apareciendo también en la pa- 
lestra El Tió Bartolo con jocosidades tan vulgares como 
su mismo nombre» pero mas impostor y punzante que nin- 
gún periódico de la anterior época. Fuese pronto aumen- 
tando el número de impresos, en general mas dedicados 
á personalidades y miserias que á dirundir el verdadero 
progreso social y á proteger las luces. 

Abatieron á Cagigal por una parte, los ataques de la 
prensa, y por otra las tareas de su destino , entonces 
recargadas con la presidencia de la diputación provin- 
cial y del ajuntamienlo que casi diariamente celebraban 
sesión extraordinaria. Inlerin aceptaban en Madrid su 
dimisión , desde mediados de junio y por dos veces tuvo 
que sustituirle el segundo cabo D. Juan Echevarri , no 
-en el mando, porque apenas era mas qne nominal el que 
ejercía, sino en el trabajo de presidir aquellas juntas y 
el de firmar en su lugar los expedientes. 

Continuaron intactas al principio las jurisdicciones de 
la Iglesia, de Hacienda y de Marina; pero en su conjunta 
y en todos sus detalles sufrieron mayores ó menores mu- 
danzas la militar, la gubernativa y la judicial. 

Aunque siguieron los cuerpos veteranos en su misma 
planta, se desvirtuaron los de milicias en su esencia con 
la creación atropellada de o(ra milicia llamada urbana al 
principio y nacional después, que se organizó y uniformó 
como la de Madrid y las demás ciudades de España. Tanto 
para las veinte y cinco compañías levantadas en el solo 
distrito de la Habana, como para las diez y seis de los 
territorios de Santiago y Puerto Principe, fueron admiti- 
dos cuantos lo pidieron, los más por la ilusión del fusil 



92 HISTORIA 

y el uaiforme» muchos por los privilegios del segando y 
la veotaja de vivir armados eo dias qoe prometiao re- 
vueltas, y Qo pocos para acechar la coyuntura de defen- 
der algo mas que la libertad política de España y sus pro- 
vincias ultramarinas. 

Ni se preguntó á los presentados á alistarse sí perte- 
necían ó no á las milicias disciplinadas y rurales; y siendo 
muchos de estos los que ingresaron en aquellas compa- 
ñías, no había que contar ya con aquellas^ como antes, 
para reemplazar en casos necesarios á las tropas vete- 
ranas. Resultó así que una milicia úlil y probada se 
cambió por otra que solo pudo emplearse en formaciones 
y paradas cuando no en trastornos. 

El gobierno militar y político siguió centralizado en la 
Capitanía general, ejerciéndole también los gobernadores 
en sus territorios y jurisdicciones respectivas. 

Pero en virtud del nuevo régimen quedó el segundo en- 
teramente separado del primero é intervenido en todos sus 
detalles por las diputaciones provinciales y los ayunta- 
mientos. Ningún abuso se extinguió con la intervención 
de esas corporaciones. Solo lograron derov;ar las prácti- 
cas establecidas para la aplicación y percibo de los fon- 
dos propios y alterar el orden observado en otros ramos 
ocasionando confusión y quejas infinitas. 

Mayores fueron aun las originadas después en otra re- 
forma constitucional, aun cuando para la administración 
de justicia prometiese á primera vista consecuencias bue- 
nas, como la decometer tan importante ramo á manos de 
letrados y librarlo de las de jefes militares que habían ac- 
tuado siempre como Jueces legos. Se apoyaba aquella en 
el ejemplo de las naciones mejor administradas, donde ha- 
cia ya cerca de un siglo que para nada intervenía en lo ju- 



DE LA ISLA DE CUBA. 93 

dicial lo militar. Pero olvidáronse al plantearla eo la isla de 
que eo realidad erao letrados los queacluabaa cod el ca- 
rácter de asesores de los gobiernos y teoencias; y deque, 
cuando no se conrormaban los gobernadores con sus pa- 
receres al providenciar sin su dictamen en actos de justi- 
cia, incurrian entonces ellos solos en la responsabilidad 
de unas disposiciones que en los demás casos afectaban 
solamente á los asesores. Donde por espacio de tres siglos 
se habia considerado como el mas autorizado y fuerte al 
que ejercia el mando de las armas, servían los goberua- 
dores y tenientes gobernadores militares de freno y corta- 
pisa á los excesos que comelian con frecuencia los letra- 
dos; y útil era , que por lo mismo que conocían estos de 
lodos los expedientes judiciales, también á su vez pudie- 
sen aquellos oponerse á sus irregularidades é injusticias. 
Que la administración judicial de entonces exigía una 
reforma radical, iududable era; pero la que sobrevino 
con el cambio político de aquellos días, en lugar de me- 
jorarla , la empeoró. 

Desde antes de 4814 hubieran hecho cambiar de 
esencia y forma á los tribunales de primera instanciai asi- 
milándolos sin examen ni estudio á los de la Península, 
las innovaciones que paia los de Ultramar determinaron 
tas Cortes, si la prudencia y oportunas consultas de 
Apodaca no hubieran demorado su ejecución hasta la 
caída de aquel cuerpo y del sistema que lo autorizaba» 
permaneciendo así seis anos más los tribunales inferie- 
res de Cuba sin mudanza. En cuanto á que reclamasen 
pronto correctivo los vicios de que adolecian no lo du- 
daba nadie; y aun muchos comprendían que alcanzasen 
á corregirlos la autoridad y la arbitraría iniciativa del 
Capitán general y de la Audiencia, ya suprimiendo los 



94 HISTORIA 

emolumeDtos de los jueces legos que, como gobernado- 
res ó (enienles gobernadores, ieniau su sueldo y otros ga- 
jes» ya reformaudo los aranceles de costas para que re- 
sultase la admiuístracioD de justicia mas barata; ya cir- 
cunscribieudo á justos límites la jurisdicción de los ase- 
sores y alcaldes ordinarios. Pero al reinstalarse el sis- 
tema constitucional y las mudanzas que introducía en 
lodos los ramos, á nadie sorprendió que reapareciese 
una instrucción de 23 de junio de 4 81 3 reformando todo 
lo judicial en términos inaplicables y aun ab3urdos para 
las posesiones de Ultramar. Vinieron luego decretos tras 
decretos intimando su observancia, y en un principio, 
aunque después mudó de parecer, hasta la reclamó el 
municipio mismo de la Habana , la corporación mas in- 
teresada en eludirla, pidiendo sin reflexión y empujado 
solamente por el prurito liberal de la época, que se des- 
embarazase á los alcaldes de atribuciones judiciales, para 
que quedasen así mas expeditos para las gubernativas y 
económicas. A excepción de los que vinieron de España 
al tiempo que estas órdenes, los más de los mismos le- 
trados que desempeñaban con crédito las asesorías fueron 
los nombrados para las judicaturas recien creadas; y tanto 
para facilitar su admisión, como para ahorrarles un viaje 
á Puerto Príncipe, autorizó la Audiencia al jefe político, 
que era el mismo Capitán General, para recibirles jura- 
mento. 

Guando en 25 de octubre, algo repuesto y reanimado 
con la esperanza de relevo, se restituyó Gagigal á sus di- 
fíciles funciones, no fué en realidad sino para recibir 
nuevos agravios y sufrir nuevas contrariedades por lo de 
la combatida admisión de jueces de letras y otras causas. 
Dejémosle que, en una consulta que en 15 de febrero de 



DB LA ISLA DE CUBA. 95 

1821 dirigió á aquel TriboDal saperior, él mismo nos re- 
fiera la resisieocia de loa alcaldes á dejar las que les bala- 
gabán mas de sus atribuciones. 

cNo era de esperar qne el ayuntamiento ni los alcaldes 
hiciesen novedad ni atentasen contra una medida hija de 
una necesidad imperiosa que el mismo cuerpo recomendó 
y que tanto se conforma con el régimen constitucionaK 
Pero sucedió muy al revés. Ese mismo ayuntamiento que 
clamaba por su cumplimiento y porque se completase el 
número de jueces de primera instancia, para que los al- 
caldes quedasen expeditos, la ataca ahora; y, tomándose 
facultades ajenas, la inculpa de anticonstitucional y de 
ilegal, y mina el germen de la insubordinación para 
que se resista, no como quiera á las primeras autorida- 
des, sino al mismo gobierno, dando este pésimo ejemplo 
en el acto en que se debió dar la posesión á los nom- 
brados. 

>La dio, sin embargo, obedeciendo lo que no podía 
resistirse sin. un trastorno escandaloso; pero quedó ya 
regada la semilla del mal y ha dado los frutos que eran 
consiguientes. El alcalde se opone á la cesación que se 
le previno y se considera autorizado para retener una ju- 
risdicción que acabó. Este ejemi:lo lo ha seguido el al- 
calde de Jesús del Monte y lo seguirán los demás pueblos 
de este partido. 

jiUn pretexto, ademas, han buscado para esta irregular 
conducta y han creido encontrarlo en no haberse pres- 
tado el juramento en manos del Sr. Regente y á presen- 
cia de ese tribunal superior. El ayuntamiento de la Ha- 
bana, qne fué el primero también que abrió esta otra 
puerta, no ha sido consecuente en sus priocipios sobre 
este particular. El juez Ramírez de Areilano prestó el ju- 



96 fllSTOBU 

raméalo eooo lo haa hecho los demás, ; sai eafaargo, 
fué admitido, recoooddo j pcMeñmado.» 

No bastaría ob volúmeo de esta historia para reierír 
los incideotes, las díseordias qoe originó daraale mi ano 
en los demás poeblos de h isla la repogoada adoúsíoo de 
los llamados joeoes de letras por los alcaldes ordinarios. 
De lo referido por el mismo Cagigal en coanlo i la Ha- 
Lana y sos partidos, se dedndrá la resistencia á reci- 
birlos de los alcaldes de los otros pontos y evitaremos de- 
talles enojosos. Los periódicos y hojas sueltas coyo nú- 
mero segaia creciendo complicaron aqodlas coestiiH 
oes con polémicas tan largas como insulsas. En enoon* 
trados sentidos los asalariaban el dinero y las pasio- 
nes de onos y otros , sin qoe escasearan casos de publi- 
car basta detalles de la vida privada de los contrin- 
cantes. 

¿Y qué diríamos de la intrusión y las violencias con 
qoe en las elecciones para diputados á Cortes coartó el 
libre sufragio de los electores tao mezquina prensa? Con 
sus artiflcios y denuncias de supuesta nulidad en unos y 
en otros, en vez de dos semanas que bastaban, dos meses 
de pugnas y cuestiones se habían necesitado para que re- 
sultasen elegidos el 22 de agosto de 1820: por la capital, 
el teniente general D. losé de Zayas y el magistrado don 
José BeniteZf ambos habaneros de distinguidísimos servi- 
cios en sus respectivas carreras y residentes en España; 
por Puerto Príncipe, otro natural y rico hacendado de 
esa tierra , el oficial de Guardias españolas D. Antonio 
Modesto del Valle; y por Santiago, el canónigo de la ca- 
tedral de la Habana, D« Juan Bernardo de 0*Gabao, 
miembro de las primeras Cortes gaditanas, sin que en- 
tonces favoreciesen con la misma distinción al que con 



DE LA iSLA DE CUBA. 0*7 

O^Gaban la había repartido anteriormente, el activo y 
juicioso D. Andrés de Jáuregni. 

No era natura! que una prensa sin correctivo ni leyes 
especiales se limitara á ingerirse en elecciones y juzga- 
dos. No hubo cuestión ni materia en que no se entróme^ 
tiese. Muchos papeles, después de reproducir en varios 
Mentidos las antiguas discordias de deslindes, amojona- 
mientos y mercedes de terrenos, intentando desvirtuad 
el decreto que las había extinguido , se abrogaron la li- 
cencia de reproducir derechos caducados, y por su 
excitación resucitaron expedientes muertos. Como si 
no bastaran los de quejas por delitos de imprenta y los 
comunes que se multiplicaban con la inobservancia en 
que caian por todas partes las disposiciones represi- 
vas de Cienfuegos , no tenia la Audiencia brazos ni ca- 
bezas para proveer y resolver el cúmulo de escritos que 
novia sobre ella. Todo era allí tropiezos. 

No otra cosa acontecía en las Intendencias. Diariamente 
surgian por una parte denuncias de rezagos de aforos y 
derechos no realizados en las aduanas y administraciones^ 
al paso que salían por otra refutaciones de esas mismas 
denuncias con invectivas contra sus autores, achacándo- 
les otras faltas y omisiones. De semejantes polémicas rara 
vez resultaba, nada en claro. Aparecía, sí, una verdad de 
ese laberinto de cuestiones; el convencimiento de la con- 
fusión y la torpeza con que la administración rentística 
había corrido en larguísimos períodos. Pero nada mas 
absurdo, ni ridículo que exigir al Superintendente que 
mas habia contribuido á, mejorarla, la responsabilidad de 
los mismos errores que se esforzaba en extirpar constan- 
temente y cuyo remedio databa de su tiempo. 

Al paso que muchos periódicos encomiaban sus actos 

HIST, DB CUBA. — TOMO IT.— 7 



98 BlSTORU 

y le bactao joslicia, do se coDleolaroii otros eo pooer sa 
oompeleocía eo duda ; y hasta ateotaroo á su probidad. 
El veoenoso Tio Bartolo^ contando sobre la impunidad 
de sus calamnias, llegó á acusar de concusión á un fun- 
cionario, que más aun que con su pública conducta, 
acreditaba su honradez con su pobreza misma. Ni la ex- 
celencia de 8US antecedentes personales, ni los resulta- 
dos que dio al país su manejo inteligente, le preservaron 
de tan viles tiros; porque la envidia y la mordacidad son el 
crisol donde acaba de depurarse la reputación de los que 
se distinguen y elevan de algún modo entre los hombres. 
Así le sucedió á Ramirez ^. Solo fué vulgar en no sobre- 
poner su conciencia y su desprecio á la malicia de oscu- 
ros detractores. A los cuarenta y cuatro años de edad un 
vivo sentimiento y una fiebre cerebral lo arrebataron en 
seis dias, el 24 de marzo de 1821. 

Fuera del círculo de su familia y sus amigos, su tem- 
prana pérdida, aunque fuese una calamidad pública en 
Cuba , apenas se percibió entre la perturbación que en- 
tonces difundían por la isla el desorden que la conmovía 
y el rumor de los progresos que alcanzaba la insurrección 
en el vecino Continente. 

Tanto mas fundadas eran las noticias de un trastorno 
general instigado por el ejemplo, las correspondencias y 
aun por emisarios de las provincias disidentes, cuanto 
que las mismas tropas, el mas propio elemento para 
mantener la quietud en normales circunstancias, así por 
lo desconcertadas como por lo escasas, no presentaban 
grandes garantías para defender en un trance la bandera 
y las mismas instituciones que regían. Estaban sus filas 

> Véase su biograffa, pág. 339, T. IV., Dice. Geogr.^ Egt.^ HUt, de la iüa 
de Cuba por el A. 



DB LA ISLA DE CUBA. 99 

llenas de cumplidos, cuyo liceDciamiento se iba demo- 
rando porque las remesas de reclutas no veDÍau dé Es- 
paña sino de larde enlarde desde que, volviendo alli á re- 
gir el sistema constitucional, se habian levantado faccio- 
nes realistas en muchas provincias; y se ocupaba el go- 
bierno, más de las necesidades inmediatas que de las 
lejanas. 

Además de una injusticia, que ni con una absoluta ne- 
cesidad se disculpaba, conlribuian no poco á difundir mal 
espfritu en la tropa la flaqueza de la mayor parte de sus 
jefes, el mal ejemplo de muchos de sus oficiales, y no solo 
la impunidad de los delitos, sino hasta las recompensas 
que algunos recibieron, como se vio en Elizaicin y Vals, 
subalternos improvisados, en administrador de la aduana 
y comandante del resguardo , porque escandalosamente 
habian hollado sus deberes* Con trabajo acallaba Cagígal 
las quejas de los cumplidos que reclamaban sus licencias, 
y á pesar de sus proclamas y los artículos que hacia es- 
cribir en los periódicos, no conseguía disipar la inquie- 
tud que por muchas causas y sentidos agitaba á la Ha- 
bana y á los demás pueblos'. 



> Desde esu época solo aparece- lica ée\ gobierno superior de la isla, 

ríin al pié del texto las notas mas en las de los gobiernos de SanliagOt 

precisas; porque empiexan á aban- Puerto Principe y Trinidad, y en las 

dar casi todas las pruebas jusiiQca- gacetas, periódicos y libros, lanio 

tiYas de las afirmaciones del Autor de Cuba y Espafia, como de En- 

•n las dos secretarias miUtar y poU- ropa. 



CAPÍTULO CUARTO. 



Gobierno de D. Nicolás de Mahy. ^Relevos de varios fancioDarios.— Estada 
Mayor. — Excelentes precauciones de Maby.— Reforma de la milicia na- 
cional.^ Persecncion de malhechores.— Caadro de la reTolneion en 1» 
América española.— Traición de D. Agustín de Iiúrbide en Méjico y sus^ 
consecuencias —Comisión del teniente general D. Juan de 0*Donoju — 
tvL convenio con Ilúrbide y su muerte.— Pérdida del yireinsto mejicano. 
— D. Juan Moscoso.— Cesión de la Florida.— Conducta de los comisiona- 
dos norte -americanos. —Disidencia de la parle española de Santo Do- 
mingo.— Errores en la Hacienda pública de Cuba.— Excesos del perio- 
dismo.— Moderación de Maby.— Desórdenes de Santiago de Coba j 
Puerto Principe.— C'^muDicacion de Maby al ministro de la Guerra. — 
Sa muerte. 



Yiéronse satisfechos los deseos de Gagigal llegando á 
relevarle el 3 de marzo de 1 821 el teniente general don 
Nicolás de Mahy, anciano afable y majestuoso, que desde 
el pisar en tierra dio prueba de tacto luciendo sus bandas 
y divisas sobre un uniforme de miliciano nacional y sa- 
ludando al pueblo y á las tropas con tres vivas á la Gons- 
tilocion. Cuándo falta poder para reprimirlas, el halagar 
á las mantas reinantes, camino es que conduce á domi- 
narlas» y ese resultado es ventajoso siempre al que go - 
bierna. Pero aun más que su política le bienquistaban 
con las gentes á Mahy sus cualidades y su nombre aso- 
ciado á las mejores glorias de la guerra de la Indepen- 
dencia; y la Habana lo recibió con entusiasmo. 
Casi a! mismo tiempo se trasladó Echavarri á la capi- 



HISTORIA DB LA ISLA DE CUBA. lOf 

4anfa general de Yucatán, relevándole en la aubinspec- 
cion y segando mando militar de la isla el brigadier don 
Sebastian de Kindelan, que prefirió este cargo á la ago- 
nizante capitanía general de Santo Domingo. 

Al insigne Ramírez, que murió por esos dias» como he- 
mos visto, le sucedió interinamente en la superintenden- 
cia de Hacienda el contador D. Claudio Martínez de Pi- 
nillost el mismo en cuyas manos empezaron las rentas de 
la isla á cumplir lo que su feracidad hacia un siglo que 
estaba prometiendo. 

Con el coronel D. José Cadaval y oíros militares dis- 
tinguidos vino acompañando á Mahy el mariscal de campo 
D. Juan Moscoso y Sequeira, natural de la Habana é hijo 
de una hermana del conde de Lagunillas, que habia ca- 
sado en segundas nupcias con el teniente general de ma- 
rina D. Gabriel de Aristizabal. Trajo el encargo de plan- 
tear en Cuba uno de los adelantos que la organización de 
los ejércitos franceses habia comunicado á los de España, 
el estado mayor militar del territorio y de las tropas. 
Bajo esa denominación se comprendía á un personal fa- 
cultativo de jefes y oficiales escogidos en todas las armas 
que, sin aplicarse ya á ninguna especial mente» sirviese de 
resorte directivo á las operaciones en tiempo de guerra, 
y en el de paz, á la administración, movimientos, esta- 
dística y estudios militares. 

Todo habia que empezarlo en materia allí tan nueva 
aunque tan úlil al llegar Moscoso; y mucho se emprendió» 
oomo lo prueban no pocos legajos de papeles que se con- 
servan en el archivo de la Capitanía general de Cuba. 
Pero no se terminaron la mayor parte de los estudios to- 
{)ográficos, planos é itinerarios militares emprendidos, 
aponiéndose mucho la agitación del tiempo á esas tareas. 



402 HISTORU 

hoB mis de los qoe las lomaroD A 5o cargo pasaron 
á otros puestos; ; tampoco era el mas propio para diri- 
girlas coo coDstaacia el mismo Mosooso con so agita* 
cioD, so inquietud uatoral y su aCcioo á la política, 
aunque de inteligencia clara y conocimientos no vulga* 
res. De su comisión no quedaron mas frutos y vestigio» 
que papeles abandonados hoy al polvo y al olvido. 

Por deslucida que dejara Cagigal la aureola de la pri- 
mera autoridad del país, reconocian la necesidad de que 
recobrase su brillo y su prestigio cuantos ejercían cargos 
públicos y basta las corporaciones creadas por el mismo 
cambio de sistema político que la habia eclipsado. Se 
descobria ya el precipicio á donde la oposición irreflexiva 
y sistemática de una prensa soez podía arrastrar el por- 
venir de un país tan importante. Aprovechóse Maby del 
buen sentido de las gentes de cuenta y de concepto para 
serenar por medios pacíficos basta á los menos avenidos 
con la conservación del orden público; é hizo rostro 
desde luego á la licencia de los periódicos» á la indisci- 
plina de la milicia nacional, á la impunidad de los delitos 
y á las excesivas facultades que se abrogaban los ayun- 
tamientos sin ningún beneficio de sus procomunes. 

Para atajar funestas consecuencias urgíale dar siquiera 
regulares formas al caos que resultaba de instituciones 
inaplicables en aquella tierra. Para que la malicia de la 
prensa y los enemigos del gobierno no calificasen sus re- 
formas de inconstitucionales y arbitraríast Maby adoptó 
por norma autorizar sus providencias con la consulta, 
deliberación y acuerdo de las diputaciones provinciales. 
Siendo» según la Constituciont las corporaciones mas fa- 
cultadas é influyentes, aquel General, por sí mismo en la 
Habana y, por medio de los gobernadores, en Santiago» 



DB LA ISLA DE CUBA. 103 

de Coba y Puerto Priocipe, nada dispaso sin contar con 
ellas. 

Fué su primer cuidado uoa completa reforma y tras- 
formacioD de la milicia nacional, cuyas compañías enloda 
la isla, y casi á un mismo tiempo » se reorganizaron por 
batallones, eliminando de sus filas á los que no justifica- 
ron modo de vivir honrado y conocido, así como á los 
propensos á promover bullangas y alborotos. En la Ha- 
bana y sus distritos se arreglaron basta seis batallones de 
mas de mil doscientos hombres, tres en Santiago de Cuba 
y dos en Puerto Príncipe. Al paso que lisonjeaba Mahy á 
esa fuerza llamada ciudadana, vistiendo su uniforme, la 
sometió á un reglamento para su sucesivo reemplazo con 
vecinos honrados y gente acomodada , para que eligiese 
á sus jefes y oficiales , y obrase sometida á las mismas 
ordenanzas del ejército en todos los actos del servicio. 

No existia aun reglamento especial que pusiera cor- 
rectivo saludable y pronto á los excesos de la prensa 
cuando el probo Ramirez sucumbió á sus tiros. Adoptóse 
una disposición provisional para sujetarlos á algún límite, 
mientras resolvían las Cortes un asunto de tanta trascen- 
dencia. Decretó el jefe político , con previo dictamen de 
la diputación y de sus asesores , que entendiesen en los 
delitos de imprenta como en los comunes los jueces ordi- 
narios, de cuyos fallos apelarian las partes á la Audiencia. 
Mereció aplauso general una medida, mal recibida sola- 
mente por los que vivian sin someterse á ninguna, y en- 
tendian así la libertad política. La impugnaron estos en 
artículos absurdos y fácilmente rebatidos por los que se 
escribian en buen sentido. En aquella polémica las doctri- 
nas degeneraron en personalidades, y estasen querellas 
ante los tribunales. Vinieron luego los fallos con penas y 



1 04 HISTORIA 

costas, y el interés de evitarlas inclloó ¿ más moderación 
á los causantes, resultando así que también la hubiese 
mayor en los periódicos. Cuando ocurria choque entre 
pnosú otros, los dominó siempre la aguerrida curia, obli- 
gándolos así á que, á lo menos en cuanto á las individua- 
lidades, anduvieran en adelante los periódicos con mas 
tiento á consecuencia de aquella disposición. 

El espíritu de descontento que germinaba en los cuer- 
pos veteranos, urgía que se extinguiese juntamente coa 
los motivos que lo producian, apresurándose el licencia- 
miento gradual de ios cumplidos. Desde antes de salir de 
la Península le había prometido el ministro á Mahy reem- 
plazos para Cuba. Pero dificultaba su venida la escasez 
de buques mercantes y la absoluta falta de los de guerra, 
estando entonces empleados los pocos que quedaban de 
la armada en las costas del Perú y de Venezuela. Aquel 
general había tenido que venir de Burdeos en un barco 
extranjero. Para que el descontento de los cumplidos 
se fuera mitigando, recurrió á un arbitrio hallado en la 
frecuencia con que aportaban en la Habana y Santiago 
destacamentos de las tropas que beligeraban en el Con- 
tinente. Justificando luego esa extralimítacion de facul- 
tades con su indeclinable deber de conservar el territorio 
de su mando, sin escrúpulo dispuso Mahy de parle del 
personal de regimientos destinados en otras provincias; y 
en el curso de 1821 introdujo así en los de h isla cer<Ht 
de mil hombres que reemplazaron con ventaja del ser- 
vicio á otros tantos ya mas dispuestos á promover desór- 
denes que á ser útiles. Llegaron luego algunos reem- 
plazos despachados de la Península en dos meses que 
ocupó el general Cienfuegos el ministerio de la Güera, 
continuaron presentándose transeúntes del Continente 



DE LA ISLA DE CUBA. 105 

americano, y pudo organizarse un corlo batallón que se 
llamó de León, y pasó á guarnecer á Puerto Príncipe, y 
refrenar allí los desmanes, insultos y atropellos que co- 
metían unos con otros y aun con sus propias autoridades 
aquellos vecinos divididos en bandos y fracciones. 

Pero para extinguir el mal espíritu en las filas , no 
bastaban el licénciamiento de cumplidos, su reemplazo 
y UD ligero aumento en las fuerzas veteranas. Seguíalo 
estimulando la impunidad de muchos delitos militares 
que^ con color político y en realidad con mas bastardos 
fines, se habían cometido por oficiales, sargentos y aun 
soldados, en la época de Cagigal y Echavarri. De orden 
del Capitán general, volviéronse á activar procedimien- 
tos y diligencias que la intriga ó el temor tenia paraliza- 
das ó dormidas. A todas esas causas se dio remate en el 
verano de 1821. De los que resultaron culpables, los de 
menos cuenta sufrieron en la isla sus condenas. Aquellos 
cuya presencia era dañosa en ella fueron remitidos á 
disposición del gobierno supremo en la Península con 
arreglo á las leyes de Indias , aun no derogadas. Ni los 
mas audaces periodistas, incluyendo entre ellos á sus co- 
rifeos D. Tiburcio Campe y D. Tomás Piñeres que lo 
cuestionaban todo , se atrevieron á censurar la legalidad 
de una medida que permitió i las tropas recobrar algún 
tiempo -su antigua disciplina «y prestar su servicio sin 
murmuraciones. 

La Audiencia, que con el ejemplo de !a primera auto- 
ridad fué recobrando su energía , luego desplegó tam- 
bién la necesaria para terminar muchos expedientes de< 
tenidos por la oposición de los alcaldes ordinarios á en- 
tregar la jurisdicción judicial á los letrados. En peren- 
torio término cedieron al apercibírseles de qiie serian 



406 BISTOftU 

desposeídos y procesado? como infradores de la Coas- 
títocioD y reos de Estado lodos los qoe babiao eootimiado 
desobededeodo i lo dispuesto p^r el misoio gobierno so- 
premo qoe regia con aqoel código. Justo y diestro era 
ioTOcar en favor del órdeo la misma voz sacrameolal 
qoe tanto se habia aclamado para trastornarlo. 

Desde abril de 1 820 natural era qoe en la capital, como 
eo los demás poeblos de la isla y en medio de on tras- 
tomo general , hubiese crecido la audacia de los crimi- 
nales con la perspectiva de la impunidad de sus malda- 
des , contribuyendo á ofrecérsela no poco la discordia 
entre los alcaldes ordinarios y los jaeces, que paralizó 
meses y meses la acción de la justicia. Los malhechores, 
perseguidos eo lo) campos por haber repuesto Mahy en 
▼igor las disposiciones de Cíenfiiegos y sacaban mejor par- 
tido haciendo escena de sus proezas á los pueblos donde 
tropezaba á cada paso una jurisdicción con un fuero, un 
funcionario con uoa corporación, esta con un periódico; 
y con la excesiva libertad de todos, ni á jueces letrados, 
ni á alcaldes quedaba la bastante para desempeñar su 
cometido. 

Eo el segundo semestre de 1 820 y los primeros meses 
de 1821, consternaban á los vecindarios los alentados 
que se cometían, así á la luz del sol como eo las som- 
bras de la noche, y lo m'ismo en los parajes concurridos 
que en los solitarios. Muchos de sus autores ni evitaban 
siquiera las pesquisas de los tribunales sabiendo que no 
los habían de perseguir. La impresión de los ánimos con 
este asesínalo ó aquel robo solo se borraba con el es- 
pectáculo ó la relación de delitos mas recientes. Ansioso 
de dar fio y escarmiento á unos horrores incompatibles 
con los pueblos cultos, y como jefe político, organizó 



DE LA ISLA DB GDBA. 107 

Mahy una partida de individuos de probado arrojo, con- 
fiando su dirección al capitán de infantería D. Domingo 
Armona que, al valor y la prudencia, unia tanto conoci- 
miento de la gente de mal vivir, como de sus anteceden- 
tes y guaridas. Esta partida no prestaba servicio reunida 
en cuerpo, ni con uniforme ni ostensiblemente , sino di- 
vidida en secciones^ distribuida por barrios y sub-bar- 
rios, á la manera que hoy las rondas de seguridad pú- 
blica en Madrid. Algunos de sus hombres, disfrazados, 
hasta se confabulaban con los mismos malhechores para 
ciertos golpes, y luego, en el intento, ó los hacian pre- 
sos ó les daban muerte. Se amedrentó pronto el delito 
viéndose así reprimido por medios desusados é impre- 
vistos. Bastaron algunos ejemplares para que renaciesen 
en la Habana la calma y la confianza por algún tiempo; 
y como el ejemplo de la capital se seguia siempre en los 
demás pueblos por poco que lo permitieran sus autori- 
dades, el mismo beneficio consiguieron en sus distritos 
los gobernadores de Santiago , de Trinidad y de Matan- 
zas, contribuyendo entonces en todas ellas á la conser- 
vacion del orden la misma milicia nacional inclinada á 
turbarlo meses antes. 

Para la persecución de malhechores y serenar los áni- 
mos en todos los conceptos, ademas de la legalidad y la 
ordinaria vigilancia, todos los medios eran muy legíti- 
mos. Preciso era paralizar la acción de tantas causas di- 
solventes en la isla , cuando fuera de ella triunfaban del 
dominio español en el vecino Continente, no con las ar- 
mas, sino con la indisciplina v la discordia de los mili- 
tares, cuando no con los desaciertos de los generales. 

Chile llevaba ya años de perdido por traiciones que 
malograron su reconquista y las victorias del general 



1 08 HISTORIA 

Oflorío, muerto en la Habana del vómito al volver á Es- 
paña en tiempo de Cienfaegos. En vano, aunque apenas 
sin marina militar, ni auxilio de la madre patria, había 
vencido siempre á la insurrección en su inmenso territo- 
rio y organizado en el Perú el virey Pezaela el mas 
Incido y numeroso ejército de la América española. La 
ambición, la ignorancia y la indisciplina de sus subal- 
ternos le depusieron del mando, sin atenuar después, 
con su unión , su pericia